Capitulo 1:No necesito una mujer
—No necesito una mujer. No necesito una mujer. No necesito una mujer.
Normalmente, Rachel hacía sus afirmaciones matinales en casa, pero aquel día se le habían pegado las sábanas, y sus afirmaciones, así como su desayuno, se habían visto obligadas a esperar hasta que saliera de la oficina. Por suerte, estaba aprovechando unos pocos minutos sola en la sala de descanso, con un donut y el libro de autoayuda que estaba leyendo, un manual adecuadamente titulado No necesitas una mujer para ser feliz.
Bajó el tono de voz incluso más al pronunciar la siguiente serie de frases.
—No necesito una vagina o dedos que me den placer. No necesito una vagina o dedos que me den placer. No necesito una vagina o dedos que me den placer.
Aunque quizás, no fuera mala idea descartar esa serie de su repertorio. Pronunciar aquellas palabras solo la hacía pensar en vaginas y dedos.
—Soy responsable de mi propio placer. Soy responsable de mi propio placer. Soy responsable de mi propio placer —desde luego, aquella frase aludía a la masturbación. Y ella no tenía nada en contra de ello. En realidad, estaba segura de que a cualquier chica podría parecerle una manera útil de superar una noche larga y solitaria. Pero decírselo a sí misma era como aceptar que la masturbación sería suficiente, para siempre... y bueno, eso era todo un reto. Tendría que esforzarse más en sentirlo cuando dijera la frase.
Sin embargo, aún se sentía decidida y retomó la primera serie de repeticiones.
—No necesito una mujer. No necesito...
—Hablas precisamente como alguien que necesita una mujer.
Rachel dio un respingo en su asiento. Levantó la cabeza para encontrarse con Brittany Pierce su amiga y colaboradora, una mujer rubia, bastante atractiva, alguien con montones de mujeres en su vida. Brittany se encargaba de las relaciones públicas de Blue Night Records, la casa discográfica independiente que les daba un puesto a las dos, y además, estaba licenciada en psicología, algo que ella afirmaba necesitar en su línea de trabajo.
—No es verdad —le contestó Rachel, al mismo tiempo que se reafirmaba en su idea de no necesitar una mujer. A pesar de lo poco que tenían en común, las dos se habían convertido en grandes amigas desde el día en el que Rachel se mudó a Los Ángeles, hacía ya tres años. Así que se alegraba de que fuera Brittany la persona que había tenido la osadía de interrumpirla cuando hacía sus afirmaciones.
Brittany ladeó un poco la cabeza, con una expresión de reproche en los ojos.
—Alguien que normalmente tiene que decírselo a sí mismo.
—¿Qué?
Brittany cruzó los brazos bajo sus amplios pechos.
—Fíjate en mi vecina, la señora Freeland, por ejemplo. Tiene setenta y cinco años y no ha estado casada nunca. Es pintora, recorrió el mundo cuando era joven, adora a Fiona, su scottish terrier, y nunca ha necesitado una mujer. Nunca me ha dicho nada, pero ni falta que hace, se refleja en todo lo que hace. Simplemente es parte de ella. No siente la necesidad de ir por ahí dando explicaciones a la gente acerca de por qué no se ha casado o por qué no necesita una mujer , y la razón es porque está verdaderamente a gusto sin uno de ellos. Por otro lado está la señora Nelson, la mujer que vive tres pisos más abajo —Brittany dejó caer la barbilla en un gesto irónico y alternó su peso de una Sabrina de color rojo a otra. —Tiene cuarenta y cinco años y obviamente se siente sola. Siempre me está diciendo que no necesita una mujer que la haga sentirse completa, pero lo que le da poca credibilidad es lo condenadamente amargada y enfadada que parece cada vez que lo dice. Es posible que no quiera necesitar a una mujer. Pero está claro que necesita una.
—¿Puedes repetirme otra vez qué es lo que quieres decir? —le preguntó Rachel, con ambas cejas enarcadas.
—Decir que no necesitas una mujer una y otra vez indica que, te guste o no, sí la necesitas. Y no es que eso sea un crimen, desde luego. Hay muchas mujeres que sienten verdadera emoción por el amor y el compromiso.
Rachel se limitó a poner los ojos en blanco.
—¿Amor y compromiso? Por favor —no tuvo que decir más, ya que Brittany estaba al día de todos los desagradables detalles acerca de los engaños de su esposa y de su reciente divorcio. —Lo último en lo que estoy interesada es en el compromiso. Y esa sí es la verdad.
Brittany asintió.
—Te creo. Después de lo que ha pasado, es normal que te resulte difícil confiar en una mujer. Pero yo te diré qué es lo que necesitas.
—¿Qué es?
—Parafraseando las palabras inmortales de John Mellencamp, necesitas una amante, una que no te haga perder la cabeza.
¿Una amante? Rachel había tenido relaciones, había salido un par de veces con algunas mujeres y, por supuesto, había tenido una esposa, pero nunca había sido el tipo de mujer segura y despreocupada que puede tener a alguien al que considere como una amante. Así que, se remitió a su libro.
—Según esto, un buen consolador puede proporcionar el mismo tipo de satisfacción.
Rachel enarcó las cejas y habló con sinceridad.
—¿Tú tienes uno?
—No.
—¿Y por qué no?
Rachel hizo una mueca con los labios.
—¿Aparte del hecho de que soy demasiado tímida como para ir a una de esas tiendas donde los venden? Bueno, quizás porque, de alguna manera, pasar una noche con un vibrador suena un poco... vacío, y también aburrido. Sé que algunas mujeres dicen que se pasa un buen rato jugando con ellos, pero...
Brittany levantó las manos para silenciar a su amiga.
—No digas nada más. Y escúchame. Tú necesitas una amante. Y ya que hablamos del tema, ¿cuánto tiempo hace que no tienes una?
—¿Cuenta Dianna? —era su hipócrita ex esposa.
Brittany sonrió.
—No me digas que es la último que has tenido. Quiero decir, llevas divorciada, ¿cuánto tiempo? ¿Unos seis meses?
Rachel suspiró.
—Y separada durante un año antes de que ocurriera eso.
Brittany reaccionó como si Rachel le acabara de anunciar la muerte de alguien querido.
—Por el amor de Dios, pobre chica. Levántate.
Rachel parpadeó, sorprendida por la orden de Brittany, pero la imponente mirada que vio reflejada en sus ojos la obligó a ponerse de pie. Su amiga le puso las manos en la cintura y la llevó hacia el pequeño espejo que colgaba sobre el fregadero, en un rincón de la sala de descanso. La rodeó con sus brazos desde atrás y con destreza, desabrochó los dos botones superiores de la blusa de Rachel; después, cubrió firmemente la parte inferior de sus pechos para levantarlos.
—Vamos a conseguirte una mujer, y tenemos que empezar por exhibir tus cualidades un poco más.
Era patético, pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que alguien había tocado a Rachel tan íntimamente, que incluso el inesperado agarrón de Brittany la había excitado un poco, provocando una sensación de hormigueo que se extendía directamente hacia la zona que cubría su ropa interior.
Pero todavía no se sentía preparada para tener una aventura sin sentido. O una que lo tuviera. Aquello la hacía descartar las aventuras. Y le hacía tener que volver a su libro.
—No lo sé, Britt. Simplemente no creo que las mujeres o el sexo estén ya en mi lista de prioridades. Es esa la razón por la que hago estas afirmaciones. Quiero sacar ambas cosas de mi sistema.
Brittany caminó de vuelta hacia la mesa, y bajó la cabeza para observar el libro que todavía estaba abierto. Después, dejó escapar un exagerado carraspeo de desaprobación.
—¡Oh, Dios mío! Confía en mí, cariño, necesitas una vagina o un buen par de dedos. Todas las lesbianas necesitamos una vagina o un par de dedos. La vagina es uno de los regalos que Dios le hizo a la mujer lesbiana. Está claro que también nos otorgó los dolores del parto, y los periodos. Y nos ha mantenido oprimidas durante siglos enteros. Pero nos dio la vagina, y eso compensa mucho, créeme.
Rachel se limitó a suspirar. Después, volvió a abrocharse los botones de su blusa, escondiendo el escote que Brittany acababa de descubrir. Aquello no tenía sentido, ni el escote ni la conversación.
—¿Has venido aquí para hostigarme o tenías algún propósito en mente?
—Ay, lo siento, casi se me olvida. Tu moratoria acerca de las mujeres me ha distraído totalmente. Santana quiere verte en su oficina —aquella era su jefa y la presidente de Blue Night. —En los pasillos se rumorea que tiene algún anuncio importante que hacer, pero nadie sabe de qué se trata. Así que será mejor que vayas a comprobarlo y así acabas con el suspenso por nosotros.
¿Así que un anuncio importante, eh? Era la primera noticia que Rachel tenía, y siendo la mano derecha de Santana López, solía saber qué era lo que estaba ocurriendo por allí. Así que, después de sacudirse las migajas de donut con una servilleta, metió su libro en el cajón de su mesa de despacho, volvió a mirarse el escote para asegurarse de que se había abrochado la blusa correctamente, cogió una libreta y un bolígrafo y se dirigió hacia la oficina de Santana. Golpeó suavemente la puerta abierta, al mismo tiempo que echaba un vistazo dentro.
— Rachel, entra —le dijo ella, con lo que ella pensó que era una sonrisa más que retorcida. —Y cierra la puerta.
Santana López era exactamente el tipo de mujer a la que la gente solía llamar por su apellido. Elegante y calculadora, una mujer seria que no se andaba con tonterías, el tipo de persona que se esperaría encontrar en una empresa importante y no en una pequeña discográfica independiente. Dicho aquello, Blue Night había crecido con rapidez en los últimos años, y no había que restarle mérito alguno. Con su pelo peinado suavemente y unos ojos igual de brillantes, también era el tipo de mujer con la que una no se siente nunca completamente cómoda, y Rachel no había logrado superar aquello, incluso después de tres años como su asistente adjunta.
Después de cerrar la puerta, se acomodó en la silla que ella tenía delante, y se preguntó cuáles serían exactamente las importantes noticias que tenía que darle.
—Brittany me ha dicho que querías verme. ¿Hay algún tipo de anuncio importante en marcha?
La mirada de su jefa se intensificó cuando se le escapó una risa. Obviamente, se sentía sorprendida, aunque no asustada de escuchar que sus empleados sospechaban que se estaba tramando algo.
—¿Un anuncio? Bueno, algo así, pero dependerá de la conversación que vamos a mantener. Pero primero, tengo que contarte un secreto. Y sé perfectamente que puedo confiar en que lo guardes, ¿no es así, Rachel? Sobre todo, cuando se trata de algo que puede ser de interés para tu carrera.
—Por supuesto —dijo ella, esperando que Santana no pudiera ver cómo su estado nervioso la hacía tragar saliva sin parar. Rachel odiaba los secretos. Profesionales, personales, no le gustaban fuera cual fuera su naturaleza. Después de todo, se había divorciado a causa de un secreto, una aventura secreta para ser más concretos. Pero aquello sonaba como si de todas formas estuviera a punto de saber otro.
—He observado cómo has ido evolucionando en este negocio durante los últimos años, Rachel . Aprendes con rapidez, eres inteligente, responsable y le gustas a la gente. Además, eres una persona agradable. En una ciudad como Los Ángeles no siempre encuentras mucha gente que lo sea, y eso hace que seas un buen producto.
¿Era un buen producto? ¿Cuándo había ocurrido eso? Bueno, no importaba, quizás aquello significara que fuera a recibir un aumento. ¿Quizás un aumento secreto que solo iba a recibir ella? Estaba claro que podría guardar un secreto como aquel.
—Gracias, señora Lopéz. He disfrutado mucho aprendiendo tanto acerca del negocio musical desde que comencé a trabajar aquí.
—Puede que no te des cuenta de ello, Rachel, pero es probable que conozcas los pormenores de esta compañía mejor que la mayoría de las personas que trabajan en esta oficina. Te he escuchado hablar por teléfono con la gente, desde artistas a distribuidores, y sabes lo que haces. Hasta cierto punto, creo que es un pecado dejar que sigas en el puesto que tienes ahora.
Ante aquellas palabras, Rachel se sorprendió. Aquello no parecía tratarse solamente de un aumento.
—Quiero prepararte para que seas la próxima representante de A&R de Blue Night —dijo santana, y ella se esforzó por evitar que se le abriera la boca de asombro.
¿Pretendía ofrecerle a ella, la pequeña Rachel Berry de Centerville, Ohio, el puesto más codiciado de la discográfica? La mayoría de la gente que trabajaba allí, empezando por el chico que traía el correo, y que había aceptado el trabajo en Blue Night, aspiraban a avanzar algún día hasta llegar al atractivo puesto de representante de artistas y repertorios, que se encargaba de buscar y contratar a nuevos talentos. Ella, por el contrario, no había barajado aquella posibilidad. Simplemente necesitaba un trabajo, una entrevista. Trabajar en una buena compañía discográfica le había parecido más que satisfactorio. Pero ser la representante de aquella firma... vaya, aquello era demasiado.
Entonces, cayó en la cuenta.
—¿Quinn abandona? ¿Se va a alguna de las grandes discográficas?
Quinn fabray era Blue Night Records para la industria y los paparazzi. Tenía un atractivo que podía dejar a cualquiera sin respiración, y aquello, combinado con su imagen de estrella del rock, la hacía deliciosamente fotogénica, sobre todo cuando salía de fiesta con bandas de rock o iba del brazo de la última sensación femenina del pop. También era la unica representante de A&R de Blue Night y era tan conocido y tenía tanto éxito en los negocios que no había necesidad de contar con alguien más. Rachel atribuía a Quinn los logros de la empresa, tanto como a Santana.
Su jefa seguía sonriendo, todavía estaba en el mismo lugar pero tenía una postura rígida.
—Es aquí cuando viene el secreto.
—Ah — Rachel contenía la respiración, a la espera.
—Esto es lo que pasa —le dijo su jefa, que había ladeado la cabeza. —A pesar del obvio éxito que Quinn ha tenido, con el paso del tiempo ha empezado a... se ha convertido en un estorbo. Si no me crees, pregúntale a Brittany, es ella quien atiende las llamadas de los reporteros, quien responde a los rumores. Pero estoy seguro que no hará falta que le preguntes, porque todo el mundo lo sabe ya.
Rachel asintió brevemente y suspiró. Había rumores. Rumores que decían que Quinn Fabray realizaba un proceso moderno de selección entre los artistas, y contrataba a mujeres solo después de acostarse con ellas. Rumores que decían que se lo pasaba en grande con los músicos con los que pasaba el rato. Era la chica mala oficial de la escena musical de Los Ángeles.
—Solo que no me daba cuenta de que el comportamiento de Quinn tuviera un impacto tan importante en el negocio de Blue Night —después de todo, aquello era Hollywood, allí se llevaba el estilo de vida rock 'n' roll. —Afortunadamente, ha sido algo que hemos visto venir lentamente. Pero ahora, tengo a Katy Perry amenazando con demandarnos, afirmando que Quinn no iba a darle un contrato a no ser que se fuera a la cama con ella —Perry iba a ser una nueva maravilla de Blue Night, una cantante que había causado sensación con su primer hit y cuya mala actitud la había sacado a patadas de una buena discográfica que además de cultivar artistas, sigue con ellos pese a sus altibajos. —Podría ser algo sin importancia ya que somos nosotros quienes no la seleccionamos, pero por otro lado, es el tipo de publicidad que puede acabar con nosotros y, sea o no cierto lo que ella dice, el comportamiento general de Quinn lo hace plausible —una sonrisa esperanzadora volvió a aparecer en el rostro de Santana. —Entonces, ¿quieres escuchar mi propuesta?
Era triste, pero a pesar de lo excitante de la situación, todo aquello había hecho que a Rachel le entraran sudores. Aparentando tranquilidad, dijo:
—Por supuesto.
—Quiero anunciar que vamos a añadirte como agente representante debido a tu evolución en la empresa durante los últimos dos años, y expresaré mi deseo de que Quinn te forme como tal, empezando con su viaje de exploración a Las Vegas la semana que viene. Quiero que vigiles todos sus movimientos. Ella te pondrá al tanto de todo, te presentará a gente, te enseñará cómo distinguir a una estrella de un éxito pasajero. En cuanto al futuro de Quinn, me mantendré prudente hasta que veamos qué es lo que ocurre con Katy. Pero en el momento en el que ella decida demandar, estará fuera. Eso puede ocurrir la semana que viene, el mes que viene, o nunca, tendremos que dejar que las cosas sigan su curso. De una manera u otra, te quiero preparada para encargarte de todo. Y... si resulta que Quinn puede limpiar su imagen y cambiarla por una más profesional para Blue Night, no te dejaré en la estacada. Si acabo manteniendo a Fabray en nómina, puedo afirmar con total seguridad que seguiremos haciendo mucho dinero, y los necesitaré a ambas ahí afuera, buscando talentos nuevos. Mientras tanto, todo lo que te he contado acerca de Quinn debe quedar entre tú y yo. Para el resto del mundo estás formándote para un nuevo puesto, no para el de Quinn. ¿Está claro?
Ella tensó los labios, estaba intentando ocultar de nuevo cómo los nervios le hacían tragar saliva compulsivamente.
—¿Y eso incluye a Quinn? ¿Ella no tiene ni idea de que va a estar preparándome para ocupar su puesto cuando tú lo despidas?
Santana respondió con una inclinación de cabeza breve pero concluyente.
«De acuerdo, resumamos lo que acaba de pasar. Tu jefa te acaba de ofrecer la oportunidad de tu vida. Y para conseguirla, todo lo que tienes que hacer es mentirle a la mujer más sexy que has conocido nunca. Durante una semana. Quizás algo más. Ah, y también tienes que mentir a todos los demás, claro».
Sintió cómo se le revolvía el estómago.
—¿Puedo contar contigo,Rachel? ¿Estás conmigo en esto? ¿Por un trabajo de ensueño?
—Desde luego —¿Qué otra cosa podría decir?.
Hasta aquí!
espero sus comentarios,dudas,sugerencias,mensajes de apoyo(?
Perdón por cualquier error ortográfico.
