Título original: Entre Lune et Etoile
Autora: Fenice
Traductora: Yuri Black
Summari: en un universo alternativo, Remus encuentra sentido a su vida cuidando a Harry. Entre la Luna y las Estrellas, ¿será capaz de volver mínimamente el mundo mágico justo?
Rating: K+
Disclamer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la historia le pertenece a Fenice. Yo solo me encargo de traducirla con su permiso.
ENTRE LA LUNA Y LAS ESTRELLAS
2. El niño que sobrevivió.
Despertando en su pequeña cama, que ocupaba casi totalmente el espacio de la alacena bajo las escaleras, Harry decidió que, definitivamente, no le gustaba Halloween.
Primero, la Tía Petunia se negó obstinadamente a permitir a Dudley vestir para la ocasión de cualquier cosa que no fuera de calabaza. Harry no tenía nada en particular contra las grandes vegetales naranjas pero le tenía que dar la razón a su primo: no podía compararse con los clásicos trajes de fantasma, vampiro, diablo o mago. Sin embargo, Tía Petunia, ante la sorpresa y desesperación de Dudley, se había negado rotundamente a permitirle disfrazarse de mago con varita y sombrero incluido. Harry la había visto en pocas ocasiones resistirse con esa constancia y firmeza a un deseo de Dudley, incluso cuando este se había tirado al suelo de una tienda y había mordido a su madre. Aun fue más extraño cuando su primo volvió a intentarlo cuando su padre volvió esa noche de la oficina. Tío Vernon no solo apoyo a su esposa, sino que también tuvo un ataque de ira:
"Esto no son más que tonterías, me oyes, Dudley", profirió, con el rostro rojo por la ira. "¡La magia no existe! ¡Ni los fantasmas, los magos y otras papanachas parecidas! ¡Nada! ¡No son más que cosas imaginarias! ¡Eso no es interesante! ¡Es estúpido! ¡No quiero que vuelvas a hablarme sobre eso nunca más!
Como Dudley aun dudaba de persistir en su capricho y sabiendo que se encontraba delante de una situación única, Tío Vernon siguió hablando con un tono más conciliador:
"¿Por qué nos pides semejante cosa, Dudley? Tu disfraz de vaquero es fantástico, con su fusil que dispara balas de plomo. O, ¿Tal vez preferirías un traje de astronauta? ¡Ese es el trabajo de un hombre de verdad! ¡Eso existe!"
Entonces, Tío Vernon se giro hacia Harry con una acusación terrible.
"¿no habrá sido él el que te ha metido esas ideas en la cabeza?"
El niño, instintivamente, se aparto con su silla, preguntándose que podría decir o hacer para evitar la amenazadora tormenta que se le acercaba.
"¡Todos los niños irán de magos!" fue entonces, por suerte, cuando su primo grito, llamando la atención de sus padres. "Pero yo y Harry iremos de… ¡verdura!"
Tía Petunia había tratado de consolarlo diciéndole que era la mejor calabaza que había visto nunca, pero no era tan sencillo hacer cambiar de opinión a Dudley. La escena había sido lo suficientemente difícil para que Tío Vernon decidiera nadie se uniría, bajo sus condiciones, a la celebración del barrio por esa celebración.
"Fenómenos, celebrando una fiesta que no existe".
Desde los cinco años, Harry sabía que, para Tío Vernon, 'fenómeno' era la condena final. ¿No era tachado regularmente de 'fenómeno' por su Tío? Incluso esa era la causa de que durmiera en la alacena bajo las escaleras y que tuviera que ayudar a su Tía en las labores mientras Dudley veía la televisión. "Para cortar de raíz sus rarezas" le decía una y otra vez Tío Vernon. Por otra parte, si Dudley aun protestaba era por la costumbre, no creía que fuera por otra cosa. Tal vez se arrepentía de verse privado de la celebración. Harry estaba más intrigado por lo que su Tío había querido decir cuando le afirmo a su Tía, justo después:
"De todos modos, esta celebración no ha hecho más que traer desgracias a nuestra familia, ¿cierto Petunia?"
Tía Petunia había cabeceado afirmando, aunque su rostro tenía un aire extraño, casi triste, i había mirado a Harry un instante, como si jamás antes lo hubiera visto realmente. Entonces, ese aire extraño desapareció de golpe, y ella le envió a buscar el postre a la cocina diciéndole que no lo tirara, como todas las noches.
Y la decisión de Tío Vernon había prevalecido a pesar del enfurruñamiento y los chantajes de su primo. La fiesta del barrio se había reducido a los caramelos que Tía Petunia había comprado para Dudley y su amigo Pier, quienes habían recibido a los pequeños que se habían atrevido a ir a esa casa, es decir, casi nada para Harry. Sin tener en cuenta que cuando Dudley y Pier se habían aburrido de sus caramelos, no habían encontrado nada mejor que hacer que jugar a su juego preferido: hacer que Harry se volviera loco.
En realidad, Halloween no era más interesante que la Navidad. Harry decidió que no le daría más importancia. Regalos, dulces, trajes brillantes… todo era para los demás, nada era para sí mismo, porque era un 'fenómeno', todo era para los niños que tenían padres, ropas de su talla y que raramente aceptaban jugar con él. Él, el 'fenómeno', el sobrino 'pobre', la buena acción de los Dursley, "el pilluelo al que habría sido mejor que dejaran en un orfanato" como señalaba la Tía Marge a cada visita. Pobre, sin dinero… esto a menudo se incluía en los discursos de Tía Petunia para negarle todo lo que le compraba a Dudley. Dos arañas que pasaban por encima de su cabeza hicieron una pausa, como si quisieran decirle hola:
"Vosotras al menos no costáis nada" susurro, antes de preguntarse con inquietud si Tío Vernon no encontraría 'raro' que hablara con las arañas.
No es que Harry tuviera la esperanza de complacer a su Tío. Hacía mucho que se sentía satisfecho cuando no llamaba su atención o recibía sus reprimendas. Pero Harry habría amado pensar que él no era un 'fenómeno', que su Tío se había equivocado y que, alguna día, la vida seria más generosa con el de lo que había sido hasta el momento. ¿Podría tener amigos? ¿Personas que se preocuparan por saber si tenia hambre, frio o miedo? tal ver porque pensó en el hambre que, casi al instante, su estomago empezó a hacer ruido.
"Espero que el tiempo pase rápido" suspiro Harry, hablando a las arañas.
Cada mañana, su Tía le despierta justo después de despertarse ella y le pide que le ayude. A menudo no era divertido, pero eso implicaba salir de la alacena y tener oportunidad de comer algo. Eso era suficiente para que Harry esperara su llegada. Cuando escuchaba sus pasos en la escalera y en el pasillo y luego el pestillo se levantaba, no podía evitar recibir a su Tía con entusiasmo y casi alegría. Pero el rostro de Tía Petunia que se enmarca en la puerta no le manifiesta no le manifiesta realmente los mismos sentimientos. Como todas las mañanas, ella parece casi decepcionada de que el aun este ahí.
"Vamos, Harry, levántate. Hay trabajo" le ordena ella secamente.
¿Alguna vez había dicho otra cosa? Se pregunto Harry, obedeciendo inmediatamente.
"Si, Tía Petunia."
"Tenemos que limpiar el salón"
"Si, Tía Petunia."
Harry habría preferido empezar por el desayuno, pero evito decírselo a su Tía. Mientras su Tía pasaba el aspirador el ordenaba los cojines. Se puso contento cuando, detrás de una silla, encontró dos caramelos envueltos y olvidados, así que se los guardo rápidamente en su bolsillo. ¡Un gran tesoro solo para él! Finalmente, Petunia pareció encontrar su casa aceptable i se puso a preparar el desayuno.
"Vigila los huevos, Harry, voy a despertar a Vernon y Dudley"
"Si, Tía Petunia" respondió Harry por, al menos, enésima vez des de que se levanto.
Con un ojo puesto sobre los huevos, el miro por la ventana de la habitación como el barrio empezaba a despertarse. Hacía bastante buen tiempo para ser el mes de noviembre. "Con un poco de suerte, Tía Petunia nos llevara al parque" esperaba sinceramente Harry. Debía tener cuidado y no ser castigado antes de la tarde.
Vernon y Dudley entraron entonces en la cocina haciendo un gran escándalo. Mientras pasaban por al lado de Harry, Dudley golpeo a Harry y murmuro su frase habitual de "Oh, ¡No estás muerto!" que hizo reír a su padre. Una vez lo malo había pasado, Harry llevo a la mesa los platos preparados por Tía Petunia para luego sentarse lo más alejado de Dudley que pudo. Sus huevos estaban un poco demasiado cocidos, pero no le importo. Se lo comió todo con cuidado, intentando hacer durar los bocados mientras estaba pendiente de Dudley, que intentaba negociar sus privaciones de la velada anterior.
Cuando acabaron con sus desayunos, Harry ayudo a Tía Petunia a limpiar la mesa y guardar las cosas en el lavavajillas mientras Dudley buscaba un programa que le gustara en la televisión. Harry solo tuvo tiempo para vislumbrar el final de los dibujos animados cuando Tío Vernon decidió llevarse a Dudley a 'hacer un viaje para hombres' con el coche, como su primo le había reclamado. Tía petunia decidió que no había trabajo en el jardín e, irremediablemente, le dejo ponerse a ver la televisión.
Pero fuera hacia un día agradable y Harry ayudo a su Tía con las hojas del jardín que estaban amontonadas y esperando ser quemadas en el fuego que su Tía había encendido. Le gustaban las hojas, tenían unos colores muy bonitos. Entonces, después de tirar al fuego el montón de hojas que llevaba en los brazos sintió una mirada sobre él. Instintivamente se volvió a ver que era. Un hombre rubio se encontraba al final de la valla. Harry lo observó un poco más, y pudo jurar que el hombre le devolvió la mirada. "Tal vez se ha perdido", pensó el niño. La voz de su Tía le hizo volver de sus pensamientos:
"¡Harry, deja de perder el tiempo, quiero terminar el jardín antes del mediodía!"
"Si, Tía Petunia." Respondió de forma automática una vez más, y tiro un nuevo montón de hojas al fuego.
Sin embargo, su Tía había notado al hombre perdido y se acerco a la valla con curiosidad.
"¿Buscas algo?" le pregunto con voz amable.
"Uh, realmente si" dijo el hombre sonriendo ampliamente. Harry no sabía porque, pero le encanto su sonrisa. "buscaba la casa de una vieja amiga de la familia de mi madre, Arabella Figg. No sé si todavía vive en este barrio."
"Oh, sí, ella vive cerca de aquí" aseguro Tía Petunia
Una vez más, y sin saber porque, Harry tubo la impresión de que el hombre evitaba mirar a su Tía a los ojos. "¡No tengas ideas extrañas Harry!" se regaño a sí mismo. El conocía a Arabella Figg, una anciana que lo cuidaba a veces y que tenia la casa llena de gatos… Ese hombre podía ser un veterinario. Mientras su Tía le daba unas complicadas indicaciones para ir a una casa cercana, Harry echo las últimas hojas al fuego. Orgulloso de sí mismo y con la esperanza de que le permitiera jugar un poco antes de la comida fue hacia la valla:
"Tía Petunia, he terminado."
"¡No ves que estoy hablando! Si no tienes nada que hacer riega las hortensias" respondió ella secamente.
Harry no pudo reprimir un suspiro.
"¡Y no suspires!"
"Si, Tía Petunia"
"Tiene un hijo muy hermoso señora" dijo el hombre entonces.
"¿Usted conoce a Dudley?" pregunto su Tía con interés.
"¿Tu nombre de Dudley?" pregunto cortésmente el hombre, sonriéndole a Harry, el cual creyó ver como el hombre le guiñaba un ojo, pero decidió que debía estar equivocado.
"¿Quién? ¿Él?" pregunto con desprecio su Tía. "No, el es Harry, el hijo de mi hermana. Es recogido"
"Eso es muy generoso por su parte" dijo el desconocido, siempre cortes.
"Yo no sé si lo haría de nuevo. ¡Este niño es tan ingrato!"
Harry, a pesar de que conocía de memoria el resto de la vieja canción de la Tía Petunia, sintió el dolor: a pesar de todo lo que hacía, seguía siendo una carga. Se refugió en el jardín para no escuchar nada. Tiro de la manguera con furia, dispuesto a regar las hortensias cuando una pila de cartón que Tío Vernon había almacenado precariamente en el cobertizo del jardín le cayeron encima. Las cajas lo tiraron al suelo, cayéndole a su alrededor y sobre su brazo izquierdo con gran estruendo, haciendo que este adoptara una postura poco natural. Ante el escándalo, los adultos llegaron apresurados.
"¿Qué te llevo a romper las cajas de cartón de tu Tío? ¡Niño torpe! ¡No sabes hacer nada!" protesto Tía Petunia.
El hombre no dijo nada. Una por una, quito las cajas que aplastaban a Harry. Primero la de la cabeza y después la del brazo derecho.
"El otro brazo" susurro Harry, con lagrimas de dolor a pesar de intentar evitarlas.
"Ya veo" respondió el hombre, apartando la ultima caja y levantando al niño en brazos.
Cuando Harry levanto la mirada para agradecer a su salvador se encontró con una mirada tan furiosa que sintió un nudo en su garganta. ¡Estaba de acuerdo con Tía Petunia!, pensó él, y nuevas lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas.
"¿Estas herido, Harry?" pregunto el desconocido con amabilidad, a pesar de que sus ojos todavía parecían de hacer arder el metal.
Harry lo miro desconcertado. ¿Podría ser un amigo? ¿Cuántas veces había esperado que un desconocido llegara y se lo llevara lejos? Un Tío desconocido, un primo, cualquier pariente, daba igual quien, pero alguien que se alegrara de verlo cada mañana. Pero no, se reprendió él, ningún adulto esa jamás un amigo. Recordó que nadie lo ayudaba mientras Dudley lo golpeaba. Que nunca regreso y Tío Vernon lo había castigado por haber 'contado historias en contra de su propia familia a extraños'.
"No" mintió mientras se reprimía las lagrimas.
Tía Petunia, mientras, se lamentaba en voz alta de los daños causados por la caída de las cajas de cartón mientas predecía la ira (justificada) de su marido:
"Las cosas que había heredado de su madre, a quien quería mucho…"
"Creo que su hombro esta dislocado" la interrumpió de repente el hombre.
"¿Lo crees de verdad?" se inquieto por primera vez Petunia cuando comprendió que hablaba de Harry.
"Yo le puedo curar, si usted quiere"
"¿Es usted medico?" pregunto ella, con un poco de sospecha.
"Si" dijo el hombre mirando a Harry con intensidad, como si esperar a que este protestara.
Sin esperar el permiso de Petunia, extendió al niño en el césped y movió suavemente el brazo, gormando un ángulo recto con su cuerpo, cosa que le redujo considerablemente el dolor. Luego, se sentó junto a él con una sonrisa alentadora y triste:
"Ahora" dijo el extraño "quiero que cierres los ojos y respires profundamente. Voy a poner el hombro en su lugar. No sentirás casi nada. ¿Tiene usted una manta?" le pregunto a Petunia.
Mientras que su Tía iba a buscar lo que el hombre le había pedido, Harry sintió las manos de este corriendo ligeramente por su brazo y su hombro. "Parecen arañas" pensó vagamente, aturdido por el dolor. Hasta que poco después creyó sentir otra cosa contra su piel, algo duro y áspero, como la madera. También le pareció oír al hombre murmurar algo incomprensible y, a continuación, sintió como un extraño calor se apoderaba de su hombro mientras el dolor desaparecía por completo, o casi.
"¡Wow!" exclamo entusiasmado.
"¿Te duele?" pregunto el hombre con una leve sonrisa.
"No, gracias. ¿Puedo mover el brazo?"
"Si, pero tienes que tener cuidado. No hagas esfuerzos ni cargues cosas pesadas durante unos pocos días" le respondió el hombre "le avisare a tu Tía" añadió, con un extraño brillo en los ojos.
Harry no supo que decir después de eso. Se sentía extrañamente bien contra ese hombre. No quería separarse de él. Pero tenía que irse, recordó y soltó un suspiro.
"¿Tienes miedo de que te regañen por esas cajas?" pregunto el desconocido.
Harry, que no había pensado en nada más, tembló al pensar en la reacción que tendría Tío Vernon. Entonces el hombre le susurro:
"Si cierras los ojos y me prometes que no me vas a contradecir, puedo arreglarlo"
Harry lo observo con sorpresa. ¿Por qué el hombre no quería que lo viera trabajar? Entonces decidió, con un cierto fatalismo, que no tenía nada que perder. Quería tanto que todo se arreglara, piensa mientras cierra los ojos. ¡Tanto! Cerró los ojos tan fuerte para que su oración muda se realizara que no puede ver que, bajo la mirada estupefacta del desconocido, los objetos se reparan y se introducen en los cartones, para a continuación, intentar volver a amontonarse, sin éxito. Harry se durmió bajo el esfuerzo.
"Bueno Harry" murmuro Remus, con gran ternura "definitivamente no eres mitad mago"
Escuchando regresar a Petunia, susurra un par de encantamientos rápidamente para terminar el trabajo iniciado por el niño-
"Estimado señor, lo siento, llamó a la hermana de mi esposo… ¡aquí tiene la manta!"
"Se quedo dormido" dijo Remus, extendiendo la manta sobre el niño "El shock"
Se tomo un tiempo para levantarse antes de continuar:
"Me he permitido organizar las cajas de nuevo" dijo mirándola fijamente y con voz suave "no hay nada roto, todo está bien. Harry debe descansar. Mucho."
Petunia miraba sus ojos fijamente mientras ella también repetía:
"No hay nada roto, todo está bien. Harry debe descansar. Mucho."
"Voy a dejarlo en su habitación" dijo Remus con su voz normal.
"¡Oh!" Petunia regreso de pronto a la realidad "mejor déjelo en el sofá. Le daré de comer algo cuando despierte"
A Remus le habría gustado ver la habitación de Harry. Esa media hora había sido suficiente para que se esperar a lo peor. Pero el Tío de Harry iba a volver. Si se quitaba su abierto y su bufanda posiblemente lo reconocería. Sería mejor, aunque se le rompiera el corazón. Luego, sacudió la cabeza y siguió a Petunia a la sala de estar, dejando cuidadosamente a Harry en el sofá. Antes de levantarse le susurro al oído:
"Voy a volver, lo prometo. Te sacare de este infierno"
Mezclado con su indignación, su arrepentimiento y la ira, Remus llevaba consigo la imagen de Harry sonriendo en sus sueños, y se aferro a ella.
AGRADECIMIENTOS A:
Danieh Potter Black
Helen Nicked Lupin
la sonrisa de cheshire
Gracias por vuestros RR!!!! Me habeis hecho muy feliz!!!
Holaaa!!!
Aquí tenemos el segundo capitulo!
Espero que os guste y que lo disfrutéis! Me ha sido muy difícil traducirlo, asi que si hay algún problema de ewscritura avisarme porfavor!!!!
Un besote a tods!
Yuri Black
