Un fénix rojo cruzó el campo verde y se posó encima de la carpa dorada.
─ Vaya Cornamenta, veo que al final has roto tu promesa ─sonrió Sirius Black estrechando el hombro de James Potter.
─ ¿Mi promesa? ─se extrañó James.
─ En primer año prometimos ser almas libres y no casarnos nunca ─recordó Sirius.
─ No me acordaba ─admitió Potter.
─ Se nota, sino no acabarías de bajarte del altar.
─ Es la maldición Potter ─sonrió James.
─ ¿La de las pelirrojas? ─James asintió─ Sí, me la has explicado un montón de veces.
─ Algún día, Sirius, conocerás a una chica especial, con la cual te sentirás a gusto y no querrás separarte nunca de ella. Ese día comprenderás lo que he hecho hoy.
─ Nunca me voy a casar ─aseguró Sirius.
─ Eso ya se verá.
─ Antes de eso me suicido, Cornamenta ─dijo Sirius muy serio, haciendo que James soltase una carcajada.
─ Lo dudo, Canuto ─rió James─ igual que dudo que Lunático siga siendo un soltero por el resto de su vida.
─ ¡Hey! ¡A mí no me metáis! ─saltó Remus.
─ Bueno y Peter… Colagusano encontrará a alguna mujer que lo quiera por su interior ─dijo James.
─ Claro, porque si lo ha de querer por su exterior ─se burló Sirius.
Peter compuso una mueca extraña que ninguno de los otros tres supo interpretar.
─ Claro, tú te quedarás de padrino de por vida ─sonrió James.
─ Claro, ¿de qué sino? Y Remus de dama de honor ─dijo Sirius y soltó una carcajada perruna.
─ ¿Dama de honor? ¿Ese no es tu puesto? ─fingió sorprenderse Remus.
─ Querido Lunático, no sé si lo ves, pero voy vestido de negro y estaba detrás de James en el altar, esa no suele ser la posición de una dama de honor.
─ Bueno, mientras vosotros seguís discutiendo yo me voy a bailar con mi esposa ─anunció James, y de repente sonrió─ mi esposa… que bien suena eso.
Sin perder la sonrisa James se dirigió hacia donde Lily charlaba con Alice Longbottom, su marido Frank y con Molly Weasley. Seguramente (adivinó James) estarían hablando de lo bonita que había sido la ceremonia y de lo triste que era que ninguno de los padres de la pareja hubiese estado allí para ver el momento.
─ ¿Me permite este baile, señora Potter? ─sonrió James.
─ ¡Oh, señor Potter! ¡Qué educado que es usted! ─rió Lily.
James le tendió la mano y Lily la tomó con una ancha sonrisa, que llevaba pintada en la cara todo el día. Una sonrisa de inmensa felicidad.
─ ¿Recuerdas el día en que aceptaste ser mi novia?
─ Claro que sí, estabas tan contento que atropellaste a Filch en la entrada de Hogwarts ─recordó Lily.
Una chica pelirroja sollozaba en el invernadero mientras leía una carta. No podía ser, sus padres no... no podían… ¡NO PODÍAN ESTAR MUERTOS! Las lágrimas volvieron a inundar su rostro y la chica trató de regular su respiración.
─ ¿Lily? ¿Qué haces tu aquí? ─un chico pelinegro apareció detrás suyo y se acercó a ella, sentándose a su lado como lo había hecho ella un par de meses antes, cuando los padres de él murieron a manos de los mortífagos.
─ ¡Lily! ¿Qué ha pasado? ─preguntó asustado al ver la cara empapada de Lily.
─ M-mis padres h-han te-nido un a-acciden-dente de coche. A-ahora están mu-mu-muertos ─sollozó enterrando la cabeza en el cuerpo de James.
─ Yo… lo lamento mucho Lily, en serio. Sé por lo que estás pasando, tu misma me consolaste ─dijo, y Lily esbozó una sonrisa triste.
─ Me acuerdo.
─ Pero, como me dijiste tú… Hay que ser fuerte, hay que luchar. Tenemos que demostrarle al mundo que seguimos aquí, y que lucharemos por ser felices.
─ Ti-tienes razón ─asintió ella.
─ Me lo dijiste tú ─recordó él con una sonrisa.
─ A veces soy muy profunda ─Lily rió entrecortadamente, aun llorosa, pero algo más animada.
─ Venga, volvamos a la sala común, hace tiempo que ha pasado el toque de queda.
─ ¿Qué hacías tú aquí? ─preguntó Lily con curiosidad.
─ Te vi salir rápidamente del comedor a la hora de cenar y te esperé en la sala común, como no volvías supuse que estarías aquí ─explicó.
─ Que atento ─logró susurrar Lily, sorprendida.
─ Contigo, siempre.
─ ¿Volvemos a la sala común? ─propuso Lily sonrojándose.
─ Vamos ─aceptó él poniéndose en pie.
Pero al llegar frente al retrato de la Señora Gorda este estaba vacío.
─ ¿Y ahora qué hacemos? ─se desesperó Lily.
─ Tenemos dos opciones ─dijo James─ Uno: nos quedamos aquí esperando a que vuelva la Señora Gorda, con el riesgo de que nos pille Filch ─Lily negó con la cabeza─ Y dos: nos quedamos esta noche en… la Sala de los Menesteres.
─ ¿La sala de los Menesteres? ─se extrañó la pelirroja.
Como respuesta, James la arrastró hasta el tapiz donde enseñaban a bailar ballet a unos trols, y al cabo de unos segundos en la lisa pared se formó una puerta.
─ Se transforma en lo que necesites ─explicó James.
─ Wooow- solo atinó a decir Lily.
James sonrió y pasaron a la sala, había dos camas, muchos sillones, alguna alfombra y un baño. Parecía bastante acogedora.
─ Creo que aquí estaremos bien ─sonrió James. Lily asintió, parecía estar ausente y se sentó en una de las camas.
─ James… ─susurró y James abrió mucho los ojos al oír que lo llamaba James, no Potter.
─ ¿Qué pasa, Lily? ─preguntó con preocupación.
─ ¿Tu me-me quieres? ─balbuceó sonrojándose.
─ Yo te amo casi desde la primera vez que te vi.
─ ¿Por qué? ─inquirió─ No me conoces para nada.
─ No lo sé ─admitió─ Me encantan tus ojos, tu carácter, tu pelo, como defiendes a los que quieres, la manera que tienes de confiar en todos, y tu gran corazón, que perdona a todo el mundo. Tu sonrisa me vuelve loco, igual que tu sinceridad y tu inteligencia, pero sobretodo, tu valentía. Eres una de las personas más valientes y más dulces que he conocido ─habló con sinceridad.
Los ojos de Lily brillaron ante tal descripción.
─ Yo… últimamente yo… me he dado cuenta de que yo… ─empezó a murmurar ─de que yo también siento algo por ti─ terminó con claridad.
James se quedó estático, su pelirroja le había dicho sentía algo por el. La misma pelirroja que le odiaba, la misma que huía de él y que se enfadaba con solo verlo.
─ Lily… ¿estás segura? ¿No te habrá afectado el frío?
Lily rió y negó con la cabeza.
─ Te quiero ─susurró.
James no pudo aguantar más y se abalanzó sobre ella, besándola con suavidad. Lily se estremeció ante sus caricias y hundió los dedos en su pelo despeinado.
─ Yo también te quiero ─sonrió James apenas despegándose de ella.
─ Lily, ─empezó James al cabo de un rato de apasionados besos─ ¿Aceptarías ser la novia de este enamorado tuyo? ─preguntó mirándola a los ojos con intensidad.
Lily fingió que se lo pensaba.
─ ¡Claro que sí, James! ─exclamó lanzándose a sus brazos.
─ Ese fue el mejor día de mí vida ─admitió James aun bailando con su mujer.
─ Y el mío ─sonrió Lily─ pero lo mejor fue el día siguiente ─rió al recordar.
─ Las caras de todos fueron épicas ─se carcajeó James.
James dormitaba tranquilamente en la cama, sintiendo una presión en el pecho. Lily descansaba tranquilamente, con una sonrisa dulce en el rostro. No había sido un sueño, no se lo había imaginado como todas las otras veces, ¡Lily de verdad lo quería! De repente la pelirroja abrió los ojos y le sonrió al muchacho, haciendo que su corazón se acelerara.
─ Hola, mi amor ─saludó todavía dormida.
El corazón de James bombeó con rapidez, lo había llamado "mi amor".
─ Hola, preciosa. ¿Qué tal has amanecido? ─preguntó con una inevitable sonrisa.
─ Perfectamente, se duerme muy bien en tus brazos ¿lo sabías?
─ Errr…no, nadie se había molestado en decírmelo ─susurró incómodo.
Lily soltó una carcajada. James se ruborizó y ella volvió a reír, sacó una mano de debajo de las mantas y le acarició el rostro, de repente se fijó en su reloj.
─ ¡James! ¡El partido! ─exclamó de repente.
El chico palideció y ambos se incorporaron de repente.
─ ¿Y ahora qué hago? No me da tiempo a llegar a mi habitación, cambiarme y llegar a tiempo al partido ─se desesperó.
─ Tranquilo, mi amor. Sirve con un simple hechizo ─sonrió ella con indulgencia─ ¡Accio ropa de quidditch! ─dijo agitando la varita en alto.
James sonrió mirándola con dulzura.
─ ¿Qué haría yo sin ti? ─suspiró.
─ Espero que nunca tengas ocasión de comprobarlo.
─ Me moriría si te pasase algo ─sonrió James.
─ Yo también ─admitió Lily.
El partido Gryffindor-Huffelpuff transcurrió sin demasiados incidentes, el equipo estuvo apunto de asesinar a su capitán por llegar tarde, pero él no dio excusas. Sirius lo acosó durante el partido, pero él se limitaba a sonreír y a negar con la cabeza, haciendo que Sirius tuviese que concentrarse en las bludgers.
Cuando iban 120 a 70 (a su favor), el joven buscador de Gryffindor (James) vislumbró la snich cerca de las gradas y se lanzó con rapidez a por ella. El otro buscador persiguió a James y a la snich hasta el pie de los aros de gol de su equipo. Ambos jugadores se lanzaron hacia el suelo, en una bestial caída en picado, el buscador de Huffelpuff se detuvo a un par de metros del suelo, pero James no, tenía que conseguir la snich. Porque era su último año, como jugador y como capitán, porque era su última oportunidad, por su equipo, que era el mejor. Por él mismo, pero sobretodo, por su pelirroja, que le había dado el sí, y tenía que demostrarle que había hecho bien en aceptar.
Cuando estaba a un metro del suelo, con la mano extendida, alcanzó la snich y cerró el puño, atrapando a la endemoniada pelota, consiguió enderezar el vuelo rozando el césped con los pies y agitó el puño de la snich, triunfante. Su equipo corrió a abrazarle, pero James los esquivó y se dirigió a las gradas, donde una pelirroja sumamente pálida lo miraba con preocupación y orgullo.
Sirius sonrió a sus espaldas, convencido, como todo el mundo, que la pelirroja le volvería a dar calabazas. James se detuvo delante de Lily y la miró, como pidiendo perdón.
─ ¿PERO TÚ ERES IDIOTA? ─le espetó, y el estadio respiró tranquilo, había tardado demasiado en reaccionar.
─ Perdóname ─musitó James.
─ ¡HAS ESTADO A PUNTO DE ROMPERTE EL CUELLO! ¡ME HAS DADO UN SUSTO DE MUERTE, ¿Y LO ÚNICO QUE SE TE OCURRE DECIR ES "PERDÓNAME"? ─exclamó enfurecida.
Todos miraron a la pareja con extrañeza, era muy extraño, pero el ceño de Lily estaba fruncido, como siempre que hablaba (más bien gritaba) con Potter. James sonrió y como respuesta se acercó más a ella y, cogiéndola por la cintura, la besó.
─ Este tío es tonto, yo apuesto una bofetada ─le susurró Sirius a Remus, en el puesto de comentarista.
La sorpresa de ambos (y de todo el mundo) fue mayúscula cuando vieron que Lily respondía al beso y enredaba sus manos en el pelo azabache del muchacho. James la subió a su escoba con ella.
─ Preciosa, perdóname, pero tenía que ganar el partido ─se excusó él y le tendió la snich─ esto es para ti ─sonrió.
─ Está bien, te perdono, mi amor ─sonrió Lily, ante la sorpresa del estadio.
─ Gracias. Eso es lo único que deseaba oír ─dijo James volviéndola a besar.
─ ¡POTTER, EVANS! ─bramó McGonagall con furia, después de haberse recuperado de la sorpresa.
James rió y Lily se abrazó con fuerza a él, después desaparecieron entre las nubes, ante la mirada incrédula de los espectadores.
James siguió bailando con Lily apoyada en su pecho.
─ Por fin eres mía Evans ─Lily lo miró con furia─…, digo, Potter ─se corrigió y Lily sonrió.
─ Lily Potter, suena bien, ¿verdad?
─ Perfectamente ─la secundó James.
