"Yo te anhelaba tanto..."

"Durante mucho tiempo esperé por tí".

"A veces, sentía rabia".

"Otras, sólo quería olvidar."

"Y ahora tengo miedo. No quiero perderte".

"¿Prometes que no me abandonarás?"

"Prométemelo".

El día amaneció sin un rayo de sol. El cielo nublado daba una sensación de frío que Gray no era capaz de captar. Desde que era pequeño, era propenso a acalorarse con facilidad y muchas veces sentía la necesidad de quitarse alguna prenda de ropa para sentir el frescor del aire en su piel.

Incorporándose en su cama, dio una vista rápida al desorden de su habitación. Él antes no era así. Hace unos años no habría dejado que el cuarto donde pasa la mayor parte del tiempo estuviera hecho un desastre. Suponía que los hechos vividos y el tiempo cambiaban a la gente y de esa forma pasaba un día más sin quitar de en medio ni un triste libro.

Apoyó los pies sobre el suelo sintiendo cómo pisaba un cuaderno con su pie derecho. Se levantó y, sin tener cuidado con las cosas que había desperdigadas, caminó hasta la puerta que había frente a la de su habitación entrando al baño.

Se miró al espejo con desgana. Tenía un aspecto horrible.

Giró la llave del grifo y enseguida empezó a salir agua fresca. Con ambas manos salpicó su cara de ese agua, mojando irremediablemente algunos mechones de su cabello negro. Volvió a mirarse al espejo.

Sonrió.

Tenía que hacerlo.

Salió del baño y atravesó el pasillo para bajar hacia el piso de abajo. Abrió la puerta del salón y se dispuso a atravesarlo para llegar a la cocina, pero ver a su madre lo hizo detenerse. La miró unos instantes plantado entre la puerta del salón y la cocina.

La mujer yacía tumbada en el sofá bocarriba, con un brazo echado sobre la cara. Su otro brazo colgaba hacia fuera, rozando la mesita de café en la que había dos botellas de licor a medio terminar y un vaso volcado que dejó derramar algo del líquido sobre el cristal de la mesa. Llevaba la misma ropa que el día anterior.

-Ul -la nombró. Desde no sabía cuándo, Gray siempre llamó a su madre por su nombre de pila.

No obtuvo reacción alguna.

-Ul, ¿llevas aquí toda la noche? -insistió.

Nada.

Resignado, retomó su camino hacia la cocina. No era la primera vez que pasaba eso y sabía que ella no lo escucharía o simplemente lo ignoraría como las anteriores veces.

Abrió la nevera, cogió un cartón de leche y bebió directamente de él. Luego, sacó un vaso y echó un poco del líquido y lo dejó encima de la mesa de la cocina. Sacó de uno de los muebles un paquete de galletas de canela y sacó cinco de ellas para ponerlas en un plato pequeño. Lo dejó al lado del vaso de leche.

Nada más hacer esto, volvió al salón. Se acercó al sofá donde se encontraba tumbada la mujer de pelo corto y oscuro.

-Ul, te he preparado algo para comer -dijo posando su mano sobre su hombro. -Vamos, come algo.

Esta vez la mujer hizo un movimiento, apartando el brazo de sus ojos para fijarse en Gray con la mirada perdida.

-¿Ya es de día? -preguntó con voz débil. Este asintió. -Tienes que arreglarte para ir al colegio. No llegues tarde -esta vez su voz sonó estricta y su ceño se frunció. Parecía estar espabilándose.

-Sí -dijo Gray.

Acto seguido, subió las escaleras y llegó a su habitación. Cerró la puerta y se apoyó en ella. Volvió a mirar el desorden que había en el lugar.

-Joder... -susurró llevándose una mano a la cabeza.

"Yo soy la persona que más te comprende. Y tú la que más me comprende a mí".

"Y eso es un hecho que nunca jamás podrás cambiar".

"¿Cambiarías todo lo que ha ocurrido hasta ahora?"

"Si es así, nunca habrías estado conmigo".

"Está claro que te arrepientes de todo lo que te ha traído a mí.."

"...y no sabes cuánto me duele".

Gray no le quitaba el ojo a Lucy. Aquella muchacha lo llenó de curiosidad desde el primer momento. Veía cómo conversaba con otra chica apoyada en la puerta de la clase. ¿Cómo podía sonreir de tal forma, con tal despreocupación? Antes le parecía una persona radiante, sin tormentos ni dolor. Pero después de escuchar lo que Erza les contó a Natsu y a él, la veía con otros ojos. Era todo lo contrarío. Sentía admiración, ya no era sólo atracción.

Perdió a su novio el año pasado y aún así seguía adelante. Admiraba su fortaleza.

Pero no podía evitar sentir dentro de él una lucha interna. Aquel chico, Loke... ¿Cuándo murió exactamente? ¿Y por qué razón? Si sus temores eran acertados y era realmente lo que él creía, no sabría cómo enfrentar a Lucy después de saberlo.

-Ey, Gray. ¿Vamos a comer? -Natsu lo sacó de su burbuja rebuscando en su maleta en busca de su fiambrera con la comida de hoy.

-Sí, ¿por qué no? -respondió este mientras dejaba de lado sus comederos de cabeza y se disponía a hacer lo mismo.

-Suena bien, me apunto -Erza se giró en su pupitre y los miró con una sonrisa.

Los dos chicos se miraron unos instantes.

-Haz lo que quieras -dijo Natsu mientras se disponía a meter en su boca el arroz que sostenía con los palillos.

-Uh... Pero qué poco entusiasmo -reprochó la pelirroja. -¡Ya sé! ¿Le digo a Lucy que coma con nosotros? -propuso con un atisbo de burla en su voz.

Enseguida los dos chicos la miraron con los ojos muy abiertos, emocionados. La chica sonrió triunfante para acto seguido volver a girarse hacia delante.

-¡Lucy! ¿Puedes venir un momento? -gritó llamando la atención de la rubia al otro lado de la clase.

Se despidió de la chica con la que hablaba y se dirigió hacia ellos.

-Dime, Erza -dijo cuando ya estuvo a su lado.

-Hoy vas a comer con nosotros, ¿vale? -afirmó. -Quiero que conozcas mejor a este dúo de inútiles -añadió señalándolos con el pulgar. -Me caen bien.

-Cuidadito con lo que dices -protestó Natsu.

-Bueno... Es que le prometí a Lisanna que comería con ella -contestó Lucy con una sonrisa nerviosa. Ambos chicos bajaron la mirada decepcionados.

-Que venga a nuestra clase y coma con nosotros y asunto arreglado -propuso Erza. -Así será como en los viejos tiempos.

-Exageras, nada de "como en los viejos tiempos". El curso pasado comíamos todos los días juntas y no hace ni cuatro meses de eso -rió Lucy enarcando una ceja. -Pero está bien, no habrá problema -asintió. -Y así puedo presentárosla, Natsu, Gray -añadió dirigiéndose a ellos. -Es una buena persona.

-¡Estupendo! -exclamó Erza. -Si intentáis algo con ella, os la corto -amenazó a los chicos, que sintieron un escalofrío.

"No te enamores de Lucy, no intentes nada con Lisanna... Maldita sobreprotectora.", pensó Gray fastidiado al recordar lo que Erza les dijo a Natsu y a él el primer día de clase.

Ella es como el Sol. Irradia calor y hace sentir bien a los demás, pero se encuentra en un lugar frío lejos de nosotros. ¿Qué significaban esas palabras?

Su gesto se puso serio sin dejar de observar a la rubia, que seguía hablando con Erza. ¿Por qué era tan misteriosa?

-Pues voy a su clase para decirle que venga aquí. Hasta ahora -se despidió Lucy mientras echaba a andar hacia la puerta y desaparecía por el pasillo.

-La comida sabe mejor cuando la como con ellas... -suspiró Erza con una sonrisa boba y un sonrojo en sus mejillas mientras sacaba su fiambrera.

-¿Estábais juntas el año pasado? -preguntó Gray, necesitaba averiguar más cosas sobre Lucy, y si ello le ayudase a saber más sobre el chico que murió el año pasado, mejor.

-Sí, en la misma clase. Hemos estado juntas desde el segundo año de secundaria -Gray escuchó atentamente. -Dos años. Aunque Lucy y Lisanna se conocían de más tiempo -respondió abriendo la fiambrera, dejando ver lo que contenía dentro. -Son amigas de la infancia.

-¿Tarta de fresa...? -preguntó Natsu con un tic en el ojo al ver la fiambrera de Erza. -¿Quién come eso para almorzar?

-Yo. ¿Algún problema? -dijo cortante fulminando con la mirada al chico de pelo rosado.

-N-Ninguno... -respondió Natsu.

-Entonces, ellas dos siempre han estado juntas, ¿no? Debe ser duro que ahora estén en clases diferentes -comentó Gray tratando de retomar la conversación con la pelirroja.

Natsu lo miró frunciendo el ceño. Quizás Erza no lo notase, pero él conocía a Gray y sabía que no era una persona que se metiese mucho en la vida de los demás. Así que hacerle tantas preguntas a la chica demostraba que tenía una razón oculta tras ello. Y él podía imaginar el qué.

Lucy.

¿Por qué estaba tan interesado en saber cosas sobre ella? ¿Estaba tratando de sacar ventaja? Es decir, ¡a él también le interesaba Lucy! ¿Qué hacía ahí como un pasmarote sin hacer nada? Nunca había estado en una situación así, de modo que tampoco sabia qué hacer cuando se siente interés por una chica. Y más cuando esa chica está tan rodeada de misterios. Así que decidió sacar tajada de la conversación de Gray y Erza, de ese modo estarían a pares.

Una sonrisa triunfante se dibujó en su rostro. "O quizá no. No ha sido él quien la ha visto hace unos días en el río, je, je...", pensó sintiéndose por delante de él. El chico era de los que convierten todo en una competición.

-No tanto. Lucy siempre ha sido muy independiente. Incluso de pequeña. O eso es lo que siempre dice Lisanna -respondió Erza. -Ella lo lleva bien, pero quizás Lisanna sí que se siente un poco sola -dijo pensativa.

-Si ese es el caso, que venga aquí siempre que quiera -propuso Gray, así tendría más probabilidades de saber más cosas sobre ella.

-Oye, no se juega a dos bandas, ¿eh? -le riñó la pelirroja.

-¿Por qué siempre piensas lo mismo...? -suspiró Gray cansado.

-Porque es lo más rastrero que se le puede hacer a una mujer -respondió Erza bruscamente con los ojos ocultos tras su flequillo. -La destruye.

Gray se puso tenso. De pronto había cambiado el ambiente animado que tenían.

Los tres guardaban silencio y Erza no se movía ni un ápice. Los dos chicos la miraban estupefactos sin entender nada.

-Maldito cabronazo... -susurró la chica de forma casi inaudible, haciendo a los muchachos abrir los ojos como platos.

¿Qué?

¿Qué era eso?

¿Tenía algo que ver con Lucy, con su pasado?

¿O quizás su novio?

Gray, inseguro, se atrevió a preguntar. Era su oportunidad de saber más sobre lo que llevaba días rondándole en la cabeza.

-Oye, Erza... ¿Qué pasó exactamente con Lok...?

-¡Aquí estamos! -pero fue interrumpido por Lucy, que entraba por la puerta. Iba acompañada de una chica albina de pelo corto y bonitos ojos azulados.

-¡Lisanna! -exclamó Erza emocionada, haciendo sorprender a los dos muchachos de lo rápido que cambiaba de humor. ¿O sólo estaba finjiendo?. -Venid, sentáos aquí -añadió moviendo su silla al lado de Gray para dejar a las dos chicas sentarse frente a ellos.

-Lisanna, ellos son Natsu y Gray. Nuestros nuevos amigos -Lucy empezó con las presentaciones. -Chicos, ella es Lisanna.

-Encantado -dijeron a la vez mientras inclinaban levemente la cabeza.

-El gusto es mío -sonrió la albina mientras se sentaba y dejaba su fiambrera encima de la mesa. -Han sido pocos los días que llevamos de clase, pero Erza ya me ha contado muchas cosas sobre vosotros.

Acto seguido, los dos mencionados miraron a la pelirroja con odio.

-¿Se puede saber qué le has contado de nosotros? -preguntó Natsu.

-Nada... -respondió la chica despreocupadamente mientras partía un trozo de su pastel de fresa y se lo metía en la boca.

-Nada bueno, querrás decir -replicó Gray. -Desde que nos conoces, todo lo que haces es para fastidiarnos.

Lisanna y Lucy rieron.

-Es tal y como lo decías, Lucy. Tienen una extraña relación amor-odio -dijo la albina mirándola.

-¿Verdad? Es divertido verlos, parecen comediantes.

Erza rió ante lo dicho por Lucy y los dos chicos sufrieron un bajón. "Así que comediantes, ¿eh...?", pensaron sintiendo ganas de llorar.

"¿Es capaz la gente como tú y como yo de ser feliz?"

-Cómo-odio-el frío... -temblaba Natsu abrazándose mientras todos atravesaban en patio de la entrada para volver a casa.

-Pues a mi me encanta -sonrió Gray disfrutando de la fría brisa que soplaba.

-Sois totalmente opuestos, ¿eh? -observó Erza caminando detrás de ellos con una mano en la barbilla. A ambos lados de ella se encontraban Lisanna y Lucy.

-Por supuesto que sí. ¿Quién quiere parecerse a esta princesita de hielo? -se burló Natsu mirando a Gray.

-Yo al menos no estoy temblando como un flan y quejándome como una niñita caprichosa -contraatacó el moreno.

-Déjame en paz, ojos caídos.

-Que te den, pelo de flor de cerezo.

-Deja de comparar mi pelo con esa estúpida flor, capu-... -trató de decir, pero se vio interrumpido por un golpe en la espalda, provocando que casi cayera al suelo.

-Ey, menos con la flor de cerezo. Es mi favorita -Erza lo miraba con ojos llameantes.

-¿En serio te gusta ese tipo de flor? -preguntó Gray sin creérselo. Una flor de color tan pálido y suave como la del cerezo no pegaba para nada con la apariencia agresiva de su compañera de clase.

-¡Claro que sí! -exclamó. -Es el simbolo de la delicadeza, la inocencia y la feminidad -añadió con voz solemne llevándose una mano al pecho y cerrando los ojos con sus mejillas rosadas.

-Ella es totalmente lo contrario... -murmuraron Gray y Natsu.

-¿Habéis dicho algo? -preguntó Erza girándose rápidamente hacia ellos con una sonrisa forzada.

-También es un símbolo de valentía y felicidad -intervino Lucy ganándose la atención de todos. -O de tristeza inclusive.

Todos parpadearon menos Lisanna, que apretó los labios y agachó la mirada.

-Tiene varios significados. Puede representar el paso del tiempo -Lucy prosiguió cerrando los ojos. -Un vínculo entre dos personas. El período del año en el que la flor de cerezo florece es muy corto, por lo que también es un símbolo de mortalidad -Lisanna entristeció el gesto y cerró los ojos, cosa que no pasó desapercibida por Gray. -La vida es corta -finalizó abriendo los ojos para mirar fíjamente a Natsu.

El chico dio un pequeño tumbo. Era la primera vez que se miraban directamente a los ojos, la primera vez que sus ojos le prestaban total atención. Esos orbes color chocolate que desde hace unos días soñaba que lo mirasen a él, sólo a él. ¿Por qué no se sentía feliz?

Porque estaban vacíos.

"¿Por qué tus ojos siguen sin tener nada?

¿Es que no soy suficiente para tí?"

Natsu sintió cómo sus manos perdían las fuerzas. La chica ensanchó aún más su sonrisa.

-Es una flor preciosa, ¿verdad? -Una presión inundó el pecho del muchacho, que no podía apartar la vista de ella. Había algo en aquellos ojos. Algo que era incapaz de captar. -Me gusta tu pelo, Natsu -añadió Lucy cerrando los ojos ladeando un poco su cabeza.

El maletin del chico se desplomó en el suelo sacándolo de su trance. Todos lo miraron con sorpresa.

-Eh... Qué torpe -trató de finjir una risa mientras se agachaba para recogerlo. -Gracias, a pocos les suele gustar mi pelo -añadió sacudiéndolo.

Lucy volvió a sonreir.

-No tienen buen gusto entonces -dijo volviendo a caminar.

Erza la siguió detrás y Natsu hizo lo mismo mecánicamente. Se sentía raro, confuso.

Gray volvió a mirar a Lisanna. La chica levantó la cabeza y abrió los ojos encontrándose con los suyos. Ambos se sostuvieron la mirada en silencio.

Al ver la reacción de Erza y el comportamiento de Lisanna, lo supo. Algo estaba mal con Lucy, estaba seguro. Y quería saber lo que era. ¿Por qué no preguntarle a esa chica para disipar sus dudas?

Abrió la boca para hablar, pero fue interrumpido por ella.

-Lucy es Lucy. Y nadie tiene el derecho de juzgarla. Ni siquiera yo-dijo con voz firme. A Gray le dio un tic en el ojo. ¿Acaso esa chica leía la mente? En cualquier caso, ¿a qué venía esa reacción tan defensiva?

-Yo no pienso juzgarla. Tan solo quiero saber más sobre ella, ¿tan malo es? -contraatacó el chico. -Dime, ¿qué pasó con su novio?

Lisanna abrió los ojos como platos y guardó silencio unos instantes. Luego, volvió a relajar el gesto y respondió calmada. Al fin y al cabo, acabaría enterándose.

-Murió en un accidente de tráfico, ¿acaso no lo sabías? Todos lo conocían.

Ahora fue el rostro de Gray el que se descompuso. No podía ser lo que estaba pensando, no podía darse esa casualidad. Tragó saliva y se atrevió a preguntar.

-¿Sabes si hubo más víctimas en ese accidente?

Antes de que la pregunta terminase de ser formulada, una voz se interpuso.

-¡Lisanna! ¡Gray! ¿Qué estáis haciendo? -Erza los llamó desde unos metros más adelante.

-¡Ya vamos, Erza! -gritó la albina y echó a correr hacia ellos. La conversación era demasiado incómoda.

El chico suspiró con molestia, estaba a punto de saber algo más y resolver aquello que tanto le atormentaba y de nuevo se quedó con la duda. Sin ganas empezó a caminar hacia donde estaban ellos. Ya encontraría otro momento.

"Sólo nos tenemos el uno al otro".

-Ya estoy aquí -dijo Gray nada más abrir la puerta de entrada de su casa.

No obtuvo respuesta.

Se quitó los zapatos y soltó su maletín en el primero de los escalones que subían a piso de arriba. Caminó por el pasillo hasta llegar al salón, llevándose una gran impresión.

Todo estaba hecho un desastre. Había libros de las estanterías y platos de las vitrinas por el suelo hechos pedazos, revistas rotas con las hojas desperdigadas y una de las cortinas se había desenganchado y colgaba dejando entrar la luz anaranjada del atardecer.

-¿Ul? -preguntó adentrándose aún más en la habitación.

Al no escuchar respuesta y ver que no se encontraba en el salón, se giró hacia la puerta de la cocina.

Allí estaba, sentada en una silla con los brazos encima de la mesa y la cabeza oculta entre ellos. Encima de esta, había una botella de whisky y el vaso de leche y las galletas que Gray le dejó por la mañana antes de irse.

Más tranquilo por ver a su madre, caminó lentamente hacia allí.

-¿Quieres que te prepare el baño? -propuso poniéndole una mano en el hombro. No valía la pena preguntar por el desorden del salón porque ya se lo imaginaba.

La mujer se incorporó y lo miró con expresión cansada.

-Sí -respondió con voz seca.

Nada más obtener su respuesta, Gray se giró y atravesó el salón esquivando algunos libros del suelo para llegar al baño.

Se quitó la chaqueta de su uniforme con desgana y la dejó caer encima de una sillita de madera pintada de blanco que había en la puerta del baño. Aflojó el nudo de su corbata y se la sacó por encima de la cabeza, dejándola caer encima de la chaqueta. Se subió las mangas de la camisa y abrió la puerta entrando en el pequeño habitáculo. Fue directo a la bañera y giró la llave del grifo.

En agua salió enseguida y Gray se quedó como ido observándola. Con la yema de sus dedos la rozó notando el frío y la agradable sensación del agua recorriendo por su piel. Estas pequeñas cosas le hacían olvidarse de todo.

¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

Siempre quiso evadirlo, pero en momentos como estos no podía evitar recordar recordar cómo su madre se destrozó la vida. Cómo se derrumbó la suya.

Dicen que en un segundo puede cambiarte la vida, para bien o para mal. Eso él lo sabía muy bien.

Hay momentos en los que no sabes qué hacer o cómo actuar. Y cuando estás en esos momentos lo mejor es no hacer nada, ¿no? Por eso trataba de estar tranquilo como si nada hubiera pasado.

Pero a veces no se sentía existir. Simplemente estaba ahí. Tan solo estaba.

.

.

.

-Gray, ¿se puede saber qué son estas notas? -su madre lo miraba con enojo mientras sostenía en su mano derecha un papel con las calificaciones de sus exámenes parciales.

-Sólo son números en un papel. Bajos, pero simples números al fin y al cabo -respondió con desgana mientras se dejaba caer en el sofá y cerraba los ojos. -Uno, dos, uno, dos, tres, uno... Pueden servirte para hacer aeróbic.

Ul soltó un gruñido y se revolvió su melena corta con frustración. Su enfado aumentaba por momentos.

-No sé qué voy a hacer contigo. Deberías preocuparte más por tu futuro. ¡Tienes que ser más aplicado como...!

-¡Ya vale! -la interrumpió el chico frunciendo el ceño. -Yo soy yo. Ni siquiera quiero ir a la universidad. Este año terminaré la secundaria y me pondré a trabajar.

La mujer lo miraba con cansancio.

-¿Ni siquiera harás bachillerato...?

-¿De qué me serviría? -cuestionó el chico mirando a su madre.

Ul soltó un suspiro frustrado y se dejó caer en una silla.

-Eres un caso perdido... Pero es tu vida. Haz lo que te de la gana -soltó con voz grave.

-Wo, gracias. No me esperaba esa respuesta -sonrió irónico.

Su madre apretó los labios aún más enfurecida. Esperaba que la psicología inversa hiciera efecto, pero su hijo era demasiado testarudo.

Se levantó furiosa casi arrugando el papel con las calificaciones.

-¡Si tanto quieres trabajar, al menos saca unas malditas notas decentes en tu último año de secundaria y no seas un...!

Un pitido la cortó. El teléfono sonaba desde la mesita que había en una esquina del salón, justo al fondo. Ul miró a su hijo entrecerrando los ojos y se dirigió a atender al aparato.

Gray conocía bien esa mirada: "No te muevas de aquí. En cuanto termine lo que tengo que hacer volveré y seguiremos hablando". Su madre era como un libro abierto para él. Concretamente, un libro para un niño de tres años. A él le resultaba fácil saber qué era lo que iba a hacer o en qué pensaba su madre con tan sólo mirarla. Por eso siempre era capaz de lidiar con ella.

-Familia Fullbuster, ¿dígame?

La escuchaba atender la llamada mientras miraba el techo distraído puniendo los brazos detrás de su cabeza.

-Sí, soy yo. ¿Ha ocurrido algo?

Su voz sonaba algo cortante, producto de la discusión que estaban teniendo momentos atrás. ¡Cómo odiaba ese tipo de discusiones! Tan sólo quería que lo dejasen en paz. Cerró sus ojos apretando los dientes. ¿Por qué su madre no era capaz de entenderlo?

-¿Qué...?

Gray abrió los ojos con brusquedad. La voz de Ul de pronto sonó quebrada y ahogada. Lentamente giró su cabeza para mirar la dirección en la que estaba su madre.

-No... No puede... ser...

Su cara estaba descompuesta. El papel con sus calificaciones yacía arrugado en el suelo, seguramente se le habría caído, y la mano con la que sujetaba el teléfono temblaba exageradamente, escapándosele y haciéndolo caer al suelo.

El chico abrió aún más sus ojos.

¿Qué pasaba?

¿Por qué esta vez no era capaz de saber en lo que pensaba su madre?

.

.

.

Gray salió de su ensoñación al notar el agua caliente resbalando por sus dedos. Los apartó y se quedó como bobo viendo salir el vapor. Allí empezaba a hacer calor.

Se incorporó y sacudió la cabeza. Recordar aquello solo le haría mal. Debía ser fuerte y seguir adelante. Tanto por él como por su madre.

-¿Dónde estarán las sales?

"Este es nuestro camino. Nuestro destino.

¿Seguirás recorriéndolo conmigo?

¿O me dejarás a la mitad?"

No era especialmente dormilón, pero Gray era de los que odiaban madrugar más que nada. Y más si le tocaba ser encargado del día y tenía que ir al instituto antes de que empezasen las clases para preparar su salón. "Odio esto...", pensaba mientras caminaba desganado por el pasillo.

Él no era el único allí. En otras clases también habría más gente desgraciada que al igual que él que tenían que reponer tizas, colocar pupitres y borrar pizarras entre otras (estúpidas) cosas. Le consolaba saberlo.

Estaba colocando perfectamente alineadas las mesas del lugar mientras gruñía por lo bajo. Tan de buena mañana y ya estaba sudando, cómo lo odiaba. Y eso que ya otoño se acercaba y empezaba a refrescar. Después de terminar la tarea se subió a la tarima donde estaba la pizarra y miró su trabajo con satisfacción.

Ahora sólo faltaba reponer tizas y podría relajarse un rato dando una vuelta por el edificio.

Con la chaqueta quitada y las mangas remangadas se dispuso a salir al frío pasillo. Abrió la puerta corredera y sólo le hizo falta poner un pie fuera para chocar sin querer contra alguien. Escuchó un quejido antes de disculparse.

-Perdona, ¿estás bien? -nada más formular la pregunta se dio cuenta de quién era la persona de la que provino aquel quejido.

-Sí, no te preocupes. Yo era la que iba en su mundo -respondió con una sonrisa amable Lisanna. La chica también acababa de percatarse de quien era la otra persona. -Oh, buenos días Fullbuster -le saludó.

-Sólo Gray, por favor. Buenos días -correspondió el muchacho.

-¿Encargado del día? -cuestionó la chica.

-Sí, e imagino que tú también, ¿no?

-Así es -rió la albina. Luego echó un ojo dentro del aula. -Buen trabajo -dijo con voz sorprendida. -Yo no he conseguido dejar los pupitres tan bien alineados.

Gray no la escuchaba. Le rondaba por la cabeza algo más importante que una charla casual de dos encargados del día. Ayer dejaron a medias una conversación que, al menos para él, era importante. Y esa chica aprovechó el momento justo para escaquearse. ¿Tan malo era preguntarle sobre el dichoso accidente? Pero ahora apenas había gente en el instituto, así que nadie los molestaría. Y sería mejor ir al grano antes de que empezasen a llegar más estudiantes.

-Lisanna -la nombró con voz grave, interrumpiéndola.

La chica lo sabía. Nada más con escuchar su voz seria sabía que Gray otra vez volvería a las andadas. No es que no quisiera contarle nada, es solo que ese tema la incomodaba especialmente. Lucy ya pasó lo suyo con todo aquello y las bocas ya hablaron lo que les dio la gana. Tan solo quería descansar. Miró al muchacho seriamente.

-¿Otra vez con eso? -suspiró cansada.

-Solo dime todo lo que sepas sobre ese accidente y no volveré a molestarte con el tema, lo prometo -respondió Gray con voz firme. La chica lo miró con sus ojos claros durante unos segundos.

-¿Por qué tanto interés? Tengo curiosidad.

Gray tragó saliva.

-Tengo algunas sospechas sobre ese accidente. Solo quiero saber si son ciertas.

Lisanna entrecerró los ojos y luego suspiró.

-Está bien. Tú ganas. ¿Qué quieres saber? -dijo con desgana.

-¿Cuántas víctimas hubo en el accidente? ¿Tan sólo Loke? ¿O hubo alguien más?

La chica abrió los ojos impactada durante unos instantes, acto seguido apretó los labios y miró hacia otro lado.

-Sí que hubo alguien más.

El rostro de Gray se mostró impresionado y dio un paso adelante.

-¿Sabes su nombre? ¿Era otro hombre o una mujer?

Lisanna permaneció en silencio y miraba hacia su izquierda. Parecía estar preparándose mentalmente. De pronto se sentía como si estuviera de mal humor y tratara de aguantarse ese enfado. Cerró los ojos y tragó saliva con tranquilidad. Volvió a dirigirse a Gray.

-Pues era...

-Era una mujer -una voz proveniente de detrás de Gray interrumpió a Lisanna haciendo que éste diera un pequeño respingo. No lo esperaba para nada.

Pero lo que menos esperaba y maldecía su suerte por ello es saber de quien venía esa voz.

-Lucy -dijo Lisanna suavemente al ver a su amiga de la infancia de brazos cruzados a unos metros de ellos.

-Buenos días a los dos -saludó con una radiante sonrisa en sus labios. Luego se dirigió a Gray. -Vaya, ¿tanto te interesaba lo del accidente de Loke? ¡Podrías haberme preguntado, hombre! -exclamó puniendo los brazos en jarra.

El chico parpadeó sin saber qué hacer. Agachó la cabeza, se sentía avergonzado. Lucy se acercó a ellos lentamente.

-¿Qué quieres saber? -cuestionó Lucy. -¿Por eso ayer os quedásteis atrás cuando volvíamos a casa? Estoy segura de que Lisanna se cerró el banda -dijo mirando a ésta de forma neutral.

-Lucy, no tienes por qué...

-No pasa nada, Lisanna -la volvió a interrumpir con voz dulce. -Está todo bien, ya lo sabes.

La albina apretó los labios y miró hacia el suelo. Gray juraría que sus ojos estaban llorosos. La rubia se dirigió a él.

-¿Qué es lo que te preocupa? -preguntó sin borrar su sonrisa. -Te resolveré las dudas que tengas.

El chico de pronto no sabía qué hacer. Estaba bloqueado. No esperaba que todo aquello fuese a acabar así. Pero era ahora o nunca.

Alzó su cabeza y miró firmemente a la rubia.

-¿Quién era la mujer que iba con Loke en día del accidente?

Lucy permaneció en silencio unos segundos.

-Una universitaria. Era ella la que conducía -respondió llevándose una mano a la barbilla y mirando hacia arriba. Lisanna dió un tumbo al escuchar eso. -Si no recuerdo mal, estaba en segundo de carrera. Era una chica muy guapa, alta y con muy buen cuerpo. Parecía una modelo. Siempre me dio envidia -rió.

Gray la observaba con los ojos como platos y su boca entreabierta. Sus labios temblaban. No solo los de él, también los de ella. Los de Lucy. Aquellos labios que tanto deseaba que fueran de él. Solo de él.

Y lo vio.

Lo vio todo.

¿Qué pasaba con esa chica? ¿Por qué era tan difícil de leer? ¿Y por qué diablos le volvía tan loco?

Sus temblorosos labios se curvaron en un intento por formar una sonrisa. Una sonrisa que no consiguió engañar a Gray, esta vez no. Fue capaz de ver a través de su mentira.

-Ella era el amor de Loke.

"¿Hay alguien en este mundo que pueda salvarte?"

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e_e...

Hola, saludos desde el más allá. ¿Os acordáis de mí?

¿Si? ¿No?

En cualquier caso, lo siento mucho por tardar tanto en dar señales de vida. Pero he tenido algunos problemas personales y también exámenes y más exámenes. Así que lo siento mucho.

No prometeré una actualización rápida porque tampoco sé cómo van a venirme las cosas más adelante. Pero lo que sí os puedo prometer es que me esforzaré al máximo e intentaré lo antes posible actualizar tanto este fic como el anterior.

Si os digo la verdad, este capítulo lo tenía terminado desde hace muuuuucho tiempo. Tan solo fue la parte final con la que tuve un grandísimo problema porque no sabía si dar ciertos datos antes o después. Pero espero que haya sido de vuestro agrado :)

También he de agradecer mucho a Jomagaher, usuario de esta web que me ha ayudado tanto para realizar este capítulo y también por todo su apoyo (añadiendo que cada dos por tres me decía "actualiza, actualiiiiiza, actualiza, ACTUALIZA. ¡ACTUALIZAAAA!". Así que en parte, esta actualización se la debéis a su gran pesadez (?) xD).

En fin, nos os entretengo más. Solo quisiera saber qué os ha parecido el capítulo y qué créeis que va a pasar a partir de ahora. ¿Alguna idea? Me gustaría saberlo a través de un review que responderé gustosa :D.

¡Un abrazo muy fuerte! Nos vemos (espero que pronto ^^)

SweetBloodyNight