Notas del escritor: Este capítulo consta de escenas que se conectan entre sí en términos de trama y desarrollo de la historia, pero ocurren en tiempos distintos. Ten en cuenta cuáles escenas ocurren en el presente, y cuáles son solo recuerdos para que la lectura sea armoniosa. Disfruta la lectura ;)


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- Otro paso, otro más. -Decía Kirishima en voz baja, como para que sólo él lo escuchara, este a su vez, se dejaba guiar. Las manos del pelirrojo tapaban los ojos del rubio, así que solo el sonido de su voz era lo que lo mantenía de pie- Al frente hay una pequeña hendidura así que pisa bien.

- ¿Adónde diablos me llevas?

- Paciencia -sonrió él- ya casi llegamos.

El camino era difícil y ambos lo sabían, pero para Bakugo era más complicado aún tener que recorrerlo con los ojos tapados. Pero al mismo tiempo, le parecía interesante ver si podía dejarse guiar por el pelirrojo y seguir comandos solo usando su sentido del oído. Kirishima además ponía bastante cuidado en la forma en cómo lo guiaba y detallaba muy bien todo el camino, eso lo hacía fácil.

Llevaban tiempo subiendo cuesta arriba, pocas veces demostraba Bakugo tanta paciencia, pero eventualmente, Kirishima se detuvo y no le dio más órdenes.

- ¿Qué sucede? -interrogó Bakugo sin recibir una inmediata respuesta. Solo pudo escuchar una inspiración profunda de parte del pelirrojo-

- Llegamos al fin... ¿No sientes el aire fresco? -preguntó de forma retórica y luego le devolvió la mirada al chico que estaba de espaldas. Aprovechó para oler su cabello sin que se diera cuenta- ¿Listo para ver?

- Ya, déjame ver.

Kirishima retiró las manos del rostro de Bakugo y entonces este pudo abrir sus ojos.

Estaban en la cima de una gran colina a las afueras de la ciudad, podía verse todo desde allí. Los edificios a lo lejos parecían simples astillas clavadas en el suelo y las montañas circundantes parecían aún más imponentes.

Bakugo notó de inmediato que había un banquillo de madera justo frente a ellos, era como si alguien hubiera estado allí antes y lo hubiera construido para sentarse y contemplar el gran paisaje que se abría frente a ellos. No lo iba a decir a viva voz, pero al rubio todo aquello le parecía hermoso.

- ¿Así que este es tu lugar favorito?

Kirishima lo miró con una gran sonrisa y respondió.

- Siii, es genial, ¿verdad?

- Sí, es muy bonito -hizo pausa- pero ¿por qué te gusta tanto?

- Porque siempre me gusta venir aquí cuando me siento mal o triste.

- ¿Y te sientes mal o triste a menudo?

- A veces -confesó el pelirrojo con la cabeza gacha- es que no soy bueno lidiando con mis sentimientos y cuando estos me golpean fuerte, suelo venir acá hasta que me calmo. A veces duro días aquí hasta finalmente me siento mejor.

- Ya veo

Bakugo era terriblemente inexpresivo cuando se trataba de escuchar, sentir empatía o mostrar apoyo. Kirishima lo sabía, pero habría deseado escucharle decir algo más que simples frases cortas.

- ¡Crees que es tonto! -recriminó.

- ¿Qué? No No No... Creo que es lindo... y tonto. Pero lindo.

- Es que me gusta mostrarme siempre alegre a todos, sabes? -agregó el pelirrojo- me gusta que todos se lleven siempre la mejor parte de mí. Cuando me enojo o estoy mal, no soy yo, y no me gusta que me vean así.

- ¿Sabes? Eso me dice mucho sobre quién eres -admitió Bakugo- Es difícil hacer lo que tú. Yo por el contrario tomo el camino fácil y cuando algo me molesta, simplemente me amargo y me la cargo con todos. Pero tú te alejas, sanas y luego vuelves con la misma gran sonrisa que siempre muestras. Es algo muy maduro... supongo.

- ¿En verdad lo crees?

- Lo creo.

Kirishima se dio vuelta para que el rubio no se diera cuenta de que se había ruborizado como un tomate, pero Bakugo rápidamente tomó su rostro con una de sus manos y le volteó la cara, entonces pudo verle.

- Te has sonrojado -sonrió de medio lado-

- Cállate, Cállate. No es eso.

Bakugo rió de repente y Kirishima se dejó caer sobre el asiento.

Unos segundos de silencio se hicieron presentes luego de aquello.

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Capítulo II: Donde todo comenzó.

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Kirishima se despertó de golpe sobre una pila de rocas, había tenido un mal sueño así que estaba exaltado y su rostro no dejaba de sudar.

Era de noche. La luna gigante en el centro del cielo despejado de nubes fue lo primero que vio, y la luz que emitía esta parecía darle de frente. No había nadie más allí, sólo él.

Recordó al instante que estaba en medio de una pelea con Bakugo. Lo único que supo era que se había desmayado en brazos del rubio y entonces había despertado solo a mitad de la noche y en ese mismo lugar. Pero ¿por qué sentía tanta confusión?

Estaba asustado y acelerado, pero no podía sentir los latidos de su propio corazón, todo seguía en silencio... Todo.

Miró sus brazos y estaban en perfecto estado, parecía recién salido de bañar, con la piel tersa y limpia como un bebé. Recordaba que tenía heridas, pero ya no más.

Solo pudo pensar en Bakugo, pues él era la última persona a la que vio. Quería saber dónde estaba, o si estaba cerca, o si él sabía que Kirishima aun estaba allí.

Puso gran esfuerzo de su parte para levantarse y salir de aquella pila de escombros, que era lo que había quedado de un edificio que se vino abajo entre una de tantas explosiones durante la batalla. Otra cosa más que le recordaba a Bakugo.

Caminó por horas por las solitarias carreteras de la ciudad, no parecía haber ni un alma, así que el pelirrojo dedujo que estaba muy avanzada la noche. Si estaba en lo correcto, no iba a tardar en amanecer.

"¿Dónde estoy? ¿Por qué no hay nadie" -se preguntaba mentalmente.

- ¡HOLA! -gritó entonces con todas sus fuerzas, pero una suave brisa se llevó sus palabras y no regresaron jamás

Quería volver a casa, pero se sentía perdido. No podía pensar con claridad. No recordaba ni dónde estaba su casa ni la casa de Bakugo, ni la casa de nadie. Tenía miedo y no sabía a dónde ir.

Cuando estaba empezando a inquietarse más y más, observó finalmente a alguien que venía en su dirección. Inmediatamente comenzó a apurar el paso para encontrarse con ella, a pesar que, como venían en direcciones contrarias eventualmente se iban a topar, pero la ansiedad del pelirrojo podía más.

No pensó por un momento en que podía parecer un acto peligroso que alguien se le acercara a otra persona con tanta premura en medio de una carretera desolada a mitad de la noche, pero Kirishima tampoco se caracterizaba por ser alguien demasiado analítico.

- Hola... disculpe -exclamó en voz alta cuando estuvo lo suficientemente cerca de la persona que se acercaba- Oiga, necesito ayuda. ¿Sabe donde...?

La persona solo pasó a su lado como si nada.

"Qué grosero" -pensó. Pero luego siguió tras de él para insistir un poco más.

- Oiga... Ayúdeme... No sé donde estoy ¿puede ayudarme?

Aunque se esforzaba por hacerse notar, aquel hombre solo seguía caminando sin prestar atención a sus palabras.

- ¡HOOOLAAAA! -gritó con todas sus fuerzas, y entonces el hombre se detuvo en seco y volteó, sus ojos quedaron justo en frente de donde estaba Kirishima, quien también lo miraba fijamente esperando un indicio. Pero entonces, el hombre solo se dio la vuelta y siguió caminando.

Muy enojado, Kirishima se avalanzó sobre aquel hombre para tratar de detenerlo pero, por más increíble que parezca, su cuerpo pasó a través de él como si de un holograma se tratara, y cayó al piso. El hombre siguió caminando.

Kirishima miró sus brazos y luego al sujeto que se alejaba. No podían escucharlo, no podían percibir que estaba ahí y tampoco podían tocarlo. Para ese momento, el pelirrojo estaba bastante asustado, así que sólo se levantó del suelo y corrió en una dirección desconocida para él pero a toda velocidad y sin descanso. Ni siquiera prestaba atención al camino o a sus alrededores, él solo corría y corría, y lo hizo hasta que sus pies tropezaron entre sí y cayó al suelo entre respiraciones agitadas y jadeos intensos.

- ¿Morí? -se preguntaba a sí mismo desesperado- ¿Realmente morí?

Nunca había estado tan agitado o nervioso por algo, pero incluso en ese momento, no podía escuchar sus latidos. Kirishima no era tonto.

Así que comenzó a gemir cada vez con más intensidad y las lágrimas abandonaban sus ojos y caían sobre las ojas secas del suelo donde estaba, pero no mojaban nada. Kirishima golpeaba el suelo con desespero pero este no se agrietaba, aunque usara toda su fuerza, era inútil. Incluso para la naturaleza, era como si él no estuviera-

- Pero... No entiendo... -seguía divagando entre lágrimas- ¿No se supone que los muertos solo dejan de existir? ¿O se van a otro mundo? ¡No lo entiendo! ¿Por qué yo sigo atrapado aquí donde nadie me ve y nadie puede oírme?

De pronto, una voz le responde desde la penumbra.

- Porque alguien te recuerda todavía.

El pelirrojo volteó la mirada aterrado y contempló a una niña de cabello corto, parecido al de Uraraka-chan pero de menos edad, luciendo un vestido blanco y un cintillo del mismo color sobre su cabeza.

- ¿Puedes escucharme? -exclamó sorprendido-

- Sí

- ¿Y puedes...? -exclamó mientras extendía su mano para tocar nerviosamente el zapato de la niña. Esta al instante le sonrió-

- También pude sentir tu mano.

- ¿Cómo es posible?

- Ahh... Porque yo soy como tú.

Kirishima sintió de pronto un frío aterrador dentro de sí al escuchar aquello.

- ¿Estás... Estás... muerta?

- Allí está mi tumba -respondió la niña mientras señalaba a un lado con su mano izquierda.

Y en efecto, había una lápida ahí. De hecho habían muchas, y apenas Kirishima comenzaba a notarlo. Parecía ser que en medio de sus apresuradas carreras, se había infiltrado en un cementerio y, la niña con quien hablaba, también estaba muerta. El pelirrojo se sentía tan aturdido que se dejó caer de sentón nuevamente en el suelo mientras se agarraba el rostro con ambas manos.

- Entonces sí morí...

- Probablemente.

- ¿Y esto que es? ¿El mundo de los muertos? Si los muertos pueden hablar entre ellos y esto es un cementerio, ¿Por qué solo estás tú aquí?

- Está muy reciente tu muerte, puedo sentirlo. Aun estás en transición y es entendible que estés aturdido por muchas cosas. Deberías primero descansar un poco para que tu mente se alivie. Mira, este árbol da una magnífica sombra de día -señaló el árbol debajo del cual ambos estaban parados- descansa aquí y cuando abras los ojos en la mañana, estaré esperándote para contarte todo.

- Pero no tengo sueño.

- Estás muerto, ya no te da sueño, pero igual puedes descansar. Solo cierra tus ojos y lo demás vendrá solo.

¿Qué más podría hacer? ¿Qué otra decisión podría tomar? Aunque era cierto que no sentía ni sueño ni cansancio, también era verdad que estaba mentalmente agotado y quizás dormir ayudaría a despejar todas aquellas sensaciones dispersas que tenía.

Se dejó caer en el suelo y, echado sobre el tronco del árbol cerró sus ojos, y durmió.

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Unos golpecitos contínuos y molestos lo sacaron de su letargo. Abrió sus ojos y una incandecente luz los hizo cerrarlos de nuevo y abrirlos más despacio para darle tiempo a sus ojos de adaptarse a aquella luz.

Frente a él, estaba aquella niñita golpeando unas nueces con una roca en su mano hasta que las destruía y sacaba el fruto de dentro. Había un tazón hecho de hojas donde la niña recolectaba todas las nueces que lograba sacar.

- Buenos días -saludó el pelirrojo en medio de un bostezo-

- ¿Buenos días? Dormiste toda la mañana, ya serán buenas tardes.

- ¿Tanto así?

- Dormiste más de lo que yo estuve dispuesta a esperarte, así que fui y recolecté algunas nueces. Cómelas.

- Pero... No tengo hambre.

- Ni tendrás -exclamó la niña mientras se metía una nuez a la boca- pero cómelas igual, tu mente creerá que te estás alimentando. Además, el sabor de las cosas todavía se puede sentir.

- Gracias -dijo apenado el pelirrojo mientras tomaba el tazón hecho de hojas y cogía una nuez con su mano- Yo pensé que como estamos muertos, no podríamos tocar ni coger nada.

- Estamos muertos, pero seguimos siendo parte de la naturaleza, la única diferencia es que los vivos ya no nos ven.

- Has sido muy linda conmigo -sonrió Kirishima- sobre todo ayer que estaba muy asustado, ahora me siento mejor. Gracias.

- Descuida.

- ¿Y cómo te llamas?

La niña rápidamente señaló con su mano y respondió...

- Mi nombre está en la lápida.

El pelirrojo desvió su mirada y trató de leer la inscripción que estaba allí plasmada, entonces volteó a ver a la niña-

- Selene.

- Bingo.

- Yo me llamo Kirishima -la niña sonrió y extendió su mano que luego estrechó con el pelirrojo de cabellos puntiagudos-

- Un gusto Kirishima. Tu nombre es muy largo y muy tonto, te dire Kiri.

El pelirrojo sonrió.

- Y bueno... dijiste que me responderías... ¿Por qué solo puedo verte a ti si estamos rodeados de, no sé, gente muerta?

Selene miró fijamente a Kirishima y exclamó...

- Kiri, ¿qué crees que pasa cuando uno muere?

- Ehmm... ¿Se va? ¿Deja de existir?

- En efecto. Así que cuando alguien muere ya no aparece por aquí, ¿y para qué lo haría si nadie podría verlo?

- Entonces por qué tú y yo...?

- Ahhh... Eso es una larga historia. Mira -exclamó antes de meterse una nuez a la boca- Cuando tienes una conexión muy pero muy fuerte con alguien, al morir, mueres para todos menos para esa persona. Es como si estuvieras atado por un hilo invisible a ella y eso no deja que te vayas del todo. Hay cosas tan fuertes que ni la misma muerte puede romper.

- ¿Y con quién tengo esa conexión? ¿Mi madre? ¿Mi padre?

- No sé, eso es algo que tú tienes que descubrir.

- Quieres decir que, la persona con la cual tengo esa conexión muy fuerte, podrá verme?

- En teoría sí

- ¿Pero...?

- Tu presencia aquí depende enteramente de que la otra persona te recuerde. Es esa persona la que te mantiene aquí, si te olvida o deja de pensar en ti, entonces te vas como el resto de los que mueren. Pero solo funciona con la persona con la cual tenías una gran conexión antes de morir, seguro muchos te piensan, pero solo esa persona te puede mantener aquí. En cierta forma, solo importa que te recuerde ella.

- ¿A ti quien te recuerda?

Selene miró al cielo y suspiró. Entonces le devolvió la mirada y sus grandes y negros ojos parecieron brillar, a la hora que contestó.

- Mi mamá Kanji.

- ¿Como fue que descubriste todo esto?

- Bueno, yo tenía 10 años cuando morí. Tuve un accidente de tránsito. Mi mamá iba también conmigo en el auto pero ella sobrevivió. A la hora del accidente, nos estábamos tomando de las manos y ella me estaba diciendo que me amaba mucho. Entonces desperté sola a mitad de la noche dentro del auto, pero mamá no estaba, y yo, de cierta forma, tampoco.

Kirishima bajó la cabeza con desgano mientras seguía escuchando el relato de Selene.

- Al principio no entendía el por qué mi madre me había dejado sola en el auto, pero el tiempo respondió todas mis dudas. Estaba claro que había muerto -al decir esto se limpió una lágrima de su mejilla que acababa de resbalarse por ella- Pero aun así me preguntaba por qué seguía aquí. Entonces todo hizo clic.

- ¿Qué pasó?

- Recordé que mi mamá es una persona muy religiosa. Más tarde supe que desde el día que morí había puesto mi foto sobre una mesita y que cada noche encendía una vela para mí. Entonces se sentaba y hablándole a la foto, pretendía que conversaba conmigo. Un día, comencé a escuchar su voz hablándome. Y supe que era ella. Al principio no podía oírme, no sabía que yo estaba ahí, fue duro, pensé que ella tampoco me vería nunca. Pero un día, le dije "Mami, te extraño" y ella me escuchó.

Kirishima aspiró su nariz muy conmovido.

- Debió ser hermoso.

- Lo fue. Luego me di cuenta de que mientras más pensaba en mí y me recordaba, más real me hacía para ella. Kanji comenzó a escucharme con más fuerza, a verme con sus propios ojos, y finalmente, a tocarme. Era como si estuviera viva, como si estuviera viva solo para ella.

- Pero no... volviste a vivir ¿O sí?

- No, sigo muerta. Pero mientras la otra persona te recuerde, podrás hacer con ella todo lo que hacías en vida. Y por eso la conexión con la persona que te traiga de vuelta tiene que ser muy pero muy fuerte, porque te hará querer pasar el resto de su vida juntos.

- ¿Su vida?

- Sí. Eventualmente ellos también envejecerán y morirán. Cuando lo hagan, entonces ya no habrá nadie que te recuerde y entonces te irás.

- ¿Sabes que sucede cuando uno "Se va"?

- Aun no lo sé, Kanji aún está viva así que supongo que lo sabré cuando suceda.

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Bakugo estaba sentado en el banco de madera que Kirishima había construido a la cima de aquella colina. Ahora el rubio solía visitar siempre ese lugar, pues fue el lugar donde todo comenzó.

Y cuando estaba allí, pensaba en Kirishima y en las cosas que vivieron juntos en ese lugar.

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Flash Back

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- Te has sonrojado -sonrió de medio lado-

- Cállate, Cállate. No es eso.

Bakugo rió de repente y Kirishima se dejó caer sobre el asiento.

Unos segundos de silencio se hicieron presentes luego de aquello. Entonces Kirishima rompió el hielo, y dijo en voz suave.

- Es que a veces los sentimientos que me traen aquí no son negativos... De hecho, yo creo que son positivos, hermosos. Pero no sé si los demás pensarán lo mismo, así que vengo aquí a meditar sobre si debo manifestarlos o no. ¿Tú que crees?

Bakugo se llevó la mano a su mentón y comenzó a pensar...

- Mmm... Yo creo que si es algo que sientes, me refiero, no una tontería sino algo muy importante, debes decirlo.

- ¿Tú crees?

- ¡Claro!

- ¿Y si los demás piensan diferente?

- Pues ellos se lo pierden.

Kirishima sonrió algo envalentonado entonces. Acto seguido se levantó de su asiento y miró fijamente al rubio, quien no tardó en sentirse incómodo.

- En ese caso, hay algo que quisiera decirte. Lo he callado por un tiempo.

- ¿Qué cosa es? -inquirió el rubio levantando la ceja y con algo de desconfianza-

- Bakugo... La verdad es... que me gusta la forma en la que eres -Bakugo abrió los ojos de par en par- me gusta la forma en la que te expresas, me gusta cómo me tratas. No sé, al principio eso me hizo ser tu amigo, pero entonces surgieron otras cosas, pasé tiempo contigo, te conocí más. Y me di cuenta de que ya no quería ser más tu amigo.

- ¿A qué te refieres?

- Me refiero a que... -inmediatamente se volteó y le dio la espalda al rubio. Estaba muy nervioso, sudaba mucho y sus piernas temblaban un poco. Cerró sus ojos con fuerza y además cubrió su rostro con sus manos, para luego de unos segundos, confesar- Me gustas.

Bakugo quedó frío, como una panela de hielo, inmóvil. Por unos minutos, el único sonido que se escuchó fue el de la brisa que se llevaba las hojas de los árboles consigo y, por supuesto, el acelerado corazón del pelirrojo que traía con fuerza.

Kirishima esperaba escuchar algo, un grito, un insulto, pero algo en definitiva. Pero no escuchó nada, esa confesión había excedido a Bakugo. Con desánimo, el pelirrojo se dio vuelta y con mirada perdida contempló al rubio. Finalmente, en voz baja, exclamó...

- Solo lo digo para que lo supieras, no espero que nada cambie entre nosotros. Sé que no podría pasar.

Bakugo entonces tomó su lugar en el banco de madera, visiblemente sorprendido.

- Bueno, esto es algo que no esperaba, pero... ¿Por qué crees que no podría pasar?

- Porque ¡Mírate! Eres guapísimo -confesó- Las chicas todas están locas por ti, eres fuerte y además muy valiente. Seguro tienes muchas chicas para elegir, pero yo no soy una chica.

Con un suspiro, se dio la vuelta y comenzaba a retirarse, pero la mano de Bakugo rápidamente tocó el hombro de Kirishima, y un chispazó lo hizo sentir.

- No tendrías por qué ser una.

El pelirrojo volteó al instante, nuevamente sonrojado como un tomate y con los ojos bien abiertos. Bakugo le respondió con una de esas confiadas sonrisas suyas, y entonces, agregó.

- Yo tampoco soy bueno lidiando con mis sentimientos, sé que lo sabes, porque te has dado el tiempo para conocerme. Cuando conoces a una persona real, que te ayuda a ser mejor, menos, no sé... Yo, entonces es fácil que yo pueda comenzar a sentir algo por esa persona, sea una chica o un chico.

- ¿Quieres decir que...?

- ¿Crees que yo dejaría que cualquier persona trajera a quién sabe dónde con los ojos tapados, estando tan cerca de mí, y en lo que prácticamente sería un secuestro, si no sintiera nada?

Aquellas palabras le devolvieron todo el oxígeno que el pelirrojo había perdido. Era demasiado bueno para ser verdad, y nunca lo creyó posible. Nuevamente, su corazón comenzó a latir de prisa y ambos podían escucharlo, eso se confirmó cuando Bakugo extendió su mano y la puso sobre el pecho del pelirrojo, quien seguía sonrojado.

- Tú también me gustas mucho.

La mano de Bakugo se movió desde el pecho de Kirishima, hasta detrás de su nuca y lentamente lo comenzó a atraer hacia sí mismo. El pelirrojo estaba nervioso, y lucía algo torpe en sus movimientos, pero se dejó llevar bajo la guía del rubio, de la misma forma que él se dejó guiar antes. Cerró sus ojos y cedió ante el comando de Bakugo. Pronto, sus torsos se juntaron y la respiración caliente de él sopló en su rostro.

Finalmente un delicado rose, se convirtió en un suave y tibio beso, que marcó el inicio de algo hermoso. Allí mismo en esa colina.

Desde ese momento en adelante, el corazón de Bakugo comenzó a latir también con más fuerza cuando se trataba de Kirishima. Y a partir de ese día, ese lugar también se convirtió en el favorito del joven Katsuki.

Porque allí fue donde todo comenzó.

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Fin Flash Back

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- ¿En que piensas? -preguntó la voz de Kirishima a Bakugo, quien hasta hace un momento estaba solo en aquel lugar-

- En ti. -respondió el rubio sin dejar de mirar al horizonte- Recordaba nuestro primer beso, fue en este lugar, fue hace casi un año. Nuestro aniversario hubiera estado cerca ya.

- Ya -suspiró Kirishima- Yo también pensaba en eso. Es triste que las cosas hayan tomado este rumbo, ¿no?

- Mmm... ¿Por qué sería triste? -replicó Bakugo- estás aquí, yo creo que todo resultó bien.

Kirishima sonrió por lo bajo y exclamó finalmente.

- Gracias.

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- ¿Qué es ese sonido? -preguntó Kirishima a Selene, estando ambos aun sentados en aquel árbol-

- Hay un servicio, pero esto es un cementerio, siempre hay uno. Pero dijiste que moriste ayer, ¿no? Podría ser el tuyo.

- Me acercaré.

Con eso, el pelirrojo se levantó y dejó atrás a la niña para caminar hacia el tumulto de gente que se avistaba a unos cuantos metros de ese lugar.

Selene tenía razón, era un servicio. Había mucha gente vestida de negro y muchos sostenían flores blancas. Las personas hacían filas frente a una tumba recién cerrada para poner una de esas flores a los pies de la tumba. La primera en fila, era una mujer con cabellos tan rojizos como los suyos.

- Mamá... -exclamó conmovido antes de salir corriendo con todas sus fuerzas al encuentro con ella y, a medida que se acercaba, más caras conocidas comenzaban a vislumbrarse.

Kirishima se detuvo a los pies de la tumba y frente a su madre, y, con insistencia, comenzó a llamarla.

- Mamá... Soy yo, Kirishima... ¿Puedes oírme? Mamá ¡Estoy aquí!

A pesar de que gritaba con todas sus fuerzas, ella no movió ni un músculo de su cuerpo en respuesta, solo dejó la flor en el suelo y se dio la espalda para llorar en soledad.

El siguiente, era un hombre.

- Papá... tú tampoco puedes escucharme, ¿cierto?

- Te extrañaré hijo mío -exclamó antes de dejar la flor y marcharse, como el resto de personas que le siguieron. Kirishima solo se desplomó sin fuerzas al suelo con los ojos cubiertos de lágrimas, lleno de impotencia y frustración. Por que sí, dolía y dolía demasiado.

Finalmente, unos zapatos pisaron frente a la tumba del joven y, al levantar la mirada, observó el contorno oscurecido por la luz del sol de una persona. Kirishima tardó un poco para descubrir su identidad. Este hombre solo se agachó para poner la flor en el suelo y luego se dio la vuelta.

- Bakugo... -susurró el pelirrojo mientras lo veía marcharse. Entonces, Kirishima se puso de pie y, poniendo sus manos en el contorno de su boca para amplificar el sonido de su voz, gritó- ¡BAKUGO!

Al instante, el rubio volteó con los ojos bien abiertos, justo en dirección al pelirrojo pero no pudo ver nada.

En eso, Izuku apareció corriendo hacia el rubio y llamándolo con insistencia.

- ¡Kacchan! ¡Kacchan, espera!

- Ah, eres tú -replicó el rubio- Aléjate de mí Deku.

Acto seguido, el rubio siguió su camino y el peliverde lo siguió por un rato. En lo que respecta a Kirishima, el siguió allí inmóvil observando con lágrimas en los ojos lo que acababa de pasar.

- Él pudo escucharme. -dijo para sí entre sollozos-

Solo en ese momento, el pelirrojo entendió lo fuerte que era su conexión con Bakugo, quizás más de lo que hubiera pensado.

Esa misma noche, Bakugo estaba sobre su cama intentando leer pero sin poder concentrarse. Había tantos sentimientos enfrascados en su pequeña humanidad, que no pudo respirar más a causa del gran nudo en su garganta. Así que solo estrelló el libro contra la pared y se sentó al borde de su cama, con las manos sosteniendo su cabeza y comenzó a llorar desconsoladamente.

Kirishima estaba ahí observándolo, sufriendo en silencio, con el alma más rota que nadie.

- ¿Por qué tuviste que morir? -gritaba Bakugo- ¿Por qué tuviste que dejarme si yo te amaba? ¡KIRISHIMA! ¿DÓNDE ESTÁS?

El rubio parecía sumergido en su dolor y en su amargura. Su rostro estaba empapado e incluso su ropa. Se sentía en el vacío más profundo sin una escalera para salir, en la oscuridad más densa sin una lámpara para alumbrar. Él nunca se había quebrado tanto por nadie en su vida, y esa noche, comenzó a experimentar lo que el verdadero dolor significaba. No el dolor físico porque ese ya lo conocía bastante. Pero esta clase de dolor, era la primera vez que lo sentía y no lo podía soportar.

Pero entones, Kirishima puso la mano sobre el hombro del rubio mientras este seguía llorando, y el rubio nunca sintió nada. Pero entonces, una voz muy pero muy lejana llegó a sus oídos, aunque quién la dijo estaba parado justo frente a él.

- Aquí estoy Bakugo. No llores más.

El rubio abrió los ojos y se detuvo en seco. Se quedó inmóvil por unos segundos, y por otros más creyó que se había vuelto loco, pero no, él estaba seguro de que había escuchado algo, y no cualquier cosa.

- ¿K-Kirishima? ¿Eres tú?

- Aquí estoy -escuchó levemente el rubio, y entonces con impaciencia se puso a mirar todos lados pero no podía ver a nadie. La habitación estaba vacía.

- ¿Dónde estás? -preguntó en voz alta y desesperada-

Nuevamente, a muy bajo volumen, escuchó...

- Estoy aquí, frente a ti, abrazándote.

Kirishima había rodeado a Bakugo con sus brazos, y lo apretaba con todas sus fuerzas, pero él no sentía nada, tampoco podía verlo ni escuchar su corazón. Pero Bakugo bajó sus defensas, sus escudos se habían roto hace tiempo y su armadura se había desvanecido hace tiempo, solo quedaba la carne viva. Estaba frágil y quería protección. Lo que más necesitaba en ese momento era un abrazo, así que cerró sus ojos y confió en lo que dijo Kirishima.

Ese abrazo duró muchas horas, hasta que ambos se durmieron, y aun en ese momento, seguían abrazados.

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- ¡SELENE! ¡SELENE! -corría a toda prisa por aquel cementerio hasta encontrar a la niña en el mismo lugar de siempre, esta le sonrió al verle-

- Hola Kiri, ¿qué ocurre?

- Tenías razón... Finalmente he encontrado a la persona con la cual tengo una fuerte conexión, y todo fue gracias a ti.

- Eso es increíble, señor Zanahorio.

- Ayer, me sentía demasiado perdido. Creía que todo había acabado, pero ahora me doy cuenta que nada acabó, sino que volvió a empezar.

- Me alegra que lo entiendas -respondió la niña mientras se acostaba cómodamente en el suelo, como preparada para dormir.

Aun con todo, Kirishima tenía una pregunta que había olvidado hacerle a Selene desde el momento en que ella le contó sobre Kanji, solo que no sabía si era el mejor momento, pues ella parecía muy dispuesta a dormir en ese momento. Sin embargo, el pelirrojo, fiel a su curiosidad, se atrevió.

- Oye, Selene.

- ¿Sí? -contestó esta en su posición y sin abrir los ojos.-

- Acabo de venir de hablar con Bakugo y es lo más maravilloso del mundo. Ahora entiendo lo que debes de sentir cuando hablas con tu mamá... Yo querría pasar todo mi tiempo hablando con Bakugo, si pudiera, y no encuentro como eso sería diferente en tu caso. Es por eso que no entiendo el por qué siempre estás aquí en este cementerio pudiendo estar siempre con ella.

- Ahhh, eso. -exclamó la niña mientras se incorporaba y bajaba la cabeza con desanimo al decir- es que ya no puedo ir a verla. Mi mamá está muriendo.

- ¿Qué? -Exclamó Kirishima con tristeza, y miles de dudas comenzaron a surgirle de repente al ver la expresión triste en el rostro de la niña- pero no entiendo... ¿Otro accidente?

- No lo creo. Pero mi mamá ya está muy avanzada en edad, y su tiempo se está acercando.

- Pero no, no no, no es posible. Tu moriste con 10 años de edad, eras muy joven, tu madre no puede estar tan anciana. Yo... No entiendo.

- Kiri -llamó la niña mientras acariciaba el rostro del chico cuyos ojos estaban llenos de lágrimas- Yo estoy muerta, el tiempo no pasa para mí, pero para los vivos sí. Yo morí cuando 10 años, pero eso pasó hace 50. -Kirishima se sorprendió y dejó salir aún más lágrimas- El tiempo de mi madre llegó y el mío también.

Con eso la niña volvió a acostarse en el suelo para dormir, pero Kirishima se sentó junto a ella y puso la cabeza de la niña entre sus piernas para mayor comodidad.

- ¿Sabes que es lo mejor de todo? -preguntó la niña en voz somnolienta- Que por fin podré saber lo que pasa cuando nos vamos definitivamente.

- Te quiero mucho Selene, espero puedas estar con tu mamá del otro lado.

- Gracias -exclamó en un susurro. Entonces, su cabeza se ladeó y sus ojos se cerraron. Kirishima permaneció allí hasta que la niña se hubo desvanecido por completo.

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- Yo también estuve acordándome de cosas que ocurrieron hace un año -exclamó el pelirrojo a Bakugo mientras ambos aún estaban mirando el horizonte en la cima de aquella colina- Me acuerdo de Selene.

- Selene... gran amiga -agregó Bakugo con una sonrisa.-

- Quiero hacer algo lindo por ella, Bakugo. ¿Podrías por favor construir un monumento para ella aquí en esta misma colina?

Bakugo volteó a mirarlo, él tenía sus ojos llenos de lágrimas acompañado de una delicada sonrisa. El rubio acaricio su rostro y entonces respondió.

- Claro que sí.

Y fue así como ese lugar corriente dejó de serlo. Se convirtió en el favorito de Kirishima, luego en el favorito de Bakugo y, con suerte, ahora también en el de Selene.

Por allí fue donde todo comenzó.

Continuará...