Cristina
La primera vez que Cristina noto a Lincoln Loud fue un fin de semana cuando el muchacho peliblanco se interpuso entre ella y una gran cantidad de lodo que fue lanzado por un automóvil cuando paso a toda velocidad por un charco.
Los muchachos siempre trataban de impresionarla, pero ninguno había sido tan intrépido y tan tonto a la vez. Ahí tirado en el suelo, cubierto del lodo que de otra forma hubiera sido para ella, se encontraba el valiente muchacho peliblanco famoso por la gran cantidad de integrantes en su familia.
Cristina solo esperó mientras Lincoln se ponía de pie y trataba de quitarse el lodo de encima, nadie la ayudaba sin esperar nada a cambio, ir a comer un helado, ir la pizzería, a la feria, etc. Ella no lo pedía, pero tampoco se quejaba, eran cosas gratis que disfrutaba a pesar de lo incomodo que fuera el momento, e imaginaba que seguramente este rescate implicaría una recompensa.
Sin embargo, el muchacho peliblanco no le pidió o exigió nada por sus acciones tan solo le regalo una sonrisa que la estremeció, pero se notaba que Lincoln sufría del típico tartamudeo y sonrojo en el rostro que aquejaban a quienes estaban interesados en ella.
Y era claro para Cristina que el chico Loud estaba intentando conquistarla y este era algún tipo de truco o plan, ya que aquel peliblanco también era famoso por idear demasiados planes. Pero no pudo indagar en nada más debido al susto que la súbita aparición una niña de cabello negro y ropa gótica les produjo a ambos, un instante después otra niña rubia con tiara y vestido rosa llego para unirse al grupo. Si Lincoln no hubiera aclarado que eran sus hermanas, Cristina habría continuado pensando mal de aquella situación, sobre todo cuando llegaron más mujeres para llevárselo a rastras en dirección al Centro Comercial.
No tuvo otro incidente digno de mencionarse con Lincoln en mucho tiempo, eso fue claro hasta que apareció el video del peliblanco practicando como besar con una fotografía suya; aquel gesto le pareció tierno y halagador, y fue desde ese momento que comenzó a sentir un pequeño enamoramiento por el peliblanco. Pero sus padres también vieron el video y la obligaron a cambiarse de curso para no tener que tratar con un compañero de clases perturbado.
La tensión creció cuando la tosca de Santiago llego a escena, luego Paige, pero encontró su momento de retornar cuando caminaba por el Centro Comercial y se topo con Lincoln haciendo cola para un concierto, en esa oportunidad hasta Luna se dio cuenta de la buena pareja que hacían. No dejo escapar esa oportunidad y comenzó a acercarse al chico Loud. Y ahora que lo pensaba fue en ese entonces que noto la mirada conspiradora de Cookie, y seguramente fue desde ese momento que ella maquino separarla del adorable peliblanco.
¿Pero porque Cristina meditaba acerca de esos recuerdos del pasado mientras se escondía bajo una mesa de la cafetería y al mismo tiempo intentaba grabar con su celular a Lincoln disfrutando de un encuentro íntimo con su novia, Cookie?
Ni siquiera ella conocía la respuesta. En estas dos últimas semanas una demoniaca obsesión de separar a Lincoln de Cookie había germinado en su mente luego de enterarse, junto a todo el colegio por cortesía de las hermanas Loud, que su adorable peliblanco tenia novia.
Al encontrar a la pareja escabulléndose rumbo al comedor a la hora de la salida la pelirroja supo que tramaban algo, pero no esperaba encontrarlos besándose apasionadamente mientras se quitaban la ropa necesaria, el pantalón del muchacho y las pantis de la muchacha, para iniciar el acto sexual, fornicar, hacer el amor, tener coito, follar. La mente de Cristina explotó en sinónimos de lo que sus ojos le mostraban, se escondió avergonzada bajo la mesa más cercana mientras el lugar comenzaba a llenarse de gemidos y pequeñas risas lujuriosas.
Cristina sentía una mezcla de miedo, furia, sorpresa y celos, pero sobre todo sentía un calor estremecedor en la entrepierna por haber visto el rígido miembro viril del peliblanco antes de que se perdiera de vista al introducirse con rapidez en el interior de la muchacha castaña. Esto resultaba demasiado perturbador para la muchacha pelirroja, no por el hecho que Lincoln tuviera sexo con otra mujer, sino por el hecho de comenzar a perder la cordura imaginándose a ella misma como la afortunada amante. Poseída por esa sensación sacó su celular y se dispuso a grabar al peliblanco, sintiéndose algo molesta de que Cookie saliera en la imagen, pero no podía lograr un mejor ángulo sin revelar su escondite y deseaba presenciar el desenlace.
— ¡Cookie!¡Cookie!— los susurros excitados de Lincoln llegaban como gritos a los oídos de Cristina debido al silencio del comedor, cada gemido por parte de la novia del peliblanco amenazaba con que la muchacha de cabello pelirrojo se dejara de sutilezas y demandara su turno.
— ¡Es-pera… Linc… No tan… rápido… Ahhh… Yo… Ha,ha,ha!— aquellos jadeos suplicantes hicieron sonreír de satisfacción a Cristina pues lograba percibir que follar con Lincoln era demasiado para ella— ¡No pares…! ¡Por favor… no pares…!— el resto de los gritos le fueron inentendibles.
Mientras la intensidad de la lujuria entre los amantes aumentaba, Cristina no pudo evitar comenzar a tocarse con una mano mientras con la otra continuaba grabando. Al principio las caricias eran tímidas y sobre la ropa, pero conforme los gemidos del peliblanco aumentaban también lo hacían las caricias que la pelirroja se daba a si misma y lo gemidos que intentaba acallar. Finalmente con un par de dedos dentro de su sexo y dando susurrantes gruñidos de placer, Cristina imitaba las embestidas de Lincoln sin perderse un solo detalle o dejar de grabar.
Sin embargo, un agudo grito de placer femenino puso fin al maravilloso momento. Se trataba de Cookie, la castaña llegó al clímax antes que ninguno de ellos. Cristina estaba confundida y disgustada, la mano con la que se daba placer e imitaba los movimientos de Lincoln se detuvo tal como lo hizo el muchacho peliblanco, dejándola en extremo frustrada y al parecer también al peliblanco.
Cristina aprovecho la pausa para esconderse mejor, el calor del momento la había dejado al descubierto. Por su parte la pareja de novios intercambiaba palabras entre jadeos, y muy pronto la tensión se hizo presente en el aire por una discusión en aumento.
— ¡Ya basta, Cookie! ¡Te dije que no!— el susurro de Lincoln sonaba autoritario, pero Cristina pudo sentir la frustración en su voz.
— ¡Estoy lista, Lincoln!— por el contrario la voz susurrante de Cookie se notaba fastidiada y desafiante.
Cegada por la curiosidad, la pelirroja tomo su celular para hacer un acercamiento y enterarse de la situación. El muchacho peliblanco, vistiendo únicamente su polera naranja y tenis, mantenía firmemente sujeta a la muchacha castaña, que tenía la vestimenta intacta excepto por las arrugas en la falda y el cabello totalmente desarreglado, ambos amantes lucían en extremo molestos. Esa imagen no le daba ninguna pista a Cristina acerca del problema, pero el estremecimiento incesante y demandante en su región pélvica para terminar lo que inició drenaba su atención.
— ¡Ayer lo intentamos y terminaste vomitando!— fue el argumento del peliblanco que llego a sus oídos.
— ¡S-Se que hoy lo lograré!— la inseguridad en la voz de Cookie era evidente— No soporto dejarte siempre tan duro y con ganas… Por eso debo oblígame a hacerlo…— de un tirón la castaña intento arrodillarse, pero fue detenida por el peliblanco. Y en medio del forcejeo la pelirroja pudo notar la erección que aún dominaba al miembro viril del muchacho, la cual se quedo observando con morbosa curiosidad.
— ¿Por qué insistes en eso mujer? Odia tenerlo en la boca y no estoy obligándote a hacerlo— la voz fastidiada del peliblanco se unía a los gruñidos iracundos de la castaña— Tenemos algunos minutos… intentemos otra cosa. No es tan grave…— a pesar de ser su enemiga en ese momento, Cristina se sintió obligada a estar del lado de Cookie, esas palabras eran una bofetada contra el orgullo de cualquier mujer.
— ¿Qué no es para tanto…?— la mirada asesina amplificada que la pelirroja lograba ver a través de su celular estaba bien justificada, lo que no estuvo justificado fue el golpe que Cookie le dio a Lincoln en la cabeza con una bandeja de metal, logrando que el peliblanco perdiera el equilibrio y cayera al suelo— ¡No le dirías lo mismo a "ella" ¿Verdad?! ¡La mujer perfecta en la que piensas cuando estas conmigo!— aquella declaración hecha con algunas lágrimas de la castaña impacto a Cristina, pero se quedo con ganas de saber más del asunto cuando Cookie huyó del comedor a pesar del llamado de Lincoln.
La muchacha pelirroja quedo pensativa en el reinante silencio, Ronnie Anne, Paige, Haiku, Polly, Tabby. Los nombres de todas las mujeres que se acercaron a Lincoln mientras ella era obligada a alejarse de su lado llegaron de golpe a su mente.
Pero toda la inquietud y curiosidad que Cristina sentía quedaron a un lado cuando noto el miembro viril del muchacho peliblanco meciéndose tentadoramente, llamándola, mientras su propietario se encontraba recostado en el suelo luciendo miserable, un detalle que decidió pasar por alto.
Lincoln no tenía ganas de levantarse del suelo, además del golpe en la cabeza que continuaba doliéndole, se encontraba deprimido por haber lastimado emocionalmente a su novia menospreciando su esfuerzo. Entendía perfectamente que debía darle espacio, pero no era esa la razón de su letargo. Su primer noviazgo estaba resultando maravilloso, no carecía de los típicos tropiezos de una relación, y el entrometimiento de sus hermanas, pero esos tropiezos estaban aumentando tanto que sentía una brecha creciendo entre él y su novia. Todo por el fantasma del recuerdo de la primera dama que le enseño del placer que puede brindar el cuerpo de una mujer.
Cristina se acercaba lo más lento que podía, pero era algo difícil. Además de la bandeja que noqueo a Lincoln, en el suelo se encontraban varios platos rotos, cubiertos plásticos y metálicos. ¿Quién demonios limpiaba tan mal aquel lugar?
Sorteando los obstáculos la pelirroja finalmente llego junto al objeto de su deseo, el miembro todavía erecto del peliblanco alzándose hipnotizadoramente incitándola para que se acercara; ocasionalmente había visto fotografías en su computador, pero observarlo en la realidad era algo totalmente diferente. La excitación, pero sobre todo la curiosidad, que Cristina sentía movían su cuerpo sin su consentimiento, provocándole además un estremecimiento agobiante y candente en la entrepierna conforme más se acercaba a aquella extraña extensión masculina; que hasta hace unos momentos se perdía en el interior de Cookie haciéndola gemir de placer, la pelirroja decidió ignorar también ese detalle. Con timidez y nerviosismo deslizo su dedo índice por la punta para definir su tacto, pero aquella leve fricción provocó que aquel monstruo despertara y se hiciera todavía más grande, si era posible, moviéndose frenéticamente buscando la piel que lo despertó. Aquella reacción le provoco una sonrisa a Cristina, era como conocer a una nueva mascota emocionada.
Lincoln se sobresalto ante aquella sorpresiva sensación placentera en su miembro, aparto la vista de la puerta por la que su novia se alejo y se sentó rápidamente. Lo último que espero encontrar fue a Cristina arrodillada junto a él observándolo de manera juguetona con el rostro sonrojado. Antes de poder reponerse a esa impresión, la pelirroja se abalanzo acercando ese bello rostro a su miembro enloquecido para darle una lamida.
Cristina sintió un gusto salado y ácido desagradable, junto con otros sabores hasta ese momento desconocidos. Se arrepintió de haber cedido a su impulso desenfrenado de demostrar que era superior a su enemiga, la intensidad de esos sabores le provocaba ligeras arcadas que intentaba controlar mientras trataba de limpiarse la lengua lamiéndose en el antebrazo y la ropa. En ese instante sintió respeto por quienes practicaban el sexo oral.
Lincoln solo sintió la descarga eléctrica que le brindo la cálida y suave lengua de Cristina antes de perder momentáneamente la conciencia mientras un orgasmo sin precedentes lo asaltaba, el gruñido de satisfacción que dio resonó en toda el comedor. Con la respiración agitada y mientras su miembro todavía echaba chorros de semen agarro sus pantalones y se los puso como pudo. La agradable y desquiciante sensación placentera en su cuerpo era rápidamente reemplazada por culpa, miedo y arrepentimiento mientras se dirigía apresuradamente a la puerta sin mirar atrás.
La muchacha pelirroja chasqueo la lengua un par de veces para cerciorarse que no quedaban rastros de ese sabor en su boca, el sonido de la puerta cerrándose le hizo notar que la dejaron sola en el comedor. Una avalancha de remordimiento la invadió al darse cuenta de lo que acababa de hacer, pero se sorprendió de lo minúsculo que le resultaba ese sentimiento comparada con la inmensa dicha que el recuerdo fresco del rostro extasiado de su adorado peliblanco le provocaba.
El sonido de pasos le advirtió a la pelirroja que alguien se acercaba, se apresuro a salir tratando de no parecer sospechosa y de mantener su sonrisa lujuriosa controlada. Porque la pelea por el amor de Lincoln Loud apenas comenzaba.
