¿El infierno? Fue la parada anterior, señor.

La escena que acababa de ocurrir aún lo desconcertaba. Aunque comprendía que él mismo la había causado. Pero lo que le extrañaba era que no lograba descifrar en qué planeta se encontraba.

Y aún más que eso, no podía comprender cómo es que seguía allí aunque hubiera intentado irse.

La primera vez apareció en medio del océano. Rápidamente se había transportado, llegando a una isla. Y había podido sentir que era el mismo mundo de antes. Algo en el aire lo decía.

Y ahora… Ahora estaba en medio de otra isla donde todo parecía tener una boca para comerte. En el mismo planeta que antes.

—…Este es el bosque de las trampas, "Green Stone". Si no deseas perder tus posesiones y tu vida, tienes que actuar con mucho cuidado en este lugar.

Una voz dijo eso a través de las plantas. El Doctor miró confundido a todos lados, hasta que encontró a quien había hablado. No se dirigía a él, sino a un muchacho con una nariz inusualmente larga.

El Doctor observó la escena, oculto entre las plantas. Sin darse cuenta de que esas plantas también tenían boca. Y hambre.

Se percató de esto demasiado tarde, cuando se vio acorralado por varias flores aparentemente carnívoras.

No llegó a pensar un ridículo plan de escape ni gritar "¡Corre!" a la nada misma, porque una especie de lanza de madera atravesó las plantas y se incrustó en una de las flores, dejándole un lugar libre al Doctor.

Para cuando Usopp y Heracles llegaron al lugar donde estaba el arma del último, no había nadie allí.

—Estaba seguro de haber visto un hombre-sun.

Pero el Doctor había corrido tan rápido como daban sus piernas para llegar a la Tardis y abandonar ese lugar de una buena vez.