A la hora a la que Edward me había recogido llegábamos bastante bien de tiempo para ir llegar al instituto, con su forma de conducir tan alocada, pero con nuestra pequeña e inesperada parada llegábamos ya tarde, condujese como conduciera Edward.

No volvimos a hablar durante todo el recorrido, sobraban las palabras, no volvimos a sacar el tema de Victoria, era un mal que nos perseguía a ambos, pero que vista la situación decidimos silenciosamente aparcar el tema por ahora. Pero la conversación seguía pendiente.

Edward era consciente de cómo me afectaba el mero nombramiento del nombre, de cómo me angustiaba. Victoria era una sombra en mis pensamientos, aunque no siempre nombrada siempre presente, como una serpiente que se deslizaba entre los engranajes de mi cerebro teniendo que soportar continuamente su presencia.

Y yo era consciente de cuánto le afectaba a Edward… En un principio por mí, porque no le gustaba verme así, no soportaba que tuviese que vomitar por ella, que me hiciese sentirme culpable y sufriese por ello, por todos los meses en los que había estado al acecho por mí y yo había estado tan expuesta al peligro con el siguiendo pistas falsas sobre su estancia.

Por otra parte también le afectaban las muertes que se estaban produciendo, y sabía que también se sentía culpable por ellas. Pensaba que era su responsabilidad y de su familia haber alejado el peligro que suponía Victoria y enterrarlo en el olvido. Y no había sido así.

Yo no podía más que entenderle. Mis sentimientos eran parecidos.

Llegamos al instituto casi diez minutos tarde. En cuanto Edward aparcó el coche, en la plaza más alejada de la puerta principal, que era la única que quedaba libre, salí del coche. El ya había salido y tenía mi mochila y la suya, colgada cada una en cada mano.

No consintió en devolverme mi mochila y nos apresuramos a entrar en el instituto.

- No deberías haber salido del coche tan rápido- le regañé divertida. Rompiendo así el anterior tenso silencio- ¿Y si te ve alguien?

- Se quedaría de cuadros, sin duda, pero no hay peligro, no hay nadie cerca.

- ¿Y las ventanas qué¿Te imaginas que alguien en mitad de clase de la señora Freeman te viese?- le piqué

- Bueno- me dijo mientras se acercaba y me besaba- No habrá mucho problema, a estas horas y con clase con esa mujer debe de pensar que está soñando

- Si, ya… esa no es excusa- acabé no muy convencida, aún tenía la mente rondando en cierto beso- ¿Y si no está adormilado?

- Pues creerá que es un efecto óptico.

- Edward…

- Bella, no lo hubiese hecho si existiese algún peligro, me aseguré antes- Pasé de largo de él

- Vamos, llegamos tarde- No iba a seguir discutiendo algo que perdía de antemano. Edward me sonrió y camino a mi altura.

Edward había vuelto con su horario habitual, el que mantenía desde principio de curso, y seguíamos compartiendo la mayoría de las clases ese año, que llegaba a su fin.

Me devolvió la mochila y tocó en la puerta, el profesor ya estaba en el interior de la clase. Abrió la puerta y entramos.

- Tenéis ambos una amonestación por llegar tarde. Sentaos- Nos dijo el señor Orwell nada más situar la vista sobre nosotros-

El profesor Orwell era uno de los profesores con la reputación más chunga del instituto. Daba clases de historia contemporánea. Clase que hubiese sido notablemente más entretenida si hubiese sido impartida por cualquier profesor con un mínimo de sentido del humor, o al menos no tuviera una voz tan monótona y apagada que invitaba a unirte a los brazos de Morfeo. Historia a primera hora era una verdadera pesadilla.

Era alto y desgarbado, a pesar de su edad. Llevaba siempre el cuello y por consiguiente la cabeza, agachada hacia abajo, dejando en relieve una gran nariz y una expresión que recordaba a un ave rapaz.

El sueño de cualquier ex-alumno suyo era encontrar su coche y “tunearloâ€ al gusto, haciéndole unos pequeños apaños. Y Forks era un pueblecito tranquilo. Pensaba que en Phoenix sus coches no hubiesen aguantado mucho.

Vi por el rabillo del ojo que Ãngela, que se situaba dos asientos atrás y a la derecha de Edward y yo me sonreía y me daba ánimos. Me gesticuló:

- Menudo… - miró al Sr. Orwell y contrajo la expresión

Le sonreí y le contesté de la misma forma- Hablamos luego

La clase fue agobiante y aburrida, típica. El resto de la mañana pasó si mayores complicaciones, literatura inglesa, biología y química antes del almuerzo.

En el estado de Washington no había exámenes de selectividad, sino que la nota que sacabas de media durante los cursos de preparatoria era la nota de corte que quedaba al final para presentarte a la universidad.

Durante los últimos días prácticamente todas las clases habían consistido en clases de repaso de los exámenes finales, que comenzaban en dos días. Algunos compañeros directamente se saltaban estas clases, ya que se había dado todo el temario ya, y estudiar en casa, pero yo optaba por ir a clase y preguntar las dudas. A pesar de lo mucho que insistía Edward en resolverlas él mismo. Aun no me creía yo mi elección, pero Edward la respetó por mucho que le fastidiase.

Insistía en acompañarme al instituto por mi seguridad, pasaba prácticamente las veinticuatro horas del día conmigo, excepto cuando Charlie llegaba y lo echaba de casa puntual, aún acordándose de los meses anteriores. Entonces Edward iba a su casa a preguntar como iba la búsqueda de Victoria y a asearse y cambiarse de ropa, vigilando atentamente mí casa con su don por si ocurriese algo. Yo no me quejaba, por supuesto, pero sentía que lo estaba monopolizando por completo.

En nuestra mesa estaban sentados ya cuando llegamos Jessica, Mike, Eric, Tyler, Ãngela, Ben, Lauren y Katie (Nda: Ésta última sale en un capítulo de Luna nueva, no me la invento).

Me senté junto a Ãngela, Edward se sentó a mi lado y casi a los diez segundos prácticamente Alice se había sentado al lado derecho de Edward.

Al principio la conversación fue amena, los que hablaban sobretodo eran Katie y Tyler, mientras los demás comíamos más tranquilos.

- ¿Edward, no tienes más hambre?- preguntó Jessica

- No, Jessica, creo que ya he comido suficiente, he desayunado esta mañana fuerte en casa, y no tengo hambre.

- - Ummm ¿Y tú… Alice? - volvió a preguntar

- No, gracias, no tengo hambre- respondió mientras exhibía una botella de agua con gas y la agitó frente sus narices.

- Vale, como veáis- desistió

- ¿Sabéis qué? Intervino Lauren- Acaban de contestarme de la USC. (Nda: University of Southern California.)

- ¿Si? Vaya, a mi acaban de llamarme de Florida Atlantic University, me han admitido- le contestó Jessica.

A partir de ahí la conversación continuó con un detallado resumen sobre las universidades a las que irían cada uno de ellos y cada uno de los detalles de ellas y sus estancias en las respectivas ciudades.

- ¿Y tú, Bella¿Te han respondido de la Península Community Collage? Oí que echaste la solicitud- Me preguntó Lauren, con un deje de ironía en la voz.

Por un segundo deseé ser yo la peluquera que le había cortado el pelo. Así al menos me hubiese quedado tranquila después de hacerle el estropicio que llevaba orgullosa.

Me pregunté quien habría sido la artista, para mandarle una carta de agradecimientos y preguntarle por qué la odiaba tanto. Esa venganza era demasiado cruel para alguien que no la conociese. Algo muy gordo le habría hecho.

- Si, me contestaron hace unos días. Estoy admitida

- Vaya… Qué cerquita ¿No? Esperaba que fueses más lejos. Vas a pasar frío, con lo calurosa que eres. En California…

- Lauren, no hace falta que me expliques el clima de California- la corté- Phoenix no está demasiado lejos y su clima no tiene que envidiarle nada al Californiano.

- Ummm claro.

- Bueno, estarás contenta ¿No? Tú que no debes de haber salido de Washington… será un gran cambio para ti, vas a pasar calor. Aunque no creo que desentones, con tu corte de pelo, mucha gente lo lleva por allí.

- ¿Si? Ya me lo esperaba, si es que donde hay gusto- presumió mientras simulaba mover su melena

- Si- sonreí con maldad- En California hay un montón de Punks, bandas y mafias, no desentonarás mucho allí. (Siento si alguien que me lea es de alguna de estas dos cosas, no tengo nada en contra, sólo era por hacer la gracia)

Se creó un tenso silencio en la mesa. Lauren me miró primero aturdida y luego enfadada. Recogió sus cosas de la mesa y se marchó.

Por un segundo me sentí mal por ella…. Por un segundo. Luego recordé la cantidad de comentarios hirientes que me había lanzado y la de cosas que me había hecho. El remordimiento se me fue rápido.

Por el rabillo del ojo vi a Edward y Alice contener la risa.

El resto de la mesa no dijo palabra, y simuló seguir comiendo. Fue Jessica quien rompió el silencio.

- En fin, Bella, parece que Lauren llevaba prisa- sonrió- ¿Vas a venir a la fiesta del sábado?

- ¿Qué fiesta? â€" pregunté recelosa

- ¿Qué fiesta? Bella, necesitas ponerte al día, te has perdido un par de capítulos - ¿Imaginé el doble sentido de la frase?- la fiesta de dentro de dos semanas, para celebrar que acabamos los exámenes- Acabó- iremos a cenar todos y después de juerga.

¿Fiesta? No, no iría, yo no era una persona de fiestas. Nada relacionado conmigo, música, baile y un ambiente lleno de gente podía acabar bien, mucho menos con nadie herido, normalmente yo.

Rápidamente comencé a inventarme excusas para poder librarme. Ponerme enferma, tener planes ineludibles, tirarme de un puente…

- ¿Bella?- insistió Ãngela- De verdad, nos gustaría que fueses. Puede que sea la última vez que nos veamos.

Llevaba razón, siendo amigos míos o no eran mis compañeros. Compañeros que era muy posible no volviese a ver. En algunos casos era un alivio, pensaba recordando a Lauren, pero en otros una pena. Ãngela, por ejemplo, me caía bastante bien, era buena persona.

Se lo debía- suspiré- había estado meses pasando olímpicamente de ellos. Pero aún así no me apetecía ir.

Edward me miraba intensamente y sin pestañear, esperando que contestara a la pregunta. Portaba una sonrisilla pícara y condescendiente. Por supuesto, debía de saber desde hace rato que me iban a hacer esa propuesta, ese era el por qué de las indirectas anteriores.

Me giré a suplicarle silenciosamente ayuda a Alice, pero esta tenía el rostro girado al lado contrario de donde me encontraba. Por supuesto ella ya sabía la respuesta, por supuesto. Había girado la cara para forzarme a aceptar la propuesta aún sabiendo que no me iba a hacer gracia y lo poco que me gustaban ese tipo de cosas.

Súbitamente recordé la ocasión en que Edward me había dicho:

- ¿Qué pasaría si no fuera un superhéroe¿Y si fuera el chico malo?
Desde luego estaba siendo un chico malo ahora

Sentí como Edward me cogía suavemente la mano por debajo de la mesa, transmitiéndome fuerza y prometiéndome silenciosamente que nada iba a ocurrir. Claro que no estaba segura de si el concepto de malo que teníamos ambos en ese momento terminaba de coincidir del todo.

Alcé la vista y me encontré con que seguía mirándome aún con más intensidad que antes. Realmente quería que su definición de normalidad se cumpliera durante el mayor tiempo posible.

Suspiré y él sonrió, se olía ya una victoria. Alcé la vista y contesté.

- ¿A qué hora quedamos?- Pregunté resignada a Jessica.