- Parecen retrasadas, ¿qué pasa? ¿No saben estar calladitas sin montar jaleo más de cinco segundos? – protestó mientras que fruncía el ceño molestar por el ruido que hacía un grupo de alumnas más jóvenes que ella repentinamente revolucionadas cuando los "Teenage Wolves" hicieron acto de presencia en el descanso de las clases.
- Déjalas, con lo divertido que es ver cómo se le suben todos los colores a Yamato – Taichi estaba siguiendo la mirada los pasos de su amigo riéndose abiertamente. El rubio tenía cara de querer aprender o bien a hacer que apareciera un pozo y se lo tragara o bien que se tragara a todos los demás, no estaba demasiado seguro-. Además, él solito que se lo ha buscado con todo esto del grupo, no me da nada de pena.
- Yo no he dicho que me dé pena – lo cierto era que durante una temporada lo había encontrado hasta gracioso ella también- pero tanto escándalo empieza a parecerme ridículo.
- Hoy tenemos el día cascarrabias, captado – se sentó cómodamente en uno de los bancos del patio antes de reclamar la atención del otro chico para que fuera hasta donde ellos-. Oye… ¿nos firmas un autógrafo a nosotros también? Tenemos más derecho que ellas, te llevamos aguantando más tiempo – dijo nada más que se les acercó.
- En la cara te lo voy a firmar – respondió con mal humor entrecerrando los ojos.
- Vaya dos, don y doña cascarrabias…
Sora y Yamato cruzaron la que seguramente fuera la primera mirada de todo el día antes de dedicarle una mirada fulminante al otro.
- Tengo hambre, ¿venís a por algo?
- Justo vengo de pasar por la cafetería y no pienso volver allí, muchas gracias – dijo el rubio pasando a apoderarse el banco cuando el moreno se puso en pie.
- Pues… Por llamarme cascarrabias podrías traerme algo tú de la que vienes – acabó por decir ella sonriendo de medio lado decidiendo que la idea de quedarse en el banco haciendo el vago era la mejor.
- Ten amigos para esto… ¡Eh! ¡Esperadme que voy con vosotros dentro! – se fue gritando hasta otros compañeros.
No tardó demasiado en desaparecer de la vista de ambos, los cuales casi que negaron con la cabeza a la vez.
- ¿Qué te han hecho exactamente en la cafetería? – acabó por decir con tono divertido la pelirroja.
- Lo de todos los días. Te lo digo con total sinceridad, si se me llega a pasar por la cabeza lo más mínimo todo lo que iba a tener que aguantar para nada iba a estar en el grupo quién yo te dijera…
- Eh, es una buena señal. Eso es que lo hacéis bien.
- ¿Tú crees?
- Sí, claro que sí, os he escuchado, claro que lo hacéis bien.
Cuando había hecho la pregunta no lo había dicho con esa intención, sino en referencia al grupo que se dedicaba a seguirlos. Estaba seguro que simplemente era por el hecho de que el grupo les había dado cierta popularidad y que lo mismo daba que fueran bueno o no, pero las palabras de ella le hicieron sonreír pasándosele el enfado con el que había llegado.
- No sé si creerte, tú siempre sabes qué decir… - levantó al mirada hacia ella, haciendo notar que bromeaba en sus palabras.
- Ah, eso nunca lo sabrás – por suerte entendió perfectamente el tono del otro, sonriendo a su vez y acabando por tomar asiento ella también.
Al menos parecía que aquella vez eran capaces de hablar no como hacía apenas unos días cuando la había acompañado hasta su casa, incluso de poder pasar un rato sin tensiones que venían sin motivo aparente.
- ¿Has vuelto a tener que quedarte hasta tarde entrenando?
- Pues… si te digo la verdad desde el otro día no he vuelto a hacer nada – levantó la mano enseñándole que tenía una venda sobre ella-. Oficialmente si alguien pregunta precisamente por entrenar más de la cuenta tengo la muñeca dolorida.
- ¿Y extraoficialmente? – arqueó una ceja.
- Alguien tenía que ir a sacar a Biyomon de la celda en la que habían metido – bajó el tono para que nadie más que él la escuchara.
- ¿Celda?
- Sí, me llegó un aviso de socorro… Al menos el poblado quedó liberado y ella está bien. Lo de perderme un par de partidos será lo de menos.
- ¿Todo bien entonces?
- Sí, perfectamente… Taichi lleva toda la semana echándome la bronca por haber ido yo sola con los chicos, pero sé arreglármelas sola, no podía esperar por nadie más – ya no tenía once años y tenía que esperar porque alguien fuera a sacarla de los problemas. Aquello había quedado mucho tiempo atrás.
- Bueno… lo negaré si alguien pregunta, pero… quizás tenga razón. Podrías habernos pedido ayuda.
- Y entonces habríamos acabado más encerrados pasando el rato. Además, ni siquiera me paré a pensarlo… creo que me habría ido hasta sin los demás… - desvió la mirada ligeramente distraída pensando en su pequeña amiga.
- Me lo creo… Solo digo que la próxima vez, que espero que no la haya – aclaró rápidamente – no vayas sola… puedes pedirme ayuda siempre que la necesites – no se dio cuenta casi de lo que se le acababa de escapar. Aunque, claro, ¿qué tenía aquello de raro? Para eso estaban los amigos. Sin embargo no pudo evitar empezar a notar más calor de la cuenta en la cara, lo cual lo hizo mirar hacia otro lado para intentar disimularlo.
- Lo sé – fue la única respuesta de ella.
Tampoco veía qué podían tener de raro aquellas palabras, conociéndolo a aquellas alturas era lo que realmente esperaba escuchar de él, pero algo la había hecho volver a notar esa sensación extraña en el estómago. Al menos esta vez lo que siguió no fue la desaparición total de la capacidad del habla, sino una sonrisa nada disimulada en la cara.
