Bueno, creo que con la explicación que dio mi amiga Pitukel no me queda decir mucho xd

Me encanta esta idea de los one-shoot, ya que alimentará periódicamente nuestras ansias de leer a Gaara y Hinata en distintas oportunidades *-* Aunque quizá no me crean… estoy obsesionada con ellos ._. Soy fan y amante del GaaHina desde hace años, pero como que hace poco me volvieron las ganas de leerlos, pero con intensidad x1000 xD Así que… espero que a todos/as les gusten nuestros cortos pero empeñosos one-shoot :3

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Autora: Rashi Itami
Pareja: GaaHina
Palabra del fic: "Chocolate"
Advertencia: Ninguna
Disclamer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto.

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"Chocolate"

Esto de que tu hermana esté embarazada… y para fastidiarlo más… con antojos. Y sólo él en la casa para –obligadamente- cumplirle sus caprichos. Por lo menos ahora contaba con algo de suerte. Hace menos de tres días los extraños antojos de Temari lo dejaron sin habla ¿A quién demonios se le ocurre pedir ostras al vapor, a las cinco de la madrugada? Definitivamente, después de vivir todo esto, lo que menos deseaba era tener una pareja, más específicamente, que esté embarazada.

Sus manos estaban guardadas en los amplios bolsillos de su chaqueta café, una bufanda cubría su ancho y fornido cuello hasta terminar bajo su nariz. Hacía frío, y eran las dos y media de la madrugada, se dirigía por enésima vez a la tienda, que para su suerte, estaba abierta las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

El débil sonido de las campanas al abrirse las puertas de la tienda llamaron la atención de la vendedora a cargo, haciendo que le quedase viendo fijamente. Esta lo siguió con la mirada mientras se dirigía a la estantería de chocolates. Se demoró alrededor de diez minutos el poder escoger qué llevarse, simplemente no sabía, habían tantos, que no se decidía por ninguno. Cuando la situación por fin lo superó, se dirigió al mostrador, no sin antes fijarse en la cajera de la tienda; era la primera vez que la veía –Ha de ser nueva- Se dijo mentalmente. Llegó junto a la caja registradora y se agachó, para posteriormente levantarse y devolverse por donde mismo había venido, pero esta vez, con un pequeño canasto rojo entre sus manos. Llegó al pasillo donde se encontraban los chocolates, y comenzó a sacar uno de cada uno, para luego echarlos al pequeño canasto en su mano izquierda.

Luego de casi llenar con chocolates diferentes la pequeña cesta se dirigió hacia la caja registradora, se detuvo frente a la cajera y la contempló unos instantes. Tenía ojos inusuales… Embriagadores; diría él. Se regañó mentalmente por pensar en esas cosas y por distraerse. Sin duda su insomnio y el estrés del embarazo de su hermana lo tenían casi delirando. Dejó todos los chocolates sobre el mostrador y miró fijamente a la joven con ojos embriagantes.

-¿Los llevará todos? –Preguntó la joven.

-No, si no te molesta… ¿Me ayudarías a decidir? –Gaara la miró expectante a su respuesta, definitivamente ni siquiera sabía por qué le hablaba.

-Oh… está bien. ¿Es para tu novia? –Preguntó con sorna la joven.

-No, es para mi hermana embarazada. –Definitivamente en su voz se notaba el estrés y la pesadez de la situación.

-Oh… pues, no sabría cómo ayudarte a escoger.

-Sólo dime los dos que más te gusten. –Apoyó su codo en el mostrador, mientras dejaba descansar su cabeza en su mano alzada, cerró sus ojos para dejarlos descansar debido al sueño que presentaba. Ella se puso nerviosa, tanto que se lo llegó a transmitir debido a los gestos que había realizado; una de sus manos se dirigió a su pecho, mientras que su cuerpo soltaba débiles temblores, que Gaara de no haber estado cerca no habría notado. –Sólo escógelos, no sabes el peso de en cima que me quitarás. –Ella se sonrojó levemente, y con su otra mano libre tomó dos barras de chocolate y se las extendió a este.

-T-ten… -Dijo tímidamente.

-Gracias, entonces, dame estas dos, mientras reacomodo las que sobraron.

-Oh, no hace falta, y-yo… p-puedo hacerlo.

-No es nada, puedo hacerlo. –Y dicho esto tomó todas las barras de chocolate restantes y las echó en la cesta, fue hacia el pasillo de donde las sacó, y las comenzó a ordenar donde debía. Una vez hecho eso, volvió a la caja, donde la joven tenía las barras de chocolate dentro de una bolsa. –Bien, ahora dime ¿cuál es la que más te gusta de las dos barras? –La chica lo miró incrédula y tímida al mismo tiempo, así que le hizo caso.

-Pues… e-es… el n-normal con-n a-almend-dras. –Su timidez era realmente notoria, pero no tanto como su sonrojo. Gaara no podía apartar la vista del rostro de aquella chica, era algo simplemente imposible.

-Bien… dime cuánto es.

-Son t-trescientos yenes… -Gaara le tendió el dinero en su mano, pero al rozar la mano de la joven, no pudo evitar sentir un extraño calor recorrer todo su cuerpo. Un nudo se formó en su garganta, mientras que unas extrañas -pero no desagradables- puntadas se acentuaban en su pecho. Definitivamente todo eso era demasiado extraño. La chica dejó el dinero en la caja registradora y le sonrió gentilmente. Sin duda alguna el calor antes sentido por Gaara hace unos momentos no era nada comparado con esto, esa sonrisa lo sacó de sus cabales, ahora sentía que todo el calor que antes recorrió su cuerpo se agolpaba fuertemente en su rostro. No aguantó más y tomó la bolsa en sus manos, con una sacó la barra de chocolate que la chica había descrito como su favorita y la dejó en el mostrador. –P-pero… ¡Ho! N-no p-puedo… no d-debo. –La cara de la chica se enrojeció más mientras negaba con las manos y su cabeza.

-Sólo acéptalo. –Esa definitivamente fue una orden más que un consejo, ella la recibió, aún con el sonrojo en su rostro. –Gaara.

-¿C-cómo? –Ella lo miró confundida.

-Que me llamo Gaara. –Ella se sobresaltó e hizo una pequeña reverencia.

-Hinata, es un gusto.

-Al contrario, el gusto es mío… Bueno, debo irme, la embarazada espera. –Rió juguetonamente mientras se dirigía a la puerta.

-Gracias por venir, por favor, vuelva pronto, Gaara-san. –Él no respondió, simplemente se fue.

Fuera, con el frío golpeando su cara, caminaba. Pero con una amplia sonrisa de satisfacción en su rostro. Era la primera vez que agradecía que su hermana tuviera un antojo, y probablemente, si tuviera que volver, no sería el último.

-Oh… claro que volveré, Hinata-chan…

Fin