—Humana…—Alucard miraba a Hikari, quien dormía tranquilamente. Le era extraño hasta para él mismo ver la paz que reflejaba ella en su rostro. No lograba entender cómo un ser tan puro como lo era ella, podía sentir tranquilidad al estar rodeada de tanta oscuridad y maldad, de lo que él representaba.
Veía maravillado como la oscuridad que rodeaba su habitación, se mantenía al margen y aquellos gritos y lamentos incesantes de sus víctimas pasadas, lograban calmarse y serenarse al punto de que no se oían más. ¿Qué era realmente ella? Hasta su familiar no había dudado en plantarse a lado de su cama, a penas la había sentido llegar al recinto Hellsing.
—Qué extraña y fascinante criatura eres, Hikari…—el vampiro sonreía mientras se ponía de pie y empezaba a rodear a Hikari. Era como un cazador que rodeaba a su presa, intentando localizar los lugares débiles para atacarla.
Inhalaba profundamente, intoxicándose con aquel aroma que desprendía su sangre. Era el olor más delirante y adictivo que había tenido la suerte o desdicha en conocer. Se filtraba en cada rincón de su ser y lo volvía loco, como un adicto a la cocaína que sólo quería probar más.
Se sentía más hambriento que nunca. La sangre que le daban y robaba de sus víctimas ya no lo satisfacía. El monstruo que tenía encerrado dentro su ser, gritaba loco y agónico por probar unas gotas de aquella sangre. Él como el ser codicioso que era, no se iba a negar un par de gotas.
Lentamente fue acercándose a la cama, su familiar le gruñó unos segundos pero luego volvió a su lugar. No podía negar que estaba algo sorprendido pero al mismo tiempo fascinado. ¿Hasta qué punto esa mujer podría afectarlo?
Levantó la mano derecha de ella y acercó un dedo a sus labios y con un ligero roce de uno de sus colmillos, hizo una superficial herida, lo suficiente como para extraer sangre. Su cuerpo se estremeció de placer al sentir la sangre deslizarse por su garganta. Quería más y no se la iba a negar, así que procedió a hacer otra herida.
Poco a poco fue ascendiendo por el brazo dejando un rastro de pequeñas heridas pero sin dejar escapar una sola gota de sangre. Al llegar a la base del cuello, sonrió mostrando todos sus colmillos al momento que Hikari movió su cuello, exponiéndolo al hambriento vampiro.
En medio de la bruma de su sueño, empezó a sentir su cuerpo un poco extraño, como si algo le estuviera siendo extraído. Sintió un pequeño escozor en su cuello e intentó moverse pero no podía, era como si algo le estuviera restringiendo los movimientos.
Alucard había hecho pequeñas heridas en su cuello, donde estaba extrayendo sangre. La sintió removerse pero no hizo ademán de querer detenerse, al contrario quería que ella se despertase para que su sangre se volviera más deliciosa. El miedo y desesperación, tenían un tinte distinto en el ser humano, lo que hacía que su sangre se volviera más deliciosa.
Hikari empezó a despertarse, hasta que con algo de esfuerzo abrió los ojos. Estaba algo desorientada pero poco a poco se fijó donde se hallaba. Se sintió aliviada y algo confundida.
Cuando quiso mover su cuello, se percató de lo que estaba sucediendo y una vez más se preguntó ¿dónde se encontraba su energía santa? Intentó que estaba saliera a la superficie pero parecería como si esta no quisiera lastimar al vampiro.
—Alucard…—le llamó pero el vampiro se negaba a soltar su pequeño festín.
—Alucard…—intentó alejarlo pero él atrapó ambas manos por encima de su cabeza. Ella bufó molesta y cuando quiso patearlo, el vampiro se acomodó y se colocó encima de ella.
—Alucard…por favor…—el vampiro no respondió, simplemente hizo un corte aún más profundo en su garganta, lo que provocó una herida un poco más grande.
— ¡Auch…!—se quejó pero el vampiro no se movió, al contrario lo sintió sonreír contra su garganta.
—Me alegro que te estés divirtiendo a costa mía, pero quiero recuperar mi cuello…gracias…—el vampiro volvió a sonreír y con una última lamida dejó el cuello de la chica, pero no se quitó de encima de ella.
Se miraron a los ojos. Rojo chocaba contra azul. Era una batalla de voluntades, donde ambos sabían quién iba a ser el ganador. Las mejillas de Hikari se tiñeron de rojo y el vampiro sonrió.
De repente las voces dentro de la cabeza de ella volvieron a resonar y el cuerpo de ella se estremeció. Cerró los ojos e intentó tranquilizarse. Su energía fluctuaba sin control cuando eso sucedía y no quería a lastimar a nadie.
— ¿Me temes?—le preguntó de repente y ella no respondió.
—Responde—su voz llena de demanda. Ella quiso golpearlo pero se tranquilizó y volvió a abrir los ojos. Aquellos rojizos ojos brillaban con maldad y promesas oscuras.
—No—le dijo tan segura como pudo. No podía negar que una efímera parte de ella le temía al vampiro pero extrañamente se sentía segura y en paz con él.
—Deberías…—ella le sonrió.
—No eres el peor monstruo que he conocido—el cuerpo de ella se estremeció al recordar brevemente a sus demonios del pasado.
—Soy el peor de todos—ella negó con su cabeza.
—No, no lo eres. Tienes honor…—el vampiro empezó a reírse desquiciadamente, aquella risa que hacía que el cuerpo de ella se estremeciera.
—Humana idiota, nunca lo he tenido—ella seguía sonriendo.
—Tú eres el idiota si crees que me creo el numerito de…—ella se quedó callada unos segundos cuando los ojos de él brillaron con malicia y locura, que ella sólo había visto en batalla y dirigida a los ghouls.
—Eres tan inocente que crees eso…—sonrió mostrando todos sus colmillos—Es por esa razón que se aprovecharon de ti, convirtiéndote en una mascota…—sintió algo helado recorrerle cada rincón de su cuerpo al momento que el dirigió esa mirada junto con esas palabras hacia ella.
Su cuerpo reaccionó ante el torrente de emociones que esas palabras fueron dichas. Su mente empezó a evocar diferentes imágenes y el temor, mezclados con furia la inundaron, provocando que su energía saliera a flote. El vampiro reaccionó de manera inmediata, alejándose de ella al igual que su familiar.
El vampiro vio con fascinación como todo su cuerpo brillaba en poder crudo y fiero, su cuerpo se estremeció una vez más ante el inminente peligro. La vio ponerse de pie, su cabello flotaba alrededor de ella y sus ojos… ¡Oh que maravilloso color!
— ¡Nunca más vuelvas a decirme así!—el poder era tanto que crujía alrededor de ella. Su energía era tanta que hasta se podía apreciar.
La energía crecía y crecía, intentando oprimir y doblegar a todos a su alrededor. El familiar de Alucard no pudo resistirlo y tuvo que marcharse, pero el vampiro no iba a dar un paso atrás. Estaba fascinado. Quería doblegarla. Hacerla suplicar por él.
Liberó su energía de manera abrupta, ésta era salvaje y oscura. Al chocar la una con la otra, producía un efecto de rechazo entre ellas. El sonido de choques de fuerzas opuestas, era un sonido como si pequeñas bombas hubiesen sido arrojadas en la habitación. Las estructuras crujían por la fuerza de ambas fuerzas.
Alucard reía desquiciadamente al verla a ella intentar suprimir su energía. No podía, quizás si ella hubiese tenido un mejor entrenamiento con aquel poder, quizás podría suprimir su energía oscura pero eso eran posibilidades que jamás se probarían.
— ¡Eres un idiota!—le gritó. Pequeñas lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
Jadeaba por el esfuerzo que estaba haciendo, nunca había tenido que intentar suprimir una energía tan pesada y oscura como la de Alucard. Sentía que se asfixiaba. No podía aguantar por mucho más tiempo. Se sentía cansada y desvalida.
Ella poco a poco fue retrayendo su energía y su cuerpo débil no pudo aguantar su propio peso y cayó sobre sus rodillas. Al sentir el golpe, emitió un ligero sonido de dolor pero no dijo nada más. El dolor físico se cura, pero el emocional no.
El cuerpo de Hikari temblaba, no era por el frío. Se sentía asqueada. Empezó a rascarse los brazos, intentando limpiar la suciedad que sentía que tenía. No se percataba que empezaba a arañar hasta el punto de extraer sangre.
Sus ojos estaban perdidos en sus propias pesadillas que no sintió a Alucard acercarse ni como era levantada del suelo. La hizo ponerse de pie pero ella nunca lo miró. Su mente estaba en otro lado. Tuvo que sostener sus manos con las suyas porque si las soltaba, ella volvía a clavarse las uñas en los brazos.
—Hikari…—esa voz. La atraía. La llamaba.
Soltó una de sus manos y colocó la suya debajo del mentón de ella y su rostro descendió lo suficiente como para que sus labios se tocaran ligeramente. Aquel ligero y cálido toque, hizo que Hikari volviera a la realidad. Al momento de percatarse de la situación, sus mejillas se tiñeron de un rojo profundo y cuando abrió la boca para dejar escapar un grito de indignación, el vampiro aprovechó para reclamar aquella cavidad como propia.
Hikari no tuvo tiempo de reaccionar e intentó alejarlo pero él era mucho más fuerte que ella. El ataque era brutal y casi salvaje, no pudo evitar emitir un quejido cuando empezó a lastimarle los labios, ese pequeño acto hizo que él disminuyera un poco la fuerza del beso y ella pudo con lentitud adaptarse a su ferocidad. La chica cerró poco a poco los ojos y empezó a corresponderle el beso. Alucard al sentir la respuesta por parte de ella, volvió a animarse y el beso se volvió una vez más agresivo y casi salvaje. Hikari volvió a quejarse pero sin embargo le correspondió.
Una leve caricia. Un beso lento. Un beso fiero. Palabras tiernas. Palabras candentes. Pequeños actos. Grandes actos. Momentos que se crean en segundos, en minutos, en horas; todo eso puede llegar a definir el camino hacia tú destino. Un camino será el del final feliz, mientras que el otro sólo terminarás lleno de heridas y tristeza pero ¿habrá un camino intermedio?
El beso poco a poco iba perdiendo velocidad pero no ferocidad. Las manos de ella en algún punto durante el beso habían cobrado vida y se habían apoderado del cabello del vampiro. Las manos de Alucard se hallaban en la cintura de la joven, haciendo una leve presión.
Con una última mordida en el labio inferior de ella, extrayendo un poco de sangre y un con leve quejido por parte de ella por la acción del vampiro, se separaron. Las mejillas de ella estaban completamente rojas y su respiración era errática. Intentaba tranquilizar el loco latido de su corazón y ese cosquilleo molesto en su vientre.
—Eres un idiota, pero estás disculpado…—el vampiro sonrió, mostrando todos sus colmillos. Ella suspiró y apartó sus manos del vampiro, pero éste dejó las de él donde se encontraban.
— ¿Por qué te molesta?—ella miró hacia el piso y él le levantó el mentón, obligándola a mirarlo a los ojos. Era un tema que no le gustaba hablar.
—No es algo de lo que me gusta hablar…—la miraba que él le estaba dando, no iba a aceptar esa respuesta.
—Necesito algo de alcohol…—no tenía el suficiente valor como para recordar todo sin nada de alcohol en su sistema.
Alucard se alejó de ella para encaminarse hacia su trono. Se sentó y apareciendo, más bien levitando aparecieron dos copas y una botella de vino. Ella miró a todos lados, buscando otro asiento para ella pero el vampiro tenía aquella sonrisa burlesca.
— ¿Pretendía que se me sentara en sus piernas?—era el pensamiento de ella.
—Es el mejor asiento de la casa—Hikari se asustó al escuchar una voz en su cabeza pero al cabo de unos segundos identificó al dueño de dicha voz.
— ¡No te metas en mi cabeza!—gruñó ella y el vampiro simplemente rió.
Inhaló profundamente para armarse de valor y se acercó al vampiro. Se sentó en sus piernas pero el vampiro la levantó un poco y la sentó en su pierna izquierda con el suficiente ángulo para que lo pudiese mirar y viceversa.
—Gracias—le dijo mientras él le tendía una copa.
No dudó en tomarse todo el líquido de la copa. El vampiro tenía un ojo cerrado mientras la veía ingerir el líquido y él hacía lo mismo, sólo que de una manera más pausada.
—Más, por favor…—la botella de vino apareció frente a sus ojos y vertió más vino.
Repitió la acción un par de veces más. Con la mente un poco relajada y todas sus emociones a flor de piel, cerró los ojos e inhaló profundamente, armándose de valor.
—Yo nunca debí haber nacido—fue lo primero que dijo Hikari—Le advirtieron a mi madre que si seguía con el embarazo su vida peligraría pero ella eligió mi vida antes que la suya—negó con su cabeza—¿Qué decisión tan estúpida, no crees?—el vampiro no dijo nada.
—Como podrás imaginarte, desde el día que nací me convertí en una paria para mi propia familia. Me culpaban por la muerte de mi madre—Alucard bebió de su bebida y sonrió, pero había algo distinto en aquella sonrisa.
—Los humanos tienden a culpar a otros por eventos inevitables de la vida—ella lo miró unos segundos y le sonrió. A su manera le decía que ella no era culpable.
—El dolor los consumió y necesitaban culpar a alguien—se encogió de hombros—Quien se suponía era mi padre…—su cuerpo se estremeció—No lo era. El hombre con quien mi madre se casó, no era mi verdadero padre—bebió una copa y se sirvió otra.
—En mis primeros años de infancia, empezaron los amigos imaginarios—suspiró—A nadie le parecía extraño que una niña de 6 años hablara sola pero…—miró a sus manos—Las cosas empezaron a volverse realmente tétricas y fue ahí cuando la gente a mi alrededor empezó a morir—recordaba las miradas vacías de sus familiares.
—Empezaron a culparme. Decían que yo atraía malas vibras y suerte—negó con su cabeza—Los demonios y fantasmas empezaron a llegar más y más a mi casa….algunos…—su cuerpo se estremeció—Algunos fueron amables y me protegieron de…del verdadero monstruo…—se abrazó a sí misma.
Se quedó en silencio por unos minutos. Los gritos inundaron su cabeza. Sus súplicas que jamás fueron escuchadas.
—Al principio fueron pequeños roces, toques sutiles que no me parecieron extraños…con el tiempo estas fueron subiendo y…—otro trago—A mí corta edad, supe que eso no era correcto…y se lo hice saber…pero…fue peor…—inhaló profundamente.
—Eres virgen—dijo Alucard. Eso la atrajo hacia la realidad. Ella lo miró y rió pero sin alegría alguna. Era una risa hueca y fría.
—No necesito ser penetrada para ser abusada sexualmente—la manera tan cruda como lo dijo, no le agradó al vampiro.
— ¿Qué te hizo?—el cuerpo de ella empezó a temblar.
—Tocarme…sus dedos llegaron a zonas que no…—sintió arcadas.
— ¿Hablaste con alguien sobre esto?—ella asintió.
—Nadie quiso escucharme, después de todo yo era la niña maldita. Algunos hasta llegaron a decir que me lo merecía…—los ojos del vampiro tenían un brillo más salvaje que antes.
—Hizo que lo tocara…él metía su….en mi boca…yo…—Hikari volvió a beber. Sus emociones estaban fuera de control.
— ¿Cuándo acabó?—ella lo miró.
—Él intentó penetrarme pero…fue ahí cuando mi campo de energía apareció. Lo repelió y fue ahí cuando por primera vez no tuve temor de los entes…fue la primera vez que me sentí tan aliviada de que existieran y pudiera verlos—se habían abalanzado contra aquel monstruo y este había muerto al instante.
—Sabes, cuando me negaba y luchaba para que no me tocara…él me golpeaba, pero prefería mil veces los golpes a sentir aquella impotencia al no poder hacer nada contra él…—suspiró.
—La policía quiso investigar, inclusive quisieron que yo atestiguara, se habían percatado de que algo había estado ocurriendo pero…—se mordió los labios—Mis familiares me amenazaron de que si denunciaba lo que ese hombre me hacía, me iban a dar la espalda y me iban a enviar a una clínica mental…yo aún era menor de edad por lo que…
— ¿Cuántos años tenías cuando esto ocurrió?—ella lo miró y sintió algo de temor.
—Todo esto empezó cuando tenía 10 años y…—la copa que sostenía Alucard en su mano, explotó por la fuerza que esta ejerció sobre la misma.
Las sombras a su alrededor empezaron a crecer y los gritos de agonía de las almas atormentadas encerradas dentro de la oscuridad, empezaron a gemir y sollozar. Los ojos de Alucard eran dos pozos profundos llenos de una ira y odio que se podía palpar. La energía santa de ella quería salir y protegerla pero ella la contuvo.
—Alucard…—le dijo, intentó acariciarlo con su mano libre pero la mirada que le lanzó la hizo encogerse.
— ¡No me toques!—gruñó el vampiro y algo dentro de ella se rompió. Ella estaba sucia.
—Lo entiendo…—quiso ponerse de pie pero la energía en torno al vampiro la envolvió.
Vio como el cuerpo del vampiro empezaba a desvanecerse y ella cayó sobre el trono.
— ¿Qué…?—dijo asombrada pero su voz quedó atrapada en su garganta al sentir como la casa se estremecía ante el poder y presión de la energía de Alucard.
El vampiro le estaba dando la espalda. Las pocas cosas que había en la habitación estaban esparcidas por todas partes. Ella temblaba. Nunca se había comportado de esa manera con ella.
—Se merece algo peor que la muerte…—le escuchó decir. Su voz sonaba ronca y casi animal.
Ella entendió que la furia y la mirada de antes no iban dirigida hacia ella. Respiró profundamente y con algo de esfuerzo se puso de pie. Se acercó lentamente hacia el vampiro y lo abrazó por la espalda. Sintió como el cuerpo del vampiro se estremecía al contacto.
—Estoy bien ahora—el vampiro no se movió y permanecieron en esa posición unos minutos más. Simplemente sintiendo la presencia del otro.
Una vez que las emociones de ambos se calmaron, Alucard volvió a tomar asiento en su trono y ella volvió a su anterior puesto. Aún se sentía algo nerviosa por estar en esa posición con el vampiro.
—Pasé por cada familiar que había en mi árbol genealógico y cada uno de ellos tuvo la desgracia de toparse con algún ente que requería de mi ayuda o alimentarse de mí—suspiró.
—Con el paso de los años, empecé a controlar un poco mi poder—él la miró y en aquella mirada había una interrogante.
— ¿Cómo?—él asintió—Leí algunos libros y busqué en internet—ella rió—El internet puede ser una herramienta extremadamente útil en estos tiempos—el vampiro sonrió.
—Algunas personas se ofrecieron a ayudarme…—se volvió a estremecer—Todas parecían tan amables al momento de ofrecerme ayuda pero…—negó con su cabeza.
— ¿Qué sucedió?—ella lo miró a los ojos.
—Al ser una adolescente le era mucho más interesante a los hombres…—Alucard entendió a lo que se refería y sus ojos volvieron a adquirir aquel tono intenso rojo.
—Nunca llegaron a arrebatarme aquello que tú deseas…—él vampiro tenía una mirada indescifrable en su rostro.
—Es uno de los actos más viles que el ser humano pueda cometer—ella asintió y lo miró.
—Soy un monstruo, no lo dudes—sonrió—No necesito forzar a una mujer, no le veo alguna satisfacción hacerlo—ella suspiró.
—Me imagino que las mujeres se lanzan sobre ti cuando te ven—Alucard se limitó a beber su vino.
—Cada que intentaban ya sabes…—ella se retorcía sobre él, una vez más—Nunca podían, mi barrera les impedía ir más allá…—inhaló profundamente—A pesar de que me drogaban hasta casi matarme, mi barrera natural les impedía ir más allá.
— ¿Por qué no te defendía?—ella lo miró sin entender y luego de unos segundos entendió su interrogativa.
—Yo no lo permitía—él le lanzo una mirada inquisitiva—Ellos eran monstruos que no les importaba cegar una vida pero a mí sí me importaba—el vampiro le tendió una copa de vino.
—Sé que sonará algo estúpido pero…—bebió de golpe su copa—Pero pensaba que si los asesinaba iba a perder lo poco que me quedaba para salvar mi alma del infierno…—el vampiro detuvo la copa a unos centímetros de su boca al escucharla decir esas palabras. ¿Infierno? Esas palabras no deberían ir en una misma oración cuando se referían a ella.
— ¿Qué te llevó a pensar que tu alma estaba condenada? —Hikari se alzó de hombros.
—Ya sabes yo había asesinado a mi madre y…algunos de mis familiares habían muerto por mi culpa…—el vampiro se irguió un poco y colocó su mano libre en el mentón de ella.
—Hay acontecimientos que suceden sin que sean responsabilidad de nadie, suceden porque deben y no porque terceros actúen para llevarlos a cabo—le sonrió. Era su manera de decirle que ella no era responsable de nada de lo que había sucedido.
—Somos títeres del destino—el vampiro sonrió.
—Me gusta cortar las cuerdas—esta fue el turno de ella en sonreír.
El vampiro volvió a su lugar y siguió bebiendo de su vino y ella lo imitó. Estaban disfrutando de un buen vino y una agradable compañía.
—Luego de un tiempo, de correr de locos que querían experimentar conmigo, arrebatarme mi virginidad…—se sonrojó ante lo último y el vampiro rió—Decidí alejarme de aquellos con los que compartía lazos de sangre, no quería ser la responsable de más muertes o desgracias…—el vampiro la miró unos segundos y ella se alzó de hombros.
—Los entes me querían a mí y no quería que más gente saliera lastimara—suspiró—Viví algún tiempo en las calles…—pasaron algunas memorias por su cabeza, aquella época fue una de las peores. El hambre, el frío, el sentimiento de no pertenecer a ningún lado, la soledad y era peor cuando se enfermaba y no tenía cómo curarse. El peligro inminente de que alguien o algo intentara asesinarla mientras dormía, todas esas emociones pasaron por todo su cuerpo.
—Hikari…—aquella seductora voz la volvió a la realidad.
—Trabajaba en algunos lugares —retomó la historia—Había gente amable que a veces me brindaba un lugar caliente y algo de comida para pasar la noche—gracias a esas nobles almas, ella aún seguía con vida—Muchas veces tuve que correr para alejar no solo a los entes sino aquellos que aún estaban interesados en mis poderes…—suspiró. Su vida era correr de un lado a otro, ya sea de los humanos o aquellos seres que la perseguían sin darle descanso alguno.
—Con el poco dinero que ahorraba podía arrendar un pequeño cuarto, lo suficiente como para que tuviera un techo sobre mi cabeza—era muy afortunada cada que encontraba una pequeña habitación para arrendar.
—Fue sólo hace un par de años atrás que Sesshomaru…—su voz perdió algo de fuerza. Las cosas entre ella y el Daiyokai estaban aún muy extrañas. Ella se sentía fuera de lugar cada vez que lo veía. Sus palabras aún resonaban en su cabeza.
—Él junto con Rin-chan fueron los que me enseñaron a utilizar mis poderes. Han sido muy amables conmigo a pesar de que yo…—se calló unos segundos. Ella era el reemplazo de alguien más y Sesshomaru fue tan amable en recordárselo.
— ¿Tú qué?—le exigió saber.
—Nada—el vampiro la miró intensamente.
—Habla—ella lo fulminó con la mirada.
—Tan exigente…—el vampiro le sonrió y ella inhaló profundamente.
—Soy el reemplazo de alguien más…— ¡Auch! Eso aún dolía. Él la miró interrogativamente pero ella se negó a seguir hablando del tema.
Alucard la miraba intensamente y ella desvió su mirada. No podía resistir seguir mirando aquella mirada rojiza. Le producía extrañas sensaciones.
— ¡Mírame!—le exigió y ella negó con su cabeza.
Hubo un leve movimiento debajo de ella y sintió otra vez una mano en su mentón. Ella se negaba pero él ejerció un poco de presión y al final ella terminó cediendo. Sus miradas se encontraron y había algo en aquellos rojos ojos que la hacían sentir extraña.
—Sólo alguien con una mente insignificante puede pensar que tú eres el reemplazo de alguien más…—la mirada de él era tan misteriosa e intrigante—Tú eres tú…tú propia y única persona…—no pudo evitar que unas traviesas lágrimas escaparan de sus ojos.
No pudo resistir y pasó sus brazos alrededor del cuello del vampiro mientras lo abrazaba. Hundió su rostro en el hueco de su cuello e inhaló profundamente. El olor a pólvora, sangre y un olor que no supo identificar la inundó, extrañamente no se sentía asqueada.
El vampiro no hizo ademán en devolverle el abrazo pero tampoco la apartó. Ella no le importaba si él no le devolvía el gesto, por lo que se quedó sorprendida cuando sintió una leve caricia en su cabeza.
—No soy un perro…—murmuró ella y él rió.
—Eres más una fiera gatita…—ella rodó los ojos pero no pudo evitar reír.
Estuvieron un rato así. Hikari se sentía en paz y protegida. Extrañamente aquel ser oscuro y lleno de maldad, la hacía sentir segura.
Las manos de Alucard fueron ganando vida, arrastrándolas por la cintura de ella. Hikari tembló ante aquella sutil caricia. Ella se alejó de él pero el vampiro tenía otros planes. Acercó su boca a la de ella y se fundieron en un pasional beso. Ella jadeó algo sorprendida cuando los colmillos de él hicieron una leve herida en su labio y él ante su sorpresa, no dudó en invadir su boca. Hikari se estremeció ante aquel gesto pero no hizo nada por apartarlo.
Alucard la tomó por la cintura y la acomodó encima de él, aquel contacto fue más íntimo. Hikari tiraba del cabello del vampiro y él emitía pequeños gruñidos. Las manos, cubiertas por sus guantes, subían y bajaban por su cintura. Eso no le pareció bastarle al vampiro y se internó por debajo de la camisa de Hikari, ella ante aquel gesto no pudo evitar dejar escapar un jadeo por la sorpresa. Sentía un leve cosquilleo en su vientre.
Hikari tuvo que alejarse de él para tomar algo de aire, pero el vampiro no detuvo el ataque. Regó besos en sus mejillas y leves mordiscos en su mentón y ella hizo el cuello a un lado exponiendo su cuello. Otro gruñido se escuchó. Alucard daba pequeños besos en su cuello, para luego dar pequeñas lamidas, estaba preparando la zona y luego lo sintió. Los colmillos siendo enterrados en su carne y la sangre siendo extraída de su cuerpo.
Ella dejó escapar un grito de asombro pero no lo apartó. Alucard tiró con algo de fuerza su cabello para exponer aún más su cuello y enterró con más fuerza sus colmillos, este pequeño acto, provocó otro jadeo por parte de ella pero esta vez vino con un quejido de dolor.
—Alucard…—el vampiro hacía cada vez más presión y ella empezó a emitir más quejidos de dolor.
—Alucard…me duele…—intentó apartarse pero era inútil. Ella empezaba a ver borroso, se sentía débil. Estaba perdiendo mucha sangre.
—Alucard…—sus poderes luchaban por salir pero si lo hacía podía lastimarlo.
—Alucard…por favor detente…—ella empezaba a ver puntitos negros, estaba a punto de desmayarse.
El vampiro estaba en un frenesí. Estaba más hambriento que nunca. Aquella sangre había despertado el monstruo que habitada dentro de él y estaba más sediento que nunca. Se sentía abrumado y en completo fuera de control.
Escuchó como el corazón de la chica empezaba a latir de manera lenta y sentía que ella empezaba a desvanecerse. Con una última lamida, dejando limpia la herida que había provocado se alejó de ella.
—Alucard…—el vampiro alzó su brazo y lo mordió, empezó a sangrar y lo acercó a su boca.
—Bebe…—ella negó con su cabeza pero no tenía la fuerza suficiente como apartarse.
—Niña tonta…—ella hizo un mohín y él sonrió.
La volvió a acomodar en su regazo y acercó su brazo herido a sus labios pero ella cerró la boca mientras negaba con su cabeza. El vampiro lo intentó varias veces pero no logró nada. Alucard emitió algo parecido a una risa y luego con algo de fuerza mordió su propia lengua para luego morder levemente el labio de Hikari y ella abrió automáticamente su boca lo que le permitió al vampiro invadir su boca obligándola a beber su sangre.
Alucard no pudo evitar gruñir de placer por este acto. La besaba con ferocidad y con hambre. Ella jadeaba pero no lo apartaba. Cuando el vampiro sintió que ella había bebido lo suficiente, la apartó. Ella se relamió los labios lo que provocó un escalofrío en el cuerpo del vampiro.
—Alucard…—el vampiro le sonrió. Ella se desvaneció en sus brazos.
El vampiro cargó su preciosa carga en sus brazos, miró a su ataúd y dudó uno segundos pero luego desistió la idea y se encaminó hacia la enorme cama que había dispuesto con sus sombras para la comodidad de ella. La acostó y ella se aferró a una de sus manos enguantadas. Alucard hizo aparecer una enorme silla a un lado de la cama y procedió a sentarse, aún sin soltar la mano que ella tenía sujeta.
Con su mano libre, hizo aparecer una copa de vino y se dispuso a beberlo mientras la observaba dormir. En sus quinientos años de vida, jamás había hecho algo parecido a aquello. Esto era novedoso para el rey no vida. Aún estaba sediento de su sangre pero el hambre que sentía estos últimos días, era algo muy diferente al usual y eso lo tenía fascinado.
Vivir tantos siglos, hace que la vida se vuelve aburrida, monótona y hasta algo tediosa. No podía negar que nada ni nadie le había parecido lo suficientemente entretenido ni que valiera la pena mantener a su lado por tantos años. Claro que Integra era diferente, no por nada le tenía algo de respeto al ser su maestro, pero sabía que ella no quería vivir eternamente, si ella fallecía él sería libre pero ¿quién iba a entretener sus solitarios días? La chica policía en algún momento iba querer su libertad, a pesar de que le había jurado lealtad, sabía que no iba a resistir tantos años a su lado sin sentirse encarcelada, después de todo ella era un alma libre.
La vida de los humanos era tan efímera y pasajera. Un accidente de auto, una caía por las escaleras, un asalto que salió mal, algún problema cardíaco o hasta el más insignificante golpe en la cabeza y sus vidas estarían cegadas para siempre. Para él, la muerte era algo tan imposible de adquirir, cuando parecía que por fin iba a tener aquel descanso eterno, siempre regresaba y más poderoso que nunca. ¿Ese era su castigo por todos sus pecados cometidos en el pasado? Hasta el alma más corrupta merece tener algún tipo de descanso, ya sea en el cielo o el averno. ¿Qué lo hacía diferente a las demás almas condenadas?
—Alucard…—ella lo llamaba en sus sueños.
Se sentía frustrado, no lo podía negar. Quería ingresar a sus sueños pero había una barrera que le impedía acceder a ellos. Se suponía que sus poderes no reaccionaban en contra de él pero al parecer, estos querían protegerla de él en la privacidad de sus sueños. ¿Qué era eso que no quería que viera? Ella ya le había hablado de su pasado, ¿había algo más que ella no le había mencionado? No pudo evitar sonreír, ella era todo un enigma.
La mente de los humanos es tan frágil como la porcelana que puede romperse a la mínima presión; es como un pequeño claro donde el agua es transparente donde puedes ver el fondo del mismo pero al más mínimo movimiento en falso, habrán ondulaciones que te imposibiliten ver el fondo del mismo.
Hikari empezó a despertarse. Su energía le advertía que había alguien con ella en la habitación. Centró sus pensamientos recordando los últimos acontecimientos. Ghouls. Demonios sombra. Una niña. El humo morado. Ella perdiendo el control de sus poderes. Una copa de vino. El beso y luego, ella siendo mordida por el vampiro.
—Ohhh…—dijo mientras se sentaba y movía su cuello de un lado a otro. Le dolía y escocía un poco pero se sentía relativamente bien.
—Bebiste de más…—le dijo mientras giraba su rostro y se encontraba los ojos rojizos del vampiro. Él la miró pero no dijo nada.
— ¿Qué hora es?—el vampiro hizo un leve movimiento de cabeza y ella miró hacia el reloj que colgaba en la pared del fondo. ¿Eso siempre había estado ahí? Se preguntó.
—Pasa del medio día…—le dijo el vampiro y ella suspiró. De seguro la estaban buscando.
—Debo irme…ya es tarde…o más bien temprano…—negó con su cabeza. Se sentía algo desorientada.
Se arrastró por la cama y sus rodillas chocaron con las del vampiro. Ella alzó su mirada y él tenía su característica sonrisa plasmada en su rostro. Ella rodó los ojos.
—Tú deberías estar dormido a esta hora—no fue una pregunta.
—Mis sombras podrían alimentarse de tu energía mientras duermo—le dijo despreocupadamente y ella suspiró.
—Mi energía las purificaría…—él sonrió y miró a su alrededor y luego a ella. Hikari siguió su mirada y jadeó al percatarse a lo que se refería.
Toda la habitación tenía vida. Las sombras rodeaban cada rincón del lugar y su energía se estaba uniendo a las sombras. No la purificada, era como si se alimentaran de ella. ¿Qué estaba ocurriendo? Eso no debería estar pasando.
— ¿Por qué mi energía no purifica tus sombras?—el vampiro sonrió.
—Ayer bebiste de mí…—ella negó con su cabeza. Alucard le regaló aquella enorme sonrisa llena de colmillos y con su dedo apuntó su propia lengua. Ante aquel gesto ella se sonrojó pero las imágenes, que era confusas, vinieron a su cabeza y entonces recordó el sabor de su sangre en su boca. Era salada, como se supone que debe ser el sabor de la sangre, pero también había algo más en ella. Algo que era como si fuera un vino añejado y antiguo. Era un sabor fuerte y exquisito. ¿Ese era el sabor de la sangre de un Nosferatu? O sólo era la sangre de Alucard que tenía aquel sabor tan adictivo, porque no podía negar que una parte de ella ansiaba probar una vez más aquella sangre.
Ella no se había percatado pero inconscientemente se había relamido los labios para gran deleite y disfrute del vampiro quien emitió una profunda y escalofriante risa.
Hikari cerró sus ojos e intentó localizar su propia energía. Cálida y acogedora como siempre pero había algo más, era como si intentara unirse a su energía santa, era algo oscuro pero extrañamente no la sentía extraña ni ajena a ella. Era como encontrarse como un viejo amigo, se estaban reconociendo. ¡Qué extraña sensación!
—Mi energía no está repeliendo a la tuya…extraño…—susurró ella.
—Fascinante…—dijo él mientras la veía. Ella abrió los ojos y se encontró con los rojizos de él.
—Lo es…—admitió Hikari y el vampiro rió.
Acercó su rostro al de ella y no dudó en besarla. Una vez más el beso no fue suave ni amable, fue arrollador y salvaje. Ella sentía como si quisiera devorarla y la pequeña alarma que debió sonar en su cabeza de un peligro inminente, jamás sonó. No se sentía amenazaba por él.
—Debo irme…—le dijo cuando sintió que el vampiro empezaba a ejercer algo de presión para que ella se acostara en la cama.
El vampiro no desistió en su ataque e intentó besarla pero ella volteó su rostro. Alucard aprovechó la oportunidad para atacar su cuello y morderla. Hikari levantó un campo de energía, lo suficientemente fuerte como para repelerlo pero no para lastimarlo.
—Ya es tarde y tú debes dormir…—el vampiro gruñó y vio como sus ojos ardían.
—No debes darme órdenes…—su voz salió como un siseo y ella rodó los ojos. Típico de un hombre. Todos son iguales.
—No lo estoy haciendo…—ella alzó una mano poniéndola entre él y ella—Pero realmente debes de descansar…por muy poderoso que seas, debes dejar que tu energía se reponga…—el vampiro la miró unos segundos y ella suspiró.
—Alucard, eres un ser extremadamente poderoso pero hasta lo más poderosos necesitan reponer energías…—los ojos de él volvieron a adquirir aquel tono rojo de siempre.
—Mi fascinante criatura…—la gran mano de él se asentó en la cabeza de ella mientras le daba pequeño golpecitos.
— ¡Te he dicho que yo no soy un perro!—el vampiro rió.
—No, eres mi adorable gatita…—Hikari rodó los ojos pero no pudo evitar sonreír.
Ella se puso de pie y cuando iba marcharse, él la haló hacia él y fundió sus labios con los de ella en un voraz y pasional beso. Hikari pasó sus brazos alrededor del cuello del vampiro y él apegó su cuerpo al de ella. Las energías de ambos bailaban una con la otra, formando una sola. Ninguno de los dos se percató de aquello. Ni siquiera el vampiro con su tercer ojo pudo verlo, estaba más que entretenido besando a su querida gatita.
Aquellos amantes que se amaron en el pasado lo harán en el presente. El hilo rojo del destino se estirará hasta lo imposible pero jamás se romperá. Quedará suspendido el tiempo que sea necesario para que aquellas almas vuelvan a encontrarse. No se puede evitar lo inevitable.
— ¡Ríndete!—le sonrió con arrogancia y ella negó con su cabeza.
—Jamás…—le dijo y volvió al ataque.
Tanto Rin como su pareja miraban algo preocupados el entrenamiento. Sesshomaru nunca había sido tan rudo con ella, era como si quisiera lastimarla. Desde la vez que ella desapareció por casi un día y llegó de lo más sonriente, él se había empezado a comportarse de manera fría y ruda con Hikari. Cada entrenamiento se tornaba en una batalla feroz donde prácticamente ella tenía que luchar por su vida y era peor cuando ella desaparecía por unas horas y llegaba sonriente. Sesshomaru se tornaba amargado y frío con todos pero más con la chica.
Para nadie era una sorpresa saber con quién era que ella se veía a escondidas. No sólo por las obvias marcas de colmillos que ella portaba en su cuello, el olor a sangre ni por el aroma a vampiro, no era porque ella empezaba a expedir un olor distinto y a todos les tomó por sorpresa darse cuenta de la razón de ese cambio en su aroma.
—Debemos hacer algo, puede lastimarla…—Rin quería intervenir pero su esposo no la dejaba.
—No—ella quiso protestar pero él negó con su cabeza—En el estado que se encuentra Sesshomaru podría llegar a lastimarte—los ojos de ella se llenaron de lágrimas.
—Él jamás lo haría…—el yokai suspiró e hizo señas para que mirase el escenario en frente de ella. Rin no pudo evitar jadear.
—No puede ser…—en frente de ella se hallaba el Daiyokai en toda su gloria. Las largas marcas en sus brazos, las enormes garras en sus uñas, sus orejas puntiagudas y aquella media luna en su frente, le trajeron viejas memorias a su cabeza.
—Está fuera de control…—dijo una voz a sus espaldas y ambos asintieron.
— ¿Están seguros que ella está a salvo con él?—dijo otra voz, esta era femenina.
—Él jamás la lastimaría…—dijo Rin pero su voz no sonaba tan segura.
—No es lo que parece—dijo la nueva persona en escena.
Nadie dijo nada más. No podían negar que estaban muy preocupados por el bienestar de Hikari. Ya portaba varias heridas que sangraban profundamente y ella tenía señales de cansancio. Sudaba y jadeaba. Hace mucho había dejado de atacar, ahora sólo intentaba protegerse. Sesshomaru lucía impecable, como siempre.
Las espadas chocaban una contra la otra. Era un espectáculo, que en otras instancias lo hubiesen admirado, pero ahora no podían hacer eso. Estaban preocupados por el bienestar de ambos, no sólo físico sino emocional.
—Debemos detenerlo…—dijo la nueva chica. Estaba preocupada por Hikari.
Todos jadearon cuando la espada de Sesshomaru hizo contacto con un lado de su cuello, justo donde tenía las marcas del colmillo del vampiro, ella jadeó por el repentino ataque y la sangre poco a poco fue saliendo. Ella lo miró al Daiyokai y algo en su mirada había cambiado.
—Esto…no…—susurró el nuevo personaje varonil.
—Sus ojos…—dijo el esposo de Rin.
—No puede ser…—dijo la nueva chica.
—Si aún quedaba alguna duda de que fuera ella, con esto ya no debemos tener duda alguna—dijo el esposo de Rin y todos asintieron.
Los ojos de la chica tenían una iris azulada pero alrededor de la misma todo se había cubierto de rosado y su cabello volaba en todas direcciones, había crecido unos cuantos centímetros y ante ellos ya no se encontraba la misma Hikari de siempre, era algo que ellos ya estaban familiarizados. Sentían aquella emoción de añoranza cuando la vieron.
—Kagome…—susurró Sesshomaru. Los ojos del Daiyokai pasaban de dorado a rojo. Vio a la chica fruncir el entrecejo pero no dijo nada.
Esta vez fue ella quien lo atacó, el Daiyokai a duras penas si pudo esquivar el ataque, no se movió lo suficientemente rápido lo que causó una leve herida en su brazo izquierdo. Ella sonrió victoriosa ante aquella leve herida. A Sesshomaru no le causó nada de gracia y con un feroz rugido se lanzó al ataque.
Respiraba agitadamente, veía con horror como los ojos de Sesshomaru adquirían un rojo salvaje y gruñía de tanto en tanto al momento de atacarla. Sus marcas eran irregulares y sus colmillos se asomaban en su boca. ¿Se estaba transformando? Ella jamás había visto a la descomunal bestia en persona, sólo la había apreciado en pinturas y se había maravillado por la belleza y ferocidad que se apreciaba en la imagen pero ahora no estaba segura si quería ver a Sesshomaru en aquel majestuoso estado.
—Sesshomaru, basta. La vas a lastimar—escuchó a alguien gritar. No reconocía la voz pero no podía distraerse en esos momentos.
—Debes volver a tus sentidos…—dijo otra voz.
No pudo evitar gritar de dolor cuando la espada atravesó su hombro. Sus poderes latían, en señal de alerta para protegerla y atacar a su agresor, se estaba conteniendo de no hacerlo. No sólo podía lastimarlo a él sino a todos los presentes.
—Sesshomaru-sama, ¡deténgase por favor!—Hikari tuvo que erigir una cápsula de energía alrededor de ambos, para que nadie interviniera.
Otra herida y ésta había sido en su pierna izquierda. Sus poderes saltaron y empezaron a curarla pero se estaba debilitando rápidamente. Sentía como si algo le estuviera succionando su energía. Intentó localizar la fuente y sus poderes latieron cuando algo oscuro y siniestro la acarició. Su ser se estremeció por completo.
—Hikari…—escuchó como si alguien le susurraba en el oído. Era desagradable.
Cientos de imágenes empezaron a filtrarse en su mente. Sus propias memorias y otras que no eran las de ella pero al mismo tiempo las sentía propias. Se veía a sí misma en frente de su padrastro siendo golpeada y luego el escenario cambiaba y era otro ser quien ocupaba el lugar de su agresor. No lo reconocía pero el sentimiento familiar de traición lo sintió.
—Noooooo…—escuchó a alguien gritar y cuando quiso saber la razón por la cual aquel grito horrorizado fue emitido, lo entendió.
La espada de Sesshomaru atravesó limpiamente su pecho. Sus ojos se abrieron por la impresión y el dolor que sintió. Su visión empezaba a tornarse borrosa. Sintió un sentimiento profundo de tristeza y otra vez traición. Frente a ella estaba Sesshomaru pero algo había distinto en él. Tenía aquel hermoso y largo cabello plateado, aquellos ojos dorados pero donde siempre se hallaba aquella hermosa media luna, no había nada y sus orejas… ¿qué era eso en su cabeza?
Las garras de Sesshomaru se prepararon para dar el golpe final pero su brazo se vio interceptado por una mano enguatada. Sus instintos le dijeron que retrocediera y con un sonido sordo extrajo su espada del pecho de la chica.
Todos sintieron un escalofrío recorrerles por la espalda al sentir como la energía de aquel vampiro recorría cada rincón del lugar. Era algo siniestro y oscuro. Nunca habían sentido algo así en sus vidas, ni siquiera de aquel monstruo de su pasado.
El campo de energía de Hikari cayó y todos corrieron hacia los combatientes. Intentaron acercarse a Hikari pero la energía del vampiro se los impidió.
—Queremos ayudar…—dijo Rin y el vampiro la ignoró. Tomó entre sus brazos a Hikari, quien estaba entre la inconciencia y la realidad.
—Alucard…—susurró. El vampiro clavó su mirada en los ojos de ella, que habían vuelto a ser aquellos celestes ojos, que tanto le gustaba mirar al vampiro.
—Estás herida…—ella sonrió.
—Sí, capitán obvio…—el vampiro le sonrió. Ella se estremeció cuando una corriente de dolor la atravesó. Empezaba a sentirse más y más débil.
—Estoy muriendo…—susurró y el vampiro profirió un gruñido.
—Sólo yo puedo ser el encargado de cegar tu vida—ella sonrió.
—Tómala, es tuya…siempre lo ha sido…—el vampiro sonrió mostrando todos sus colmillos.
—Te diste cuenta muy tarde, mi querida gatita…—los ojos de ella empezaban a cerrarse.
—Desde que mis ojos se encontraron con los tuyos lo supe…mi querido conde…—y los ojos de ella se cerraron, más no para siempre. Todos jadearon horrorizados ante lo que veían.
El vampiro inhaló profundamente inundando cada rincón de su cuerpo con el olor tan característico de ella y su ser se estremeció al percatarse del ligero cambio en su esencia. Ahí, en un rincón de todo el cuerpo de ella, se podía sentir la esencia del vampiro que intentaba combinarse con la de ella. No pudo evitar sonreír.
—Espera…—le dijo Rin cuando vio al vampiro preparado para retirarse. Alucard la miró de reojo y ella se estremeció.
— ¿Qué harás?—el vampiro sonrió, dándole aquella sonrisa macabra y escalofriante que estaba reservada sólo a sus enemigos.
—A reclamar lo que me pertenece…—y segundos después se fundió en las sombras con su preciosa carga.
A todos les volvió a correr aquel escalofrío por todo el cuerpo cuando la risa escalofriante y siniestra del vampiro resonó por toda la estancia. Sintieron como algo frío les recorriera por toda la espalda y se enrollaba en sus almas.
—Ella estará bien—dijo la nueva chica.
— ¿Cómo puedes estar tan segura, Ayame-chan?—preguntó Rin.
—Él no la lastimará—respondió el nuevo personaje varonil, que tomó la mano de Ayame entre las suyas.
—Pero…pero…—protestaba Rin.
—Rin-chan—le llamó su esposo y ella lo miró—Kouga-kun tiene razón—ella suspiró.
—Pero…Shippo…—una voz interrumpió sus protestas.
—Él es su compañero—todos miraron a Sesshomaru y vieron que había vuelto a sus sentidos.
—Sesshomaru-sama…—Rin corrió a abrazar al Daiyokai. Él posó su mano sobre la cabeza de la chica, como siempre lo hacía.
— ¿Estás bien?—le preguntó Kouga a su compañero de armas. Rin se alejó un poco del Daiyokai para inspeccionar que realmente estuviera bien.
—Físicamente estoy perfecto pero…—posó su mano donde estaba su corazón y negó con su cabeza y todos sintieron tristeza por el yokai. ¿Por qué él no podía tener un poco de felicidad?
Algunas personas nacieron para estar juntas, otras sólo para ser ocasionales y unas muy pocas para jamás estarlo. Personas van y vienen de tu vida, pero son contadas las que se quedan hasta el final de tus días. La familia, el amor, la amistad, son los con los que formas lazos irrompibles pero algunas veces, estos lazos son flojos y muy fácil de romper. Debemos estar preparados para eso.
Hikari sentía que flotaba. Abrió sus ojos y alrededor de ella había diferentes espejos, dentro de los cuales se podía apreciar diversas imágenes. Algunos de ellos mostraban sus propias memorias y otros se veían a personas que ya conocía pero con diferentes ropas y había alguien más en esas memorias, alguien familiar pero al mismo tiempo no lo era.
— ¿Quién eres?—preguntó mientras miraba fijamente a la chica en frente de ella.
No podía negar que tenían un gran parecido. Cabello largo negro. Ojos azulados, los de ella era un poco celestes, piel blanca como la nieve y tenían la misma sonrisa. Sintió algo muy extraño dentro de ella cuando sus ojos se encontraron.
—Te siento familiar…—la chica le sonrió.
—Porque lo soy…—Hikari se sorprendió.
— ¿Quién eres?—la chica le tendió una mano. Hikari estaba algo dudosa de aceptar pero no sentía que ella fuera una amenaza.
Hikari cerró los ojos y le tendió su mano. Habían atravesado el espejo. La chica a su lado rió y Hikari sintió aquella risa tan familiar que no dudó en abrir los ojos. Se quedó algo maravillada por la vista. Era un panorama muy hermoso.
— ¿Dónde estamos?—la chica sonrió con tristeza.
—En el pasado…—Hikari quiso preguntar qué tan en el pasado pero sus palabras se quedaron atascadas en su garganta cuando el panorama cambió y en frente de ella, se hallaba un campo de batalla.
— ¡Dios mío!—chilló asustada. Sintió como una enorme tristeza la embargaba.
Había cuerpos por todas partes. No sólo eran hombres adultos, vestidos como soldados, también había mujeres, ancianos y para su gran horror, niños. Muchos parecían haber muerto luchando, otros como era en el caso de las mujeres habían fallecido protegiendo a sus hijos. Sintió tantas náuseas al ver que había partes de cuerpos por doquier.
—Esta es una de las tantas guerras libradas entre humanos y yokais…—le dijo la chica a su lado. Hikari sabía de esas guerras, no sólo por los libros que había leído, sino también por las personas que le habían abierto la puerta de su hogar para entrenarla.
—Del flanco de los humanos habían dos grupos que los protegían, los monjes y las mikos. Ambos con la fuerza y energía suficiente como para hacer frente a docenas de yokais pero no tan poderosos contra los Daiyokais—Hikari sabía que estos últimos eran seres que podían adoptar formas humanas.
—Eran fuerzas de la naturaleza que muy pocos podían hacer frente…—el escenario cambió y en frente de ellas se podía apreciar un campo de batalla y en medio de este, se podía apreciar a alguien dado batalla contra los yokais.
—Había alguien capaz de hacerles frente no sólo a uno, sino decenas de ellos…—los ojos de Hikari se abrieron por la sorpresa. En frente de ella se hallaba alguien muy similar a ellas.
—Ella es Midoriko-sama…—dijo la chica a su lado.
—La creadora de la perla de Shikon—sabía de aquella poderosa perla por boca de Rin y su esposo.
—Así es. Midoriko-sama fue una gran y poderosa miko, que libró una feroz batalla contra miles de yokais…—en frente de ella se desarrolló la batalla donde la Shikon fue creada.
Hikari quiso preguntar pero el escenario volvió a cambiar y en frente de ella había una habitación que claramente era de la época moderna. Dentro del mismo se hallaba la chica que se encontraba a su lado.
—Esa soy yo…—la chica sonrió con nostalgia al verse a sí misma. Hikari quiso preguntar por qué le mostraba todo eso pero se quedó callada cuando reconoció al ser en frente de ella.
—Sesshomaru…—la chica rió y negó con su cabeza.
—No, él es Inuyasha…el medio hermano de Sesshomaru…—Hikari estaba sorprendida. Nunca nadie le había hablado de él.
Cientos de imágenes volvieron a pasar, diferentes escenarios y con nuevos y conocidos personajes. No pudo evitar sorprenderse de ver a un Sesshomaru diferente al que ella conocía en la actualidad.
—Ese es Naraku…—el escenario cambió y ahora en frente de sus ojos se desarrolló la historia de la creación de aquel ser y así como todo lo ocurrido con Inuyasha y Kikyo.
Una parte mínima de él sintió algo de lástima pero fue efímero cuando las escenas despiadadas y desalmadas que ese ser había cometido pasaron en frente de ella. Se sintió asqueada ante los horrores que veía. ¿Cómo alguien podía haber hecho tanto daño?
—Tú…—dijo de repente Hikari ante la escena que se desarrollaba en frente de sus ojos.
— ¿Increíble, cierto?—Hikari asintió con su cabeza.
—Cuando has sido despreciada tantas veces, dejada de lado y comparada con otra, llegas a un punto que tú corazón empieza llenarse de rencor y hasta odio por esa persona que alguna vez amaste. Eso me estaba ocurriendo a mí. No quise desarrollar eso por él, así que decidí alejarme…—y volvieron a pasar otras escenas.
—El destino me llevó hasta Sesshomaru, en el pasado nos habíamos tropezado en varias ocasiones pero estaba tan cegada por el amor que sentía por Inuyasha que no me fijé en él, pero la vida nos volvió a unir…—Hikari no pudo evitar sonrojarse al verlos besarse de manera tan amorosa. Jamás se imaginó que el Daiyokai fuera tan pasional.
Hikari sintió como una profunda tristeza la embargaba, no entendía de dónde provenían aquellos sentimientos. Miró a la chica a su lado y vio como ella tenía una mirada llena de dolor y volvió a fijarse en las escenas que se desarrollaban delante de ella.
