Each Other
Fandom: Saint Seiya The Lost Canvas
Personajes: Degel de Acuario, Kardia de Escorpio
Género: Romance
Advertencias: Yaoi, Universo Alterno, Angst.
Capítulo 2
-P.O.V Kardia-
No habías salido de tu asombro al ver al sujeto que salvaste de aquella pelea en el bar, huir de esa manera. No sabias si sentir pena por él. Cuando lo viste en aquellas condiciones. Ni siquiera parecía ser una persona que frecuentara el bar en el que uno de tus amigos cercanos trabajaba. Tu amigo ciertamente tendría problemas, y aunque no te gustaba la idea de llevar desconocidos a tu apartamento, sobre todo luego de evitar que desfiguraran su rostro, lo hiciste. Incluso decidiste ir por un desayuno decente para él, ¿Y era así como el malagradecido te pagaba? Frustrado, te dejaste caer sobre el sofá en el que previamente tu invitado había descansado. Abriste la bolsa que traías, sacando un panecillo. Te levantaste para buscar un poco de café para acompañar la comida matutina. Cuando colocaste la taza en la mesita que estaba frente al mueble, notaste una billetera que no reconociste como una de tus pertenencias. La revisaste y pudiste constatar que era de tu invitado.
La curiosidad de la que eras presa fácil te hizo olvidar el desayuno, obligándote a ver el contenido de aquel envoltorio de cuero, que a simple vista se veía costoso. Algo de dinero en efectivo, unas tarjetas de crédito y débito, no llamaron tanto tu atención. Tal vez sí, porque al menos sabias que el hombre al que habías ayudado, no le faltaba dinero. Pero una tarjeta en particular si logro hacer que te detuvieras por un segundo en la fotografía que había en ella, junto a un nombre y una dirección, de un hospital.
-Así que, nuestro desconocido tiene nombre. Y es uno muy curioso, ¿No es así, Degel?- Sonreíste irónicamente mientras mordías el panecillo, saciando tu hambre. Por alguna extraña razón, no dejaste de mirar la fotografía de aquel hombre, y aunque esta no representara la mirada que viste en aquellos ojos que rescataste la noche anterior, te preguntaste si valdría la pena hacer algo más por él.
Moviste tus labios hacia un lado, y llegaste a la conclusión de que aquel destructivo sujeto de ojos verdes y atractivo gélido ya había pasado por mucho. Y no ganarías nada teniendo algo que no te pertenecía en aquel agujero que tenías como departamento. ¿Qué podrías perder? Nada tal vez. Pero tenías poco o casi nada que hacer el resto de tu día libre. Sin embargo, eras tan distraído que no te dabas cuenta de que deseabas verlo nuevamente. Ibas a ir a la dirección mencionada, pero no sin antes, comer lo que quedaba de ese panecillo, y tal vez el otro que quedaba en la bolsa. La comida no debía desperdiciarse.
