Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Clamp y Ohtaka Shinobu.

Narración.

—Diálogo

—Aclaraciones—.

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OOC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Kinomoto Sakura, como muchas chicas de su edad en plena flor de la adolescencia, tenía su propio significado sobre la juventud. Éste no incluía ser transportada a otro mundo con propósito desconocido junto a sus mejores amigos. Menos descubrir que no eran tan ajenos a él como parecía.


Key 1

«Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra».


El día de Tomoyo no empezó exactamente bien. Principalmente por el hecho de que su madre estaba en Kyūshū atendiendo negocios, lo que significa que se perdería un evento escolar importante… otra vez.

Con el paso de los años, seguía sorprendiéndose a sí misma por la decepción que despertaba en ella cada vez que Daidouji Sonomi cancelaba su asistencia a uno de esos eventos. Era estúpido, porque el número que llevaba su madre en el conteo de ausencias era casi tan prologado como la Muralla China. A su vez era injusto que ella pensara eso, debido a que sabía que su madre no se ausentaba sólo por que sí; su trabajo era lo que la mantenía lejos de casa y ocupada la mayor parte del tiempo, cosas que simplemente suceden cuando se es el CEO de una importante corporación. Su madre la quería y lo había demostrado cuando lloró en su regazo debido a su pérdida mística de voz (nunca más literal).

—Pero me gustaría que no lo mostrara sólo en los momentos críticos —murmuró para sí misma mientras terminaba de arreglarse para dormir.

Sabía que era egoísta decir algo como eso. Una parte de sí se arrepentía de ello, pero la otra no.

Debido a que era hija de un matrimonio disuelto, tenía que reconocer que poseía ciertos problemas de atención y complejo de extra en escena. Tampoco es que fuera difícil de sacar a la luz si tenemos los hechos circunstanciales de su vida: 1) nunca volvió a ver la cara de su padre, quien tampoco es que hiciera gran esfuerzo para mantener contacto y a su vez la hizo perder la fe en el género masculino durante un tiempo; 2) su madre, a quien por más que se la pasara pegada cuando estaba en casa y quisiera con todo su corazón, no le obviaba que tenía la manía de ver en ella a alguien más; 3) lidiar con el hecho de que Sonomi quería ver a la madre de Sakura reflejada en Tomoyo, era un extra pesado que ella debía agregar a su lista de «Por qué ser una adolescente es como un dolor en el útero».

La azabache era una persona comprensiva que intentaba justificar aquellas cosas basándose en la lógica, pero es difícil ser objetivo cuando estás en la fase más subjetiva de tu vida.

Afortunadamente, existían cosas que a su vez eclipsaban esos detalles irritantes. En el caso particular de Tomoyo: sus amigos.

Sí, puede que su madre tuviera cierta obsesión para con su mejor amiga —que ciertamente le fue transmitida por los génes o algo así—, pero eso no significaba que ella tuviera envidia de Sakura. No todo el tiempo, al menos. A Daidouji le gustaría tener una familia tan unida como la de los Kinomoto. Un padre que, aunque soltero y atareado, se tomara el tiempo necesario para estar ahí cuando se le necesitaba. Pero eso no significaba que quisiera ser como Sakura, tampoco es que pudiera serlo; todas las personas son diferentes los unos de los otros, así que por más esfuerzo que se ponga en eso no es posible reemplazar a alguien más.

Tampoco es que Sakura tuviera la culpa de su situación particular. Su madre estaba muerta, así que ella ni siquiera sabía de la mitad de los problemas de Tomoyo; ella no sabía que sus madres eran conocidas, mucho menos que eran primas. Sakura no lo sabía hasta que Sonomi se lo dijo.

Ella era su mejor amiga desde la escuela primaria, alguien que se preocupaba incondicionalmente por ella y hasta derramaba lágrimas por su causa, como si el dolor de Tomoyo fuese también el suyo. ¿Cómo podía odiar a alguien así? Resulta simplemente imposible. Sakura era la responsable de que sus días estuvieran llenos de risas y colores. El alma pura de la castaña era una de las razones por las que le admiraba y quería tanto. Puede que no tuviera la madurez para enfrentar ciertos aspectos de la vida —tampoco es que la subestimara, ella siempre fue más fuerte de lo que aparentaba—, pero era más tenaz que cualquier otro. Defendería las causas que creyera correctas, siempre teniendo en cuenta los sentimientos de las personas a su alrededor; precisamente por ello era demasiado fácil lastimarla, por lo que la amatista prometió protegerla junto a Shaoran Li.

El originario del Clan Li era otra persona irremplazable en su círculo de amistades. Puede que al principio éste ni siquiera le dirigiera la palabra más de lo estrictamente necesario; sin embargo, con su propia tenacidad de su lado, Tomoyo fue capaz de acercarse a él. Tomó dos años y medio que Shaoran se abriera a ella lo suficiente para compartirle problemas relacionados con su familia en Hong Kong, sus preocupaciones sobre lo que pasaría después de que terminaran de reunir las Cartas Clow y el hecho de que iba a extrañar Tomoeda más de lo que le gustaría admitir. Tales revelaciones se debieron, por supuesto, a su aire de chica confiable y al hecho de que sabía cómo presionarlo para que sacara esas cosas de su sistema. Lo quisiera o no, ella siempre estaría ahí para darle un empujón cuando lo necesitara.

Esto hizo que con el paso de los años su interacción se volviera más desinhibida. Daidouji se volvió más descarada y Shaoran finalmente salió de su caparazón, por lo que actualmente sostenían debates largos sobre diversas trivialidades y a veces sobre cosas importantes, en una especie de concurso sobre quién tenía la última palabra al dejar sin argumentos al otro.

Por último, el Guardián de las Cartas.

¿Cómo olvidar todas las veces que Kero la resguardó del peligro, incluso cuando Sakura no se lo había pedido? Además de que fueron, y siguen siendo, cómplices en muchas travesuras relacionadas con la heredera de las cartas. Fuera en su forma falsa o verdadera, aquella criatura era un amigo leal e incondicional.

Los extrañaba tanto.

Le habría gustado despedirse de ellos, haber llamado a su madre y decirle que la perdonaba por no asistir a la ceremonia. Pero, sobre todo, le habría gustado disfrutar más de aquella tarde para tener algo más a lo que aferrarse durante los meses que siguieron a ese evento.

Ese sueño lo cambió todo.

Tomoyo era una persona más fantasiosa que soñadora, por eso tenía breves fantasías cuando estaba a punto de despertar en lugar de sueños como tal. Sin embargo, aquella noche sería completamente distinto. Sus ojos se cerrarían apenas su cabeza tocara la almohada, su consciencia viajaría hacia rincones desconocidos y tendría un sueño… uno que pareció de unos pocos minutos, cuando realmente fue lo opuesto.

El ambiente a su alrededor estaba cargado de tristeza. Lo percibía nítidamente aunque el sol estuviese refulgiendo esplendorosamente en lo alto y bañando con su luz el extenso jardín donde se encontraba. Al fondo, podía vislumbrar cerezos y arces japoneses, mientras que en los alrededores alcanzaba a divisar varios arbustos de hortensias.

En medio de todo, una versión joven de sí misma yacía sentada elegantemente sobre sus tobillos a orillas de un enorme estanque repleto de peces koi, el cual era lo suficientemente grande para tener que atravesarlo con un puente; en sus aguas había flores de loto, flores de crisantemo, algunos lirios y pétalos de cerezos arrastrados por el viento. Vestía un mofuku cuyo sello no alcanzaba a distinguir, pero supo que no era el de los Amamiya y mucho menos el de los Daidouji. Había otras peculiaridades sobre aquella versión suya: su cabello, que fácilmente podía tocar el suelo si estuviera de pie; su labio inferior, el cual estaba pintado de un intenso carmesí. De haber estado recogido su pelo de otro modo, seguramente parecería una geisha guardando luto.

Sé que estás ahí —su yo más joven dijo—. No tienes por qué guardar este tipo de distancias conmigo, somos amigos. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? —dicho aquello, liberó un corto pero profundo suspiro.

Aunque no tenía a nadie detrás, pronto un joven que no pasaría de los dieciséis años hizo acto de presencia. Tomoyo no pudo ver su rostro, pero sí las ropas y espada que cargaba. Llevaba un kimono negro para hombre, un haori del mismo color sobre sus hombros y una hakama de color gris oscuro; en el obi de la hakama llevaba una katana enfundada.

Me disculpo, pero supuse que no debía intervenir —a pesar de lo que había dicho la pequeña azabache, el tono de aquel joven se mantuvo dentro del marco formal.

'Ella' volvió a suspirar.

¿Por qué todo el mundo cree que necesito ser consolada? —lejos de ser una queja, aquella interrogante fue formulada con curiosidad.

Notando esto, el acompañante misterioso contestó:

Es el funeral de su madre.

Su yo más joven volteó a verle por primera vez desde que inició aquella conversación, girándose apenas e inclinando su cuerpo ligeramente, lo suficiente para que parte de su cabello se desparramara grácilmente sobre los hombros de su kimono y su cabeza se asomara sobre éste.

Eso ya lo sé, lo que no entiendo es la razón por la que debería sentirme triste al respecto —dijo—. La partida de mi honorable madre era algo que no podía postergarse. Nada es duradero, eterno o perfecto en éste mundo. Las cosas se crean, se transformen y al final se consumen: el tiempo, las estructuras y los seres vivos siguen ese mismo proceso, sin excepción. El destino es ineludible —espetó con calma—. ¿No es mejor entonces que atesore los momentos buenos, en lugar de sufrir? La existencia de mi madre es irremplazable, pero ella no morirá siempre que tenga algo suyo dentro de mí.

¿Se supone que debería sentir tan personal aquellas palabras? Porque, por extraño que fuese recibir lecciones de sí misma, Tomoyo supo interpretarlo como un consejo a tener en cuenta y no como una respuesta hacia el interlocutor no identificado. Lo que no sabía era por qué o cuáles circunstancias la obligarían a tener que aferrarse a esas palabras.

Tal vez lo averiguaría al despertar.

Se levantó con una increíble sensación de malestar.

—¿Hmhn?

Los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos al mismo tiempo que su cabeza palpitaba. Además, su garganta estaba reseca y por ello casi se atraganta al toser. Su cuerpo además estaba tan entumido que daba la impresión de no haberse movido en días.

—¡Despertaste! —se tensó al escuchar una voz masculina, la cual era ajena a cualquier miembro de su grupo de amigos y conocidos. La preocupación empezó a crecer en su interior—. Gracias a Dios —siguió diciendo el extraño. Ahora que escuchaba mejor, distinguía su tono aliviado.

Con dificultad, Tomoyo separó los párpados, pero apenas pudo ver algo más allá de una paleta de colores abstracta que pasaba del marrón al cobre, amarillo y finalmente blanco. Tuvo que parpadear un par de veces hasta que se aclaró su visión, entonces pudo divisar al adolescente que le observaba con una sonrisa.

Desde un punto de vista objetivo, el muchacho era atractivo. Sus ojos de un inusual color miel o caramelo que parecía dorado con la luz, su corto pelo rubio (raro tono en Japón) ligeramente desordenado y que se alargaba en su nuca. No poseía un rostro anguloso o varonil, pero era lindo y al menos podías decir sin problemas que era de un chico; parecía apenas un poco mayor que ella, por lo que tal vez sus rasgos no estaban acentuados debido a eso. También usaba ropas muy curiosas, aunque luego podría preguntarle de dónde sacó ese estilo.

Por ahora, su prioridad era preguntar quién era y por qué ella estaba con él. Eso si es que podía conseguir la fuerza suficiente para hablar y detener la verborrea del muchacho.

—Estaba preocupado porque no podía pagar un doctor y no despertabas, y yo… bueno, creía que no ibas a sobrevivir —suspiró de nuevo—. Disculpa por eso. ¿Cómo te sientes? Estuve cuidándote los últimos dos días, pero…

—¿Dos días? —el impacto de la revelación fue tal que por lo menos consiguió hacerle escupir una pregunta, aunque ello le generó otro ataque de tos.

Rápidamente, el joven le pasó un vaso de agua. Estaba hecho de madera, detalle tan curioso como la lámpara de aceite que daba luz al hueco junto a la cama. ¿Tal vez el chico era un artesano humilde o algo así y ella estaba poniéndose nerviosa por nada? De cualquier forma aceptó el líquido, no sin antes agradecer con un ligero asentimiento.

Debió tener mucha sed, pues lo bebió completo antes de siquiera darse cuenta.

—Lo siento —se sonrojó; más que por su falta de modales, se avergonzó del hecho de que todavía se sintiera seca.

El blondo negó.

—Olvida eso, yo también estaría sediento si hubiera pasado lo mismo que tú —dicho esto tomó una jarra de la mesa (la habitación, casa o lo que fuera, no era muy grande). Le sirvió un poco más.

—Sí, sobre eso… —ésta vez procuró beber de forma más educada, aunque las ansias de volver a terminar con el agua casi la dominan—. ¿Exactamente qué sucedió? ¿Quién es usted? ¿Y dónde me encuentro? Perdone que le llene de preguntas pero, como ve, estoy un tanto desorientada.

El muchacho la miró sorprendido.

—¿No lo recuerdas? —Daidouji resistió las ganas de recalcar lo evidente; en lugar de eso, esperó—. Debiste pasar una experiencia muy mala en ese caso —él se tomó un tiempo para organizar sus ideas antes de explicar—: Te encontré desmayada en el desierto hace dos días mientras trabajaba como conductor de carretas, no pude dejarte ahí así que me detuve a recogerte y te traje aquí. Mi nombre es Alibaba, estás en mi casa.

—¿En el desierto…? —su cabeza dolió de nuevo—. Uh, cierto… yo estaba en el desierto. Pero no recuerdo adónde iba, ni por qué estaba ahí. No recuerdo nada salvo mi propio nombre —mintió a medias, pues todo a excepción de eso último era verdad. Se acordaba de Sakura, Shaoran, Kero, las Cartas y el hecho de que la gente de donde venía conducía automóviles y no carretas. La pregunta del millón era: ¿Si no estaba en Japón, en dónde se encontraba y por qué era capaz de entender a Alibaba?—. Soy Tomoyo —no era costumbre de su sociedad el presentarse a secas con su nombre de pila, pero tenía que ser precavida. Incluso si Alibaba se veía como un buen sujeto—. Es un placer conocerle, Alibaba-san. Me disculpo por todas las molestias que le he causado hasta entonces. ¿Hay alguna forma en la que pueda retribuir su amabilidad? —inquirió. Porque aunque no supiera en qué lugar se encontraba o quién era el sujeto frente a ella, no podía obviar el hecho de que la ayudó en un momento de necesidad; si el joven estuviera mintiendo sobre lo que sucedió, su piel no estiraría reseca y su cuerpo no se hallaría en ese estado tras despertar—. Desafortunadamente, no tengo nada para ofrecer, pero me gustaría remunerarle adecuadamente. Aunque mi cuerpo no es algo de lo que pueda disponer —añadió por último, mitad en broma y mitad en serio.

Bien lo dijo Tyra Banks: «Jamás le digas a la gente que estás dispuesto a hacer lo que sea, porque te pedirán que pagues con tu cuerpo».

—¡¿Wah?! ¡¿Qué?! —el semblante de Alibaba se coloreó de distintas tonalidades de rojo—. ¡No! Quiero decir, ¡no es necesario! ¡Y de ninguna forma pediría tal cosa!

—¿Por qué? ¿No me considera atractiva? —preguntó con fingida decepción, aunque su propia inseguridad lo hizo un poco más creíble. Si no era considerada bonita por un chico desconocido sería un golpe para su orgullo femenino. Aunque, en honor a la verdad, solamente salió con la cuestión porque vio la oportunidad de molestarlo un poco.

No pudo evitarlo, ¡le recordó tanto a Shaoran!

—¡P-por supuesto que sí! ¡Eres hermosa! —entonces él cayó en cuenta de lo que dijo y de repente su rostro ya no tenía que envidiarle a las manzanas—. E-espera… por favor, ignora eso que acabo de decir.

Semejante nivel de inocencia, que le recordaba un poco a Sakura, hizo que acabara confesando:

—Estaba bromeando.

No supo si eso lo hizo sentir mejor o peor, pero cuando lo vio relajarse supo que al menos no estaba enojado por tomarle el pelo.

—Oh —y con eso quedó zanjado el asunto, aunque la incomodidad de Alibaba era notoria—. Lo que quise decir que puedes quedarte aquí hasta que te sientas mejor, no voy a...

—Insisto —lo interrumpió—. Déjeme ayudarle como usted me ha ayudado.

El rubio no encontró forma de refutar a sus palabras, por lo que al final se resignó.

—¿Supongo que podrías ayudarme con unos trabajos aquí, en Qishan? —dijo dudoso, sonando más como una cuestión que como una declaración.

Tomoyo sonrió.

—Será un placer trabajar con usted, Alibaba-san. Por favor cuide de mí.

Al menos ya se las había arreglado para conseguir una forma de sobrevivir y recolectar información de manera no sospechosa, pero todavía tenía muchas incógnitas por responder. Siendo la más importante de todas ésta: ¿Estaba sola o sus amigos también fueron transportados a ese lugar?


Continuará…


Nota de la Autora:

Actualización flash, because tenía inspiración y me prestaron la pc, así que puede acabar lo que tenía en el pendrive de éste cap.

Pues le tocó a Tomoyo en esta ocasión conocer a uno de los chicos del cast principal de Magi. El capítulo siguiente, contrario a la secuencia que vengo manejando, no habrá un solo enfoque en alguno de los personajes de CCS, sino que mezclará los tres puntos de vista del trío Card Captor. Es decir, que veremos lo que pasó con Sakura y Aladdín, a su vez cómo continúan Tomoyo y Alibaba, para finalmente pasar a Shaoran. Obviamente, él se reunirá con Morgiana… ¡Aunque! Aviso que no, no será un esclavo, pero tendrá la desgracia de estar bajo órdenes de Jamil.

Adelanto también que Morgiana no es el único personaje de Magi que verán debutar. Como dije, cambié varias cosas lo que significa que habrá modificaciones en la trama y en cómo afecta a los personajes, por más que la secuencia de hechos siga siendo más o menos la misma.

| Datos frikis |

Mofuku: es el kimono japonés tradicional que se usa cuando se expresa tristeza, por ejemplo, en los entierros u Hōji (servicio conmemorativo budista). Lo usan mujeres de cualquier estado civil. Es totalmente negro, sin ningún tipo de ornamentación a excepción del escudo familiar (que se repite cinco veces, distribuido entre la espalda y las mangas del Mofuku). Los escudos familiares son pequeños, la mayoría de sus diseños tienen forma redonda y están inspirados en elementos de la naturaleza como flores, animales, fenómenos naturales, etc.

Y eso es todo amigos, nos vemos en la siguiente actualización.