Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras. Esta historia sale de un reto propuesto por Darkmatter Black del foro El diente de león.


-Planes -

~GALE POV~

Correr con un peso muerto a cuestas, respirando un aire cargado de humo hace que tus pulmones jueguen carrera para dejar de funcionar. Veo los rostros ennegrecidos por el hollín, mis hermanos, mi madre y mi pequeña hermana están a salvo. La Sra. Everdeen, Prim y varios comerciantes del Quemador me devuelven la mirada, también algunos de la Veta. Mis brazos duelen pero no puedo soltarla, porque ella no me ha devuelto la mirada, ella ha quedado inconsciente cuando la primera bomba detonó en su mansión.

— Suéltala Gale — estoy aferrándola a mí, mis nudillos están blancos y mis dedos arden de la fuerza que hago para no soltarla — ¡Gale! — los ojos azules de Prim me miran con intriga, le hago caso y suelto el cuerpo inerte sobre la hierba.

— ¿Está muerta? — pregunto con un hilo de voz inseguro de no haberla salvado a ella tampoco, como ocurrió con tantos que quedaron atrás.

— Se desmayó — afirma la madre de Katniss rasgando parte de la falda de la chica para acomodarla en su brazo donde un fierro ha atravesado la piel— estará bien, pero si no fuese por ti…

— Todos estaríamos muertos si no fuese por ti, Gale — veo las orbes azules de Prim que acaricia mi mejilla — salvaste nuestras vidas "primo" — sonríe y yo también, solo porque no hay nadie con no sonría con la pequeña Everdeen.

—No salve a muchos Prim — veo el claro del bosque donde está el lago, está lleno de personas, pero apenas son novecientas, un decimo de lo que era nuestro distrito.

— Salvaste suficientes personas Gale — afirma mi madre abrazándome, mis ojos se vuelven hacia Madge, la hija del alcalde y la mujer loca, que ahora repentinamente despertara huérfana.

Conseguimos arreglárnosla por tres días antes de que un aerodeslizador descendiera frente a nosotros. Temíamos lo peor, pero resultaron ser rebeldes, del Trece. Nos llevaron a su escondite, un bunker de dimensiones desconocidas, compartimientos suficientes para todos los sobrevivientes, ropa y comida para todos y una posibilidad de supervivencia.

Así que aquí estoy, vestido de gris, al lado de una cama de hospital, viendo dormir a una chica que hace una semana que debiera haber despertado. La herida en su brazo se ha infectado y han debido inducir un coma para tratarla a fondo. No sé porque me preocupa, no entiendo que me lleva a estar aquí en vez de estar acompañando a Katniss que yace a unas cuantas camas de aquí, luego de haber sido recuperada de la arena.

— Gale… — me sorprende su voz, baja, melosa, triste, sus ojos azules me miran asustados y debo apoyar mis manos en sus hombros para que se lo tome con calma — ¿Qué ocurrió? ¿Dónde estamos?

— Madge calma — la suelto, se queda recostada en la cama, me siento a su lado en la silla en la que la había estado esperando— bombardearon el Doce — le suelto y sus ojos se llenan de lágrimas — caíste sobre algún hierro y la herida se infectó… estuviste durmiendo una semana.

— ¿Dónde? ¿Qué es este lugar? — me sorprende su astucia, acaba de despertar, pero reconoce lo desconocido que este lugar es para nosotros.

— Es un hospital — me mira como si fuera el ser más obvio del planeta por lo que frunzo el ceño, eso parece divertirle un poco, porque a pesar de la bruma de la droga y el dolor que debe estar sintiendo, sonríe apenas— en el Distrito Trece, sobrevivió a fin de cuentas— no le sorprende la noticia y me pregunto qué sabe ella que yo no supiese.

— Gale — se lo que viene, ha extendido su mano, exigiendo la mía y no puedo negársela, la tomo apretando con suavidad el agarre— Mis padres, están muertos ¿verdad? — Asiento y ella frunce los labios quitando con su mano libre las lágrimas que amenazan con nublar su visión — entiendo — deja de apretar mi mano pero no la suelto — vete Gale necesito estar sola.

— Yo…

— Por favor… — susurra apenas audible, su voz se corta.

Dejo su cuarto y arrastro mis pies unos cuantos pasos hasta una puerta que cita Katniss Everdeen. Ha perdido mucha sangre, tiene una contusión cerebral, magulladuras y los cortes han debido ser suturados. Esta tendida en una cama, su piel olivácea se ve algo pálida por la falta de sangre, su cabeza y su brazo derecho han sido vendados, se ve débil, al borde de la muerte. Observo la placa a los pies de la camilla, duerme bajo los efectos de la morflina aparentemente.

El parte dice que los dolores son demasiado intensos y que en dos oportunidades intentó lastimar a las enfermeras por lo que decidieron mantenerla en un letargo, al menos de momento. La última hoja es de un psicólogo, uno de esos médicos que se meten en tu cabeza, creo. El dichoso medico afirma que la contusión ha generado un cuadro de desorientación y que en cuanto se estabilice deberán iniciar la rehabilitación. Las palabras mentalmente desorientada aparecen en rojo al final de la hoja.

Siento una mirada, alguien me observa. Me giro hacia la puerta esperando ver a algún médico o enfermera enfadados por meterme fuera del horario de visita, pero no hay nadie. Me volteo hacia ella y me encuentro con sus ojos grises, como los míos, abiertos de par en par.

— Katniss… — mi voz en un murmullo, se suponía que estaba dormida — ¿Catnip estas bien?

— Peeta — chilla ella y se revuelve con violencia en la camilla, gritando una y otra vez el nombre del panadero — Peeta… Peeta ¿Dónde está? Peetaaa…— una mujer aparece de pronto e inyecta un liquido ambarino directamente en su brazo, en un momento Katniss duerme plácidamente.

—El horario de visitas ha terminado hace mucho señor — asiento marchándome de la habitación.

Mi corazón late a prisa. Solo doy unos pasos antes de detenerme en seco porque el aire me falta y no puedo dejar de jadear. La he perdido, mi mejor amiga, mi compañera de caza, la chica que creí que sería mi esposa y la madre de mis hijos. En su lugar, hay una chica mentalmente desorientada que lo único que quiere es que le regresen a su compañero de Juegos. Doy unos pasos más hasta detenerme en la puerta de Undersee. Esta abrazada a sus rodillas y sus rizos rubios caen en cascada ocultando perfectamente su rostro.

De pronto, en mi cabeza todo encaja. Saldría con Madge, el tiempo suficiente para que Katniss sane de sus heridas y vea que soy yo el indicado. Con algo de suerte por mi parte, el panadero sucumbiría en su estancia con Snow. No podía ser difícil, había estado con muchas y sabía que esperaban de mí las chicas. Además, claramente la hija del alcalde sentía algo por mí, lo dejó claro el primer día en la alambrada. Podría no caerme del todo bien, pero me serviría de algo.

— Madge — murmuro adentrándome en el pequeño cuarto, ella alza la cabeza, sus mejillas están húmedas.

— Vete, por favor — vuelve a ocultarse tras su cabello pero hago caso omiso a sus palabras, me quedo viéndola unos segundos, creo que si servirá— Gale, no quiero que estés aquí, no… no estoy en condiciones — la escucho sorber por la nariz y sollozar otra vez.

— Sin el peinado perfecto y sin tu elegante vestido de niñita rica — me relajo sobre la silla mirándola, me devuelve la mirada, cargada de odio.

— Exacto — sostiene la vista, sus ojos clavados en los míos, admiro su momento de osadía — Vete Gale, cuida a Katniss — se echa en la cama dándome la espalda.

— ¿Cómo? — habiendo dormido una semana como pudo saber de ella.

— Sus gritos son inconfundibles… llamaba a Peeta —suspira, observa la nada a través de una puerta cerrada — ¿Él ha muerto Gale?

— Lo tiene Snow — es todo lo que digo, no acoto que me alegra, o que no, tampoco le digo que por ello la he perdido.

— ¿Ella sabe?

— ¿Qué…

— Sobre Peeta… sobre el Doce — su voz se quiebra y sé que ha reanudado el llanto, detesto que la gente llore, nunca se que hacer.

— Sabe… de ambas cosas —me quedo ahí oyéndola llorar, viendo como se estremece y su cuerpo se encoje hasta acabar hecha un ovillo bajo la sábana— Undersee…

— Madge —exclama, sonrío una milésima de segundo y hago algo fuera de mi zona de seguridad, me siento en la camilla y acaricio sus rizos — ¿Qué haces? — no levanta la cabeza, no quita mi mano, la siento estremecerse bajo mi piel.

—Intento reconfortarte — me siento estúpido y voy a levantarme pero ella toma mi mano y la electricidad recorre mi brazo.

— Gracias Gale — voltea a verme y mi rostro debe ser gracioso porque esboza una sonrisa tímida— por salvarme, por sacarme del Doce aunque claramente me detestas.

— No te detesto… tanto — ríe unos segundos y se gira por completo hacia mí, yo no sonrío pero tampoco la miro con mi acostumbrado rostro de odio — ¿Cómo sabes que fui yo?

— Te vi… antes de desmayarme, eso creo — cierra los ojos con fuerza, y sé que está reviviendo el momento — vi a Katty disparar una flecha, se cortó la electricidad de la mansión así que salí a la calle — suspira.

— No es necesario…

— Vi que los agentes de la paz se iban, me quedé viendo su huida hasta que oí un ruido a mis espaldas — abre los ojos, y ese azul es tan hipnótico que no lo evito — mamá había bajado a tropezones las escaleras y me llamaba por el nombre de la tía Maysilee… — tomo su mano porque sé que es duro para ella, aprieta suavemente el agarre — estoy por decirle que vuelva a la cama cuando un estruendo llena mis oídos y todo lo que veo son escombros en donde antes estaba mi sala— se detiene, desvía la mirada — estallo en pedazos frente a mi Gale, mi pobre y demente madre.

— La onda expansiva te tiro a la calle… — acoto para cambiar el foco de angustia hacia ella misma, yo también perdí un padre pero perderlo frente a tus ojos no debe ser fácil.

— Si… algo me atravesó el brazo, dolía como el infierno, igual que mi cabeza, estaba segura de que moriría — me sonríe, su pulgar acaricia mi piel, quiero evitar el contacto, pero no lo hago, sería malo para mi plan — escuche mi nombre, tu voz, y pensé que al menos moriría en buenas manos.

— Eres un hueso duro de roer — sonrío, pero quito lentamente su mano de la mía y vuelvo a la silla, no parece notarlo, se acuesta viendo el techo — te desmayaste de inmediato y recién hoy despertaste.

— ¿Tan malo fue? — quita el brazo de debajo de la tela que cubre su cuerpo, la piel pálida hace juego con el vendaje que le rodea el brazo un poco más arriba de la muñeca, blanco, impoluto.

—Un corte de cinco centímetros… una barra de dos pulgadas te atravesó— sueno como si hubiera estudiado su parte médico, lo había hecho en algún momento de aburrimiento mientras estaba en coma— la suerte estuvo de tu lado —ambos sonreímos a costa de la escolta del doce — se infecto, pero te salvaron.

— Gracias…

— Estamos a mano Madge — me levanto y me dirijo a la puerta— lo siento tengo algunas cosas que hacer… ahora estoy preparándome para ser un soldado para este lugar — me mira con los ojos bien abiertos, noto sus manos tomar la sábana.

— ¿Te veré de nuevo? — su esperanza es la mía así que sonrío de medio lado y asiento.

La salida del hospital está cruzando frente al cuarto de Katniss, me tomo unos segundos antes de irme para observarla dormir. Le prometo al aire que ella será mía y me dirijo a donde mi brazo tatuado me pide que vaya.

Los días pasan lentos. Me forman como un soldado, conozco a la presidenta del Trece, entreno, paso mucho tiempo con el genio del Tres, Beete, pero también paso algo de tiempo con la hija del alcalde. Salió hace unos días del hospital y su compartimiento está al lado del de las Everdeen, compartimiento que Katniss no había pisado aun. La chica Undersee está sola, pero lo lleva todo lo bien que puede.

— Katty — la puerta de la habitación de hospital está cerrada, en letras prolijas esta el nombre de la que era mi mejor amiga, que para este momento me odia tanto como a Snow — ya tienes que parar con esto.

— Madge, no quiero — la voz de Katniss es débil, aun ida por la morflina — no puedo sin él.

— Peeta está vivo y lo sabes — abro la puerta en ese instante, Madge le da cucharadas de puré de nabos, me mira sorprendida, la castaña ni me mira, pero si come lo cual ya es un alivio — Hawthorne…

— Gale — le recuerdo, cayendo en cuentas de que ese era mi juego, llamarla por su apellido para que se enfade y me recite con su voz melodiosa aquel nombre — vine a ver a Katniss así que…

— Vete tu mejor —la castaña escupe las palabras antes de aceptar otra cucharada, los ojos de la Veta me miran, si fueran navajas sé que estaría muerto — no quiero hablar contigo.

— ¿Con ella sí? — denoto los celos en mi propia voz, veo a Madge con algo de rencor, los ojos azules me ven con tristeza y se vuelve hacia la chica acostada.

— Es mi amiga — es todo lo que dice, Madge está en pie, Katniss la toma de la muñeca y sé que le hace daño— quédate, por favor.

— Katty — la mira con dulzura— hablamos de esto… bueno yo hable de esto — sonríe y los ojos plateados se fijan solo en ella, los míos también — hablarás con Gale como persona civilizada que eres y luego saldrás de esta… — parece pensarse la palabra — tu lo dijiste… "maldita" cama de hospital — Katniss va a reprocharle pero la rubia sigue hablando— Nada… Y termínate la comida, aunque sea insulsa — acaricia la trenza que seguro ella misma ha hecho en la melena castaña y camina hasta mi — puedo hablar contigo un segundo ¿Por favor?

— Claro — cierro la puerta y me volteo a verla, juega con sus dedos, nerviosa— ¿Qué?

— Quiere ir al doce…

Charlo con Katniss un buen rato. Le cuento como sobrevivimos tres días en el bosque, que no logré salvar a la familia de Peeta, que solo de casualidad logré hallar a Madge y que ella casi muere en mis brazos. Omito decirle lo acelerado que estaba mi corazón cuando la encontré, o como casi deja de latir cuando vi que ella no despertaba, no lo digo porque ni yo sé porque ocurrieron esas cosas o porque aun siento la electricidad en mis dedos de cada vez que sus dedos se entrelazaron en los míos. Ella no habla, no me mira siquiera, aunque si acaba su comida. Termino mi monologo y salgo del cuarto de Katniss esperándome encontrar a Madge fuera, pero se ha ido.

A pesar de que insistí con que ir al Doce es una locura, ella logra que la suban a un aerodeslizador cuando está un poco mejor. Voy en el mismo aerodeslizador pero no bajo a tierra, es suficiente con estar sobrevolando mi antiguo Distrito. Observo desde arriba como los hoyos y el hollín predominan por sobre cualquier otra cosa en el que fue mi hogar por dieciocho años. Estoy pegado a un ventanal, observando como el negro grisáceo choca contra el verde la pradera y me da gracia por un segundo que el arbusto que oculta el hueco siga ahí, en pie, a pesar de todo.

— Debió ser horrible — su voz me sorprende, no la oí entrar, no sabía que estaba abordo, no volteo a verla.

— Lo fue — es todo lo que digo, sobrevolamos las casa de la Veta, en algún lugar estaba la mía, la de Katniss, pero el fuego se lo ha llevado todo.

— Gale — volteo a verla sus ojos están más claros hoy, está a unos pocos pasos de mi — no tienes que ser tan… rudo todo el tiempo.

— ¿Qué esperas que diga Madge? ¿Qué esperas que haga?

— Se que no le has dicho a nadie… — empieza a decir, mi mirada interrogante es todo lo que necesita para seguir — que fuiste a la panadería...

— No lo hice, porque no fui — alzo la voz, nadie lo sabe, como ella podría — ¿Qué puedes saber tú? — mis gritos no la asustan, me descoloca su valentía, no concuerda con la Madge que hay en mi mente.

— Ha-hablas dormido — se acerca despacio, como si me tratase de un animal herido, como lo hago yo cuando voy a dar un golpe de gracia — en mi cuarto, el día antes de mi alta — su palma roza mi mejilla y el recuerdo me inunda, estaba exhausto por el entrenamiento y me quede dormido en plena conversación.

— Yo…

— Le decías, a Katniss supongo, que lo habías intentado, pero que las bombas tenían objetivos — trago con dificultad, siento que el aire me falta, el humo de las bombas llena mis fosas, mi boca, mi garganta — mi casa, la de ella, la panadería y el Quemador fueron los primeros en estallar.

— Basta — suplico cayendo de pronto, estoy jadeando, nunca me había pasado, los gritos de los heridos retumbando en mis oídos, la panadería en llamas, el quemador humeando, mis pulmones a punto de colapsar — has que pare…— abro la boca intentando llenar mis pulmones, pero el aire sabe a humo.

— Gale — está lejos, su voz, a un kilómetro de distancia, aunque sus ojos no se fijan en otra cosa que no sean los míos — ¿Qué ocurre? — siento el cristal a mis espaldas pero frente a mi todo está envuelto en humo, calor, solo sus ojos azules en medio de la bruma gris resaltan, estoy teniendo un maldito ataque de ansiedad frente a la peor persona posible.

— Todo estaba en llamas Madge y no pude salvarlos — intento recuperar el aire pero no puedo, mi garganta está cerrada, siento mis ojos acuosos y maldigo en voz baja — no los salvé, Peeta me culpara, y por él, Katniss me odiara para…

Susurra mi nombre, sus manos toman mis mejillas y me obligan a mirarla. Aún veo el humo, pero está ahí. Sus orbes azul celeste están ahí, me observan, me anclan a la realidad. El humo se disipa poco a poco y soy consciente de algo, he vuelto a respirar y ya no veo el color de sus ojos. Los ha cerrado.

Respiro su aire, porque sus labios se posan sobre los míos con suavidad, sus parpados pálidos y sus largas y rubias pestañas son mi única visión, así que la imito. La hija del alcalde, la niña mimada, dueña del distrito, la mejor amiga de mi amor imposible esta besándome. Aferro mis manos a sus hombros pero no la separo de mí, no lo haré hasta que deje de sentir el humo invadir mi sistema.

Las compuertas se abren y nos separamos, aunque no es lo suficientemente pronto. Katniss está de pie en la plataforma, nos mira como si fuéramos alucinaciones. Veo a Madge, un tono rosado cubre sus mejillas. Se levanta de prisa y va hacia ella, la abraza y la castaña devuelve el abrazo con fuerza llorando a mares, se derrumba mientras las compuertas vuelven a su sitio y el aerodeslizador vuelve al Trece. Nos ha visto, estoy seguro de ello, pero comprendo que la desgracia del Doce va primero. Ya habrá tiempo de ver si aquel beso ha funcionado para mi plan principal.


Dije que habría drama así que espero que este capítulo les haya gustado. Gracias a las hermosas personitas que ya han dejado su review 3.

Gracias a arabullet, Marizpe, 46, Paulys, Stelle Lioncourt, y a Sandy (quien puso la trama) por leer y dejar hermosos comentarios. Me alegra que la historia les gustara tanto como a mí.

Subiré el próximo e dias asi que esperen con ansias.

Con cariño atentamente, Anna Scheler