Comentarios del autor: Bueno, no he recibido demasiada acogida con el comienzo de este fic, no sé si porque no se leyó mucho o porque no gusta la manera en que está narrado. Igualmente seguiré subiendo capítulos- obviamente – por la gente que lo añade a sus favoritos, que imagino será por algo. Muchas gracias a todos =)
Título: Historia de los Potter-Malfoy, (sin los trozos aburridos).
Autor: Quimaira
Pareja: Scorpius H. Malfoy/Albus S. Potter con alusiones al DRARRY
Advertencias: Slash (relaciones homoeróticas explícitas). Si no les gusta el tema, simplemente no continúen leyendo y así todos felices =)
El fic está escrito en un espacio temporal contiguo al epílogo del séptimo libro. Me permití el lujo de cambiar algunos aspectos de los personajes así como del universo creado por J.K para que se adecúen más a la historia que quiero presentar. Así que si encuentran alguna "errata" como que Albus usa gafas, no me lo tengan en cuenta, no es ningún tipo de error, simplemente que me gustan los chicos con gafas ;).
Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen a mí, sino a JK. Aún así me tomo la libertad de escribir sobre ellos para cumplir mis enfermas(¿) fantasías.
HISTORIA DE LOS POTTER-MALFOY
(sin los trozos aburridos)
Las tazas de chocolate yacían olvidadas sobre la mesa, vacías todas excepto la de la pequeña Liz, que no había sido capaz de terminársela del todo y que ahora descansaba la cabeza sobre el pecho de Albus, medio adormilada entre el calorcito de la chimenea y el estómago lleno. Scorpius sabía que en cuanto su hija Lyra llegase y viese que habían consentido a los mocosos colmándolos de dulces les iba a caer una buena bronca a los dos, pero él estaba feliz de ser el abuelo consentidor. ¿Qué iba a hacerle? Ya le echaría las culpas a Potter, después de todo había sido él el que le había mandado preparar tan empalagosa merienda, y el que los había cebado a caramelos.
- ¡Está nevando! – exclamó repentinamente el menor, levantándose del suelo y sobresaltando a su hermana. Ambos corrieron hacia los inmensos ventanales, abriendo aún más las cortinas y pegando manos y nariz a los vidrios para ver mejor los algodonosos copos helados que bailaban suavemente hasta posarse en el suelo, acumulándose poco a poco.
Perseus había sido su primer nieto. Había heredado el pelo negro de su padre – aunque Albus se empeñara en decir que ese cabello era suyo y de Harry – y los ojos azules propios de su madre, de Scorpius y de su abuela Astoria. La pequeña Elizabeth era idéntica a su padre, de no ser por los cabellos exageradamente rubios que sin duda alguna pertenecían a los Malfoy desde siempre. Pero sus ojos avellana y el tono canela de su piel eran obra del marido de Lyra.
Albus apoyó la mano cuidadosamente sobre la de su compañero, entrelazando sus dedos en el reposabrazos del sofá y mirando cómo los dos pequeños observaban entusiasmados, con los ojos bien abiertos, el paisaje que no tardaría en tintarse de blanco. Las navidades no estaban tan lejos, y con ellas llegaban las exageradas cenas familiares, los deliciosos adornos brillantes, los divertidos momentos al desenvolver los regalos…Los regalos. Scorpius todavía guardaba esa horrorosa bufanda roja, escondida en el armario.
Escondida, sí, porque a pesar de ser suya, Albus insistía en que era endemoniadamente fea y quisiera o no era su deber tirarla a la basura o quemarla incluso.
- Pers, ¿alguna vez te dije cual fue el primer regalo de navidad que me hizo tu abuelo? – su pregunta le valió una mirada de "ni se te ocurra" por parte del moreno, pero la ignoró simplemente para prestar atención a los dos pares de ojos curiosos que lo miraron en ese momento, atentos a lo que tuviera que contar. El pequeño negó y la muchachita corrió de nuevo al lado de sus abuelos, esta vez para ocupar el lugar libre al lado de Scorpius.
- ¿Una Halley? - preguntó con inocencia. Pregunta que hizo sonreír a ambos adultos.
- Cariño, cuando nosotros éramos jóvenes lo más moderno que había en escobas eran las Olbers 2017.- aclaró el moreno, llevándose nuevamente exclamaciones de sorpresa porque en la época actual, aquello era una reliquia digna de museo.
Hacía dos días que había recibido una lechuza de parte de Albus. El año anterior habían terminado haciendo realmente buenas migas, y aunque eran muy diferentes y discutían exageradamente a menudo, eran un dúo inseparable. No se habían visto en todo el verano porque la familia Malfoy había tenido que regresar a Noruega para controlar unos negocios que Draco había dejado pendientes, pero al comienzo del nuevo curso su relación volvió a estrecharse como si el tiempo separados no hubiera conseguido más que afianzar esa amistad.
En las vacaciones de invierno cada uno había tenido que regresar a su respectivo hogar y aunque se escribían con relativa frecuencia, Scorpius jamás se habría esperado que al moreno se le ocurriera citarlo el mismísimo día de Noche Buena en el número 94 del Callejón Diagón, frente al escaparate de Sortilegios Weasley.
Por supuesto no iba a faltar a una citación así, aunque convencer a su padre para que lo acercase hasta allí fue tarea complicada. En primer lugar porque las mañanas de vísperas Navidad eran bastante agitadas en la mansión, todos ocupados en atender a la familia por parte de su madre que se presentaba para pasar allí varios días, y en segundo lugar porque a mucho que Draco preguntara, el rubio no era capaz de decirle la razón de esa citación, porque en la carta no se aclaraba tal punto. Y ya para terminar, su progenitor no acababa de ver realmente con buenos ojos esa amistad.
Pese a todo y tras mucho insistir, prometer y hasta suplicar, a la hora acordada caminaba a lo largo de la helada calle, embutido en un abrigo de paño azul marino y con una bufanda gris enredada al cuello con un par de vueltas. Pese a las cálidas manoplas de pelo, mantenía las manos en los bolsillos y sus dorados cabellos estaban cubiertos por un grueso gorro del mismo color que la bufanda.
Justo delante de la tienda de bromas, esperaba Albus Potter, tan abrigado como él, solo que en su ropa destacaban los tonos rojos, llevaba unas espantosas orejeras puestas y un paquete rectangular entre las manos. El rubio sonrió y alzó una mano para llamar su atención, apurando el paso un poco hasta llegar a su altura.
- Potter – pese a la confianza entre ambos, seguía manteniendo ese trato formal con él simplemente porque guardaba esa costumbre con todo el mundo.
- Hola, Malfoy – la sonrisa le fue devuelta, junto con volutas de vaho que escaparon de entre los labios del moreno al hablar.- Solo quería darte tu regalo de navidad.- aclaró sin rodeos, tendiéndole el paquete envuelto en un brillante papel verde, con un pequeño lazo plateado. Le gustó el detalle, no del regalo en sí, si no de que se hubiera preocupado por la primera impresión, utilizando esos colores.
- Muchas gracias, pero los regalos no se dan hasta pasada la media noche, ¿sabes? – bromeó tomando el paquete luego de mirarlo unos segundos, sacándose una de las manoplas con los dientes para poder rasgar el papel con los dedos descubiertos.
El moreno se alzó de hombros, metiendo ahora las manos en los bolsillos y mirándolo con evidente nerviosismo e ilusión desempaquetar. Scorpius no podía evitar el sentirse un poco egoísta, porque no se le había ocurrido comprarle nada. En otro momento tendría que poner una solución a eso, a fin de cuentas aún estaba a tiempo de encontrar algo adecuado para él.
La caja cedió finalmente a los intentos de sus entumecidos dedos por abrirla y del interior asomó un retal de punto de color rojo y gris, que el rubio identificó al poco rato como una bufanda.
- Mi…mi abuelo me regaló un libro de cómo tejer, y eso… - la inquietud se hizo más tangible en su voz conforme los ojos azules del muchacho observaban críticamente el obsequio.- Creo que no se me da tan mal… - aventuró.
Albus Potter no era precisamente un genio en clases. Más de una vez se había cargado un caldero en el aula de pociones, y para desgracia de Scorpius, con quién compartía mesa la mayoría de las veces, también le había chamuscado una de las túnicas más caras que tenía debido a las accidentales explosiones en que tan a menudo resultaban sus experimentos.
El joven Malfoy acarició la prenda y meditó profundamente las palabras que debía usar para agradecerle. Lo cierto es que su sentido de lo práctico le decía a gritos "Estúpido Potter que se aburre tanto que ha preferido tirarse horas haciendo esto en lugar de simplemente ir a una tienda a comprar algo mínimamente decente" pero había otra parte de él que se sentía bastante orgullosa al pensar que Albus había invertido tiempo y esfuerzo en hacer algo exclusivamente para él, aunque no fuera lo más bonito del mundo.
- Es…interesante. No sabía que te gustaba la…el…¿punto? – tentó alzando una ceja mientras volvía la prenda a la caja y recogía el envoltorio, volviendo a enguantarse la mano.
- Yo tampoco lo sabía, pero bueno…siempre se descubre algo nuevo. - Sacó nuevamente las manos de los bolsillos para abrazarse a sí mismo, continuaba inquieto. En ese momento su padre asomó del interior de la tienda, despidiéndose de su tío George y haciéndole un gesto para que fuera terminando, que ya se iban. Albus asintió y volvió a mirar a Scorpius.- No tienes que ponértela si no quieres…solo es un regalo porque me apetecía hacértela.
- Es que…no tengo nada que combine con el rojo…ya sabes… - se excusó al tiempo que por el rabillo del ojo vio nada más y nada menos que al mismísimo Harry Potter. Su boca se abrió al punto que faltó poco para que se le cayese al suelo el mentón y casi como impulsado por un resorte le devolvió la caja a Albus para que se la sujetara mientras se acercaba al Niño (no tan niño) que Vivió, mirándolo con las mejillas algo sonrojadas por la emoción.
Harry Potter era algo así como un héroe, eso nadie podía negarlo. Y aunque él llevara el apellido Malfoy y el mayor no fuera precisamente santo de la devoción de su padre, Harry molaba. Aún recordaba el empacho que Draco y él se habían cogido de ranas de chocolate, intentando encontrar el dichoso cromo de la edición especial en el que salía el auror promocionando una de las nuevas escobas estrella de los Mundiales.
- Señor Potter, es un placer conocerlo – murmuró con total seriedad, emocionado perdido mientras le tendía la mano. Su amigo lo miró desde atrás, con el ceño fruncido y sintiéndose totalmente idiota por la manera en la que acababa de pasar de él para ir a saludar a su padre.
Harry sonrió con cierta diversión antes de estrecharle la mano con suavidad.
- Scorpius Malfoy. Lo mismo digo. – el aludido sintió hasta maripositas en el estómago porque tal celebridad lo hubiera reconocido. Por Morgana, habría pegado hasta brincos de júbilo si eso no fuera tan poco digno – Albus me ha hablado mucho de ti. Me sorprende…ya sabes, que os llevéis tan bien.- reconoció con sinceridad al tiempo que el menor llegaba a la altura de ambos, sintiendo cierto resquemor hacia su padre en ese momento, aunque sin saber por qué.
- Bueno, usted no es el único sorprendido, puede creerme… - sonrió de medio lado, pensando en ciertas conversaciones con su propio padre.- Por cierto, estaba a punto de decirle a P-Albus… – se corrigió enseguida, casi atragantándose con el nombre a medio camino debido a la falta de uso - …que podía venir a mi casa a pasar alguna tarde. Por supuesto usted está invitado también.
En ese momento no quedó muy claro cual de los Potter se había quedado más sorprendido por las palabras del muchacho, lo que sí era seguro es que el menor pensó que aquello era una de las mentiras más grandes que había escuchado salir de la boca del rubio. Harry no pudo contener un bufidito divertido ante tal ocurrencia.
- ¿Le has consultado eso a tu padre, por casualidad?
- Por supuesto, señor. Es más, fue él quién me sugirió que lo invitase también a usted – aseguró, torciendo un poco el gesto en expresión pensativa.- Dijo algo así como que Harry Potter nunca permitiría que su prole se presentara en la Mansión sin extrema vigilancia, bajo peligro de que los llevara al lado oscuro... – no recordaba cuales habían sido exactamente sus palabras, pero estaba casi seguro de que su discurso no había sido muy diferente de lo que él acababa de decir.
- Oh… - el mayor no pudo contener una risilla mientras negaba con la cabeza, de a poco no poniendo los ojos en blanco ante la elocuencia del pequeño, y las supuestas palabras de Draco – Está bien, de todas formas es Albus quién debe decidir si le apetece ir y cuando. En todo caso yo estaré encantado de llevarlo. – a modo de despedida le dio una palmadita en el hombro al joven rubio y pasó un brazo tras la espalda de su propio hijo.- ¿Nos vamos ya?
Albus le tendió de nuevo el paquete, de bastante mala gana, aunque dada la emoción del momento el muchacho ni cuenta se dio de su expresión, tan solo cogió emocionado la caja de vuelta.
- Muchas gracias de nuevo, Al. Me ha encantado. Espero tener noticias vue…tuyas pronto. Feliz Navidad. Feliz Navidad a usted también señor Potter.
- Feliz Navidad, Malfoy – respondió secamente el menor, asegurándose de marcar bien su apellido, a ver si así se daba cuenta de una vez de su descontento.
El mayor cabeceó y le deseó también unas felices fiestas antes de retirarse con su hijo de nuevo al interior de la tienda.
- ¿Y todavía conservas esa bufanda? – el rubio sonrió y miró de reojo al otro antes de asentirle a su nieto. Liz había recostado la cabeza en sus rodillas y descansaba relajada, debatiéndose entre el sopor y continuar escuchando la historia.- Nunca la he visto.
- Mejor así, esa bufanda debería haber sido incinerada hace tiempo… - masculló Albus con pesadez, carraspeando para aclararse un poco la garganta.
- Por supuesto que no, es un bonito recuerdo.
- Yo no diría precisamente bonito… - rebatió alzando una ceja.- Es más, ni siquiera te gustó cuando te la regalé.
- ¿Tan fea era? – la vocecilla de Liz hizo reír a Scorpius.
- Horrenda, Lizzie – aseguró el moreno.- Tan horrenda que ni siquiera los elfos la aprovecharían para limpiar el polvo.
- Y sin embargo el abuelo Scorpius la sigue conservando. ¿De verdad es tan fea? – insistió Perseus sin poder creerse que el rubio atesorara algo que describían como una verdadera aberración. Tan elegante y presumido como había sido siempre, le era imposible no poner en duda aquellas afirmaciones. Y si eran ciertas, algún día tendría que ver esa bufanda sí o sí.
- Como ya he dicho, es un bonito recuerdo. No me desharía de ella por nada del mundo. A fin de cuentas tampoco tu abuelo se desharía del regalo que le di a cambio… - sonrió de medio lado, levantando la mano de Albus y llevándola hasta su boca para darle un beso en el dorso.
Como era de esperar, aquella nueva declaración suscitó la curiosidad de los más pequeños. Lyra ya había escuchado esa historia, probablemente tantas veces que se la sabía ya de memoria. Además, a ella se la habían contado Draco y Harry, con muchos menos detalles por supuesto, pero Albus y sobre todo Scorpius se habían encargado de completar el puzzle con sus propios aportes privados, a los que nadie más que ellos habían tenido acceso.
- ¿Le tejiste otra bufanda? – preguntó ya mucho más despierta la pequeña, incorporándose.
- No seas tonta, Liz. ¿Tú ves al abuelo tejiendo algo? – la reprendió su hermano.
- Para que lo sepas el abuelo sabe hacer un montón de cosas – más que defender al rubio, se estaba defendiendo ella misma, pero el mayor no pudo evitar sentir una pizquita de orgullo por las palabras de su nieta.
- Bueno, ¿qué fue lo que le regalaste? – preguntó finalmente Perseus, ignorando lo que probablemente terminaría por desembocar en un berrinche que no tenía ganas de aguantar en esos momentos.
En lo absoluto su visita al Callejón Diagón había terminado en cuanto Potter padre e hijo había vuelto a sus asuntos. No. Con paso apresurado y con ciega determinación se fue a buscar a su propio padre a la tienda de Artículos de Calidad para Quidditch, dónde le dijo que lo esperaría al terminar su encuentro y prácticamente lo arrastró fuera, ya que allí no había nada que pudiera considerar del interés de Albus.
- Necesito algo que a nadie más se le ocurra comprarle… - se quejó mientras miraba los escaparates conforme caminaban por las estrechas y bastante concurridas calles del lugar. Draco no estaba para nada conforme, mucho menos luego de ver la espantosa bufanda que desde luego no permitiría que un hijo suyo se pusiera en la vida.
- Va a ser difícil, con la cantidad de familia que tiene… - masculló dejándose llevar aun a pesar de la cantidad de tareas pendientes que había dejado en casa. Pero le costaba negarle las cosas a Scorp, más cuando el muchacho se veía tan condenadamente empecinado.- Aunque creo que con cualquier cosa de buen gusto harás un acierto…
La ironía no fue captada por el menor, que se paró delante de una vitrina de orfebrería, ojeando con interés los objetos expuestos. Albus no era una persona refinada, desde luego no apreciaría el incalculable valor de una imitación de pluma de Fénix en plata, y mucho menos unos botones personalizados para sus túnicas. De gemelos ya ni hablar, ni pasadores para corbatas. Y ni siquiera recordaba haberlo visto nunca llevando ninguna clase de joya.
Draco miraba también con atención el escaparate, manteniendo la caja con la bufanda debajo de un brazo, con la otra mano apoyada sobre la alta espalda de su hijo. Nunca había sido una persona egoísta con los regalos. Por Salazar, que se lo preguntaran a Astoria, probablemente tenía el fondo de armario más caro de todo Londres, pero desembolsar una pequeña fortuna en alguien que no iba a saber apreciarlo…Y en el hijo de Potter, nada menos.
- Quizá deberías pensar en algo más…personal. No digo que te pongas a tejer ni mucho menos, Merlín nos asista, pero tal vez podrías encargar…
- ¡Ya lo tengo! – había interrumpido el menor, visiblemente ilusionado. Sus ojos habían reparado en un vistoso marco de acero y plata, no demasiado grande. A pesar de su forma rectangular, no se trataba ni mucho menos de una forma geométrica exacta, si no que el portafotos en sí estaba formado por múltiples serpientes entrelazadas, de ojos esmeralda y que de vez en cuando sacaban también su lengua de plata o variaban ligeramente la postura.- Quiero eso. ¡Es perfecto!
Draco no lo encontró tan perfecto en un primer momento. Es decir, era un detalle bonito, elegante y original. Pero tampoco creía que fuera del gusto del pequeño vástago de su archienemigo. No lo encontró tan perfecto hasta que luego de adquirirlo, su hijo tuvo a bien volver a arrastrarlo como si de un baúl con ruedas se tratara hasta una nueva tienda de retratos que habían abierto hacía unos meses, poniéndose de moda las felicitaciones navideñas con fotos mágicas en familia.
La mañana de navidad, debajo del árbol de los Potter, apareció un pequeño paquete envuelto en rojo y dorado. No llevaba remite, pero el destinatario era Albus S. Potter escrito en una impecable caligrafía de tinta mágica que emitía destellos según movías el paquete hacia un lado o hacia otro. Con la ilusión propia de cualquier niño de doce años al que agradan las sorpresas, desenvolvió con premura su paquete para quedarse boquiabierto al encontrarse con el marco de fotos más caro que había tenido en las manos y la foto de un sonriente Scorpius Malfoy posando de manera grácil con el abrigo azul marino que le había visto el día anterior pero en lugar de su bufanda gris, llevaba la que él le había tejido.
Sus labios se apretaron en una mal disimulada sonrisa emocionada mientras el rubio muchacho del retrato se daba una vuelta sobre sí mismo y tiraba de ambos extremos de la bufanda, mostrándola bien, y luego haciendo que se ahorcaba con ella.
Parecía estallar en mudas carcajadas al aflojarla, solo para luego darle una vuelta más alrededor del cuello y meter las manos en el bolsillo, posando con bastante más sobriedad, con su elegancia característica. Y vuelta a empezar.
Todos quisieron ver el regalo que no llevaba nombre y se sorprendieron ante el maravilloso trabajo de orfebrería que debía haber llevado tal objeto. Pero solo Harry había alcanzado a ver la foto antes de que su hijo la retirara a escondidas y se la guardara en el bolsillo del pijama.
- Tuve esa foto escondida durante bastante tiempo en la funda de la almohada – reconoció con los ojos nublados por un sinfín de sentimientos recién removidos, de la maravillosa sensación de nostalgia que lo embargaba. Su mano todavía sujetaba la de su amigo y amante, con los dedos entrelazados.
- ¿Todavía la guardas? – inquirió el menor, quién sentía que poco a poco tenía acceso a hechos que poca gente gozaba del privilegio de conocer.
- ¡Por supuesto que la guarda! – exclamó el rubio con fingida indignación ante la descabellada pregunta.- Ese regalo me costó un buen sermón de tu bisabuelo Draco, y un montón de horas de estudio para conseguirme un Extraordinario en pociones. Conservará esa foto hasta el final de sus días, y si se muere después de mí, os dejo encargado que se la metáis en el ataúd.
- ¡Scorpius Hyperion Potter-Malfoy! – el aludido junto con los dos muchachos pegaron un buen respingo ante la regañina que se le iba a venir encima al rubio.- ¿Cuántas veces tengo que decirte que ni se te ocurra hablar de esos temas delante de los niños?
Lo cierto es que el joven Pers se lo había tomado a broma, como gran parte de las cosas que decía su abuelo Malfoy, pero la pequeña Liz, todavía demasiado joven y cándida como para entender la ironía de ciertas frases, se había quedado un poco traspuesta ante la sola mención de la posible muerte de Albus. Porque sus abuelos no iban a morirse, claro que no.
- No te alteres, Al, solo era una broma y ellos lo han entendido así, ¿verdad? – Perseus miró a su abuelo y asintió con vehemencia para evitarle la bronca, a lo que Scorp sonrió agradecido y con complicidad. Por supuesto la mujercita que hacía un poco más alegre la vida de todos no quiso ser menos que su hermano y asintió incluso con más ímpetu, haciendo suspirar con resignación a Albus.- ¿Lo ves? Tus nietos son muy listos, más listos de lo que tú eras a su edad.
- Y tú también eres demasiado listo… - se quejó el moreno, sacándose las gafas para limpiarlas con el extremo del jersey.
- Entonces, cuando después de las navidades volvisteis a Hogwarts, ¿ya erais novios? – en un intento de detener la inminente discusión, o quizá por la mera curiosidad, la pequeña había vuelto a interrumpirlos para alentarlos a continuar.
- Oh, claro que no – respondió al momento el rubio, acomodándose el cabello con un gesto de la mano.- Al fin y al cabo tu abuelo seguía enfadado conmigo, aun a pesar de lo estupendo de mi regalo. Ni siquiera se dignó a pasarse por mi casa en lo que restó de vacaciones. Todavía hay mucha historia por delante… - murmuró esbozando una cálida sonrisa.
Hasta aquí el segundo capítulo. De momento creo que puedo seguir actualizando sin problemas semanalmente, así que cada martes procuraré subir un capítulo nuevo.
Espero que haya sido de vuestro agrado, y no me gusta "mendigar" reviews, pero si voy a dejar caer que animan a seguir escribiendo, así que si no les costara mucho trabajo dejar sus opiniones – ya sean buenas o malas – se los agradecería enormemente.
Tengan un buen día =)
