Capítulo 2: la conquista del espíritu, parte dos.

Cada uno tomó su camino por separado, como dijo Splinter. Forjaron armas nuevas y se vistieron diferente. Llevaban muy presente su elemento; Raph "hi" (fuego), Donnie "yama" (montaña), Vee "ki" (árbol), Mikey "hayashi" (bosque) y Leo "Kaze" (viento).

Leo caminaba entre la niebla. Usaba una especie de capa con gorro, su cinta ahora cubría toda su cabeza y traía vendas de color claro.

Sintió una presencia. No sabía de qué se trataba hasta que volteó hacia atrás. Ahí estaba, el ciervo, el mismo ciervo. Emprendió su rumbo en frente de él. Quiso seguirlo pero no podía casi correr.

-Espera.- trató de correr más rápido pero se desapareció entre la niebla.

Sentía como el suelo bajo sus pies se movía de un lado a otro. ¿Estaba mareado? Hasta que descubrió que ahora se encontraba en un puente de maca. Miró hacia atrás y se llevó una gran sorpresa; se encontraba justo en medio del largo puente.

Cuando volteó delante de nuevo, se encontró con la figura híbrida del hombre ciervo. Lo miraba seriamente.

El puente era azotado por el viento. Eso hiso que Leo perdiera el equilibrio y se resbalara por el borde. Casi cae. A penas pudo sujetarse de una de las cuerdas. Con esfuerzo, subió de nuevo, en busca de la extraña criatura pero había desaparecido.

Otra presencia le llamó la atención. A su lado izquierdo, un ninja del pie lo miraba, empuñando un arma.

Leo comenzó a cuestionarse si en verdad lo que estaba ocurriendo era real. Estaba muy confundido. ¿Estaba en el plano espiritual? ¿En qué momento llegó ahí?

Los ninjas lo comenzaron a rodear conforme a la estructura del puente. No había tiempo de cuestiones. Había que luchar.

Raph logró nadar por un túnel bajo el agua, hasta salir dentro de una caverna, al parecer, sin salida. Vestía una pequeña capa de gorro, su cinta ahora tenía dos pliegues de tela, uno bajo cada uno de sus ojos, cubriendo sus mejillas; tenía una especie de maya cubriendo sus brazos y traía consigo dos tanques, al parecer, combustible atado a su espalda, con pequeños conductos que terminaban entre sus manos.

Esperaba encontrar algo del otro lado. Pero no había nada más que antorchas.

-No hay ningún barco pirata. Perdí mi tiempo.- se quejó para sí mismo.

Al ver las antorchas encendidas dijo:

-Alguien tiene que mantener estas antorchas encendidas.-

Su mirada se estaba acostumbrando a tanta oscuridad. Se percató que cada una de las antorchas era sostenida por un ninja del pie. Eso lo sorprendió pero por muy poco tiempo.

-No les tengo miedo. – les dijo.

Donnie seguía los senderos neblinosos de una gran montaña. Ya iba bien alto, o al menos eso pensaba.

Usaba una capa con gorro y una especie de máscara de hueso, perteneciente a algún animal en el pasado.

Algo le decía que no iba por el camino correcto. Se quejaba constantemente acerca de eso y por no poder usar su GPS.

La montaña comenzó a tronar y temblar fuertemente, cual volcán en erupción. Sorprendido, levantó la mirada, esperando encontrar el desastre natural pero la sorpresa fue aún mayor.

Los soldados del clan del pie golpeaban con una fuerza descomunal la roca sobre él. Usaban enormes martillos. ¿Cómo era posible que tuvieran tanta fuerza?

-Oigan, van a derribar la montaña.- les gritó desde donde estaba.

Los tipos parecían ignorarlo. Seguían golpeando sorprendentemente fuerte.

-¿Qué no les importa?- les volvió a gritar. Teniendo la misma respuesta. –A no ser que…- se dijo para sí. –Sean solo apariciones del plano espiritual.- se encogió esquivándose las primeras rocas que caían a su rededor. –Como detesto tener la razón.- se quejó.

Mikey se escurría de árbol en árbol. No sabía ni si quiera qué era lo que buscaba.

Traía vendas de color claro y su cinta le cubría toda la cabeza, como si fuera un pañuelo además de traer pedazos de corteza de árbol como hombreras.

De la nada, algo lo derribó dos veces seguidas. Era algo rápido, tan rápido como para no poder visualizarlo.

-¿quién anda ahí? – gritó con enojo. Nadie le contestó.

Buscaba con la mirada al sujeto que quería hacerle daño. Entre las sombras de los árboles, logró ver un par de ojos rojos que lo miraban acechándolo. Lanzó un zuriken en su defensa pero nunca lo escuchó clavarse en algo.

-Es un camuflaje muy malo.- le gritó burlonamente.

Los ojos se multiplicaron hacia abajo, conforme al árbol.

-O estoy equivocado o me voy a enfrentar contra un monstruo de diez ojos.- comenzó a titubear.

La neblina comenzó a disiparse, dejando ver cada uno de los cuerpos a los que cada par de ojos correspondía; ninjas del pie.

-¡Sí era buen camuflaje!- comenzó a huir.

Vee se dirigía a un gran árbol. Lo vio sobresalir del resto del bosque. Algo le llamaba a ir ahí pero no sabía qué.

Al igual que sus otros hermanos, llevaba vendas de color claro y su cinta fue remplazada por un pañuelo que cubría su cabello.

En ese momento había perdido de vista su destino. Los otros árboles le estaban tapando.

-Genial, tendré que subir a uno de estos para ver a donde voy.- se dijo para si de una manera despectiva y perezosa.

Se estaba disponiendo a subir cuando escuchó algo moverse entre los arbustos. Volteó a mirar y encontró a una ardilla.

-Solo es una ardilla.- se dijo, continuando.

Estaba por llegar a las primeras ramas cuando de repente, un ninja del pie se apareció frente a ella colgando como un mono de una de las ramas. La impresión fue grande; la hiso soltarse y caer del árbol.

Calló pesadamente sobre su caparazón, que por suerte, le ayudaba a amortiguar los golpes.

Los ninjas caían de pie en su rededor. Cada uno empuñaba un arma.

Vee se levantó rápidamente mirándolos con enojo.

-Rayos.- se quejó.

Leo destrozaba con sus flechas hechas por él a cada uno de los ninjas del pie. Pronto, no quedaba ninguno. Parecía fácil. Eso era extraño.

De repente, el puente se comenzó a sacudir más de lo normal. Miró las cuerdas de los lados y estas parecían desatarse.

-No, no, no, no….- se negaba tratando de correr hacia una de las orillas. Su andar seguía siendo lento. Y eso lo retrasó lo suficiente para no poder llegar a salvo.

El puente se reventó justo en la parte donde él iba. Mientras caía, logró agarrarse de una de las cuerdas sueltas.

Aún no podía ver el fondo del acantilado, la niebla se lo impedía.

Escaló con dificultad hasta que llegó arriba de nuevo.

Un ninja del pie lo esperaba. Pero Leo actuó más rápido; con su arco, le jaló del cuello y lo lanzó a la nada.

-No es tan difícil.- se decía para tratar de alentarse a sí mismo, aun escalando hacia tierra firme con dificultad.

Mikey terminaba con el último soldado del pie. Calló victorioso sobre sus pies. Se disponía a continuar con satisfacción hasta que alguien lo derribó nuevamente.

-¿Otra vez?- se quejó, volteándose.

Razar era quien esta vez se estaba haciendo presente.

-¡Razar! Tal vez tenga un hueso para ti, perrito.- le decía nerviosamente mientras se ocultaba lo más que podía detrás de un árbol delgado.

-De hecho, tienes muchos para darme todo un festín.- se burló mientras se acercaba con asecho.

Raph luchaba con orgullo y satisfacción.

-De haber sabido que iba a luchar contra el clan del pie, me hubiera adelantado a la búsqueda espiritual.- decía con satisfacción.

Hiso un movimiento con sus dedos y casi de inmediato, las llamas comenzaron a emanar de sus manos. Realmente eran los pequeños ductos que iban a dar a sus muñecas; minuciosamente colocadas para no quemarse al activarlas. Prácticamente rostizó a cada uno de las figuras que parecían estar hechas de humo, una vez que lo destruías.

Miró como las cenizas del último de los ninjas se rociaba sobre el agua de la cueva. Pero casi de inmediato, cara de pez emergió del mismo lugar.

-¿Cara de pez?-

-Los ánimos se ponen muy malos cuando estas bajo el agua.- respondió.

Vee corría entre la arboleda, detrás de ella, la seguían los ninjas del pie. Estaba dispuesta a llegar al gran árbol. Ahí encontraría la respuesta que estaba buscando; aunque no supiera cual era con exactitud.

Uno que otro ninja la lograba alcanzar y atacar pero esta se defendía con su t-sen.

Pronto llegó al pie del árbol enorme y ahí esperó a sus rivales para acabar con ellos de una vez por todas. Con una mano sostenía el t-sen y con la otra, la pequeña espada que su padre le había regalado para su ascenso de dan.

Los ninjas fueron fáciles de derrotar. Era perfectamente hábil con ambas armas a la vez.

Miró hacía arriba por el tronco del gran árbol. Luego sacó un par de picos parecidos a kusarifundos pero sin cadenas, construidos por sí misma; con eso se le facilitaría escalar.

Comenzó la escalinata pero a medio árbol, a una altura considerable, los disparos láser de color rosa tan familiares le comenzaron a rodear.

Miró hacia abajo solo para encontrar a varios kranks tratando de dispárale.

-Los kranks ya nos descubrieron.- dijo con enojo, sin darse cuenta si seguía en el plano espiritual o en la realidad.

Sujetándose de sus pies, tomó su arco y barias flechas. Las apuntó hacia el enemigo y disparó múltiples proyectiles. Los kranks se desvanecieron como lo habían hecho los soldados del pie. Eso confundió a Vee.

-¿Qué?-

Miró hacia arriba y desde las ramas, el mismo krank que había descubierto su hogar unos meses antes, la esperaba con una sonrisa malévola.

Donnie luchaba contra el clan del pie. Mientras lanzaba unos al vacío, otros más arriba de él, seguían golpeando las rocas, dejando caer enormes trozos de estas sobre Donnie.

-¿Quieren derribar media montaña? Por mí está bien.- dijo mientras llegaba a aún más arriba y con su hacha hechiza golpeó la roca también; creando un potente derrumbe sobre los que quedaban.

-Esto es más fácil de lo creí.- decía con convencimiento. –Es solo de pensar rápido y terminado.-

-Aún no se ha terminado.- lo interrumpió garra de tigre, detrás de él.

-Tú también eres un espíritu. Tú no eres real.- se negó con miedo. Pero el híbrido de hombre y tigre lo golpeó fuertemente en el rostro; haciéndolo caer al suelo.

-¿Y eso qué tan real fue?- se burló la bestia.

Leo caminaba pesadamente entre las rocas áridas. Seguía en busca del ciervo o el hombre ciervo; Al fin y al cabo, eran el mismo sujeto.

Ahí estaba, transformado en hombre. Lo miraba sin decir absolutamente nada.

-¿Cuál es tu lección?- preguntó Leo.

-¿Lección?- preguntó burlonamente destructor desde detrás de él. –Ya has fracasado.-

Continuará…