Capitulo 2: Icor sobre el suelo de la ciudad

Nada más salir del edificio, una oleada de frió les arrolló. Los inviernos en San Francisco, eran bastante fríos, especialmente en los primeros meses. Esto combinado con las lluvias, lo convertían en un tiempo bastante terrible.

Afortunadamente, hoy no era uno de esos días, y el cielo se encontraba parcialmente despejado. Una muchedumbre de gente caminaba en distintas direcciones. Era algo normal, el instituto, camuflado como una catedral ruinosa, se encontraba cerca del centro de la ciudad, en Union Square.

"Me pregunto cuanta gente pasara por el lugar y se preguntara porque no la han derribado ya" – pensó Karen, divertida.

La gente caminaba en distintas direcciones, sin apenas establecer contacto visual. A Karen siempre le habían gustado las muchedumbres. Por alguna razón, las encontraba reconfortantes.

- ¿Por dónde hay que ir? – preguntó Karen, de pronto. Había tenido que prepararse tan rápidamente que no había tiempo de preguntar el lugar.

El radar indica que es por aquí cerca, podemos ir a pie – explicó Carter, encogiéndose de hombros.

Los tres empezaron a caminar. Karen en silencio agradeció las innovaciones tecnológicas, y que pudieran tener un aparato que les permitiera localizar las frecuencias y el lugar de origen. Nadie reparó en ellos cuando se sumergieron en la marea de gente. En realidad, aunque hubiesen estado desnudos o cubiertos de sangre, no se habrían fijado.

Era lo que tenía estar escondidos por un glamour. Ver a tres personas vestidas con mallas negras y armadas hasta los dientes, no era algo reconfortante para la gente. Y si ya, una de ellas llevaba un hacha a la espalda…

Observó a sus compañeros. Melisa había permanecido callada desde que habían comenzado el trayecto. No era algo extraño en ella, siempre había sido algo tímida. Al igual que Karen, llevaba un arma cargada a la espalda, un arco de bordes de madera, en las que se podía distinguir las marcas creadas por las runas. También llevaba un carcaj con flechas a su ía una expresión neutra, pero Karen podía ver más allá. Estaba nerviosa, siempre lo estaba cuando iban a cazar demonios. Al principio había creído que era por sus primeras veces, pero no, parecía no acostumbrarse a ello.

Carter, sin embargo, era mucho más tranquilo. A diferencia de ambas, él no portaba ningún arma especial, más que las típicas dagas y el cuchillo serafín. Él siempre había preferido dar clases extra sobre runas, hasta dominarlas mucho mejor que ellas. En la fase previa a una pelea, o incluso en la fase posterior servía, pero en mitad de la pelea, su talento no es que fuese muy útil... No podía ponerse a dibujar mientras peleaban, claro está.

Dio un pequeño suspiro, que no parecieron notar. Ya llevaban unas cuantas peleas a sus espaldas, peleas sencillas, claro. Alan no les permitía alejarse mucho del instituto, y más aún sin haber terminado aún sus lecciones…

Sumergida en sus pensamientos, casi no noto el momento en el que giraron por la avenida, entrando en una zona residencial, llena de altos y grandes edificios de colores apagados.

Es por aquí, en alguno de los edificios – comentó Carter, a ninguna en particular, mientras seguían caminando.

- ¿C-Como se habrán colado ahí? – preguntaría Melisa, abriendo la boca por primera vez.

- Seguramente habrán atravesado la dimensión y habrán terminado ahí por accidente – comentó Karen, haciendo un gesto con las manos, para quitar importancia.

Los tres cazadores terminaron por llegar al lugar donde marcaba el sensor. Era un edificio alto e imponente, de un color gris oscuro. Karen avanzó hacia la puerta, pero esta no daba señales de abrirles.

- Siempre tienen que estar cerradas… - protestó, dándose por vencida a la tercera tirada del mango.

- Es lo que tiene ser una propiedad privada – repuso Carter, quien ya estaba inclinado sobre la puerta, con estela en mano.

Agilmente, marcó una runa sobre el ancho de la puerta. Cualquier cazador de sombras medianamente entrenado podría reconocerla fácilmente. Era una runa de apertura. Nada más terminarla, Carter la abrió, no sin algo de diversión, mientras esta cedía fácilmente.

Por fortuna, no había nadie por los alrededores. Este les dirigió una mirada cómplice.

- Voila – una sonrisa apareció en su rostro. Claramente se divertía con estas cosas.

Lamentablemente, había olvidado algo demasiado importante. Los demonios se encontraban ahí.

Antes si quiera de poder volverse, una masa oscura se lanzó sobre él. Carter, exhaló un grito de sorpresa, mientras rodaba por el suelo, con el demonio encima de él. En ese momento pudieron verlo mejor. Tenía forma de araña, con ocho extremidades, y unos colmillos bastante afilados, en forma de pinzas.

Karen lo reconoció al instante, era un demonio Kuri, que aparecía ilustrado en el códice de los cazadores de sombras.

Mascullando una maldición, empuñó su hacha lo más rápido que pudo, mientras Carter luchaba por no dejar que el demonio le mordiese. No había podido ni si quiera sacar un arma…

…Hasta que la hoja dorada del hacha se hundió en el tórax del animal. El demonio soltó un chillido inhumano, mientras se encogía y su cuerpo desaparecía, dejando un rastro de sangre, o lo que debería ser sangre. Era una sustancia espesa y oscura que había comenzado a salir del animal, y había goteado la vestimenta de Carter, quien intentaba levantarse. Era icor demoníaco, una sustancia ácida.

- Qué asco – vociferó. Carter parecía intentar quedar bien, pero no pudo ocultar una mueca de dolor, cuando la sustancia goteo y quemó algunos trozos de su ropa, dejando quemaduras leves en su piel.

- ¡Chicos! - el chillido de Melisa saco a ambos del relativo descanso que habían logrado al matar al demonio.

Y es que no había solo uno. Dos más se encontraban dentro del lugar, siseando amenazantes hacia ellos. Para cuando Karen se giró, Melisa ya tenía su arco preparado, y una flecha salió disparada. Esta aterrizó en el abdomen de uno de los demonios. Sin embargo, el otro avanzó rápidamente hacia ella.

Melisa retrocedió, aterrada, mientras cogía otra flecha de su carcaj, viendo que no tenía tiempo. Acabó tropezando con el bordillo, cayendo al suelo con un chillido. El demonio casi estaba sobre ella. Sus tenazas se movían enérgicamente, y goteaban un líquido venenoso.

Antes de que pudiese morderla, recibió un fuerte puntapié proveniente de Karen, que logró tumbarlo boca arriba. Sus patas se movieron enérgicamente, buscando ponerse otra vez en pie. Karen preparó el hacha, pero antes de que le diese tiempo, una daga acabó clavándose en su garganta, proveniente de Carter, quien la había sacado la ver el problema lo más rápido que había podido.

- Me habéis dejado sola... – protestó Melisa, que después de unos segundos, se había calmado un poco.

- Estaba un pelín ocupada salvándole – sentenció Karen, quien también tenía los nervios de punta.

- Chicas, tranquilas, no ha sido nuestra mejor pelea, pero… - Carter se puso en medio de ambas.

- Tu mejor no hables – cortó Karen, secamente.

Karen, harta de reproches, decidió entrar en el edificio, al ver que nada más salía. Melisa, aun cruzada de brazos, la siguió, mientras Carter echaba un vistazo a la daga que había lanzado, la cual había sido corroída por el icor demoníaco. Con un suspiró, la abandono y entró al edificio.

Nada más entrar, pudieron ver que el demonio que había sido alcanzado por la flecha de Melisa aún seguía vivo. Intentaba arrastrarse, a pesar de que la flecha lo tenía fijado en el sitio mientras poco a poco desprendía icor por la herida.

- Acaba con él – diría Karen, directa hacia la temerosa Melisa.

- ¿Yo? – preguntó, extrañada.

- Si, tú le has herido, termina el trabajo – intentó ocultar su irritación, le ponía de los nervios su comportamiento.

Con unas manos algo temblorosas, cogió una daga que llevaba oculta en su cintura, y la clavó sobre la cabeza del demonio. La sacó rápidamente, mientras el bicho se encogía y desaparecía, dejando rastros de icor. Melisa dejó escapar el aire, que había retinado desde el momento.

- ¿Ya está? – preguntó entonces.

- No, aquí pasa algo… - comenzó a decir Carter, mientras miraba extrañado su sensor – Sacad el vuestro…

Ambas lo hicieron. Y no podían culpar la indecisión del joven. Algo muy raro estaba pasando. El sensor se componía de varios números para indicar la frecuencia demoniaca, y estos estaban girando, sin determinarla. La brújula que poseía marcaba una dirección, pero de vez en cuando daba varios giros sin tener porque.

- ¿Un nido de demonios Kuri? – preguntó Karen, sin entender que estaba pasando.

- Es probable - Carter se encogió de hombros, no sabía qué hacer.

- Entonces… Deberíamos comprobarlo…Solo por si acaso… ¿No? – para sorpresa de ambos, Melisa expresó su opinión.

- Supongo… - Carter no estaba del todo seguro. Le dio una última mirada al sensor, antes de asentir.

Esta vez estad atentos, no podemos permitirnos más descuidos – ordenó Karen, mientras encaminaba la marcha.

Nada más entrar por la sala de recepción, había un ascensor a mano izquierda, y una escalera a mano derecha. Como las lecturas del sensor no eran muy precisas, decidieron ir por la escalera. Fueron subiendo peldaño a peldaño, Karen preparada para asestar un tajo con su hacha, Melisa detrás, con una flecha lista para disparar, y por último Carter, con un cuchillo serafín, cerrando la marcha.

Mantuvieron la formación hasta llegar al tercer piso, donde el sensor marcó una de las puertas – después de dar varias vueltas en círculos – Aun así, no necesitaban su ayuda, a diferencia de las demás, la puerta estaba abierta.

- ¿Esto no es allanamiento de morada? – preguntó Carter, claramente inseguro de que hacer.

- Si hay demonios, dudo que les importe – repuso Karen, en un intento de persuasión..

Carter asintió lentamente. Melisa también lo hizo, inconscientemente. Era el momento. Tenía que admitirlo, estaba nerviosa. Nunca había pasado algo así en el sensor. Y tenía un mal presentimiento sobre lo que podría suceder. Intentando no pensar en ello entró, aun empuñando su arma, por la puerta.