Marinette atendió la panadería hasta las siete de la tarde, después subió a su habitación porque aún tenía algunas tareas pendientes para el siguiente día.
Tikki flotaba por la habitación mientras disfrutaba de una deliciosa galleta con chispas de chocolate, ella realmente amaba los dulces.
—¿Estás feliz por lo de mañana? —preguntó la voz de su kwami.
Marinette dejó de lado el libro de Matemáticas y observó a su compañera, le dedicó una leve sonrisa y asintió. Parecía feliz, solo que sus ojos mostraban algo de preocupación.
—Me siento un poco nerviosa —admitió la azabache —. Lo cierto es que nunca le he mostrado París a nadie, no soy buena para esas cosas —admitió nerviosa.
Tikki se posicionó frente a su compañera y le sonrió de modo alegre. ¡Ella tenía palabras de motivación!
—Marinette, ¡tú eres Ladybug! —le recordó Tikki —. Conoces cientos de lugares interesantes gracias a eso. ¿No lo recuerdas?
La azabache comenzó a recordar algunas de sus aventuras siendo Ladybug. Había hecho tanto al lado de su compañero Chat Noir. Conocían muchos lugares, desde hoteles importantes hasta centros de entretenimiento. Es cierto. Ella conocía muchos lugares.
—Tienes razón, Tikki —Marinette asintió sintiéndose complacida.
—¿Ya tienes alguna idea de lo que harán mañana? —quiso saber la kwami.
—Aún no, pero pensaré en algo —aseguró mordiéndose la lengua.
Había leído cientos de revistas antes, y bueno, gracias a ellas sabía cosas que se podían hacer con chicos. Siempre era lindo comprar algo que les gustará a ambos, como helado, pizza o quizás hamburguesas. Deberían conversar y conocerse mejor.
Mañana sería un largo día.
Por lo que pudo conocer a Luka, parecía ser simpático. Pero solo lo había visto ayer, una sola vez. La primera impresión fue buena, podrían ser grandes amigos. Pero, ¿qué hay de la segunda impresión?
Mañana podría ser un buen día o un día terrible.
Al día siguiente Marinette le comentó a Alya que había conocido a un chico que era turista, que era simpático y que quería conocer mejor París.
—¿Es lindo? —preguntó la morena.
—¡Alya! —exclamó Marinette mientras reía —. Tú tienes a Nino como novio —le recordó.
Alya rió y negó con la cabeza.
—Tengo novio, es cierto —aceptó ella —. Pero eso no significa que no pueda tener amigos.
Marinette asintió, era un buen punto.
—¿Qué harás con él hoy? —le preguntó Alya.
—Creo que le mostraré algún lugar interesante y ya mañana podremos hablar mejor y conocer otro lugar —respondió la azabache.
Alya la codeó de modo divertido.
—¿Quieres continuar paseando con él? —preguntó en tono bromista.
—Quiero que tenga una amiga —aclaró Marinette.
A la hora de la salida Marinette prácticamente corrió a la pastelería. Habían quedado de verse a las cuatro y ella salía a esa hora del colegio, olvidó ese detalle. Aunque no se podía quejar, vivía frente al colegio.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Tikki.
—Para nada —intentó sonar segura, pero no se sentía de ese modo.
En cuanto llegó se encontró con Luka, él estaba a punto de entrar a la panadería. Apenas la vio le sonrió ampliamente.
—Llegamos al mismo tiempo —rió él.
Ella rió nerviosa y asintió.
—Pensé que utilizaban uniforme escolar —comentó Luka —. Cuando yo estudiaba era una obligación estar con el uniforme, bien peinado y portarse bien —recordó sonriente.
—No es obligación en mi colegio.
—Eso es tener suerte.
—Supongo.
Se formó un breve silencio.
—¿Quieres dejar tu mochila y después comenzamos? —preguntó Luka.
—Oh, claro, ¡gracias!
Marinette corrió a su habitación, sobre su cama dejó la mochila escolar, se vio en el espejo y después salió corriendo a encontrarse con Luka.
—Marinette, no tienes que correr —dijo él mirándola con preocupación —. Esto no es una obligación, puedes estar tranquila.
—Estoy tranquila —respondió de modo rápido. Luka la observó con preocupación y seriedad —. Lo siento, es solo que nunca he sido guía de nadie y eso me pone un poco nerviosa —admitió.
Luka le regaló una sonrisa llena de paz. Se veía adorable.
—Cada vez que viajó a un lugar me topó con distintas personas —comenzó a explicar él —. En ocasiones son desagradables y te hablan mal por ser un turista, no les gusta que invadan su país —frunció el ceño al recordar —. Pero en ocasiones son amables y se ofrecen a mostrarte el país sin siquiera saber cómo. Así eres tú.
Marinette sonrió de modo nervioso.
—Simplemente muéstrame lo que quieras, por mí estará bien —el modo en el que hablaba era tan amable, parecía ser un chico realmente agradable, bueno y compasivo.
—¿Qué te parecería ir a comer algo? —preguntó Marinette.
—Perfecto.
Hablaron un poco y decidieron que irían por helado. Había una heladería cercana, así que compraron helados en ese lugar y después se dirigieron al parque que estaba cerca.
—Aquí vengo en ocasiones con mis amigos —dijo Marinette —. Es un parque muy bonito, grande, llamativo...
—La brisa es realmente relajante —Luka extendió sus manos y dejó que el viento lo despeinará, le gustaba, era una sensación muy agradable. Se permitió reír.
—Luka, estás despeinado.
—No me importa —respondió él —. La vida es solo una.
Marinette decidió imitar a su amigo, estiró sus manos y permitió que la brisa la despeinará y le diera un abrazo. Era envolvente, era una sensación bastante agradable.
Se sentía como cuando era Ladybug y saltaba por todos los tejados de París. Fue realmente lindo.
—Hay que saber disfrutar de los pequeños placeres de la vida —dijo Luka —. No podemos vivir preocupados de nuestro peinado o de cómo nos veremos. Solo vivimos una vez.
Eso era profundo pero realista.
—Eres tan profundo.
Luka sonrió abiertamente.
—Soy músico, creo que la profundidad forma parte de mí vida.
Músico.
La música era hermosa. Con razón Luka era profundo.
—¿Algún día podré escucharte cantar? —preguntó ella.
—Cuando sea el momento adecuado.
—¿El momento adecuado? —repitió confundida.
Luka observó el parque y se concentró en la fuente, le llamó la atención que estuviera apagada. Normalmente las fuentes tenían agua.
—En esa fuente una vez me escondí junto a un amigo —recordó Marinette hablando de modo bajo.
—¿Por qué? —preguntó Luka interesado.
La azabache le contó todo lo que había sucedido ese día. Entonces hablaron sobre ella, sobre sus amistades y lo interesante que sonaba tener un compañero como Adrien. Marinette le contó que era compañera de la hija del Presidente.
Caminaban mediante el parque.
—Tu colegio debe ser importante.
—Es uno de los mejores colegios de París —respondió ella.
Luka le contó que como viajaba mucho, estudió en distintos colegios, nunca en uno solo. Que gracias a sus viajes no tuvo una graduación, que nunca tuvo muchos amigos.
—¿Estuviste muy solo?
—Para nada. En cada lugar he conocido a nuevas personas, tengo amigos en todo el mundo —respondió él.
A pesar de no tener una vida completamente normal, Luka parecía ser alguien muy feliz, alguien muy alegre.
Las horas habían transcurrido y la noche hizo su aparición.
—¿Te gustaría que nos veamos mañana? —preguntó Marinette.
—¿Aún no te he aburrido? —bromeó Luka. Ambos rieron —. Me gustaría —admitió.
—Pasa a la panadería de nuevo y te tendré una nueva sorpresa —aseguró ella.
—Eso suena tentador —sonrió él —. Adiós, Marinette —se despidió besando su mejilla.
Ella observó como se alejaba y no podía quitar la sonrisa de su rostro.
