La noche en la ciudad viene acompañada de varias fiestas, de manera que todos los aldeanos permanecen despiertos entre risas y eventos. Pero la mayoría del pueblo parece haberse reunido con nosotros en el festival de Bardos. El teatro recoge casi de manera asombrosa a un publico desmesurado y a todos lo concursantes.

Después de muchísimo esfuerzo logramos encontrar una mesa a menos de cien metros del escenario, y comenzamos a cenar acompañados de Eve y Virgil. La cena va acompañada de risas y algunas conversaciones puntuales, pero no contamos con la participación de Gabrielle. La miro dulcemente, continúa absorta, perdida entre las palabras de unos y otros bardos.

Me quejo mucho sobre estos eventos, pero es mas bien un juego, tan solo para conseguir que Gabrielle se enzarce conmigo en pequeñas y dulces discusiones. Pero realmente disfruto de estos momentos porque adoro esta faceta suya, esa pasión por la narración y el arte. Es un cálido soplo para mi alma ver resurgir su vena creativa y comprobar como la bardo se antepone dulce pero firme, sobre su carácter guerrero, al menos por unos instantes. Es en estas ocasiones cuando puedo ver en sus ojos la inocencia que antes siempre mostraban, y me encanta.

Un bardo acaba de terminar su relato y veo como Gabrielle aplaude con fuerza, sonriendo encantada. Me dejo llevar por su emoción y la acompaño en los aplausos. Cuando el bardo abandona agradecido el escenario, el presentador que ha dirigido toda la noche, le sustituye.

"Este ha sido el último de nuestros bardos principiantes. Gracias por haber asistido y les esperamos mañana de nuevo. Como invitado de honor, el gran Homero abrirá la competición. Esperamos vuestra asistencia y colaboración. ¡Buenas noches!" exclama, haciendo una reverencia y dando por finalizada la noche cuando se del escenario.

"¿Homero? ¿El gran Homero?" repite entonces atónita Gabrielle

"¿Te gusta?" pregunta Virgil

"¿Bromeas? Me encanta. Es todo un genio de la oratoria" exclama ella, casi eufórica. No puedo evitar que algo en mi estomago se contraiga molestamente y un segundo después me escucho gruñendo:

"Pfff… donde esté Safo"

"Safo no tiene comparación" me apoya sonriéndome "Pero ella es poetisa, Xena"

"Igualmente…" insisto farfullando.

"¿Vendremos a verle?" me suplica poniendo ojitos. Temía esa pregunta y mas aun sus artimañas. Aunque no respondo aun, todo será inútil porque ella y yo sabemos que me convencerá "¿Por favor…?" me pide sonriendo tímidamente

"Pero Gabrielle…" me apetece tanto ir a ver a ese tipo, como escucharla alabarle con adoración. Pero es que sus ojitos me desarman y ella lo sabe "… Vale" cedo finalmente

"¡Bien!" exclama alegrándose y por lo tanto alegrándome a mi.

"¿No te cansas de verme ceder siempre?" pregunto bromeando con una mirada acusadora

"No" me sonríe alegre

"Xena, no será muy tarde. Abrirá el evento sobre las cuatro porque el concurso durara horas" comenta Virgil, interrumpiéndonos.

"Será interesante volver a verle tras casi 27 años" sisea pensativa. Interesante… si esa es la palabra… oigo que gruñe mi conciencia. "¿Qué crees que habrá sido de él?" pregunta emocionada

"Hmmm… ¿qué se ha hecho asquerosamente rico y famoso?" pregunto con naturalidad. Virgil se ríe entre dientes e incluso Eve suelta una carcajada, pero Gabrielle me recrimina suavemente con una mirada "¿Qué? Es cierto, ¿qué esperas?"

"Xena, el no era así. Recuerdo a un muchacho con pasión por las historias y que solo quería aprender y poder entretener"

"Por lo que he oído, creo que ha cambiado un poco" murmura Virgil

"¿Ves?" anuncio victoriosa. Gabrielle me hace un par de aspavientos, como quejándose, pero no contesta. Se limita a mirar de nuevo a Virgil y Eve

"¿Qué se puede hacer por aquí hasta el certamen?" les pregunta "Cuantas más cosas, mejor" añade mirándome retadora. Acepto su venganza con una risa inocente

"Lamento decir que mañana no podré acompañaros por las fiestas" aprovecha para decir Virgil "el festival es un caos y no puedo ausentarme antes del gran concurso" se excusa con modales impecables, como siempre "Pero si queréis ver a Homero, buscarme en el teatro poco antes del festival. Seguro que le encantara verte" sonríe antes de marcharse. Vale, el pronostico para nuestro siguiente día es mercadillos, gente a puñados y un encuentro con un ídolo de Gabrielle, ¿alguien da más?


Puedo enfrentarme a veinte hombres desarmada y salir victoriosa en unos segundos, o pelear contra dioses y no fallecer en el intento. Pero enfrentarme a cientos de personas por cada rincón de la ciudad, con mercaderes intentando vender a gritos cualquier cosa y grupos de música en cada esquina o portal, es superior a mis fuerzas y mi paciencia.

Lo único que evita que salte sobre las cabezas de la multitud y huya veloz, es ella. Su sonrisa, que se agranda con cada espectáculo callejero, o sus manos, agarrándome para conducirme hacia algún tenderete interesante, es lo que logra calmarme a lo largo de toda la mañana.

Eve se marcho de regreso al campamento Heliano después de acompañarnos en el desayuno y ahora nos encontramos las dos solas recorriendo el centro de Atenas. En ese instante toda nuestra atención se centra en un grupo de contorsionistas, que con cada movimiento parece que se partirán en dos. Pero después de cada truco vuelven a ponerse en pie sin dificultades y reciben los aplausos del corrillo de gente que estamos a su alrededor.

"Xena, ¿podríamos ir ya al teatro?" me pregunta sacándome de mis pensamientos "No quiero llegar tarde" añade sonriente

"Claro" respondo escuetamente, mientras la sigo entre la multitud, caminando juntas hacia el teatro. Gracias al tiempo que aun resta par que empiece el gran certamen, parece que el teatro no tiene tanta gente a su alrededor, como el resto de la ciudad.

Bueno, veamos que nos depara la visita…

"Seguidme por aquí" propone Virgil andando tranquilamente por un pequeño pasillo que parece desembocar en el exterior. El debe leer en mi rostro mi extrañeza y decide aclararnos nuestro destino. "Está descansando en los jardines, antes de su aparición"

"Oh…" me limito a pronunciar, cuando Gabrielle se gira para sonreírme. Recorremos el ultimo tramo hasta alcanzar un pequeño patio rodeado por los muros del teatro. Y en el centro, cerca de una de las fuentes y vestido con una pulcra túnica blanca, un hombre que sin duda debe de ser Homero. Pero no consigo verle bien porque nos da la espalda y no parece haber escuchado nuestra llegada.

"Perdone… Homero" exclama Virgil, acercándose un poco mas

"Especifique que no me molestaran… ¿qué ocurre?" gruñe mientras se gira hacia nosotros. Nos mira atentamente, como nosotros a él. Se trata de un hombre cerca de los cuarenta años y aunque me moleste reconocerlo, es maduro, pero atractivo. Nada queda del niño que Gabrielle me describió, en lugar de un risueño jovencito, nos sonríe un hombre tan alto como yo y de espalda ancha.

Su mirada es de sorpresa y nos mira una vez mas, entrecerrando los ojos, como si no se fiara de lo que ve "¿Ga… Gabrielle?" pregunta atónito. Para ser un famoso bardo, no tiene mucha facilidad de palabra.

"¡Homero!" exclama ella, acercándose hacia él. Con unos pasos de distancia, Virgil y yo nos dirigimos hacia ellos, observando detalladamente como se abrazan con cariño.

"Es toda una sorpresa verte…"

"Y a ti" responde sonriendo Gabrielle "Ellos son Xena y Virgil" añade presentándonos

"Tu colaboras en la organización del festival, ¿cierto?" pregunta estrechándole la mano a Virgil, que asiente encantado "Un placer. Y tu eres la famosa Xena… ¡Vaya!" exclama cuando es mi turno de presentaciones.

"Encantada" murmuro entre dientes.

"Lo mismo digo" responde, sonriéndome de medio lado, creo que intentando parecer seductor. Cuando estrecho su mano aprieto quizás con mas fuerza de la debida y veo como misteriosamente desaparece todo toque coqueta en él.

"Perdón" siseo mientras se frota la mano dolorido. Se gira hacia Gabrielle, algo herido en su orgullo. Pero recupera rápidamente todo su porte y actitud cuando habla con ella. La sonríe y se mueve como un galán, con gestos y tonos mas que ensayados para parecer interesante.

"Hacia tantos años que no nos veíamos… Estas muy cambiada" sonríe, aprovechando para mirarla de arriba abajo. Aunque la saliva desaparece de mi boca y mis manos se cierran fuertemente en puños, intento calmarme. Pero cuando junto a mi, noto a Virgil igual de molesto, confirmo que mis celos no son solo cosa mía. "Pero aun así parece que los años no pasen para ti"

"Es una historia muy larga" se ríe ella

"¿Una historia? Suena interesante" comenta con voz suave. Es arrollante y pegajoso, como un actor de tragedias y lo peor es que parece que Gabrielle no se de cuenta. Mira por encima de nuestro hombro, hacia la puerta del patio. "Parece que tengo que salir ya a escena" murmuro con tono apenado "Si queréis puedo conseguiros una mesa cerca del escenario y seguimos hablando en cuanto termine, ¿qué os parece?"

"Sería un placer" acepta Gabrielle. Resoplo sin poder contenerme y noto como Virgil me mira comprensivo, dedicándole a Homero una sonrisa forzada.

"Pues seguidme" propone colocándose junto a Gabrielle hábilmente, dejándonos a nosotros dos detrás, mientras van hablando animadamente. Virgil, a pesar de sus impecables modales, aprovecha para mirarme y poner un gesto de asco en su rostro. Me río entre dientes y asiento totalmente conforme con él.

Se que esta relatando una historia sobre un par de hombres que buscan a su padre… o un caballo… ¿o es un caballo buscando a su padre? Realmente no se que les pasa a los personajes, solo veo a un experto bardo cautivando a un público fácil con sus palabras rebuscadas, sus dramáticas pausas y sus gestos de mimo. Desgraciadamente, no es difícil comprobar que Gabrielle también está dentro de ese seducido publico.

Homero continua paseándose lentamente por el escenario, hablando tan alto que su maldito relato es el único sonido de toda la sala. Entonces siento un cambio a mi lado y se que Gabrielle me mira de soslayo. Parece sorprendida por la atención que le presto a su amigo. Pero es porque gracias a los dioses no puede ver que tras la serenidad de mi rostro, estoy recordando cada método de tortura que conozco. Homero quemándose, Homero ahogándose, Homero partiéndose, Homero… ¿haciendo una reverencia?

El bardo por fin se ha callado y recoge los aplausos de la sala con una seca y estoica reverencia. Parece que el publico se ha vuelto loco y casi todos los presentes están en pie, silbando y aplaudiendo. Y Homero responde haciendo aspavientos con la mano, a modo de saludo, hasta que recae en nosotras. Nos mira, o mas bien, mira solo a Gabrielle y con una sonrisita de oreja a oreja, le guiña un ojo.

Tan solo es un guiño… me repito mientras agarro la mesa con fuerza, deseando partirla. Pero por suerte o desgracia, Gabrielle esta tan entretenida en aplaudir, que no se da cuenta. Cuando los ánimos se calman, Homero abandona el escenario y muy amablemente se dirige directamente a nuestra mesa. Mientras respira, juraría que veo como se hinchan sus pulmones y su ego. ¿Como puede ser que Gabrielle no se de cuenta? Me giro a mirarla instintivamente, pero ella esta pendiente del bardo, que se sienta frente a nosotras.

"¿Qué os pareció?" pregunta sabiendo de sobra la maldita respuesta. Yo me limito a sonreír, puedo fingir que no me da asco, siempre que no tenga que hablar mucho.

"Increíble" se limita a pronunciar Gabrielle, pero su tono de voz deja implícito la adoración y alabanza que siente en este maldito momento y Homero lo sabe. Pero insiste, su ego quiere más.

"¿Lo dices en serio?"

"¡Claro que si! ¿No viste como te aplaudían? El ritmo, los toques de misterio, los sentimientos reflejados en cada palabra…"

"¡Vaya!" exclama fingiendo sentirse muy halagado "Esta critica es muy importante para mi, viniendo de la gran bardo de Potedaia"

"Siempre fuiste muy bueno, lo sabes" responde ella "Pero es increíble lo que has perfeccionado en estos años"

"Bueno, es que me has dado muchos años para mejorar" bromea intentando sonar modesto "Lo cual me recuerda que este reencuentro se merece una cena" comenta de pronto. Me reincorporo de golpe a la conversación a la que fingía no prestar atención. Mi mirada taladra a Homero, pero también Gabrielle le mira sorprendida. Noto mi mandíbula cerrada con mas fuerza de la debida, los dientes me rechinan y toda mi espalda es victima de una fuerte tensión, pero a pesar de la adrenalina furiosa que me recorre, finjo estar calmada. Me limito a mirar a Gabrielle relajadamente.

"¿Una cena?" repite ella atónita

"¡Si! Una cena" repite encantado consigo mismo, sin saber lo mucho que esa palabra me esta destrozando los nervios. "¿No seria genial? Podríamos recordar la academia, los compañeros, nuestros viejos trucos para narrar" enumera como buscando una excusa menos mediocre para pedirle salir. Les miro de reojo, evitando cualquier rastro de asco en mi cara, pero no puedo evitar apartar la mirada al comprender que Gabrielle aun no ha dicho que no "Y también podrías contarme la fascinante historia de porque los años no pasan para ti"

"Yo te lo resumo en dos segundos" se escapad e repente de mi boca. No se de donde vinieron esas palabras, pero no hago anda por callarme "Por una equivocación nos congelaron, dormimos durante 25 años y nos descongelamos" comento con tono suave y tranquilo "Y ya esta" Las respuestas a mi inoportuno comportamiento son una temerosa y precavida sonrisa del trovador de pacotilla y una sorprendida mirada por parte de mi adorada bardo. Gabrielle me pide explicaciones con los ojos, pero me limito a devolver la vista a la mesa y sus interesantes surcos y agujeros. Pero mi nuca y la piel de gallina me dicen que aun tiene sus ojos sobre mi.

"¿Entonces, que me dices?" pregunta sin mas Homero. Es como si no hubiera dicho nada, de nuevo mira a Gabrielle, sin molestarse por anda mas. No se que reacción esperaba, pero desde luego no que dejara de lado mis palabras con esa facilidad. Creí que al menos se intimidaría un poco, pero esta claro que ha caradura ganó él.

"Bueno, ¿por qué no?" sonríe Gabrielle como respuesta. Pero algo en su tono de voz me hace temblar. No es solo que acepte su invitación, no es solo esa maldita cena, ¿me esta preguntando…? ¿Quiere que le de una razón para no ir? Alzo los ojos, en este juego de miradas que ataca mis nervios y mi estómago y el corazón se me hace un nudo al enfrentar sus ojos. Parecen relajados y me sonríe pero se que no es eso lo que les recorre… pero no me atrevo a leer mas allá y de nuevo la mesa recoge mi atención y mi mirada "¿A que hora?"

"Tengo que nombrar al ganador y hacer entrega de su premio, ¿qué te parece si te recojo después del certamen?" pregunta velozmente, como si temiese que ella se pudiera echar atrás. Pero algo me dice que no tendré tanta suerte "Será la hora perfecta para cenar"

"Estupendo" responde sin mas. Aunque estoy presenciando todo, siento como si se tratara de una pesadilla. Me invade una dura sensación de incomodidad y todo me parece surrealista, no tiene ningún sentido. Pero mi corazón, palpitando con fuerza en mis oídos, me advierte de que no despertare. Mi cuerpo se tensa peligrosamente y es como si se debatiera entre salir corriendo y huir veloz o lanzar mi grito de guerra y destrozar el teatro. Pero no hago anda, me limito a respirar y parpadear cuando es necesario.

"No te arrepentirás" añade Homero, eufórico. Con la educación justa y algo de temeroso respeto en la voz, se gira para mirarme y dice "He de volver al certamen. Un placer, Xena" extiende su mano con firmeza, aunque se de sobra que teme mi apretón.

"Si, igualmente" farfullo entre dientes, pero me comporto a la hora de devolverle la mano.

"Gabby…" ronronea el dulce diminutivo mientras agarra su mano y alarga el cuello para depositar un beso en ella. Si yo alargase las manos… solo un par de certeros pinzamientos y le quedarían unos segundos de vida. "…que llegue pronto esta noche" exclama entonces haciéndola sonreír, antes de ponerse en pie y marchar de nuestro lado hacia algún lugar entre el publico y el escenario. Tardo un par de segundos en comprender que estamos solas y tres en comprobar que mi corazón no es capaz de mirarla. Me limito a concentrarme en el escenario, como si me interesara el nuevo bardo que esta sobre él.

"Xena, ¿quieres que volvamos ya a la posada? Me parece que por hoy has tenido suficiente festival, ¿no?" comenta suavemente. De mi boca no sale más que un raquítico "Psi…" y me limito a ponerme en pie mientras algo me dice que el día no ha hecho mas que empezar…

Avanzamos juntas hasta la salida, abandonando por fin el teatro.


Desde que pisamos Atenas he querido descansar, pero ahora que me encuentro en mitad de un delicioso baño caliente, parece que cualquier lugar se me hace mucho mas tentador que esta tina. Intento relajarme, o evaporarme con el agua si es posible, al tiempo que fuera Gabrielle se arregla para su cena. No hemos mediado palabra sobre el asunto, pero tenemos claro que yo no estoy invitada y que ella se marcha esta noche con Homero. Es una cita entre dos adultos, no me cabe la menor duda y se que a ella tampoco.

Me apoyo contra el borde, reclinando mi cabeza hacia atrás e intentando calmar mi respiración. Pero ni mi cuerpo ni mi mente están por la labor de colaborar. Solo puedo pensar en ella una y otra vez, aunque eso me esta provocando varias nauseas y dolorosas taquicardias que cada vez van a peor. Quizás porque ahora también las acompaña un temblor que recorre mi cuerpo sin darme un respiro… ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Intento razonar lo que va a ocurrir, debo concienciarme de que Gabrielle tiene una cena con un amigo...

¡No! Golpeo la pared de la tina. Tan solo un furioso puñetazo contra ella. Retiro mi mano, sin sentir aun el mas mínimo dolor y observando como he salpicado todo el baño. Parece que mi repentino berrinche me devuelve algo de cordura. Dioses, ¿donde se quedo mi fría determinación y mis nervios de acero…? Se fueron con ella… confieso para mi, mientras los pasos de Gabrielle se oyen por la habitación, adelantándose a su llegada a la puerta del baño. Su voz resuena preocupada contra la madera, mientras golpea también con los nudillos:

"¿Va todo bien por ahí?"

"Si, si…" miento torpemente, frotando mi mano "Solo me resbalé mientras salía" exclamo. Y para respaldar mi excusa, abandono la tina recogiendo la toalla. Me seco casi de manera autómata, porque mi mente esta fuera, con Gabrielle. Un doloroso terror me invade cuando compruebo que estoy al borde de las lagrimas. Se que no es por mi mano, ni el puñetazo… Es un dolor mas intimo, mas fiero, mas insoportable.

Respiro hondo, sabiendo que esa no es una opción, tengo que calmarme y hablar con ella. Rodeo mi cuerpo con la toalla y me la anudo a un lado. Pero cuando voy a recoger mi ropa, mi mente propone otra posibilidad…

Abro la puerta del baño aun cubierta únicamente por la toalla y la busco rápidamente con la mirada. Sentada frente al único espejo de la habitación observo se peina suavemente. Hasta sus movimientos con el cepillo son preciosos… y de nuevo las lágrimas intentan aparecer. Carraspeo para evitar cualquier gallo delatador en mi voz, antes de preguntar algo que ya sé:

"¿Qué haces?" mi tono logra ser tranquilo y casual

"Intento conseguir hacer algo con mi pelo" responde al tiempo que se gira para mirarme. Al hacerlo me encuentra apoyada sobre mi hombro en el marco de la puerta. La sonrió de soslayo y aumento la sonrisa cuando noto un cambio en su mirada y descubro a sus ojos recorriendo meticulosamente mi figura. Pero casi al instante recupera la compostura y regresa su atención al espejo y su reflejo, fingiendo entre enredones que mi artimaña ha pasado inadvertida "¿Qué tal fue el baño?"

"Una delicia" murmuro dejando que mi voz suene cada vez mas ronca y cálida "Echaba de menos una buena tina…" siseo con el mismo tono, mientras me alejo de la puerta del baño y recorro la habitación hacia Gabrielle.

"Si…" sonríe ella "No es que me queje de los lagos y ríos. Pero donde se encuentre una buena tina…" añade con gesto de ensoñación, cerrando un instante los ojos. Y sin pensarlo, aprovecho el momento.

"¿Y entonces… que harás esta noche?" le pregunto inocentemente, siseando las palabras en su oído. Noto como toda su espalda queda rígida al instante y como logro estremecer la piel de su cuello. No me oyó llegar ni vio cuando me coloque tras ella, apoyándome en su respaldo. Pero se que no es el susto lo que provoca esa reacción. No aparto mi rostro del suyo, aunque siento que silenciosamente me lo esta ordenando. Pero el deseo palpable en sus ojos y en su respiración, me dice lo contrario.

Me limito a fingir que no ocurre nada fuera de lo normal, al igual que ella "Ya lo sabes, Xena" me responde con una risita "Cenar con Homero, ¿no te acuerdas?" me pregunta fingiendo sorprenderse, igual que yo finjo no recordarlo "No seas mala y no me entretengas" me pide con una sonrisa mientras de un rápido movimiento se levanta de la silla, alejándose de mí. Con el giro esquiva eficazmente mi rostro y vuelve a poner distancia. No se si estoy consiguiendo algo, si logro hacerla dudar, o si tan solo estoy quedando como una loca, pero no quiero echarme atrás. No puedo dejar que se marche a esa cena, cueste lo que cueste.

"¿Crees que esta noche hará frío?" me pregunta entonces, mientras mira con detenimiento dos prendas, una de ellas un vestido blanco largo, y el otro, uno verde algo mas cortito de mangas largas. Observo ambas prendas y me falta la respiración… Gabrielle vestida con cualquiera de ellos, Gabby y su sonrisa vestidas con esas ropas para mí… no, para Homero.

"¡No!" exclamo de pronto, casi asustada. Imágenes que no debería imaginar asaltan mi mente, y siento que las lagrimas vuelven con mas fuerza. Me giro rápidamente, sintiéndome una décima parte de una persona, tan pequeña… tan derrotada. Me reduzco a una guerrera temblorosa. Estoy aguantando las lagrimas y perdiendo mis intenciones de seducirla, para concentrándome tan solo en no derrumbarme.

"Tienes razón, yo tampoco lo creo" responde Gabrielle ajena a todo "Será una noche templada, seguro" deduce, mientras parece elegir su vestido verde, mientras lo sostiene con ambas manos y lo hace girar levemente para observarlo mejor. Cierro los ojos, sin importar que me vea, respiro hondo con fuertes bocanadas de aire y cierro los puños con fuerza, sintiendo mis uñas clavarse contra la palma. Necesito relajarme, he de hacerlo, debo controlarme y mantener la cabeza fría… pero me gana el dolor, mi descontrol.

"No puedes quedar con él" gruño, casi sin identificar esa fría voz como propia

"¿Qué?" pregunta Gabrielle, mirándome inocente y sonriendo "¿Por qué?"

Antes de hablar, ya se que lo voy a estropear aun mas "Porque no, no puedes" No soy yo la que habla, son estos retorcidos celos, pero mi comportamiento es el de una niña, sin importar el por qué. Si Gabrielle sigue mi ejemplo y se comporta igual, mi prohibición no hará mas que servir de provocación. Me retracto rápidamente "Creo que no es buena idea que salgas con Homero…" farfullo torpemente. Se me hace difícil, casi imposible, continuar. Nunca he hablado de esto, no en voz alta y mucho menos con ella y todos mis sentidos gritan que he equivocado el camino al romper nuestro trato de silencio, pero no hay forma de volver atrás. Lo se porque ya no sonríe y ha soltado el vestido, centrándose duramente en mi, retándome a terminar la frase que no tengo fuerzas para pronunciar.

"¿Por qué no puedo? ¿Por ti o por mi?" cuestiona asustándome y permaneciendo seria, calmada y rígida.

"Gabrielle, no es que no puedas…" susurro intentando suavizar una situación con tanta tensión que comienza a ahogarme "Es solo que creo que no debes"

"¿Por qué razón?"

"Porque… porque supondría cambios y no creo que convengan"

"Salir con Homero, ¿trae cambios?" me pregunta como si no supiese de que hablamos. No entiendo nada…

"Gabby…" susurro casi sin voz

"No. Dime a que te refieres. No dejare de ser tu amiga, continuaré viajando contigo y peleando a tu lado. ¿Entonces, porque no debo salir con él?"

"Pues…" un nudo me aprisiona la garganta, ¿por qué estamos hablando de esto, porque me apetece tanto torturarme? "… porque tu y yo…"

"¿Tu y yo que? ¿Que somos?" me exige saber enfrentándome abiertamente

"Somos…" me faltaban las palabras

"¡Dilo! Somos amigas, almas gemelas, y amantes ocasionales" enumera con una voz que casi parece contener rabia entre tanta dureza "Pero tu tranquila, si ocurre algo con Homero, todo seguirá igual, exceptuando nuestra tercera faceta" sisea cruelmente, sin apartar sus ojos de mí, casi como queriendo ver cada detalle de mi reacción. No recuerdo ninguna otra ocasión en la que no haya podido aguantarle la mirada, quizás esta sea la primera, y duele "¿Y bien, algo mas?" cuestiona, mientras recupera el vestido y deja de mirarme.

"No" respondo con una voz firme y dura, que no se de que parte de mi alma se escapa. Siento que la mascara de distancia y frialdad que tantas veces cubre mi rostro, vuelve a mi una vez mas, como permitiéndome marchar de allí con aspecto sereno. Me esta concediendo unos momentos antes de que mi alma rompa a llorar, porque se que no tardare en caer "Nada mas. Me voy a dar una vuelta, pásatelo genial" es lo último que llego a pronunciar. Mi cuerpo y mi alma acaban de comenzar una cuenta atrás, y con cada paso que doy, tras cerrar la puerta de esa habitación, lo oigo y lo siento en mi. Tres… dos… uno… mi pierna derecha falla y tropieza y le sigue mi cuerpo, derrumbándome contra una pared. Y todo mi dolor, que amenaza con tragarme, sale de mi convertido en los mas amargos y tristes sollozos que jamás proferí, mientras me deshago en lágrimas.

Continuará...