NOTA DE LA AUTORA: Oh¡Asdf! º 0º No tenía ni idea de lo del script (Debería leer más. Oh, que inculta o0o). Muchas gracias por decírmelo º -º, y también muchas gracias por sus respuestas.
DISCLAIMER: Blah blah blah… Y no soy dueña de nada u.u. Fin.
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Capítulo 2¿Quién eres…?
En el Sengoku nada parecía cambiar…
Una sensación intranquila parecía invadir el ambiente, de pronto todo había dejado de cursar su marcha habitual… Algo no estaba bien… Pero ¿Qué era?
- Me pregunto… qué habrá pasado… -Dijo de pronto el pequeño kitsune sentado en el suelo, clavando su vista en el firmamento. La noche finalmente estaba ahí-
- Ya se tardó mucho... ¿Que tal si algo le pasó a la señorita Kagome?
-¡¡No digas eso! Ella esta bien, estoy seguro… Tal vez InuYasha volvió a cometer alguna estupidez –Lo reprimió Shippo. Quizás era muy pequeño para comprender ciertas cosas, pero en un momento así sólo le preocupaba la seguridad de Kagome-
Sango se puso de pie, se encontraban en la escalerilla de la cabaña de la anciana Kaede. Y desde ahí, toda la aldea parecía dormitar. Había sido un largo viaje desde la última vez que la habían dejado… Más habían traído un fragmento de la perla como recompensa a tan arduo recorrido.
- Espero que esté bien y a salvo…-Dijo suspirando profundamente, mirando fijamente el suelo, sumida en un pensamiento peligroso en su cabeza-
Kagome no había tenido ninguna pelea con el hanyou el día anterior. Al menos no que recordase… Así que no habían motivos evidentes para que se demorara tanto en llegar, y sinceramente dudaba mucho que InuYasha fuera tan estúpido como para haberle dicho algo justamente antes de que se fuera… No, no era posible… Sino su actitud frente a todo esto hubiera sido totalmente distinta a la que…
De repente sintió cómo una mano escurridiza se posó en su trasero y lo comenzó a acariciar suavemente, su rostro se enrojeció. Estrechó sus dientes y tiró su mirada bruscamente hacia Miroku...
- … Excelencia ùú
- ¿Si¿Mi estimada Sango? D
- ¡Su mano! -Gruñó apretando sus puños a los lados de su cuerpo. Shippo volteó al escucharla, y la escena encontrada solamente lo hizo soltar un suspiro de cansancio. Ya era común ver algo así-
- ¿Qué tiene mi mano?
Sango mira con rabia a Miroku y encuentra una sonrisa burlona en su rostro. No… No… Ese maldito no tenía intenciones de quitar la condenada mano de su…
- ¡Quite su mano de ahí, si no le importa! –Dijo dando una última oportunidad para que el miserable monje salvase su vida, alargando su mano para alcanzar su arma-
- Realmente, mi querida Sango, me importa mucho… Así que mejor la dejaré ahí.
Un corrientazo de electricidad corrió por el cuerpo de Sango, y fue entonces cuando tomó rápidamente su boomerang y lo asestó fuertemente en la cabeza del monje pervertido.
Un sonoro golpe ahuyentó a algunas aves que estaba posadas en un árbol cercano. A continuación se encuentra Sango totalmente erguida con el boomerang apoyado en su hombro, los ojos cerrados con una expresión molesta, y a un muy mal herido monje tirado de cabeza detrás de ella murmurando "Valió la pena…".
Shippo a tan solo unos pasos de ellos, no dejaba de suspirar…
¿Qué le habría pasado a Kagome…?
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InuYasha sintió como si su cuerpo se hubiera paralizado. "¿Quién eres," esa pregunta quedó haciendo eco en su mente. Tartamudeó antes de poder pronunciar palabra alguna.
- Kagome... No... ¿No me recuerdas?
La joven mujer negó con la cabeza, con un gesto de angustia y confusión en su rostro. Por su cabeza pasaban imágenes… Borrosas imágenes… Indefinidas y extrañas… ¿Qué era verdad? Inclusive todo su alrededor lo veía de una manera extraña… Como si tuviese una capa lechosa sobre sus ojos, increíble, ni siquiera podía ver con nitidez al hombre que estaba a su lado y con su mano entre… las suyas…
Intentó detallarlo, pero no pudo con precisión. Una particularidad que le pareció extraña en ese momento, fue su cabello largo y claro, y… unos inusuales "adornos" arriba de su cabeza, triangulares… del mismo color de su cabello. Pestañeó, quizás su mente le estaba jugando una mala broma…
- Has el esfuerzo... ¿Que es lo último que recuerdas? –Le preguntó el hanyou acercándose más a ella, su mirada seria reflejaba una angustiosa preocupación-
Kagome se encontraba a punto de llorar, pero un así hizo el esfuerzo por conseguir aclarar su mente. Habían imágenes borrosas yendo y viniendo muy rápido en su cabeza, y sin poder visualizar los recuerdos completamente intentó definirlos...
- Recuerdo...- Murmuró con esfuerzo- Una escalera... un niño vino a mí, no veo bien su rostro...
InuYasha la escuchó atentamente, con el ceño fruncido. Si quería averiguar qué mierda había pasado, tenía que poner atención a los detalles que le diese ella… Unas escaleras y un niño… Lo más aproximado a eso eran las escaleras del templo y su hermano Souta. Kagome cerró sus ojos, de vez en cuando mostraba gestos de dificultad, pestañeando y apretando los parpados.
- Y… un árbol... –Continúo diciendo- Había un gato allá arriba y... y... me parece… que subí por él.
- Kagome...
Ella continuó con voz entrecortada, como si supiera que se avecinaba algo doloroso. Su corazón aceleró el ritmo.
- Si… Definitivamente subí por él... Pero...
En ese instante, una imagen pasó por su mente, cayéndole a su memoria como agua helada. El sonido del crujir de la rama, cuando esta se rompió. Volvió a experimentar el vacío y el dolor del golpe cuando su cabeza chocó contra el suelo.
En ese momento sacudió su cabeza y gritó
- ¡Kagome! -InuYasha soltó su mano, tomó a Kagome de la muñeca y la tiró hacia él. Envolviéndola con sus brazos- Esta bien... Esta bien... Tranquilízate...
- ¡Estoy confundida! –Exclamó exasperada-... ¡Por qué no puedo recordar?
La puerta se abrió de golpe. Souta, la madre y el abuelo entraron gritando el nombre de la joven. Pero se sorprendieron al encontrar a InuYasha junto con ella.
- ¡Por Kami…! –Exclamó la madre, desconcertada- ¡Qué le pasa a Kagome?
- ¡Eso es lo que quiero preguntarle! -Dijo él algo molesto… Sin saber exactamente con quien, o qué hacer para descargar esa ira que sentía por dentro- ¿Por qué ella está así? –De pronto su tono de voz cambió, y se volvió apagado y triste- ¿Por qué no me recuerda?
La madre se echó para atrás por un momento, recibiendo el golpe de la pregunta:
- ¿No... te recuerda? -Sintió como su respiración se detenía por un momento. Desvía su mirada hacia Kagome para confirmar las palabras de InuYasha. Su hija estaba asustada observándolos a todos, a punto de llorar; se encontraba aferrada a las ropas del hanyou con mirada perdida- No puede ser…
Los ojos de Souta temblaron: Está así por mi culpa… -Confesó mientras se llenaban de lágrimas- ¡Todo esto fue culpa mía¡Hermana…! –Gritó mirándola-
- Calma... Tranquilícense, por Kami, esto ya debe ser muy estresante para Kagome, y no estamos haciendo nada más que perder el control –Dijo el abuelo, tratando de ocultar su propio temor- Debemos salir, hay que dejarla descansar.
InuYasha guardó silencio mirando al anciano rostro, asintió, pero al bajar su mirada se encontró con la de Kagome… Y aquellos ojos color canela lo vieron suplicantes y llenos de miedo.
- ¡Espera! –Dijo ella, y lo tomó por la manga de su ahori- Por favor no te vayas… No me dejes sola…
Él miró con cuidado a la familia frente a él, en especial a la madre quien parecía ser la más alterada de los tres, pidiendo con sus ojos el permiso que necesitó para poderse quedar al lado de Kagome el tiempo necesario.
La madre asintió, casi sin dejar de verla. El abuelo se apuró a hacerlos salir del cuarto, y cerró la puerta tras haberlo hecho.
- Tengo miedo… -Susurró de pronto, InuYasha la observó- No sé quien eres… No sé donde estoy… Y aún así todos parecen estar muy preocupados por mi seguridad.
- Tú tienes una vida, y es esta. Esas son las personas que te aman, tu familia... –Le dijo, aunque sin pensar realmente… Mierda ¿Cómo se supone que debe reaccionar uno en estos casos? Nadie lo preparó para esto… Nadie…-
Kagome volvió su cabeza hacia la pared, tragó saliva.
- Será mejor que descanses, Kagome –Susurró apartándose de ella sutilmente, para apoyarse en el suelo sobre sus talones-
- Kagome… -Repitió ella, casi para si misma- Es… ese mi nombre… ¿No es así?
El hanyou asintió.
- Por favor… Quédate junto a mi –Le dijo finalmente atrapando sus ojos dorados- No sé por qué, pero cuando te veo encuentro a una persona protectora. Aunque no recuerde nada, contigo me siento… segura.
InuYasha se quedó mudo, sin saber qué decir o cómo reaccionar. "¿Segura? Feh, eso sería cierto si en este momento no estuviese su cabeza cubierta de vendajes". Rápidamente dirigió un vistazo rápido a su cuerpo, olfateando sutilmente el aire con su fina nariz, buscando alguna hemorragia o herida en algún lado aparte de la cabeza. Sólo notó algunas magulladuras en sus dedos, nada más de qué preocuparse…
- No voy a dejarte sola, pero debes intentar dormirte.
Kagome lo miró, en parte extrañada. Pestañeó dos veces, intentando aclarar su visión, sin conseguir resultado.
- ¿Quién eres para mí…? –Le preguntó suavemente, intentando tranquilizarse-
El muchacho abrió sus labios para responder, pero de pronto sus orejas tiraron bruscamente hacia atrás al tiempo en que la puerta de la habitación se abría lentamente. A ella entró tímidamente Souta, quien con su mirada le indicó a InuYasha que debía salir por un momento.
Kagome se aferró a su ahori.
- Será por unos momentos, Kagome –Dijo poniéndose de pie frente a ella-
Sus manos soltaron las ropas, sin embargo su rostro no permitió relajarse. El hanyou siguió a Souta, sin dejar de mirar a la joven mujer que se había quedado sentada en la cama con mirada confusa y… con miedo. La puerta hizo un "clic", con ellos del otro lado. Kagome se incorporó un poco, llevándose una mano a su cabeza por el dolor, y observó a su alrededor.
Una brisa calma meció las cortinas de la habitación aún decorada en colores rosas y pasteles, llegando hacia el rostro de la joven, quien cerró los ojos y suspiró, sintiéndola llegar a ella y llenar cada poro de su ser.
Al abrirlos halló, a pocos metros de ella y puesto en un portarretrato, la fotografía de un muchacho de traje rojo junto a una muchacha. A esa distancia le costaba trabajo diferenciar muy bien, pero no tardó demasiado en llegar a la conclusión de que aquel muchacho se trataba del mismo que estaba hace un rato junto a ella.
- ¿Qué es todo esto? –Se preguntó sentándose al borde de la cama- Ese joven que estaba conmigo… -Entonces recuerda de pronto los pequeños "adornos" en su cabeza- Pero… parecían… orejas…
Miró hacia la puerta, más confundida que antes, y suspiró.
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El hanyou golpeó la mesa con sus manos, haciéndola retumbar.
- ¿DEL ÁRBOL¿SE CAYÓ DEL ÁRBOL? –Preguntó a Souta, quien estaba sentado frente a él-
- Ella ya estaba bajando… -Murmuró llorando de nuevo- Fue muy rápido… ¡Y no pude hacer nada!
Apretó la mandíbula, enseñando sus colmillos. No tenía por qué gritarle al niño… Sabía muy bien que realmente no estaba molesto con él, no había mucho que hubiese podido hacer por su hermana. La verdadera razón de su enojo era por él mismo, por haber permitido que algo así…
- Si, comprendo… Muchísima gracias por su ayuda –Oyeron decir al abuelo, quien estaba hablando por teléfono con el doctor, según parecía-
- Es necesario que tú también escuches las recomendaciones del doctor, InuYasha. Esto nos concierne a todos –Le dijo la madre de Kagome, quien hasta ese entonces no se había movido de la pared a la que se había recostado. Se le notaba bastante tensa, y miraba constantemente su reloj- "Son las 7 de la noche…"
InuYasha asintió, al tiempo en que el viejo entró a la cocina donde estaban. Su semblante mostraba aflicción, y por un momento casi pudieron predecir lo que venía a continuación. Todos prestaron mucha atención a sus palabras.
- Suponiendo que la amnesia sea temporal… -Comenzó a decir el anciano, sin mirar a nadie realmente- No hay mucho que se pueda hacer. No existe tratamiento médico que garantice la completa recuperación de la memoria, el cerebro es tan complejo que cualquier nervio dañado, por más pequeño que sea, significa mucho.
- ¿Qué quieres decir con eso? –Preguntó la madre, temiendo que la recuperación de su hija no fuese pronta. Sin embargo intentó por todos los medios no dejar notar el miedo que tenía-
- Hija, tranquilízate. El medico anexó que si el daño es tan superficial como parece, cabe la posibilidad que Kagome tenga pequeños fragmentos de sus recuerdos... y nos corresponde a nosotros reconstruirlos con cosas que ella vaya asimilando…
InuYasha alzó una ceja, confuso. Souta consideró un poco las palabras de su abuelo. La madre se quedó en silencio mirando hacia el suelo, apretó nerviosa sus manos por un momento… Luego se incorporó levemente y preguntó si alguien quería una taza de té.
- Amigo con orejas de perro… -Dijo Souta por fin- Quédate con mi hermana por hoy. Es a ti a quien tiene más confianza.
Su abuelo asintió de acuerdo.
- Llévala contigo a través del pozo –Dijo él- Es allá donde pasa la mayor parte de su tiempo. Y muy seguramente significará algo para ella el ver rostros tan familiares…
- ¿Qué… la lleve a mi época?
No se dijo más, ya todos habían tomado la decisión por él, convencidos de que los más recientes recuerdos de Kagome se alojaban en aquella época. Si había una esperanza de recuperarla, era esa.
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A pesar de que Kagome dormía placidamente, InuYasha no podía conciliar el sueño; todo el tiempo estuvo pendiente de ella y de su bienestar. De vez en cuando la escuchaba murmurar en sueños o la veía apretar el cobertor bajo su mano.
- Duerme bien... -Susurró despacio mientras se ponía de pie y se dirigía hacia la ventana-
Al hacerlo vio de pronto una imagen familiar en la mesa de noche. Sus pupilas se expandieron debido a la falta de luz, y en ella se reconoció a sí mismo junto con Kagome, en el Sengoku. Estaba él de pie frente a la cabaña de la anciana Kaede con Colmillo de acero en su funda y apoyado en su hombro, y Kagome a un lado suyo tomándolo por el brazo. Ella con una sonrisa cálida hacia el frente, y él… con una ceja alzada y una mirada muy confusa viendo a la jovencita que no hacía más que sonreírle a una ridícula máquina posicionada delante de ellos.
Recordó entonces el día en que Kagome había llevado aquel raro objeto que desprendía una luz extraña al accionar un botón. Lo había llamado "Cámara Digital", y estuvo todo el maldito día con el condenado aparato persiguiéndolo por todas partes diciendo que era importante para ella "atesorar momentos". Y él no lo comprendió muy bien hasta que ella le explicó cómo funcionaba exactamente, y le prometió darle algunas de las "fotografías" que había tomado ese día.
Al principio creyó que se trataban de pinturas –muy buenas pinturas, por cierto- pero comprendió que surgían por acción del extraño aparato, o algo así. Una vez hacia mucho tiempo también había visto un libro donde habían muchas de ellas con Kagome y sus amigas... En ese momento se preguntó si algún día podrían hacer una "pintura" como esa de él con ella. Pero claro, nunca lo dijo.
Negó con la cabeza, ese no era momento para pensar en esas cosas. Se disponía a salir por la ventana sumido en aquellos pensamientos, se apoyó en ella; sin embargo la voz de Kagome lo detuvo de continuar.
- ¿Vas a irte? –Susurró suavemente apoyándose en sus brazos-
- ¿Desde cuando estás despierta? –Murmuró dejando de apoyarse-
- Desde hace poco… Me di por vencida. Sólo tengo pesadillas que no comprendo –Le dijo algo avergonzada- Sonará muy infantil, pero parece que no hago más que soñar con monstruos y demonios…
- Juh, si… –Sonrío cerrando los ojos- "Monstruos y demonios… Que raro…"
- Por favor, siéntate aquí a mi lado... –Murmuró ella dándole espacio para que se sentase en la cama-
InuYasha la mira curiosamente y se sienta a su lado. Kagome le devolvió la mirada y sonrió, entonces se recostó contra su hombro...
- ¿Sabes algo? Me siento feliz estando contigo... –Dijo ella, a lo que InuYasha se tensó- Y aunque en este momento no sirva de mucho el tan solo verte, créeme que sería muy feliz si llegase a recordarte… Al menos a ti. No importa si termino por recordar algo que no debo…
InuYasha no comprendió muy bien a qué se refería con eso, y de hecho no le dio muchas vueltas, estaba demasiado concentrado en las primeras frases que dijo ella.
Pasó su brazo con toda naturalidad alrededor de los hombros de ella, como siempre acostumbraba a hacer durante las noches frías alrededor de la fogata mientras estaban de viaje y tenían que quedarse a la intemperie. Kagome se quedaba dormida en su hombro, y él con su mejilla apoyada en la cabeza de ella. Ya se había vuelto algo común de ver. El lazo que los unía a todos en aquel grupo sólo se había intensificado con el paso de los años -2 años, para ser exactos.-
InuYasha suspiró. Siempre se había sentido a gusto con Kagome, sin embargo ahora había algo diferente… Sentía que ella dependía totalmente de él. Y a su vez se sentía más responsable que antes.
Su corazón comienza a palpitar rápidamente, mira de reojo a Kagome, solo para darse cuenta de que se había quedado dormida recostada en él. El joven sonríe, estrecha a Kagome contra su cuerpo y respira profundamente su aroma a flores.
- Kagome...-Suspira- No te preocupes... Yo me encargaré de tu recuperación, y poco a poco irás recordando todo.
Permaneció unos cuantos minutos con Kagome apoyada en su hombro, luego se hizo a un lado y la recostó en el suave lecho para dejarla descansar con mas comodidad...
El reloj de su mesa de noche marcó las 2 de la mañana.
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El canto de las aves llegó hasta los oídos de Kagome. Ella estrechó sus ojos perezosamente, y después los abrió lento, para encontrar a InuYasha sentado contra la pared frente a su cama.
- Despertaste –Sonrío el hanyou en cuanto la ve levantarse-
- ¿Esperabas a que lo hiciera? –Preguntó con una sonrisa tranquila. Su visión estaba mucho mejor que el día anterior y le agradó poder detallar con claridad el rostro de aquel muchacho-
Uh, momento… Y ahora que detallaba…
Abrió los ojos grandemente, pero sin miedo, reaccionando al ver con la luminosidad del día las orejas de InuYasha.
- Oye… ¿Y… eso? -Preguntó sorprendida señalando hacia su cabeza- ¿Son… reales?
Como un efecto instintivo, InuYasha movió ligeramente sus orejas, sin saber qué decir realmente. Entonces ella se sienta en el suelo, a su lado, sin dejar de ver aquellas extrañas extremidades que acababan de moverse frente a sus ojos.
- ¿Puedo… tocarlas? –Dijo ella con mirada curiosa-
- No pareces asustada –El hanyou las volvió a mover, pendiente de la reacción que tuviese Kagome, pero ella permaneció quieta y en calma-
- ¿Asustada? No lo creo. Sorprendida si, esto es algo… -Se encontró a punto de decir "…que nunca he visto", pero se retractó ante su falta de conocimientos para comparar algo semejante-
Él la escuchó cuidadosamente.
- Bueno… Supongo que debería sentirme como en un sueño o una fantasía, pero de alguna forma siento que estoy fuertemente ligada a todo esto que estoy viendo y sintiendo, y que por eso no debo temer. Mucho menos de ti, que has estado tan pendiente de mi desde que desperté –Él asintió, y una imperceptible sonrisa se dibujó en su rostro- Por cierto… -Kagome estira una mano tímidamente hacia él, pero se detiene a medio camino- ¿Me dejarás tocarlas?
- Eh… -Movió la cabeza a un lado, y un ligero rubor invadió sus mejillas. Le dijo que si-
La joven estira su mano nuevamente hasta tocar su oreja derecha. InuYasha se tensó al sentir el tacto suave en un área tan sensible como aquella, y Kagome las comenzó a sobar delicadamente. Quizás con miedo a que se rompiesen… (Uno nunca sabe -.-).
- Son… muy lindas –Dijo con una sonrisa pequeña- Dan ganas… de morderlas.
InuYasha carraspeó. No podía estar mas avergonzado, era la primera vez que Kagome se comportaba con él de una forma tan... ingenua ¿La palabra era ingenua? Bah, a la mierda… El caso es que estaba muy… rara con él. Sin embargo debía confesar que también estaba dispuesto a dejarla acercarse de esa manera… Claro… Tú sabes… Sólo para ver si recuperaba la memoria, claro está…
Kagome lo ponía más nervioso que antes… Pero es que nunca había podido evitar el atrayente encanto de aquella jovencita, que el paso del tiempo sólo se volvía más y más hermosa. No era la primera vez que lo pensaba, pero sus caderas se habían vuelto más redondeadas y anchas, sus pechos más amplios y firmes, su cintura más pequeña y algo marcada por el esfuerzo que requería pasar tanto tiempo en el Sengoku -¿Que cómo sabía eso?... Bueno, el hanyou tiene muy buena vista para "ciertas" cosas. Sobretodo cuando se están cambiando de ropa y creen no ser vistas de reojo ¡Ahem!- Su cabello se había alargado y alisado un poco (aún conservando los rizos en las puntas) sin perder nunca ese inconfundible aroma a jazmín…
Oh, maldición. Suspiró "frustrado" el hanyou… Cuantas estupideces alcanzaba a pensar por segundo… Ahora seguramente sus mejillas debían estar más rojas que antes, su cabeza llena de pensamientos ridículos, su corazón a toda velocidad, y su ingle…
- Oye ¿Por qué no salimos para que puedas "mostrármelo" todo? –Dijo animadamente de pronto-
- … ¿Eh? Oo
InuYasha salió rápidamente de sus pensamientos, tragó saliva y casi se cae de espaldas al escucharla… "Mostrármelo todo"… Se quedó mudo por un momento sin saber qué decir… ¿Había oído bien¡Eso era el colmo¿Quién se creía esa jovencita al estarle pidiendo que saliera y le mostrara su…su…? Oh… Momento…
La observó con más atención. Ella estaba mirándolo muy sorprendida por la reacción, y su dedo estaba señalando hacia afuera de la ventana…
¡Ahhh…¡Afuera! Oh, ella se refería al jardín ¡Claro, si, por eso decía que estaba bien si le mostraba los alrededores y…!
Suspiró, ruborizado y sintiéndose ridículo: "Eso fue lo más estúpido que he pensado en toda mi vida…" –Se dijo a sí mismo, culpándose de imbécil y de muchas cosas más-
- ¿Te sientes bien? –Preguntó ella, algo asustada y sin comprender las miles de caras que había alcanzado a hacer el hanyou en tan solo 3 segundos- O quizás será mejor no hacerlo, si no quieres salir.
- Oh, no te preocupes. No pasa nada, estoy bien. –Dijo en un tono algo arrogante, sólo para disimular el gran GRAN sonrojo de sus mejillas-
Ella sonrío.
Pudo tranquilizarse con la imagen que le brindaba InuYasha, el único guía en quien hasta ahora confiaba plenamente…
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Pasaron unos minutos mientras InuYasha le daba la privacidad de bañarse y cambiarse de ropa. Todavía bastante avergonzado de haber pensado semejante cosa cuando la pobre Kagome no tenía ni idea de…
Suspiró de nuevo, si hubiese estado unos segundos más sumido en aquellos pensamientos, habría tenido que salir de ahí cubriéndose su entrepierna para evitar que Kagome lo viese...
- … ¡Keh! –Vociferó una vez más, mientras que la madre de Kagome le hablaba y le hablaba y le hablaba mientras llenaba con víveres y ropa limpia la ya muy grande mochila amarilla (Oh esa mochila ya es prácticamente otro personaje -.-) que él traída colgada de sus hombros. Querían que él la llevara al Sengoku-
La familia ya se había despertado, y sentían un gran alivio al ver que la condición de su hija prosperaba, y creían ciegamente en que en algún momento recuperaría lo que había perdido en esa brutal caída. Kagome aun se encontraba en su cuarto, en ropa interior, estaba probándose varios vestidos, haciendo el esfuerzo por que alguno le recordara algo.
- … Hasta ahora no sé nada sobre mí… -Susurró dándole un vistazo a sus prendas colgadas en su armario- Para mí, prácticamente mi vida comenzó ayer…
Movió algunas prendas, y de pronto se sorprendió al toparse con algo al fondo del armario. Era un uniforme… Y al verlo inconcientemente sintió cómo su corazón se aligeraba. Algo la atraía a aquellas prendas blancas y verdes.
Las sacó, con la esperanza de darse una pista de lo que significó para ella… Sin éxito. Resopló, decepcionada, y lo dejó de vuelta en el mueble, llevándose consigo un vestido por encima de las rodillas color crema de tiras y con bordados de flores blancas alrededor del escote.
De repente escucha una risa proveniente del jardín. Pronto termina de vestirse y se asoma por la ventana de su cuarto. Era su hermano, y estaba jugando con Buyo...
- Souta… -Aquel nombre llegó a su mente de la nada. Agrandó los ojos y cubrió su boca con su mano, dándose cuenta de lo que eso podría significar-
Enseguida abre la puerta y baja las escaleras cuidadosamente, debido a que aun su cuerpo dolía. Buscando a InuYasha con su mirada. Pero fue él quien sintió su aroma y llegó a ella.
- ¡Kagome! -Corre y la ayuda a terminar de bajar- ¿Qué haces aquí? Debiste haberme llamado, aún puedes estar débil y lo que menos quiero es que te lastimes por no tener cuidado al bajar las malditas escaleras y…
Uh, un reclamo, qué raro en él… Algunos hábitos simplemente eran imposibles de cambiar…
- ¡Oye, dime que ese niño se llama Souta! –Le preguntó emocionada, ignorando el reciente regaño por parte suya- ¿Se llama Souta, verdad? –Sonríe señalando al pequeño niño en el jardín-
- Si, ese es su nombre –Dijo extrañado-
Un pequeño grito salió de entre los labios de la joven, y de un impulso, se lanzó hacia InuYasha y entrelazó sus brazos alrededor de su cuello. Él: Paralizado.
- ¡Lo recordé¡Recordé su nombre¡Lo acabo de hacer! –Exclamó casi hiperactiva, bastante entusiasmada-
- Kagome… ¿Eso es verdad? "Si lo recordó, entonces significa que todavía hay posibilidad de…" -Se separa de ella y se arma de valor para tomarla de la mano- Tengo muchas cosas que contarte sobre ti, y también sobre nuestros amigos.
- ¿Eh¿Me lo contarás? -Sonríe abiertamente, mientras el hanyou la hala entusiasmado hacia el templo-
"Hay muchas cosas que quisiera mostrarte también…"
Continuará…
Muy bien. Eso fue todo por hoy, espero sus respuestas, y de nuevo gracias por leer º 0º
