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Lena.

Con tres periodos de clase transcurridos, me encontraba frente a mi casillero tomando el cuadernillo de química que necesitaría la siguiente clase, además de otros libros. Saqué los cuadernos que ya no necesitaría de la mochila café que siempre llevo cruzada por detrás, mientras los alumnos desfilaban desordenadamente por el pasillo.

Una voz femenina reclamaba mi atención entre el mar de voces en el pasillo.

— ¡Hey! ¿Sabes que no te había visto en todo el día? —reclamó la chica, que ya me había abrazado. Luché por zafarme, pero solo logré que aumentara la fuerza de su abrazo. Cecilia; alta, delgada, de largos y desarreglados cabellos azabache, no era exactamente el tipo de chica que va por los pasillos regalando amor y paz a la gente, de hecho, los abrazos no era exactamente lo suyo. Pero, por alguna extraña razón le gustaba abrazarme, quizá la culpa era mía por abrazarla en contra a su voluntad tantas veces, tantas que al final se acostumbró, incluso ahora ella es quien me abrazaba a mí. Era lindo saber que solo yo gozaba del privilegio de ser abrazada por "Ceci".

—Si llego tarde a química y Vázquez me mata, considérate culpable—declaré.

—Vaya, química. — Murmuró soltándome al fin. — Nos vemos en la cafetería después ¿No?

—Por supuesto. ¿Las veo ahí?

—Claro, buscaré a los demás después de mi entretenida clase de cálculo—respondió sarcásticamente. Vaya que odiaba cálculo. —Apuesto a que Vázquez te retrasara de algún modo— me aseguró. Probablemente estaba en lo cierto.

—Y seguramente me matará si no llego— recalqué—Te veo luego— Me despedí de Cecilia para dirigirme al aula de química, junto al laboratorio. Tomábamos las clases teóricas en el aula y las prácticas en el laboratorio, esta era la primera clase del semestre por lo que entraría en la categoría de "clase teórica".

Entré y saludé al profesor para continuar caminando hacia un asiento vacío en la segunda fila, junto a la ventana, me gustaba sentarme ahí, incluso había sido mi lugar durante todas las clases de química del semestre pasado. Mientras caminaba a mi lugar, miré a un chico que no había visto antes. Lucía alto, delgado –pero bastante fornido–, cabellos de un lacio castaño –lo bastante largos como para apostar que "Sayuri", la prefecta de la escuela, le había ordenado cortárselo, pero seguía siendo del corto justo–. Apostaría mi mesada del mes a que la mitad de las estudiantes femeninas de la escuela, lo habían "escaneado" ya, incluso algunas lo miraban en ese justo momento. Lo hacían con justa razón, el chico era atractivo, justo la clase de chico atractivo que pasa de chica en chica y quizá hasta con dos a la vez.

La clase comenzó con el recordatorio de las reglas en clase y una especie de amenaza de bienvenida de parte del profesor Vázquez, un hombre de 48 años, regordete, de mirada severa que contrastaba con su sonrisa cálida. Uno de los profesores más estricto, temido e incluso odiado de la escuela, excelente profesor, pero era difícil llenar sus expectativas. Química era ya una materia difícil para muchos, él la hacía más exhausta en algunas ocasiones, pero si aprendías a lidiar con su humor en clase y te esforzabas en su materia podía incluso llegar a un buen puesto en el "top ten de profesores buena onda".

Su advertencia de entrada "Están aquí para estudiar, no para calentar sillas. No pienso regalar calificaciones. Si tienen esa idea en mente vayan cambiando de plan. No quiero alumnos mediocres", era intimidante y le ayudaba a lograr esa primera impresión de "Lo voy a odiar". Sin embargo, se ganó el lugar como uno de mis profesores favoritos.

La clase terminó y noté que el chico, que bueno, supuse era nuevo, se adelantó y fue hacia el maestro. Acomodaba mis cosas, cuando el profesor me llamó con una seña, pidiendo que me acercara. Tomé mi mochila y me acerque a él y el chico nuevo que lo acompañaba, asentí indicándole que continuara. —Lena, transfirieron a este chico de otra escuela, no ha llevado química en su anterior colegio— explicaba tranquilamente— Ya que tú eres una de mis mejores alumnas, me gus…—Simplemente genial, ya sabía a donde iba a parar todo este discurso de "Lena, eres una de mis mejores alumnas". —Me gustaría que lo ayudaras con química. No pienso atrasarme por un alumno—advirtió más para el nuevo que para mí, pero seguía sintiendo la presión en esa advertencia. — ¿Podrías darle lo más básico del primer curso? — Solo me bastaba asentir, no tenía otra opción más que esa.

El chico permaneció callado, a juzgar por su expresión amigable, esto le agradaba tanto como a mí; nada. De igual forma, no podía negarme, cuando Vázquez dice "¿podrías?", es "¡Haz!"

—No hay problema, profesor.—Supongo que mi voz no era precisamente la más cordial, pero me habían arrastrado a asesorar al nuevo, no estaba contenta.

—Perfecto, ya ustedes quedaran de acuerdo de los horarios. Josh, ella será tu tutora, te pondrá al día en química. —le dijo al chico, quien al parecer se llamaba Josh—Lena, tu nuevo asesorado.— continuó, dirigiéndose a mí.

Una sonrisa falsa de "¡Genial, esto apesta!" se dibujó instantáneamente en mis labios. Miré a Josh, era obvio que ninguno de los dos era feliz con esto.

Atravesé la entrada de la biblioteca con Josh detrás de mí, como le había indicado. Le pedí se sentara en una de las mesas en la biblioteca, mientras yo buscaba entre los libreros repletos de material de ciencias; revisé algunos estantes tomando tres libros de química. Acudí donde la bibliotecaria para explicarle la situación y pedí permiso para sacar los libros, después de revisar mi credencial, la señora Aurora me indicó que tenía dos semanas para regresar los libros, ella anotó mi préstamo en el registro y regresé mi atención a donde se encontraba Josh.

Mientras caminaba a donde estaba el chico, me percaté de su mirada, la mantenía fija a mí, parecía determinar si yo era una amenaza para sus planes malévolos de conquistar la galaxia y buscará la forma de deshacerse de mí. Si sus pupilas no se alejaban de mí, probablemente si sería una amenaza para sus planes de seguir viviendo.

Me senté frente a él y comencé a explicar algunas cosas básicas del tema, el chico solamente asentía a cada cosa que le decía hasta que le pedí que leyera la página 46 del primer libro "Propiedades de la materia". Era irritante que solo respondiera con un leve movimiento de cabeza; no es que quisiera mantener una intensa conversación amistosa con él, pero me irritaba que no me respondiera. Tenía toda la pinta de conquistador nato, parecía un idiota pero como punto bueno no parecía tan idiota comparado con varios chicos de la escuela. Me preguntaba cómo había logrado que Vázquez me encargara ayudarlo, no solía hacerlo con cualquier alumno. Por lo general habían dos posibilidades: Lo consideraba un buen alumno o lo consideraba un reverendo idiota, era difícil de saber el primer día pero seguramente el profesor ya se había dado a la tarea de revisar el historial académico del chico.

—Entonces…— dijo Josh, sacándome de mis pensamientos—Supongo que voy a pasar mi primer descanso encerrado en la biblioteca contigo ¿no? — protestó. Su tono me decía que estaba molesto, no lo juzgaba, en realidad sí: yo era quien debía estar molesta, no él.

—Tampoco es que a mí me guste la idea—Repuse — También estoy perdiendo el almuerzo por estar aquí con un idiota al que no conozco.

—Supongo entonces que la idea te irrita tanto como a mí.

—Inteligente suposición— Lo había juzgado mal, no parecía un idiota; lo era.

—Perfecto, entonces no habrá problema en que repase solo. Si tengo dudas te buscaré — insistió molesto. La idea no era mala, sin embargo había sonado como una orden más que como una sugerencia. No tendría un regaño por parte de Vázquez, por culpa del estúpido ser vivo que estaba sentado frente a mí. Iba a protestar pero el timbre sonó.

—Escucha. Es buena idea y será así la primera semana pero después de eso te enseñaré estequiometria y otros ejercicios, supongo los usaremos de nuevo en este curso. — Argumenté, ya realmente molesta. Él quería decir algo pero continúe— Llévate los libros, trátalos como si tu trasero dependiera de ellos, porque lo hace. — Advertí. —Salen de la biblioteca bajo mi nombre, si les pasa algo te mato ¿entendido? — concluí mientras el aún me miraba sorprendido. Salí de la biblioteca sin esperar una respuesta, mi próxima clase iniciaría pronto, no podía esperarlo y tampoco planeaba hacerlo. Salí y me mezclé entre los alumnos que se dirigían a sus aulas.

Salí de mi última clase del día, me dirigía a la salida acompañada de Sirenia, mientras me cuestionaba sobre mi desaparición en el descanso. Le hablé de mi desafortunado encuentro con el chico nuevo, y me dijo que había estado sentado detrás de mí toda la clase de literatura. No lo había notado hasta química, cuando me vi forzada a poner al idiota, al día con la materia.

Me pareció un idiota, un chico completamente engreído. Lo era, yo lo aseguraba. Según Sirenia las féminas de la escuela habían murmurado todo el descanso sobre este chico. Si hubiera apostado mi mesada, ahora tendría para el libro que había encontrado la semana pasada, desafortunadamente no había logrado concluir mi apuesta con nadie más que conmigo misma.

Nos dirigimos al estacionamiento donde ya se encontraba reunido nuestro grupo, planeaba saludar pero mi querido primo Mark, decidió adelantarse una vez que notó nuestra llegada.

—Venga— murmuró—pero si es nuestra desaparecida.

—Estuvo en la biblioteca con el nuevo. —anunció Sirenia.

—Primer día y ya estas con tus conquistas. — se burló Mark—No pierdes el tiempo nunca, primita.

—No es gracioso. —Indiqué, lanzando mi codo hacía su estómago.

—Vale, vale entendido. No es gracioso. —Repitió, alzando los brazos en señal de rendición —Pero sin violencia, por favor.

—Entonces, nos dejaron plantados por asesorías de química con el nuevo. —Intervino Cecilia—Vaya mierda—farfulló.

— ¡Momento, que no fue culpa mía! — me defendí—Vázquez dijo "Ponlo al día con química y yo no…

—Y mi primita no puede negarle nada a su querido profesor. —Me interrumpió Mark. Posó su brazo izquierdo por encima de mi hombro derecho abrazándome— Espero que estés consciente de que nos la cobraremos. —añadió.

—Pizza y videojuegos en casa de la desaparecida. —anunció Cecilia tomando la misma posición de Mark pero a mi lado izquierdo. Mark y Cecilia se miraron en complicidad y rieron mientras chocaban sus palmas.

—Ya cásense. —repliqué. Me escurrí fuera de su abrazo, dejando caer sus brazos a los lados. Reíamos por lo recientemente sucedido cuando el grito de Esteban, desde la entrada de la escuela, atrajo nuestra atención. — ¡Hey, chicos! — gritó de nuevo, mientras corría desde la entrada del edificio hasta nuestra posición.

—Bro, el sol está matando como para un maratón—se burló Ulises, quien tomaba de la mano a Jennifer.

—Estamos todos, lleva a tu novia y yo llevo a las demás. —Sentenció Mark — ¿Vienes conmigo o trajiste tu auto? —preguntó dirigiéndose a Esteban. — Vamos por pizza a casa de la extraviada.

—Voy en mi auto. Adelántense, los alcanzaré luego.

— ¿Algún problema? ¿El maratón fue por algo? — intervino Iris

—No, bueno… ¿Recuerdan que les hable de un amigo que no veo hace un tiempo y estudia aquí?

—El que se unirá al equipo ¿No? —preguntó Mark

— ¿Te respondió? —secundó Ulises

—He ahí el problema, le pedí que me viera durante el receso pero no lo he visto en todo el día. —argumentó Esteban

—Quizás estaba en la biblioteca con mi primita y su amigo. —se burló Mark. No lo superaría, vive para fastidiarme y ahora tenía una manera más de hacerlo.

—No lo creo. No había nadie más ahí.

—Uhm —susurró Cecilia — y así dice que no fue una cita— Le miré pidiendo que dejará el tema.

— ¿Eh? —me miró confundido Esteban. — ¿Tu amigo? ¿Qué amigo?

—Larga historia, luego te cuento.—respondí fastidiada.

— ¿Entonces?

—Entonces nos adelantamos. Busca al chico y llévalo, nos vemos ahí. —indicó. —Sirve que lo conocemos. — Me aclaré la garganta. Curioso, Mark colando extraños en mi casa. —Claro— continuo. — si a mí preciosa primita no le molesta. — dijo en tono suplicante y con una sonrisa arrogante en su rostro.

—De acuerdo. — respondí quizá demasiado poco convencida. Debo aceptar que la idea no me agradaba totalmente pero necesitaban un cuarto integrante en su equipo de natación o tendrían que escoger otra actividad pues el colegio cerraría el club de natación a falta de miembros. Amaban la natación, si el amigo de Esteban se unía, no tendrían que abandonar el club. Además, siendo amigo de Esteban, no debía haber problema alguno.

Esteban estuvo de acuerdo con el plan de Mark, por lo que regreso a la entrada del colegio en espera de su amigo Mientras él esperaba, nosotros nos adelantaríamos; subimos a los coches y fuimos rumbo a casa.

Al llegar encargamos las pizzas por teléfono. Los chicos habían encendido la consola de videojuegos, así que Cecilia y Mark jugaban compitiendo entre ellos. Ulises y Jennifer, quienes estaban sentados en el sillón, servían como espectadores del duelo que se daba frente al televisor. Iris por su parte revisaba internet en mi computadora portátil en busca de una buena película de terror asiática. Eran nuestras favoritas, las películas americanas terminaban dando más risa que miedo.

Mientras, Sirenia y yo esculcábamos en la cocina. Ella buscaba en la alacena nuestros platos desechables-reciclables, estos eran desechables pero los lavamos al terminar de comer para no tirarlos, por lo que el paquete actual quizá había sido utilizado unas 10 veces antes de esta.

Tocaron la puerta y por el gritito de "¡Yo abro!" que se escuchó salir de los labios de Iris, seguí con mi búsqueda de refrescos en lugar de ir a abrir. Siempre tenía latas o botellas de soda entre la despensa, pues las tardes de pizza, películas y videojuegos eran comunes para nosotros. Escuché a Mark y los demás hablando fuera de la cocina y al terminar de buscar platos, vasos y refrescos, me dispuse a salir de la cocina al lado de Sirenia. La sorpresa que me aguardaba en la sala de estar, probablemente no sería grata.