Segundo Cap arriba :)
Disclaimer: Glee no me pertenece. La idea original y los personajes son propiedad de Ryan Murphy.
II
Está comenzando a ponerse ansiosa, y no es para menos. Primero es Mercedes quien llega, un viernes por la mañana, con la increíble noticia de que está embarazada. Rachel se alegra por ella, de verdad. Después de todo, Mercedes y Luke han estado saliendo por un año y medio, y conviven desde hace seis meses.
- ¡Esto es perfecto! Tu tendrás tu pequeño y Blaine y yo recibiremos el nuestro en cualquier momento. Sólo faltas tú, princesa.- dijo Kurt, como si tener un hijo se tratara de un corte de cabello o de un rol en un musical.
- ¿No sería fantástico? Los tres de las mismas edades, y Amy podría cuidarlos cuando sean más grandes, mientras nosotros disfrutamos de nuestra pre-menopausia en algún club.- bromeó Mercedes. Rachel no les está prestando atención (ni siquiera se da cuenta de que el café ya está casi helado para cuando lo toma). Aquella noche espera a que Finn se duerma para sacar el pequeño cofre que Amy guarda en su recámara, aquél con las pocas fotos de Laura que posee. La ve sonriendo, mientras acaricia su vientre. La ve sentada en el banco de un parque, con Kurt de un lado y Finn del otro, ambos con sus manos apoyadas sobre la enorme protuberancia en su estómago. Y siente celos por primera vez en todo ese tiempo. Siente celos de que ella haya experimentado todo aquel proceso junto a Finn, junto a Kurt, y junto a un montón de gente que son su familia ahora.
Ella quiere hablar con alguien sobre eso, pero no encuentra ni el momento ni el lugar adecuado, e inconscientemente comienza a evitar a su propio marido, con la esperanza de que él no note cuánto esa situación la está afectando. Sin embargo, no es Finn quien lo nota primero, si no Carole Hudson.
- ¿Estás bien, linda? Porque últimamente te noto… algo deprimida.- le dijo, aquella tarde, mientras terminaban de asear los platos del almuerzo del día de las madres. Rachel siempre había sentido aprehensión por aquel día. El día del Padre era su favorito, sin dudas, pero el día de la madre había sido (durante mucho tiempo) el más triste de todos. Debía ver cómo año tras año todos sus compañeros hacían manualidades para sus madres, mientras ella pintaba en un rincón algún estúpido dibujo que terminaría por quedar olvidado entre los papeles de la maestra. Haber conocido a Shelby, sin embargo, le había enseñado que no tener una madre no era lo peor del mundo. Por muy difícil que fuera no tener ese tipo de apoyo, Rachel pensó que muchas veces nuestras faltas nos definen tanto como nuestras virtudes, y haber sido rechazada por su propia madre la había hecho mucho más fuerte. Claramente, la vida había sabido compensarla en muchos otros aspectos, y más tarde Rachel se encontró con que tener a una Carole Hudson valía por un par de madres. Una tarde, mientras Amy, Finn y Burt arreglaban el viejo tractor en el patio trasero de la residencia Hummel-Hudson, Rachel recordó que nunca se lo había dicho, que nunca le había dicho a Carole cuánto significaba para ella. Dejo de secar los platos que habían estado lavando y la abrazó ahí mismo, en la brillante cocina.
- Sí. Lo lamento, pero no pude contenerme. Mañana es el día de las Madres y… bueno, tú has sido como una madre para mi. Creí… creí que debía decírtelo.- le confesó Rachel, después de unos minutos, tratando de no llorar y volviendo a su tarea con los platos.
- ¿Estás segura de que es sólo eso?- inquirió la mujer, incitándola a sentarse junto a ella en la pequeña isla de la cocina. Rachel la miró por un segundo, evaluando la situación, y supo que podía confiarle su vida a Carole Hudson.
- Bueno… últimamente me he sentido un poco decepcionada.- le explicó, sentándose a su lado y jugueteando con el borde de su delantal.- No lo sé, siento que hay expectativas que no soy capaz de cumplir, y eso me deprime un poco.- Carole asintió, con la mirada perdida.
- ¿Te refieres a que te estás poniendo un poco ansiosa por el hecho de que no puedes quedar embarazada?- inquirió. Rachel se sorprendió al principio, pero luego asintió un poco, dejando que un par de lágrimas se le escaparan. La mujer le tomó una de las manos, dándole un apretón cariñoso.- Quiero que me escuches, Rachel. Dudo que en este mundo exista una pareja que se merezca más un hijo que Finn y tú. Y no lo digo porque sean mis hijos, si no porque se cuanto se aman y cuanto han sufrido por ese amor. Pero debes entender que la vida tiene sus propios tiempos, y que es inútil tratar de luchar contra ellos. Que no siempre las cosas llegan cuando las esperamos, cuando más las deseamos. ¡Míranos a Burt y a mi! Ambos habíamos perdido las esperanzas de encontrar a alguien que nos quiera y que nos acepte tal cual éramos, con nuestras historias y nuestras complicaciones. Y, cuando menos lo esperábamos, la vida nos junto. Tú ya eres una madre y una esposa excepcional, Rachel. Y yo se que tarde o temprano recibirás tu recompensa por eso.- finalizó, limpiándole las lágrimas con el dorso de la mano.
- Feliz día de las Madres.- le murmuró Rachel, abrazándola tan fuerte como pudo, sin intentar contener la emoción. Sintió como el ligero suéter que llevaba se comenzaba a mojar en la zona del hombro, allí donde Carole se había apoyado. Se separaron después de unos momentos, soltando ambas una sonrisa y limpiándose el corrido maquillaje. Amy entró en la cocina, con la cara cubierta de aceite, y Rachel no pudo evitar sonreír al ver lo tierna que lucía con su pequeño overol.
- Papá dice que debo preguntarte antes de subirme al tractor.- le dijo, mirando a las dos mujeres de forma extraña.
- Bueno… si subes con él y el abuelo no veo porqué no puedes hacerlo.- respondió Rachel, limpiándole juguetonamente la punta de la nariz.
- ¡Gracias, mami, eres genial!- contestó Amy, entusiasmada, mientras salía corriendo de la cocina hacia el jardín.
- Feliz día para ti también.- le dijo Carole al pasar a su lado, acariciándola brevemente y regalándole una sonrisa cómplice. Rachel la acompañó hasta el jardín, adonde la contagiosa risa de Amy se fundía con los sonidos del tractor. Se acercó hasta Finn, que estaba apoyado en un árbol, y lo besó de lleno en los labios sin siquiera decirle una palabra. La forma rápida y urgente en la que él le respondió le dio a entender a Rachel que él había sentido esos días de incomprensible alejamiento.
- Gracias.- le murmuró ella, en cuanto se despegaron. Él no preguntó por qué.
