Disclaimer: Haikyuu no me pertenece.

Summary: No eran nada más que compañeros de equipo en la universidad, entrenaban juntos como cuando iban a la preparatoria y su relación era meramente profesional, sin embargo, un accidente pondrá en evidencia muchas cosas de las que creían huir. Embargarse en la piel del otro y decir que no eran nada fue su error, como intentar pensar que podían controlarlo todo. KuroTsukki.

Advertencias: Homosexualidad explicita. Escenas subidas de tono y lemon.


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Capítulo 2:

Los gatos hacen eso.

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Cuando la hora de práctica habitual llegó, finalizadas las clases en la universidad, Tsukishima se dirigió a los vestidores como acostumbraba, solía ser uno de los últimos porque odiaba la aglomeración de personas en un solo lugar. Ya nadie parecía acaparar el predio de descanso, así que se encaminó a su locker.

Escuchó pasos ingresando a los vestidores, no le dio importancia. Estaba concentrado en organizar sus pertenecías, acomodarse los lentes deportivos, lo de siempre. Estaba a medio camino de ponerse la ropa de práctica que trajo cuando los escuchó.

─¿Está todo bien? ─Era la voz de Kuroo, pero a diferencia de las veces que lo oyó, no portaba el tono despreocupado que lo caracterizaba.

Tsukishima iba a cerrar su locker cuando terminó de vestirse pero la voz de una segunda persona, lo hizo detenerse y aguzar su audición.

─Si… Sólo vine a verte. ─La voz de Kenma aún sonaba somnolienta y aérea, pero había algo en ambos que lo obligó a creer que las cosas no andaban del todo bien─. Lamento lo del otro día, Kuroo-san.

─Descuida. ─Lo oyó decir y casi pensó que volvió a ser el mismo de siempre─. Supongo que tuviste que inventarle una mentira para venir aquí.

Un silencio se instauró entre ambos que a Kei le pareció eterno. Se preguntaba por qué seguía allí parado cual fisgón, pero sería peor salir de allí en esos momentos y dejarse notar. No, debía ser listo y no lo decía porque quisiera oírlos.

─Lo siento ─Volvió a decir Kenma. Kuroo rio entonces, de una manera forzosa y dolorosa.

─¿Cuántas veces tendrás que disculparte? ─Sonaba cansado, pensó Tsukki─. Escucha, no tienes que preocuparte por mí.

─Hinata dice que no deberíamos dejar de hablar.

Tsukishima tragó en seco tras aquella revelación, recordando lo sucedido en su departamento hace una semana y media y de cómo Tetsuro lo confundió erróneamente con Kenma Kozume. Tenía fiebre y estaba mareado, pero lo trató con mayor confianza de la que cualquier amigo trata a otro.

Entonces lo comprendió.

─¿Y vienes aquí para decir que no hay rencores entre ambos, no? ─Su tono de voz revelaba amargura y sarcasmo.

─Haces más difíciles las cosas, Kuroo-san ─Respondió Kenma, lo escuchó suspirar─. Creo que mejor hablamos en otro momento.

Kuroo no dijo nada más, solamente se oyeron los pasos de Kozume, retirándose de los vestidores. Tsukishima cerró su locker, provocando que Tetsuro diera un respingo. Cuando lo vio saliendo de la zona de los casilleros, el azabache esbozó una sonrisa cansada.

─No hace falta que pregunte cuánto has escuchado, ¿o sí?

─No fue mi intención ─Respondió con la mirada gacha. Kuroo se encogió de hombros, ninguno dijo nada por un momento.

─¿Sabes? Nunca antes le tuve tanta envidia a alguien como ahora al enano de Karasuno. ─Tsukishima lo miró y algo en su pecho le dolía al apreciar aquel semblante en el mayor. Nunca antes había visto a Kuroo sin su habitual autoconfianza.

Cuán devastado debería sentirse, pensó y saber la respuesta le asustaba.

─Kenma miraba distinto a Hinata, incluso desde la preparatoria.

─Era consciente de eso ─Sonrió con pesar─. Aun así, no quise rendirme con él.

«¿Y ahora?» Quiso preguntar Kei a su superior, pero prefirió guardarse aquella pregunta para sí mismo. Volvió a recordar la manera en la que Kuroo lo sujetó para tirarlo sobre la cama y posicionarse encima de él. ¿Lo mismo hacía con Kenma? Imaginarlo le daba náuseas.

¿Por qué?

─Es extraño verlo así.

Kuroo no pudo resguardarse su risa y eso le quitó un poco de aire al rubio.

─Supongo que esto siempre sintió tu eterno enamorado, ¿eh?

Tsukki lo miró y volvió a encontrar esa sonrisa felina en el rostro de su superior. Se refería a Yamaguchi, pensó. Tsukishima frunció el ceño con molestia.

─Él no…

─¿Se lo has preguntado alguna vez? ─Kuroo dejó la comodidad de la pared para enderezarse y dar pasos lentos hacia Tsukishima─. Dices que Kenma miraba a Hinata de una manera distinta. ¿Cómo pudiste darte cuenta de eso y eres ignorante de la forma en la que Yagamuchi babeaba por ti? ─Se acercó lo suficiente como para poder susurrarle al oído con malicia─. Eres cruel, Megane-kun.

Su cercanía lo incomodaba, aceleraba sus latidos y su voz, tan próxima, erizaba su piel. Sentía su sangre correr con mayor fuerza. Se recordó debajo de él en la cama y eso fue suficiente para empeorar las cosas en su cabeza.

─Supongo que tu indiferencia hacia el pobre Yagamuchi era la misma que Kenma me ofrecía por andar enamorado de otro. ─Tsukishima no lo miraba, pero tampoco se apartaba. Estaba como metido en un limbo sin sentido entre el deseo de huir y el anhelo por quedarse─. ¿De quién estás enamorado entonces, Megane-kun? ─Susurró, ésta vez mucho más cerca de su mejilla. El sencillo roce de su aliento lo ponía a mil. Se sentía patético, pero tampoco es que hiciese algo por remediarlo.

─Eso es lo único que sabe hacer, ¿no es así? ─Dijo Tsukishima sin dejar de mirar otro punto lejos de los orbes oscuros que lo observaban en esos momentos─. Intenta recobrar el control de las cosas, acorralándome de ésta manera. Los gatos hacen eso, ¿no? Acorralan para sentirse superiores.

─Megane-kun… Eres un tipo molesto, ¿te lo dijeron? ─Tsukishima sonrió con falsedad y lo miró a los ojos. Kuroo frunció el ceño sin borrar su sonrisa del rostro.

─Gracias ─Respondió el rubio, incrementando la molestia en el mayor─. Creo que ya habrán notado su ausencia, Kuroo-san. Dudo que quiera prolongar las horas de práctica.

El azabache no se movió durante un segundo y tampoco apartó los ojos de los del menor. En verdad era un tipo molesto, volvió a pensar, pero debía admitir que le gustaba esa impertinencia suya. Sonrió y comenzó a alejarse rumbo a la salida de los vestidores.

─Prepárate para un entrenamiento exhaustivo, Megane-kun ─Dijo Kuroo antes de marcharse y perderse de su vista.

Tsukishima volvió a respirar apenas se marchó y asimilar aquel momento de tensión, lo hizo maldecir. Comenzaba a pensar que tenía una cierta debilidad ante el ex-capitán de los Nekoma y eso le desagradaba.


Salió del baño sintiéndose renovado. Un día en la universidad seguida de un par de horas de práctica con el equipo lo agotaban bastante. «No hay como un buen baño que reponga los ánimos», solía decir Akiteru con su agraciada sonrisa comprensiva. Odiaba darle la razón a su hermano mayor, pero en definitiva, se sentía mejor tras ello.

Miró la hora en su teléfono, eran las nueve de la noche, hora propicia para leer algunos libros y luego dormir. Se dirigió a la cocina para buscarse un bocadillo, pero cuando bajaba por las escaleras, escuchó la risa de su hermano en compañía de la de alguien más.

Una risa que conocía a la perfección.

«Por favor, no…»

─Eh, Kei ─Llamó su hermano en cuanto lo vio cruzando la cocina. No estaba solo y era su acompañante la razón por la que el apetito se le cerró al instante─. Ven y saluda a tu sempai.

─Tsukki ─Saludó Kuroo con falsa simpatía, sentado cómodamente en el sofá de su casa, bebiendo té con total familiaridad junto a Akiteru, intentando (con todas sus fuerzas, quizá) el no llamarlo como siempre─. Lamento llegar tan de improvisto.

─¿Qué hace aquí? ─Preguntó el menor entre los hermanos sin fingir agrado. Cabía resaltar que el bienestar logrado tras su ducha, desapareció apenas vio a Kuroo con su cínica sonrisa.

─Kei, no seas maleducado con tus superiores.

─Descuida, Akiteru-san, es mi culpa por no avisar que vendría tan tarde ─Miró al menor en la sala─. ¿Recuerdas la cena del equipo?

Tsukishima Kei aspiró, conteniendo el mal genio que pocas personas lograban desatar en él. Akiteru miró a su hermano menor con curiosidad.

─No me habías dicho que tenías una cena con el equipo de tu universidad, Kei.

─Yo no…

─Se le habrá pasado; es normal, tenemos muchas cosas en la cabeza cuando vamos a la universidad. Usted sabrá mejor que nadie, Akiteru-san.

El rubio mayor sonrió apenado, rascándose la nuca, intentando no lucir tan emocionado con aquel halago, mientras Kei se preguntaba por qué había tanta diferencia entre su hermano mayor y él.

─¿Puedo hablar un momento con usted, Kuroo-san? ─Preguntó el menor, señalándole la salida de la casa. No escuchó los pretextos de Akiteru sobre cómo debía tratar a las visitas, sencillamente arrastró a su superior afuera y lo increpó allí─. ¿Qué está buscando?

─Oh, vamos, Megane-kun… Salgamos un rato y bebamos algo. ─La ceja enarcada de su acompañante le dejó muy en claro que no creía en aquella invitación─. Escucha, quería salir un rato y quería compañía.

─¿Por qué no le pides a Bokuto-san? Él siempre está disponible para sus tonterías.

─Es su aniversario con Akaashi ─Respondió encogido de hombros. Tsukishima se cruzó de brazos sin gracia tras oírlo─. No eres la mejor opción tampoco…

─Pues búsquese uno que lo sea. ─Se giró para regresar al interior de su casa, mas Kuroo volvió a hablar.

─Sólo será un momento. ─La expresión en el capitán de su equipo no mostraba otra cosa que no fuese verdad. ¿Tanto quería salir con él? ─. No olvidemos que anduviste de curioso el otro día en los vestidores. Mínimo deberías de compensarme.

─¡Yo no…! ─La sonrisa inocente en su superior y la carga de responsabilidad que ponía sobre sus hombros parecían ser lo suficientemente fuertes como para hacerlo ceder.

Suspiró y Kuroo amplió su sonrisa al oírlo.


Desde el primer momento en el que la idea de salir con Kuroo Tetsuro surgió, Tsukishima Kei sabía que era una muy mala idea. Definitivamente, mala idea.

Pagó un taxi para que les acercara al departamento del azabache, puesto que éste se dio un disfrute de alcohol nunca antes visto por Kei, sin poder ni estarse en pie. Llamó a su hermano Akiteru avisándole que llevaría a Tetsuro a su departamento primero, sólo a modo informativo para que no se preocupara como siempre lo hacía.

─No dejes solo a tu sempai, ¿de acuerdo? ─Le pidió Akiteru tras la línea. Kei odiaba el sentido de responsabilidad de su hermano mayor muchas veces.

Abrió la puerta del departamento de Kuroo con la llave duplicada que encontró bajo la alfombra, pues pedírselo al borracho de su superior no era más que una pérdida de tiempo y esfuerzo. Cargarlo era molesto, pesaba más de lo que imaginaba.

Encendió las luces y un ambiente totalmente distinto al que visitó semanas atrás, lo recibió. Supuso que era el malestar de su superior lo que lo impedía organizar su hogar en aquella ocasión, porque el lugar relucía de pulcro y ordenado. Fue sencillo encaminarse hasta la habitación del capitán, pero la verdadera hazaña fue depositarlo en su cama. Pesaba demasiado y no es que estuviese fuera de forma.

A pesar de sus muchos intentos por dejar a Tetsuro en su cama, Kei terminó por caer con él sobre el colchón. El peso casi muerto de Kuroo cayó sobre sí y no podía hacer demasiado en esas condiciones. «Irónico», pensó. Hace un par de semanas vivió lo mismo y en esa misma cama.

─Hhnngg… ─Emitió un gruñido ronco el azabache, comenzando a recuperar un poco de consciencia─. ¿Megane-kun…?

─No me… Ah, es inútil. ─Se resignó a la idea de que Kuroo deje de llamarlo de esa manera tan molesta. Lo ayudó a ponerse mejor sobre la cama, quitándoselo de encima─. ¿Está mejor, Kuroo-san?

─Si… ─Lo miró y sonrió─. Gracias por traerme.

─Supongo que no está tan mal ya que puede reconocerme ─Respondió y el recuerdo de ser llamado Kenma volvió a azotarlo. Se reincorporó de la cama, dejando caer el teléfono de Kuroo al suelo─. Disculpe ─Cuando tomó el móvil para pasárselo, Kuroo no le dio tiempo a reaccionar una vez que su diestra tomó la nuca del rubio y sus labios los propios.

Tsukishima Kei había bebido también, no tanto como lo hizo su superior, pero sí lo había hecho, mas no ingirió la suficiente cantidad de alcohol como para ignorar lo que estaba sucediendo. Kuroo Tetsuro lo estaba besando. ¡Lo estaba besando!

Fue un roce de labios apenas, pero Tsukishima se sentía afiebrado y adormecido, volviendo a dejar caer el teléfono de su capitán contra el suelo. Su cuerpo no parecía querer moverse, mientras que sentía cómo sus labios y las partes donde sus manos yacían descansando, ardían.

Cuando se alejó de él y apreció su sonrisa victoriosa, Tsukishima fue consciente de lo sucedido.

─¿Qué demonios…? ─Blasfemó y Kuroo echó a reír con ganas.

─Mírate, estás sonrojado. Creí que no serías capaz de mostrar otra expresión en tu rostro. ─Kuroo se relamió los labios sin apartar los ojos del de lentes, haciéndolo enrojecer mucho más.

─Debo irme ─Sentenció Tsukishima, retrocediendo, pero no lo suficiente pues Kuroo volvió a tomar posesión de su muñeca y lo jaló hacia él─. ¡Kuroo-san! ¡¿Qué está haciendo?! ─Pero el azabache no respondía, sus labios estaban muy ocupados besando el cuello del rubio como para contestar.

La respiración del menor se volvió errática y sus fuerzas por librarse, parecían ir adormeciéndose a cada beso que Kuroo depositaba en su piel. Sintió sus dientes apretando ligeramente la piel de su cuello, bajando un poco más al inicio de su camisa. Tsukki profesaba maldiciones contra el azabache, pero su cuerpo se sentía cada vez más gustoso de recibir tales atenciones.

Sus pezones yacían erectos bajo la tela de su camisa, siendo presa de los dedos de Kuroo cuando los notó. Eran pequeños pero tenían su encanto, aún por debajo de la camisa, Kuroo se los imaginaba. Fue por parte, sin prisa, degustando cada centímetro de piel visible en el ex-Karasuno, mientras éste jadeaba por cada caricia recibida.

Los dedos de Tetsuro fueron desabotonando la camisa de Tsukishima al mismo tiempo en el que sus labios volvieron a posarse sobre los de él. Ésta vez, el de lentes no parecía oponer resistencia a sus labios y mucho menos a su lengua cuando quiso profundizar el beso. A Kuroo le gustaba besarlo y entreabrir los ojos un poco, le gustaba observar la expresión que lograba arrebatarle al sabelotodo.

El torso de Tsukishima quedó libre de prenda y la lengua de Kuroo se encargó de sus pequeños pezones. Tsukishima abrió los ojos sorprendido al sentir los dientes del mayor apresando uno de sus pezones. Era dolorosamente placentero sentirlo de esa manera que no pudo sino instarlo a continuar, llevándose sus manos al cabello azabache, entrometiendo sus dedos en el mar negro y suave de su superior.

─Nngh… Kuroo-san… ─Nombró entre jadeos. Kuroo sonrió entre dientes, oírlo era delicioso, pensó el azabache. Quería más.

Kuroo se sentó a horcajadas de su kohai, y sintió con deleite cuán duro estaba. La erección de Tsukishima fue el principal motivo que lo llevó a alejarse de sus pezones y mirarlo por encima. El de lentes lo observó y leyó la diversión en los ojos de Kuroo, por lo que su semblante de seriedad regresó.

─¿Qué? ─Preguntó a su superior pero Kuroo no respondió, sencillamente se removió sobre su erección aún cubierta por sus pantalones.

Fue un roce de placer y dolor al mismo tiempo. Ambos se arquearon ante la deliciosa sensación que sus cuerpos se brindaban. Un dúo de gemidos y movimientos rítmicos de caderas que les arrebataba el poco sentido común que guardaba cada uno.

─De…Detente… ─Rogaba Tsukishima debajo, no pudiendo contener las oleadas de placer que dentro suyo se desarrollaba. Kuroo no podía sino apreciar cada reacción en el joven de lentes, era una vista genuinamente hermosa.

Dejó de frotarse en su contra, pues tampoco creía poder resistir demasiado. Iba a por los botones de los pantalones de Tsukishima, cuando éste lo detuvo. El rubio intentaba mantener su semblante serio a pesar de lo excitado que se encontraba.

─No creas que seré el único que se desnude. ─Y Kuroo no supo qué le hizo más gracia, la dictatorial orden de que se desnude o que ya no se dirigía a él con respeto. Sonrió y se deslizó la playera por arriba de la cabeza, dejando ver su torso desnudo.

Tsukishima fingió que no le afectó la vista o que no tragó pesado cuando vislumbró el cuerpo de Kuroo. Sin duda, los años le habían hecho justicia, pensó. Vio al capitán sonreír, dirigiendo sus manos a sus propios pantalones.

«Lo haremos de verdad…» Pensó Tsukishima al ver cómo Kuroo iba desnudándose delante de sus ojos. No parecía que fuera a detenerse y él tampoco lo quería. Su cuerpo palpitaba y todo se concentraba en su entrepierna, rogando por recibir más atención.

─Trato es trato ─Dijo Kuroo de pie frente a él, sin prenda alguna que lo cubriese. Tsukishima sonrió al mirarlo de pies a cabeza, sin duda el grupo de personas que lo idolatraban no lo hacían sin fundamento─. Te toca.

─Tu idea de salir a beber siempre tuvo ésta finalidad, ¿no? ─Preguntó Tsukishima quitándose los lentes y desabotonando sus pantalones.

─¡Me insultas! ─Respondió Kuroo mostrándose ofendido─. Yo me habría detenido si me lo pedías.

Tsukishima frunció el ceño sin poder acabar con el sonrojo que se traía encima. Kuroo volvió a acercarse a él, tomó los pantalones del rubio junto con su ropa interior y se lo fue bajando por las piernas. El sonrojo en Kei iba en aumento y por más que apartara la mirada, los ojos de Kuroo yacían atentos en su rostro, deleitándose con sus expresiones de vergüenza y excitación.

─Deja de mirarme así.

─¿Bromeas? He visto miles de expresiones tuya en menos de una hora. ─Y más sonrojos. Kuroo volvió a besar sus labios pero con posesión, hambre y deseo, volviendo a recostar a Tsukishima contra el colchón.

El rubio llevó sus manos al rostro del azabache, enterrando sus dedos en sus hebras, invitándolo a acercarse más a él, a profundizar el beso. Le gustaba los movimientos de Kuroo, eran gráciles, exactos, sabía cómo y dónde besar. Era un felino en toda su expresión.

A medida que los besos subían de nivel, sus erecciones se encontraban y se sentían. Gemían en la boca del otro hasta que Tsukishima tomó la virilidad de su superior y comenzó a acariciarla, paseando su mano de su raíz a su punta, subiendo de nivel, friccionando sus dedos contra la glande enrojecida de Tetsuro.

Kuroo se tensó encima suyo, estaba volviéndolo loco y sentir esa sensación de poderío por encima del capitán, le gustaba. Entendió entonces por qué su cuerpo reaccionaba de una manera distinta ante Tetsuro y poder complacerse con el cuerpo del otro, lo tranquilizaba de cierta manera.

Tetsuro mordió el labio inferior de Kei a mitad del beso, solamente para recordarle que él era el que marcaba el paso en esa danza de sudor y sexo. Tsukishima era demasiado orgulloso incluso a mitad de su juego previo, Kuroo lo sabía. Lo vio jugar desde el primer año de preparatoria y al ser compañeros de equipo en la universidad, sabía cuan testarudo y orgulloso podía llegar a ser el de lentes.

─¿Quién caza a quién? ─Susurró Kuroo en su oído y con un rápido movimiento, tomó con sus manos las muñecas del otro para aprisionarlas sobre su cabeza─. Es mi cama, mando yo.

─Tienes miedo a que lo haga mejor que tú ─Desafió Tsukishima recibiendo como respuesta una sonrisa de autosuficiencia por parte del azabache.

Adoraba a ese chico.

Los besos continuaron y los gemidos aumentaron. El calor en la habitación parecía sofocarlos pero no fue un impedimento para que ambos consumaran su cuerpo en un encuentro plenamente físico y primitivo.

Los dedos de Tetsuro indagaron con suma experiencia el orificio del menor. No tenía lubricante a mano, pero Tsukishima parecía tener experiencia con el asunto, lamiéndole los dedos, untándolo de saliva, le dejó claro que no sería la primera vez que se liaba con un hombre.

Un dedo, otro más. El cuerpo del rubio iba cediendo a sus estimulaciones, acompañándolo mientras engullía su miembro erecto. A pesar de su apariencia poco expresiva, Tsukishima Kei caía terriblemente en sus instintos primitivos cuando le era practicado el sexo oral; descubrir aquella faceta suya, hizo sonreír al capitán en su interior.

Cuando introdujo su pene en él, se recostó sobre su kohai y los brazos del más joven se abrazaron a él. Estaban empapados en sudor, podía ver cómo sus propias gotas saladas caían sobre el torso desnudo y perlado de Tsukishima.

Verlo sonrojado, sudoroso y oírlo jadear a cada embestida le recordaron a cuando practicaban juntos. Le resultaba tentadora la idea de ver al sabelotodo agitado mientras corría, saltaba y bloqueaba en la cancha, era casi familiar tenerlo debajo, sudoroso y clavándole los dedos en su espalda para sobrellevar el dolor y el placer de tenerlo dentro.

Tsukishima era ciertamente estrecho, no tanto como Kenma, pero le gustaba sentirse aprisionado en su interior. Fue moviendo aún más las caderas, recibiendo una respuesta positiva de su fugaz amante, rogando en silencio por sentirlo a profundidad.

Iban subiendo por aquella montaña de placer hasta que finalmente dieron con la cima. Sintió a Tsukishima venirse en su abdomen, lo sintió caliente y el interior de su recto se relajó un poco más. A los pocos segundos, hizo lo mismo en su interior, recordándose en ese momento que no usó condones. Tenía la mente demasiado aérea como para recordar los procedimientos previos al sexo.

Volvió a besar al rubio en los labios y éste acarició su cuello hasta llegar a su rostro. Sus manos eran suaves, pensó. Quizá era el orgasmo lo que lo hacía sentir hasta el más minúsculo detalle, como el color enigmático en los ojos de Kei o que sus labios eran finos y delicados, bañados por la esencia a alcohol.

─Es raro que no beses con los ojos cerrados o apagues la luz para hacerlo, como la gente normal ─Dijo Tsukishima cuando finalizaron su beso. Kuroo sonrió de costado.

─Me gusta observarte. ─Tsukishima enarcó una ceja. El chico inexpresivo había regresado─. También me gustaba que me vean cuando follo. Es como un doble placer a mi ego.

─Ahá, muy humilde como siempre. Sólo procura recordar que mañana tenemos clase. Si tengo resaca, será tu culpa ─Se sentó sobre la cama y bajó los pies en el suelo, llamando la atención en el mayor.

─¿A dónde vas?

─A ducharme, por supuesto ─Respondió juntando sus prendas desperdigadas en el suelo.

─¿Ducharte? ─Volvió a preguntar.

─No soy de los que les gusta pasearse con semen escurriéndole del trasero. ─Le señaló la puerta de su baño, preguntándole si era la habitación que buscaba. Kuroo exhaló un suspiro, se puso de pie y se encaminó hacia el menor─. ¿Qué sucede?

─¿No querías ducharte?

─Pero no contigo ─Respondió de inmediato, volviéndose a poner tras la barrera imaginaria que lo cubría de todo y todos. Kuroo lo miró desde el umbral del baño y le señaló con su índice.

─Puedo ayudarte en las partes que no llegas. ─Le guiñó el ojo con coquetería. Tsukishima se sonrojó, caminó hasta él y entró al baño, no sin antes poner un ultimátum.

─Las manos donde las vea.

─Hago magia sin manos, cariño ─Le sonrió de costado y cerró la puerta a sus espaldas.

Los pesares no sólo se olvidan con alcohol. Ambos lo tenían bien claro.


Notas finales:

¡Lemon Pie! :D

Hacía tanto que no escribía un lemon xD Ya ustedes dirán cómo me ha quedado, espero que bien jaja. Pues bien, así tenemos un capítulo más concluido con muchos pesares fuera y mucho nepe adentro (? Es broma xD

El siguiente capítulo habrá más sentimiento expuesto, pero puede que haya escenas subidas de tono. A ver cómo resulta juju

Muchas gracias a todos los que se pasaron a leer ésta historia, principalmente a Kiryhara que me dejó un bellísimo comentario. Nos seguimos leyendo. Un besito.

Blue.