Gibraltar español:

Capítulo 2

Estaba agotado. Tener allí a esos dos enanos podía llegar a ser abrumador, y más si se trataba de los primeros días que tenía que cargar con ellos. Gibraltar y Menorca, esos dos pequeños que acabó por quitarle al español ahora estaban bajo su poder, y no eran nada parecidos, por lo que tratarles era más difícil ya que no podía hacerlo por igual.

Aunque Menorca era más tranquilita y acabó por acostumbrarse rápido a estar con Arthur, no podía dejar de hacer travesuras típicas de niños, y si además tenía la ayuda de Gibraltar, aquello se volvía peor. Gibraltar era, si se podía decir así, todo lo contrario que la chica: un terremoto. Corría y saltaba por donde pillaba huyendo del inglés, lo que más de una vez le había hecho acabar llorando por algún golpe o caída. Por suerte la niña de vez en cuando le había ayudado inconscientemente a calmar a Gibraltar con su quietud, haciéndolo todo un poco, y sólo un poco, más fácil.

También solía tenerlo más fácil cuando Alfred se pasaba por su casa. Él parecía tener mano de santo con ambos críos. Los tenía calmaditos y casi no le causaban problemas, lo que le daba más rabia a Arthur, porque se suponía que los pequeños tenían que hacerle caso a él, no al idiota de América.

Poco tiempo después comenzó por fin a hacerse respetar por ambos niños. Bueno, quizá no tanto como a él le gustaría, pero al menos no tenía que correr detrás del chico para que no hiciese alguna travesura grave de las suyas.

Fue entonces cuando el español comenzó a reclamar de nuevo sus territorios. No tuvo más remedio que devolverle a Menorca, pero se negó en rotundo a hacer lo mismo con Gibraltar, Gabriel, como el español ya le dijo que se llamaba. Era irónico después de los problemas que le había dado y seguía dando, pero aquel chico valía mucho y lo sabía. Y se negaba a devolvérselo.

A pesar de que la ida de Menorca hizo que Arthur pudiese estar más pendiente de Gibraltar, éste seguía tan rebelde como siempre. No sólo no hacía caso del inglés, sino que, además de que ya sabía defenderse con el idioma y su nivel era ya aceptable, seguía hablándole en español a propósito para molestarle.

Y a aquello había que sumar además los espectáculos a la hora de la comida.

Aquellas horas eran las peores para ambos. Arthur trataba de hacerle comer, pero el pequeño lo rechazaba todo. Arthur terminaba enfadándose por eso, quien acabó por llegar al extremo en el que o el niño se comía su comida, o no comía.

Podía parecer de lo más cruel, pero Arthur no lo hacía por hacer. Gibraltar llegaba a pasar noches sin cenar o incluso un día entero sin probar bocado, pero aquella era la única comida que podría tomar allí, y no tenía más remedio que acostumbrarse a ella.

A pesar de todo, Arthur ya le había cogido cariño al joven, y Gabriel cada vez se acostumbraba más a estar allí, aunque con sus prontos rebeldes de niño. Arthur ya notaba el cambio.

Las noches eran para ellos los momentos más relajados del día, aunque Arthur atribuía aquello a que Gibraltar debía de estar agotado de todo el día, al igual que él.

Era en aquel momento, además, cuando se notaba que tanto tiempo juntos no sólo había servido para pelear. Y Arthur casi se deshacía cuando un pequeño muchacho de cabello castaño clarito (más clarito que cuando le vio por primera vez) se acercaba a él en pijama y comenzaba llamando su atención:

—Inglaterra, digo… daddy —se corrigió el pequeño sabiendo que el inglés insistía en que le llamase así.

El aludido apartaba la mirada del libro que leía y le miraba. Era extraño que el chico entrase en su habitación así como así, aunque cuando lo hacía solía ser por algo que necesitaba. ¿Y desde cuándo había empezado a llamarle así? Le miraba esperando que continuase.

—¿Me lees un cuento?

Y entonces Arthur cerraba su libro y, esbozando una sonrisita se movía invitando al pequeño a acomodarse sobre su cama, cogía otro libro que tenía sobre su mesita, preparado para ocasiones como aquella, y entre los dos elegían el cuento que el inglés le leería aquella noche.

Era por momentos como ese por los que Arthur le había acabado cogiendo tanto cariño a Gibraltar.

Finalmente el pequeño acababa dormido en su cama. Arthur dejaba el libro donde lo tenía antes y posaba un beso de buenas noches sobre la frente del chico antes de tumbarse a su lado.

Aunque aquellas escenas acabaron por desaparecer.

Pese a que la infancia de Gibraltar fue de lo más caótica para ambos, conforme Gabriel fue creciendo se perdieron muchos de esos momentos: el cuento antes de dormir, las peleas con la comida… Sin embargo el inglés no podía quejarse, todo su esfuerzo estaba dando sus frutos.

Gibraltar aún tenía dos lados bien diferenciados: tenía su cara más española, aquel lado rebelde que más le fastidiaba a Arthur y que éste tanto se preocupaba en, si no podía hacerlo desaparecer, por lo menos ocultar. Y también tenía aquel carácter formal y respetuoso que había ido sacando después de tanto tiempo con Arthur.

Poco a poco fue además entendiendo los motivos por los que España le cedió, quizá algo exagerados por el inglés, pero que acabaron provocando que el joven, ya entrando en la adolescencia, tuviese una época de odio por la nación española y tratase de evitar completamente todo lo referido a lo español.

Pero conforme siguió creciendo aquello se le fue pasando. Pese a que ya no sentía el mismo odio que antes, él lo tenía claro: no quería dejar de ser británico.


Al fin lo subí :'D Quise hacerlo a primeros de mes pero no me dio tiempo y despues me fui de viaje, perdón~ :'3

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