SALIDA FÁCIL
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 2
Cuando por fin logró abrir los ojos, Ayako estiró los brazos y sintió una deliciosa sensación en todos los músculos de su espalda. Acto seguido, buscó el reloj de la mesita de noche.
—¡Las diez de la mañana! —gritó, y se levantó de la cama de un salto para darse una ducha rápida.
Takenori Akagi la había citado a las 10:30 en una cafetería que ella lograba recordar —aunque le sorprendió mucho saber que aún existía en el barrio de Shohoku—. El hotel en el que se hospedaba quedaba a casi una hora del lugar de la cita, por lo que Ayako, al ver que la ducha se había prolongado hasta las 10:15, decidió telefonear a su antiguo capitán.
Akagi le dijo que no había problema, que podían quedar a las 11:30, por lo que la mujer decidió tomar un desayuno ligero antes de encontrarse con su superior.
Pero, justo antes de que tomara la llave de la habitación, sintió la vibración de su teléfono celular. No tuvo que mirar el nombre del llamante para saber de quién se trataba.
—Hola, Kaede —saludó con una sonrisa.
—Hola.
Kaede Rukawa seguía siendo un hombre de pocas palabras, y la mujer, que lo conocía mejor que nadie, lo sabía a la perfección.
—Ya casi está listo todo por aquí —dijo el hombre. Ayako sabía lo que aquello significaba.
—¿Cuándo llegas entonces?
—Salgo esta noche. Estaré contigo mañana antes del medio día.
La mujer sonrió ampliamente.
—Akagi reservó en el hotel Ekii. ¿Has oído hablar de él?
—Sí. Alguna vez…
Ayako se ruborizó de súbito cuando escuchó el tono de Kaede, y recordó que ella también alguna vez ya había visitado ese hotel.
—Te llamaré cuando llegue, ¿de acuerdo?
—Está bien.
La antigua entrenadora cortó la llamada. Consultó el reloj y se percató de que eran las 10:30 en punto, lo que significaba que tenía exactos sesenta minutos para llegar a la cita con Akagi.
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La atractiva mesera dejó la taza humeante frente al imponente gorila que llevaba cerca de diez minutos sentado ante la mesa.
—¿Desea ordenar algo más? —preguntó medio temerosa. El hombre le dirigió una mirada severa que ella comprendió de inmediato— Volveré más tarde.
Tras decirlo, la mesera hizo una reverencia y se alejó del lugar. Akagi alcanzó a escuchar que murmuraba algo acerca de una buena propina, pero no dio mayor importancia.
El antiguo capitán de Shohoku consultó por segunda vez el reloj de pared ubicado frente a él, y notó que faltaban dos minutos para que las manecillas se ajustaran a la hora en que había citado a Ayako. Sin quererlo, Akagi se sonrojó. Hacía más de tres años que no la veía, y la imagen que su memoria guardaba de ella era la misma que todos conservaban: una mujer dura, firme, enérgica y hermosa. Capaz de cualquier cosa con tal de animar al equipo, comprometida con sus objetivos y sumamente solidaria.
La mujer perfecta.
Esa mañana volvería a verla. Pero Akagi no estaba nervioso por una negativa de la mujer ante la propuesta de ser dama de honor: después de todo, ya había atravesado un continente y estaba en suelo nipón. Lo que Takenori Akagi temía en verdad, era mirarla a los ojos y descubrir que en todo ese tiempo no había sido capaz de olvidar los sentimientos que ella le había inspirado durante su juventud, y que él, respetuosamente, había decidido mantener en secreto, creyendo que así lograría expulsara de su corazón.
El enorme hombre se preguntó si ella habría cambiado en esos años: si su piel sería más clara o más oscura, o si habría adoptado un acento inglés, o si habría aumentado de peso o adelgazado… Se peguntó si la reconocería cuando atravesara la entrada del lugar, o si ella lo reconocería a él…
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la campanilla que sonaba cada vez que la puerta se abría. Por ella atravesó una mujer delgada y de estatura media, de cabello rizado y gafas oscuras. Akagi no tuvo que escucharla hablar para que su corazón la reconociera.
—Ayako… —murmuró.
La observó quitarse las gafas y pestañear un par de veces para luego pasar sus ojos por todo el lugar. Akagi sintió que su corazón se detenía en el momento en que ella lo miró y pareció reconocerlo: desde la entrada, la mujer le dedicó una sonrisa mitad emoción mitad satisfacción, y comenzó a caminar hacia la mesa que él ocupaba.
—Hola, Akagi —saludó en cuanto estuvo frente a él. Takenori se levantó por cortesía, luciendo sus doscientos centímetros y haciendo una seña para que ella se sentara frente a él. Ayako lucía distinta que la última vez, pero no menos bella que como él la recordaba.
—Ayako… Qué gusto verte —la mujer se sintió extraña al recibir una sonrisa tan misteriosa por parte del antiguo capitán, pero igual ocupó la silla que le esperaba—. ¿Quieres desayunar?
—Sí, por favor.
Akagi llamó a la mesera con una seña. Ayako observó con rapidez el menú que Takenori le extendió, y pidió un almuerzo ligero.
—¿Tuviste problemas para llegar? —preguntó Akagi en cuanto la mesera se marchó con la orden.
—Claro que no —respondió Ayako con aire melancólico—. Yo visité este lugar alguna vez.
—¿Con Miyagi?
Ayako asintió con la cabeza. Para nadie había sido un secreto que intentó mantener una relación con Ryouta Miyagi cuando ambos iniciaron el tercer año en Shohoku. Pero desde el principio se dejó muy claro la diferencia de personalidades y de caracteres, y Ayako no soportó estar unida a un hombre tan complaciente como lo era él.
—Pero no vinimos a hablar del pasado, Akagi —dijo la mujer sonriendo nuevamente—, sino del futuro.
Akagi convino completamente.
—¿Cuándo veré a los novios?
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Desde hacía un par de meses se sentía como flotando entre las nubes. Aún no podía creer que sus sueños se estuvieran realizando con tanta rapidez, ni mucho menos que su boda con el amor de su vida llegaría justo dos semanas después de ese día.
Recorrió los veinte pasos que lo separaban de la entrada principal, pero antes de legar se desvió y rodeó la residencia. Él ya era prácticamente de la familia, así que ya se habían acabado las formalidades de llamar a la puerta.
—Hola, mi amor —saludó al ver a Haruko acomodando los platos de la comida en el lavavajillas.
—Hola, Hanamichi —sonrió la chica, recibiendo el casto beso que su novio depositaba en su mejilla.
—¿En dónde están tus padres o el Gori?
Haruko terminó de meter los trastos y cerró la máquina. Después de encenderla, miró al pelirrojo.
—Papá y mamá se ofrecieron a llevar las invitaciones de la boda para mis abuelos, así que esta noche no llegarán —a Hanamichi empezaba a dibujársele en el rostro una sonrisa pícara—. Y mi hermano fue a ver a Ayako.
—¿A Ayako? —el pelirrojo olvidó sus pensamientos un segundo— ¿No Ayako estaba en Europa?
—Sí —Haruko lo miró a los ojos—. Pero le pedí a mi hermano que la invitara a la boda, y creo que llegó anoche al país.
Sakuragi recordaba con mucho cariño a su antigua entrenadora, porque además había sido una excelente amiga y le había apoyado cuando él lo necesitaba, en todos los sentidos. Y no dudaba de que ella se sentiría feliz al saber que él, el talentoso Hanamichi Sakuragi, había logrado que Haruko Akagi lo amara y aceptara casarse con él. Pero de algún modo, al recibir la noticia en voz de Haruko, percibió algo que le produjo calosfríos.
—¿Crees que quiera vernos antes de la boda? —la voz de Haruko lo sacó de sus pensamientos.
—Tal vez. ¿Te dijo tu hermano a qué hora vuelve?
Haruko negó con la cabeza.
—Oye, Hanamichi…
La voz de la muchacha sonó un poco melosa.
—¿Si?
El pelirrojo, por un momento, había olvidado su primera intención:
—Mis padres llegarán mañana… Y mi hermano tendrá que llamar antes de regresar…
Una mirada de la muchacha bastó para mostrar sus intenciones. Hanamichi olvidó de repente que Ayako estaba en Japón, que Akagi estaba hablando con ella sobre la boda, e incluso que él se casaría en dos semanas con la mujer que tenía enfrente: se acercó a ella, la sujetó de la cintura y la besó con toda la pasión que nunca había dejado de inspirarle su aroma.
Un par de minutos después, sin dejar de besarse, salieron de la cocina y subieron a la habitación de Haruko, que ya en incontables ocasiones había sido testigo mudo de la expresión de sus amores.
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Notas de la autora:
Pues vamos avanzando, lento pero seguro.
Aquí les traigo el segundo capi de esta historia.
Avances del siguiente: Rukawa alcanza a Ayako en Japón, justo a tiempo para que se reencuentren con los novios y se lleven a cabo las respectivas despedidas de solteros. Y, por supuesto, en esas depedidas estarán incluidos los antiguos miembros de Shohoku.
Besos a todos y a todas, y no olviden dejar reviews.
