Edward
Escuché como alguien entraba en la habitación de al lado, supuse que Esme había ido a hablar con Bella. Me sentí incómodo, no quería escuchar nada si se ponían a gritar o algo parecido, por ello decidí bajar al salón.
No se escucharon gritos, pero de pronto la joven de las fotografías salió corriendo de la casa sin decir nada, solo pude ver que lloraba.
La puerta se cerró con un gran estrépito tras ella, me quedé estático en mi asiento hasta que vi a Esme bajar casi corriendo hasta la puerta y mirar por ella como la joven corría.
-Esme, ¿estás bien?- Dijo mi padre al bajar y verla así.
-No... Bella ha salido corriendo...
Mi padre la abrazó y meció intentando calmarla, se notaba que ella lo estaba pasando mal.
-Nos va a costar mucho convencerla, por lo que veo.
-No sabes cuanto. Aunque Bella siempre me dice que tengo que salir con más hombres, en el fondo ella no quiere porque piensa que si encuentro a alguien me olvidaré de su padre...
Entendía a la chica, yo también tenía miedo a ello pero no por ello me enfadaba, después de todo nuestros padres son adultos, podían hacer lo que quisieran. Me resultaba extraña la forma de pensar de ella así que salí a dar un paseo para ver un poco el barrio, necesitaba que me diera el aire.
Caminé mirando al frente, la verdad es que no le estaba prestando atención a nada de lo que me rodeaba, caminé hasta llegar a un parque junto a la iglesia, me iba a sentar en un banco pero un llanto me llamó la atención.
Me acerqué a ver quien era y la vi a ella, la chica que había salido corriendo, se giró al notar mi presencia y se quedó mirándome con los ojos llorosos y las marcas de sus lágrimas recorriendo sus mejillas. Al verla así mi interior se revolvió, esos ojos color chocolate me envolvieron, no se a que se debió pero sentí como unas mariposas en la boca del estómago. Me acerqué a ella y me senté a su lado.
Bella
Corrí todo lo que pude, no sabía hacia donde pero me daba igual, solo quería alejarme de aquella casa, no quería saber nada de mi madre ni de su nuevo marido ni de su hijo. Cuando llegué a la iglesia me senté en un rincón del parque, fuera de la vista de todos y lloré con toda mi alma.
No se cuanto tiempo estuve llorando pero de pronto oí a alguien acercarse a mi, me giré a mirar de quien se trataba y vi al ser más maravilloso que pude encontrar, era un chico de pelo cobrizo y unos increíbles ojos color esmeralda. Se quedó mirándome unos segundos y me sentí extrañamente conectada a él. Se acercó a mi y se sentó a mi lado, yo aparté la mirada de él recordando que era un extraño y que yo estaba sola. Intenté levantarme lentamente pero él tomó mi mano y me paró.
-No te vayas, por favor, no quiero hacerte daño.
-¿Quién eres?- Pregunté temerosa.
-Soy Edward Cullen, tu...- Noté como suspiró- Soy tu hermano.
-Hermano...- Dije mirándolo sintiendo un dolor agudo en el pecho.
-Si, mi padre es el que se ha casado con tu madre.
-Ya suponía- Lo miré y de repente me vino una idea a la cabeza, tal vez él podría ser mi aliado contra la locura que intentaban hacer nuestros padres- ¿Tú que opinas de todo esto?
-¿Yo? A mi me da igual- Mis esperanzas se vieron truncadas- Por mi pueden hacer lo que quieran.
Lo miré y me sentí otra vez hundida, me levanté y caminé alejándome más de la casa, él me siguió y empecé a correr, me daba igual todo, no quería saber nada de esa familia, pero él era más rápido que yo, me tomó del brazo y me paró haciendo que me girara hacia él.
-Deja de correr, solo quiero hablar contigo.
-Ya... El problema está en que yo no quiero hablar contigo.
-¿Puedes decirme que ganas poniéndote así? Eres menor y te volverán a traer a casa en cuanto tu madre avise a la policía porque no has vuelto.
-Me da igual, no me importa.
-No puedo creerme que no te importe que tu madre se preocupe por ti. Ella está sufriendo por como te comportas.
-Ese es su problema, no el mío.
-Mira, solo quiero que no haya malos rollos, no vas a conseguir nada marchándote así. Si quieres estar enfadada estás en tu derecho, pero no olvides que a pesar de todo lo que haga, ella te quiere.
Lo miré a los ojos y supe que él tenía razón, por mucho que me doliera todo aquello ella era mi madre, y ahora este chico era mi hermano.
Asentí dándole a entender que volvería con él, pero no volví a pronunciar una palabra, él se mantuvo a mi lado todo el camino de vuelta a casa, a mi paso, sin importarle si iba demasiado lenta.
Llegamos a la puerta de la casa y entré mirando al suelo, notando como algunas lágrimas aun caían por mis mejillas, al entrar mi madre se lanzó a mis brazos.
-¡Bella!- Yo no respondí a su abrazo, me quedé estática- No vuelvas marcharte así.
Vi como mi madre me apretaba más y noté sus lágrimas en mi camiseta, pero seguí igual, no quería responderle. Vi como un hombre alto, rubio, de ojos azules, que parecía un ángel, se acercaba a nosotras.
-Hola, soy Carlisle- Dijo alargando su mano cuando mi madre se separó. Yo se la estreché por educación pero no abrí la boca- Me alegro de conocerte al fin, Bella.
Solo pude asentir, no me sentía ni con fuerzas ni con ganas de hablar, a él pareció bastarle. Solté su mano y fui directa a las escaleras para subir a mi habitación.
-Bella- Escuché a mi madre- ¿no vas a cenar?
Yo negué con la cabeza y subí lentamente, cerrando la puerta muy despacio.
Edward
Cuando entramos en la casa, vi como Esme se lanzaba a sus brazos y como a ella le daba igual, no abrió la boca en ningún momento, eso me molestó un poco, Esme era una mujer magnífica que se preocupaba por su hija y ella se lo pagaba así. Preferí no decir nada y vi como subía a su habitación dispuesta a encerrarse.
-Edward, gracias por hacer que vuelva- Me dijo Esme- Ella es muy cabezota, hubiera sido capaz de pasar la noche fuera.
-No importa Esme- Le dediqué una sonrisa.
Durante la cena, Esme nos contó muchas cosas sobre ella y sobre Bella, su difunto marido era el jefe de policía y murió en acto de servicio, y no en un acto cualquiera sino salvando a Bella cuando tenía 9 años, unos hombres la habían secuestrado por ser su hija. Bella presenció la muerte de su padre y desde entonces no había vuelto a ser la misma, el afectaban las cosas demasiado.
En ese momento entendí un poco mejor la forma de comportarse de ella, había sufrido mucho, sentía como cada vez me parecía más a ella.
Después de cenar nos marchamos a dormir, pero yo no podía, por ello me acerqué a la ventana pero no me atreví a salir, podía escuchar el llanto de Bella desde ahí.
-Te odio- Decía- Te odio, te odio, te odio- No estaba seguro de si se lo decía a su madre, pero tenía casi toda la certeza. Estuve ahí, escuchando cada llanto de ella, cada maldición contra nosotros... Debía hacer algo porque cambiara su forma de comportarse con nosotros por el bien de todos, pero el problema era la forma de acercarme a ella.
A la mañana siguiente bajé a desayunar, encontré a Bella vestida con un uniforme mientras tomaba su colacao.
-Buenos días- Dije desperezándome- ¿Donde están nuestros padres?
Ella se limitó a señalar una nota que había en la mesa en la que ponía que habían salido pronto para mirar una casa más grande y que no habían querido despertarnos.
Me encogí de hombros y fui a prepararme el desayuno, encontré una cafetera llena, me puse un vaso y me senté frente a Bella.
-¿Tienes clase?- Ella asintió- Genial, te acompaño, tengo que matricularme allí.
Ella casi se atraganta al escuchar eso, puso cara de enfado, se levantó de la mesa y cogió sus cosas antes de salir de la casa. Me bebí rápido el café y salí tras ella.
-¡Bella! ¡Espera!- Ella se paró y se giró a mirarme- Te llevo a clase.
Se giró de nuevo y empezó a caminar sin hacer caso a lo que le había dicho, esto era genial, ella de verdad nos odiaba a los tres. Las cosas iban a estar complicadas.
Bella
Lo dejé ahí, no podía pensar en serio que iba a ir con él, solo el hecho de pensar que iba a ir a mi instituto me enfurecía. Caminé rápido y llegué en quince minutos al instituto, allí estaba mi mejor amiga, Alice, ella estaba al corriente de todo, le había mandado un mail anoche contándoselo todo.
Me vio y corrió a abrazarme al ver mi cara de cabreo, yo la recibí encantada en mis brazos, pero todo lo bueno acaba, vi como ella y otras muchas chicas se giraban a ver detrás de mi, al girarme yo lo vi a él, acercándose a mi. El maldito Edward me había seguido hasta el instituto.
-Hola Bella- Lo ignoré por completo, tomé a Alice y me alejé, pero él corrió y nos alcanzó- Aunque no te guste la idea, ahora somos hermanos, recuérdalo.
-¡Calla!- Le grité- ¡Déjame en paz! ¡Ni somos hermanos, ni tu padre es mi padre!
-Por lo menos ahora hablas- Dijo sonriente.
Le pegué una bofetada y me marché de ahí, me sentía furiosa con él. Alice me siguió hasta los lavabos y me abrazó mientras lloraba.
¿Qué os parece? ¿Creéis que tiene futuro esta historia?
Yo no estoy segura, tengo escritos algunos capitulos pero no se, ¿que os parece? ¿La continuo o la dejo?
Espero vuestra opinión.
Nos leemos en el próximo
