Disclaimer: Los personajes pertenecen a la prestigiosa Stephenie Meyer, este fic tiene algunos elementos de la película "Hanna" y la trilogía de videos musicales de Dorian pero el giro que tendrá es todo mío.


Summary:-Edward¿Qué somos?-pregunto Bella completamente aterrorizada, sus manos sujetaban fuertemente mi camisa y las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos. -No sé de que hablas- dije mintiéndole. -Entonces¿Por qué diablos la CIA nos persigue?-


Somebody save me

Let your warm hands break right through me

Somebody save me
I don't care how you do it
Just save me, save
Come on
I've been waiting for you

Save me/Remy Zero

Alguien sálveme
Deja que tus brazos tibios me sostengan
Alguien sálveme
No me importa como lo hagas
Solo sálvame, sálvame
Vamos
He estado esperando por ti.


¿Qué somos?

Chapter 1: Demonios internos y la aparición de un ángel.

Siempre me he considerado diferente a los demás, mis padres Esme y Carlisle me trataban con respeto y sentía constantemente que me ocultaban algo, era una relación muy extraña, casi nula, siempre he sabido que soy adoptado aunque ellos nunca me lo han dicho, se notaba mucho ya que no me parecía en nada a mis padres, tanto físicamente como sicológicamente.

Casi nunca salía de casa porque no me gustaba como me miraba la gente, por muy extraño que suene era como si la gente se sintiera mal cerca de mí, por lo que evitaba a toda costa salir, mis padres lo respetaban y me contrataban tutores pero estos no duraban mucho tiempo, siempre presentaban renuncia sin excusa alguna luego de un par de meses.

Constantemente me preguntaba qué hay de malo conmigo. Me miraba en el espejo y no encontraba nada anómalo en mí, es decir tengo ojos de color verde esmeralda, soy algo pálido, alto y ligeramente musculoso, pero soy humano y completamente normal como todos los otros. Me sentía tan malditamente solo, a lo largo de mis 16 años nunca he tenido un solo amigo en mi puta vida. A veces deseaba tanto acabar con esta vida, que más me parecía una verdadera tortura. Vivía encerrado en mi burbuja: pequeña, cerrada y muy tóxica.

Ya no aguantaba más, estaba decidido a acabar con este martirio. Era muy tarde prácticamente de madrugada, mis padres estaban durmiendo profundamente, me levante sigilosamente y me vestí con lo primero que encontré, en una mochila guarde una botella de vodka y unos cigarros, tomé las llaves de mi casa y salí sin mirar atrás. Camine rápidamente hacia el centro de la ciudad donde se encontraba el rascacielos más grande y alto de New York. Forcé la puerta sin tener que utilizar demasiada fuerza y comencé a subir a gran velocidad las escaleras, cuando llegue a la cima abrí la puerta que me conducía a la azotea, el frío de la noche calo mis huesos, camine hacía la baranda, saque el vodka y bebí un largo trago, por lo menos así la caída no dolería tanto. Salté la baranda y ya no había nada que me separara de morir, solo tenía que saltar y estaba todo resuelto.

-No tengo miedo-susurre para mí mismo, sentía todo mi cuerpo congelado y como fuertes corrientes de aire azotaban contra mi cuerpo.

-¡HEY, Espera!-escuche como gritaba una voz muy suave y sedosa. Lentamente me di vuelta y ahí se encontraba una chica, parecía un ángel a la luz de la Luna. Su cabello era largo hasta la cadera con ondas en las puntas, sus ojos eran grandes y de un extraño pero a la vez atractivo color achocolatado, su cara tenía forma de corazón con pómulos muy marcados, su nariz era pequeña y respingada, sus labios eran gruesos y parecían suaves, no era muy alta pero era delgada.

-¿Qué haces tú aquí?-pregunte algo estupefacto por su repentina aparición.

-Podría preguntar lo mismo-contraataco y se acerco hasta donde yo me encontraba, me arrebato la botella de vodka de las manos y bebió un largo trago, sus movimientos eran agiles y gráciles, muy atractivos.

-Yo pregunté primero-dije como un niño pequeño.

-Bueno esta la ganas tú, llegue hace poco a la ciudad y desde que llegue me llamo la atención este lugar, así que llegue, me escape y ahora estoy aquí-dijo y se encogió de hombros-Es tu turno, aunque creo saber a qué has venido- sus ojos se entrecerraron y frunció su boca.

-Entonces no necesitas respuesta, mejor vete-dije enojado, estaba arruinando mi deceso.

-No-dijo rotundamente, salto la baranda, posicionándose al lado mío-si tú saltas, yo salto-

-¿Por qué tú harías eso?-pregunte y la mire de pies a cabeza, ella andaba bien vestida- eres la viva imagen de alguien que lo tiene todo-dije.

-Puede que tenga dinero, pero eso no hace la felicidad-dijo y por primera vez me fije en sus ojos, transmitían una especie de tristeza infinita y profunda soledad, me sentí reflejado en su mirada, era lo que yo sentía constantemente.

-Tienes razón, pero aun así no deberías saltar, estoy seguro que tú tienes más posibilidades de lograr una especie de seuda felicidad-dije haciendo comillas en el aire.

-Acaso me estas negando el derecho de decidir mi suicidio-dijo y negó con la cabeza-eso no lo puedes hacer y ya te dije, si tú saltas yo lo haré, capisci?- dijo en perfecto italiano, comencé a reír por lo ridícula que era la situación.

-Vale, vale-dije encolerizado -Ya jodiste mi oportunidad de poder acabar con mi tormento-la mire duramente y salte sobre la baranda quedando sobre el suelo firme, ella me siguió.

-Creo que ahora tu mente está sin culpas, te puedes ir – de forma brusca le arrebate la botella de vodka y me senté en el suelo mirando el horizonte.

- Uy que gruñón, te digo algo no me das miedo, si yo quiero me quedo aquí, este en un lugar público – llego y me mostro su lengua mientras se sentó al lado mío- sabes algo – dijo con voz suave luego de unos minutos-no deberías ser tan enojón, yo solo…-

-¿Tú qué?- pregunté algo fastidiado después de un rato y la mire, ella estaba hecha un ovillo y me miraba de manera intensa, me puse nervioso. Raro, ya que lo que generalmente pasaba era que la gente se ponía nerviosa cerca de mí.

-Creo que podríamos ser amigos-comenzó a morder su labio-no creo que sea tan difícil-susurro para sí misma.

-¿Amigos?-pregunte dudoso, esto era algo totalmente nuevo para mí-mmm… ¿Por qué alguien como tú querría ser mi amiga?-

-Porque veo en tus ojos, lo mismo que en los míos-suspiro y me miro a través de esos ojos que me colocaban algo nervioso e intranquilo.

-Mmm..Entonces tu propones ser amigos para sentirnos menos solos-dije, comencé a despeinar mi cabellos.

Comenzó a reírse- Si lo dices así suena algo extraño, pero creo que sería interesante…yo no tengo amigos-empezó a jugar con sus manos.

-No te puedo creer eso desconocida, aunque creo que es una buena idea dado que yo tampoco tengo amigos-dije, me sentía como en el kínder garden.

-Gracias por aceptar ser mi amigo, extraño-dijo e hizo una especie de burlona referencia, nos quedamos en silencio unos minutos, solo el sonido del viento quebraba la quietud, la mire y ella estaba temblando, me saque mi chaqueta y se la di.

-Toma, póntela-dije y vi como me la devolvía-No seas testaruda póntela, yo ando con un blusón abajo, además tengo esto-dije y apunte el vodka, se puso la chaqueta, haciéndola parecer aun más pequeña.

-Gracias, creo que me podrías decirme tu nombre, extraño, claro si no es mucha molestia- dijo sarcásticamente.

-Me llamo Edward, ahora dime el tuyo- sentía en el aire un delicioso olor a fresa, por supuesto era ella.

-Soy Isabella pero me gusta que me digan Bella-dijo y tomo mi mano entre las suyas, estrechándolas, sentí una fuerte corriente eléctrica a lo largo de mi brazo-Mira –apunto hacia el edificio de en frente donde la luz estaba pestañeando de forma extraña. Extraño dado que en New York, nunca se cortaba la luz.

-Qué raro-susurre.

-Bastante, pero porque no jugamos a las 20 preguntas-la mire con una ceja alzada-o sea yo digo para conocernos más ¿Sí?-dijo con voz dulce e hizo un puchero, esta chica era realmente muy extraña, sobre todo su humor, demasiado cambiante.

-Vale vale, yo empiezo –medite unos segundos, pregunte lo primero que se me ocurrió-¿Dónde vivías antes?-

-En Italia-dijo rápidamente- Dime Edward ¿Tienes hermanos?-

-No, soy hijo único además estoy seguro que soy adoptado, Esme no puede tener hijos al parecer-dije sin importancia.

-Ohh Dios, soy realmente estúpida por preguntar eso, lo siento tanto Edward-dijo, se acerco a mí y comenzó acariciar mi brazo, esto era un sensación nueva y muy extraña, ya que por lo que recordaba nunca nadie se comportaba cariñoso conmigo, pero se sentía bien, casi como si una pieza estuviera en su lugar.

-Tranquila Bella, no tenías por que saberlos- bebí otro sorbo de la botella-¿Por qué viviste en Italia?-

-Mi papá tenía negocios allá-susurro.

-Tú papá es una especie de" El padrino de la Mafia" ¿No?- pregunte en tono de burla.

-No-dijo rotundamente-al parecer no tienes mucho aguante, un par de sorbos de vodka y te emborrachas- dijo con el ceño fruncido.

-Y ahora quien es la enojona, yo lo decía porque me dijiste capisci hace un rato, te salió tan jodidamente divertido-dije y comencé a carcajearme. Nunca me había reído tanto, me dolía el estómago, después de un momento se unió a mi ataque de risa.

-Ya –no- puedo- más- dijo Bella entre carcajadas

-Yo-tampoco-literalmente estaba revolcándome de la risa.

-Ya me calme-dije más tranquilo luego de un largo rato.

-Creo que yo igual-susurro visiblemente más relajada-Dios es tardísimo-dijo y se levanto abruptamente, la seguí.

-¿Cómo lo sabes?-pregunte.

- No es necesario ser un genio, mira el cielo-apunto-está amaneciendo, tengo que correr si se dan cuenta los guardias, se lo dirán a mi padre…-negó con la cabeza.

-Cálmate Einstein-la tome por los hombros- inhala, exhala-

-Yo… me debo ir, nos vemos pronto-dijo y se marcho, sin darme oportunidad de decirle algo.

Tome mis cosas y me marche despreocupadamente a casa, había sido una buena noche, pero no sería la única, la madrugada siguiente la encontré con mi chaqueta sobre sus hombros y una gran sonrisa en su rostro cuando llegue a la misma azotea.


Holas

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