CAPITULO II
Muchas gracias por sus comentarios, aquí les dejo el segundo capitulo, espero y sea de su agrado y Feliz Año Nuevo!!!
Beta reader: Colette
Palabras: 4,176
16 de Diciembre de 2009
¡Candy, apúrate que ya llego Annie con los niños! – Gritaba la Hermana María al pie de la escalera dirigiéndose a la segunda planta, especialmente al cuarto de cierta rubia pecosa.
¡Ya voy Hermana, solo término de arreglarme el cabello! – Respondía la joven asomando solo su cabeza por la puerta de su pieza.
Annie saludaba efusivamente a la religiosa, mientras que los pequeños mellizos de apenas cuatro años entraban correteando hacia la segunda planta del hogar de Pony, yendo directamente hacia donde estaba Candy.
¡Tía Candy, tía Candy! – Gritoneaban los chiquillos, saltando y echándose encima a la ojiverde.
¡Hola mis amores, pero mira nada más… están enormes! – Saludaba Candy mientras los abrazaba y besaba sus mejillas. – Bueno vámonos ya estoy lista.
La rubia bajó junto con sus sobrinos a la estancia donde la esperaban Annie, la Hermana María y la señorita Pony.
Si no fuera porque Anthony y Dylan fueran por ti a saludarte llegaríamos al zoológico en la noche. – Decía la morena un tanto sonriente a su hermana de crianza.
La joven hizo un mohín de disgusto que causo las carcajadas de las mujeres mayores, la ojiazul abrazo a Candy consolándola por haberla regañado.
Bueno ya… Vámonos si no llegaremos al anochecer como dice Annie.
Tanto las chicas como los pequeños se subieron a la camioneta de la morena, Candy ayudo a los niños a subirse a sus sillitas y les ajusto el cinturón de seguridad, una vez acomodados los cuatro en sus asientos, Annie encendió la camioneta y partieron rumbo al zoológico de la ciudad.
°o.O Cαndy y Tєrry O.o°
Lo lograste amigo. Al fin el sueño de Susana se ha convertido en realidad. – Decía un galante rubio mientras caminaba junto a su amigo y socio.
Sí hermano, esto de alguna manera hace sentirme que Sussy esta conmigo. – Respondía el castaño con un dejo de nostalgia.
Bueno, bueno ya… Dejémonos de cosas tristes. Dime una cosa Terry, ¿Estas emocionado por tu cita de esta noche?
Hnmm… - Bufó algo molesto el ingles mostrándole una media sonrisa a su amigo. – Todavía no comprendo como me dejaste convencer a hacer esa locura, sabes muy bien que apenas y será un año de la partida de mi esposa; y yo ya estoy faltando a su memoria saliendo en una "cita a ciegas" que tú y tu novia arreglaron a mis espaldas.
Albert detuvo su andar al igual que Terry, el rubio miro fijamente a su amigo y de manera seria le respondió: - Hermano, sé muy bien del dolor que te causo la pérdida de tu esposa, pero tú tienes que seguir con tu vida; volver a casarte, formar una familia…
No lo sé Albert… Todavía me duele la perdida de Susana. – Decía serio el castaño. – Agradezco mucho lo que tú y Karen hacen conmigo pero, no puedo prometer de que estoy listo para iniciar una nueva relación.
No te estoy pidiendo que en cuanto conozcas a esta chica te enamores de ella inmediatamente, primero conócela y si no te gusta o no te agrada simplemente no la vuelves a ver y ya, pero solo recuerda una cosa y creo que es algo importante, Susana te pidió que pasara lo que pasara siguieras con tu vida y lo más importante que fueras feliz…
Al escuchar las palabras de Albert y recordar que esas fueron las últimas que escucho de su esposa, Terry comprendió que ya era hora de continuar con su vida, si apenas tenía treinta años así que se consideraba joven después de todo; decidido le respondió a su amigo con un sí, haciendo que el rubio sonriera.
°o.O Cαndy y Tєrry O.o°
Candy, Annie y los pequeños habían llegado al lugar, la morena se encamino hacia la taquilla para comprar solo un par de boletos ya que era miércoles y ese día los menores entraban de manera gratuita.
Ya habiendo entregado los tickets al hombre encargado de la entrada, las dos mujeres y los niños comenzaron su recorrido por el zoológico, Dylan vio que se acercaba un grupo de niños que eran dirigidos por tres personas que trabajaban dentro del parque, así que el pequeño que era muy parecido a Archie le pregunto a su madre que si les daba permiso de ir con el grupo ya que les darían un recorrido por el área de los reptiles, particularmente donde se encontraban las serpientes, Annie al oír que se trataban de esos animales y sacando a relucir su fobia ante las víboras les dijo que sí, siempre y cuando no se separaran del grupo y tomara de la mano a su hermano Anthony.
Ambas chicas se encaminaron cerca de la puerta de entrada del área donde habían entrado los niños, tomaron asiento en una de las bancas del lugar, siendo la morena la primera en tomar la palabra.
Y dime Candy… ¿Estas emocionada por tu cita de esta noche?
La rubia se acomodo las mangas de su sweater, dio un largo suspiro y respondió la pregunta de su amiga. - ¿Emocionada? Mejor diría; aterrada…
Vamos Candy… - Sonrió la ojiazul. – Te ira muy bien, el tío de Archie me dijo que Terruce esta muy entusiasmado en conocerte. – Afirmó la joven guiñándole un ojo.
¿Entusiasmado? – Cuestiono la joven, enarcando una de sus cejas. - En fin… Descubriré lo "entusiasmado" que esta en conocerme esta noche, pero una cosa si te diré Annie, si resulta ser un engreído y malcriado inmediatamente me regreso al Hogar de Pony. – Afirmo la rubia de forma decisiva.
Annie no pudo evitar reír ante el comentario de su rubia amiga, imaginándose ese episodio si resultara que la cita de Candy fuera como ella lo predecía, ya que conocía de sobra el carácter de la pecosa.
Ignorando por completo la burla de su amiga, la ojiverde se encamino hacia un lugar por demás especial, era simplemente el área recién inaugurada conocida como "Reserva ecológica de gorilas del Congo" en homenaje a la Dra. Susana Marlowe, era lo que decía aquella placa de mármol con letras doradas, la rubia acaricio la piedra sintiendo un estremecimiento en su pecho, que por ende se llevo su mano derecha a la altura de donde se encontraba su cicatriz, producto de su trasplante de corazón que tuvo hace un año.
Uno de los primates, en especial la hembra se acercó lo suficiente para quedar a unos cuantos centímetros de aquel grueso cristal que servía de protección, alzando una de sus manos para posarlas en el vidrio quien al ver esto, Candy respondió de la misma manera juntando su mano con la del animal, cosa que no le causo temor a la pecosa, más sin embargo sintió que conocía lo suficientemente aquel lugar que tuvo la necesidad de emparejar su extremidad con la de la gorila.
Annie quien veía aquella escena le enterneció la manera en como su amiga se "saludaba" con aquel animal sintiendo como si se conocieran desde hace mucho tiempo, pero no solo la morena se dio cuenta de aquello sino un par de ojos en color zafiro miraba fijamente aquel acontecimiento, solo podía divisar una joven mujer de melena rubia rizada y a Mienna – que así se llamaba la primate- saludándose en aquella jaula.
¡Terry! – El ingles fue sacado de su ensoñación ya que prácticamente recordó que de esa manera su difunta esposa hacía ese "saludo" con aquel animal. - ¿Qué tanto estas observando que no me haces caso? – Preguntaba Albert acercándose hacia donde se encontraba el castaño para ver que era lo que distraía a su socio.
El joven sacudió su cabeza en señal de negación volviéndose hacia el rubio para saber que era lo que necesitaba.
No es nada Albert, ¿Qué me decías?
Que tenemos que irnos a la oficina, todavía tenemos que checar unos planos.
Ah sí como tu digas… Vámonos ya. – Ambos hombres se dirigieron hacia la salida del zoológico, no sin antes Terry dio un último vistazo a aquella jaula pero ya la rubia se había retirado.
°o.O Cαndy y Tєrry O.o°
Eran alrededor de las ocho de la noche en el Hogar de Pony, Annie acostó en una de las habitaciones a los mellizos para después dirigirse hacia la habitación de su amiga quien se alistaba para la cita a ciegas que le habían programado el tío de su mejor amigo junto con su novia.
Candy, ¿Ya estas lista? – Preguntaba la morena del otro lado de la puerta.
Sí Annie ya estoy lista, puedes pasar… - Respondía la pecosa quien se encontraba de pie, dando los últimos detalles a su atuendo.
¡Waoo Candy pero si luces bellísima!
¿Tú crees, Annie? ¿No me veo muy exagerada? - Preguntaba nerviosa.
¡Ay no como crees, si ese vestido te queda de maravilla! – Decía la ojiazul acercándose hacia la pecosa para acomodarle la parte de arriba del bello pero sencillo vestido en color verde que contrastaba con el mismo color de sus ojos. – Vamos hermana no está de más que enseñes un poco. – Le desabrochaba un par de botones de la parte de arriba del atuendo, cosa que Candy le impidió ya que no le gustaba enseñar su cicatriz.
¡No Annie, eso no! Sabes bien que no me gusta que vean esto. Si salgo así de seguro se asustara y se marchara antes de presentarme.
Como tú digas pequeña… - Respondía algo desanimaba la morena ya que no había logrado su cometido. – Pero no entiendo el porque de ocultarla, además casi ni se nota; Neal hizo muy bien su trabajo.
Lo sé y créeme que no es por eso pero… Pero creo que no es lo apropiado en decirle a la primera cita que hace un año me sometí a un trasplante de corazón.
Mmm en eso tienes razón, eso no para estarlo divulgando por ahí. – Reiteró Annie en total acuerdo con su amiga de la infancia.
Bueno creo que ya no queda nada pendiente, llevas tu cartera, te pusiste un delicioso perfume; pues entonces bajemos que ya no tarda en llegar Karen para llevarte al restaurante donde conocerás a Terruce.
Ambas salieron de la habitación encaminándose hacia la escalera para bajar a la sala, no sin antes deteniéndose en el camino ya que Candy le pregunto algo a su amiga:
Dime una cosa Annie. ¿Tú conoces a Terruce?
Annie de manera inocente le negó con su cabeza a lo que Candy le volvió a preguntar mirándola incrédula: - ¿Y Archie, acaso lo conoce?
Tampoco hermana, solo lo conocen Albert y Karen.
La rubia comenzó a sentirse nerviosa tras escuchar la respuesta de su amiga y por un momento tuvo la idea de arrepentirse y no acudir a aquella cita a ciegas, pero para infortuna de la ojiverde la voz de Karen que se escuchaba desde la estancia la hizo desistir.
Buenas noches Hermana María, Señorita Pony; vengo a recoger a Candy. – Saluda la actriz al mismo tiempo que abrazaba al par de mujeres quienes respondía el saludo de la misma manera.
Hola Karen ¿Cómo has estado? – Preguntaba la religiosa.
¡Muy bien Hermana, me ha ido de maravilla en el teatro y bueno en el amor ni se diga, Albert es un amor conmigo! – Respondía la joven quien de su bolso sacaba un sobre entregándoselo a la mujer mayor.
Tome Señorita Pony esto es un pequeño donativo para los niños del Hogar.
¡Oh Karen, hija que Dios te Bendiga, tú siempre acordándote de nuestros niños! – Hablaba la mujer mayor quien recibía el sobre donde veía una cantidad de dinero.
Vamos Señorita Pony, si yo estoy muy agradecida por haberse hecho cargo de mí cuando mis padres estuvieron en el hospital después de aquel accidente que los tuvo al borde de la muerte.
Pero para nosotras era un gusto que estuvieras aquí en el Hogar. – Respondía la religiosa.
Bueno, bueno ya… - Manoteaba con una de sus manos Karen en señal de querer terminar ese tema. – Mientras tenga el trabajo y el dinero para hacer esto, seguiré dándoles este donativo, además es víspera de Navidad y los niños se lo merecen.
Muchas gracias de todos modos Karen. – Dijeron las dos mujeres.
La voz de Annie saludando a la actriz desde la escalera quien venía acompañada de la rubia, hizo que las tres mujeres se giraran hacia ellas para verlas que venían descendiendo.
Hola Annie ¿Cómo has estado? – La saludo al mismo tiempo que se abrazaba a la ojiazul, quien la saludó de la misma manera.
¡Pero mira nada más, que tenemos aquí! – Afirmaba la actriz viendo de arriba abajo a la joven. - ¡Candy mírate luces bellísima!
Gra… Gracias Karen tú también luces hermosa. – Respondía la pecosa un tanto nerviosa.
Pues no se diga nada más. – Dijo la actriz mirando su fino reloj de pulsera. - Es hora de irnos, los chicos deben de estar esperándonos ya en el restaurant. ¿Estas lista Candy?
Sí… cuando tu quieras nos vamos Karen.
Pues con su permiso Hermana, Señorita Pony; me llevo a Candy, por favor no se preocupen que Albert y yo estaremos ahí con ellos y créanme conozco a Terry muy bien así que pueden estar tranquilas.
Te la encargamos mucho Karen… - Pedía la señorita Pony después de despedirse de las chicas quien antes de salir la noble mujer le dio la Bendición a la joven rubia.
¡Claro no se preocupen! ¡Annie querida salúdame a Archie y dale un beso a los mellizos de mi parte! – Se despidió la actriz desde su coche antes de arrancar con Candy hacia el restaurant.
°o.O Cαndy y Tєrry O.o°
Durante el trayecto, Candy iba muy callada apenas y respondía a lo que Karen le decía; pero en algo fue lo que captó su atención y fue cuando la actriz le dijo que Terruce Grandchester – como se llamaba el chico con el que se iba a ver- hace un año había enviudado, cosa que no lo tomo con muchas ganas ya que presintió que como estaba todavía reciente la muerte de su esposa, el joven no iba a estar tan entusiasmado en continuar saliendo con ella. Quizás para Candy, esto último que escuchó sería algún alivio ya que sentía que esta "cita" no iba a llegar a más.
Karen continuaba relatándole acerca de la vida del ingles, le dijo en que trabajaba, de donde era, cuanto tiempo tenía de conocer a Albert y demás cosas que podrían servirle a la rubia para así iniciar una relación con el socio de su novio, ya que para ella; Candy sería la pareja ideal para Terry.
Hasta que después de veinte minutos de camino, ambas chicas llegaron a uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad, Karen le entregó las llaves al encargado del Valet Parking para estacionar su coche, antes de entrar, la actriz tomo de los hombros a la pecosa y le dijo usando un tono de voz por demás decisivo:
¡Vamos Candy, relájate te ves muy nerviosa!
¡Lo estoy Karen! – Fue lo que pronuncio la rubia manteniendo su mirada hacia el piso.
Karen soltó un bufido tratando de que su paciencia no llegara al limite, busco desde afuera la mesa en la que según Albert le había dicho en donde estarían, cuando los encontró, jaló a la rubia para que viera al par de hombres que estaban sentados.
Mira Candy ¿Ves esa mesa de allá? – Preguntó al mismo tiempo que señalaba a los dos hombres uno era rubio, elegantemente vestido y con su cabello recogido en una coleta baja y el otro solo se apreciaba su larga cabellera castaña ya que el joven se encontraba de espaldas a la puerta.
Sí. – Musito la joven, fijando su vista hacia el lugar señalado.
Bueno pues allá están; el rubio ya lo conoces y sabes que es Albert, y el que lo acompaña es Terruce Grandchester, ya sé que esta de espaldas y no lo puedes ver, pero te aseguro que cuando lo conozcas te caerá muy bien ya que es un hombre guapísimo.
La ojiverde sintió que no era justo tanto para Karen como para Albert arrepentirse a último momento y salir corriendo rumbo a su casa, y bueno también por el chico que acepto conocerla sin saber siquiera quien era, así que decidida le dijo a su amiga que estaba lista y que pasara lo que pasara, total no perdía nada con intentarlo.
Karen le mostro a la rubia una bella sonrisa, cosa que Candy respondió de la misma manera y ambas chicas después de acomodarse sus atuendos entraron al lujoso restaurant siendo recibidas por el hosstes de la entrada.
Buenas noches Señoritas ¿Tienen reservación o les podemos asignar una mesa?
Buenas noches… Y si tenemos reservación de hecho nos están esperando, la reservación esta a nombre de Albert Andley. – Respondió la actriz haciendo gala de su porte y belleza.
Andley… Andley. – Buscaba el hombre de entre su lista. – Ah sí Andley Albert, mesa once por aquí por favor las llevare con los caballeros.
No se moleste. –Interrumpió la actriz. – Sé muy bien donde está, además queremos sorprender a nuestros novios.
"Novios" aquella palabra sacudió a la rubia ya que no conocía al muchacho y ella ya la estaba emparejando con él.
Entonces, les deseo que tengan una muy buena velada. – Se despidió el hombre haciendo una pequeña reverencia hacia las damas.
Karen agradeció las atenciones del hosstes y le volvió a sonreír a su amiga dándose cuenta de que la pecosa tenía un sonrojo en sus mejillas.
¿Por qué te sonrojas Candy? ¿Acaso te gusto el mesero?
No Karen como crees, lo que pasa es que dijiste "novios" y hasta apenas hoy lo voy a conocer, que vas a decir la próxima vez que son nuestros maridos. – Respondía la rubia algo molesta.
Pues quien sabe amiga, a lo mejor y sí… - La voz de Karen sonaba alegre y picara. – Bueno ya vamos con ellos.
Candy dio un largo suspiro y se encamino con su amiga hasta la mesa, ahí Albert al ver que se aproximaban las dos chicas se puso de pie para recibirlas a lo que Terry imitó el mismo movimiento, girando su cuerpo para quedar de frente a las damas.
Albert mi amor ¿Cómo has estado? – Saludó la actriz a su novio dándole un beso en los labios, siendo recibida por los fuertes brazos del rubio que la envolvieron en un abrazo.
Mientras Karen y Albert se saludaban mutuamente, Terry se quedo mirando fijamente a la joven que estaba de frente suya, Candy de pie frente a él no podía musitar palabra alguna solo se limitó a sonreírle a lo que para el ingles esta simple expresión bastó para que en su rostro demostrara un poco de sorpresa.
Ah… Hola Terry. – Saludo la actriz, sacando de su ensoñación al castaño y haciendo que Candy también reaccionara. – Ella es Candice White pero puedes llamarla Candy y Candy él es Terruce Grandchester pero puedes decirle Terry. – Los presentó usando un tono por demás divertido a lo que Albert solo sonrió algo apenado ya que conocía de sobra las peripecias de su novia.
Mucho gusto… Terry. – Saludaba la rubia al mismo tiempo que extendía su mano para saludar al ingles.
El rubio enfocó su mirada en Terry quien seguía en la misma posición sin hacer movimiento alguno, así que aclaró su garganta y saludo a Candy dándole un beso en una de sus mejillas, cosa que hizo que el castaño reaccionara.
El gusto es mío Candy… - Saludo el ingles ahora siendo él el que extendía su mano para estrecharla con la de la rubia.
La pecosa devolvió el saludo y ambos jóvenes entrelazaron sus manos sintiendo una especie de corriente eléctrica, que los hizo separarse de inmediato.
Después de ese breve momento, las dos parejas tomaron asiento, por ende Karen se sentó al lado de su novio y Candy hizo lo mismo pero al lado del castaño quien solo la contemplaba con su mirada.
El mesero encargado de atenderlos al ver que habían llegado las chicas, se acerco hacia la mesa para ofrecerles alguna bebida, pidiendo Albert y Terry de nueva cuenta un whisky en las rocas, Karen un Martini y Candy simplemente agua mineral.
¿Y a que te dedicas Candy? – Preguntaba Albert, más que nada para que Terry supiera ya que él conocía desde hace años a la pecosa.
Doy clases de pintura en la escuela que esta cerca del Hogar de Pony, me gusta mucho pintar y estoy ahorrando para poder irme a estudiar un curso de arte a Florencia Italia.
La rubia seguía relatando partes de su vida, omitiendo claro lo de su trasplante de corazón, Terry simplemente se dedicaba a observarla con lujo de detalle cada gesto, ademan o mueca que hacía la ojiverde; lo hacía recordar a alguien pero no sabía a quien. De repente el ingles se paro de su asiento y pidiendo disculpas a los otros se dirigió hacia el baño de hombres, dejando confundidos a los demás, en especial a Candy quien solo agacho su mirada en señal de derrota.
Vaya… Parece que no resulté ser lo que esperaba tu amigo. – Musitó la joven un tanto apenada.
No te preocupes pequeña, hablaré con él… - Albert se paró de su asiento para encontrarse con su amigo y reclamarle el porque de esa actitud.
No Albert, déjalo… - Interrumpió la rubia impidiéndole el paso ya que ella también se había puesto de pie. – Será mejor que yo me vaya, no tengo nada que hacer aquí.
¡Pero por supuesto que no, Candy! No voy a dejar que te vayas tú sola. – Habló Karen parándose de su lugar. – Cariño ¿Podrías esperarme en el departamento mientras voy y dejo a Candy a su casa? – Le preguntó la actriz a su novio.
Claro mi amor… Ve y deja a tu amiga y yo te espero allá.
No Karen, como crees que voy a dejar que hagas eso… Tienes tiempo de no ver a Albert, yo puedo irme sola no estamos muy lejos del Hogar, tomaré un taxi aquí afuera… - Pidió la rubia tratando de no mostrar su desanimo ante la fallida velada.
¿Estas segura de que puedes irte tú sola? – Preguntó la actriz posando su mirar en los ojos esmeraldas de Candy.
Totalmente… - Aseguro la joven.
Entonces no se diga nada más, que te vaya bien pequeña, perdóname por hacerte pasar esto. – Se disculpó la chica despidiéndose de su amiga dándole un fuerte abrazo y un beso en una de sus mejillas. - ¡Pero ese idiota de tu socio me va a oír, Albert! – Observaba con aura asesina a su novio quien solo se encogió de hombros ante la amenaza de Karen.
Candy solo sonrió ante el último comentario de la joven ya que conocía de sobra el carácter por demás explosivo de su amiga, sintiendo pena por el pobre de Terry al imaginarse todo lo que le iba a reclamar Karen tras su comportamiento, pero bueno decidida tomo su bolso y despidiéndose amablemente de Albert, la joven se encamino hacia la salida, le dio las buenas noches al hombre que las había recibido y salió del restaurant para esperar un taxi que la llevaría de regreso al Hogar de Pony.
°o.O Cαndy y Tєrry O.o°
Cinco minutos ya habían pasado desde que el ingles se había puesto de pie y se dirigiera al baño de hombres, a ciencia cierta no sabía el motivo del porque esa reacción con aquella chica que recién conoció, en particular, la joven era muy pero muy bella, no se veía del tipo de mujeres que se la pasaban de compras aquí y allá ni por supuesto nada materialista lo noto en la sencillez de su vestuario y en la manera en como se comportaba. Y sí era eso… la manera en como se comportaba, sus gestos, sus ademanes, algo tenía esa pecosa que lo hacía ponerse nervioso.
Decidido a poner fin a todas estas inquietudes, Terry se refresco un poco su rostro antes de salir y acompañar a sus amigos y a la recién conocida y terminar lo mas amenamente posible la velada, cuando estaba por salir, algo lo detuvo en su andar y fue precisamente el recuerdo de alguien que le hizo saber a quien se parecía aquella chica rubia de ojos verdes. Totalmente confundido ante el nuevo descubrimiento, el castaño se regreso al baño recargándose en el frío azulejo mientras una sola palabra musitaba de sus labios…
Susana…
CONTINUARA…
