¡Holaaaaaaaaa! Os taigo aqui el siguiente capítulo :) Creo que me he enrollado demasiado...
Muchisimas gracias a todo el mundo por sus coments! No he tenido tiempo de contestaros a todos, pero prometo hacerlo en este^^
Besoooooos
—¡Me toca leer! —gritó un entusiasmado Sirius.
—¿Por qué a ti? —protestó James— ¡Yo tengo el libro!
—Pero tú has leído el capítulo anterior.
—El final solamente, Lily leyó la mayor parte.
—No me importa, perdiste tu turno.
—Pero…
—¡Basta! —gritó la pelirroja— O empezáis de una vez se lo paso a Remus.
Sirius hizo una mueca burlona y le quitó a James el libro de entre las manos.
Harry sangraba.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó ansiosamente James.
—Oh, vaya, no me digas que vas a ser uno de esos padres sobreprotectores —refunfuñó Sirius.
—¿Has aceptado que Harry es hijo mío?
—¡No! Hasta que no haya pruebas más concluyentes no daré mi brazo a torcer…
Mientras se apretaba la mano derecha con la izquierda y maldecía por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio empujándola con el hombro. De inmediato se oyó un crujido de porcelana al romperse, pues le había dado un puntapié a una taza de té que había en el suelo, delante mismo de la puerta.
Sirius interrumpió la lectura y bufó:
—¿Quién es tan idiota de poner una taza delante de una puerta?
—Tú serías capaz, Black.
—¡No! Eso no tiene ninguna gracia. Una broma pésima.
—Pero ¿que...?
Echo un vistazo alrededor: el rellano del numero 4 de Privet Drive se hallaba desierto.
—¿Qué hacemos en Privet Drive? —preguntó James— ¿Dónde demonios está Privet Drive, de todas formas?
Se revolvió el pelo. Si algo había decidido desde hacía tiempo, era que, una vez fuera de Hogwarts, buscaría una casa en el valle de Godric, una casa grande y bonita en la que establecería a su familia. Él mismo se había criado allí y el ambiente en el que había crecido era el que siempre deseó pasa sus futuros hijos. Ese Privet Drive quedaba fuera de consideración.
—En Surrey —contestó a su pregunta Lily.
—¿En Surrey? ¿Qué cuernos hago yo en Surrey?
—Esto demuestra que ese Harry no es descendiente tuyo, Cornamenta. Lo siento, pero estás a punto de perder tu apuesta.
James le ignoró. Surrey le sonaba a barrio muggle, ¿qué hacía él en un barrio muggle? No es que tuviese nada en contra de los muggles, al contrario, pero apreciaba demasiado la magia como para irse a vivir a un ambiente carecido de ella.
—¿Y tú como sabes dónde está Surrey? —le preguntó Remus a Lily.
La pelirroja volteó los ojos.
—Conozco a la perfección los barrios muggles de Londres. Me he criado en uno, por si no lo recordáis —frunció el ceño y adoptó una expresión airada— Y además, en Surrey vive el asqueroso del novio de mi hermana.
—Ya, genial —dijo Sirius, sin ningún interés por saber de la hermana de la pelirroja— ¿Puedo seguir leyendo? Y luego soy yo el que interrumpe…
Seguramente, Dudley había dejado alli la taza,
—¿Dudley? —repitió Sirius— ¿Qué clase de nombre es ese?
—Puede que sea hermano de Harry —comentó Lily.
—¡Yo no llamaría a mi hijo Dudley!
—Eso es porque Dudley no es hijo tuyo, Cornamenta. Y Harry tampoco… Voy a ganar esa apuesta.
—¡Bah! Sigue leyendo, Canuto.
convencido de que estaba haciendo una broma ingeniosa. Manteniendo la mano que le sangraba en alto, Harry recogió los fragmentos de porcelana con la otra y los arrojó a la papelera, ya rebosante, que había justo al lado de su dormitorio. Luego fue al cuarto de baño a poner el dedo bajo el grifo.
Era estupido, absurdo y sumamente irritante que todavía faltaran cuatro días para que se le permitiera practicar magia. Pero tenía que admitir que no habría sabido que hacer con aquel corte irregular en el dedo. Todavía no había aprendido a curar heridas y, pensándolo bien —sobre todo a la luz de sus planes inmediatos—,
—¿Qué planes inmediatos? —preguntó James.
—Pues no sé —contestó Remus—, supongo que tendrá que ver con el hecho de que Voldemort lo quiera muerto.
—Defenderse o morir.
Lily se estremeció: —¡Black! No hables así…
El aludido se encogió de hombros y siguió leyendo.
eso era un grave fallo de su educación mágica. Se dijo que debía pedirle a Hermione que le enseñara
—¡Uhh, Hermione! —canturreó el animago perro— ¿Una novia?
—No tiene porque ser su novia —replicó Remus—, pueden ser solo amigos.
—Sí, claro, y yo soy manco.
—¿Es que mi hijo no puede tener amigas o qué? —replicó James.
—Vamos, Cornamenta, ¿desde cuándo los Potter tienen a mujeres como amigas?
—¡Desde siempre!
Remus se rió desde su asiento: —Nombra a una.
—Susan —contestó sin pensar.
—Pasillo del tercer piso en cuarto curso —comentó Sirius.
—Jane.
—Torre de astronomía —dijo ahora Remus—, sexto año.
—Claire.
—Cuando estábamos en quinto. ¿Dónde fue esta vez, Lunático?
—En la puerta del aula de transformaciones, antes de entrar a clase.
—Helen.
—¿Quieres que te contestemos a eso? —preguntó Sirius con una ceja alzada.
—¡Pero no fueron más que unos besos sin intención!
Sirius soltó algo parecido a un ladrido:
—¡Les metiste la lengua hasta la campanila! ¿A eso le llamas sin intención?
Lily carraspeó a la derecha de James. Los muchachos se habían olvidado por completo de ella, pero la pelirroja no había quitado oído a la conversación. Era reconfortante saber que Potter al menos recordaba el nombre de sus innumerables conquistas.
—¿Llevas años jurándome amor eterno mientras te enrollas por las esquinas con otras? —entrecerró los ojos hasta formar dos rendijas amenazantes. James tragó saliva y, por puro instinto, reculó en el sillón hasta alejarse unos centímetros de ella.
—¡Pero yo te qui…!
—NO-DIGAS-NADA —le interrumpió antes de que se pusiese en ridículo.
Sirius y Remus escondieron la risa todo lo que fueron capaces, pero no lo suficiente como para ocultársela a Lily. Les miró con furia y, sin detenerse a pedir permiso, le arrebató a Black el libro de las manos. Necesitaba mantenerse ocupada con algo.
Empezó a leer rogando interiormente por controlar su tono de voz.
y a continuación, con un gran punado de papel higiénico, limpio el te derramado antes de volver a su dormitorio y cerrar de un portazo.
—Parece que el muchacho tiene genio.
—¡Cállate, Black!
Había pasado la mañana vaciando por completo su baúl del colegio por primera vez desde que lo llenara seis anos atrás. Al principio de cada curso escolar se limitaba a sacar de él las tres cuartas partes de su contenido y sustituirlas o ponerlas al día, pero dejaba una capa de residuos en el fondo: plumas viejas, ojos de escarabajo disecados, calcetines desparejados...
—Vamos, un hombre limpio y ordenado.
—Como su padre, entonces
Sirius volteó los ojos tras ese comentario. Lily volvió a carraspear y tanto él como James enmudecieron en el acto.
Unos minutos antes, al meter la mano en ese mantillo, había experimentado un agudo dolor en el dedo anular de la mano derecha y, al retirarla, vio la sangre. Esta vez tuvo más cuidado. Volvió a arrodillarse junto al baúl, busco a tientas en el fondo y, tras sacar una vieja insignia donde se leía alternativamente Apoya a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA,
—¡Eh! ¡Ningún Potter apesta! —gritó James, olvidándose de que había decidido pasar desapercibido durante un rato. Nadie se metía con el apellido Potter y quedaba inmune.
—¿Quién es Cedric Diggory, de todos modos?
Lily chasqueó la lengua, ¿es que nunca sabían nada?
—Amos Diggory estudiaba unos cursos por encima de nosotros —explicó—. Se debió de graduar hace años.
—¿Era Hufflepuf, verdad? —preguntó Remus.
Lily asintió: —Y era bastante atractivo.
James frunció el ceño. Genial. Ahora, aparte de decir que "Potter apesta", ese tal Diggory resulta que era atractivo.
—Cedric podría ser su hijo —comentó Sirius.
—¿Qué? —alucinó su mejor amigo— ¿Cedric puede ser el hijo de ese Diggory tan atractivo y Harry no puede ser el mío?
Sirius le ignoró.
—Sigue leyendo, pelirroja.
un chivatoscopio rajado y gastado y un guardapelo de oro que contenía una nota firmada R.A.B., encontró por fin el borde afilado que le había producido la herida. Lo reconoció de inmediato: era un trozo de unos cinco centímetros del espejo encantado que le había regalado Sirius,
—¿Perdón? —preguntó el aludido.
—Era un trozo de unos cinco centímetros del espejo encantado que le había regalado Sirius —volvió a leer Lily.
—¡Ya, ya! Ya lo había entendido.
—¡Sales en el libro, Canuto! —sonrió James— ¡Y le regalas nuestro espejo! ¡Eso quiere decir que Harry es mi hijo!
—Puede ser otro Sirius…
Lily se vio obligada a intervenir y, lo que era peor, a darle la razón a Potter.
—Por favor, Black, ¿a cuánta gente que se llame Sirius conoces?
—A mí y… —frunció la frente— ¡A mí!
La pelirrola volteó los ojos y James se rió.
—¡Vamos, Canuto! ¡Que soy padre!
—Pobre niño… —murmuró por lo bajo el perro.
—Ya te dije que lo sentía dentro. Es como si Harry fuese ya mío, ¿lo entiendes?
—No, la verdad.
—No ha nacido, pero ya me importa.
Lily le miraba perpleja. Lo que estaba diciendo James, bien podría estar saliendo de sus labios. Sentía prácticamente lo mismo.
—¿Pasa algo? —le preguntó él cuando se dio cuenta del escrutinio.
—¿Sabes, Potter? Puede que seas un patán, pero eres un patán con buenos sentimientos.
El moreno se hinchó ante el cumplido, o lo que sea que fuese aquello, y Lily se apresuró a leer antes de que sus mejillas se sonrojasen.
su difunto padrino.
A Lily se le quebró la voz y se detuvo, demasiado impresionada como para seguir leyendo. A los cuatro adolescentes les llevó un tiempo asimilar aquella información.
Sirius fue el primero en hablar.
—¿Me he muerto?
—No puede ser. Tú no estás muerto, Canuto.
—Pero el libro…
—¡Olvidémonos del libro! —gritó James.
—James, cálmate —le pidió Remus.
Pero James, lejos de calmarse, encolerizó aún más. Se levantó y soltó un gemido ahogado. Se negaba a creerlo. Sirius no podía estar muerto.
—¡Este futuro es una mierda! —gritó. No le gustaba hablar mal, para los tacos y las expresiones groseras ya estaba Sirius, pero no había una expresión que se acercase más a lo que sentía en ese momento—. Primero el perturbado de Voldemort está en busca de mi hijo, después resulta que Peter es un maldito mortífago, ¡un mortífago! —rió con amargura— ¡Por los calzones de Merlín! Es Peter… ¡y es mortífago! Y ahora, para rematar, resulta que Sirius está muerto. ¡Vaya mierda de futuro! ¿Es que no hay en él nada que merezca la pena?
—Harry merece la pena —Lily se levantó y se permitió la confianza de agarrar a James por las mejillas. Clavó sus ojos esmeraldas en él e intentó calmarlo. Si había alguien que podía con eso, esa era ella—. Es tu hijo, James. Y es un chico fantástico. Te necesita.
Remus y Sirius observaban la escena ante sus ojos como si fuese algo irreal. Lily, la pelirroja, casi abrazando a James, y este último sin intentar propasarse ni un poquito. El mundo al revés.
Sirius se decidió a romper el momento.
—Y además, Lunático ha encontrado una lobita con la que procrear.
—¡Sirius! —protestó el aludido— ¿No puedes tomarte las cosas en serio por una vez en tu vida?
—Acabo de morirme, ¿de verdad quieres que sea serio?
Remus volteó los ojos y casi se permitió hasta sonreír. Su amigo no cambiaba…
Lily tomó la mano de James y lo arrastró junto con ella hasta el sillón antes de proseguir la lectura.
Lo puso aparte y siguió tanteando con precaución en el baúl en busca de la parte restante, pero del último regalo de su padrino no quedaba más que un poco de vidrio pulverizado que, como brillante arenilla, se había adherido a la capa más profunda de residuos.
Se incorporo y examino el trozo de bordes irregulares con que se había cortado, pero lo único que vio reflejado fue su propio ojo, de un verde vivo. Dejo el frag…
—Espera, espera, espera —la interrumpió Sirius— ¿De qué color es su ojo?
Remus contestó por Lily: —De un verde vivo.
—¡Como los de la pelirroja! Ey, Cornamenta, ¿lo has escuchado?
—Sí, claro…
Sirius le miró con el ceño fruncido. James debería estar ahora dando saltos de alegría, molestando a Evans o cualquier cosa que se le ocurriese para festejar el color verde de los ojos de su hijo. Pero no, tenía la cara adecuada para un funeral.
—¿Pero qué te pasa? ¡Tu hijo tiene los ojos de Evans!
—¡Black! ¡No soy la única mujer del mundo con los ojos verdes!
—Pero sí eres la única con la que James se casaría.
El susodicho curvó los labios en algo parecido a media sonrisa.
—Venga, James —le dijo Remus— anímate, estás a punto de ganar la apuesta.
—¡Estoy yo feliz y eso que soy el que va a perder! —apuntilló Sirius— Además, anima la cara, que el muerto soy yo, no tú.
—Ja, ja —respondió de forma irónica—, qué gracioso, Sirius.
Dejó el fragmento encima de El Profeta de esa mañana (todavía por leer), que estaba sobre la cama, y, para detener el repentino torrente de amargos recuerdos y punzadas de remordimiento y nostalgia originados por el hallazgo del espejo roto, arremetió contra el resto de los cachivaches que quedaban en el baúl.
—¡Ohhh, Cornamenta Junior me quería!
—¡Pues claro que te quería! Es mi hijo, ¿no?
Sirius sonrió ampliamente. Su mejor amigo comenzaba a resurgir de nuevo.
—¿Por qué tu muerte le produce punzadas de remordimiento? —preguntó Remus, quien tenía la manía de buscarle las vueltas a todo.
—Prefiero no pensar en ello —respondió tajante Sirius.
Tardo otra hora en vaciarlo por completo, tirar los bártulos inservibles y separar los demás en dos montones, según fuera a necesitarlos o no. Acumulo en un rincón la túnica del colegio y la de quidditch,
—¡Juega al quidditch!
—Oh, oh, Jamise ha vuelto…
el caldero, las hojas de pergamino, las plumas y la mayoría de los libros de texto, porque no tenia intención de llevárselos.
—Espera, ¿qué? —se interrumpió a si misma Lily— ¿Por qué desecha todo el material escolar?
—Quizás haya terminado su educación mágica.
—No. Aún no ha cumplido los diecisite.
—Voldemort lo persigue —insistió Sirius— quizás quiera esconderse.
—¡Un Potter nunca se esconde! Somos valientes, auténticos Gryffindor.
Sirius hizo una mueca y con un gesto le indicó a la pelirroja que continuase.
Entonces se pregunto que harían sus tíos con ellos;
—¿Qué tíos? —preguntó James— Yo no tengo hermanos.
—Serán los hermanos de tu mujer.
—¡Tu hermana, Lily! —exclamó James, quien había recuperado por completo sus ganas de bromear y su entusiasmo.
—¡Yo no me voy a casar contigo, Potter!
—Pues eso no es lo que parecía antes… —musitó por lo bajo Sirius.
Lily le fulminó con la mirada.
—Además —añadió—, mi hermana me odia. Ella no cuidaría a un hijo mío a menos que yo estuviese muerta.
seguramente quemarlos a altas horas de la noche, como si fueran la prueba de algún espantoso crimen.
—Vaya, que familia política más simpática, Cornamenta.
—Cállate, Canuto.
—¿Sabéis? —dijo Lily con un estremecimiento— ese comportamiento salvaje contra la magia sí que sería algo propio de mi hermana.
En cambio, metió en una mochila vieja la ropa de muggle, la capa invisible,
—¡¡Hurra!! ¡Tiene la capa de invisibilidad!
—Por supuesto que tiene la capa, yo se la habré legado.
—¿Qué capa? —preguntó Lily perpleja.
—Te lo contaremos cuando se confirme que yo he perdido la apuesta. —dijo Sirius.
el equipo de preparar pociones, algunos libros, el álbum de fotografías que le había regalado Hagrid, un atado de cartas y su varita mágica. En un bolsillo delantero de la mochila guardo el mapa del merodeador
—¡TIENE EL MAPA! —gritó con todos sus pulmones Sirius
—¿De dónde lo ha sacado? ¡Lo perdiste! —acusó Remus al animago perro.
—No, no. No lo perdí. Se me cayó del bolsillo y Filch lo atrapó.
—Lo que es igual a perderlo.
—Quizás hacemos uno nuevo —divagó James sin prestarles atención— ¡Hagamos uno nuevo y dejémoselo de legado a mi hijo!
—Tu hijo ya tiene un mapa, Cornamenta.
—Perdonad —les interrumpió Lily— ¿de qué mapa habláis?
Los muchachos intercambiaron miradas y Sirius terminó por responder de nuevo: más tarde te lo diremos.
y el guardapelo con la nota firmada R.A.B.. Al guardapelo le había concedido ese lugar de honor no porque fuera valioso —no valía nada, al menos a efectos prácticos—, sino por lo que le había costado obtenerlo.
—¿Qué significa eso?
—¿Podemos dejar de interrumpir la lectura cada dos segundos? —preguntó Lily algo molesta— ¡No vamos a acabar ni para año nuevo!
Encima del escritorio, junto a Hedwig —su lechuza blanca como la nieve—, aun quedaba un buen montón de periódicos: uno por cada día pasado en Privet Drive ese verano.
Al cabo de un rato se puso en pie, se estiro y se acerco al escritorio. Hedwig no se movió mientras él se ocupaba de hojear los periódicos antes de tirarlos al montón de basura uno tras otro; la lechuza dormía o fingía hacerlo, ya que estaba enfadada con Harry por el poco tiempo que le permitía salir de la jaula.
A medida que llegaba al final de los periódicos, fue pasándolos más despacio, intentando recuperar uno que había llegado poco después de que el regresara a Privet Drive a principios del verano; recordaba que la primera plana de ese ejemplar incluía un breve comentario sobre la dimisión de Charity Burbage, la profesora de…
—¡Eh…!
—Sabemos que la profesora Burbage ha sido asesinada por Voldemort, Sirius —se le adelantó Remus— Sigue leyendo, Lily.
Estudios Muggles de Hogwarts. Por fin lo encontró. Busco la pagina 10, se dejó caer en la silla del escritorio y releyo el artículo que buscaba.
REMEMBRANZA DE ALBUS DUMBLEDORE
—¿QUÉ? —gritó Sirius— Y no me vais hacer callar ahora. ¡DUMBLEDORE ESTÁ MUERTO!
—No, no, no —negó Lily, demasiado sobrecogida como para aceptar la verdad—. Si Dumbledore muere, estamos perdidos.
Nadie dijo nada más durante los minutos que tardó la pelirroja en reanudar la lectura. Simplemente no podían creerlo. Dumbledore, su director, el mago más poderoso que habían conocido, muerto.
Elphias Doge:
Conocí a Albus Dumbledore cuando tenía once años; era nuestro primer dia en Hogwarts. La atracción mutua que experimentamos se debió sin duda al hecho de que ambos nos sentíamos como intrusos allí. Yo había contraído viruela de dragón poco antes de instalarme en el colegio y, aunque ya no contagiaba, mi cara —picada y de un desagradable tono verdoso— no animaba a nadie a acercárseme.
Albus, por su parte, había llegado a Hogwarts bajo la carga de una notoriedad en absoluto deseada. Apenas un año atrás, su padre, Percival, había sido condenado por una brutal agresión, muy divulgada, contra tres jóvenes muggles.
Lily jadeó: —¿El padre de Dumbledore atacó a unos muggles?
—En eso su hijo no salió a él —comentó James.
El nunca intento negar que su progenitor (que moriría en Azkaban) hubiera cometido ese crimen; es más, cuando reuní el valor suficiente para preguntárselo, me aseguro que sabía que su padre era culpable. Aparte de eso, se negó a seguir hablando de tan lamentable asunto, aunque muchos intentaron tirarle de la lengua. Algunos incluso elogiaban el acto de Percival y daban por sentado que su hijo también odiaba a los muggles.
—¡Puff, como si alguien se fuese a creer semejante pantomima! —dijo James.
—¿Dumbledore odiando a los muggles? Imposible —asintió Remus.
Pero estaban muy equivocados, como podría atestiguar cualquiera que lo conociera; él nunca manifestó ni la más remota tendencia antimuggle. De hecho, con su decidido apoyo a los derechos de los no magos, se ganaría muchos enemigos en los años posteriores.
Sin embargo, en cuestión de meses la fama que iba adquiriendo empezó a eclipsar la de su padre.
Hacia finales de su primer curso, ya nadie lo conocía como el hijo de un criminal antimuggles, sino como —nada más y nada menos— el alumno más brillante que jamás había pasado por el colegio.
Quienes tuvimos el privilegio de contarnos entre sus amigos nos beneficiamos de su ejemplo, así como de su ayuda y sus palabras de ánimo, con las que siempre fue generoso. Años después me confió que ya entonces sabia que lo que más le gustaba era ensenar.
No solo gano todos los premios importantes del colegio, sino que pronto estableció una correspondencia regular con los personajes del mundo mágico mas destacados de la época, entre ellos Nicolas Flamel, el famoso alquimista; Bathilda Bagshot, la renombrada historiadora, y Adalbert Waffling, el teórico de la magia. Asimismo, varios trabajos suyos fueron incluidos en publicaciones especializadas comoLa transformación moderna, Desafíos enencantamientos y El elaborador de pociones práctico. La carrera de Dumbledore prometía ser meteórica, y lo único que quedaba por saber era cuando se convertiría en ministro de Magia. Sin embargo, pese a que en los años siguientes a menudo se predijo que estaba a punto de asumir el cargo, nunca tuvo ambiciones políticas.
—Siempre me he preguntado porque no acepta el puesto de ministro —comentó Remus—, lo haría mucho mejor que muchos de los patanes que consiguen el cargo.
—Le gusta enseñar —dijo James—, él es feliz en Hogwarts.
Tres anos después de nuestro ingreso en Hogwarts llego al colegio su hermano Aberforth. No se parecían mucho, pues este nunca fue buen estudiante y, a diferencia de mi amigo, prefería resolver las disputas mediante duelos en lugar de con discusiones razonadas. Con todo, no es correcto insinuar, como han hecho algunos, que ambos hermanos estuvieran enemistados. Se llevaban tan bien como podían llevarse dos chicos tan diferentes.
Para ser justos con Aberforth, hay que reconocer que vivir a la sombra de Albus no era una experiencia agradable. Sus amigos teníamos que sobrellevar el hecho de quedar siempre eclipsados por él, y para su hermano debía de resultar aun mas difícil.
Cuando Dumbledore y yo terminamos los estudios en Hogwarts, planeamos hacer juntos la entonces tradicional vuelta al mundo, visitando y observando a los magos de otros países, antes de emprender nuestras respectivas carreras. Pero se produjo una tragedia: la víspera del inicio de nuestro viaje murió la madre de mi amigo, Kendra, y él se convirtió en el cabeza de familia y su único sostén.
Aplace mi partida el tiempo suficiente para asistir al funeral y ofrecer mi pésame a la familia, pero luego emprendí el viaje en solitario. Como Albus tenía un hermano y una hermana menores a su cargo y, además, les habían dejado muy poco dinero, no podía plantearse acompañarme.
Ese fue el periodo de nuestras vidas en que tuvimos menos contacto. A pesar de todo, me carteaba con él y le describía, quizá con escaso tacto, las maravillas de mi viaje, desde cómo me salve por muy poco de las quimeras en Grecia hasta los experimentos de los alquimistas egipcios. En sus cartas, el apenas me hablaba de su vida cotidiana, que a mí se me antojaba frustrante y aburrida para un mago tan brillante. Inmerso en mis propias experiencias, cuando mi ano sabático tocaba ya a su fin, me entere horrorizado de que otra tragedia había golpeado a los Dumbledore: la muerte de su hermana Ariana.
—¡Oh, no, pobre director! —sollozó Lily antes de seguir leyendo.
Pese a que esta tenía problemas de salud desde hacía mucho tiempo, el infortunio, acaecido poco después de la perdida de la madre, afecto mucho a los dos hermanos. Todos los que teniamos una relación estrecha con Albus (y me cuento entre esos afortunados) coincidimos en que la muerte de Ariana y el sentimiento de culpa que lo embargo (aunque el no tuvo ninguna responsabilidad en lo ocurrido, por supuesto) lo marcaron para siempre.
A mi regreso encontré a un joven que había soportado un sufrimiento desproporcionado para su edad; se mostraba más reservado que antes y mucho menos alegre. Por si fuera poca su desgracia, la muerte de Ariana no propicio el acercamiento entre él y Aberforth, sino que acentuó su distanciamiento. (Con el tiempo, esa situación se resolvió, pues ambos hermanos recuperaron, si no una estrecha amistad, al menos una relación cordial.) Sin embargo, a partir de entonces Albus raramente hablaba de sus padres ni de Ariana, y sus amigos aprendimos a no mencionarlos.
Otras plumas se ocuparan de describir los éxitos de los años siguientes. Las innumerables contribuciones de Dumbledore al acervo del conocimiento mágico, entre ellas el descubrimiento de los doce usos de la sangre de dragón, beneficiaran a generaciones venideras, igual que la sabiduría de que hizo gala en las numerosas sentencias que dicto mientras fue Jefe de Magos del Wizengamot. Dicen, todavía hoy, que ningún duelo mágico puede compararse con el que protagonizaron el y Grindelwald en 1945. Aquellos que lo presenciaron han descrito el terror y el sobrecogimiento que sintieron al ver combatir a esos dos extraordinarios magos.
La victoria de Dumbledore y sus consecuencias para el mundo mágico se consideran un punto de inflexion en la historia de la magia, semejante al de la introduccion del Estatuto Internacional del Secreto o a la caida de El-que-no-debe-ser-nombrado.
—¿La caída de Voldemort? —preguntó James— ¿Voldemort cae?
—Pero lo hemos visto en la cima del poder en el capítulo anterior —dijo Remus.
—Quizás haya habido unos años de calma —especulo Lily—, igual Dumbledore lo derrotó y ahora que él ha muerto Voldemort ha regresado.
Albus Dumbledore nunca fue orgulloso ni pedante; sabía encontrar algo meritorio en cada persona, por insignificante o desgraciada que pareciera, y creo que sus tempranas perdidas lo dotaron de una gran humanidad y una enorme compasión. No tengo palabras para expresar cuanto echaré de menos su amistad, pero mi dolor no es nada comparado con el del mundo mágico. Nadie puede poner en duda que Dumbledore fue el más ejemplar y el más querido de todos los directores de Hogwarts. Murió como había vivido: siempre trabajando por el triunfo del bien y, hasta el último momento, tan dispuesto a tenderle una mano a un niño con viruela de dragón como lo estaba el día que lo conocí.
Harry termino de leer, pero siguió contemplando la fotografía que acompañaba la nota necrológica: Dumbledore exhibía su habitual y bondadosa sonrisa, y como miraba el objetivo por encima de sus gafas de media luna, al muchacho le dio la sensación, incluso en el papel de prensa, de que lo traspasaba con rayos X. Y la tristeza se le mezclo con un sentimiento de humillacion.
—Cuando Dumbldore me mira siempre tengo esa misma sensación —comentó Lily.
Siempre había creído que conocía bien a Dumbledore, pero tras leer esa nota necrológica se vio obligado a reconocer que apenas sabía nada de él. Jamas había imaginado su infancia ni su juventud; era como si siempre hubiera sido como él lo conoció: un venerable anciano de cabello plateado.
—Cornamenta, tu hijo tiene una forma de pensar bastante extraña.
—¡No te metas con el muchacho! —lo defendió Lily— Yo tampoco puedo imaginarle al director siendo adolescente.
—Has estado muy callado hasta ahora —le acusó James.
Sirius se encogió de hombros:
—El artículo me aburría.
La idea de un Dumbledore adolescente se le antojaba rara; era como tratar de pensar en una Hermione estúpida
—¡Uhh, Hermione otra vez! —se burló Sirius.
—¿Te has dado cuenta de que eres como un niño pequeño? —le preguntó Lily.
—¡Pero es que el hijo de Cornamenta tiene novia! —y abriendo los ojos al atar cabos— ¡James, te pueden hacer abuelo!
—¡Oh, cállate, ni siquiera sabemos que sea su novia! —protestó el susodicho.
—¿Qué te apuestas?
—Ya has perdido una apuesta hoy.
—Media apuesta —le corrigió—, aún queda por confirmar la madre del chiquillo.
—¡Creí que ya lo habíais confirmado!
Lily respondió por Sirius, escandalizada, por supuesto.
—¡No! ¡Yo no me caso contigo, Potter!
—Ya lo veremos.
—¿Os podéis callar los tres? —les interrumpió Remus. Estiró el brazo desde su asiento y le arrebató a Lily el libro de las manos. Se había cansado de las interrupciones.
o en un escreguto de cola explosiva bonachon.
—¿Qué es un escreguto de cola explosiva? —preguntó James.
—Ni idea —contestó Remus.
—Nunca lo había oído antes —dijo a su vez Lily.
—¡Oh, Merlín! ¡Los sabelotodos no conocen la respuesta de algo! ¡Hoy es un día histórico!
Remus decidió ignorarle y siguió leyendo, aunque Lily le lanzó una mirada envenenada.
Nunca se le ocurrió preguntarle acerca de su pasado (sin duda habría resultado extraño, incluso impertinente, pues al fin y al cabo todos sabían que había participado en aquel legendario duelo con Grindelwald), ni le había pasado por la cabeza pedirle detalles de ese ni de ningún otro de sus famosos logros.
—¿Y por qué alguien iba a preguntarle algo así a Dumbledore? —dijo Lily— No es algo que un alumno le pregunte a un profesor.
—Pero es que no creo que Harry sea un alumno como los demás —repuso Remus.
—¿Porque Voldemort lo persigue?
—Sí, entre otras cosas.
No, siempre habían hablado de Harry, del pasado de Harry, del futuro de Harry, de los planes de Harry...
—¿Ves? Harry es importante.
y ahora este tenía la impresión, pese a lo peligroso e incierto que era su futuro, de que había desperdiciado oportunidades irrepetibles al no preguntarle más cosas sobre su vida, aunque la única pregunta personal que le había formulado era también la única que sospechaba que el director del colegio no había contestado con sinceridad:
≪.Que es lo que ve cuando se mira en el espejo?
—¿Qué clase de pregunta es esa? Lo repito, Cornamenta, tu hijo es extraño.
≪.Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines
de lana.
—Pues anda que la respuesta de Dumbledore… —contraatacó James.
Harry permaneció pensativo unos minutos; luego recorto la nota necrológica de El Profeta, la doblo con cuidado y la guardo dentro del primer volumen de Magia defensivapráctica y cómo utilizarla contra las artes oscuras.
Entonces tiro el resto del periódico al montón de basura y contemplo la habitación: estaba mucho más ordenada. Lo único que seguía fuera de su sitio era el periodico de ese día, sobre la cama y con el fragmento del espejo roto encima.
Harry cruzo el dormitorio, cogió El Profeta, dejando que el fragmento de espejo resbalara y cayera a la cama, y lo abrió. Cuando la lechuza del correo se lo entrego enrollado por la mañana, no había hecho más que echarle un vistazo al titular y dejarlo por ahí, tras comprobar que no mencionaba a Voldemort. Estaba seguro de que el ministerio se valía de El Profeta para ocultar las noticias sobre el Señor Tenebroso.
—Eso no es novedad…
Por eso no vio hasta ese momento lo que había pasado por alto.
En la mitad inferior de la primera plana había un titular más pequeño sobre una fotografia de Dumbledore caminando a grandes zancadas, al parecer con prisa:
DUMBLEDORE, ¿LA VERDAD, POR FIN?
—¡Oh, no! ¿Otro artículo más?
James se rió por lo bajo: —Te dejamos dormir si quieres, Canuto.
La semana que viene se publicara la asombrosa historia del imperfecto genio, considerado por muchos el mago más grande de su generación. Rita Skeeter
—¡Agh!
—¡Skeeter no!
—¡Es odiosa!
Lily miró a los tres muchachos con curiosidad tras ese arrebato. No recordaba ninguna Skeeter en Hogwarts.
—¿Quién es?
—Está un par de años por debajo de nosotros —le explicó James—, en Slitherin.
—Es una cotilla entrometida —continuó Sirius—, intuye que algo raro pasa con nosotros y quiere sacárnoslo a toda costa.
echa por tierra la popular imagen del sabio sereno de barba plateada y revela la problemática infancia, la descontrolada juventud, las eternas enemistades y los vergonzosos secretos que Dumbledore se llevo a la tumba. .
—¡Qué falta de respeto! —escupió Lily— Y además escribirlo ahora que él no puede defenderse de sus calumnias.
¿Por qué un hombre destinado a ser ministro de Magia se contento con dirigir un colegio? ¿Cual era el verdadero propósito de la organización secreta conocida como Orden del Fenix? ¿Como murió realmente Dumbledore?
Estas y muchas otras preguntas se investigan en la explosiva biografia Vida y mentiras deAlbus Dumbledore, de Rita Skeeter, entrevistada en exclusiva por Betty Braithwaite (vease pagina 13).
—No estoy segura de querer leer ese artículo.
Harry abrió el periódico con brusquedad y busco la pagina 13. El articulo iba acompañado de una fotografia de otra cara que también le resulto familiar: una mujer de gafas con joyas incrustadas en la montura y de rubio cabello rizado artificialmente; dejando entrever los dientes, esbozaba una sonrisa que sin duda pretendía ser encantadora y saludaba agitando los dedos. Harry hizo todo lo posible por ignorar esa desagradable imagen y leyo:
Sirius se rió.
—Parece que a tu hijo tampoco le gusta esa arpía.
En persona, Rita Skeeter es más dulce y afectuosa de lo que sugieren sus famosas y despiadadas semblanzas.
Los muchachos bufaron ante esto.
Tras recibirme en el vestíbulo de su acogedora casa, me lleva directamente a la cocina para ofrecerme una taza de té, un trozo de bizcocho y, huelga decirlo, una buena hornada de cotilleos.
≪Si, desde luego, Dumbledore es el sueño de todo biografo —afirma—. Tuvo una vida larga y plena. Estoy segura de que mi libro sera el primero de una larga serie.
Skeeter no ha perdido el tiempo, pues termino su libro —de novecientas paginas— tan solo cuatro semanas despues de la misteriosa muerte de Dumbledore, acaecida en junio. Le pregunto como consiguió esa hazaña.
≪Bueno, veras, cuando llevas tantos años como yo ejerciendo el periodismo te acostumbras a trabajar con un plazo determinado. Era consciente de que el mundo magico estaba pidiendo a gritos la historia completa, y quería ser la primera en satisfacer esa necesidad.
Menciono los recientes comentarios, ampliamente divulgados, de Elphias Doge, consejero especial del Wizengamot y gran amigo de Albus Dumbledore, segun los cuales el libro de Skeeter contiene menos hechos reales que los cromos de las ranas de chocolate.
Skeeter echa la cabeza atras y rie.
≪!El bueno de Dodgy! Recuerdo que hace unos años lo entreviste acerca de los derechos de la gente del agua. ¡Pobre hombre! Estaba completamente ido; al parecer creía que nos hallábamos sentados en el fondo del lago Windermere, y no paraba de decirme que estuviera atenta por si veia alguna trucha.
Sin embargo, otras personas se han hecho eco de las acusaciones de inexactitud formuladas por Elphias Doge. De modo que le planteo a Skeeter si cree que un tiempo tan breve —cuatro semanas— le ha bastado para hacerse una idea completa de la larga y extraordinaria vida de Dumbledore.
≪!Ay, querida! —replica componiendo una sonrisa, y me da unas afectuosas palmaditas en la
mano—. Tu sabes tan bien como yo la cantidad de información que puede obtenerse con una bolsa llena de galeones, con la determinacion de no aceptar un no por respuesta y provista de una buena pluma a vuelapluma. Ademas, la gente hacía cola para criticar a Dumbledore. Veras, no todo el mundo lo consideraba tan maravilloso, puesto que molesto a mas de un personaje importante. Pero el bueno de Dodgy Doge ya puede ir apeandose de su hipogrifo, porque yo he tenido acceso a una fuente por la que muchos periodistas cambiarian su varita, alguien que hasta ahora nunca habia hablado en publico y que estuvo cerca de Dumbledore durante la etapa mas turbulenta e inquietante de su juventud.
En efecto, los avances publicitarios de la biografia redactada por Skeeter sugieren que esta deparara sorpresas a los que creen que Dumbledore llevo una vida sin tacha. Le pregunto cuales son las sorpresas más relevantes que incluye.
≪Vamos, Betty, no creeras que voy a desvelar lo más destacado antes de que la gente haya comprado el libro, ¿verdad? —bromea la periodista—. Pero puedo adelantar que quien siga creyendo que Dumbledore era tan inmaculado como su barba se va a llevar un chasco. Me limitare a decir que nadie que alguna vez lo oyera despotricar contra Quien-tu- sabes habrá podido imaginar que tuvo sus escarceos con las artes oscuras en su juventud.
—¡Eso sí que no! —exclamó Sirius— ¿Dumbledore practicando artes oscuras?
—Vaya, Canuto, parece que este artículo no te aburre tanto.
—¿Con todas estas mentiras? Estoy tan cabreado que ni aunque quisiera me podría dormir.
Y para tratarse de un mago que paso los últimos anos de su vida exigiendo tolerancia, de joven no era muy tolerante que digamos. Si, Albus Dumbledore tuvo un pasado sumamente turbio, por no mencionar al resto de esa sospechosa familia a la que tanto trabajo le costo mantener a raya.
Le pregunto a Skeeter si se refiere al hermano de Dumbledore, Aberforth, cuya condena por parte del Wizengamot por uso indebido de la magia provoco un pequeño escándalo hace quince años.
—¡Eh, no hay nada malo con Aberfoth! —se indignó Sirius.
—¿Le conocéis?
—Por supuesto, pelirroja, ¿quién no conoce a Aberfoth?
—Yo, por ejemplo —contestó ella.
—El el dueño de Cabeza de Puerco —le informó Remus, quien se temía que a costa de Sirus estuviesen mareando la perdiz durante al menos media hora.
Lily se giró hacia él con los ojos desorbitados. Nunca había estado en el local, pero solo con ver el aspecto que daba por fuera ya se adivinaba el tipo de gente que lo frecuentaría. Maleantes en su mayoría, estaba segura.
—¿El hermano de Dumbledore es el dueño de ese antro?
—¡Eh! —se ofendió Sirius— ¡No llames antro a Cabeza de Puerco!
—¿De qué conocéis vosotros ese sitio, de todas formas? —les preguntó, usando esa mirada suya tan penetrante.
—Es el único bar de todo Hogsmeade que nos sirve alcohol.
James le hizo gestos por detrás de la espalda de Lily para que no siguiese por ahí. Llevaban un rato tranquilos y no quería enfadar a su chica. Ella, lejos de enfadarse, volteó los ojos verdes y murmuró algo que sonó a debí imaginarlo.
≪Bueno, Aberforth solo es la punta del iceberg —responde Skeeter riendo—. No, no; me refiero a algo mucho peor que un hermano aficionado a jugar con cabras, o peor incluso que un padre que iba por ahí agrediendo a muggles. Además, Dumbledore no consiguió que se moderaran, y el Wizengamot los inculpo a ambos. En realidad, las que me intrigaban eran la madre y la hermana, así que me puse a indagar y no tarde en descubrir un verdadero nido de infamias. Pero, como ya he dicho, tendréis que leer del capítulo nueve al doce para saber todos los detalles. Lo único que puedo adelantar ahora es que no me extraña que Dumbledore nunca explicara cómo se rompió la nariz.
Le comento a Skeeter si, a pesar de esos trapos sucios que la familia intentaba ocultar, niega la genialidad que permitió a Dumbledore hacer tantos descubrimientos mágicos.
≪Era listo —admite—, aunque ahora muchos ponen en duda si realmente merecía que se le reconociera la autoría de todos sus presuntos logros.
—Por favor…, el que se crea toda esta pantomima es un gilipollas integral.
—Yo hubiera usado una palabra menos malsonante, Black, pero tengo que reconocer que estoy de acuerdo contigo.
Como revelo en el capitulo dieciséis, Ivor Dillonsby afirma que el ya había descubierto ocho usos de la sangre de dragón cuando Dumbledore "tomo prestados" sus trabajos.
No obstante, insisto en que la importancia de algunos logros de Dumbledore no puede negarse.
Asi pues, ¿que opina de la famosa derrota de Grindelwald?
≪Mira, me alegro de que menciones a Grindelwald —responde Skeeter con una seductora sonrisa—. Me temo que aquellos cuyos ojos se humedecen con la historia de la espectacular victoria de Dumbledore deberían prepararse para recibir un bombazo, o quizá una bomba fetida. Fue un asunto muy sucio, ¿sabes? Lo único que voy a decir es que no debéis estar tan seguros de que sea verdad que hubo un espectacular duelo digno de una leyenda. Cuando la gente haya leído mi libro, quizá se vea obligada a concluir que Grindelwald se limito a hacer aparecer un pañuelo blanco en el extremo de su varita mágica y entregarse sin oponer resistencia.
—Sí, claro, y yo me lavo el pelo con el champú de Snape, no te jode.
—¡Sirius! ¿Te importaría dejar de hablar tan mal?
—¡Eh! —sonrió—, has vuelto a llamarme Sirius, pelirroja.
—¿Por qué, para variar, no me llamar tu por mi nombre en lugar de por mi color del pelo?
Sirius fingió meditarlo por un segundo, agotando la paciencia de la pelirroja. Quiso reírse. Era demasiado divertido bromear con ella… y era muy divertido también ver las caras de desesperación de su mejor amigo cada vez que él abría la boca. No sabía si esos dos estarían hechos el uno para el otro, pero el conjunto de ambos era algo que a Sirius le gustaba demasiado. No podía negarlo, hacían buena pareja.
—No, lo siento —dijo sin sentirlo en absoluto—, pero es que pelirroja suena mucho más sexi.
—¡Canuto! —James lo miraba con los ojos casi salidos de sus cuencas— ¡Déjala en paz!
—¿Yo tengo que dejarla en paz pero tú sí que puedes atosigarla?
—Yo me voy a casar con ella. Eso me da ciertas ventajas, amigo.
Lily le pegó un capón, aunque se le escapó un amago de sonrisa.
Skeeter se niega a dar más detalles sobre ese intrigante tema, así que pasamos a hablar de la relación amistosa que sin duda más fascinara a sus lectores.
≪!Ah, si, si —dice Skeeter asintiendo enérgicamente—, le dedico un capítulo entero a la relación de Dumbledore con Potter!
—¡Qué no se atreva a meterse con mi hijo!
Hay quien la ha calificado de morbosa, incluso siniestra.
—Dudo mucho que Dumbledore tuviera una relación morbosa con cualquiera de sus alumnos —dijo Lily.
—Yo creo que Dumbledore es homosexual.
—¡Sirius!
—¡Black!
—¡Canuto!
—Presente —contestó el aludido con una sonrisa. Les había escandalizado, incluso a James, y mira que eso era complicado.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Remus, quien le miraba como si se hubiese vuelto majareta.
—Que a Dumbledore le van los tíos.
—¡Ten un poco de respeto, Black!
—¡Pero si lo tengo! ¡No hay nada malo con los homosexuales!
—¡Por supuesto que no! —se defendió Lily— ¡Pe… pero no deberías hablar de Dumbledore con tanta ligereza!
—¿Por qué?
—¡Porque es tu maestro! ¡Le debemos un respeto!
Él volteó los ojos, lo que encrespó aún más a Lily. Odiaba cuando hacían eso. Tanto James como él eran iguales en ese asunto… hablaban sin pensar en las consecuencias, sin que les importase nada más que lo que tenían que decir. Soltaban la bomba y se quedaban tan panchos. Era desesperante.
—Fuese o no fuese gay —dijo James— dudo mucho que tuviese relaciones siniestras con los alumnos, ¡y mucho menos con mi hijo!
—¿No te gustaría tener un hijo gay? —le preguntó su amigo.
—¡No! Bueno, sí… o sea, no importa. Me da igual, quiero decir, si él es feliz, da lo mismo lo que sea.
—Estás balbuceando, James —notó Remus.
—¡Que me da lo mismo! Pero aunque mi hijo fuese homosexual, cosa que no creo que sea, ¡dudo mucho que fuese a tener una relación con un hombre cien años mayor que él!
Se estremeció solo de pensarlo.
No tenía prejuicios ni nada parecido, por supuesto, respetaría al chaval, pero dudaba mucho que fuese a tener interés en los hombres. Sería una pelirroja la que le traería de cabeza, igual que a él, igual que a los Potter, estaba seguro.
Una vez más insisto en que los lectores tendrán que comprar mi libro para conocer toda la historia, pero no cabe duda de que el director de Hogwarts desarrollo un interés poco natural por Potter desde el principio.
—Harry es importante en la lucha contra Voldemort —especuló Remus—, eso lo estamos viendo, así que Dumbledore solamente estaría velando por los intereses del chico. Por los intereses de todos, en realidad.
Ya veremos si lo hizo realmente por el interés del chico. Desde luego, es un secreto a voces que este ha tenido una adolescencia muy turbulenta.
—¿Adolescencia turbulenta? ¿Puedo hechizar a Skeeter la próxima vez que la vea en los pasillos?
—¡Por supuesto, Canuto! Y yo te ayudaré.
Le pregunto si todavía sigue en contacto con Harry Potter, a quien entrevisto divinamente el año pasado y sobre quien publico un revelador artículo en el que él hablaba en exclusiva de su convicción de que Quien-ustedes-saben había regresado.
—Mirad —dijo Remus—, "había regresado". Lo que yo decía, se fue, pero regresó.
≪Si, claro, hemos desarrollado un fuerte vínculo.
—¡Puff, seguro!
El pobre Potter tiene muy pocos amigos auténticos,
—Mentira…
y nosotros nos conocimos en uno de los momentos más difíciles de su vida:
—Y yo me lo creo…
—¡Sirius! ¡Para ya!
—Tercera vez en el día que me llamas por mi nombre, pelirroja. De aquí a que pases a mi apodo solo hay un paso.
—Me plantearé el llamarte por ese estúpido apodo cuando me contéis a qué vienen.
el Torneo de los Tres Magos.
—¿Qué? —exclamó James.
—¿El Torneo de los Tres Magos? —repitió Remus.
—¡Pero eso es peligrosísimo! ¡Lo habían suspendido!
—Perdonad, pero ¿qué es el Torneo de los Tres Magos?
—¿No lo sabes, pelirroja? ¡Vaya! Algo que nosotras sabemos y tú no… —Lily le lanzó tal mirada que él recapacitó y se apresuró a explicar— Es un torneo entre tres escuelas. Hay un representante de cada escuela y el que supere todas las pruebas mejor, gana.
—¡Pero es peligrosísimo! —repitió James— Hubo incuso algunas muertes, por eso se suspendió. No entiendo como lo han puesto en marcha de nuevo. ¡Yo no dejaría a mi hijo participar en algo así! ¿Por qué demonios Harry estaba en el Torneo?
Seguramente soy una de las pocas personas con vida que pueden jactarse de conocer al verdadero Harry Potter.
Esa afirmación nos lleva a hablar de los numerosos rumores que todavía circulan acerca de las horas finales de Dumbledore. ¿Cree Skeeter que Potter estaba presente cuando murió el profesor?
—¡Oh Dios mío! ¡Pobre chico! Debió quedarse traumatizado…
—Conociendo a Skeeter puede que no sea ni cierto —la intentó calmar Remus.
Lily se removió en su asiento y miró a James, que estaba a su lado. Algo le decía que esa información sí que era cierta y, por como miraba James, él también debía pensar lo mismo. El instinto de proteger a aquel pobre muchacho se intensificó tanto que por un momento se asustó. Estaba volviéndose loca.
≪Veras, no quiero hablar demasiado (esta todo en el libro), pero hay testigos oculares del castillo de Hogwarts que vieron a Potter huyendo del lugar momentos después de que el director del colegio cayera, saltara o fuera empujado desde la torre.
—¿Cayó desde la torre? ¿No hablarán de la torre de astronomía, no?
Nadie quiso responder a la pregunta de Remus. La imagen de su director cayendo desde lo alto del castillo era algo que no querían ni imaginar.
Más tarde, Potter acuso a Severus Snape,
—¡No! ¡Severus no ha podido matar a Dumbledore! —gritó Lily— No ha podido cambiar tanto…
—Es un mortífago, Lily —James la cogió de la mano—, igual que Peter. Podemos esperarnos cualquier cosa de ellos a partir de ahora.
Le devolvió el apretón a Potter y se pegó un poco más a él. Su calidez era, en cierto modo, reconfortante.
a quien guarda un profundo rencor. ¿Ocurrió todo como parece? Eso tendrá que decidirlo la comunidad mágica... después de leer mi libro.
Dejamos esa intrigante frase en el aire. No cabe duda de que Skeeter ha escrito un autentico supervenias.
Entretanto, las legiones de admiradores de Dumbledore quizá estén temblando por lo que pronto descubrirán sobre su héroe.
Harry llego al final del artículo y se quedo contemplando la pagina como embobado. La rabia y el asco surgían en su interior como vomito;
—Me siento como él —confesó Sirius.
arrugo el periódico y lo lanzo con todas sus fuerzas contra la pared, donde se unió al resto de la basura amontonada alrededor de la rebosante papelera.
A continuación se paseo abstraído por la habitación, abriendo cajones vacios y cogiendo libros para luego dejarlos en los mismos montones, apenas consciente de lo que hacía. Algunas frases del articulo le resonaban en la cabeza: [...] dedico un capítulo entero a la relación de Dumbledore con Potter [...] hay quien la ha calificado de morbosa, incluso siniestra [...] tuvo sus escarceos con las artes oscuras en su juventud [...] he tenido acceso a una fuente por la que muchos periodistas cambiarían su varita [...].
—¡Mentiras! —grito Harry, y por la ventana vio al vecino de al lado que, mirándolo con nerviosismo, se había detenido para volver a poner en marcha el cortacésped.
Sirius se echó a reír: —Una muy bonita manera de hacer que tus vecinos se preocupen por tu salud mental.
Se dejo caer con frustración en la cama, haciendo saltar el trozo de espejo; lo cogió y lo giro entre los dedos, al tiempo que pensaba en Dumbledore y en los embustes con que Rita Skeeter lo estaba difamando.
De pronto percibió un intenso destello azul. Se quedo paralizado, y el dedo que se había cortado se le deslizo otra vez por el borde irregular del espejo.
—¿Qué está pasando? —preguntó Lily.
—Alguien está mirando por el otro espejo —le informó James.
—¿Qué? —todo aquello le sonaba a chino. No entendía lo que querían decir.
—Verás —continuó explicando el muchacho—, son unos espejos que Sirius y yo hemos encantado. Él tiene uno y yo tengo el otro, funcionan como… como… ¿cómo se llama esa cosa muggle para hablar?
—¿Teléfonos?
—Sí, algo así —James sonrió— Puedes comunicarte y ver a la persona que posea el otro espejo.
—¿Y lo habéis embrujado vosotros?
—Sí… —contestó algo temeroso. Lily había alzado el tono de voz y no entendía a qué venía el enfado ahora. Que él supiese, embrujar espejos no era nada ilegal.
—¡Pero eso es magia muy potente!
-Va… no tanto —sonrió, sonrojándose ante el cumplido. Sirius se rió de él y Remus leyó de nuevo antes de que James quedase en evidencia por culpa de algún comentario de su mejor amigo.
Eran imaginaciones suyas, no había otra explicación. Miro hacia atrás, pero la pared lucia aquel asqueroso tono melocotón elegido por tia…
Remus se detuvo y miró a Lily directamente a los ojos.
—¿Qué pasa? ¿Por qué paras ahora?
—No creo que te guste que termine de leer la frase.
—¿Por qué? —se alteró ella— ¿Otra muerte? ¿Más mortífagos?
—No…
—¡Vamos, Remus, nos estás intrigando a todos!
—Muy bien, como quieras.
Elegido por tía Petunia:
—¿Petunia? —dijo James— ¿Dónde he oído ese nombre antes?
Lily se había quedado blanca. Miraba de Remus al libro y del libro a James, incapaz de atar cabos. No. No… No era su Petunia. Era otra tía Petunia, estaba segura. Se había pasado años rechazando al engreído de Potter, no tenía sentido que terminase casada con él.
¡Era de locos!
—¿Qué pasa? —repitió él.
—Petunia… —susurro Lily.
Y entonces fue Sirius quien ató cabos. ¡Petunia!
—¡TU HERMANA! —gritó a un volumen capaz de despertar a todo el castillo— ¡No me lo puedo creer!
—¿Tu hermana? —preguntó Potter mirándola a ella.
—¡La hermana que la odia! ¡La que no la ha regalado nada por navidad! ¡La que tiene un novio asqu…!
—¡Basta, Black! Gracias por el recordatorio, pero todos recordamos a mi hermana.
Se separó de James y se acomodó en la otra punta del sillón. Cuanta más distancia pusiese entre ellos ahora, mucho mejor para todos.
—¿La tía Petunia es tu hermana Petunia? ¡Pero entonces…! ¡Pero tú…! ¡Y nosotros…! ¡Eso significa que…!
—¡No lo digas! —gritó ella, y en un acto involuntario le plantó una mano delante de los labios.
Él reaccionó con un respingo y Lily le sintió sonreír debajo de su palma. ¡Oh Dios mío! ¡Estaba manoseando los labios de Potter! Si él quisiese, podría besar su mano ahora mismo y ella no podría hacer nada por evitarlo. Ese pensamiento la hizo apartarse de inmediato.
—¡Tú me quieres! —gritó él tras ser liberado, más feliz de lo que nunca antes le había visto.
—¡Todavía no!
—¡Pero me querrás!
Y esa promesa parecía hacerle tan feliz que Lily no quiso contradecirle. No tenía sentido, de todas formas. Si él libro decía que ella era la madre de Harry, ella sería la madre de Harry. Suspiró.
Y entonces cayó en la cuenta. ¡Harry era su hijo también! Esa verdad la hizo sonreír. Le gustaba Harry.
—¡Estás feliz con la idea! —exclamó Sirius, que interpretó su sonrisa por otro derrotero.
—¡No!
—¿Por qué sonríes, entonces?
—Por Harry, yo soy su madre. Y me gusta Harry.
alli no habia nada de color azul que pudiera haberse reflejado en el espejo. Volvió a mirarse en este y no vio más que su ojo, de un verde vivo,
—¡Y tiene tus ojos, cariño!
—¡No me llames cariño!
—Además, Cornamenta, ya sabíamos que tiene sus ojos. Antes lo dijeron.
—Lo que me recuerda… —les amenazó Lily— que me debéis una explicación.
—¿De qué hablas?
—¡De la apuesta! Soy la madre de Harry, así que has ganado. Debes contarme que pasa las noches de Luna Llena con vosotros.
—¿Por qué no esperamos a que termine el capítulo?
—Podríamos bajar a comer algo también, yo estoy hambriento —añadió Sirius.
—Y tú deberías ponerte ropa —dijo James—. No es que me moleste tu pijama, pero creo que deberías esconder algún secreto para después que nos casemos.
—¡Ni que llevase un picardías! —gritó ella entre ruborizada y escandalizada— ¡Mi pijama de osos no tiene nada malo!
—¡Merlín bendito! —murmuró James cerrando los ojos— Te estoy viendo ahora mismo con un picardías puesto.
Lily abrió la boca todo lo que fue capaz y se tornó del color de su pelo. Cogió un cojín y le propinó a James con todas sus fuerzas. ¡Sería guarro el tío!
Las carcajadas de Sirius no hicieron nada con su mal humor.
—¡Asqueroso! ¡Deja de verme así!
—Lunático —dijo entre risas Sirius— sigue leyendo que esto va para largo, me temo.
devolviéndole la mirada. Se lo había imaginado, era evidente; se lo había imaginado porque estaba pensando en el difunto director del colegio. Si de algo estaba seguro era de que los ojos azules de Albus Dumbledore jamás volverían a clavarse en los suyos.
—Fin.
—Vuelve a pensar algo así —estaba amenazando Lily a James— y te juro que Harry no nace.
—¡No, Lily! ¡Harry es lo mejor de todo! ¡Tenemos que traerle al mundo!
Lily mantuvo la mirada severa, pero su expresión se recompuso un poco. Harry era lo mejor. James tenía toda la razón.
—Muy bien —dijo entonces— creo que alguien me debe una explicación.
—Pero antes debemos comer.
—Y tú debes vestirte —dijo Sirius—, por el bien de la salud mental del amigo Cornamenta.
Lily bufó y accedió, no sin antes hacerles prometer que en el próximo capítulo la contarían toda la verdad. Después de todo, si el libro estaba en lo cierto, ella y James se iban a casar. Era de tontos seguir guardándose secretos el uno al otro.
