Capítulo 02: Inicios

¿Dónde vas cuando te sientes solo?

¿Dónde vas cuando te sientes triste?

Te seguiré

Cuando las estrellas estén tristes.


1932


El apartamento que les habían dado no era extremadamente grande, pero tenía más de las comodidades que habían imaginado. Y sobre todo, no tendrían que dormir juntos. Había varios muebles confortables, un baño y una pequeña cocina bien equipada. Ninguno de los dos tenía dotes culinarios extraordinarios, pero al menos Ichigo se defendía y cocinaba para los dos, Renji si era un completo desastre desde que pisaba la cocina.

Al llegar, lo primero que hicieron fue desempacar y escoger habitaciones. Las dos tenías vista a la calle con grandes ventanas y grandes camas (Kisuke decía que era importante que los músicos descansaran bien), por lo que no les costó elegir, eran casi iguales. Desempacaron sus cosas e Ichigo sacó un poco de papel y se sentó en la mesa con un bolígrafo.

-Venga, Renji. Vamos a escribir de una vez que estas condenadas cosas demoran en llegar una eternidad.

-Vale, vale. Pero nada de cursilerías, te lo advierto – dijo mientras se sentaba frente a él.

Escribieron unas dos hojas con acotaciones de ambos, contándoles como era Berlín y prometiendo escribir nuevamente pronto.

Renji abrió el estuche negro de su violonchelo y lo acarició con suavidad. No lo había tocado desde que habían salido de Varsovia. No puedo evitar una sonrisa. Lo sacó del estuche, se sentó en el mueble mientras apoyaba la pica para fijar el violonchelo. Sostuvo el arco, cerró los ojos y se dejó llevar por una sonata de Bach. Su corazón latía al ritmo y precisión de la melodía. Sentía que había estado separado de él una eternidad.

Para los dos la música era como el alimento: los colmaba por completo y no podían vivir sin ella.
Ichigo solo sonrió y se fue a su habitación.

A la mañana siguiente se dirigieron muy temprano a la estación de radio.

-¡Muchachos! – saludó Kisuke – Que bien que en su primer día llegan temprano. Vengan de una vez, ayer les expliqué lo que harían hoy, así que tomen sus puestos.

-Vale, Urahara. Ahí nos vemos - Ichigo se adelantó para entrar al estudio.


Rukia había terminado con la clase de Anabella, que avanzaba progresivamente bien. Iba camino a casa. Era una mañana fría y estaba lloviendo. Cerró el paraguas al llegar y se limpió los pies.

Su hermano se encontraba en el recibidor principal, con un periódico en manos y una taza de café al lado. Su expresión delataba la seriedad de su personalidad.

-Hermano – saludó cordialmente Rukia -. Las clases de Anabella van muy bien, estoy esperando conseguirle una presentación en la radio para que pruebe sus habilidades.

Byakuya ni si quiera alejó los ojos de su periódico. Por supuesto, Rukia lo conocía de sobra y siempre había sido así: simplemente frío. Sin embargo ella sabía que la quería, por lo que no le importaba en lo más mínimo que fingiera no prestarle atención.

-Debo de ir a cambiarme – dijo ella – tengo que ir en un momento a la radio, hoy tengo mucho trabajo que realizar. Urahara siempre te manda saludos y pregunta cuándo te darás una vuelta por allá.

-Tal vez vaya hoy o mañana – finalmente respondió, pero sin mover la vista -. Tengo unos asuntos que tratar con él.

-Oh que bien, se lo diré – exclamó mientras subí las escaleras rumbo a su habitación.

-Rukia – dijo antes que la chica desapareciera en el piso superior -. Las cosas del gobierno no van por buen camino, debes de andar con cuidado y sobre todo ten precaución con las amistades que tienes.

-Claro, pierde cuidado – respondió y entró a su habitación.


Después de foguearse un poco en la radio, Ichigo culminó el espacio de tiempo que se le había asignado. Se sentía muy bien, el equipo que tenían era muy bueno y las personas que lo ayudaban y los otros músicos que había conocido eran de lo más amables. Renji estaba en el estudio de grabación. Trabajaban por separado, pero tenían varios espacios juntos en los que hacían dúos.

Ya iba siendo hora de almuerzo y se encontraron para buscar un buen lugar. Era el primer día en el que iban a probar comida alemana.

Después de un fructífero almuerzo en el que más que nada se atiborraron de dulces, que por cierto estaban deliciosos, regresaron a la radio.

Ahora les tocaba una hora juntos. A pesar de que eran sumamente informales con sus vestimentas fuera de la radio, en hora de trabajo, era su costumbre estar impecables, bien vestidos y tediosamente arreglados.

Kisuke daba sus rondas por los estudios de la radio continuamente para vigilar y más que nada apreciar la música de sus artistas.

Cuando pasó por donde se encontraban Renji e Ichigo, se detuvo por un momento, era la primera vez que los escuchaba tocando juntos. Quedó impresionado por completo. La armonía que despedían sus notas conjuntamente era increíble. En esta ocasión estaban tocando una sonata de Beethoven. En serio era algo extraordinario de escuchar. Y mucho más sorprendente era verlos tocar: la emoción y el cariño por la música que interpretaban los convertía en personas completamente distintas a las que eran cuando conversabas con ellos. Se transformaban en adultos con vigor y seriedad. No eran los jóvenes novatos que en un principio pensó.

-Urahara – dijo una voz que lo sacó de su ensimismamiento.

-¡Oh!, Rukia – volteó al ver a la chica que venía hacia él.

-Ya tengo lista la nueva partitura que escribí con François en… – no terminó de decir antes de acercarse a la puerta donde se hallaba parado Urahara.

Se acomodó al costado de Urahara y apreció la vista esplendorosa que tenía al frente: los dos músicos. No puedo evitar controlar su asombro.

-¿Quiénes son ellos? – preguntó sin despegar sus ojos de ambos muchachos.

-Son mis nuevos chicos. A que son prometedores – sonrió Urahara victoriosamente.

Disimulo de inmediato y cruzó los brazos.

-La pieza que tocan es excepcionalmente bella. Sin embargo no son nada fuera de lo común – dijo con cierto aire de arrogancia -. Voy a ensayar en este momento con François -. Y siguió su camino.

Urahara sonrió nuevamente. Claro que estaba seguro de lo que había percibido por parte de Rukia.

Un tiempo después, los muchachos terminaron y fueron invitados por Urahara a tomar el té.

-Chicos, algo que me he estado preguntando es su condenada edad. Confieso que son realmente jóvenes para tocar como tocan. Me han impresionado.

-Vaya, viejo, es el mejor cumplido que nos han hecho. ¿A que sí, Renji?

-Eso creo. Bueno, este idiota tiene 18 y yo tengo 19 – respondió a la pregunta.

-Eso no me lo esperaba, pensé que eran mayores, me pregunto sobre sus padres, pero en fin. No me gusta interferir en las historias personales, con su edad me basta. Quiero que toquen esta vez una nueva pieza que han escrito dos de mis mejores músicos. Están ensayando justo en este momento, así que síganme por favor.

Terminaron rápidamente el té y con emoción salieron detrás de Urahara. Caminaron por el pasillo hasta llegar a uno de los estudios de grabación, el más grande, donde se encontraba un hermoso piano de cola tocado por la muchacha de cabello negro que habían visto ayer. También estaba allí un joven de cabello rubio sentado con un contrabajo cerca al piano y un montón de partituras regadas.

-Chicos – dijo Urahara refiriéndose a François y Rukia – ellos son Ichigo y Renji, van a tocar la nueva pieza con ustedes.

-Hola, ¿qué tal? – saludó François con amabilidad.

-Bien, gracias – dijo Renji.

-Un gusto – respondió Ichigo, luego volteó a ver a la muchacha – mucho gusto señorita.

-Es un honor, caballeros. Vamos a ensayar la pieza primero sin ustedes para que la escuchen – ¿Listo, François?

-Listo – respondió el rubio.

Se prepararon e iniciaron la melodía. Los sentimientos que inspiraban eran solo bellezas.

Rukia pensaba mientras tanto por qué Urahara quería de un momento a otro que tocaran todos juntos. No era que le gustara la idea, pero se decidió por tantearlos mientras tocaran con ella. Les demostraría quién llevaba el mando ahí. Si eran los nuevos, o los dos expertos compositores.

Terminaron.

-Increíble – soltó Ichigo. Veía a ambos músico tocar como si fuera sencillísimo. Se preguntó si así se verían ellos cuando tocaban.

Renji solo se quedó con la boca abierta.

-Bien, caballeros – dijo Rukia – cojan sus instrumentos, aquí están las partituras. Así que a ensayar.

Renji corrió a traer su violonchelo e Ichigo su violín, se acomodaron y empezaron.

Urahara quedó más que impresionado viendo tras la mampara que separaba el estudio del corredor. Los cuatro juntos eran de lujo. Esos chicos tenían potencial. A pesar de haber comenzado a tocar hace unos momentos como conjunto, lo hacían muy bien. Ya no quería esperar más para ver las cosas que hacían en el futuro.

Lo único que le preocupaba un poco eran asuntos del gobierno. Los nazis tenían ideas un poco revolucionarias a su parecer, y se estaban extendiendo cada vez más. Obviamente había escuchado ciertos comentarios preocupantes porque para todo fin, él era judío.

-Urahara – dijo una voz.

-Byakuya – exclamó -. ¡Qué sorpresa! Hace mucho que no venías por aquí. Rukia está tocando…

-Necesito hablar contigo. ¿Puedes salir ahora?

-Claro, claro.

---- Continuará -----