Ser niño es un arma de doble filo. Podía fingir que no comprendía ciertas cosas y nadie lo miraba con desconfianza, saliéndose con la suya. Podía fingir una inocencia que no había. Pero había cosas que realmente no comprendía. Como ¿ Por qué el hombre en internet que le prometió un viaje en su tren infantil no había querido darle otra forma de contactarlo? Alegaba no tener un teléfono inteligente y él no podía creerlo. Sólo los pobres en esos tiempos carecían de algo tan vital como un Smartphone. Y por la foto que le había mostrado, podía ver que ese hombre no pasaba hambres como Kenny. Resopló, rodando los ojos al ver el mensaje de texto que le había mandado. Siempre que lo contactaba lo hacía de un número distinto. Sus amigos no sabían nada porque el hombre le dijo que podían ponerse celosos y ya lo creía. Sobre todo Kyle, siempre sentía envidia de que él fuera mejor en todo. Además ellos eran unos niños y seguro no podrían comprender las pláticas avanzadas que sostenían. Se aburría en clases, esperando la hora de encerrarse por horas en su habitación, charlando con su amigo. A veces pidiendo un consejo o incluso buscando un regaño. Le gustaba que le amenazara con bloquearlo si no le mostraba la tarea terminada. No era que necesitara orden en su vida, él era un alma libre. Pero de alguna manera le hacía sentir cuidado. Era estúpido, para eso tenía a su madre. Bueno. A veces. En realidad. No. Esos pensamientos estaban adentro adentro en su alma y no iba a volver a dejar que salieran.

-Me gustaría conocerte, siempre me das excusas y me estoy aburriendo. Sabes que hay muchos más adultos que quieren jugar conmigo- tecleó, manchando las teclas con el naranja de las frituras.

-Lo sé, cariño, pero te apuesto que ninguno de ellos tiene esto- la bolsa de frituras se deslizó de sus manos al ver la fotografía que le había mandado. Una enorme rueda de la fortuna junto al tren infantil que antes le había mostrado- te he estado posponiendo las fechas porque quiero darte una sorpresa. Te quiero dar lo que mereces, sólo si prometes ser un niño bueno-

-Voy a ser el niño más bueno que hayas conocido si me prometes no hacer fila para montarme-Más que adularlo, estaba atacando un punto desconocido en Eric. Algo que le hacía desear más motes cariñosos, más "buenas noches, cepilla tus dientes" algo que realmente le hacía desear mirar el rostro tras las letras y saber que era real. Porque necesitaba que fuera real-¿Tus hijos no se ponen celosos de que compartas sus juegos?-

-Oh, bebé. No tengo hijos. Pero amaría escucharte llamarme papi-

La idea de esa palabra saliendo de sus labios fue más dulce de lo que pudo manejar.