Odisea
Seras Victoria miró sobre su hombro al mayordomo. Nunca había sido especialmente dulce, ni siquiera medianamente cálido, pero así estaba bien porque podría mantener las cosas en orden.
—Me encargaré de todo, señorita.
—Hasta las cenizas.
El hombre se inclinó solemnemente.
Viajando entre las sombras, como tiempo atrás solía hacer su maestro, llegó a la entrada de la mansión para luego subir al auto.
Seras no despegó la mirada de la ventana. Cuando las llamas empezaron a abrazar la inmensa mansión Hellsing quiso levantarse, aunque al final no lo hizo. Había pensado que su mayordomo esperaría unos días antes de cumplir su orden, pero intuyó que quería darle un regalo de despedida. El fuego se impregnó en sus ojos y en su memoria, abriéndose espacio entre sus innumerables recuerdos.
—Hemos llegado — dijo el conductor al cabo de un rato.
Ella se limitó a sonreír tímidamente, y por un instante, se sintió como la chica policía, como la novata que no estaba segura de nada.
— ¡Vamos, señores! — exclamó a sus hombres — ¡Es la última oportunidad que tienen para revisar que no olvidan nada!
A ella no le importaba. A lo largo de su no vida, había aprendido a dejar ir. Esa había sido la lección más dolorosa de la inmortalidad, de la que su maestro jamás siquiera le advirtió. Aunque tampoco había ahondado mucho en explicaciones de cualquier otro tipo, él había sido más parecido a las aves que ponían sus huevos en un acantilado y luego las crías debían de dar un salto mortal para aprender a volar durante la caída.
Los preparativos tomaron todavía una hora más, y cerca de cuarenta minutos de turbulencia antes de que la nave se estabilizara.
—Los chicos están listos ¿Desea ponerlos a dormir ahora? — preguntó su segundo oficial.
—Dame un momento — pidió con una sonrisa que le dio un toque casi infantil.
El hombre se retiró cerrando la puerta para asegurarse de que nadie importunara a su capitana, heredera de la Organización Hellsing y maestra.
Hacía unos cincuenta años lo había convertido en vampiro, pero aún le sorprendía cómo podía seguir siendo tan dulce como seguramente lo fue en vida. Recordó cuando les explicó la misión, una que no tendría retorno, o si lo tenía, sería cuando el mundo que conocían ya no existiría. Aun así, ella tendía a la melancolía por dejar lo que había sido su hogar.
Se detuvo en una ventana para mirar el planeta haciéndose más pequeño a medida que la nave ganaba velocidad.
Canis Majoris estaba a 4900 años luz, poco tiempo cuando Seras los pusiera a dormir. Esa era la ventaja de la inmortalidad, el motivo por el que formaron esa avanzada de exploración.
Ironías de la vida. Tantos siglos proscribiendo vampiros, y ahora encomendaban a un grupo de ellos la responsabilidad de encontrar un nuevo hogar para humanidad.
Comentarios y aclaraciones:
Fic No. 2: Un género que jamás hayas usado (o el menos usado)
Jamás he usado la parodia, pero ese es el reto 5, por lo que me quedaban otras opciones que son western y Sci-Fi, y como el western me mataba de risa, pues me quedé con Sci-Fi
¡Gracias por leer!
