Capítulo 2 (Kate)
Lo bueno que tenía el pequeño hospital de Los Hamptons, era la rapidez con la que los médicos atendían a sus pacientes. No había pasado ni media hora y Kate ya estaba siendo sometida a un ecocardiograma. Alexis, nerviosa, se movía de un lado a otro de la sala de espera.
El conductor de la ambulancia, un joven atractivo, que las había llevado hasta el hospital y que flirteaba con una de las enfermeras de recepción, se acercó hasta la chica.
No te preocupes. Ella estará bien.
- ¿Sí? – preguntó esperanzada, necesitaba que alguien le asegurase eso.
- Seguramente sea el síndrome del corazón roto. Es lo más lógico dadas las circunstancias – explicó el joven – a menudo se confunde con un ataque cardíaco, pero es algo temporal. Seguramente en unas horas volveréis a casa. Aunque tendrá que tranquilizarse.
- Gracias – dijo Alexis asintiendo con la cabeza.
El joven volvió junto a la recepcionista.
- Pobre chica – le dijo a ésta que le miró con curiosidad– imagina… La mujer que está dentro iba a casarse hoy con su padre, que es el tipo calcinado del accidente de ésta mañana…
- Creo que voy a hablar con el doctor Monroe para que la deje pasar – aseguró la recepcionista levantándose.
El doctor Monroe era un hombre serio, de mediana edad y baja estatura, que supervisaba personalmente las pruebas a las que estaba siendo sometida Kate. La recepcionista se acercó al hombre, hablándole en voz tan baja que Kate no pudo, ni quiso, oírla.
- Señorita Beckett – le dijo - ¿Tiene algún problema para que la joven que está fuera esperando la acompañe?
- Sería estupendo que lo hiciese – aseguró Kate – aunque… Doctor… No quiero que sepa nada de lo que me ocurre…
- Déjela pasar – aseguró el hombre a la recepcionista mientras asentía a Kate.
Kate comenzó a mordisquearse la parte interior de su mejilla. Sabía de sobra lo que estaba pasando en su cuerpo. Josh se lo había advertido.
- Kate, es una lesión grave. No podemos saber como reaccionará tu corazón en momentos de estrés. Puede que jamás ocurra algo, pero también puedes sufrir un colapso y morir en segundos…
- Ya… Lo entiendo Josh y asumo los riesgos…
- ¿Sabes lo que yo me juego con esto?
- No voy a denunciarte. Lo sabes de sobra.
- Mira Kate, si tu trabajo fuese cualquier otro, sabes que pondría en ese informe que puedes volver a hacer tu vida normal, pero no es así, no puedes salir por ahí a jugarte la vida a diario…
- Tú lo has dicho antes, puede que jamás ocurra nada… Sé que estoy siendo muy egoísta Josh – aseguró - Lo nuestro no ha terminado de la mejor manera y estoy pidiéndote que falsifiques un informe por mí…
El médico afirmó con un gesto de su cabeza.
- Sabes que mi trabajo es mi vida. Sabes de sobra que si no puedo dedicarme a esto será como estar muerta…
- ¡Dios Kate! ¿Es que no puedo hacer que lo entiendas?
- ¿Entenderías tú que te prohibiesen ir a cualquier país del mundo a hacer lo que más quieres Josh? ¿Dejarías de ir a ayudar a toda esa gente porque puede que si lo haces te de un colapso y mueras?
Josh se lo pensó unos instantes, imprimió y firmó el informe entregándoselo y dándole un beso sobre la cabeza.
- Buena suerte Kate. Intenta seguir mis consejos, sabes que siempre te he deseado lo mejor…
Kate volvió a la realidad cuando el doctor le hizo una observación.
- Bonita toracotomía…
- Sí… -dijo ella sabiendo que se refería a la cicatriz de su costado, a la apertura en su cuerpo que le hizo Josh y que le salvó la vida.
- ¿Cómo pasó?
- Soy policía – dijo sin querer dar más explicaciones a las que ya había dado cuando la interrogaron sobre su historial clínico.
- Entiendo.
No. No podía entenderlo. Realmente ese médico no podía entender nada sobre su vida. Tan sólo esperaba que todo fuese rápido y Lanie no hablase con él. La puerta se abrió y vio a la pelirroja acercarse a toda prisa hasta ella.
- ¿Estás bien?
- Claro… Tranquila. Son sólo pruebas.
La capitana Gates podía ser muy persuasiva cuando quería, o eso mismo estaba pensando Lanie al ver como la mujer conducía la conversación con el jefe de policía, hasta darle tanto la vuelta que el pobre hombre, que quería echarlas de allí a patadas cuando se presentaron, al final casi acababa rogándole a esa capitana del NYPD que le ayudase en un caso tan sencillo como un accidente de tráfico por muy trágico que éste fuese.
- ¿Y dice usted que la detective Beckett está en el hospital? – preguntó Brady
- Ya sabe cómo son estas cosas – afirmó Gates – ella está conmocionada.
- Claro… Entiendo… Haré lo que sea necesario para que tengan el atestado cuanto antes.
- Se lo agradecería. No queremos que la prensa meta las narices donde no le importa –dijo Gates que había llevado el asunto haciendo pensar a Brady que Richard Castle podía haber estado conduciendo bajo los efectos del alcohol tras celebrar su despedida de soltero.
- No se preocupe, no filtraremos absolutamente nada – aseguró el hombre – en cuanto al forense, hablaré con él cuanto antes. No tenemos demasiada relación, lleva en el puesto tan sólo unos meses, después de que el anterior titular desapareciese en el mar ¿Sabe? Salió con su barco el día menos recomendable… Nadie se explica cómo pudo hacerlo, era un experto… No creo que el doctor Baden ponga ninguna pega. Es un hombre muy amable y comprensivo…
- ¿Cuándo podremos saber si acepta…?
- Deje que le llame…
Gates le hizo una señal a Lanie y ambas salieron a la puerta de la comisaría. La capitana buscó dentro de su bolso, sacando una pequeña pitillera y encendió un cigarrillo.
- No sabía que fumaba.
- Y no suelo hacerlo desde que me quedé embarazada de mi primer hijo – aseguró aspirando el humo – pero en algunas ocasiones necesito engañarme y pensar que uno de estos – dijo mirando el cigarrillo entre sus dos dedos - calmará mis nervios y me dejará pensar con claridad.
Lanie miró a la mujer. No tenía demasiada relación con ella, más bien conocía lo que Espo y Kate le habían contado, pero en ese momento no le parecía la estirada y rígida "dama de hierro" que todos describían, más bien le parecía una más del grupo de amigos.
- Capitana – dijo Brady saliendo a buscarlas – acabo de hablar con nuestro forense, dice que será un placer para él poder trabajar con una colega de la NYPD.
- ¿Dónde podemos encontrarle? – preguntó Gates apagando su cigarrillo en el enorme cenicero de la entrada.
- Un agente puede llevarles hasta allí.
Lanie dio las gracias al agente que la había llevado hasta el depósito de cadáveres de Los Hamptons y miró el edificio. Aquello no se parecía en nada a una morgue, el edificio estaba en sintonía con el resto de edificaciones de los ricachones del pueblo. Lanie entró y una amable recepcionista le pidió que esperase.
Lanie se paseó nerviosa por la sala, revisando las fotografías de la sala de espera.
- ¿Señorita Parish? – dijo una voz sacándola de su ensimismamiento.
- ¿Doctor Baden? – preguntó a su vez ella acercándose.
Lanie miró al forense. Era un hombre de unos cincuenta años, con el pelo casi blanco, grandes entradas y algo largo por la nuca, como descuidado. El hombre tenía gafas redondas y bigote tan blanco como su pelo. Todo ello unido a su cara redonda, su cuerpo algo entrado en kilos y sus arrugas, le daban un aspecto bonachón.
- Es todo un honor que alguien de la ciudad quiera ayudarme con uno de mis pacientes. Seguro que aprenderé cosas nuevas.
- En realidad – dijo Lanie – no puedo decir que hubiese querido hacer esto… Él era mi amigo.
- Entiendo – dijo señalando con la mano un largo pasillo – lamento su pérdida… Es por aquí.
Lanie le siguió. Aquello no se parecía en absoluto a su laboratorio. Había plantas por todas partes y la luz natural iluminaba el interior del edificio.
- Es aquí – dijo empujando una enorme puerta abatible.
- Gracias.
Un teléfono comenzó a sonar y el hombre pidió disculpas mientras contestaba a la llamada. Lanie aprovechó para examinar el lugar. Estaba claro que aquello no era la morgue de la doce. Todo estaba colocado e impoluto. Y ni siquiera olía a desinfectante. Allí olía a frutas y flores. En la zona central divisó la mesa de trabajo. Sobre ella descansaba un cuerpo tapado con una sábana de color azul.
- Lo siento – dijo acercándose – la fama de su amigo… Llevo toda la mañana recibiendo llamadas de la prensa.
- Supongo que ha hablado con el jefe Brady…
- ¡Oh! ¡Sí! Claro, claro. No se preocupe, aunque mis pacientes no puedan decírmelo, siempre respeto su intimidad.
- Se lo agradezco.
El hombre la miró apretando los labios. Se quitó las gafas y suspiro.
- Querida – comenzó – seguramente has visto todo tipo de cadáveres desagradables en la ciudad, pero esto…
- Estoy preparada, no se preocupe.
- Es duro cuando se trata de conocidos…
- Lo sé – dijo ella recordando el cadáver de Montgomery sobre su mesa.
- Aún está caliente – advirtió el forense entregando a Lanie una bata azul y señalándole un paquete de guantes.
Lanie se puso la bata, se recogió el pelo en una coleta alta y se enfundó unos guantes.
Apenas había empezado con él – aseguró el hombre – supongo que su familia querrá conservar esto – dijo levantando una bolsa transparente – es lo único que he podido recuperar de su cuerpo.
- Su reloj – dijo Lanie reconociéndolo de inmediato – y sus gemelos.
- ¿Los reconoce?
Ella asintió agradeciendo que fuese ella y no Kate quien los había visto primero. Acarició los gemelos sobre el plástico de la bolsa, recordando el día en el que acompañó a Kate cuando los recogió de la joyería. Fue el regalo que ella le hizo por su compromiso. Sin duda eran los de Castle. Eran magníficos. Kate había hecho un boceto al joyero de lo que quería y éste cumplió a la perfección con los deseos de su amiga, grabando sobre un rectángulo de oro blanco sobre otro de oro amarillo, unas filigranas que a simple vista no parecían mas que eso, filigranas, pero que Kate le mostró eran las iniciales de ambos, entrelazadas y unidas. Eran de diseño único. Eran de Castle. No cabía duda.
Lanie no pudo reprimir que una lágrima rodase por su mejilla.
- ¿Estás bien querida? – preguntó el hombre observándola.
- Sí… Lo siento… Todo esto es tan… Tan triste…
- No puedo imaginar como estará su prometida – dijo el hombre moviendo negativamente la cabeza.
- Está en el hospital. Ha sufrido un colapso.
- Lo siento.
Lanie se acercó a la mesa de exploraciones, dispuesta a levantar la sábana. Tomó aire y tiró del extremo. No pudo reprimir una mueca de repulsión al ver aquello y soltó la sábana dando un paso hacía atrás, impresionada. Una masa carbonizada y deforme estaba donde debería estar el cráneo. Sus fosas nasales se inundaron del olor a quemado y contuvo sus ganas de vomitar. El forense la miró preocupado. Ella al sentirse observada, se armó de valor y volvió a levantar la sábana mirando con detenimiento el cadáver.
- Ha estallado – afirmó Lanie refiriéndose a la cabeza que había estallado por uno de los lados, destruyendo parte del cráneo imposibilitando la reconstrucción facial.
- Sí – aseguro el forense – el exceso de calor y la presión ha hecho que ocurriese.
- Va a ser imposible reconocerle.
- Ambos maxilares parecen en perfecto estado – dijo el forense acercándose a ella – creo que podremos hacer una radiografía, incluso un molde y compararlo con los datos que tenga su dentista.
Lanie asintió. No disponían de huellas dactilares. La identificación por sus dientes sería lo más rápido. Quizá alguno de sus huesos se había conservado lo suficiente para mantener médula útil en su interior y poder hacer una comparación de ADN con Martha o Alexis, pero eso, además de demorar en días, quizá semanas su identificación, podría no ser viable.
Lanie recordó el pequeño accidente de Castle esquiando, cuando se rompió la rótula.
- Doctor…
- ¿Sí?
- Tuvo una rotura de rótula hace unos meses.
- Bien. Ese es otro dato interesante. Tomaremos radiografías y las compararemos con su traumatólogo.
Mientras los forenses se ponían manos a la obra, Espo, ayudado por un recién llegado Ryan, examinaban palmo a palmo el sitio exacto donde había ocurrido el accidente.
- ¿Crees que puede ser posible? – preguntaba el irlandés después de un buen rato de silencio.
- Tú viste a aquel tío al que hizo pasar por mí… Ese tipo es capaz de todo.
- Pero… ¿Ahora? Ya tiene lo que quería, oficialmente está dado por muerto y no hay ningún historial suyo…
- ¡Es un enfermo tío! – le gritó Espo totalmente convencido – A saber que es lo que planea ahora. Y lo peor es que nos tiene más que estudiados sin que lo sepamos, va por delante de nosotros tres pasos.
Ryan negó con la cabeza. Todo aquello le parecía una auténtica pérdida de tiempo. Quería a Kate como si fuese su hermana pequeña y haría todo lo posible por ayudarla pero todo aquello era un desgraciado accidente, aunque ella no quisiera creerlo e intentase engañarse a sí misma buscando pistas de algo que realmente no existía.
Se quedó inmóvil, mirando un punto de la carretera, pensando en lo que cambiaría ahora el trabajo en la doce sin Castle por allí y con Kate cayendo en picado al perderle. La vida no parecía ser justa con la detective. ¿Pero quien dijo que la vida era justa? Un buen irlandés como él, sabía de sobra lo que eran las injusticias.
Se movió unos milímetros, lo suficiente para vislumbrar un pequeño reflejo en la carretera.
- ¡Espo!
- ¿Qué quieres?
- Camina despacio en esa dirección – le dijo inmóvil señalándole el punto.
Espo miró a su compañero con cara de circunstancias. Estaba agotado y no le apetecía en absoluto perder el tiempo con tonterías.
- Un poco más…
- ¿Qué quieres tío?
- Agáchate, junto a tu pie derecho… Hay un reflejo…
Ryan salió corriendo en dirección a su compañero.
- ¿Qué es?
- Es un pequeño fragmento de espejo… ¿Qué es esto? – preguntó Espo señalando unos trozos de algo con apariencia plástica.
- Parecen trozos de pintura… Negra…
- Está bastante limpio… Son restos relativamente nuevos… ¿Crees que serán del accidente?
Espo señaló el lugar exacto de la carretera con una tiza y recogió los restos metiéndolos en una bolsa de pruebas.
Ryan volvió hasta el coche de Castle, que aún estaba fuera de la carretera, vigilado por un agente hasta los restos del automóvil se enfriasen y una grúa fuese para trasladarlo a las dependencias policiales.
- Es del retrovisor – aseguró Ryan poniendo la bolsa de plástico con el trozo de espejo junto al retrovisor del coche y comprobando que era una pequeña esquirla que parecía ajustar a la perfección.
El irlandés se incorporó para mirar a su compañero. Si el retrovisor tenía un golpe producido a decenas de metros de donde estaba ahora el coche, estaba claro que algo le había golpeado y obligado a salir de la carretera.
Espo le mostró la otra bolsa.
- Quizá sea pintura del otro coche, es negra, no puede ser de este – dijo señalando los restos del mercedes color plata.
- Volvamos… Tenemos que hablar con Gates…
Kate hizo un gesto a Alexis para que no se preocupase mientras que un celador empujaba su cama para hacerle una última prueba.
El celador llevó su cama hasta una sala amplia donde esperaba el doctor Monroe.
- Katherine… ¿Puedo llamarla así?
- Sí…
- He pedido que la trajesen aquí para respetar su intimidad.
- Se lo agradezco.
- Vera, Katherine, la lesión que sufrió cuando esa bala se alojó cerca de su corazón sigue ahí. Supongo que su cardiólogo le advertiría de los riesgos…
- Sí. Pero lo importante en aquel momento es que estaba viva.
- Cierto. Katherine, una pequeña parte de la cicatriz de su corazón ha derivado en una fibrosis, un endurecimiento del músculo. Cuando se ha sometido a un exceso de estrés, su corazón ha necesitado el cien por cien de capacidad y debido a esa fibrosis no ha podido trabajar a ese ritmo. Como consecuencia ha sufrido una insuficiencia cardiaca leve.
Kate le miró interrogante.
- No debe asustarse, no va a morir por esto… Al menos no hoy.
- ¿Puedo hacer mi vida normal?
- ¿Qué es lo que entiende usted por vida normal?
Kate guardó silencio.
- Ser policía no es llevar una vida normal, a no ser que me diga que se pasa la vida en un despacho.
Ella negó con la cabeza.
- Los médicos no podemos prohibir nada, pero debería dejar su trabajo y buscar otro que no le altere el ritmo cardiaco. Su estado de forma y sus ritmos son los adecuados pero no podemos saber como va a reaccionar en momentos complicados. La próxima vez puede que la insuficiencia sea mortal.
Kate le miró negando con la cabeza y esbozando una amarga sonrisa.
- Esa fibrosis… ¿Se extiende?
- No es muy extenso y dado el tiempo que ha pasado desde su incidente, dudo que aumente.
- ¿Debo seguir algún tratamiento?
Monroe negó con la cabeza.
- No hay nada que pueda solucionarlo, salvo no presionar su corazón. Sé que está pasando por unos momentos demasiado difíciles, lamento lo que ha ocurrido con su prometido, pero debe descansar.
- ¿Va a ingresarme?
- ¿Necesita que lo haga? – preguntó el doctor mirándola fijamente.
- No… No.
- Voy a recetarle unos tranquilizantes. No le ayudaran a superar el dolor por el que está pasando, pero mitigará su nerviosismo y conseguiremos que se relaje un poco.
- ¿Podríamos volver y…? – dijo señalando la puerta.
- ¿Quiere que la mande a casa delante de esa chica con una receta de tranquilizantes y la promesa de reposo durante un par de semanas?
- ¿Le importaría?
- Como ya le he dicho, soy médico, no el dueño de la vida de mis pacientes.
- Gracias…
Media hora más tarde, una aliviada Alexis abría la puerta de un taxi dejando que Kate entrase y subiéndose junto a ella le daba al chófer la dirección de su casa.
Cuando llegaron, ya estaba anocheciendo, Martha y Jim se apresuraron a hacerle preguntas.
- Estoy bien. Tan sólo ha sido una insuficiencia causada por el estrés. Nada que no consiga arreglar el sueño y un par de semanas de descanso.
Alexis asintió y la actriz abrazó a la detective.
- Alexis y yo cuidaremos de ti. Nos quedaremos aquí, lejos de la ciudad…
- Martha…
- Calla querida. Aun estoy esperando despertar de la pesadilla y ver a Richard aparecer por esa puerta poniendo una excusa absurda por haber llegado tarde – dijo Martha con infinita tristeza.
Kate abrazó a la actriz, sintiéndose culpable al esconderle sus sospechas. Eso le hizo pensar en su equipo y sus avances.
- ¿Dónde están los chicos?
- Fuera… - dijo Jim
Kate supuso que evitaban los posibles micrófonos.
- Voy a hablar con ellos – dijo levantándose.
- Katie…
- Estoy bien papá… De verdad…
Jim la siguió con la mirada hasta que sintió la mano de Martha sobre su hombro.
- Déjala Jim… Tú sabes por lo que está pasando.
El hombre suspiró mirando a Martha y Alexis.
- Deberíais intentar descansar, sé que no será fácil, pero…
- Jim… - comenzó Martha - ¿Puedo pedirte algo?
- Claro Martha.
- No creo que ninguna de las tres tengamos fuerzas para encargarnos de…
- Yo me ocuparé de todo – afirmó el hombre – me pondré en contacto con sus abogados y organizaré el sepelio según sus instrucciones, si es que él las dejó por escrito.
- Conociendo a mi padre… - añadió Alexis comenzando a llorar.
- Lo siento pequeña – dijo Jim acercándose a la chica y abrazándola.
- Te daré los datos de su abogado – dijo una Martha agotada buscando su móvil.
Kate salió al exterior abrazándose a si misma, al notar el frescor que llegaba desde el mar. Vio a sus dos compañeros sentados con Gates en una de las mesas preparadas para el banquete de la boda y se acercó hasta ellos.
- ¡Beckett!
- Detective…
- ¿Hay algo nuevo? – preguntó ella haciendo un gesto con su cabeza.
- ¿Qué te han dicho?
- Estoy bien… Son nervios ¿Hay algo nuevo? – volvió a preguntar.
Los tres se miraron entre ellos.
- Creemos que un coche negro pudo embestirle y hacer que saliese de la carretera – dijo Espo.
- ¿Suficiente? – preguntó Kate a Gates.
- Podemos buscar al causante del accidente y encerrarle por no ayudar, pero eso no significa nada…
Kate negó sabiendo que su jefa tenía razón.
- ¿Lanie?
- Trabajando con el forense.
- ¿Se sabe algo de los micros?
- La doce está limpia, pero hasta mañana no podrán ir los técnicos a revisar su casa.
Kate se quedó pensativa.
- Seguro que se está colando en el sistema de cámaras – dijo casi para sí.
Gates miró a los otros dos detectives y tomó nota para hablar con el experto en informática.
- Tenemos que hablar – dijo Lanie acercándose a ellos.
Kate la miró esperando que trajese alguna prueba definitiva que convenciese a Gates.
- Kate – dijo tomando de la mano a su amiga – no tengo buenas noticias.
Kate se sentó derrumbada en una silla.
- Lanie no…
- Cariño… - dijo Lanie empezando a llorar – Hemos comprobado las radiografías con su dentista…
- No puede ser… No es él… Sé que no es él Lanie…
- Lo siento… Lo siento….
No quiso escuchar más. Salió corriendo en dirección a la playa, haciendo caso omiso de las llamadas de sus compañeros. Lanie salió corriendo detrás de ella, alcanzándola cuando se tiró de rodillas sobre la arena, agachándose junto a ella y abrazándola por la espalda.
- Lo siento, lo siento….
- No puede ser él Lanie…
Espo, Ryan y Gates se acercaron despacio, quedándose a unos pasos mientras la forense intentaba consolarla.
Lanie se puso frente a ella. Buscó en su bolso y sacó la bolsa con el reloj y los gemelos del escritor. Tendiéndoselos a la detective, que la miró con la cara llena de lágrimas.
Kate cogió la bolsa acariciando suavemente el dibujo de uno de los gemelos.
- ¿Y los anillos?
- No llevaba nada más…
- Claro que sí, Alexis olvidó los anillos y le llamó para que los cogiese él…
- Quizás estén en la guantera del coche…
- No… Alexis… Le dijo que los llevaba en la chaqueta…. – dijo levantándose de inmediato
- Kate…
- ¡Está vivo! ¿Es que no lo entiendes? Tyson no sabía que los llevaba él…
Próximo viernes, capítulo 2 de Rick.
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