Eran las tres de la mañana y Tonks no podía dormir. Había pasado las últimas horas dando vueltas en la cama de su habitación de Grimmauld Place y observando el techo sin poder conciliar el sueño.

Sentía mucha sed, y a pesar de que intentó olvidarlo para no levantarse, tenía la boca reseca y las ganas de beber algo se hicieron inevitables.

Tras salir de la cama, se acomodó su corto camisón y buscó sus pantuflas que estaban debajo de la cama.

Abrió la puerta de su cuarto despacio para evitar hacer ruido y despertar a alguien.

Caminó por el largo pasillo del segundo piso de la mansión Black en silencio, aunque las envejecidas tablas de madera del suelo emitían débiles crujidos al ser pisadas.

Estaba muy oscuro. Las paredes eran de color verde pero parecían negras por la ausencia de luz.

La chica daba pasos cortos para no chocar con ningúno de los adornos u objetos que abundaban en la casa.

Al llegar a la escalera, sujetó fuertemente la baranda para no tropezar y descendió lentamente.

Atravesó el living en dirección a la cocina.

Esquivó por un centímetro la pequeña mesa de café que se encontraba frente al sofá.

Siguió caminando hasta llegar a la puerta de la cocina, pero cuando estaba a punto de entrar colisionó con algo y casi cae al tropezar con su propio pie.

Si bien estaba acostumbrada a su torpeza, se sorprendió mucho.

-¡Lumos!— murmuró una voz grave y al encenderse la luz de su varita, Tonks pudo ver que se trataba de Remus.

-Perdón, no veía nada, estaba muy oscuro.— se disculpó la chica mientras que su cabello pasaba de fucsia a blanco.

El hombre sonrió. La tenue luz que emanaba su varita hacía que sus ojos color miel brillaran suavemente.

-No fue tu culpa. Veo que tu también tienes insomnio, verdad?

-Estaba muriendo de sed y vine a buscar jugo de calabaza, espero que Sirius no se lo haya acabado.— respondió Tonks entrando a la cocina.

Remus no se retiró, sino que siguió junto a ella para alumbrar su camino.

Tomó un vaso de vidrio del armario y se lo pasó a la Nymphadora para que se sirviera.

Luego de cumplir con su tarea ambos se dirigieron de nuevo escaleras arriba.

Cuando llegaron a la puerta de la habitación de Tonks se detuvieron.

-Espero poder dormir ahora. Ultimamente estoy muy alerta, cualquier ruido me despierta. Me estoy convirtiendo en Ojoloco.— bromeó la muchacha en voz baja.

-Una versión muy hermosa de él.

Sus miradas se cruzaron por un par de segundos. Tonks se sonrojó, su cabello cambio levemente de color y no pudo evitar reprimir una sonrisa.

-Buenas noches, Dora.— susurró Lupin antes de seguir caminando hasta su cuarto.