Viktor Nikiforov nunca fue una persona del montón. Incluso si sus rasgos físicos no hubiesen sido tan llamativos: el cabello platinado, los ojos azules y una graciosa capacidad de sus labios para tomar la forma de un corazón, no habría habido forma de que pasara inadvertido.

Su desbordante alegría, energía que no parecía tener fin y sonrisa desdentada hicieron caer a todas y cada una de las personas con las que se cruzaba. Y eso cuando apenas era un adorable bebé.