La brisa matinal balanceaba leve y plácidamente las pesadas cortinas del gran salón. Las losas de mármol brillaban inmaculadas como espejos en aquella gran estancia, los rayos solares iluminaban la escena de aquella palaciega construcción cuajada de hermosas columnas jónicas y grandes floreros que vomitaban majestuosamente grandes ramos de exóticas y fragantes flores.

Los pasos apresurados de unas dos o tres personas resonaban en el silencio con su chasquido metalico, ligeros y elegantes como si de campanillas se tratase, revoloteando como ligeras mariposas metàlicas haciendo rebotar en todas direcciones los dorados rayos solares cada que tocaban las superficie de sus ropajes.

-Señorita Sendai...¡Señorita Sendai!

Entonaba dulcemente la mayor de las tres mujeres. Su piel morena contrastaba con su castaña cabellera y Rostro sereno de rasgos orientales, parecía un lirio blanco vistiendo su fina y volátil túnica blanca y su brillante cloth.

-Es hora de sus lecciones, su profesora ha llegado y no seria adecuado hacerla esperar...

-Señorita Sendai, comprendemos muy bien lo pesado que debe ser tener tantas ocupaciones siendo usted tan joven, pero el gran Maestro nos ha encomendado su cuidado y educación, créame que todo lo hacemos por su bien, señorita.

La segunda mujer de piel morena y ojos negros quien tabien vestia una elegante túnica griega y sobrepuesta una bella armadura celeste, se inclinaba para buscar debajo de un mantel cercano a una cortina tratando nerviosamente de encontrar a su joven ama.

Un par de enormes ojos azul zafiro se abrían como platos entre los mechones lila que brillaban con los delgados y debiles rayos del sol que alcanzaban a colarse a su escondite tras una de las grandes cortinas del salón. Dio un pequeño paso que al parecer advirtió a la joven oriental de armadura de caballo menor quien giró rápidamente su rostro en dirección de la pequeña prófuga, pero al no obtener mas indicios de presencia de la niña siguió buscando en otros sitios junto a sus compañeras.

Poco a poco y con gran habilidad Sendai se fue esurriendo como un riachuelo entre las rocas a través de los cortinajes escabulléndose de la vista de las mujeres para salir por una ventana y bajar hábilmente aferrándose a una enredadera.

El crujido de las hojas y las ramas puso en alerta al trio de Saitias que buscaban infructuosamente a la joven diosa, dando ahora con exactitud su paradero.

Sheila- ¡Señorita Sendai! ¿Qué hace? Puede lastimarse!

-Mei- ¡Ahora mismo voy por ella!

-Erika- Alto Mei, Sheila... ¡Dejenla ir!

-Sheila y Mei- ¡Pero Erika! La institutriz ya esta esperando... ¡El gran maestro ha insistido en que la Señorita Sendai reciba la mejor educación! ¡y su cuidado ha sido la razón de existir de las Saintias!

-Erika- Lo se... Pero... Athena desciende a la tierra cada 200 años, ella llega en cuerpo y alma a este mundo con el único fin de defender la tierra y por ende proteger la vida humana.

Las tres guerreras miraban como la pequeña Sendai alcanzaba tierra firme tras terminar de descender por la enredadera , y tras echar una ultima mirada triunfal hacia sus cuidadoras la niña de ojos azules y cabello color lavanda se fue corriendo en dirección de los jardines.

-Erika-Athena abre sus ojos en este mundo cada 200 años con el único objetivo de ligerear una guerra. Es por eso que desde pequeña es custodiada por los guerreros del Santuario, además de la perpetua compañía, cuidados y educación que le damos las Santias...

-Mei- Es Athena, debemos de protegerla...

-Erika- Es por eso que debemos dejar que vaya a donde quiera y descansar de nuestra compañía.

-Mei y Sheila- ¿DEJARLA SOLA?

-Sheila- ¿Estas loca? ¿Qué acaso no ves que algún enemigo podría intentar secuestrarla? ¿o peor aun asesinarla

-Erika- ¡Lo se muy bien! A lo que me refiero que debemos cuidar de ella de una forma mas discreta. Sendai solo tiene 9 años y desde que nació todo lo que ha conocido son deberes y obligaciones. Clases y protocolos. Y el breve tiempo que pasa en este mundo no le hemos dado un respiro... Athena a pesar de ser una diosa no ha tenido la dicha de vivir la infancia, y de vez en cuando la soledad.

Las Saintias mas jóvenes miraban algo contrariadas a Erika quien sonreía maternalmente mientras su bello rostro moreno sonreía besado por los rosados rayos solares mientras su castaña trenza se balanceaba al compás del viento.

-Erika- Sendai no solamente es mi diosa, es la razón de mi felicidad. Su paso por este mundo es tan breve y las alegrías que da su tierna edad son tantas que no puedo evitarle que disfrute este periodo, la guerra santa esta cada vez mas cerca, démosle a nuestra gran diosa Athena un hermoso ramillete de recuerdos. Mei Cancela la clase de hoy. Sheila acompáñame seguiremos a Sendai, no debe notar nuestra presencia

Y así como un par de ligeras brisas las Saintias siguieron a la joven diosa hasta los jardines, con mucho cuidado y discreción de no ser descubiertas. Mucho les enterneció la escena que presenciaron: se trataba de Sendai reuniéndose con Arya, la pequeña hija del gran patriarca.

-Arya- ¡Sendai! ¡no creí que hoy vinieras! ¿no se supone que hoy comenzarías tus lecciones con una nueva maestra?

-Sendai- Si... pero eso es muy aburrido. Es la tercera maestra que me traen este año...Astrología, literatura, matemáticas, lenguas... todo eso es muy aburrido

-Arya- ¿De verdad piensas eso? yo creo que debe ser muy interesante. Me gustaría mucho aprender todas esas cosas!

-Sendai- ¿De verdad? ¡pues entonces deberías tomar todas esa lecciones conmigo!

La joven Aria miro incrédula a su amiga. tras despegar su vista de la esplendida guirnalda de flores que tejía con sus blancas y diminutas manos. Arya y Argenis eran los hijos adoptivos del gran patriarca, quien centraba su atención en el entrenamiento de su hijo varón y los asuntos del santuario y apenas notaba la presencia de su hija.

-Sendai- Desde que tu hermano entrena para convertirse en caballero ya casi nunca lo ves, ¿verdad? y eso te pone muy triste... además yo de ninguna manera aceptare tomar esas lecciones sola, son muy aburridas. Si estamos juntas tal vez podamos divertirnos un poco y no extrañarías tanto a Argenis.

-Arya- Pero mi padre no lo aceptará, tu eres Athena, y yo...yo solo soy...

-Sendai- ¡Aceptará! ¡ya lo veras!

La joven diosa tomo de la mano a su amiga de cabellos rubios y se dirigió entusiasta hacia el salón del gran maestro quien se encontraba acompañado de varias personas. En cuanto la niña diosa entró al despacho todos incluyendo al patriarca se pusieron de rodillas en señal de respeto a la deidad.

-Sendai- ¡Allen!

-Patriarca Allen- ¡Athena! ¿no debería estar en su lección con la nueva institutriz? Erika, ¿Qué significa esto?

La saintia de caballo menor apareció detrás de las dos niñas tomando maternalmente el hombro de la joven diosa.

-Erika- Disculpe su excelencia, es solo que creí que Athena merece un descanso de todas sus lecciones, sin embargo no pude anticipar su deseo de venir a buscarle en medio de esta reunión.

Entre las personas que se encontraban con el gran patriarca destacaban algunos individuos de apariencia bastante curiosa: un hombre alto de rasgos recios y vestimentas exóticas, de las que colgaban algunas pieles de animales como leopardos y serpientes, a su lado sujeto de una cadena estaba un niño de unos 11 años quien se encontraba arrodillado en el piso apoyando su peso sobre los nudillos, semidesnudo, con una larga y enmarañada cabellera roja y grilletes en sus tobillos. Un sacerdote cristiano con su larga sotana negra quien sonreía amablemente a las niñas y justo detrás de el un jovencito de unos 14 o 15 años de piel bronceada y mirada dura, sus ropas viejas y gastadas le daban un aspecto rudo y sombrío, y un par de ancianos con vestimentas chinas, acompañados de una niña de piel pálida, ojos verdes y largos cabellos negros, sus rasgos exóticos se opacaban por la hinchazón de sus parpados pues no paraba de llorar.

-Allen- Arya, ¿Qué es lo que haces aquí? ¡te he dicho que no debes distraer a Athena de sus deberes!

-Arya- Perdóname, padre

La joven diosa dio varios pasos entre los arrodillados adultos y los contrariados niños que acompañaban a tan peculiar grupo. Decidida llevó de la mano a su mejor amiga hasta posarse enfrente del gran patriarca.

-Sendai- Allen, he decidido que no tomaré mas lecciones. Yo no pedí ser la Diosa Athena, y no me interesa aprender todas esas aburridas materias, seguiré despidiendo a todos esos maestros que me traen... a menos...

-Erika- ¡Señorita Sendai!

-Sendai- ¡A menos que permitan a Arya tomar todas esas clases conmigo!

El gran patriarca miro a través de su dura mascara a su joven hija de 10 años quien agachaba la mirada hacia el piso visiblemente apenada por la escena.

-Patriarca- ¡Erika, llévate por favor a Athena y a mi hija!. Esta bien Sendai, Arya será tu compañera de estudios.

-Sendiai- Una cosa mas, Allen quiero participar de las reuniones, creo que ya tengo suficiente edad para comenzar a enterarme de los asuntos del santuario. Estoy harta de ser solo un adorno.

-Allen- Como usted diga, mi señora.

Triunfales ambas jóvenes salieron junto a la Saintia de Caballo menor. Solamente Sendai sonreía tras aquel acontecimiento, sabiendo que por el hecho de ser Athena todas sus ordenes eran obedecidas, y ahora por primera vez inclusive se había impuesto sobre el gran patriarca del santuario.

-Sendai- !Lo vez Arya!¡sabia que funcionaria!

-Arya-¡Sendai, por favor no vuelvas a hacer eso!.¡Me dio mucho miedo ver a padre tan molesto! Además... todas esas personas eran muy extrañas...

-Sendai- Si, no los había visto antes a excepción del sacerdote. Erika, ¿sabes tu quienes son todas esas personas?

-Erika-Señorita Sendai, ellos son tus caballeros, bueno algunos de ellos son parte de tu ejército de caballeros y algunos otros si no me equivoco han traído a esos jóvenes para entrenarse y formar parte de las filas de los 88 combatientes.

-Sendai- ¿Mis caballeros?...

-Erika- Asi es... se muy bien que es la primera vez que ves a otras personas del genero masculino a excepción del gran patriarca y al Padre James, pero pronto conforme te vayas involucrando en las reuniones conocerás al resto de la orden ateniense.

Y asi comenzó una etapa muy feliz en la vida de la joven diosa Athena, cinco años para ser exactos en los que junto a su gran amiga Arya fue instruída en las ciencias, literatura y mitología, además de ir participando de las importantes reuniones que celebraba el gran patriarca Allen. Pronto se enteró que la reunión que interrumpió junto con Arya en esa ocasión se trataba del regreso de algunos caballeros dorados veteranos y la presentación de jóvenes prodigios que habían encontrado por el mundo para portar las armaduras doradas que estaban sin dueño. Haciendo que poco a poco el numero de santos de Athena fuera incrementando con el fin de preparar la nueva guerra santa.

Como ya se habran dado cuenta Sendai es Saori! seria divertido que traten de descubrir la identidad del resto de los personajes asi como que caballeros creen que sean los que se presentaron en el templo. Estoy segura que sera divertido!