Capítulo 1

Albus abrió sus ojos verdes cristalinos, eran las seis de la mañana, ese día se había despertado media hora antes de lo habitual, ese día Albus notaba Hogwarts diferente, se puso la túnica y, pese a hacer un maravilloso día de noviembre, se sentía agotado y un poco melancólico.

Cuando dieron las siete bajó de su sala común para desayunar, el hechizo que hacía que hiciese el mismo tiempo fuera que dentro del castillo del techo del Gran Comedor estaba en pleno diluvio mientras que, si los alumnos se asomaban por una de las ventanas del inmenso colegio, el sol les cegaría los ojos, aun siendo una hora tan temprana.

Se sentó en la mesa Gryffindor y saludó a sus compañeros y, de lejos, a sus familiares, demasiado apático para ser Albus Severus Potter. Se sentó al lado de uno de sus mejores amigos, Lycoris Finnigan, hijo de Seamus Finnigan. Cuando todos los magos y todas las brujas accedieron al comedor poco a poco, la directora McGonagall se aclaró la garganta y se puso en el pequeño atril en el cual, hacía unos meses, les había dado la bienvenida nuevamente al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

-Queridos alumnos de Hogwarts, lo primero es dar mis disculpas personales por tener que desayunar con este tiempo, parece ser que alguien ha estado divirtiéndose esta noche por el Gran Comedor a la hora de volver loco el hechizo del techo, para la comida os prometo que estará como nuevo, con el sol resplandeciente del día de hoy. Lo segundo es que espero que podáis dar vuestra bienvenida a Nerissa Bloxam, una nueva alumna que, por unas extrañas circunstancias que no voy a delataros, ha tenido que incorporarse a Hogwarts en noviembre. Debido a esto, si me permitís unos minutos de vuestro tiempo, le haremos la prueba del Sombrero Seleccionador.

Una chica delgada y no muy alta entró al comedor y subió al lado de la directora McGonagall, todos cuchicheaban y el único que parecía no estar pendiente de esto era Albus Potter.

-Eh, Al, ¿qué te pasa? -dijo Lycoris con una sonrisa mientras le daba un codazo a su amigo.

-¿Eh? No, nada, es que estoy agotado, esta noche no he dormido bien.

-¿No te preocupa que caiga en nuestra casa esa chica? Tiene la mirada totalmente perdida, ¡parece que no habla ni nuestro idioma! No sé, ojalá caiga en Slytherin y pierda puntos por no acertar ni una cosa -dijo Lycoris con sorna.

Ahí fue cuando Albus levantó la mirada de su tazón de leche con azúcar y le echó un vistazo a la chica, tenía el pelo rubio, largo y ondulado, estaba demasiado lejos para poder observarla bien pero, aún así, Lycoris tenía razón, tenía un aire distraído y preocupante. La verdad es que en Albus no despertaba menor interés, ¿cuál sería el motivo por el que llegó en pleno mes de noviembre al colegio? ¿En qué curso estaría?

-Mmmm... Difícil decisión -anunció el Sombrero Seleccionador desde lo alto del comedor-, esta chica tiene grandes valores, tiene buenas virtudes, encajaría muy bien en Slytherin y Gryffindor, finalmente, para que pueda aprender a valorar a las demás personas casi como a sí misma, la pondré en... ¡Gryffindor!

Todo el salón aplaudió, los Gryffindor más por cortesía que por aceptación. La mayoría de ellos no esperaba esa tardía entrada y no estaban de acuerdo con que pudiese entrar a mitad de curso.

-Albus, Lycoris, vamos a conocer a la nueva, ¿le decimos que se siente con nosotros? -dijo Pollux Thomas, el chico que se encontraba enfrente de Lycoris.

Lycoris le miró divertido, se levantó y se acercó a la chica, que estaba sentada con Lily Potter y Rose Weasly. Le tocó por el hombro y ella se giró para verlo.

-Mmmm... Hola, soy Lycoris Finnigan -le extendió la mano para presentarse amistosamente-, he pensado que, como eres la nueva, quizás te gustaría sentarte con un par de amigos y conmigo.

-Vete de aquí Finnigan -dijo Rose con un tono de voz tajante-, Nerissa, lo peor que puedes hacer en este colegio es irte con Lycoris, Pollux y mi primo Albus, están continuamente haciendo el imbécil.

-Venga ya Rosie, no seas así, somos unos buenos tipos -dijo el castaño-, lo que pasa es que la mayoría de los alumnos nos tienen respeto -se acercó un poco a Nerissa, que miraba con intriga al chico y le susurró al oído-, y a las chicas las tenemos locamente enamoradas.

-¿Y te funciona siempre ir de durito con las chicas? -dijo Nerissa, fue la primera vez que Finnigan escuchó su voz y, en vez de parecerle una persona débil de la que sería fácil reírse, le pareció una persona desafiante-, lo digo porque a mí los que van de machos alfa me resultan graciosos.

-Ah, ¿sí? -sonrió Lycoris-, ¿te resulto gracioso?

Nerissa rió sarcásticamente.

-Ridículamente gracioso.

-En fin, Finnigan -especuló Lily-, creo que ya ha quedado claro que si quieres reírte de Nerissa va a tener que ser en otro momento, ahora mismo está pasando un buen desayuno con nosotras.

Lycoris sonrió, se mordió el labio inferior y se echó su pelo castaño hacia atrás mientras cerraba sus ojos color miel. Se volvió con sus amigos, Pollux se sentó al otro lado de Lycoris, atosigándolo a preguntas.

-¿Por qué no estás aquí con ella? Han sido la prima y la hermana de Albus las que te han frenado los pies, ¿verdad? ¡Por Merlín! Cómo nos conocen.

-Esa chica no es como pensábamos. No hay forma alguna de reírse de ella sin conocerla, es imposible intimidarla. Me he acercado a ella, he estado a unos milímetros de su oreja y ni se ha inmutado, ni siquiera se ha sonrojado un poco.

-Lycoris -intervino Albus-, tú siempre tienes la sensación de que todas las chicas deben caer a tus pies en cuanto te ven. Vale que con la mayoría te funcione pero, algún día, tendría que llegar una chica que no fuese tan estúpida.

Pollux no pudo aguantar la risa y estalló en carcajadas, era la primera vez que alguien le decía a Lycoris que no es tan irresistible como piensa.

-¿Sabes qué Albus? Nada más que por decir eso veo totalmente factible que hagamos una apuesta.

-¿Una apuesta? -clavó sus ojos verdes en los ojos miel de su amigo.

-Sí, ¿qué te parece que el que antes consiga darle un beso a la nueva debe hacer los deberes del otro hasta final de curso?

-Estúpido Finnigan, ¡lo único que quieres es que te haga los deberes! No pienso aceptar la apuesta, si quieres hazla con Pollux. Así os dejo más o menos al mismo nivel, si entro yo en el juego no podríais ganarme. Soy Albus Potter -dijo bromeando-, todas las chicas desearían estar conmigo, así que prefiero ver desde fuera cómo apostáis vosotros.

-Albus, no seas tan idiota, siempre te ha encantado participar en cosas así, ¿acaso no tienes a casi todas las chicas detrás de ti sólo por haber apostado conmigo y con Pollux?

-No sé Lyco, esto es diferente. Hoy me he despertado con otra forma de ver las cosas, no quiero meter a nadie más en un juego.

-¡¿No me digas que has madurado?! -dijo en un tono de voz alta Pollux, riéndose de las palabras de su amigo-. Si no recuerdo mal, hace una semana estabas gastando bromas y desafiando a Scorpius Malfoy con el Quidditch.

-Pollux, déjalo, se habrá enamorado, ¿es eso Albus? ¿Te ha gustado la nueva como una novia formal?

-No digas gilipolleces Lycoris, ya sabes que yo no quiero una novia formal y, de ser así, la única novia formal que yo querría es a Melania Burrow, la de Ravenclaw. Esa chica es lista e interesante, además es cazadora de su equipo de Quidditch, así que, debe gustarle. Por lo pronto es la que veo que más se asemeja a mí.

-Con que Melania Burrow, ¿no es esa que estuvo saliendo con Malfoy durante el curso pasado?

-Sí.

-Venga ya, Al. ¿En serio? -Lycoris se dispuso a susurrar-, dicen que Scorpius sigue colado por ella así que, si vas a tener algún tipo de relación, ten cuidado. Ya sabes que los Malfoy siempre han sido de golpear y abusar de la gente.

-Lycoris, el día que dejes de calificar a la gente por su apellido, pensaré que de verdad te caigo bien y que no te llevas bien conmigo por ser un Potter.

-Joder, Albus, no te pongas así, ya sabes cómo me llevo yo con Scorpius, en el segundo año tuvimos una discusión en la que, sin darme cuenta, acabé en la enfermería con la nariz rota. En fin, ¿tú has hablado alguna vez con Melania o simplemente suspiras en silencio por ella?

-Mmmm... Este año, como ya sabes, la casa Gryffindor y la casa Ravenclaw tienen las clases juntas, hemos estado comentando algunas cosas en la biblioteca y hemos quedado para darnos una vuelta esta noche.

-¿Y te lo ibas a callar? -dijeron sus dos amigos a la vez.

-Es que lo he pensado mejor y no sé si debo ir, hoy me he levantado agotado y de mal humor.

-Albus, no seas idiota -dijo Pollux-, si vas a la Sala de los Menesteres con Melania ya sabes que se te quita el mal humor en un momento.

Lycoris ahogó una risa en su zumo de calabaza. Se atragantó y, una vez en buen estado, miró a Pollux con una mirada asesina.

-No me vuelvas a hacer reír mientras esté bebiendo -ahora se dirigía a Albus-, oye, ya en serio, deberías ir, aunque sea solamente para ver cómo actúa. Sabemos que, si estuvo con Scorpius, virgen no es. Podrías ir más rápido con ella.

-Llámame antiguo como siempre o lo que quieras, pero ya te he dicho que no voy a hacerlo con una chica que no me importe.

-El problema Al -dijo Pollux interrumpiendo a Lycoris, que se disponía a hablar en ese momento-, es que nunca te importa ninguna. ¿Qué vas a ser? ¿Un santo toda tu vida? Tendrás que estrenarte algún día. Además, acabas de decir que Melania te gustaba como novia formal, es decir, que te importa.

-Pero la estoy conociendo. En fin chicos -dijo Albus mirando cómo la chica nueva se había levantado para irse del Gran Comedor-, creo que ya he terminado de desayunar, nos vemos en clase.

Nerissa salió antes que Albus del Gran Comedor, cuando éste salió la vio girar para dirigirse a la sala común de Gryffindor, él no pensaba ir hacia allí pero, sin darse cuenta, estaba yendo detrás de ella, una vez que estaban en el cuadro de la Dama Gorda. Nerissa estaba inmóvil, a un solo paso de la Torre de Gryffindor.

-¿No piensas pasar? -le dijo Albus de una forma seca.

-Se me ha olvidado preguntar la contraseña.

-¡Potter! ¡Esta señorita está intentando atravesarme! Dígale que no pienso dejarla pasar -dijo el rostro del cuadro, se dirigió a la chica-, no puedes pasar si no eres de Gryffindor, señorita maleducada.

-Sí es de Gryffindor, su problema es que ha llegado hoy porque no pudo llegar el 1 de septiembre, como todos. Y, por lo que veo, no se ha informado de la contraseña. Grajeas de pimienta.

El cuadro de la Dama Gorda dejó paso a los dos alumnos, con mala cara porque no conocía a esa chica a la que estaba dejando pasar.

-¿Grajeas de pimienta? ¿Esa es la contraseña?

-Sí, ¿algún problema?

Albus y Nerissa pasaron a la sala común de Gryffindor.

-¿Albus, verdad? -dijo Nerissa.

Albus se limitó a observarla, sin contestar torció el gesto como si no tuviese que identificarse para que ella supiera quién era él.

-Tú eres la nueva, debería preguntarte yo quién eres tú.

-Me llamo Nerissa Bloxam -dijo extendiendo su mano para presentarse- y, ahora, ¿puedes responderme si eres Albus?

-Si lo fuese, ¿qué pasaría? -contestó el chico con cierto interés.

-Oh, nada, simplemente querría saberlo porque Rose y Lily hablan maravillas de su primo, creo que desean más que nadie que te eches novia. Te venden bien.

-El problema de mi hermana y de mi prima es que son unas cotillas pero aún no se han dado cuenta de que no quiero nada con nadie.

Nerissa rió y no dijo nada.

-¿Qué pasa? -preguntó Albus.

-Nada, que creo que has pensado mal.

Al chico le molestó ese comentario, ¿cómo que había pensado mal? Esta chica era estúpida. Albus no dijo nada, frunció el ceño y la miró con indiferencia mientras le dijo que no sabía a qué se refería.

-Albus Potter, me parece que te has pensado que yo quiero ser tu novia pero, tranquilo. Te aseguro que no eres mi tipo, así que puedes ir en paz, supongo que bastante tienes con que la gran mayoría de las alumnas de este colegio deseen estar contigo y tú no les des la oportunidad para que te conozcan con más profundidad.

-Te equivocas conmigo, Bloxam.

Albus se sintió enfadado con la contestación de Nerissa, ¿cómo era capaz de haber tomado esas confianzas con él? Ella no lo conocía para nada y ya había sacado sus conclusiones, ¿que él no era su tipo? Pues mejor, porque ella no le resultaba una chica que quitara el hipo. Vale, tenía los ojos azules y la piel tersa, suave y blanca. Unos labios medio carnosos en los que resaltaba un color rosa inocente. Pero había miles de chicas como esa, a Albus le gustaban las bellezas exóticas, las mujeres que mirabas y pensabas que no había más como esa. No una chica bella pero con millones de clones repartidos a lo largo del mundo. Nerissa no era más que una más.

-Lo cierto es que -continuó Albus- ni yo soy tu tipo de chico ni tú me pareces una chica guapa, es más, me pareces bastante irritante, así que preferiría que te acercases lo menos posible a mí. Hoy no estoy de humor.

-Siempre se puede ser educado al decir algo que no puede gustar, ya veo que no sólo no eres mi tipo físicamente sino que, personalmente, preferiría no conocerte. Supongo que, al tener la misma edad, ya nos veremos en clase. Pero no te preocupes Potter, que no te saludaré ni mantendré las formas contigo -contestó Nerissa claramente molesta.

Nerissa subió a su habitación para ponerse la corbata de Gryffindor que McGonagall le había proporcionado al ser elegida en la casa. Albus, al ver la reacción defensiva de Nerissa, no pudo evitar sentirse mal. Nunca se había comportado así con nadie, pero Nerissa le había parecido insufrible, incluso mucho más que el trío Slytherin de Scorpius Malfoy, Lara Nott y Lucas Rookwood. Ahora se sentía miserable y estúpido. Ciertamente Nerissa sólo pretendía ser simpática con él y hacer nuevos amigos y él la había despreciado con su indiferencia y con su enfado. Eran casi las ocho de la mañana, las clases estaban a punto de empezar. Era martes por lo que, su primera clase, era Pociones. Cuando llegó a la clase aún no había nadie, era la primera vez que no se retrasaba a una clase de Pociones.

Poco a poco todos los alumnos de Gryffindor y Ravenclaw fueron pasando, Lycoris y Pollux, para no perder la costumbre, no habían llegado. Lycoris siempre decía que si necesitaba algún día una poción la compraría ya que, Pociones, era la asignatura que peor se le daba de todas. Siempre hacía explotar el caldero y debía comprarse uno cada dos o tres clases. Era, como él decía, tan torpe como su padre.

La persona que pasó hizo que se le parase el corazón durante unos segundos, Melania Burrow le sonrió y le dedicó una cálida mirada. No pudo evitar sonreír pero, detrás de Melania, entró a la clase Nerissa Bloxam. El sentimiento de felicidad que tenía de hacía segundos se había convertido en un sentimiento de agonía que no hacía más que aumentar cuando Nerissa lo miró y, acto seguido, giró su cara ignorándolo por todo lo que le acababa de decir unos minutos atrás. Rose, que estaba sentada detrás de su primo, se dio cuenta de que algo le pasaba.

-Albus, ¿estás bien? Te has puesto pálido de repente.

Albus no respondió, no porque no quisiera sino porque estaba abstraído en la mirada de Nerissa, que parecía más fría y sombría que hace un rato.

-Eh, Albus, ¿piensas responderme? ¿Quieres ir a la enfermería para que la Señora Pomfrey te atienda?

-No Rose, gracias. Estoy bien.

-Cualquiera diría que has visto algo horrible, te ha cambiado la cara en dos segundos -Rose se dio la vuelta para ver quién era la persona a la que había visto su primo, sin embargo, sólo encontró a Nerissa-. ¡Nerissa, siéntate aquí! Te he guardado un sitio a mi lado.

Nerissa se acercó a Rose y, como ella le dijo, se sentó con Rose.

-Al haber llegado en pleno mes de noviembre, he pensado que quizás querrás apuntes, deberes hechos para hacerte una idea, algunas notas que tomo... Vamos, un poco de todo para ponerte al día.

-Sí, estaría bien, muchas gracias Rose -dijo Nerissa con una sonrisa.

-Oye, ¿tú conoces a mi primo Albus? Sólo has hablado con Lycoris, este chico que está sentado delante nuestra es Albus, mi primo.

Albus se giró al escuchar su nombre y sintió un nudo en la garganta, no sabía qué hacer y torció el gesto.

-Ya nos conocemos.

-¿Os conocéis?

-Bueno -dijo Nerissa-, me ha ayudado a entrar en la Torre de Gryffindor porque aún no sabía la contraseña pero nada más.

A Albus le pareció extraño que la conversación en la que él la había tratado mal hubiese sido indiferente para ella. La chica parecía otra persona totalmente distinta, con la que no había discutido sin conocerla. Le sentó mal parecerle indiferente. ¿Realmente no le importaba o no quería hacer de eso una tragedia? El chico había sido muy duro con ella, sabiendo que era su primer día y, casi nadie, había intentado acercársele.

-Buenos días -dijo el profesor Horace Slughorn-, abrid el libro por la página número 233, hoy vamos a hacer la poción de la Cura para Forúnculos -se dirigió a su mesa y miró a Albus-, vaya, Señor Potter, veo que se ha dignado a venir puntual a mi clase -en la puerta apareció Lycoris Finnigan y Pollux Thomas, corriendo por llegar antes que el profesor, éste los miró-, por desgracia también veo que sus amigos Thomas y Finnigan no lo han conseguido.

La clase rió al unísono. Lycoris tomó asiento al lado de Albus y Pollux, que normalmente se sentaba al lado de Rose, improvisó un sitio al lado de Lorena Rockford, una alumna de Ravenclaw.

-Como iba diciendo, preparad la poción, buscad los ingredientes y cogedlos. Tenéis toda la clase, la pareja que antes consiga hacerlo, dependiendo de que sea de una o de otra casa, conseguirá cincuenta puntos.

Rose empezó a preparar el caldero y mandó a Nerissa a buscar los ingredientes. En menos de un minuto consiguió las babosas cornudas, las espinas de puercoespín y los colmillos de serpiente.

-Rose -dijo Nerissa-, voy machacando en el mortero los colmillos de serpiente, cuando esté listo el caldero me avisas.

Rose estaba acostumbrada a sentarse con Pollux, un chico listo pero muy torpe así que, Nerissa, la asombró con su rapidez y su agudeza. Sabía todas las medidas sin necesidad de mirar el libro de pociones en cual, hasta ella, una de las chicas más inteligentes de Hogwarts, tenía que revisar por si acaso fallaba. Antes de que terminase la clase la poción ya estaba lista.

-Profesor, ya la tenemos -anunció Nerissa-, ¿podría ver si está hecha como debe ser?

Horace Slughorn nunca había dado su visto bueno a ninguna poción, era un gran profesor, enseñaba bien pero eso no quitaba que fuese uno de los profesores más estrictos de todo Hogwarts.

Se acercó al caldero de Rose y Nerissa y echó un vistazo.

-Mmmm... Tiene buen color, parece correcta, veamos cómo huele -el profesor acercó su nariz al caldero-. No huele mal, huele como una poción para la cura de los forúnculos. Pero, aún así, me atreveré a probarla.

El hombre agitó su varita repetidas veces y la convirtió en una cuchara. La cual introdujo en la poción sacando un poco de ésta, para probarla. Metió la cuchara en su boca y cerró los ojos. Pasaron unos segundos y, el profesor, no dijo nada. Se sacó la cuchara, la convirtió de nuevo en una varita y la guardó en una funda.

-¡Cincuenta puntos para Gryffindor! -todos los gryffindorianos se alegraron y aplaudieron a sus compañeras-. Es una de las mejores pociones de Cura para Forúnculos que haya hecho un alumno mío jamás, os doy mi enhorabuena, Señorita Weasly y Señorita Bloxam.

La clase acabó y todos los de Gryffindor corrieron a Rose y Nerissa para felicitarlas. En la puerta de la clase estaba Albus, esperando a su prima, para darle la enhorabuena.

-Al, ¿qué haces aquí? La próxima clase es Cuidado de Criaturas Mágicas, ya sabes que la damos en el bosque con Hagrid -dijo Lycoris.

-Sí, lo sé. Pero estoy esperando a mi prima, por lo menos le daré la enhorabuena por ser la más lista de la familia.

-Albus, ¿en serio sigues con esas? El resultado ha sido el mismo, Gryffindor ha ganado los cincuenta puntos, deberías estar contento. No sé qué te pasa hoy.

-Lycoris nos ha faltado un minuto para ser nosotros quienes ganásemos esos cincuenta puntos.

-¿Y qué? ¿Qué pasa? ¿Que los ha ganado tu prima? -le recriminó-, venga Albus, no seas así. Nunca te había visto tan competitivo además, Pociones es una clase estúpida, no sé por qué te afecta tanto.

-No es eso. Es que quería ser yo quien ganase los puntos, al fin y al cabo, eso hubiese cambiado mi día, habría hecho que por lo menos estuviese de mejor humor.

-No me digas más, no es por Rose, ¿no? ¡Te has puesto celoso por Nerissa! Porque ha llegado hoy y ya ha conseguido cincuenta puntos.

Albus bajó la mirada, ¿tenía celos de la nueva? ¿Desde cuándo él se había sentido celoso por alguien?

-Tienes razón, lo mejor será que vaya ya a clase de Cuidado de Criaturas Mágicas -dijo con un tono enfadado.

Lycoris no entendía qué le pasaba a su amigo, eran mejores amigos desde el primer año, desde sus once años y nunca lo había visto tan competitivo con alguien. Fue detrás de Albus y lo paró cogiéndolo del brazo.

-Quiero que sepas que no sé lo que te pasa pero, que si necesitas contarme algo, lo que sea, puedes -dijo clavando sus ojos miel en los ojos verdes de su amigo-. Al fin y al cabo, soy tu amigo, en las buenas y en las malas.

-Lyco no me pasa nada, es que hoy me he levantado extraño y, no sé por qué, lo he pagado con Nerissa, en serio, ha llegado hoy y ya le cae bien a casi toda la casa y, sin embargo, yo no la soporto.

-No le has dado ni una oportunidad, ten en cuenta que tú hoy estás cansado y de mal humor, ¿no crees que es cosa tuya el que no estés bien con ella?

Lycoris tenía razón, Albus asintió con la cabeza y no hizo falta que hablasen más para entenderse. Albus sabía que tenía que disculparse con Nerissa pero, ¿y si ella no quería volver a hablarle o, incluso, lo trataba como un cualquiera? Si ella hubiese sido tan duro con él, seguramente el chico no se lo habría perdonado fácilmente. Ya lo tenía claro, después de las clases iría a hablar con ella para pedirle perdón y empezar su relación de cero, llevándose lo mejor posible.

La clase de Cuidado de Criaturas Mágicas siempre había sido la favorita de Albus, se le daban bien las criaturas y Hagrid le tenía un cierto cariño a Albus ya que tenía la misma personalidad que su padre.

-Bien chicos, hoy vamos a dar la clase con Bicornios. Tendréis que aprender a montarlos y a que os acepten. Como ya sabéis, los Bicornios son unas criaturas dulces y delicadas pero, hasta que no os habéis ganado su confianza, no dejarán ni que os acerquéis para acariciarlos. ¿Algún voluntario?

Rubeus Hagrid miró a su alrededor y vio que nadie se atrevía a ser el primero.

-Entiendo, ¿por qué no os ponéis en parejas?

Pollux se abalanzó a Lycoris, en la hora anterior estar con Lorena le había parecido insufrible, era una mandona, incluso más que Rose.

Rose se puso con una chica de Ravenclaw y, poco a poco, todas las parejas estaban formadas, excepto una. Nerissa y Albus no tenían pareja por lo que, por descarte, tuvieron que ponerse juntos. Nerissa frunció el ceño durante unos segundos pero prefirió hacer la clase lo más leve posible, es decir, decidió hacer como si nada hubiese pasado, como si todo lo que le dijo Albus Potter no le hubiese sentado tan mal como le sentó. Albus, sin embargo, se sintió una persona miserable. Quería pedirle perdón y no encontraba las palabras adecuadas para hablarle, no sabía si hacer como si nada hubiese pasado y ser simpático con ella, o mantenerse firme y distante, total, solamente era una chica con la que no se llevaba bien, no podría llevarse bien con todo el mundo.

-Como las parejas ya están hechas -anunció Hagrid-, os acercaréis a un Bicornio cada uno, hasta que sea navidad tendréis que cuidar de él -muchos alumnos se rieron-. Supongo que, como os estáis riendo, pensaréis que es una tarea fácil pero no lo es, como he dicho antes, tendréis que haceros con su confianza, tendréis que darles de comer y, con el permiso de los profesores de las distintas asignaturas, podréis venir a visitar a vuestro Bicornio cada vez que sea necesario. Se os dará un Bicornio recién nacido a cada dos, cada semana veré si está creciendo bien y, si no lo está haciendo como debe, os suspenderé esta tarea. Como siempre digo: "lo único que no debemos hacerles a las criaturas es causarles algún daño".

Hagrid fue entregando un Bicornio a cada pareja, no medía más que un perro de caza, estaba claro que era un Bicornio recién nacido. El Bicornio que le tocó a Rose y a Ravenna Cleveland, su compañera de Ravenclaw, tenía un color crema y los cabellos con destellos color oro.

Cuando fue el turno de recibir el Bicornio de Albus y Nerissa, Hagrid les entregó un Bicornio blanco, con los cabellos plateados y con ojos temperamentales.

-Oh, vaya -exclamó Hagrid-, os ha tocado el más rebelde, espero que sepáis cuidar bien de él, confío en ti Albus -le sonrió, siguió entregando Bicornios y, cuando terminó se dirigió a toda la clase-. ¡Aquí empieza el cuidado de Bicornios! ¿Alguien sabe qué poderes tienen?

Nerissa se acordó del mes que pasó en Noruega buscando Bicornios con sus padres, para conseguir un elixir curativo que se encuentra en el cuerno más pequeño de éstos. Cuando su padre le obligó a leerse toda la información que pudiese sobre Bicornios.

-Tienen poderes curativos, que se encuentran en su cuerno de menor tamaño -dijo Nerissa-, también tienen el poder de cambiar de color pero eso sólo lo hacen cuando son mayores y saben dominarlo bien, entre los dos y cinco años de su vida están cambiando continuamente de color porque, según dicen, aún no saben que tienen ese poder.

-¿Y para qué les sirve cambiar de color? -replicó Lycoris, ayudando a su amigo Albus, intentando dejar en evidencia a Nerissa.

-Les sirve para camuflarse de los cazadores de Bicornios, por eso no es nada fácil encontrarlos cuando se les busca, a no ser, de que sean recién nacidos.

-Eso ha estado bien, ¿te llamabas Nerissa Bloxam?

-Sí.

-Pues sabiendo tanto sobre los Bicornios espero que sepáis controlar al pequeño, como ya os he dicho antes, es uno de los más difíciles. Pero me alegro de que os haya tocado.

Albus miraba a Nerissa embobado, ¿le gustarían las criaturas mágicas tanto como a él o, simplemente, era tan estudiosa como su prima Rose? En unos pocos minutos todos estaban encantados con su tarea de cuidar Bicornios, excepto Albus, que sentía la necesidad de estar bien con Nerissa pero, a su vez, le era imposible.

-Si sabes tanto sobre Bicornios me alegro de que seamos pareja en esta clase -dijo el chico intentando ser simpático.

Nerissa lo miró durante unos segundos pero no le contestó. Sus delicados dedos intentaban acercarse al Bicornio pero, éste, relinchaba y se echaba para atrás. Aún tendría que pensar algo para conseguir su confianza.

-Oye Nerissa, siento haber sido tan cortante antes, no he hecho bien al decirte todo aquello pero, de verdad, si vamos a estar juntos en esta clase por lo menos quiero tener una buena relación contigo, una relación cordial. En la que podamos compartir nuestras ideas y tratemos de cuidar al Bicornio como es debido. Ya no te pido que me perdones, sino que me hables, por favor -dijo Albus con una mirada sincera-. Me estás haciendo sentir la persona más miserable de todo el mundo mágico.

-Potter, tú me has dicho hace unas horas que no mantuviese contacto contigo. Creo que tus palabras exactas han sido "preferiría que te acerques lo menos posible a mí", sólo estoy haciéndote caso.

-Pero no estaba de humor, te digo de verdad que preferiría mil veces que me hables antes que ni me mires.

-Mira -lo miró a los ojos, las pupilas de Nerissa se dilataron-, no sé a qué estás jugando pero a mí no me vayas a volver loca, tenías razón. Lo mejor que puedo hacer es alejarme de ti, te prometo que el único contacto que tendremos tú y yo será en clases de Cuidado de Criaturas Mágicas que, por cierto, ya está terminando. Así que, si eres tan amable, mete en uno de los establos a nuestro Bicornio, pero con delicadeza. Ya hablaremos cuando tengamos que ponernos de acuerdo para las horas de comida, limpieza y cuidados del mismo. Que te mejore el día, Potter.

Albus se sentía despreciado, cada vez que Nerissa Bloxam pronunciaba su apellido lo hacía con sequedad, más que decirlo lo escupía. Casi que prefería a la chica que había sacado conclusiones precipitadas sobre él, la que le llamaba Albus, la que se había reído y la que había sido simpática. Sin quererlo, Albus había hecho que esa chica hubiese cambiado completamente con él. Cogió el Bicornio, que relinchó y se echó para atrás varias veces y, al fin, consiguió meterlo en su pequeño establo.

Las siguientes clases se hicieron eternas para el chico. Lo único bueno que tenían es que no había que ponerse en parejas para ningún trabajo por lo que, de momento, no tendría que mantener ningún otro contacto forzado con Nerissa. Sin querer, sólo había estado pensando en ella.

Cuando terminaron las clases fue directo a la biblioteca. Quería buscar información sobre los Bicornios y sus hábitos alimenticios, todo era para impresionar a Nerissa y no parecerle un desinformado de la materia. Allí se encontró con Melania Burrow, que se sentó en la misma mesa que él había elegido después de coger el libro.

-Albus, por lo que veo te vas a tomar muy en serio eso de saberlo todo acerca de los Bicornios -intentó burlarse Melania, pero Albus la ignoró-, ¿esta noche podremos darnos una vuelta por el castillo al final o tienes algo que hacer?

Ahí captó toda la atención del chico por un momento, se le había olvidado por completo que había quedado con Melania esa noche.

-Supongo que sí podríamos quedar, ¿qué te parece que quedemos a las nueve y media en esta misma mesa? Ya aquí decidiremos qué hacer o dónde ir.

Melania sonrió, se recogió un mechón de pelo y se lo puso detrás de la oreja. Recogió sus cosas y miró a Albus. La verdad es que Melania era una de las chicas más guapas que había visto jamás, tenía los ojos grises, la piel un poco morena y el pelo castaño le llegaba hasta los hombros.

-Entonces a esa hora nos vemos, Albus -dijo la chica-. ¿No vas a ir al Gran Comedor a comer?

-Sí, ahora voy, en cuanto saque este libro y lo deje en la habitación.

-Bueno, allí nos vemos -dijo Melania, con los ojos tan brillantes que podía verse de lejos la felicidad que había en ellos.

Melania salió de la biblioteca y se dirigió al Gran Comedor, andaba feliz, el contoneo de sus caderas era lo más bonito que había visto Albus en todo el día. Éste cogió el libro y lo llevó a su habitación, como había dicho que iba a hacer. Cuando se dirigió al Gran Comedor vio a Nerissa hablando con Pollux. ¿Qué haría Pollux hablando con Nerissa? ¿Qué querría él de ella? Los siguió para enterarse de qué estaban hablando. Se ocultó tras la pared y pudo observar cómo Pollux apoyó su mano en la cadera de Nerissa y, ésta, no se apartaba.

-Nerissa -dijo Pollux-, cuando quieras podemos irnos una tarde a Hogsmeade, beber unas cervezas de mantequilla y conocernos fuera de este entorno.

-Pollux -Nerissa cogió la mano que éste tenía apoyada en su cintura y la quitó-, he llegado hoy y ya os ha dado tiempo a Lycoris, a Albus y a ti para reíros de mí. ¿Habéis hecho una apuesta de a ver quién me lleva antes a la cama? Pues lo siento pero... Me da que ninguno va a conseguirlo.

A Pollux le cambió la cara por completo.

-Perdóname si te he dado esa impresión, no era mi intención. Lo único que querría es conocerte, la verdad es que eres una chica guapa y llevo cinco años viendo a las mismas chicas que, si has hablado con ellas, ellas están tan hartas de Al, Lyco y yo como nosotros de ellas.

-No parece que estén muy hartas de vosotros, la verdad -rió Nerissa.

-Bueno, por lo menos yo sí que lo estoy, así que... ¿Qué dices de esa tarde en Hogsmeade?

-Ya me lo pensaré, pero no prometo nada.

-Me basta con que lo pienses, de momento, si no quieres ir a Hogsmeade podemos dar una vuelta por el castillo alguna noche.

Nerissa sonrió y meneó la cabeza, acto seguido, se dirigió al Gran Comedor, sin Pollux. Albus se acercó a Pollux cuando no había rastro de la chica.

-¿Qué estás haciendo? -le dijo molesto.

-¿Cómo? Ah, ¿lo de Nerissa? Nada, sólo que me gustaría conocerla, intimar con ella. Ya sabes, lo de siempre.

-Eres un capullo -gruñó Albus-, deberías centrarte más en el Quidditch, porque el partido lo tenemos en una semana y no has hecho ningún progreso últimamente.

-¿Por eso estás tan irritado? Tenemos el partido contra Slytherin y siempre les ganamos con una puntuación bastante buena, ¿no ves que tenemos al mejor buscador de todo el colegio? -intentó quitarle importancia al asunto.

Albus sonrió.

-Eso no significa que puedas tomarte a la ligera todo lo demás por una chica que no conoces de nada.

Pollux no entendía por qué Albus estaba tan a la defensiva con Nerissa, se dirigieron a comer y se sentaron junto a Lycoris, enfrente de ellos se encontraban Lily, Rose y Nerissa ya que, Lycoris, quería que Nerissa se integrase en el grupo.

Mientras comían había un silencio sepulcral.

-Eh -dijo Lycoris mientras le daba un bocado a un trozo de pan-, ¿sabéis que esta noche Albus tiene una cita?

Rose miró a su primo con la cara descolocada.

-¿Esta noche, Al? ¿Sabes que no puedes andar por los pasillos después de las nueve?

-Lo sé Rose -Albus le dedicó una mirada a Lycoris en la que él comprendió que debería haberse callado-, pero es solamente una vuelta con Melania Burrow.

-Melania Burrow -dijo Lily con los ojos abiertos como platos-, ¿no es esa que estuvo con...?

-Sí, con Scorpius Malfoy -terminó la frase Albus.

A Albus le molestaba que estuviesen hablando sobre él en la comida, Nerissa no le había dedicado ni una mirada y sintió una punzada en el estómago, en ese mismo momento se dio cuenta de que, en verdad, no tenía nada de hambre.

-Si no os importa, voy a irme. No tengo hambre -dijo Albus con sus ojos clavados en el plato.

-Si apenas has comido -todos miraron en una dirección, la dirección de Nerissa que, por primera vez, había levantado la voz para dirigirse a Albus delante de todo el grupo de gryffindorianos.

Albus miraba con incertidumbre a Nerissa, no entendía por qué se dirigía a él cuando en la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas le había dicho que lo mejor era que no tuviesen contacto. No pudo evitar sentirse enfadado con Nerissa, ¿le hablaba por compasión? ¿Para que no estuviese todo el rato lloriqueándole detrás de ella? ¿O simplemente lo había perdonado? No, para nada. No le habría perdonado.

-Es que algunas personas que no deberían estar aquí me quitan el hambre -dijo Albus entre dientes.

Albus se levantó y fue directo a su habitación. Nerissa abrió los ojos y se le encendieron las mejillas del enfado.

-¿Qué diablos le pasa a Albus? -preguntó Lycoris.

-Pues si no lo sabes tú que eres uno de sus mejores amigos, me temo que sólo lo sabe él -dijo Rose, aún asombrada con la respuesta de su primo.

-Chicos, no pasa nada, en serio -afirmó Nerissa-. Es más, creo que a mí también se me ha quitado el hambre.

La chica se levantó y les sonrió plácidamente antes de darse la vuelta e irse. Ésta, sin embargo, no giró para dirigirse a la Torre de Gryffindor, sino para irse a otro lugar, otro más solitario, donde nadie pudiera verla y donde pudiera desahogarse con más tranquilidad. Los baños del segundo piso.

Toda la tarde Albus la pasó tumbado en su cama leyendo Secretos y leyendas de los Bicornios, aún no sabía por qué iba a leérselo si Nerissa ya sabía todo sobre ellos pero, ya más que por asombrarla, lo que quería era quedar mejor que ella en la próxima clase.

Cuando se hicieron las siete y media y ya estaba anocheciendo, el chico pensó que la tarde se había pasado volando y ya era la hora de cenar. Cerró el libro, del cual ya había leído poco más de la mitad y lo guardó en un cajón. Se dirigió al Gran Comedor.

Una vez allí vio que Rose y Lily se sentaron en otro sitio distinto, con lo descortés que fue con Nerissa, seguramente estarían molestas con él y sólo querían demostrarle su descontento. Lycoris y Pollux estaban sentados en el sitio de siempre, Albus se sentó al lado de Pollux.

-Albus, antes de que digas nada, Lyco y yo queremos decir que te has pasado cuando le has contestado a Nerissa. Los dos pensamos que deberías pedirle disculpas en cuanto termines de cenar.

Albus levantó la vista y miró en dirección de su hermana y su prima y no vio a Nerissa. Entonces fue cuando echó un vistazo al resto de la mesa de Gryffindor y no la encontró. Lo que sí encontró fueron los ojos de Melania mirándolo, Albus bajó la mirada.

-¿No ha venido a cenar? -preguntó.

-Parece ser que no, de verdad ha debido sentarle mal tu comentario -respondió Lycoris.

-¿Vais a estar recriminándomelo toda la cena? Es por sentarme en otro lado.

Sus amigos lo miraron y no dijeron nada durante un tiempo, Lycoris se precipitó a lo que ambos estaban preguntándose.

-Al, ¿qué choque has tenido con Nerissa? Todos queremos saber por qué no os lleváis bien, no parece una mal chica.

-No he tenido ningún choque, ha llegado en mal momento, tengo un mal día.

-¿Y porque tienes un mal día vas a pagarlo con ella? -se aventuró Pollux.

-No es por eso, es que ella ha hecho que mi día sea malo, se ha estado entrometiendo en mi vida sin conocerme de nada. Me ha dicho que busque novia. ¿Quién es ella para decir eso? ¿Qué sabe ella? ¿Y si ya tuviese novia y no lo hubiese dicho porque, obviamente, no la conozco de nada? ¿Acaso vosotros os presentaríais diciendo cuál es vuestro estado civil?

-Albus -respondió Lycoris-, no dramatices. Seguro que no ha sido así, ten en cuenta que el desayuno lo ha pasado entero con Rose y Lily. Está claro que no se ha querido entrometer en tu vida, sino que tus primas lo han hecho. La han visto una chica guapa e inteligente, han pensado que haríais buena pareja y han intentado que os conocieseis para que os gustaseis.

-Pues deberían meterse menos en mi vida, no me gusta Nerissa. Ni su forma de ser, ni su físico. La veo estúpida.

-Eso es algo que debes hablar con tu hermana o con tu prima, a Nerissa la han metido en esto y sólo le habían dicho que te conociese que eres un buen tipo. Que sepas que ella te quería conocer porque había oído maravillas de ti y fíjate cómo la has tratado a lo largo de su primer día.

Albus pensó que sus amigos tenían razón, debería haberse disculpado pero, al fin y al cabo, ya lo intentó y no le sirvió de nada. Nerissa ya no quería tener un trato cordial con él, salvo que fuese necesario. La cena fue pasando poco a poco y Albus le dijo a sus amigos que tenían razón, que no sabía por qué extraña razón estaba tan tozudo con una chica que no conocía de nada. Se tranquilizó y empezó a ver las cosas de otra forma. Ahora estaba de un humor estupendo para quedar con Melania aquella noche, para decirle todo lo que sentía por ella y estar dispuesto a conocerla un poco más allá de las clases.

Albus se fue a su sala común, esperando que todos fuesen a dormir y que llegase la hora para ir a la biblioteca, donde había quedado con Melania Burrow. Le resultó extraño no ver a Nerissa en ningún momento, ¿dónde se habría metido? Bueno, lo más seguro es que estuviese en su cuarto lamentándose por haber sido tan tonta con Albus y no haberle dado ninguna oportunidad para perdonarle. Albus sonrió con la idea de que, al fin, se sentiría bien si él hacía las paces con Nerissa. No podía creer que una chica le hubiese dado tanta guerra en menos de veinticuatro horas de su vida. Todos poco a poco se fueron a sus habitaciones y, cuando la sala común de Gryffindor estaba vacía Albus Potter salió para dirigirse a la biblioteca. Una vez allí se encontró con Melania sentada encima de la mesa, dejando ver levemente sus muslos.

-Has llegado tarde -le reprochó-, he pensado que no llegarías.

-Lo siento, es que he tenido que esperar que todo el mundo se fuese a dormir.

Albus no se acercó demasiado a Melania, estaba manteniendo las distancias.

-¿Qué vamos a hacer y dónde? -preguntó la chica.

-Bueno, de todo menos estudiar, no quiero pasar la noche estudiando contigo -respondió Albus debido a que estaban en la biblioteca.

Melania rió y bajó de la mesa, acercándose más al chico.

-¿Sabes, Al? -lo miró a los ojos-. Desde que lo dejé con Scorpius siempre he estado pensando mucho en ti.

Albus se sonrojó y agradeció la oscuridad en el ambiente, que no lo delataría. Melania pasó sus finas manos por los hombros del chico y los bajó por su pecho hasta llegar al final de la corbata. Albus sentía cada parte de su cuerpo estremeciéndose y Melania se acercó aún más, rozándolo.

Las narices de los alumnos se rozaban y Albus jamás había tenido esa sensación, había besado a muchas chicas pero ninguna como Melania. Notó sus senos contra su pecho y ella le besó suavemente en los labios. Fue un beso cálido y lento.

-Creo que deberíamos irnos a un lugar con más intimidad -dijo la chica.

Albus asintió y se dejó llevar. Melania se detuvo en seco en el pasillo y miró dubitativa a Albus.

-¿Dónde podemos ir? Iríamos al bosque pero por la noche es más peligroso.

-Si no quieres salir del castillo podemos ir a los baños de la segunda planta, ya sabes, allí nunca hay nadie.

Nerissa, sin darse cuenta había pasado toda la tarde en el baño, se había pasado la hora de cenar y, cuando quiso salir e irse a dormir, unas voces la detuvieron y se encerró en uno de los baños sin hacer ruido. Lo que menos quería ahora era perder puntos para su casa. Sino conseguiría muchos más conflictos con sus compañeros.

Cuando estaba encerrada en uno de los baños lo único que escuchó fueron unas risas jóvenes. Dejó su puerta entreabierta y se asomó para ver de quién se trataba. Entonces lo vio, vio a Albus con una chica y recordó cómo en la comida Lycoris comentó que había quedado con una tal Melania Burrow, ¿se quedaría allí toda la noche hasta que se fuesen? Albus le había amargado todo el día a Nerissa, ¿por qué iba a ser compasiva y le dejaría disfrutar de su momento? Saldría del baño y le cortaría el rollo.

Cuando Melania estaba apoyada en uno de los lavabos y estaba a punto de introducir su mano en los pantalones del chico, Nerissa salió de su escondite. Albus se giró y se enrojeció al instante.

-¿Qué haces tú aquí? -dijo Melania poniendo cara de asco.

-La misma pregunta podría haceros yo a vosotros, que veo que tenéis muchas más cosas que explicar -contestó Nerissa sin quitar la vista de Albus.

-Anda pírate -dijo la chica con brusquedad.

-¿Y si no quiero? ¿Vas a decírselo a la directora McGonagall? Directora McGonagall -empezó a imitarla Nerissa-, que estaba en el baño intentando mantener relaciones con el chico Potter -volvió a escupir sobre su apellido- y la chica nueva ha salido de uno de los retretes -dejó de imitarla-. Estoy deseando ver cómo se lo cuentas.

Nerissa no sabía por qué le había molestado tanto que Albus estuviera con Melania en el baño haciendo cosas que prefería no saber hasta dónde habrían llegado. Lo achacó a que ella pasó toda la tarde en el baño por cómo la había tratado y él había estado jugueteando por los pasillos de Hogwarts toda la noche con Melania.

La chica de Ravenclaw se fue acercando amenazante a Nerissa, ésta ganaba en altura a la segunda, pero eso le daba igual.

-Ahora que lo pienso -dijo Nerissa-, hacéis una pareja maravillosa. Los dos tan idiotas y tan irrespetuosos con los demás, deberíais plantearos el matrimonio.

A Albus le sentó mal ese comentario. ¿De verdad pensaba eso Nerissa de él? Es cierto que Melania no se estaba comportando como debía pero, ¿él? Él aún no le había dicho nada. Es más, estaba de su parte en esa disputa, la ravenclaw había perdido los papeles por completo.

-Melania -dijo Albus-, lo mejor será que vuelvas a tu habitación.

Ella lo miró asombrada, ¿de verdad le estaba diciendo que volviese a su habitación?

-Mira Potter, si me vuelvo a mi habitación ahora ten en cuenta que no volveré a quedar contigo ni para estudiar.

Nerissa rió sarcásticamente al ver la reacción infantil de la chica.

-Creo que podré soportarlo -dijo Albus tajante.

Melania se dio la vuelta y se fue a la Torre de Ravenclaw más despechada que enfadada. Nunca ningún chico le había rechazado y menos de esa forma.

-Albus -dijo Nerissa mirándolo- gracias por ponerte de mi parte pero no hacía falta, de verdad.

Por primera vez Albus se sintió realmente bien en todo el día, esas palabras lo habían hecho sentir una buena persona de nuevo.

-No tienes por qué darme las gracias Bloxam -dijo el chico haciéndose el duro-, pero que sepas que es la última vez que te saco de un aprieto como este.

Nerissa sonrió.

-No te hagas el duro conmigo Potter -por primera vez no dijo su apellido con sequedad-, estabas deseando que te diese a entender que te perdonaba.

-No te hagas tantas ilusiones Nerissa, aún no me conoces.

Albus estaba impresionado con esa chica, era estúpida y decía las cosas sin pensar, era la chica más espontánea que había conocido hasta ahora pero, aún así, algo de ella le llamaba la atención. No era su físico, tampoco su forma de ser con él. Sino su dureza y su certeza al decir las cosas, como si nada fuese un secreto para ella. Podría ser su amigo o su enemigo, pero nunca algo intermedio. Y parecía que a ella no le importaba caerle mal a la gente.

Nerissa, sin embargo, pensaba que Albus era un chico poco predecible, que unas veces decía demasiado y otras veces no soltaba prenda. No estaba acostumbrado a errar y, debido a eso, le costaba demasiado pedir perdón y, aún así, a ella intentó pedírselo cuando vio que se pasó de antipático.

Si de algo estaban seguros el uno y el otro es que ellos dos no tenían nada en común, o quizás tenían más en común de lo que pensaban. Pero jamás podrían ser amigos, sus diferencias contrarrestaban sus parecidos.

-Creo que debería irme a dormir -dijo Nerissa.

-Lo veo lógico, yo también debería hacerlo.

Caminaron juntos a la Torre de Gryffindor sin mediar palabra. Una vez dentro de la sala común, Nerissa estaba dispuesta a subirse a su cuarto.

-Eh, Nerissa -ésta se giró para mirarlo, sus pupilas estaban dilatadas y sus ojos brillaban en la leve oscuridad-. ¿Qué te parece que mañana quedemos en la biblioteca para organizarnos el horario de cuidados del Bicornio?

-De acuerdo Albus, mañana por la tarde vemos cómo lo hacemos. Pero no pienses que acabaremos como tú y Melania en el baño de la segunda planta, cuando yo quedo con alguien no suelo hacer esas cosas.

Albus sonrió.

-No te preocupes, ya sabes cuál es mi opinión de ti respecto a ese tema.

-Ya veremos cuánto tiempo tardas en cambiarla -dijo Nerissa sin ningún remordimiento, acto seguido subió las escaleras y llegó a su cuarto.

Cuando Albus subió al suyo pensó en la chica y en la estupidez de él mismo. Había rechazado a Melania por defenderla, ¿habría forma alguna de que lo perdonase? Mañana mismo en el desayuno iría a hablar con ella. Quería terminar lo que había empezado en aquel baño con Melania Burrow, la chica de la que creía estar enamorado.