'¿Se queda a desayunar?' Fue lo que intentó decir Magnus mientras se lavaba los dientes con ahínco, pero Alec comprendió el significado.

'La he invitado.' Dijo él desde la ducha. '¿Te parece mal?'

Magnus se aclaró la boca y miró a Alec a través del reflejo del espejo. 'No, por supuesto que no. Es solo que no esperaba que Maryse aceptase desayunar conmigo.' Se secó la boca y se giró para ver a Alec cara a cara. 'No puedes negar que es extraño.'

Alec suspiró mientras se lavaba el pelo. 'Creo que quiere pasar más tiempo conmigo, conocerme mejor. No sé, la noto distinta.' Alec echó la cabeza para atrás y se quitó el jabón.

'Entiendo que quiera pasar más tiempo contigo, y me alegro de ello Alexander, es solo que me parece extraño que quiera pasarlo conmigo también. Esa mujer me odia.'

'No te odia.' Dijo Alec mirándole a través del cristal, viendo como Magnus levantaba una ceja en señal de duda. 'Puede.' Aceptó finalmente cogiendo el jabón y limpiándose eficazmente. 'Aún así si quiere pasar tiempo conmigo va a tener que pasarlo contigo. No pienso dejarte de lado solo porque haya venido a verme.'

Magnus sonrió dulcemente, conmovido por esas palabras tan honestas. 'Entendería que quisieses pasar tiempo con ella a solas.' Pues no quería interponerse entre Alec y su madre.

Alec acabó de enjabonarse, dejando la barra en el recipiente que Magnus había comprado para él. Nunca había sido un fan del gel de ducha y las esponjas. '¿Es esa una forma de decirme que no quieres pasar tiempo con ella?' Pues Alec sabía que a veces no captaba las indirectas que la gente le mandaba y le preocupaba que ese fuese el caso. Vio como Magnus cogía su toalla y se colocaba en la puerta, esperándolo con una sonrisa.

'Quiero pasar tiempo contigo.' Dijo ofreciéndosela mientras salía de la ducha. 'Y si para eso tengo que pasarlo con tu madre haré que sea el mejor rato posible.'

Alec le miró, sabiendo que había mucho que quería decir a Magnus, mucho que Magnus no le estaba contando. No era tonto, sabía que Magnus no pasaría tiempo con Maryse por motu propio pero también sabía que si lo hacía era únicamente por él, y eso Alec lo valoraba más que nada.

'¿Puedes conjurar waffles?' Preguntó cambiando de tema.

'Claro.' Dijo este dándose la vuelta y chascando los dedos, eliminando el vaho del baño. Alec sabía que esa era su señal para irse y dejarle arreglarse. Ambos necesitaban unos minutos para estar solos y pensar en lo que iban a vivir.

/

Magnus comió tranquilamente mientras Alec ponía al día a su madre sobre el Instituto, pensando en cómo podía modificar sus planes para integrar a Maryse. Estaba claro que la mujer estaba haciendo un esfuerzo y eso era algo que Magnus valoraba, sobre todo por Alec. A él no le podía importar menos lo que Maryse sintiese por él, hacía siglos que había dejado de tratar de demostrar a los cazadores de sombras que su sangre de demonio no le hacía uno. Si ella quería verle como al enemigo, Magnus podía vivir con eso. Si quería que su relación fuese más formal por el bien de Alec, él haría todo de su parte porque así fuese. Magnus no había olvidado todo lo que había vivido con Maryse, las cosas que ella había hecho, pero siempre había creído en que la gente podía cambiar, y si Alexander, después de criarse con ella y Robert, de ser entrenando para ser le perfecto soldado de la Clave, era capaz de amarle sin reservas, lo mínimo que podía hacer era ofrecer su mano a su madre como muestra de paz.

'¿Qué teníais planeando para hoy?' Preguntó Maryse devolviendo a Magnus al presente.

'Ibamos a ir a Roma.' Alec se giró y miró a su novio con una sonrisa, luego volvió la mirada a su madre. 'Magnus tiene que comprar algunos ingredientes y es una buena excusa para conocer la ciudad.'

Maryse asintió y se sirvió más café, su plato hacía tiempo que estaba vacío. 'He estado pocas veces en Roma, solo por trabajo, pero aconsejo que te pasees por delante del Instituto. Está construido en una antigua basílica, es algo especial.'

'¿Has ido alguna vez?' Preguntó Alec a Magnus. Este negó.

'Nunca he tenido trato con cazadores de sombras en Italia. Tienen dos Gran Brujos que se encargan de todo el país. Siempre que he ido a sido por placer.'

'¿Tienes trato con ellos?' Preguntó Alec interesado, pues siempre quería saber más de la vida de Magnus y de su papel como Gran Brujo, algo que no enseñaban los de su raza.

'De vez en cuando, por trabajo.' Contestó Magnus sirviéndose té. 'Y cada vez que hay un Concilio.' Magnus suspiró y Alec sonrió ligeramente, sabiendo que se avecinaba alguna historia interesante. 'Deja que te diga que sentarte en una mesa con Giovanni Battista durante una noche entera debería estar considerado como modo de tortura.'

Maryse vio la interacción sorprendida. No esperaba el interés de Alec por la comunidad mágica, no esperaba que hablasen de ello de una forma tan casual, como si fuese algo normal. Todo cazador de sombras sabía que de todos los subterráneos los que más ocultaban información sobre ellos y su cultura eran los brujos. No eran seres de masas, siempre en soledad o en parejas, con frases que nunca dejaban claro sus verdaderas intenciones. Sin embargo, Magnus hablaba de su vida con naturalidad. Y es más, Alec quería saber de ella, quería conocer todo aquello que nunca le habían enseñado. Maryse se preguntó si la falta de información sobre la comunidad mágica que tenía la Clave era debida a la forma en la que trataban a los brujos en vez de la forma en la que los brujos les trataban a ellos. Quizás nadie nunca había preguntado sin malas intenciones, con el único motivo de saber y comprender, sin juzgar, sin querer intervenir.

'¿Tan horrible es?' Preguntó Alec, toda su atención centrada en Magnus. Maryse notó como si estuviese viviendo un momento privado entre ellos, como si los dos hombres se hubiesen olvidado de su presencia. O cómo si supiesen que estaba ahí pero habían decido confiar en ella y dejarle ser testigo de un momento cotidiano en sus vidas.

'Tiene el mayor ego que he visto en mi vida.' Dijo Magnus apoyándose en la silla con la taza en la mano. 'Es un no parar de "yo esto", "yo lo otro" y "yo pienso". Y eso después de habernos pasado dos horas escuchando lo que él piensa, porque sí, Giovanni Battista tiene que hablar en cada concilio. No hay tema del cual no tenga opinión.'

'¿No te caerá mal porque te roba el protagonismo?' Preguntó Alec levantando las cejas sin perder la sonrisa.

'Lo único que ese hombre me robó fue la receta para la poción de invisibilidad hace ciento ochenta y tres años, quedándose con el mérito y haciéndose un nombre gracias a ello.' Magnus dejó la taza en la mesa con el ceño fruncido. Alec pudo ver como ese tema era algo que era mejor no tocar si querían tener un buen día, pero no podía negar que Magnus estaba adorable con su ceño fruncido, como si fuese un niño al que le hubiesen quitado su peluche favorito.

'¿Esta en Roma?' Preguntó tratando de cambiar de tema de forma sutil.

'No. Vive en Palermo.'

'Pues entonces no es nuestro problema por hoy.' Alec recordó que su madre estaba con ellos y perdió la sonrisa, tratando de buscar alguna forma para incluirla. Se giró a ella con una idea en mente, idea que esperaba que Magnus no odiase, al menos no mucho.

'¿Quieres venir a Roma con nosotros?' Preguntó.

Maryse le miró sorprendida. Alec le había invitado a ir con ellos a lo que sin duda era un plan romántico de ambos. Hacía quince minutos Maryse hubiese dicho que no, pues desayunar con Magnus y tratar de ser cordial era suficiente trabajo por un día. Pero luego había visto a ambos hablar, a Alec sonreír durante toda la conversación, a Magnus ser más humano que nunca. Les había visto en un momento donde no eran el Jefe del Instituto y el Gran Brujo de Brooklyn, y no sabía porqué, pero quería conocer esa versión de su hijo. Y una pequeña parte de ella quería conocer ese lado humano de Magnus.

'Esta claro que tenéis planes juntos. Magnus tiene cosas que hacer.' Pues aunque quisiese decir que sí sabía que no podía a no ser que Magnus estuviese de acuerdo con ello.

'Lo mío no llevará mucho tiempo.' Dijo Magnus volviendo a poner una cara más neutra. 'Íbamos ir de compras, visitar la ciudad, comer, esas cosas. Si quieres unirte eras bienvenida.'

Maryse notó como el tono de Magnus no mostraba una especial ilusión porque se uniese, algo que ella entendía, pero tampoco un rechazo. El brujo estaba siendo honesto cuando le decía que era bienvenida y Maryse pensaba coger la oportunidad. Asintió con una sonrisa y vio como Alec, por primera vez en años, le sonreía de vuelta. Solo por eso merecía la pena.

/

Llegaron a Roma cuando allí era por la tarde. Las tiendas seguían abiertas y no tardaron en dejar el callejón donde Magnus había abierto el portal y caminar por la ciudad. Magnus les llevó a la Piazza di Spagna donde todos los grandes diseñadores se encontraban. Alec miró maravillado las grandes escaleras que daban al edificio, el sol de la tarde acentuando la blanca piedra. No tardó en acercarse a la fuente que había en medio y sacar el móvil, haciendo una foto y mandándosela a Izzy. Se giró y vio como Magnus tenía esa sonrisa como cada vez que le llevaba a un sitio nuevo. Su madre estaba un poco más alejada, mirando la plaza y la calle que daba a una estatua sobre una alta columna. Alec no sabía muy bien lo que pensaba su madre, pues nunca había sido fácil leer su inexpresivo rostro, pero esperaba que estuviese contenta.

No tardó en notar su móvil vibrar y ver el mensaje de su hermana: "¡Mándame un selfie de los dos!" Alec sonrió y fue hacia Magnus, cogiendo su mano.

'Ven. Izzy quiere una foto.'

Magnus no tardó en coger a Alec de la cintura y sonreír a la cámara, besando la mejilla de Alec justo cuando este dio al botón. '¡Magnus!' Dijo Alec con voz de reprimenda.

'¿Qué?' Cogió el móvil de Alec y vio la foto. 'Salimos adorables.'

'No le mandes esa foto a mi hermana.' Alec trató de coger su móvil pero Magnus fue más rápido y se giró esquivándolo, dándole a enviar.

'Ups.' Dijo Magnus sin ningún remordimiento. Alec gruñó, sabiendo que esa foto no tardaría en llegar a Jace y que le esperaba un día entero de su parabatai metiéndose con él. Cogió el teléfono de las manos de Magnus y le miró esperando que su mirada fuese seria, sabía que estaba fracasando, pues no podía mantener el ceño fruncido cuando se encontraba en un lugar tan bonito con el hombre más apuesto que jamás había visto.

'Vamos. Hay algunas tiendas que quiero visitar.' Dijo Magnus caminando hacia la esquina donde estaba Prada, su madre mirando el escaparate.

'¿Algo que te guste?' Preguntó Alec a modo de saludo.

'Solo miraba.' Contestó Maryse, pero Magnus pudo ver en su rostro esa emoción que había visto en tantas mujeres a lo largo de su vida. Quiso comprobar que su teoría era cierta, pues ver a Maryse de una forma que no fuese una estricta soldado de la Clave era una idea tentadora.

'Voy a asumir que eres más de zapatos que bolsos.' Dijo Magnus esperando que Maryse mordiese el anzuelo.

Maryse le miró sorprendida pero asintió. Magnus sonrió y miró los zapatos de la mujer. Eran bonitos, elegantes, discretos, y de hacía dos temporadas. 'Ven, se la tienda perfecta.' Dijo Magnus y se puso a caminar, sabiendo que Alec le seguiría y, por consecuencia, Maryse.

Alec miró a su madre con una ligera sonrisa y cara de resignación y siguió a su novio, caminando por la Via dei Condotti, pasando por tiendas preciosas llenas de joyas y ropa de esa que le gustaba tanto a su hermana y Magnus. Ahora comprendía a lo que se refería Magnus con que solo iba a Roma por placer. Era como si la via entera hubiese sido diseñada para él: antigua, con clase e historia, llena de joyas, ropa y un clima maravilloso. Era Magnus en una calle.

Se pararon delante de una tienda donde ponía Jimmy Choo y Magnus se giró a Maryse con una sonrisa. Esta miró el escaparate y tuvo que contener un suspiro. Hacía años que no iba a de compras, no recordaba la última vez que había salido del Instituto para comprar ropa y disfrutar haciéndolo. Siempre solía visitar Macy's, comprar zapatos y ropa funcional, elegante, sin perder mucho tiempo en mirar a su alrededor. Siempre había otras cosas más importantes en las que dedicar su tiempo: meetings, horarios, problemas con los subterráneos, la Clave, sus hijos. Pensaba que ella había superado esa etapa de su vida cuando le gustaba ir de tiendas con sus amigas, cuando Jocelyn y ella visitaban las callen de Alicante, probándose ropa que luego se pondrían para fiestas o citas con sus novios. Pero ahora… Ahora no tenía nada mejor que hacer, ninguna excusa que no le permitiese mirar los preciosos zapatos que Magnus le había puesto delante. Miró al brujo y vio su sonrisa. Volvió a mirar los zapatos, en especial unos zapatos de tacón con diseño desigual en negro. Sentía cómo algo revivía dentro de ella, un sentimiento de excitación y felicidad, algo que había olvidado hacía mucho.

'¿Quieres entrar y probarte algunos?' Pregunto Magnus, su voz suave, comprensiva.

Maryse quiso decir que no, que era una pérdida de tiempo y de dinero, cómo había dicho otras muchas veces cuando Isabelle le había propuesto un plan así. Ahora se arrepentía de ello, de no haber pasado más tiempo con su hija en algo que podía unir a ambas, en algo que sin duda tenían en común.

'Sí, quiero.' Dijo y entró en la tienda.

Magnus miró a Alec y vio como el joven tenía esa cara de incredulidad que de vez en cuando ponía cuando Magnus hacía algo inesperado.

'No hay mujer que se resista a unos Jimmy Choo, Alexander.'

Los dos hombres entraron y en seguida vieron a Maryse señalando a un empleado los zapatos que quería.

'Parece que sabe lo que quiere.' Comentó Magnus.

'No me estoy creyendo esto.' Dijo Alec en voz baja, viendo como su madre se sentaba en un mullido sofá a esperar. 'No recuerdo haber vivido algo así nunca.'

'Deja que te diga que ir con tu madre de compras es un requisito fundamental para ser gay.' Magnus le contestó en el mismo tono de voz bajo pero con humor, Alec le miró un poco alarmado ante la idea de que tuviese que ir de compras solo por ser gay. Quizás fuese algo mundano que él desconocía, quizás era una de esas cosas de las que Simon siempre hablaba. 'Especialmente si son zapatos.' Remató Magnus.

El empleado llegó y le mostró los zapatos a Maryse, la cual no tardó en probárselos y ponerse de pie.

'Ve.' Dijo Magnus empujando a Alec sutilmente hacía su madre. 'Dile que le quedan bien.'

Magnus sabía que Alec era de esa clase de hombre que no disfrutaba yendo de compras. No entendía de moda, no comprendía la necesidad de tener tanta ropa y no era bueno a la hora de soltar cumplidos. Lo máximo que le había dicho a Magnus era "wow". A Magnus no le importaba, pues podía ver en los ojos de Alec lo mucho que disfrutaba éste con cómo Magnus se vestía, podía notar su deseo en cómo la respiración del joven se cortaba por un momento, cómo aparecía ese pequeño sonrojo en cierta ocasiones, cómo se quedaba sin palabras. Esas reacciones eran buenas para un novio, pero no para una madre. Magnus quería ayudar a Alec a reformar el vínculo con su madre y lo iba a hacer cómo mejor sabía.

Vio a Alec acercarse, su pose estirada, sus manos en su espalda, como si estuviese preparado para una batalla. Le dijo a su madre que los zapatos le quedaban muy bien, que estaba muy guapa, y Maryse sonrió, mirando el espejo y moviendo los pies.

'¿Te gustan?' Preguntó la mujer.

'Sí.' Dijo Alec. 'Te quedan muy bien.' Reiteró.

Maryse sonrió y miró a su hijo. Nunca hubiese imaginado que viviría algo así, antes de entrar en la tienda había pensado que solo podría disfrutar de un momento así con Isabelle, de cómo había perdido su ocasión todas esas veces. Pero ahora estaba con Alec probándose zapatos y su hijo le había dicho que estaba muy guapa con ellos. Maryse supo que se los iba a comprar, no solo porque le gustaban sino porque a Alec le gustaban también, porque quería recordar este momento siempre que se los pusiese.

Maryse salió de la tienda con una bolsa en la mano y una pequeña sonrisa. '¿Dónde vamos ahora?'' Preguntó a Magnus. Este sonrió, viendo cómo Alec cogía la bolsa de su madre.

'Creo que vamos a necesitar un vestido para esos zapatos. ¿Quizás una falda?'

'Falda y blusa suena bien.' Dijo Maryse.

Magnus empezó a andar y los dos les siguieron. Dispuestos a encontrar el modelo perfecto.

/

Cuando entraron en Stella McCartney Maryse se dirigió hacía la sección de vestidos. Alec llevaba cuatro bolsas en las manos pero parecía que iba a acabar cargando con bastantes más. Nunca había visto a su madre así, pero sabía que se lo estaba pensado bien. Tenía la misma sonrisa que Izzy cuando esta le sacaba de compras en contra de su voluntad. Su madre estaba disfrutando y él no pensaba quejarse como hacía con su hermana, se lo debía.

'Voy a ir a comprar mis ingredientes.' Dijo Magnus poniendo su mano en el brazo de Alec para llamar su atención.

'Podemos ir al salir de aquí todos juntos.' Contestó Alec.

Magnus negó. 'Quédate con tu madre. Yo vuelvo en una hora o así.'

'¿Seguro?'

Magnus asintió. 'Cuando acabe te mando un mensaje y vemos dónde quedamos, ¿vale?'

Alec asintió, no contento con dejar que Magnus se fuese solo a comprar sus ingredientes, pero sabiendo que su lugar ahora era con su madre, algo que Magnus también entendía.

'Te quiero.' Dijo Alec antes de besar a Magnus suavemente, sin importarle quien les viese.

'Yo también.' Dijo Magnus con esa sonrisa que ponía siempre que Alec le besaba así, esa sonrisa que el joven amaba. 'Nos vemos pronto.'

Alec vio a Magnus irse y al girar la cabeza vio como una empleada le miraba con una sonrisa, movió los ojos y buscó a su madre, la cual estaba en una esquina con dos vestidos en la mano. Fue hacia ella.

'¿Cuál te gusta más?' Preguntó, y Alec había pasado por ese momento muchas veces con Magnus como para no saber cuál era la respuesta correcta.

'¿Por qué no te los pruebas a ver cuál te gusta más?'

Maryse le miró y asintió. Dirigiéndose al probador, Alec fue tras ella, sentándose en una pequeña silla y dejando las bolsas a su lado. Vio como la cortina se movía ligeramente y cómo su madre sacaba la mano, llamándole. Entró al probador y se acercó a la cortina.

'¿Mamá?'

'Necesito ayuda para cerrarlo.' Dijo su madre y Alec abrió la cortina con cuidado, viendo la espalda de su madre y el vestido medio cerrado. Con cuidado le subió la cremallera y se miraron a través del espejo.

'¿Qué te parece?'

Alec se separó y Maryse se giró para que pudiese apreciarlo mejor.

'No me gusta el color en ti.' Dijo pues era la verdad. Magnus le había dicho en más de una ocasión que había ciertos colores que no llevaba porque no iban bien con su tono de piel. Alec nunca había entendido como un color no podía sentar bien dependiendo del tono de piel, pero ahora que veía a su madre con ese color rosa suave se daba cuenta de que Magnus, como siempre, tenía razón.

'Creo que lo tienen en negro.' Dijo Maryse girándose y fijándose en su reflejo.

'Negro siempre queda bien.' Contestó Alec, pues era el color del ochenta por ciento de su armario.

'¿Me lo puedes traer en negro?'

Alec asintió y salió a buscar el vestido en negro. No tardó en encontrarlo y dárselo a su madre, repitiendo el mismo proceso.

'Mejor. Mucho mejor.' Dijo ella al verse con el color oscuro. 'Puedes coger los zapatos verdes que compré antes?'

Alec asintió y salió del probador. Sus bolsas seguían ahí y la empleada que había ayudado a su madre fue hacia él.

'¿Cómo le sienta?' Preguntó en un inglés con fuerte acento italiano.

'Bien. Se quiere probar unos zapatos que hemos comprado. ¿Puedo llevarlos?'

'Por supuesto.' Dijo la joven con una sonrisa.

No fue hasta que pagaron cuando Maryse se dio cuenta de que Magnus no estaba. No comentó nada hasta que salieron de la tienda.

'¿Dónde está Magnus?'

'Tenia unas cosas que hacer. Volverá en uno hora o así.'

Maryse asintió y miró a su alrededor. No se había dado cuenta hasta ahora de cómo la presencia del brujo había suavizado la situación, había hecho toda la mañana más fácil y divertida. Ahora, por primera vez en mucho tiempo, esta sola con su hijo, y no sabía muy bien qué hacer.

'¿Quieres tomar un refresco?'

'Sí.' Dijo Alec. 'Creo que he visto un café en una de estas esquinas.'

Acabaron en un pequeño café unas calles más adelante. Hubo un silencio un poco incómodo hasta que llegaron las bebidas, pero necesario para que Maryse pensase en cómo abordar la situación.

'¿Soléis hacer esto muy a menudo?' Preguntó dando un sorbo a su limonada.

Alec la miró confuso.

'Viajar a otros países, ir de compras.'

Alec asintió. 'Cuando ambos tenemos tiempo.' Dijo cogiendo su coca cola. 'No lo hemos hecho mucho. Suele ser más ir a cenar o comer a algún restaurante en alguna ciudad y de paso visitarla un poco.'

'Salir con un brujo tiene sus ventajas.' No había malicia en la voz de Maryse. La frase le había salido del corazón, pero vio como Alec se ponía un poco tenso. '¿Qué sucede?'

Alec respiró, calmándose, y miró a su madre. 'No salgo con él por esto.' Le dijo serio, señalando la ciudad.

Maryse asintió, dándose cuenta de que había algo más en la mente de su hijo. Al principio pareció como si Alec no fuese a decir nada más, pero a los pocos segundos volvió a hablar.

'La gente piensa que salgo con él porque me lleva a ciudades y puedo tener acceso a su magia sin coste alguno. Como si más que un novio tuviese una mascota.' Había irritación en su voz y Maryse comprendió de donde venía esa ira. Sabía que eso era lo que la gran mayoría del Instituto veía cada vez que Magnus iba a ayudar a sus hijos o llevaba a Alec a lugares exóticos.

'No están acostumbrados a algo así, Alec. Es normal que no lo entiendan.' No quiso incluirse en esa frase, pues pensaba que quizás ella comenzaba a entender.

'¿Es normal que le miren como si su existencia dependiese de su utilidad? ¿Cómo si la idea de que alguien quisiera pasar tiempo con él de forma altruista fuese una locura?'

Maryse tardó un momento en contestar, pues sabía que Alec le estaba hablando de algo que llevaba tiempo molestándole. Y sabía que ella había sido una de esas personas, que quizás aún lo era.

'Lo es. Es normal que le miren y solo vean en él a un brujo, la utilidad de su magia.' Maryse vio como Alec iba a hablar, como su rostro se volvía más oscuro, pero Maryse le paró con un gesto de mano. 'Es lo normal pero no por ello está bien.' Alec le miró confundido y Maryse continuó.

'Alec, me he pasado la vida odiando a ese hombre, es algo que nunca he ocultado. He sido educada en que los de su raza son un mal necesario para un bien superior, pero no por ello menos mal. No quiero hablar de las cosas que he hecho, pero no me enorgullezco de ellas.' Maryse miró su baso, buscando fuerzas en el amarillento líquido. 'Y no ha sido hasta hace poco, gracias a ti, cuando la idea de que quizás todos mis principios, todas mis convicciones, fuesen erróneas.' Maryse miró a su hijo y vio la sorpresa en sus ojos.

'Esto no ha sido algo fácil para mi, Alec. Perder el Instituto, Jace, Valentine, tú… Especialmente tu, Alec.' Maryse suspiró, sabiendo que era hora de mostrar sus cartas, de ser sincera como lo había sido con Isabelle. Miró a Alec, asegurándose de que su hijo escuchaba sus palabras. 'Siempre he sabido de tu orientación, siempre.' Vio la sorpresa en los ojos de Alec y medio sonrió una sonrisa que se perdió en sus labios. 'Siempre has tratado de ocultarlo, desde muy pequeño, pero una madre sabe esas cosas.'

'Nunca dijiste nada.' La voz de Alec apagada, sin poderse creer lo que oía.

'No había nada que pudiese decir.' Contestó Maryse. 'Al principio pensé que me lo estaba imaginando, luego que podía ser una fase, pero seguías creciendo y cada vez era más obvio. No para alguien fuera de la familia, pero para mi… Para mi era nítido y creo que por eso me negué a mencionarlo. No quería aceptar el hecho de que mi hijo, el cual había entrenado para ser le mejor, el cual era el futuro de nuestra familia, acabaría renegado a un papel secundario una vez la verdad saliese a la luz.'

Maryse dio un trago a su bebida, tratando de componerse. Alec no dijo nada.

'Cuando me dijiste que te ibas a casar con Lydia me alegré tanto porque pensé que quizás yo estaba equivocada, quizás estabas interesado también en mujeres y había algo en Lydia que te atraía. Deseaba tanto que así fuera…' Dejó el baso en la mesa y miró a Alec. 'No negaré que también me alegré por las positivas repercusiones políticas que esa boda nos podía ofrecer, por el hecho de que así pudieses dirigir el Instituto. Alec, yo vi con esa boda cómo ese futuro que había trazado para ti iba a cumplirse. Cómo llegarías a lo más alto, cómo continuarías el linaje de los Lightwoods y eliminarías todos esos errores que tu padre y yo cometimos.'

'Siento haberte destruido esa idea.' Dijo Alec, pero en su voz estaba claro que no lo sentía en absoluto.

Maryse no sabía si hacía bien continuando esa conversación, si Alec estaba a punto de levantarse e irse, dejándola sole y explotando esa burbuja de felicidad en la que había vivido las últimas horas. Pero Alec no se movió, y ella decidió que tenían que tener esta conversación de una vez por todas.

'Yo no lo siento.' Maryse cogió la mano de Alec, el cual no hizo nada por coger la suya pero tampoco rechazó el contacto. 'Ese día te vi por primera vez en años, aunque estaba demasiado cegada por la ira y la decepción como para darme cuenta. Me había empeñado tanto en hacerte perfecto que nunca vi que ya lo eras.' Acarició la gran mano de su hijo, notando la dureza en ciertas partes debido al uso del arco.

'Hiciste algo tan valiente y honesto, algo por ti mismo, por tu propia felicidad, y yo no supe estar a la altura. Lo siento.' Alec cerró su mano entorno a la de su madre en señal de aceptación. 'No negaré que todo hubiese sido más fácil si hubieses decidido salir con alguien de los nuestros. No solo para mi, sino para ti también.'

'Lo sé.' Contestó Alec, pues no era la primera vez que alguien le decía eso.

'Hubiese sido más sencillo si fuese alguien desconocido, un subterráneo más.'

'Mamá, lo sé.' Pues Alec sabía que gran parte de cómo la gente miraba su relación con Magnus se debía a quién era el brujo. 'Me enamoré de él, no hay nada que hacer al respecto.'

'Lo sé.' Dijo Maryse, y Alec la miró sorprendido.

Su madre siempre se había referido a Magnus como "el brujo", "su amigo", o "Magnus" muy recientemente. Nunca había dado la sensación de que aceptase su relación por completo, mucho menos que pensase que era amor.

'Le amo.' Dijo Alec para cerciorarse que su madre comprendía. 'Y eso no va a cambiar en un futuro.'

Maryse asintió, fijándose en sus manos y mirando a Alec con pequeñas lágrimas en sus ojos luchando por salir. 'Lo sé.'

Alec se acercó a ella y la abrazó, pues necesitaba sentirla cerca. Notó como su madre suspiraba, tratando de retener las lágrimas y él la abrazó con más fuerza, tratando de demostrar sus sentimientos.

'Te quiero.' Dijo ella.

Alec no recordaba la última vez que su madre le había dicho eso.

Continurá…