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EL JUGADOR NÚMERO 12 DE RAKUZAN.
Capítulo Dos: Puedes Destrozarlos.
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No puedes destrozar a quien ya está hecho pedazos, pero ten cuidado, quien ha sido destruido, sabe cómo destruir.
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— ¿Qué le hiciste a Kou-chan? – Reo pregunta a Chihiro, este simplemente se queda callado ignorando los reclamos del pelinegro, aun así que sus compañeros desconfíen de él duele un poco.
—Cálmate, Reo. – Declara el pelirrojo. – Es imposible que Chihiro sea el responsable de esto.
—Pero… — Las lágrimas se desbordan de sus ojos, caen recorriendo sus mejillas.
—Según el medico la hipotermia de Kouki es por haber pasado varias horas bajo la lluvia y el frio, Chihiro estuvo con nosotros todo el día y solo se adelantó un poco, quizás algunos diez minutos.
El pelinegro soltó un bufido, estaba enojado, frustrado y asustado.
Cuando encontraron a Kouki en ese estado lo primero que hicieron fue trasladarlo al hospital, Kouki temblaba, se mantenía en un estado de semiinconsciencia, su cuerpo estaba sumamente frio, y lo más doloroso fue verlo llorar.
Reo lo había abrazado como el camino, susurrando que todo estaría bien, y que realmente se enojaría si cerraba sus ojos.
Cuando el cuerpo de Kouki le fue arrebatado de sus brazos por los médicos, se derrumbó, había hecho acopio de todas sus fuerzas y mantenerse estable, pero alcanzo su límite. Sus lágrimas caían, mezclándose con las gotas de agua que resbalaban por su rostro.
— ¿Qué demonios le paso? – Eikichi cerró las palmas de sus manos y apretó los puños con fuerza, no solo Reo había sido afectado.
— ¿No se suponía que debería estar en Tokyo? – Kotaro golpeo la pared del hospital con fuerza, rabioso y con una expresión de seriedad absoluta.
Seijūrō frunció el ceño, siente una pequeña opresión en su pecho que no sabe identificar o explicar, ¡Por supuesto que se preocupa por Furihata! ¿Cómo no hacerlo? Pero ese sentimiento, sabe, es mucho mayor que simple preocupación.
Furihata Kouki es su: ¿Compañero? ¿Amigo?
¿Qué clase de relación mantienen ellos dos?
Es un compañero de equipo, lo sabe. Lo ha ayudado un sinfín de veces a entrenar cuando se queda hasta tarde junto a los tres reyes sin corona, reconoce el esfuerzo del castaño, su dedicación y amor por el Básket.
¿Es su amigo?
¡Está claro que Kouki lo considera uno! ¿Pero cómo considera Seijūrō a Furihata Kouki?
Es reconfortante verlo, Seijūrō ha comenzado a comprender cada una de sus facciones y facetas, es como un libro abierto.
Sus risas, su frustración cuando algo no sale bien, su cálida presencia, su timidez que poco a poco ha ido desapareciendo, la desconfianza de sus propias habilidades, aun cuando Kouki está lleno de inseguridad y de miedo, sigue avanzando. A paso lento, pero firme.
Eso es algo que Seijūrō admira. Muchas veces se ha encontrado buscando la figura del castaño entre los integrantes del segundo equipo, sonríe ligeramente cuando lo encentra, generalmente corriendo, otras jugando, y algunas otras veces frunce el ceño cuando Kouki sonríe para sus compañeros, o cuando después de un pase o una canasta sus compañeros lo felicitan tocando su hombro o revolviendo su cabello. El contacto es mínimo y no dura ni tres segundos, pero:
Por algún motivo es insoportable ver eso.
No lo entiende.
Y es frustrante.
...
Abrió sus ojos poco a poco, intentando acostumbrarlos a la luminosidad de la habitación, intento mover sus manos y quitarse la estorbosa mascara de oxigeno que tenía sobre el rostro, aunque claro, Kouki no tenía ni idea de lo que realmente era.
Estaba confundido, desorientado. Lo único que podía ver era el techo de un perturbante color blanco, se sentía terriblemente mal. Tanto física como mentalmente.
¿Por qué ni siquiera en la inconsciencia podía estar tranquilo? ¿Acaso merecía todo el dolor que ahora tenía? ¿Era un castigo por su incompetencia? ¿Por haberles mentido de esa manera? ¿Era su culpa? ¿Lo merecía?
Había revivido una y otra vez ese recuerdo, en la obscuridad de sus pensamientos, de su corazón… cada vez dolía más, cada vez un pedazo de su corazón se rompía.
¡Eres débil, inútil, despreciable! ¡Mentiroso!
—Soy débil…
¿Es mi culpa?Si lo es.
¿Lo merezco? Lo mereces.
Así es, mi culpa, mi castigo.
Un sollozo quedo se escuchó por la habitación, pronto a este le seguirían más, las lágrimas se desbordaban y los pequeños sollozos pasaron a ser gritos de dolor. Tan desgarradores, llenos de tristeza, y decepción.
La puerta de la habitación fue abierta con fuerza, a pesar de eso Kouki siguió llorando, y lo siguió haciendo aun cuando los cálidos brazos de Reo lo envolvieron en un abrazo. Se aferró con todas sus fuerzas a la camiseta del pelinegro y escondió su rostro en el pecho del chico.
Reo se sentía frustrado al verlo de esa manera, odiaba ver a sus amigos llorar, no soportaba que los lastimaran y por supuesto no perdonaba a quien lo hacía.
Sería una venganza lenta, cruel y dolorosa contra los responsables de todo el sufrimiento del castaño.
...
Nadie sabía nada, tampoco lograban entender del todo, desde hace más de una semana que el ambienté alrededor de los tres reyes sin corona, la sombra de Rakuzan y el emperador; era extraño, pesado y aterrador.
Era como volver atrás, antes de que perdieran en la final de la Winter Cup.
Nadie quería creerlo, ni siquiera pensarlo. Pero claramente las miradas furiosas, los gritos, las horas y horas interminables de entrenamiento, estaban volviendo, con más intensidad, más duros y agotadores que antes.
— ¡Ahhh, estoy muerto!
—Ya acabo, ¿cierto?… — murmuró y fijo su vista hacia el capitán del segundo equipo, temía que le diera una respuesta negativa, pero para su alivio un pequeño y corto 'si' salió de sus labios. Se dejó caer sobre el frio piso del gimnasio, a pocos metros, los titulares del equipo seguían practicando. Dio un fuerte suspiro, sabía que nunca en su vida lograría siquiera ser la mitad de bueno que ellos y eso muchas veces lo llevo a querer desistir de las actividades.
—Eres bueno a tu manera. – Le había dicho Furihata, una tarde cuando frustrado y cansado, había comenzado a hablar de sus inquietudes y preocupaciones, sonrió al recordar al castaño y su expresión cambio, Furihata no se había presentado a la escuela por todo una semana.
Estaba preocupado, pero en su casa, nadie respondía y cuando lo hacían, simplemente contestaban que Furihata no se encontraba disponible para hablar.
— ¿Crees que algo malo haya pasado?
—Espero que no.
—Debió pasar. – Y su mirada viajo hasta la cancha principal, ahí donde los tres reyes sin corona corrían tras el balón, sus pisadas eran fuertes, pesadas, su sola presencia imponía miedo, no hablaban entre ellos, como solían hacerlo, tampoco habían sonreído ni una sola vez, anteriormente siempre les rodeaba un aura de tranquilidad y paz.
Todos estaban conscientes de la estrecha relación que tenían con Furihata Kouki. Y que sus cambios comenzaran a ocurrir justo cuando Kouki dejo de asistir a clases y a las practicas, no podía ser simple casualidad.
—Solo espero que Furihata esté bien. – Hablo para sí mismo, en un tono normal o por lo menos eso pensó él.
— ¡HEY, TÚ! – El balo paso rodando justo a su lado, sus compañeros comenzaron a temblar y él no lograba comprenderlo del todo, hasta que por simple curiosidad volteo.
Grave error.
Mibuchi Reo se acercaba lentamente hacia ellos, o específicamente hacia él.
— ¿Dijiste algo que implicara el nombre de Kou-chan? – Tener a uno de los tres reyes sin corona frente a ti era simplemente aplastante, no entendía como Furihata podía soportar esa presión sofocante que emanaban.
—Y-y-yo…
—Lo hiciste.
—Solo dije que espero que este bien. — sus manos sudaban y su cuerpo entero parecía estar paralizado, sus compañeros del segundo equipo, incluso los de tercer año sintieron la presión del pelinegro.
—Tranquilízate Reo. – Seijūrō se acercó también, todos estaban irritados, enojados y alterados. Poso su mano sobre el hombro del pelinegro y eso fue suficiente para que este regresara a la cancha, junto a los otros tres miembros titulares, específicamente dos de ellos, parecían querer matar con la mirada a aquel chico que había mencionado el nombre de Furihata Kouki.
Pero nada, nada se comparaba a la fría y calculadora mirada de Akashi Seijūrō.
Cuando dejo de ser el centro de atención de los titulares, sus rodillas no soportaron su propio peso y cayo al piso.
Furihata debía estar loco al querer pasar tiempo con esas personas.
...
— ¿Cómo está?
La mujer castaña cierra los ojos con pesar y niega lentamente, la misma respuesta han obtenido día tras día.
Reo se muerde el labio y puede sentir el singular sabor metálico de la sangre.
— ¿Puedo verlo? – Pregunta por primera vez el pelirrojo. Las palabras simplemente salen de sus labios, sin detenerse a pensar en ellas, de lo contrario, Seijūrō nunca las habría dicho.
—Cariño, no es que no puedas verlo, es que Kouki no quiere ver a nadie. — Desde la salida del hospital Kouki se ha encerrado en su habitación y se ha negado a hablar con ella o con su hermano mayor, ambos están preocupados, Kouki nunca antes había hecho algo como eso, siempre había sido un chico tranquilo, un hijo admirable al que no le gusta dar problemas.
Todo eso había sido originado desde su salida a Tokyo, pero por más que insistió Kouki no le dijo nada.
—Por favor. – Seijūrō insiste.
—No deberíamos presionar a Chihuahua-chan. – Eikichi toca el hombro del pelirrojo, él, Kotaro, Reo y por supuesto -aunque parezca increíble- Chihiro están preocupados por Kouki, pero presionarlo, no serviría de nada. – Cuando esté listo, ten por seguro que nos lo dirá.
Seijūrō suelta un pequeño suspiro.
Esclareas arriba Kouki cubre su boca para no dejar salir los sollozos, quiere verlos, se muere por bajar las escaleras y ser abrazado por Reo, Eikichi y Kotaro.
Son pocos los minutos en los cuales no se siente una basura y esos son por supuesto, los pocos minutos en los que ellos llegan y preguntan por él.
— ¿Cree que pueda solo subir un minuto? ¡Solo uno! – Escucha la insistencia de Akashi y algo que no sabe explicar brota de su pecho, es un sentimiento cálido, tranquilizante y reconfortante.
Antes de que su madre responda, claramente que no, Seijūrō se apresura a subir con rapidez las escaleras que lo llevaran al segundo piso, por supuesto topándose con el castaño.
Kouki está consciente de lo patético que luce en ese instante.
Seijūrō por otro lado esta consiente de lo frágil y vulnerable que es.
—Pensé que lo tenías claro, Kouki. – El castaño se estremece ante el tono que Seijūrō utiliza. – Pensé que dejarías atrás a tu patético ser, pero tal parece que ese no es el caso. Es sin duda, decepcionante.
—Yo… no… —No puede, no puede soportar la mirada de ese pelirrojo, sus ojos buscan por todos los medios dejar de verlo.
— ¿Qué pasa? ¿Vas a decir algo?
— ¿Qué sabes tú? – Quiso gritar, pero la sola idea de responderle al pelirrojo le aterro, era una sensación sofocante, tenía miedo y enojo al mismo tiempo; como volver en el tiempo, específicamente cuándo se le dio la tarea de marcarlo durante el partido final de la Winter Cup.
— ¿Vas a revolcarte en tu miseria por siempre? ¿Piensas seguir encerrado en tu cuarto haciendo preocupar a tu familia y amigos?
¿Escuchaste eso? Él dijo amigos…
—Lo siento. – Susurra débilmente, — Siento ser tan patético, siento ser débil, siento ser solo un cobarde, siento ser una persona simple, siento tanto no tener el valor suficiente como para enfrentar mis propios miedos por mí mismo, siento ser un estorbo, siento tanto haber confiado en ellos… lo siento por creer en palabras vacías. – y sin esperarlo Seijūrō sintió como el castaño se lanzó sobre él, obviamente el pelirrojo no pudo mantener el equilibrio y ambos cayeron.
— ¿Qué fue lo que paso? – Su mirada se mantenía fija al techo, sin embargo sus manos sujetaron con firmeza el cuerpo del castaño.
—Fue mi culpa…
— ¿Cómo puede ser culpa tuya?
—Es mi culpa. – Declara nuevamente. Un largo silencio se instaló en el lugar, Seijūrō frunce el ceño cuando siente la humedad propagándose sobre su uniforme, Kouki ha comenzado a llorar de nuevo. Aun así no se mueve, sus ojos siguen fijos en el techo, sostiene fuertemente al castaño y Kouki no le da ninguna muestra de querer apartarse. – Fui a Tokyo… — Habla, su voz no suena para nada a la que el recuerda, alegre, entusiasta, y cuando la timidez lo invade, temblorosa. – Vi a mis…
— ¿A tus compañeros? – Pregunta cuando Kouki dejo de hablar por largos minutos.
—A los chicos de Seirin. – Corrigió.
— ¿Por qué regresaste a Kyoto? Pensé que ibas a quedarte dos días con ellos.
—Ese era el plan. –Seijūrō se levanta, Kouki sigue ocultando su rostro en el pecho de Seijūrō.
— ¿Qué fue lo que paso?
—Era inevitable… ¿Cierto? –Seijūrō tomo al castaño de los hombros y lo obligo a apartarse de su pecho, algo no estaba bien, no solo era su voz, su comportamiento e incluso la calidez que siempre lo rodeaba… Cuando Seijūrō se vio reflejado en los ojos castaños de Kouki, vacíos, distantes, opacos, fue como recibir mil puñaladas directo a su corazón. Era doloroso, insoportable, cruel.
—Kou… — Quiso llamarlo de nuevo por su nombre, tuvo incontrolables deseos de abrazarlo, fuertemente, nunca dejarlo ir, por primera vez tuvo el deseo de monopolizar a una persona, que le perteneciera completamente. Se encontró teniendo el deseo de bajar lentamente y aprisionar los labios del castaño.
Pero no lo hizo.
— ¿Kou-chan? – En un instante Kouki se encontró siendo abrazado por el pelinegro, Reo trataba de limpiar las lágrimas que fluían incontrolables, y Kouki se aferraba con todas sus fuerzas a Reo. — ¿Estás bien? Ya, no llores, no llores… todo estará bien, te lo prometo, siempre estaremos aquí para ti.
Seijūrō aparto de inmediato sus ojos de aquella escena, ¿Qué demonios había estado pensando?
— ¡Chihuahua-chan!— Dijeron al mismo tiempo Eikichi y Kotaro, acercándose también a Kouki.
Y el último en subir fue Chihiro, él no le llamo, sin embargo se acercó silenciosamente hasta él y se quedó junto a ellos, dedicando una mirada de preocupación a Kouki.
...
Ira, rabia, incredulidad, deseos de una cruel venganza, preocupación. Fueron los pensamientos de los cinco titulares de Rakuzan, cuando Kouki, aun llorando, les había contado lo que ocurrió el fin de mes a pocas horas de haber llegado a Tokyo.
—Lamento tanto haberlos preocupado. – Dice cuando el llanto ha cesado, la confortante mano de Reo se ha mantenido sobre su espalda, deslizándola de arriba abajo o dando pequeñas palmadas.
—No lo lamentes, sabes que te adoramos, Kou-chan. – Kouki sonríe, no es nada comparada a sus usuales sonrisas, es falsa, es una sonrisa que demuestra todo el sufrimiento que ahora mismo está pasando, es la sonrisa de alguien que no espera nada, alguien que se ha resignado a no confiar en las personas nunca más.
Es doloroso, pero es la realidad.
Y ellos lo saben.
— ¿Lo sabes verdad? – Reo toma el rostro del castaño entre sus manos, duele ver esa sonrisa, duele pensar que Kouki no confía en ellos.
—Lo sé. – De nuevo una respuesta falsa.
—No lo sabes. – Aclaro el pelirrojo. – Y es realmente indignante que no lo digas.
—Espera un momento, Sei-chan…
—Tenemos cosas más importantes que venir y verte lamentándote. – Seijūrō se acercó a Kouki, lentamente, con pasos elegantes. – Pero, estamos aquí, preocupados por ti, teniendo el increíble deseo de ir y darles unos buenos golpes a esos idiotas.
Reo sonríe, Eikichi y Kotaro asienten una y otra vez y Chihiro toca el hombro del castaño.
—No eres alguien débil, Furihata-kun. Una persona débil nunca enfrenta sus miedos, se mantiene en su área de confort y se niega hasta la muerte a salir de ahí. Tú lo hiciste ¿verdad?, saliste de ese espacio, cuando se mudaron a Kyoto, cuando comenzaste en una escuela completamente diferente, cuando te uniste al club. Es algo admirable. – Reo se mantiene en silencio al igual que todos los demás, no saben que pensar o como deberían reaccionar ante las palabras de Chihiro.
—Lo hice, pero siempre necesite depender de alguien…
— ¿Qué hay de malo en ello? – Responde Kotaro, Kouki desvía la mirada hacia el chico rubio, él le regala una sonrisa.
—Somos un equipo, somos amigos… que hay de malo en depender de alguien más para seguir adelante. – Habla esta vez Eikichi.
—Siempre habrá quien quiera lastimarte, pero siempre estaremos ahí para evitarlo, es una promesa, y planeo mantenerla hasta que muera. – Su mano acaricia con delicadeza la mejilla de Kouki, aun húmeda por las lágrimas.
¡Ahhh!
¿Puede creer en ellos?
¿De verdad aquellas palabras son sinceras? ¿O Están vacías?
—Kou-chan. – Dolerá de nuevo si ellos también lo traicionan, si lo olvidan y lo dejan… pero quiere intentarlo, confiar en ellos.
Nada cambiara a menos que lo intente.
No sabrá cómo pudo ser. Quizás la mejor elección de su vida o tal vez la peor. Terminará llorando, o seguirá riendo junto a ellos.
Solo una vez, una última vez, quiere creer en alguien, creer en ellos.
—Sí. —Responde y aunque no sonría, todos saben que su respuesta es sincera, real. Además están conscientes que pasara un tiempo antes de que vuelvan a ver la sonrisa de Kouki.
...
Seijūrō ha estado en la biblioteca de su casa más horas de las que debería estar, no ha podido concentrarse para nada en los libros y deberes escolares.
Aún sigue sin creer del todo que el equipo de Kuroko y el mismo Kuroko se comportaran de esa manera.
Después de todo Seirin era un equipo unido, sus lazos de amistad eran fuertes, era el equipo que le había ayudado a regresar, era el equipo que los había vencido, aún contra todo, sus fuertes lazos de amistad y confianza habían sido superiores a todo el poder abrumador de Rakuzan.
Muy en el fondo Seijūrō se alegraba de haber perdido contra ellos.
O eso pensaba hasta ahora.
Dejando el libro de lado, de todas formas ahora mismo no podía concentrarse en absoluto, saco su teléfono celular del bolsillo de su pantalón: Uno, dos, tres timbres sonaron antes de que la llamada fuera contestada.
— ¿Akashi-kun? —la persona del otro lado de la línea sonaba sorprendida.
—Kuroko. —Le llamó por su nombre. —Me gustaría hablar contigo, tienes tiempo, verdad.—por supuesto Seijūrō no estaba preguntado.
— ¿Que sucede?
—No debería inmiscuirme y quizás Furihata piensa lo mismo... pero, es algo que debo comprobar por mí mismo.—Un largo silencio se instaura. Del otro lado de la línea no hay palabra alguna, supone que es normal pues pese a que ha hablado, en sí no hay un punto claro. —El fin de mes Furihata...
— Tenía planes de venir a Tokyo, ¿Cierto? Lastimosamente nosotros teníamos un campamento de entrenamiento, habló con Kagami-kun. — Seijūrō aprieta con fuerza el teléfono celular.
—Me comentó eso.
— ¿Te lo comentó? —la voz de Kuroko sonaba incrédula.
Supone es normal, tomando en cuenta varias cosas: primera; Furihata no les había comentado acerca de su inscripción al club de Básket, segunda; el miedo que Kouki mostraba anteriormente sólo por su presencia.
Al principio no sabía cómo interpretar ese gesto en el castaño, hasta cierto punto era divertido ver esas reacciones, el temblor que lo invadía, los nervios a flor de piel, los sonrojos involuntarios, los tartamudeos y tomar cómo escudo protector a Mibuchi Reo.
Ahora mismo se alegraba en gran medida que ese miedo se haya ido.
—Sí, lo hizo. – Confirmo.
—Ya veo... Akashi- kun, llevo un poco de prisa. — Casi murmuró.
—El fin de mes Furihata estuvo internado en urgencias por neumonía.
—Lo siento debo irme. ¿Podrías dejar de llamarme por asuntos de poca importancia? — Y se cortó. Kuroko había cortado la llamada.
Sorprendido, furioso, y con inmensas ganas de tener a Kuroko en frente para darle un buen golpe, era como Akashi Seijūrō se sentía en ese instante.
— ¿Asuntos de poca importancia? – Repitió una vez más, la pantalla de su celular se apagó, Seijūrō seguía sin moverse de su lugar, repitiendo una y otra vez esas palabras, su corazón comenzaba a palpitar más rápido, su respiración se aceleraba a cada segundo, y la furia recorría con fuerza todo su cuerpo.
¿Cómo era posible que Kuroko dijera esas cosas? ¿Cómo había podido cambiar tanto en tan poco tiempo? ¿Cómo era posible que pensara de esa manera acerca de Furihata? ¿Kuroko quien le había demostrado la importancia de un equipo?
Pero era verdad.
Y era una verdad realmente dolorosa.
...
— ¡Ahhh! ¡Tengo tanta tarea que estaré encerrado en casa hasta finales del siglo! – Murmura Kouki mientras se deja caer a la mesa, a su lado una montaña de libros, tareas, proyectos e investigaciones por entregar.
—Cielos… pobre de ti, Chihuahua-chan. – Kotaro a su lado hojea algunos libros pero los suelta de inmediato, solo de ver toda esa montaña de deberes escolares se siente mareado.
—Bueno Kou-chan, debes ponerte al corriente con las clases. – Sonríe tiernamente, mientras toma uno de los libros. – Debería ayudarte con este, soy bueno en matemáticas.
—Yo creo que deberías pedirle ayuda a Akashi, él es bueno en todo. – Sugiere Eikichi, Kouki reacciona de inmediato a ese nombre y se endereza rápidamente. Sus mejillas se han coloreado de un bonito tono rojizo.
—Yo soy bueno en historia, puedo ayudarte si lo requieres. – El peligris hablo y Kouki le agradeció internamente, no solo por ofrecerle su ayuda, también por cambiar el tema de conversación.
No es que Kouki estuviera evitando a Akashi, simplemente no se sentía listo para enfrentarlo, aún tenía dudas, no sobre sus compañeros, eran más bien dudas sobre sí mismo.
Esa mañana se había despertado temprano, la alarma no había sonado aun, pero Kouki no pudo volver a conciliar el sueño, suspiro mientras se dirigía a su closet. Como había prometido regresaría a la escuela, trataría de seguir adelante, de alguna u otra manera lo haría.
Sería difícil.
Pero, cuando salió de su casa y vio a sus compañeros esperando por el con una sonrisa, supo que definitivamente tenía que lograrlo, no solo por él, lo haría también por ellos y con ellos.
— ¡Muchas gracias Mayuzumi-senpai! –Agradece mientras busca la mirada de Chihiro, pero el peligris desvía su mirada evitando todo contacto con la de Kouki, se siente avergonzado.
Reo sonríe, esa faceta es lo que hace también a Chihiro adorable.
— ¡Oh, mañana tengo una hora libre! ¿Quieres que te eche una mano con esto? – El pelinegro apunta hacia los libros, específicamente al de matemáticas. –No sé qué tanto avanzaremos, pero te será de ayuda, traeré también mis apuntes del año pasado.
—Eso me ayudaría mucho. – De nuevo se deja caer sobre la mesa, una sonrisa se dibuja en todos los presentes, es sin duda reconfortante tener a Kouki junto a ellos. – Ese maestro es realmente malo, ¿sabes?… si te encuentra distraído, suele lanzarte el borrador, un libro o lo que tenga al alcance de su mano y déjame decirte que tiene una puntería envidiable. – Dice recordando el miedo que sintió la primera vez al ver eso, nunca le había pasado a él, por fortuna. Pero varios de sus compañeros no habían corrido con la misma suerte, algunos tan cerca que Kouki juraba haber visto pasar el proyectil a menos de dos centímetros de él.
— ¿Cómo podríamos olvidarlo? – Responden al mismo tiempo Eikichi y Kotaro, ambos completamente pálidos y con un rostro completamente sombrío.
—Ellos eran su blanco principal hace un año. – Aclara Reo.
—Todavía duelen sus golpes. – Kotaro toca su mejilla izquierda y su hombro derecho, los principales puntos de contacto de cada golpe.
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— ¿Qué dijo? – Pregunta de nuevo, apretando fuertemente el pequeño aparato.
—Eso, Muro-chin, me dijo que necesitaban a un jugador fuerte para los enfrentamientos y que por eso lo habían invitado a él. – Seijūrō mordía con furia su labio inferior, se levantó de la silla y camino por la sala de juntas del consejo estudiantil.
— ¿No le comentaron nada acerca de Furihata Kouki? – No podía estar tranquilo, simplemente no podía hasta llegar al fondo de todo eso, pensó que quizás había sido una confusión, que quizás Kouki había mal interpretado las palabras por el shock o algo por el estilo, que quizás todo esto solo era una mala jugada del destino.
Por eso ahora mismo se encontraba preguntando a Murasakibara, primero con la idea de pedirle hablar con Himuro Tatsuya, el nombrado hermano mayor de Kagami. Pero se encontró con la terrible noticia de la ausencia del chico por algunos problemas. Para su alivio, Murasakibara sabia acerca de la salida del chico pelinegro con Seirin.
—Algo, no recuerdo mucho… solo que él no servía para ese juego tan importante.
— ¿Ganaron el juego? – Se mantuvo calmado, aunque solo fuera apariencia.
—Sí, se llevaron el segundo y primer lugar… mmmm ¿Aka-chin? ¿Pasa algo?
—Nada, no es nada Murasakibara. – Pero el pelimorado no pudo decir lo mismo ante el tono de voz de Akashi. Aun así no estaba en sus planes contradecirlo. El mismo sabia por cuenta propia lo aterrador que podía llegar a ser.
Y con esto ninguna duda quedaba en él.
Con esto sabía lo que tenía que hacer.
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Sonrisas bobas, bromas, pláticas amenas, una sensación de paz y tranquilidad, juegos tontos y una atmosfera increíblemente llena de amor, es lo que rodeaba al equipo titular de Rakuzan.
—Es como un domador. – murmuro uno de los chicos del primer equipo, su mirada clavada a la cancha principal, ahí donde Furihata Kouki mantenía una conversación con los titulares y ellos le sonreían abiertamente, le miraban y atendían cada palabra dicha por el castaño.
Algunos no podían estar más tranquilos, la pesada y abrumadora atmosfera se había ido en cuanto Furihata había atravesado la puerta del gimnasio, siendo interceptado en su camino por Mibuchi, Furihata se había ido con él sin protestar.
Unos pocos habían temido por la seguridad del castaño, pero de inmediato ese miedo se esfumo.
—Cierto, un domador de bestias salvajes…
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Kouki se sentía nervioso, sus manos sudaban y tenía un ligero temblor en ellas, respiro profundamente, sería la primera vez en todo el día en ver a Akashi, su corazón latía con fuerza, era como regresar a la primera vez que ingresó al gimnasio y tuvo un ataque de pánico al toparse con el pelirrojo, sus reacciones dice Reo, fueron muy graciosas. Pero sinceramente el no recuerda nada a aparte del desmayo por el fuerte golpe de un balón de Básket.
Y francamente agradece eso.
O moriría de la vergüenza cada vez que lo recordara.
De pronto el silencio se instauro en el gimnasio, Kouki desvió su vista hasta la entrada principal, Akashi Seijūrō ingresaba, como siempre con un porte de elegancia y pasos firmes, Akashi nunca se permitiría sentirse inseguro y era algo que Kouki definitivamente admiraba.
Dirigió una mirada neutra hacia los demás jugadores, sin perder tiempo estos regresaron a las actividades marcadas, siguió de largo después de dirigir nuevamente su vista al frente.
—Furihata Kouki. – Lo llamo y el castaño se sobresaltó, no se escuchaba molesto, pero había algo dentro de aquel tono de voz que lo alarmo. – A partir de hoy tu entrenamiento estará bajo mi cargo. Practicaras con nosotros. – Declara.
—Pero… —No quería contradecir las palabras del pelirrojo, pero Kouki no estaba al nivel de ellos.
—Sei-chan…
—Kouki. – De nuevo llamándolo por su nombre, tenía un efecto bastante raro, como cosquilleos en su estómago y los latidos de su corazón parecían contenerse con solo eso. – Prometimos protegerte… pero, la realidad es que habrá momentos en los cuales nos será imposible hacerlo, no porque no queramos…
—Lo entiendo. – Y no mentía, claro que entendía esa situación. Pero solo el hecho de saber que estaban ahí para apoyarlo era suficiente para él, había decidido confiar en ellos y lo haría.
—Por eso, lo único que ahora podemos hacer por ti, es ayudarte. Sin duda Kouki serás una persona lo suficientemente fuerte para darle su merecido a cualquier persona que te menosprecie.
—Y por supuesto siempre que podamos, nosotros estaremos ahí para ayudarte. –Eikichi poso su mano en el hombro de Kouki
— ¡Claro que sí! – Nada podía apagar el entusiasmo de Kotaro y era agradable de ver.
—Cuenta conmigo. – Dijo también Chihiro manteniendo su mirada apacible, no sabía que podía decir en esos instantes, pero algo era seguro él también quería ayudar al pequeño cachorro.
Asiente y con el dorso de su muñeca limpia las pequeñas lágrimas que han empañado su vista.
No hay palabras que puedan describir lo agradecido que Kouki se siente por haberlos encontrado, y sabe que confiar en ellos sin duda fue la mejor decisión que pudo tomar.
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—Ahora mismo yo tengo deseos de tomar el primer tren directo a Tokyo y darles unos buenos golpes a esos bastardos. – Eikichi y Chihiro sudaron frio cuando escucharon el escalofriante tono que había empleado Kotaro.
—No si yo llego antes que tú. – Responde también Reo, su sangre hierve, su ira es incontrolable.
—Mantengan la calma. – Les pide el pelirrojo.
— ¿Cómo puedo calmarme? ¿Qué Kou-chan haya estado internado en urgencias es un asunto sin importancia? ¡¿Cómo pudo decir eso?! – Eleva la voz, pero no es tan fuerte como un grito.
—Yo tampoco quise creerlo, sobre todo porque es Kuroko de quien hablamos. – un largo y tenso silencio se formó en la habitación. La práctica seguía a tan solo algunos metros de distancia, podían escuchar el rechinido de los tenis sobre el reluciente piso, las voces de los miembros del club mientras practicaban, el sonido que hacían los balones de Básket al botar, las canastas encestadas, todo era escuchado claramente. – Pero es sin duda la verdad.
—Además ¿Creen que es un jugador sin valor? – Reo sonrió, cruelmente, deseando que llegara el momento de verlos nuevamente, deseaba tanto destruirlos, a ellos y su valorado trabajo en equipo, antes le había parecido hermoso, digno de admirar y de respetar, ahora simplemente le parecía la mentira más patética del mundo.
—Tranquilos, Furihata no sabe nada de esto y espero mantenerlo así, y que sus rostros luzcan tan aterradores no servirá a ese propósito.
—Estoy de acuerdo. Kou-chan no soportaría otro golpe de esta magnitud, no quiero que se desmorone.
—Sin embargo, llegara el momento en el que se lo diga. – No quiere ser como ellos, no quiere ocultarle cosas al castaño.
De nuevo el silencio se impone en la habitación, y justo frente a la puerta de la habitación entre abierta, una silenciosa lagrima es derramada, aprieta con fuerza sus puños y se aleja en silencio tal y como llego.
Dos meses después.
La escuela contra la cual jugaban era la segunda más poderosa en Kyoto.
Rakuzan vs Sekihou*, con el marcado 199 a 34, Rakuzan se imponía como el vencedor absoluto.
Las tribunas de Rakuzan se mantenían en silencio, ante el abrumador cambio que ocurrió en el último cuarto. Seijūrō se mantenía con una sonrisa de orgullo y fascinación. El control del juego siempre estuvo de su lado, incluso al enfrentarse a una escuela poderosa.
Había considerado que quizás su participación en el juego sería necesaria, pero no fue así.
— ¿Cómo te sientes? ¡Fue tu primer partido con nosotros! – Exclamo con alegría Kotaro.
Uno de los jugadores sustitutos le tendió una toalla y una botella de agua, su mirada afilada, hambrienta de victoria y carente de sentimientos, lo dejaron completamente petrificado.
Aquella mirada que había mantenido a lo largo del partido, con la cual miraba a cada rival en la cancha y que sin duda los dejaba desconcertados.
Puso la toalla sobre su cabeza, seco al rededor del cuello los rastros de sudor y bebió agua con tranquilidad, regularizo su respiración y volvió a subir la mirada encontrándose con la figura de Akashi, imponente, firme, con los brazos cruzados y luciendo la chaqueta por encima de los hombros, solo como él podía usarla.
Entonces una sonrisa surcó sus labios.
—Me siento estupendo, Hayama-senpai. – Y aquel brillo que tanto amaban regreso a sus ojos, su sonrisa cálida era reconfortante y la amabilidad que siempre mantenía.
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— ¿Quién demonios es ese número 12?
—No está entre mi información. — Los jugadores del equipo contrario, respiran agitadamente, desviando su mirada hacia el chico, no quieren admitirlo pero su mirada muchas veces les hizo temblar de miedo. Cuando le mirabas a los ojos sentías un vacío enorme, te perdías en lo profundo de su mirada. Era desconcertante y abrumador.
El entrenador se mantenía con los ojos completamente abiertos frente al marcador, sus jugadores sin duda eran los mejores, su escuela era la segunda escuela más poderosa en Kyoto.
Aun así ser derrotados tan abrumadoramente… con tal diferencia de puntaje.
Fue ingenuo, fue estúpido pensar que Rakuzan se había vuelto débil después de perder la Winter Cup, fue un simple partido de práctica, pero fue lo suficiente para matar el ánimo y deseo de los jugadores de volver a enfrentarse a ellos. Están muy lejos, demasiado distantes de la realidad.
Este era el nuevo Rakuzan después de haber probado la derrota.
—Ese número 12… — No tenía conocimiento de él, sin embargo era un jugador excepcional, no había duda de ello, solo bastaba ver el marcador, los últimos diez minutos, el último cuarto.
Rakuzan había sustituido a Mibuchi Reo y el jugador numero 12 había salido a la cancha. Cuando eso ocurrió el puntaje era de 144 a 34.
Los jugadores de Sekihou fruncieron el ceño, especialmente porque en cuanto el número doce entro a la cancha, Akashi Seijūrō había dicho al jugador: "Puedes destrozarlos".
Marcando desde su inicio a la estrella de Sekihou. Y logrando un puntaje final de 199 a 34. No pudieron ni siquiera mantener el balón por más de un minuto.
— ¡Hey, tú! – Su entrenador devolvió la vista a la duela, su estrella de segundo año, Mizuki Taiyo, se acercaba a los jugadores de Rakuzan, especialmente al número doce.
— ¿Qué es lo que quieres? – Se interpuso en su camino Eikichi.
— ¿Tienes algún problema? – Seijūrō levanto el brazo impidiéndole a Eikichi avanzar. – Si es acerca del juego, entonces deberías hablar directamente con migo.
Mizuki frunció el ceño, su mirada se encontró directamente con la castaña del jugador número doce, se mantenía detrás de ellos y le impedía verlo completamente.
— ¿Acaso es humano? – Pregunto y tanto Seijūrō como Eikichi fruncieron el ceño. – Ese chico ¿De verdad es una persona como yo?
—Que tonterías dices. – Uno de sus propios compañeros se acercó a Mizuki. – Vamos, debemos irnos. – lo tomo del hombro y lo llevo consigo. Perder siempre dolía, especialmente hoy, con esa derrota aplastante.
Devolvió su vista hacia atrás, hacia aquellas personas completamente inalcanzables para él.
— ¡Estuviste increíble, Kou-chan! — ¿Kou? ¿Así se llamaba el jugador número doce de Rakuzan? Lo vio sonreír, el castaño sonreía… sus ojos mantenían un brillo cálido y toda aquella hambre de victoria se veía reducida a cero, ¿Dónde estaba aquella fiera que lo marco durante todo el juego? ¿Dónde estaban aquellos ojos afilados y vacíos?
— ¡Chihuahua-chan! – El jugador número siete y ocho lo habían llamado de esa manera mientras se acercaban a felicitar al chico ¿Chihuahua? ¿Qué parte de ese chico parecía un chihuahua?
— ¿Qué piensas tu Mayuzumi-senpai?
—Jugaste muy bien Furihata-kun. – Y el castaño sonrió de nuevo.
— ¡Vamos, Mizuki! – Le llamaron, tomo su bolso y se lo hecho al hombro, dando una última mirada a Rakuzan.
—Lo hiciste excelente, Furihata Kouki. – Seijūrō levanto el puño y segundos después Kouki hizo lo mismo, ambos chocaron los nudillos y sonrieron juntos.
...
OMAKE.
Cuando el emperador se da cuenta de sus sentimientos por cierto chihuahua.
...
La mañana de ese día es bastante tranquila, el clima es perfecto y Seijūrō contempla la posibilidad de darles un descanso a sus jugadores, después de todo lo han hecho bastante bien, en las prácticas y en los juegos. La junta del consejo estudiantil había marchado perfectamente también, sin duda alguna ese día sería perfecto.
— ¡SEI-CHAN! ¡SEI-CHAN! – La puerta de la sala de reuniones se abrió con brusquedad, Reo, Eikichi y Kotaro entraron con prisa. — ¡ES UNA EMERGENCIA, LLAMA A LA POLICIA, A LOS BOMBEROS, A LA CRUZ ROJA, A LA CIA, AL FBI!
— ¿Qué pasa? – Contesta desconcertado por lo ruidoso que fueron.
— ¡ES CHIHUAHUA-CHAN!
— ¿Qué paso con él? – No mentiría, estaba realmente preocupado pero, gracias a pasadas experiencias podía deducir que las emergencias de estos chicos muchas veces eran… todo menos emergencias reales.
— ¡ES UNA EMERGENCIA! – No quiere alarmarse.
Reo es demasiado sobreprotector con Kouki. Más que su propia madre, le había dicho hace tiempo el castaño con una sonrisa.
—Tranquilízate… y di—
— ¡UNA CHICA VA ACONFESARLE SU AMOR HOY POR LA TARDE TRAS DEL CAMPO DE BEISBOL! – Y Reo dejo caer la bomba, cuándo menos lo esperaba.
¡Ah, solo era eso! Pensó Seijūrō, asintió varias veces, Kouki comenzaba a ser realmente popular, no solo en el club, también con las chicas de la escuela, sobre todo después del partido que tuvieron la semana pasada contra Sekihou, Kouki se había lucido en ese juego, generalmente Seijūrō le pedía que se contuviera, por supuesto ese no había sido el 100 por ciento de lo que era capaz.
— ¡¿ESPERA, QUÉ?!
—Eso Akashi, una chica le dio una carta y en ella decía que lo esperaba hoy después de clases, tras el campo de beisbol. – Comento Kotaro, el rubio es quien se había encargado de dar aviso a los demás, porque él había estado presente cuando eso sucedió.
—Debemos evitarlo. – Dijo Eikichi. — ¡No quiero que nadie más aparte de Chihuahua-chan me convide de sus papas fritas!
— ¡OBVIO LO HAREMOS! ¡NO PIENSO COMPARTIR A KOU-CHAN CON NADIE MÁS!
— ¡CHIHUAHUA-CHAN ES NUESTRO! – Apoya Kotaro.
—Esperen un momento… ¿Han pensado en Kouki? ¿Qué tal si…?— Que tal si a Kouki ella le gusta, pensaba decir Seijūrō y la simple idea de eso le desagrado por completo.
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Esa misma tarde.
—Ok, entonces Reo se situara aquí, Eikichi tu iras por el frente, Kotaro tu cubrirás al flanco derecho. – Marcaba en un mapa la posición que los tres deberían tomar, Reo, Eikichi y Kotaro, se mantenían firmes, tenían en la cara pintura negra y por algún extraño motivo llevaban un uniforme militar.
—Sí, capitán. — Respondieron a coro.
— Chihiro tu vigílalo desde las sombras.
—Sí.
— ¿Desde cuándo estas ahí?
—Siempre he estado aquí.
— ¿Y, Sei-chan, que harás tú? – Pregunta Reo antes de salir por la puerta junto los demás.
—Atacare al enemigo de frente por supuesto.
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—Uhmm… ¿Dónde está Furihata-kun? – Dijo con confusión, ella esperaba ver al chico castaño de sonrisa amable, no al presidente del consejo estudiantil y capitán del equipo de Básket.
—No lo sé, quizás tuvo algún percance.
Lejos de ahí, Reo, Eikichi y Kotaro se encargaban por todos los medios de retrasar al castaño.
— ¿Qué es lo que desea?
Seijūrō arque su ceja, analizando detalladamente a la chica frente a él, es pequeña, linda, de figura envidiable y linda piel, sin duda el sueño de muchos chicos, pero para él era una completa extraña que quería arrebatarles a Kouki.
— ¿Qué intensiones tienes con Kouki?
—Me gusta. – Declara la chica y sus mejillas se sonrojan. – Furihata-kun me gusta.
Y Seijūrō siente como un increíble dolor se aloja en su corazón, siente como crese a cada segundo.
— ¿Nunca has tenido a una persona a la que quieras mucho, que consideres especial?
—Sí. – Responde por inercia, pero la única persona que viene a su mente ahora mismo es Furihata Kouki.
— ¿La quieres? ¿Piensas que sin ella nada tiene sentido? ¡Sientes que podrías bajar la luna y las estrellas si es que te las pidiera!
—Por supuesto, se las daría, incluso mi vida.
— ¿Qué haces perdiendo el tiempo entonces aquí, conmigo, con Furihata-kun?
—Estoy tratando de impedir que lo apartes de mí lado. – Responde, y eso le basta para confirma lo que siente, ahora mismo es consciente de todos esos sentimientos que había estado reprimiendo por no comprenderlos del todo, comprende porque siente un cosquilleo en su estómago cada vez que Kouki se acerca, entiende el enojo cada vez que alguien toca al castaño, sonríe porque jamás pensó que sería del tipo celoso.
Kouki es especial.
Lo comprende.
Lo ama.
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.Sekihou*: El nombre yo lo invente, así que en la vida real, esa escuela (creo) no existe.
Y bueno aquí esta el segundo capítulo de este fic, estoy emocionada, siendo sincera jamás pensé que este fic tendría esta aceptación tan increíble ¡Muchas gracias por sus comentarios!
El profesor que menciona Kouki, podría decirse que mi profesor de matemáticas hizo una aparición sin que él lo supiera.
Por cierto los personajes podrían esta un poco fuera de su carácter original -principalmente en los Omakes- tratare de mantenerlos fieles a sus personalidades, pero en los omakes no prometo nada.
Gracias de nuevo por los comentarios.
