Holaaaa =D

Antes de empezar muchas gracias a todos los que habéis leído y comentado =3

Me habéis dado muchos ánimos! ^^

Sin más que decir...

Disfrutad.

Besos & Abrazos =3


Deséalo tan, tan fuerte, que te duela.

Mientras, en Cambridge un chico de corta edad para todo lo que le había tocado vivir en Narnia daba vueltas en su habitación. Tenía que regresar a Narnia, pero no sabía cómo, debía hacerlo por su prima Lucy.

- Venga, Caspian, por el amor de todos los narnianos, llámame – rogó en silencio, implorando al gran Rey de Narnia.- Aslan… Quiero entenderte, de verdad que lo deseo, creer en ti a pesar de todo… Pero necesito ayuda, de verdad que necesito ayuda…

No se dio cuenta de en qué momento sus ojos se cerraron, como si de repente todo el cansancio de aquellas semanas hubiera decidido que ya era hora de cobrarse lo que Eustace les debía… Descanso.

En mitad de sus sueños sintió la necesidad de apartar algún mosquito molestón que se divertía incordiando y sacudió la mano lo suficiente como para apartarlo de él. Entonces cuando volvió a colocar la mano debajo de su cara para seguir cómodamente durmiendo, lo notó: el áspero suelo en lugar de sus suaves sábanas.

Abrió los ojos sobresaltado y se puso en pie, mareándose en el proceso ante el brusco movimiento. Se agarró a lo que le pareció un árbol, y observó todo a su alrededor mientras se tallaba los ojos para poder ver mejor: estaba en un extenso campo, rodeado de una gran mata de césped lleno del rocío de la mañana.

No lo podía creer, parpadeó más de una vez y se pellizcó el brazo para ver si estaba realmente allí o es que su deseo había sido tan fuerte que estaba soñando con los grandes campos de Narnia y el gran e impotente castillo de Caspian alzándose delante de él y haciéndole sentir una hormiga.

Su cerebro inglés trabajaba a toda velocidad, ¿qué debía hacer? ¿Irrumpir en el castillo?

¡No sabía si Caspian aún seguía siendo Rey, ni siquiera si seguía vivo!

- Oh, diantres – masculló revolviéndose el pelo.

Entonces sintió como una piedra era tirada hacia su cabeza y le golpeaba sutilmente, haciendo que Eustace se acordara de todas las maldiciones que usaba Edmund y se dio la vuelta.

- No me lo puedo creer… - murmuró la voz de un hombre al cual Eustace no podía ver bien debido a los rayos de sol del atardecer que le cegaban.

- ¿Quién es? – preguntó, haciendo sombra con su mano para poder ver al menos un poco pero fue un esfuerzo inútil debido a que quien quiera que fuera le estaba abrazando con una fuerza descomunal.- Me estás asfixiando…

- Vaya, lo siento mucho – una sonrisa apenada se dibujó en sus labios.

Y fue cuando Eustace lo reconoció, aunque sus facciones habían madurado un poco y tenía la barba de tres días, el hombre que lo había abrazado con tanta euforia era Caspian Décimo.

- ¿Caspian? – aventuró.

- ¡Claro que sí, Eus! – lo volvió a abrazar con fuerza y el chico tuvo que invocar todo el aire que sus pulmones eran capaz de atrapar para no ahogarse- ¿Cómo estás?

- Ahora poniéndome azul – inquirió el joven inglés cuando Caspian lo soltó apresuradamente, una sonrisa burlona se había instalado en sus labios.- ¿Eras tan fuerte la última vez que vinimos?

La carcajada que se escapó por la garganta de Caspian le indicó que, después de todo, no estaba soñando. Estaba en Narnia.

- Quizás no tanto, pero recuerdo que no estaba nada mal - respondió el Rey a la pregunta de su pequeño amigo que observó con descaro el hecho de que Caspian estaba realmente más ancho de espalda y de brazos.

- Un momento – Eustace dejó que la alegría del reencuentro se esfumara y miró a Caspian asustado, él notó el cambio y alzó una ceja esperando las palabras que saldrían de la boca del menor.- ¿Cuántos años han pasado?

- ¿En Narnia? – Ladeó la cabeza, y la larga melena castaña recogida en una elegante coleta se balanceó.- Cuatro años desde la Travesía del Viajero del Alba – aquellas palabras partieron todas las esperanzas de Eustace en un millón de pedazos.

Sintió que le asaltaba otro mareo y se vio obligado a dejarse caer sobre el césped para sopesar los movimientos involuntarios de su cabeza.

No podía ser, no había llegado a tiempo y ni siquiera el desearlo con toda su alma había dado resultado, ¡por el amor de Aslan! ¡Cuatro años! Todo el mundo bien sabía cuántas cosas podían suceder en cuatro largos años y más en Narnia, donde Caspian era Rey y tenía la obligación de buscar prometida y contraer matrimonio.

- Eustace, ¿te encuentras bien? – le tocó el hombro y se sentó al lado del muchacho, mirándolo con ojos interrogantes.

- Acabas de romper mis esperanzas con tan solo dos palabras – admitió, soltando un suspiro desesperado y resignado que sonó más como un quejido de dolor.

- No te entiendo.

- ¿Qué cosas han pasado en estos cuatro años, Caspian? – le preguntó directamente, ¡cómo le costaba mantenerle a aquel hombre la madura mirada que podía leerse en sus ojos!

- Pues… Algunas pequeñas batallas pero nada con gran relevancia, de hecho Narnia hace dos años que está en paz de nuevo…

- No me refiero a eso – le interrumpió.- ¿Qué ha pasado contigo? ¿Has olvidado a Lucy? ¿Te has casado? ¿Tienes hijos? ¿Estás prometido?

A pesar del atropello de preguntas al que estaba sometiendo a Caspian, Eustace pudo ver como en el rostro del joven Rey se sometían una serie de muecas en las que se reflejaban sensaciones nada agradables: como la expresión de dolor que podía leerse en sus ojos y la amargada sonrisa que se dibujó en su rostro, reflejo del enorme dolor y angustia que Eustace le había recordado con su avasallamiento de preguntas.

- ¿Caspian? – aventuró con temor, maldiciendo su poco autocontrol y el escaso tacto que estaba teniendo.

- No he olvidado a tu prima, Eus, y como consecuencia no he sido capaz de contraer matrimonio ni comprometerme con nadie a pesar de todas las peticiones que he recibido y las batallas que han venido después por rechazarlas – balanceaba de un lado al otro la vaina de su espada, aplastando la hierba del césped.- He estado esperando a que sucediera un milagro los 60 segundos de cada minuto, los 60 minutos de cada hora y las 24 horas de cada día… Durante los 365 días de cada año que ha pasado y las miles de horas muertas que he estado dentro de la biblioteca han sido para intentar buscar una solución, pero… No he encontrado ninguna, ni siquiera me he acercado un poco… - hundió la cara entre sus manos, haciendo para atrás los rebeldes mechones que escapaban de la coleta.

Entonces una ligera y pequeña esperanza se incendió en el pecho de Eustace, si Caspian había estado rezando por una solución… ¿Era acaso posible que en consecuencia de ese ruego él hubiera sido arrastrado hasta Narnia?

- ¿Crees que mi presencia aquí tenga que ver con ese deseo?

Caspian lo miró, sopesando las probabilidades y una pequeña sonrisa apareció por la comisura de sus labios mientras clavaba sus ojos marrones en los azules de Eustace.

- Como ya te dije el territorio de Narnia se encuentra en paz y no tenemos ninguna clase de conflicto con los reinos vecinos… - respondió.- Aunque la última vez que vinisteis también estábamos en paz y ocurrían cosas fuera de mis conocimientos…

- Eso no dice mucho de ti como Rey, Caspian – murmuró el pequeño con una risa ahogada.

- De manera que tal vez y solo tal vez, hayas entrado en Narnia por mis ruegos… - continuó, ignorando las palabras del joven pero sin poder reprimir una sonrisa.- Pero, ¡diantres Eus! ¡Has tardado cuatro años! – respondió entre risas el soberano y valiente Rey de Narnia.

- Dicen que más vale tarde que nunca – sonrió el muchacho rubio.

Ambos se levantaron del césped y echaron a caminar hacia las grandes salas del reconstruido Cair Paravel, donde Eustace estaba primera vez. Reconoció cada una de las salas que sus primos le habían descrito en aquellos dos meses que pasaron en su casa después de volver de Narnia, podía entender la pena a la que habían estado sometidos cuando por mera curiosidad volvieron a atravesar el armario y volvieron a la casa del profesor, dejando todo aquel maravilloso mundo atrás.

Caspian le iba enseñando cada lugar, hasta que llegaron al salón de los Cuatro Tronos que había sido reconstruido y, por el cual alrededor de las paredes habían diversos cuadros pintados a mano de los Cuatro Reyes Pevensie.

Eustace se acercó a uno en el que él también salía junto con Reepeecheep cuando había sido transformado en dragón por el maleficio del tesoro, no pudo evitar una sonrisa triste y un escozor de nariz al recordar al valiente ratón que había traspasado el límite del mundo hasta ir al límite de Narnia.

También había uno de ellos cuatro en el barco, una de las múltiples noches que pasaron en vela pensando en una posible solución a la niebla verde.

El joven se detuvo frente a un cuadro que le arrancó el aliento, estaba algo deteriorado por el paso del tiempo, pero se observaba claramente la imagen de una hermosa mujer de aproximadamente unos veinte tantos años que estaba sentada en una silla y, detrás de ella, un hombre de porte elegante y pálida piel que la abrazaba por los hombros.

- No puede ser…. – murmuró, reconociendo los rubios cabellos, los ojos verdes y las rebeldes pecas del rostro de aquella hermosa soberana, a la vez que también reconocía perfectamente el cabello negro azabache y los ojos del mismo tono enmarcados por una tez pálida como la nieve. Sus ojos buscaron la inscripción del cuadro y cuando la encontró, abrió ligeramente la boca sorprendido.- 'En honor a Lucy La Valiente y Edmund El Justo, fieles Reyes de toda Narnia'… - las palabras se atascaron en su garganta ante la emoción de ver a sus primos de mayores.

Caspian se situó al lado de él, observando también el cuadro, y sintiendo como la melancolía y el dolor se extendía por cada rincón de su mente al observar el hermoso rostro de su amada Lucy. La última vez que la había visto, Lucy ya estaba dejando atrás los rasgos de niñez y adquiriendo los rasgos que se sabía de memoria de tantas veces que había mirado aquel retrato. No pudo evitar preguntarse cómo se encontraba y qué había sido de ella, decidió que en la cena sería su turno para avasallar a preguntas a Eustace.

- Muy hermosos, ¿verdad? – dijo, Eustace a su lado asintió impresionado por la magnificencia que incluso en retrato emitían Lucy y Edmund, los Reyes de Narnia.

- Es como… Es como observar los retratos de los reyes de Inglaterra… Me hubiera encantado poder verlos en esos gloriosos años – admitió mientras abandonaban la sala y se dirigían al comedor.

- Fueron muy buenos Reyes, tanto que fueron toda una leyenda en Narnia – le informó, llegando a la gran estancia y mirando la gran mesa que hizo que los ojos de Eustace se abrieran en demasía.- La verdad es que me alegra mucho tener hoy tu compañía, ¡he cenado solo tantas noches!

Eustace sintió lástima de Caspian, ser Rey debía ser muy duro y más con tan solo… Se detuvo abruptamente y lo miró mientras se sentaba presidiendo la mesa y le incitaba a sentarse a su derecha.

- Caspian – le llamó, sentándose en la cómoda silla y pensando que si le dejaban, allí mismo se quedaba dormido.

- ¿Si?

- ¿Cuántos años tienes? – preguntó con curiosidad.

Caspian lo miró con expresión confusa y mientras estudiaba la extraña expresión de Eustace, respondió:

- Hace tres meses que cumplí los veinticuatro.

Eustace sintió como si le hubieran vertido encima un cubo con el agua más fría de toda Narnia. Oh, venga, sabes que en el amor no es problema la edad… Se dijo a sí mismo, recordando el caso de sus propios padres. ¡Pero aun así eran cinco años!

- ¿Por qué la pregunta? – preguntó al no poder descifrar las muecas que el rubio estaba haciendo.

- Verás… - empezó a jugar nervioso con la servilleta, ¡por favor, en Narnia la edad no era ningún problema y en Inglaterra normalmente tampoco! Tenía que tranquilizarse y respirar hondo, Lucy era una niña al lado de Caspian.- Estaba pensando que eres cinco años mayor que Lucy… - el rostro de Caspian se desencajó.- ¡Pero no me malinterpretes, no es un obstáculo! A no ser que sigan pasando años – pero eso se lo guardó para sí mismo.

- ¿Cinco años? ¿Cuánto tiempo ha pasado en Inglaterra desde La Travesía del Viajero del Alba? – cuando se dio cuenta de ese hecho, parpadeó sorprendido.

- Tan solo cuatro meses – contestó observando la comida que los encargados de la cocina depositaban enfrente de él, su estómago rugió enfadado.

- Entonces, Lucy sigue teniendo dieciséis años…

- No, para ser más exactos el mes pasado fue su cumpleaños de manera que ya tiene los diecisiete – le corrigió con la voz suave, mientras se peleaba con su yo interno entre comer o no comer.

Caspian dejó hacer su cabeza hacia atrás y observó el hermoso techo labrado en oro y mármol. Su Lucy había cumplido años y él no había estado presente… Otra vez. El ardor que le inundó el pecho al pensar en ella lo convenció para decidirse a preguntarle a Eustace sobre el estado de su prima.

Eustace abandonó su debate de si comer o no comer y le miró, leyó la desesperación y el dolor en los ojos de él, leyó el dolor del corazón que sufría por la ausencia del ser amado y solo pudo soltar un suspiro.

- ¿Quieres saber la verdad o una mentira que te haga sentir mejor? – aquella pregunta hizo que Caspian se asustara, ¿es que había pasado algo grave? Eustace pareció leer sus pensamientos, pero se mantuvo en silencio hasta que el valiente y justo Rey respondió.

- Dime la verdad – más pareció una súplica que una respuesta.

- Pues bueno… La parte positiva del estado de mi prima es, que en cuatro meses, ha cambiado tanto que ya se está pareciendo a la hermosa mujer de aquel cuadro, tan solo le falta el brillo de alegría que la caracteriza – Caspian le fue a interrumpir, pero con la vista clavada en el retrato del León que encabezaba la sala, Eustace no se lo permitió.- Se está muriendo, Caspian.

- ¿Está enferma? – alarma, preocupación, desespero, angustia, dolor… Tantas cosas juntas provocaron que el Rey que se había incorporado cayera sentado sobre la silla nuevamente.

- Por supuesto que no está enferma – una sonrisa apareció en sus labios ante la ingenuidad de Caspian.- Te echa de menos, Caspian, y lo que siente por ti la está matando. Se ha encerrado en sus estudios, solo habla conmigo cuando la llamo y solo tiene relación con Edmund y con Peter – Caspian casi temió preguntar qué había pasado con Susan.- Está en América viviendo en casa de unos amigos de sus padres, por lo visto parece que va a ser prometida pronto y Lucy no está del todo de acuerdo con ello.

- ¿Por qué? Lu siempre respetaba las decisiones de Susan.

- Ya, pero ese compromiso la está alejando de ellos y de Narnia… Susan ya no cree – soltó un resoplido y el joven Rey tuvo que abstenerse de encogerse de hombros.- El caso es que Lucy te necesita, Caspian, pero no te tiene.

- Yo también la necesito a ella, Eus, cada noche desde que se fueron la he pasado implorando al Gran León para que me dé una respuesta al por qué se la llevó, por qué la separó de mí… ¿Es una especie de prueba acaso? ¿O quizás un castigo por algo malo que no recuerdo haber hecho? – Jugaba con su comida mientras hablaba, haciendo todo lo posible por no mirar a Eustace o vería las lágrimas que asomaban con salir de sus ojos.- Ella ha sido, y siempre será, mi única Reina.

- No te preocupes, algo podremos hacer… De otra manera, yo no estaría aquí.

Caspian sonrió ante los ánimos del niño que, al final, se decidió a comer todo lo que se le había servido.

Después de llevarlo a su habitación Caspian acudió de nuevo solo a la sala reconstruida de los Cuatro Tronos, pero esta vez se detuvo ante un cuadro que estaba oculto entre las sombras cubierto por una tela de terciopelo rojo, el favorito de Lucy. Agarró un extremo y tiró con fuerza, logrando que la pesada tela cayera al suelo con suavidad y lentitud, sin hacer mucho ruido.

Entonces Caspian se sentó en el suelo y clavó la vista en el cuadro, en él había una playa enorme, una de las muchas que habían visitado en su travesía por las islas del este, y en ella una joven de larga melena dorada por el reflejo de los rayos del sol se bañaba con sutileza y metros más atrás, un joven la observaba.

Amaba ese cuadro, gracias a él había conseguido superar muchas noches difíciles, como la presente en la que en su interior se mezclaban la esperanza y la desesperanza, el miedo de hacerse ilusiones con el de ser herido nuevamente.

Soltó un suspiro.

Fe, Caspian, fe…


Continuará...

Nyaaaa Llegó a su fin el segundo capítulo =3

¡Espero que os haya gustado w!