2

Nueva York. Época actual.

Splinter hizo una breve pausa en su relato. Las cuatro Tortugas Ninja esperaban ansiosas en silencio a que su sensei continuara con su historia.

-El paso del tiempo solo hizo empeorar la rivalidad que existía entre Oroku Nagi y mi maestro Yoshi. Ambos, como les he dicho, competían ferozmente en todo… incluso, en el amor de una joven mujer llamada Thag Shen. Ambos trataron de conquistarla, pero desde el comienzo ella solo amó a uno de ellos: a mi maestro Yoshi.


Japón. Veinte años atrás.

Yoshi y Thag Shen paseaban juntos de la mano por un bello jardín al atardecer. Las mariposas revoloteaban por el aire y la feliz pareja se detuvo a la vera de un estanque, desde donde contemplaron un cisne nadando junto a sus crías recién nacidas.

-Que hermosa visión – comentó Shen.

-No tanto como contemplar la tuya, amada mía – dijo Yoshi.

Shen se ruborizó. Abrió un abanico y se tapó la cara con él, mientras sonreía.

-Yoshi-san… dices unas cosas atrevidas…

-Pues es la más pura verdad, Thag Shen. De solo contemplar tu belleza, la belleza de la naturaleza palidece. Incluso, la luna y las estrellas en los cielos envidian tus hermosos ojos y esa piel suave. Las flores ni alcanzan a competir con tu perfume.

-Yoshi-san, basta, por favor…

-Toda la Creación palidece ante ti, mi amada. Esa es la verdad.

Ambos se miraron a los ojos, sonriendo.

-Te amo – le confesó él.

-Yo también – respondió ella.

Se besaron con dulzura en la boca. Lo hicieron sin saber que desde cierta distancia y oculto tras unos arbustos, alguien los espiaba…

Frunciendo el ceño y apretando los puños, Oroku Nagi juró que aquella sería la última vez que su rival le ganaba en algo.

Mas tarde, esa misma noche, Oroku Nagi acudió al hogar de Thag Shen. Entrando precipitadamente en la casa, le exigió a la mujer que lo amara. Lejos de lo por él esperado, Shen lo rechazó de nuevo, más energicamente, si cabe…

-¿Cómo podría amarte, Nagi-san, si mi corazón ya tiene dueño? Le pertenezco a Hamato Yoshi. Vete y no insistas más, por favor.

-¡Maldita perra! – Nagi la abofeteó cruelmente - ¿Lo prefieres a él antes de que a mí? ¡Puta ingrata!

-¡Sí! ¡Lo prefiero a él antes de que a ti! – le espetó Shen, enfrentándolo - ¡Él es un hombre de verdad, no un cobarde enfermo que golpea a las mujeres!

-¿Ah, sí? ¡Pues entonces reza para que venga y te rescate, porque esta noche recibirás la paliza de tu vida, zorra inútil!

Nagi golpeó salvajemente a Thag Shen. Fue tal la paliza que le dio, que la pobre estuvo a punto de morir esa noche. Por suerte para ella, Hamato Yoshi había acudido a visitarla y al entrar en la vivienda se encontró con el patético cuadro de un hombre enajenado ejerciendo una terrible violencia física desmedida contra una inocente mujer.

-¡Shen! ¡Oh, dioses…! ¡NO!

-¡JA! ¡Pero si es el perro de Yoshi! – escupió Nagi al verlo - ¡Si yo no puedo tenerla, nadie la tendrá! – de nuevo, abofeteó a Shen en presencia de su amante.

Al ver aquello, la ira se apoderó de Yoshi. El mundo se volvió rojo para él y se arrojó contra Nagi, batiéndose con él en un feroz combate a puño tendido.

Cuando todo acabó, Nagi ya no existía.

Yoshi ayudó a Shen a ponerse de pie y curó todas sus heridas. La abrazó y le juró que nunca más nadie le volvería a poner una mano encima.


Nueva York. Época actual.

-Pese al acto heroico de salvarle la vida a Shen, la vergüenza de Yoshi fue grande – continuó relatando Splinter a sus tortugas – Al matar a otro miembro de su clan, se deshonro a sí mismo. Sus opciones eran simples pero no fáciles: quitarse la vida y esperar ser honrado en la próxima, o huir con Shen a otro país y tratar de iniciar sus vidas nuevamente. Obviamente se decidió por esto último. Llevándose sus pertenencias, entre las que estaba yo dentro de mi jaula, vino con Shen a Norteamérica, a Nueva York, donde formó una escuela de Artes Marciales.

Splinter calló. Aguardó en espera de alguna pregunta de sus discípulos. Finalmente, fue Leonardo quien se atrevió a hacérsela.

-Maestro… ¿Acaso podría ser que Oroku Nagi sobreviviera pese a todo a su lucha contra Yoshi? ¿Es él ese "Destructor" del que tanto nos has prevenido?

-No, hijo mío. Oroku Nagi murió aquella noche en plena pelea a manos de mi maestro Yoshi… pero tenía un hermano. Su nombre era Oroku Saki y su historia no hacía más que empezar.