Capítulo 2:
Bella había oído cosas alocadas en su vida, como que a veces hay finales felices y no siempre todo termina en una catástrofe, pero nada había sonado tan descabellado como aquello que el hombre que estaba frente a ella le había dicho. En cuanto lo había observado, un tumulto de sentimientos había invadido su pequeño cuerpo… Había sentido mucho miedo de lo que él pudiese hacerle, de lo cruel que podría ser con ella sólo porque era una prostituta. También había sentido mucho nerviosismo y ansiedad acerca de lo que podía ocurrir en ese cuarto. Nunca había estado en esa posición, año tras año se había salvado de ser entregada a algún hombre y sabía que no podría escapar por siempre, pero no imaginaba que fuese a suceder tan pronto. Y por eso también una enorme tranquilidad la había colmado cuando él le había asegurado que no iba a aprovecharse de ella, que tenía una propuesta mucho mejor.
Claro que el hecho de ofrecerle ser su novia no se había cruzado por su cabeza, ni lo haría en un millón de años.
-¿Es broma?, preguntó algo confundida. Él no parecía estar mintiendo puesto que su rostro se encontraba contraído en una mueca de absoluta seriedad, pero lo que decía no podía ser verdad… La gente no va por allí todos los días proponiéndoles matrimonio a desconocidos, mucho menos a prostitutas.
-No, no estoy bromeando. Estoy hablando muy en serio.
El corazón de Bella había comenzado a latir más y mas fuerte con el pasar de los segundos. El peso de las palabras que él había dicho estaba haciéndole mella en la mente. Sentía la necesidad de levantarse y salir corriendo de allí, al igual que también quería quedarse para oír lo que aquel hombre quería decirle. Realmente no sabía qué hacer, ninguna de las dos opciones parecía buena en el fondo.
-¿Por qué yo? Es decir… ¿Por qué una prostituta? ¿Qué podría darle yo a usted?, preguntó Bella notablemente afligida. A pesar de saber que era una muchacha hermosa e inteligente, no era ajena al hecho de que ella era una mujerzuela, una ramera sin futuro, que trabajaba para vivir al día y que se revolcaba con cuántos hombres pasaran por su cama. Por supuesto que Bella era virgen y jamás había estado cerca de involucrarse con alguien, pero aun así el título le dolía fuerte sobre el cuello y le provocaba un estigma que la perseguía desde que había llegado a aquel burdel.
Él hombre frente a ella era el sueño de cualquier mujer… Altísimo y con un cuerpo que parecía esculpido por los dioses, con el cabello de un tono entre cobrizo y chocolate, como nunca antes había visto. Sus ojos eran un deleite para ella, de un color verde esmeralda que le quitaba la respiración, sin contar que al parecer era un empresario exitoso y un hombre muy reconocido a nivel mundial. ¿Qué pensaría la gente si lo viera junto a ella? Si Bella aceptara aquella propuesta… ¿Qué dirían acerca de su anterior vida? No podía siquiera imaginarlo.
-Podrías haber sido tu o cualquier otra, solo necesito una persona que esté dispuesta a fingir que es mi mujer por algún tiempo y luego se vaya sin protestar ni hacer escándalos públicos.
Por alguna razón, ese comentario le dolió un poco. No hacía falta que dejara tan en claro que ella no era especial y que él podría cambiarla en cualquier momento… Bella sabía que no tenía nada digno de admiración pero no era cortés saberlo de aquel modo.
-No hay mucho tiempo para explicar aquí, debemos ser concisos y directos.
-Bien… Dígame que es lo que tengo que saber y luego veremos, respondió ella intentando demostrar la mayor madurez que le era posible. Si él iba a ser duro con Bella, también la muchacha lo sería con aquel hombre. Disimulando la molestia que llevaba encima, se cruzó de brazos y lo observó, esperando una respuesta.
Él la miró fijamente por algunos segundos de arriba hacia abajo y luego suspiró antes de comenzar a frotar sus ojos. Demonios, aquel hombre sí que era odioso. Apenas llevaba a su lado algunos minutos y ya sentía que lo odiaba. Sus miradas despectivas y sus comentarios estaban fuera de lugar y no eran para nada necesarios.
Si tan sólo supiera que Edward no pensaba eso de ella, sino que por el contrario, no podía salir del estado de fascinación que la muchacha le producía.
-Si aceptas te sacaré de aquí, serás educada para comportarte decentemente y actuaras como si fueras mi esposa en público, sin importar la ocasión. No podrás hablar de esto con absolutamente nadie y tendrás que acceder a hacer todo lo que se te pida, aunque no estés de acuerdo con ello. Firmaras un contrato de confidencialidad y recibirás un pago mensual por tus servicios, que será depositado en una cuenta corriente a tu nombre. Ese dinero será para lo que tú quieras gastarlo, puesto que lo que respecta en comida, ropa y otros objetos de primera necesidad correrán por mi cuenta. Harás esto durante todo el tiempo que lo precise y cuando ya no requiera de tu compañía deberás retirarte de mi residencia, sin comentar jamás a nadie sobre nuestro trato. ¿Entendido?
Bella se levantó de la cama y caminó lentamente hacia el lado más oscuro de la habitación, en donde pudiera pensar con claridad. Aquella era demasiada información como para procesarla en tan poco tiempo.
Lo que ese completo extraño estaba pidiéndole era que se convirtiera en su robot personal, en su muñeca inflable, en su títere. Él la manejaría a gusto y ella no podría quejarse en lo absoluto. Bella siempre había imaginado que cuando pudiera salir del burdel sería una mujer libre e independiente, que no precisaría de la ayuda de nadie para poder sobrevivir; todo lo contrario a lo que estaba sucediendo.
Todo eso era tan surreal y poco creíble que la cabeza le daba vueltas. Los mareos se volvieron tan potentes que tuvo que sentarse en el suelo para no caer de frente contra el piso. Y en cuanto se sintió mejor dejó salir de su cabeza la pregunta más importante que podría hacerse en un momento como ese: ¿Qué era mejor?
¿Qué le convenía más? ¿Seguir viviendo encerrada en un prostíbulo donde se la mataba de hambre a la espera de hombres que se cansarían de violarla, para no conseguir ni una moneda de recompensa? ¿O irse con aquel extraño que le proponía ser una controlada por tiempo indeterminado, pero que a su vez le ofrecía un mundo de mejores posibilidades?
Era una locura, pero cualquier persona cuerda se habría dado cuenta de que la segunda opción era mucho más beneficiosa que la primera, mucho más factible. Y no importaba si el tipo era un mentiroso y quería aprovecharse de ella, no importaba si era un psicópata que solo había ido a buscarla para asesinarla y dejarla tirada en un descampado, nada le importaba ya a Bella, solo quería salir de allí. Y además cuanto todo eso terminara, cuando la fantasía se cumpliera y ella dejara de ser una princesa para convertirse en calabaza, todavía tendría el dinero que se le iba a pagar cada mes, y sabía que podría hacer grandes cosas con ello, por más poco que fuera. Era su oportunidad de escapar, de salir por fin de aquella vida espantosa y triste, todo era perfecto.
Había pasado tantos minutos encerrada en sus propios pensamientos que no se había percatado de que el hombre estaba parado justo detrás de ella, observándola con aires de superioridad. Aunque el chico fuera un completo soberbio con el ego más alto que aquel edificio, estaba segura de poder soportarlo más que a la Señora Denalí.
-¿Cómo va a sacarme de aquí? Muchos han querido meterse conmigo y no han podido porque Carmen les exige mucho dinero.
-Si está dispuesta a aceptar pagaré lo que sea con tal de que sea mía.
Demonios… "Con tal de que sea mía". Es sonaba bien, bastante bien, y aunque el comentario había sido lanzado al azar Bella no había podido evitar que su corazón diera un pequeño salto al oírlo. Su vos varonil y tierna tampoco ayudaba mucho para apaciguar la belleza de aquel sujeto. Era delicioso contemplarlo, incluso hasta dolía un poco el vientre al ver tanta perfección.
-Entonces, ¿Acepta el trato?
Bella sonrió y luego se volteó para mirar al hombre. De cualquier forma, ya estaba condenada desde mucho antes de conocerlo.
-.-.-
Bella estaba temblando, y a pesar de que Edward la tenía de la mano y le había asegurado que todo saldría bien, no podía dejar de tener miedo. Sin que Carmen supiera, se había dirigido a la pocilga de su cuarto y había tomado las pocas pertenencias de que verdad tenían valor para ella, dejando el resto de cosas enterradas allí con su pasado. Se había quitado el vestido con lentejuelas de prostituta barata que se le había obligado a vestir y se había puesto unos vaqueros y una remera; lo más presentable que tenía en su escaso vestuario. Habría deseado haber tenido mejor ropa para lucir frente al que sería su futuro "novio", pero lamentablemente eso era lo mejor que tenía para ofrecerle.
-Tu no digas nada, yo hablaré. Allí afuera están mis hombres y ellos se encargaran de arreglar las cosas si es que algo malo sucede, le había dicho el hombre antes de guiarla por el oscuro pasillo de vuelta hacia la sala de estar. Ella quería despedirse de algunas de las chicas que allí vivían y que consideraba sus amigas, pero él la había arrastrado fuera del lugar en dos segundos. -No hay tiempo para que lo hagas.
En ese momento se encontraban frente a la puerta que daba al recibidor del edificio, y el corazón de Bella latía tan fuerte que estaba a punto de estallar. Se habían detenido porque él necesitaba enviarle un mensaje por móvil a su "custodio" antes de salir, para pedirle que estuviera atento a cualquier cosa que pudiera pasar. Esos segundos le habían permitido reconsiderar su decisión, evaluando los puntos positivos y los malos, pero había llevado a la misma conclusión sin importar cuantas veces pensara en ello: irse de allí era mejor que quedarse.
El hombre abrió la puerta y salió primero, mientras que Bella se encontraba pegada a su espalda y tomando su mano, casi escondiéndose de cualquier persona que pudiera estar allí. Su cuerpo se sacudía sin control y estaba a punto de tener un ataque de pánico.
-Bien, veo que le tomó más tiempo del adecuado percatarse de que la chica es guapa, habló la asquerosa voz de Carmen quien al parecer estaba sentada en alguno de los sillones que allí se encontraban. Bella levantó levemente su rostro para examinar la situación, y si antes estaba aterrorizada, el darse cuenta de que había al menos cuatro sujetos de la misma altura que su "novio" aguardando allí, vestidos con trajes y portando armas, no ayudo en nada a calmarla. Requirió de todas sus fuerzas no desmayarse en ese instante.
-Lamento la demora, pero es ella a la que quiero.
-Sígame y le asignaré un cuarto. ¿Usted hablará de las tarifas o sus amigos pagarán por lo que le hará a la chica?
Isabella se sentía a punto de llorar… No era necesario, estaba cansada de que todos la trataran como si fuera un objeto, un desecho asqueroso. No soportaba más los insultos de aquella vil mujer, y estaba más agradecida que nunca de haber aceptado irse de allí junto al muchacho.
-No precisamos de un cuarto, por si no ha comprendido mis intenciones, quiero comprar a Isabella y llevármela de aquí.
Él hablaba con dureza y su cuerpo estaba tenso, ella podía notarlo porque los músculos de su espalda estaban rígidos y duros, sin embargo su agarre era muy suave y hasta actuaba de forma protectora con ella, cubriéndola con su cuerpo de cualquier ataque que la mujer pudiera propiciarle. Era imposible no sentirse impresionada por semejante actitud.
-¿Comprarla? Debe estar bromeando, esta chica me pertenece y no está a la venta, respondió Carmen riendo sínicamente mientras se cruzaba de brazos. Los cuatro gigantes se acercaron un poco más al hombre, pero siempre guardando distancia. Bella comprendió que él era el jefe, y que el resto debía de ser un grupo de subordinados.
-Pagaré lo que sea para llevármela y para cerrarle la boca.
-No hay suma de dinero que lo cubra, señor. He esculpido a esta muchacha para convertirla en una puta decente, es lo mejor que tengo y no voy a permitir que se la lleve. Deberá pasar por mi cadáver antes de que le permita sacarla de aquí.
Él sonrió, mientras liberaba la mano de Bella. El temor de inmediato se apoderó de su cuerpo y las lágrimas se agolparon en sus ojos. ¿Tan rápido iba a darse por vencido? Debería haberse dado cuenta de que esa fantasía que él le proponía no podía ser cierta, y de que viviría encerrada en aquel lugar hasta el fin de los tiempos.
-De acuerdo, si así lo prefiere…
Luego de aquellas palabras todo se volvió borroso y oscuro, como si mil cosas hubiesen pasado en un segundo.
Edward empujó a Bella hacia los brazos de Emmett y este la cargó sobre su hombro como si fuera un saco de patatas, mientras adentro todo se volvía un caos. La luz del sol le pegó fuerte en el rostro, y luego de unos segundos comenzó a llorar sin comprender lo que estaba pasando. Alguien la arrojó dentro de un auto y le propició un golpe en la cabeza lo suficientemente fuerte como para dejarla inconsciente en un segundo.
Lo último que recordaba había sido escuchar la voz de alguien diciendo "Todo está bien, las chicas fueron liberadas, Jasper y Jacob se encargaron del cuerpo" antes de que sus oídos se cerraran y todo se quedara en profundo silencio.
Hola lectores, espero que les haya gustado el capítulo. Decidí subirlo como regalito por esta navidad y en forma de agradecimiento a las chicas que comentaron el capítulo anterior... Muchas gracias a todas, sus palabras me dieron ganas de escribir más y más. Si les gusta la historia les pido que me ayuden agregando a favoritos o dejando un comentario, así podrán estar al día cuando actualice. Ahora si, me despido de ustedes y les deseo unas hermosas fiestas, que todos sus sueños se cumplan y disfruten mucho. Nos leemos pronto, muchas gracias.
