Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen. Ninguno.
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Hola a todos, ¿cómo están? Espero que bien y ojalá el inicio les haya gustado, aunque sé que el Prólogo no es exactamente sustancioso. Como sea, acá está -como prometí- el capítulo 1. Un capítulo por día. Y ojalá sea de su agrado. Desde ya, y como siempre, mil gracias por tomarse el tiempo de su día para leer mi humilde historia. Y, si no es mucha molestia, realmente me gustaría saber qué piensan al respecto. En fin, no los molesto más. ¡Gracias! (de nuevo). Ojalá el capítulos les guste... ¡Nos vemos y besitos!.
El legado de Viento y la voluntad de Fuego
I
"Otro lugar más del que sostenerse"
Ser reconocidos... U-Un día... q-quiero serle útil a a-alguien más...
Q-Quiero ser... r-reconocida... Ser necesitados... Un día, quiero que alguien me necesite, también... Si, un día. Esos habían sido sus pensamientos, aquel día, y desde hacía ya un tiempo en sus vidas. Eso era lo que más habían deseado, con todas sus fuerzas. Con todo su ser. Y habían volcado toda su existencia en ello. Todo lo que eran en ello. Y a veces, eso parecía suficiente. Otras no tanto. Otras simplemente no. A veces, el mundo parecía un poquito menos solitario. Pero no siempre, nunca siempre. Porque nada era para siempre. Y como ninjas, eso ellos lo tenían claro. O, a veces, creían tenerlo.
Hinata, por su parte, no era del tipo que daba las cosas por sentado. Del tipo que confía en que todo estaría en el lugar que estaba el día anterior, simplemente porque lo estuvo. Por una sencilla razón. En su vida, nada había sido fácil, ni entonces ni ahora. Nada le había sido entregado sin tener que dar algo a cambio. Nunca, de hecho, lo había sido. Y eso hacía que se esforzara más, más que los demás, más y más, día a día. Un poquito más. Eso la hacía quien era. La hacía fuerte, a su manera. Porque no se rendía, no se dejaba vencer. No bajaba los brazos. Y nunca lo haría, porque era eso o nada. Continuar o desertar. Y continuar era su elección, porque ese era su camino ninja. Ese era el camino que había elegido, y el único que conocía. Y así muriera en el intento, lo seguiría hasta el final.
—No puedo... —jadeó en voz baja, alzando una vez más los brazos frente a su cuerpo a modo defensivo— r-rendirme ahora...
Neji, frente a ella -y como siempre-, no se sorprendió de la ferviente determinación de Hinata. Esa misma determinación que había odiado durante los exámenes chuunin y que lo había llevado a tal punto de frustración que se había sentido capaz de matarla. Esa misma determinación que ahora respetaba incluso. Pero él sabía, porque Neji era un realista y como tal no podía permitirse el ser iluso, que con solo determinación no llegaría lejos. Que era condición necesaria, sí –Naruto le había enseñado que era aún más indispensable que todo lo demás-, pero no suficiente. Si deseaba mejorar, si deseaba ser reconocida como lo deseaba –ante los ojos de su padre-, debería entrenar duro. Debería forzar sus límites, doblarlos, y quebrarlos incluso. Debería estar dispuesta a quebrar todos y cada uno de sus huesos, si eso fuera necesario. Y él sabía perfectamente que ella lo estaba, que estaba dispuesta. Dispuesta a todo. Como aquella vez, que había estado dispuesta a morir en manos de él solo por mejorar, así fuera un poquito, así fuera para producir el más ínfimo cambio. Y el progreso de su entrenamiento era prueba de ello, prueba de que la determinación seguía allí, intacta, en su espíritu gentil. Aunque, en ocasiones, solía ser demasiado gentil, y esa era su objeción respecto a su persona.
—Hinata-sama, tu defensa aún es débil —dijo, en tono serio. Y ella solo asintió, obviamente concentrada en mejorar su postura.
Últimamente, se había concentrado en ello. En mejorar su postura en batalla. Sabía que lucía débil y frágil, y sabía que no debía hacerlo. Por esa razón, se esforzaba, entrenaba día y noche e incluso se examinaba frente al espejo en intentaba ubicar y corregir los errores. No quería ser el blanco fácil de su equipo ni de todos los que fuera a conformar en el futuro, no quería ser la debilidad de los demás. Por eso, había pasado semanas enteras intentando corregir aquello. Con Neji, con Shino y Kiba y aún en soledad. No lo negaría, le dolía todo el cuerpo pero eso era algo que no admitiría. Aún en las noches, tenía problemas para encontrar una postura en la cual dormir a causa de los dolores y calambres musculares. Pero Hinata sabía que ese era el precio a pagar. Y estaba dispuesta a pagarlo, con tal de mejorar.
—Por favor N-Neji-nii-san... no te contengas —aunque, a aquellas alturas, ya no lo hacía. De hecho, nunca lo había hecho. Quizá por esa razón, o por su cruda forma de decir verdades, era que –en ocasiones- Hinata prefería entrenar con él, en vez de con Shino y Kiba. Apreciaba a sus compañeros de equipo y a su amabilidad, en verdad lo hacía, con todo su corazón, pero ellos eran... más suaves con ella. Y Hinata lo sabía, que ellos se contenían. Que intentaban cuidarla, y que se esforzaban por no dañarla. Era también por esa razón que los apreciaba tanto, pero era por lo mismo que no era tan fructífero entrenar con ellos. C-Concentrarme... Por lo que simplemente cerró con suavidad los ojos, permitiéndose percibir todo a su alrededor, antes de abrirlos repentinamente con el Byakugan activado; al tiempo que sus dos manos se alzaban para detener un ataque de Neji y proteger su cuerpo del Juken de él.
Sin embargo, —Muy lenta —dijo el Hyuuga, y agachándose a toda velocidad la barrió con su pierna. Hinata, inevitablemente, cayó de espaldas a la tierra del patio delantero del complejo del clan. Entristecida, observó de reojo a su padre –que pasaba en ese instante por ahí- seguir caminando con un gesto negativo en el rostro.
Mordiéndose el labio inferior, bajó la mirada, intentando ocultar su rostro avergonzado y su expresión de dolor de los ojos impasibles de su primo. A-Aún no... Pensó apesadumbrada. No obstante, se sorprendió al ver la aparición de una mano pálida, abierta y extendida delante de sus orbes perladas. Parpadeando, y evitando lucir aún más patética de lo que probablemente ya lucía, lo miró sorprendida. Por supuesto, Neji desechó la importancia del acto como cualquier otro acto rutinario –cuando definitivamente no lo era-, con la impecable compostura y cadencia que solía rodearlo. Con absoluta dignidad, e indiferencia. Como si no supiera que ella estaba sorprendida por el gesto. Aunque Hinata supuso que hacerlo aguardar por más tiempo con la mano extendida –cuando finalmente su primo había salido de su zona segura para hacer tal gesto- no lo complacería en absoluto. Por lo que, con timidez, finalmente, aceptó la mano de él; depositando la suya pequeña en la palma sudada de su primo, con suma delicadeza y cautela, como temiendo que él fuera a arrepentirse de un momento al otro —Esto... Gracias... N-Neji-nii-san... —sonrió suavemente.
Él solo asintió a secas, a la par que daba un tirón en su dirección para ayudarla a levantarse del suelo. Era poco grácil que la heredera del clan permaneciera sintiendo lástima de sí misma en la tierra, y patético además. Hinata necesitaba tener más confianza en sí misma, o eso creía él. Aún así, había notado una considerable mejora en ese aspecto. Hinata lucía, en aquel último tiempo, bastante más animada. Más resistente al fracaso. Como si finalmente hubiera encontrado la fuerza para mantenerse en pie, o –quizá más correctamente dicho- hubiera renovado dichas fuerzas, hubiera encontrado otro lugar más del que sostenerse. Y él comprendía perfectamente de qué se trataba.
Sonrojada, sintiéndose demasiado traslúcida a la vista de él, Hinata desvió la mirada en dirección a la salida —Esto... ¿O-Otra vez...?
Él abandonó su temporal estado de ensimismamiento, únicamente para asentir —Hmp —y volver a tomar distancia respecto de ella. Al verlo adquirir la postura característica de ambos, Hinata hizo lo mismo. Volvió a cerrar los ojos.
Y Neji, una vez más, arremetió contra ella; con ambas manos alzadas y listas para golpearla. E-Esta vez... lo lograré... lo h-haré... Neji-nii-san... —Yo s-se... que puedo... —y, sin nada más que decir, volvió a descubrir sus ojos níveos y a bloquear el ataque. Esta vez, no obstante, Neji no se agachó para hacerla trastabillar, sino que intentó golpearla con la mano en el rostro, apuntando siempre a la cabeza—. A-Ah... —pero, afortunadamente para ella, logró bloquearlo cruzando ambos antebrazos delante de sí misma y se forzó una vez más a tomar distancia. Y por la expresión en los ojos de Neji, pudo colegir que su reacción había sido correcta, y que estaba satisfecho por la forma en que ella había manejado la situación, lo cual le causaba alivio. Neji rara vez reconocía algo de tan poca magnitud –así fuera solo con una mirada menos severa-, pero eso significaba que estaba mejorando. Que había dado un paso más hacia delante, o quizá dos.
—O-Otra... vez... —jadeó, él la observó en silencio y luego negó calma y seriamente con la cabeza. Forzarla no ayudaría en nada, solo disminuiría el ritmo y nivel del entrenamiento y el sentido de este se perdería también. No le serviría a ella, y definitivamente no sería de utilidad alguna para él.
—Hinata-sama, no creo que-
—¡P-Por favor! —exclamó apresurada, y al ver que había elevado ligeramente la voz (aunque aún entonces había sonado suave) cubrió avergonzada, su boca con sus pequeñas manos. Sonrojada, se encogió en su lugar. Tenía que esforzarse más. Más, un poco más. Tenía que ser fuerte, aquel cansancio que sentía y el dolor en su cuerpo no eran nada. Nada comparado con la tristeza de no ser reconocida, con la sensación de sentirse una carga para el resto. Y ya no quería ser una carga. Lo había decidido, más que nunca, ese día hacía un año atrás. Lo había decidido y se apegaría a ello, porque ese era su camino ninja. Esa era ella, esa era su vida—. L-Lo siento... yo no... no q-quise... Por f-favor, Neji-nii-san... atácame u-una vez más...
Asintiendo, con suma formalidad, volvió a colocarse en posición. Y ella hizo lo mismo. Sin embargo, la aproximación de una persona familiar al complejo los detuvo a ambos de retomar el arduo entrenamiento. Neji, al contemplar la figura detenerse en la entrada, se irguió. Hinata, de forma más retraída, hizo lo mismo; observando de soslayo cómo su primo comenzaba a dirigirse de regreso a la gran casa de madera —Creo que eso es todo por hoy.
Y lo era. Con suavidad, Hinata movió su cabeza afirmativamente e inclinó su cuerpo en una reverencia de agradecimiento —G-Gracias, Neji-nii-san... —aunque este, por supuesto, no dijo nada. De todas formas, no esperaba otra cosa, no de él. Neji no era sentimental, y desde que Hinata tenía memoria nunca lo había sido. Sin embargo; sabía que a su modo, serio y formal, Neji sí demostraba lo que estaba en su mente, sí exteriorizaba sus pensamientos. Y esa era su forma de hacerlo. Hinata, suspirando apocadamente, se volvió al recién llegado; quien aguardaba en la entrada del complejo con una alegre y despreocupada sonrisa plantada en el rostro. Junto a él, un gran perro blanco agitaba la cola con la misma alegría que su amo.
Al verla ver en la dirección de él, Kiba gritó —¡Oy, Hinata!
La joven Hyuuga asintió, sacudió sus ropas y se apresuró a encontrarse con su compañero de equipo; el cual continuaba sonriendo con sus colmillos expuestos. Aunque, al verla acercarse, las comisuras de sus labios flaquearon ligeramente —B-Buenos días, K-Kiba-kun...
El Inuzuka colocó una mano sobre la peluda cabeza del inmenso can, al tiempo que la inspeccionaba con sus ojos negros de pies a cabeza —Ajá...
Hinata, cohibida, bajó la mirada —Esto... ¿S-Sucede algo malo, Kiba-kun...?
Este rascó su nuca, clavando su mirada en un moretón particularmente feo sobre el dorso la mano derecha de la chica —Oy, ¿no estás esforzándote demasiado?
Ella observó el hematoma y escondió su mano tras su cuerpo. Sabía lo que pensaba Kiba, y sabía que solo se preocupaba por ella, como Shino. Ambos se preocupaban demasiado por ella, y ella quería demostrarles cuan agradecida estaba por cuidarla por tanto tiempo, mejorando. Convirtiéndose en una mejor kunoichi. Pero a veces, solo a veces, sentía que la cuidaban demasiado. Kiba más que Shino, quizá, pues a pesar del rudo y tosco exterior el castaño se preocupaba por sus compañeros, aún cuando fuera demasiado orgulloso para admitir que lo hacía.
—¿Y eso es m-malo... Kiba-kun...?
Él parpadeó desconcertado. Por alguna razón, siempre que quería ayudar a Hinata terminaba metiendo la pata. Siempre terminaba cometiendo un error o diciendo alguna estupidez que solo lograba desanimarla más. Como aquella vez, aquella vez que había intentado ayudarla a que saludar a Naruto en Ichiraku y había terminado involucrándola en una situación donde se encontraban Naruto y Sakura, en una especie de cita, que no lo era –no, realmente-, pero eso no había cambiado nada. Si, esa vez se había equivocado. Y el sinnúmero de veces aumentaba y aumentaba más día a día. A aquellas alturas debería haber aceptado que no tenía el tacto necesario para tratarla, que era demasiado impulsivo y su bocota demasiado grande –y quizá su cerebro demasiado chico- para ayudarla, pero no podía aceptar la derrota. Simplemente no podía dar el paso al costado, no podía rendirse. En ese sentido, sí debía admitir, era casi tan terco y orgulloso como Naruto. Y poco podía importarle todo lo demás.
—Heh —rió finalmente, recobrando su habitual sentido del humor—, supongo que no.
Hinata asintió, devolviéndole una cálida y tímida sonrisa —Gracias... Kiba-kun...
—¡Pff! No tienes que agradecer por cualquier tontería, no conmigo, ¿sabes? ¡Cielos, eres tan cordial... me haces sentir como un salvaje! ¿Cierto Akamaru? —bromeó, recobrando la confianza también. El perro, en respuesta, devolvió un ladrido a su amo, meneando la cola de un lado al otro.
—Oh... buenos d-días a ti también Akamaru... —susurró, acariciando con gentileza y por primera vez en el día la suave cabeza del animal. Al ver la mano de ella acercarse, Kiba retrajo la suya que aún mantenía en la cabeza del can, como si fuera a quemarle—. ¿Esto... Kiba-kun?
¡Maldición! Insultó en su cabeza, ¿lo había notado? ¿Había malinterpretado su estúpida evasiva? Suponía que a aquellas alturas todo debería haber retornado a la normalidad. Los exámenes chuunin habían sido hacía ya casi un año, Sasuke hacía también bastante que había retornado a la aldea, y Naruto y él eran chuunin desde hacía el mismo tiempo también. Sin embargo, nada había retornado a la normalidad. Y le fastidiaba de sobremanera que no lo hubiera hecho. A aquellas alturas, ya debería de habérsele metido en su duro cráneo que era estúpido seguir pensando de esa forma. Seguir actuando con ella de esa forma. No tenía ningún sentido. Shino lo había dejado en claro.
—¿K-Kiba-kun... estás... bien?
La observó desconcertado, ¿tan ido estaba? —Heh, si, si. Ya sabes, yo siempre estoy bien.
Hinata asintió con una suave sonrisa —Me alegro... Umm... pero... Kiba-kun, ¿qué haces aquí?
El castaño soltó una carcajada. ¡Oh, Dios, se estaba volviendo estúpido! Estaba exagerando las cosas, para variar. Y es que no podía evitarlo, así era él. Todo en Kiba era brusco y desmesurado. Nunca se detenía a usar la cabeza realmente, no como Shikamaru —Hablando de Shikamaru...
—¿Shikamaru-kun? —cuestionó Hinata, ladeando la cabeza ligeramente—. Acaso... ¿s-sucedió algo...?
—¿Uh? —exclamó, no pudiendo evitar soltar otra carcajada. Lo había vuelto a hacer. ¡Cielos!, ya parecía Ino, no censurando sus pensamientos. Pero, una vez más no podía evitarlo, no era bueno pensando lo que decía, era mejor diciendo lo que pensaba. Y decir lo que pensaba era lo que hacía—. ¡Nah! Me refiero a que tenemos una misión.
—¿M-Misión?
—Ajá —exclamó él emocionado. La excitación de las misiones era lo suyo, de hecho vivía para sentir las descargas de adrenalina de una batalla. Quizá, por esa razón en primer lugar, se había vuelto ninja. Era el riesgo lo que le atraía—. Shino me envió a buscarte.
—¿Shino-kun también irá?
—Eso parece —sonrió, colmillos expuestos y todo—. Shikamaru le dijo a Shino que nos avisara.
—O-Oh... Entonces Shino-kun y S-Shikamaru-kun también irán... —musitó, para sí, volviendo por un instante la vista a su casa. Quizá debería avisar que se marchaba, aunque suponía que su ausencia tendría a su padre sin cuidado. Además, creía que podría regresar antes de partir –adonde fuera que fueran- para recoger sus cosas, cambiarse y despedirse de todos. Si, eso haría.
Kiba la sacó de su estado de ensimismamiento —¿Vamos?
Volviéndose a él, asintió —S-Si, lo siento... —y, sin decir más, ambos abandonaron el complejo Hyuuga y se dirigieron en dirección al despacho de la Hokage.
Era un día bonito, debía admitir. Soleado, como sus días favoritos. Ni muy cálido ni demasiado fresco. De hecho, la suave brisa que corría por las calles de la aldea, y que se entremezclaba de vez en cuando en su larga cabellera índigo, la hacía sentirse en paz. Calma. Aún cuando todo su cuerpo le dolía a causa de haber estado entrenando, se sentía bien. Se sentía ligeramente más animada, como si pudiera lograr lo que se propusiera si continuaba entrenando. Como si todo fuera a estar bien. Y esto no pasó desapercibido a los ojos del Inuzuka, quien sonrió de lado al verla.
—¡Oy, ¿y la sonrisa a que se debe? —exclamó, mirándola de lado.
Hinata sobresaltada, se sonrojó. En realidad, no había estado pensando en nada ni en nadie en particular. Simplemente había estado disfrutando lo agradable del día, como solían hacer los tres cuando eran Genin; sin embargo, la forma bufona en que había dicho aquello la había hecho sentirse extraña. Como si estuviera teniendo un pensamiento privado que ni siquiera había tenido, al menos no aún, y que no quería compartir con nadie por ser vergonzoso.
—Y-Yo no... no estaba... pensando... en... —tartamudeó, poniéndose nerviosa. ¿Por qué de repente su corazón se había acelerado violentamente? ¿Por qué se sentía nerviosa? No había motivo, ella no había estado pensando en nada que no debía... No había estado pensando en nadie en particular— en...
Kiba carcajeó. Era fácil, en efecto, demasiado fácil incomodarla. Siempre lo había sido, y le encantaba fastidiarla de esa forma. Le encantaba hacerla sentirse de esa forma, porque era él quien podía hacerlo. Y porque esa era su forma de relacionarse con ella, su forma de estar con ella —Heh, solo bromeaba... —rió. Y ella se encogió en su lugar, aún más abochornada.
—Eso fue c-cruel... Kiba-kun... —susurró. Y Kiba sonrió alegremente.
—Lo siento, lo siento —volvió a reír. Si Shino estuviera allí probablemente ya le estaría reprochando el causarle tanto estrés a Hinata, pero no podía evitarlo. No que lo intentara realmente—. Pero mira el lado positivo, ya llegamos.
Hinata miró al frente, recobrando poco a poco su tonalidad pálida habitual. En efecto, Kiba tenía razón. Habían llegado. Allí, a no más de unos metros, se encontraban Shino y Shikamaru, ambos aguardando al pie de la escalera de piedra que llevaba al despacho de la Hokage, ambos en silencio. El primero, su compañero, como siempre, vestía sus amplias ropas oscuras, sus gafas y tenía ambas manos en los bolsillos. Luciendo serio y formal. Shikamaru, por otro lado, y a pesar de que también tenía las manos en los bolsillos, lucía simplemente aburrido. Serio, si; porque Hinata sabía que Shikamaru era serio, pero más aburrido que otra cosa. Kiba, al verlos, amplió su canina sonrisa.
—Oy, oy —saludó, agitando una mano en el aire—. ¿Por qué las caras largas? ¿Les mataría sonreír?
Debajo de todas esas ropas, y tras los lentes oscuros, Shino frunció el entrecejo —Ese es un comentario grosero, ¿por qué? Porque hiere los sentimientos de los camaradas.
El Inuzuka, ante esto, lo miró con incredulidad. ¿Acaso lo decía en serio? Si, probablemente ¿Podía ser alguien más ridículo? Lo dudaba. Pero Shino era absurdo, de eso estaba %100 seguro —¡Cielos!, solo era una broma... No tienes sentido del humor.
Y, sin decir más, pasó entre Shikamaru y Shino y comenzó a subir las escaleras solo. Hinata, preocupada, observó a los primeros —Esto... Shino-kun... estoy s-segura que Kiba-kun no quiso...
Pero el Aburame solo negó con la cabeza y simplemente comenzó él también a subir las escaleras. Hinata sabía que estaba enfadado, enfurruñado, y que lo haría saber en algún otro momento porque Shino rara vez dejaba pasar las ofensas, y Kiba solía ofenderlo seguido. Y, aunque sabía que no era nada grave, no realmente, porque así eran ellos; no podía evitar entristecerse al ver a sus dos amigos actuar de esa manera. No podía evitar sentirse triste por ellos. Lo cual no pasó desapercibido a Shikamaru, pero no dijo nada. En parte, porque no era asunto suyo –no realmente- y, en parte, porque era problemático. Aún así, sentía algo de empatía por la pobre muchacha. Aún cuando nunca había hablado realmente demasiado con ella, con la excepción de aquella vez en que ella le había pedido ir con él a buscar a Temari hasta donde los hermanos de la aldea de la arena habían estado alojándose -y ni siquiera entonces-, sentía algo de empatía. Kiba era igual de problemático que Ino, y que Naruto.
Encogiéndose de hombros le dedicó una mirada que claramente indicaba que nada podía hacerse al respecto, y comenzó a subir él también. Después de todo, Kiba no tenía remedio. Y ella, al ver que Shikamaru también se marchaba, lo siguió apresuradamente. Ascendiendo las escaleras y cuidando de no tropezar. Sus ojos blancos siempre clavados en la entrada del despacho, al cual ingresaron segundos después.
Kiba y Shino, por supuesto ya estaban allí aguardándolos, ambos de pie frente a la voluptuosa mujer rubia. El primero de los dos, al oírlos entrar, se volteó —Oy, ¡tardaron demasiado!
Hinata se dispuso a disculparse —L-Lo…
Sin embargo, la voz perezosa de Shikamaru la silenció—¡Tsk! Mira que eres problemático… ya estamos aquí…
El Inuzuka solo rió, Shikamaru no había cambiado mucho desde la academia. Seguro, era ahora más serio y responsable. Pero, por otro lado, siempre lo había sido. Al menos cuando debía serlo, solo que quizá ahora era un poco más maduro. Y Kiba quería creer que, de alguna forma, todos ellos lo eran. Incluso él, incluso en sus momentos infantiles y de estupidez, incluso entonces, o eso le gustaba pensar. Aún sonriendo, se volteó hacia la mujer una vez más, observando de reojo a Shikamaru pararse junto a Shino, mientras que Hinata había optado por permanecer al lado de él. Lo cual, debía admitir –aunque jamás en voz alta- le complacía. Pero de momento debería ocuparse de cosas más importantes. Al parecer, Tsunade se estaba impacientando.
Carraspeando burdamente, la mujer atrajo la atención de todos. Su semblante, tal y como el Inuzuka había considerado, denotaba impaciencia —Tengo una misión para ustedes. Shikamaru —alzó la voz, dirigiéndose al mencionado—, tú serás el encargado de coordinar la asistencia.
Kiba enarcó una ceja, interrumpiendo sin siquiera pensarlo —¿Asistencia? —y es que eso simplemente no sonaba excitante en absoluto. De hecho, sonaba plana y simplemente aburrido.
Tsunade, por supuesto, no se mostró complacida por la interrupción —En efecto, su misión es asistir en la coordinación conjunta de los exámenes chuunin con Sunagakure. ¿Algún problema?
Los ojos pálidos de Hinata se abrieron ligeramente, a la par que un pequeño sonrojo aparecía adornando sus redondeadas y habitualmente pálidas mejillas. ¿S-Su... Suna...gakure...? Pensó, sintiéndose de repente nerviosa, y tonta a la vez por reaccionar de aquella manera. Pero no podía evitarlo. De repente, había comenzado a sentirse demasiado conciente de sí misma, de su postura, de su cuerpo, de que sus palmas sudaban, de que el sonrojo estaba trepando alarmantemente en la escala de colores, de que las rodillas le temblaban ligeramente, de las miradas de sus compañeros de equipo sobre ella, de la expresión de Tsunade que continuaba contemplándola con curiosidad, y quizá algo de temor de que fuera a perder el conocimiento allí mismo. No lo haría, por supuesto que no.
—Hinata, ¿estás bien? —le preguntó la Hokage.
La chica sacudió suavemente su cabeza para intentar desembarazarse. Sin embargo, comprendió enseguida el error que había cometido; todos en la sala habían interpretado que no, que no estaba bien, y que corría riesgo de perder el conocimiento —¡N-No...! D-Digo... si... yo... Esto b-bien... ¿Por que... —bajó la cabeza, ocultando su vergüenza tras su largo flequillo— porque n-no estaría b-bien...?
Tsunade, complacida, asintió dando por concluida la conversación —¡Bien! Entonces, partirán lo antes posible —a la par que los desahuciaba con un gesto despreocupado de su mano. Shizune, que había permanecido en silencio todo el tiempo, parada detrás de la Hokage, observó con preocupación a la rubia. Pero decidió aguardar a que todos se hubieran marchado para decir lo que tenía en mente.
—Tsunade-sama, ¿cree que esté bien?
La mencionada cerró los ojos, descansando su mentón sobre sus manos entrelazadas, mientras una suave sonrisa adornaba sus labios —Quien sabe...
—¡¿Eeehhh?
