Perfecta

"¿Quieres que te tome una foto?", le preguntó Will a Lizzie.

"Claro, gracias", le dijo ella dándole la cámara.

Sus dedos se rozaron cuando él la tomó y Will sintió como una corriente eléctrica lo recorría desde la punta de sus dedos hasta el centro mismo de su corazón.

"¿Así estoy bien?", preguntó Lizzie después de unos segundos y Will se dio cuenta de que se había quedado mudo mirándola.

"Eh… sí…", '¿Qué si estás bien? Estás más que bien, estás increíble', pensó y rogó que su expresión no delatara lo embobado que estaba. "Pero mejor gira un poco hacia allá para no quedar a contraluz", agregó recobrando la normalidad.

"Bueno…", dijo Lizzie haciendo lo que él le pedía. "¿Eres fotógrafo? Parece que sabes lo que haces."

"No soy fotógrafo pero me gusta mucho", 'Tú me gustas mucho', dijo su subconsciente descaradamente. Will aprovechó la excusa de estar detrás de la lente para mirarla –admirarla- libremente. Con cada toma se sentía más atraído, ella posaba divertida, haciendo caras raras o simplemente sonriendo y pronto Will se encontró riendo con ella.

'Por Dios, qué sonrisa!', pensó Lizzie maravillada y por un instante se quedó sin aliento. Entonces él la miró extrañado y ella reaccionó.

"Suficiente ¿no? Ahora déjame a mí. Dame tu cámara", le pidió Lizzie mientras se levantaba para dejarlo en su lugar.

"No, no me gusta posar", replicó Will poniendo una mano delante suyo a la defensiva.

"Vamos! Mira la vista. Tienes que tomarte una foto aquí, para recordar el momento." Sin esperar respuesta lo tomó del brazo y lo obligó a sentarse en la baranda de espaldas al mar y al sol que descendía lentamente.

Cuando él a regañadientes le pasó su cámara Lizzie trató de hacer las mismas tomas que él le había hecho y entonces ella tuvo la oportunidad de admirarlo a él. Observó su hermoso rostro y sus increíbles ojos azules, sus hombros esculpidos, su ancho pecho, sus brazos fuertes, e hizo algo que nunca hacía, buscó un anillo dorado en su mano izquierda. Se alegró cuando no lo encontró y se sonrojó de inmediato por ese comportamiento más propio de su madre que de ella.

Estaba en plena tarea de retratar a ese adonis cuando una parejita de norteamericanos que estaba detrás de ellos, Kendra y Tim dijeron, se ofreció a tomarles una foto juntos, sin duda pensando que ellos también eran pareja.

"Oh, no. No hace falta", dijeron los dos al mismo tiempo.

"Claro que sí y después nos tomarán una a nosotros", dijo Tim mirando con dulzura a la muchacha. Tal vez eran recién casados. "Vamos, siéntense juntos. Más cerca!" Sin escuchar sus protestas los fue guiando hasta que quedaron uno junto al otro, muy cerca, y Will y Lizzie no pudieron más que sonreír tontamente ante la situación. "Ahora con la otra cámara. Pero no sean tímidos, abrázala!", le pidió a Will.

Will palideció y miró a Lizzie como preguntándole qué hacer, ella se encogió de hombros y con una sonrisa tímida se acercó más a él, entonces, con mucha cautela, Will pasó un brazo por encima de los hombros de Lizzie casi sin tocarla, porque era un caballero, aunque en realidad le hubiera gustado apretarla con todas sus fuerzas contra su pecho, hundir el rostro en su cuello y aspirar el delicioso aroma a jazmín que despedía su cálido cuerpo.

"Ay… qué tiernos!", exclamó Kendra sacándolo de su ensoñación. "Ahora a nosotros ¿sí?", pidió.

Lizzie se levantó algo torpemente, la cercanía de Will tampoco la había dejado indiferente, y luego de un largo suspiro tomó la cámara de la pareja y les hizo algunas fotografías hasta que ellos se despidieron dejándolos solos.

Cuando estuvieron solos volvió a sentarse al lado de Will que la miraba mortificado.

"Lo siento, fueron muy insistentes", se disculpó él.

"Está bien… Parece que aquí todos están en pareja", replicó Lizzie mirando a su alrededor.

"Eso parece", dijo Will y los dos se quedaron unos segundos mirándose sin decir nada. Después de un rato extendió su mano y le dijo: "Soy Will."

"Lizzie", respondió ella tomando su mano y está vez el cosquilleo lo sintieron los dos.

"Hola Lizzie."

"Hola Will."

Se soltaron las manos y Lizzie agradeció que el rojizo atardecer disimulara el rubor que subía por sus mejillas. Se sentía como si tuviera doce años y acabara de conocer al vecinito de enfrente. 'Menos mal que no me fui con el holandés del barco', pensó para su propia sorpresa. ¿Qué estaba diciendo? Acababa de conocer a este hombre y seguramente tenía novia aunque no tuviera anillo y estuviera solo allí. Era imposible que semejante espécimen de hombre no tuviera novia. 'Y seguro que es rubia, alta y espectacular', se dijo y volvió a asombrarse de sus propios pensamientos. 'Ay Dios mío. ¿Qué me está pasando? ¿Mamá se apoderó de mi hemisferio izquierdo y Lydia del derecho?'

"¿Estás bien?", le preguntó Will y Lizzie asintió con una sonrisa. "Eh… bueno… gracias por la foto, fue divertido. No te molesto más", dijo Will y empezó a levantarse para dejarla sola.

"Quédate!", exclamó Lizzie casi con demasiada vehemencia. "Eh… es decir… a menos que tengas algo que hacer o… alguien que ver."

"No, estoy solo ¿Y tú?", respondió Will esperando fervientemente que ella también lo estuviera.

"También."

"Bien", dijo Will con satisfacción y Lizzie lo miró con una ceja levantada. Will puso cara de estar diciendo 'Ups' mientras pensaba qué decir cuando Lizzie giró la mirada hacia el mar y sus ojos se abrieron muy grandes por el asombro.

"Mira", susurró poniéndole una mano en el brazo para llamar su atención.

Will siguió su mirada y lo que vio lo dejó sin aliento. El sol era una bola de fuego que descendía muy lentamente sobre el mar dejando un haz de luz dorada sobre la superficie del agua mientras bañaba las casas blancas que se extendía sobre las laderas de la isla con su color. Era un espectáculo increíble. Cuando el sol desapareciera en el horizonte todo se volvió azul aunque la tarde seguía siendo bastante clara y la gente comenzó a dispersarse. Había terminado la función. Recién entonces Lizzie y Will notaron que estaban tomados de la mano, aunque ninguno de los dos recordaba cuándo había sucedido eso, y se separaron de inmediato más por reflejo que por voluntad.

"No tomé ninguna foto. Se lo prometí a mi hermana", dijo Will por fin deseoso de romper la incomodidad del momento, no quería espantarla tan pronto.

"Podrás tomarlas mañana, atardecerá otra vez. Es decir… si todavía estás aquí", dijo una curiosa Lizzie que al parecer esa tarde había sido rebautizada como Elizabeth Fanny Lydia Bennet.

"Estaré aquí", afirmó Will.

"Bien", dijo Lizzie con satisfacción y ahora fue el turno de Will de arquear una ceja y ella se sonrojó. "¿Así que tienes una hermana?", preguntó cambiando rápidamente de tema.

"Sí. Tiene 14, es un sol", a Will se le iluminó el rostro mientras hablaba de su hermana y Lizzie sonrió. "Y tú ¿tienes hermanos?"

"Hermanas. Dos, una más grande y otra más chica. La grande es un sol, la chica… no", respondió Lizzie riendo.

Había muy buen clima entre ellos y enseguida se embarcaron en una conversación sobre el viaje en que se encontraban, sus familias y sus vidas aunque los dos, sin admitirlo y sin saber muy bien por qué, evitaron todos aquellos datos que pudieran revelar sus identidades, por ejemplo sus apellidos. Era algo tonto pero se sentía emocionante. Así estuvieron hasta que la claridad del día desapareció casi por completo y entonces decidieron ir a recorrer el pueblo. Juntos caminaron por las callecitas revestidas en mármol curioseando en los negocios de suvenires y productos típicos. Lizzie compró una bolsa de pistachos a la voz de 'Amo los pistachos' y los compartieron durante su recorrido, luego fueron al supermercado a comprar las provisiones que Will necesitaba para el barco y Lizzie compró un pote de yogur diciendo 'Amo el yogur griego' a modo de excusa y Will se divirtió viéndola comer con placer. Cuando terminaron las compras Will le sugirió ir a comer algo y en el supermercado les recomendaron un restaurante junto a la bahía, justo donde Will había amarrado su bote, él le prometió llevarla de vuelta a su hotel cuando terminaran. Dejaron las provisiones en el bote y después fueron al restaurante.

El lugar era encantador, muy pequeño, tenía unas cuantas mesas sobre el muelle y estaba iluminado con guirnaldas de luces y faroles. Se sentaron en una mesa cerca del mar y pidieron queso feta frito, croquetas de tomate, berenjenas, ensalada de mariscos y pulpo grillado. Demasiada comida pero estaban hambrientos y todo se veía delicioso.

"¿Puedes creer lo deliciosa que es la comida griega?", preguntó Lizzie mientras saboreaba el pulpo. "Y lo mejor es que es muy simple, en realidad todo se basa en la calidad de los ingredientes. Nunca probé tomates tan deliciosos, debe ser el sol", dijo mientras sostenía entre sus dedos un tomate rojo y muy pequeño, típico de la isla, antes de llevarlo a su boca y deleitarse con él.

"Realmente disfrutas comer ¿no?", rió Will pero enseguida se arrepintió porque Lizzie puso cara de espanto. "Ay, lo siento ¿Te molestó lo que dije? No quise ofenderte."

"Es que de repente escuché la voz de mi madre retándome por comer así, siempre me dice que como mucho", respondió ella mortificada.

"Pero si estás muy delgada!", intentó disculparse Will.

"¿Demasiado delgada, te parece?", preguntó Lizzie mientras se tocaba las costillas con cara de preocupada.

"No… no demasiado… Eh… eres perfecta", dijo Will más mortificado que antes.

"Ay ¿realmente crees que soy perfecta?", le preguntó Lizzie batiendo las pestañas y entonces Will comprendió.

"¿Acaso te estás burlando de mí?", le preguntó mirándola con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido.

"Tal vez…" respondió ella bajando la mirada.

"Qué mala! Y yo que estaba preocupado por haberte ofendido."

"Lo siento, deberías haber visto tu cara!", rió Lizzie.

"Ya me voy a vengar. Vas a ver", prometió Will.

Después de comer se quedaron charlando hasta que comenzaron a levantar las mesas para cerrar, entonces caminaron un poco por la orilla. En la bahía no había arena sino piedras, escogieron para sentarse una que tenía vista a la caldera (1) y a la impresionante luna llena que brillaba en lo alto y, con los pies en el agua, se quedaron conversando todavía un poco más. Era increíble lo bien que se llevaban y Will pensó en todas esas incómodas primeras citas que había tenido en su vida, aunque esa no fuera realmente una cita, jamás se había sentido tan cómodo, tal vez precisamente porque esa no era una cita. Aún así estaba en un lugar terriblemente romántico con una mujer increíblemente bella y alegre, disfrutando como nunca antes. No podía desperdiciar la oportunidad.

"Sabes Lizzie… lo dije en serio", dijo después de un silencio para nada incómodo.

"¿Qué cosa?", preguntó ella mirándolo con la cabeza levemente inclinada hacia un costado.

"Que me pareces perfecta", le respondió él devolviéndole la mirada.

El corazón de Lizzie se detuvo por un momento e hizo lo que siempre hacía cuando se ponía nerviosa, recurrió al humor.

"¿Acaso estás tratando de seducirme?", le preguntó con fingida sorpresa.

"Tal vez… ¿Lo estoy logrando?", preguntó él a su vez inclinándose un poco hacia ella, su mano casi rozando la de Lizzie.

"Tal vez…", respondió ella al fin, inclinándose también hacia él.

Estaban cerca, muy cerca, sus manos tocándose levemente, sus ojos buscando alternativamente los ojos y los labios del otro, tan cerca que Will casi podía anticipar lo suave que seguramente sería su boca y Lizzie imaginaba lo bien que se sentiría enredar los dedos en su cabello.

"Ay, la parejita de esta tarde. Siempre tan románticos!", exclamó una voz aguda a sus espaldas sobresaltándolos.

Lizzie y Will se dieron vuelta y encontraron a Kendra y Tim, la pareja de americanos que habían conocido esa tarde, y se lanzaron una mirada divertida de resignación. Conversaron con ellos por unos minutos y cuando finalmente los americanos se fueron se miraron y soltaron una carcajada.

"Esos dos realmente saben cómo arruinar un momento ¿no?", dijo Will que se sentía realmente frustrado. "Vamos, te llevo a tu hotel", le dijo mientras le daba la mano para ayudarla a levantarse.

"Si no hay más remedio", murmuró Lizzie disimuladamente.

Will la escuchó y apretando aún más la mano que todavía sostenía la obligó a mirarlo.

"¿No quieres ir aún Lizzie? Porque yo…eh… me gustaría quedarme contigo un poco más", le dijo mirándola a los ojos.

"Debería irme, no nos conocemos", dijo ella y Will asintió. "Pero no quiero. La noche es perfecta y… creo que nunca la pasé tan bien."

"Yo tampoco." Will se acercó más y con la mano libre acarició la mejilla de Lizzie que cerró los ojos por un instante regocijándose en su tacto.

'Bésala ahora o te arrepentirás toda tu vida', se dijo y se inclinó hacia ella con cautela, como esperando su aprobación. Entonces vio que ella lo observaba con los ojos entrecerrados, el rostro inclinado hacia adelante y los labios apenas abiertos en anticipación.

Will deslizó la mano desde la mejilla de Lizzie hasta el costado de su cuello apretando con más firmeza y colocó la otra mano en su cintura atrayéndola hacia él, ella inclinó un poco la cabeza hacia atrás y lo miró a través de sus largas pestañas, Will bajó los ojos hasta sus labios hermosos y rosados mientras Lizzie apoyaba una mano en su pecho deslizando la otra hasta su cuello, los dos presionando para estar todavía más cerca, sus caderas tocándose apenas. Sus bocas se encontraron a mitad de camino, tímidamente primero, apenas un roce de labios y luego, un poco más de presión. Will atrapó el labio superior de Lizzie entre los suyos y ella hizo lo mismo con su labio inferior, una, dos, tres veces, reconociendo, saboreando. Se separaron por un segundo, respiración agitada, mejillas sonrojadas, y se miraron como pensando si seguir o no. La indecisión duró sólo el segundo que les tomó encontrarse de nuevo, esta vez con verdadera pasión. Sus labios se separaron y sus lenguas se unieron en una sensual danza mientras las manos de cada uno recorrían el cuerpo del otro suave pero firmemente.

Lizzie no podía creer lo que estaba pasando. No había tenido muchos novios, aunque no era una novata total, pero definitivamente ninguno la había besado como Will, con tanta pasión y seguridad, y casi con respeto, pensando en ella, sintiéndola, no sólo obteniendo placer como hacían muchos hombres. '¿Así que esto es a lo que llaman besar bien?' A medida que el beso se volvía más profundo Lizzie sintió que sus piernas cedían. Qué suerte que Will fuera tan fuerte y la estuviera sosteniendo con firmeza porque de otro modo hubiera caído. Por una fracción de segundo una vocecita muy lejos dentro de su cerebro le dijo que estaba loca, que ese hombre era un extraño, que él pensaría que ella era una cualquiera, pero la mano de Will acariciando amorosamente su cabello borró por completo esa inoportuna e indeseada advertencia y Lizzie se dejó llevar.

Will no podía creer lo que estaba pasando. Le parecía increíble que esa preciosa desconocida estuviera entre sus brazos besándolo con la misma pasión que él a ella. Ninguna mujer lo había hecho sentir así antes. Se sentía tan bien! Su boca sabía a… ¿miel? ¿Podía ser? Su piel era increíblemente suave y su cuerpo palpitaba bajo sus manos. Por un momento pensó en detenerse temiendo que ella pensara que se estaba aprovechando pero en ese momento Lizzie dejó por un momento su boca para besarlo en la mejilla, en la sien, y fueron los besos más dulces que nadie le hubiera dado jamás. Entonces sintió la necesidad de acariciar su cabello, algo tan simple y al mismo tiempo tan íntimo, y ella volvió a sus labios y él la sintió abandonarse aún más.

Se separaron después de varios minutos, tenían las mejillas sonrojadas, el cabello revuelto y los labios hinchados. Se miraban con deseo pero también con dulzura y, extrañamente, sin vergüenza.

"Quiero que pasemos la noche juntos", se animó a decir Will con Lizzie aún entre sus brazos. Era un salto al vacío, corría el riesgo de que ella saliera corriendo y no verla más, pero él había sentido algo muy especial y creía (deseaba) que a ella le había pasado lo mismo.

"Sí", respondió ella sin dudar ignorando tenazmente la vocecita que le pedía que no lo hiciera. 'Quiero hacerlo. No lo conozco pero confío en él.'

Will la miró y vio seguridad en sus ojos además de aceptación. Tomó su mano y, sin dejar de mirarla, la condujo hasta el bote, la ayudó a subir y se sentó junto al motor pero antes de encenderlo miró a Lizzie una vez más y ella le asintió con una sonrisa, respondiendo a su pregunta no formulada. Recién entonces Will puso en marcha el motor y juntos se alejaron hacia el mar.

Próximo capítulo: Quédate.

Santorini se formó luego de la erupción de un volcán que hoy está sumergido bajo el mar y la parte más linda de la isla es la que da al cráter del volcán y le dicen "la caldera".