Hola! Quiero agradecerles de corazón sus lindos reviews, los follows y favs :)
Estoy contenta de que les haya agradado, como podrán darse cuenta, ésta historia es un UA total en donde los seres que están en este universo poseen algunos poderes especiales, como en el caso de Vegeta, la gran fuerza y destreza, otro poder que se revela en este capítulo al igual que la pequeña Bulma, la diferencia de edades entre ellos no es mucha! Espero que no se alarmen por eso. Otra cosa es que quise contar algo del pasado de Vegeta y espero que puedan comprender porqué actúa así xD
Las mujeres lo han utilizado! jajaja pero él es fiel al castigo :P
Ya no diré más y espero que este cap sea de su agrado. Espero sus opiniones. Abrazos de oso panda para ustedes!
Luna Estival
Disclaimer: Algunos personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama, otros son míos.
REFLEJADA EN TI
Capítulo II
Hace cinco años...
Cuando Vegeta aterrizó en Inxus, su planeta natal, después de más de cinco años de ausencia desde el comienzo de la guerra civil que azotaba Lanuvium, esperaba poder encontrar la paz de espíritu que necesitaba su alma atormentada por las sombras de su oscuro pasado. Su padre, en el último mensaje, prácticamente había ordenado a su hijo que regresara a Inxus, su hogar; si no lo hacía por sus propios medios, mandaría a una patrulla de Inxus para que lo arrastrasen de vuelta. El ya retirado General Vegeta estaba preocupado por su único hijo y él sabía bien porqué su padre lo obligaba a regresar. No sabía a qué tenía más miedo, si a escuchar de labios de su padre el consabido "te lo dije" o a tener que contarle las razones por las que había acabado convirtiéndose en el mencionado y cuestionado asesino sanguinario que era. Pero en cualquier caso, Vegeta necesitaba alejarse de la capital, de sus compañeros de misión, de todo, de todos y un viaje hasta la lejana Lanuvium, un pequeño planeta cuya superficie era completamente verde, lleno de plácidos lagos y mares, sin apenas tecnología, completamente neutral, era la decisión más acertada en ese momento.
Ya había tenido suficientes malas decisiones en los últimos dos años.
Mientras la Cloth I, nave oficial de la República de Inxus, maniobraba suavemente para colocarse sobre la plataforma del puerto espacial, Vegeta observó desde la ventana del puente de mando la recepción de bienvenida que comandaba su padre, compuesta por media docena de personas. Torció el gesto al verse en el compromiso de tener que saludar a un montón de personas a las que hacía años no veía, tanta deshonestidad e hipocresía lo asqueaban. Él era un feroz guerrero, un asesino despiadado como lo llamaban muchos, uno de los asesinos más letales de todo Inxus, merecedor del miedo colectivo, pocos honores y una fama de la que se lamentaba. Era un joven prometedor en el que su país y sobre todo sus gobernantes confiaban para comandar sus ejércitos y legiones de batalla algún día, su país estaba al mando de una delegación formada por cuatro destacados miembros; Freezer el implacable guerrero y estratega, además de poseer una temible magia oscura, la sacerdotisa Noxus poseedora de una increíble magia de luz, el diplomático y retórico más conocido de su país, Wiss y el destructivo y solitario gobernante del extremo más alejado de Inxus, Usamaz.
Había estado en el corazón de varias batallas, pero nunca había negociado con el enemigo, no era lo suyo, había rescatado a personas importantes de prisiones enemigas, había obtenido más victorias que ningún otro guerrero…pero jamás llegaría a ser digno de respeto como lo había sido su padre. No importaban los esfuerzos que hiciera por Inxus, el puesto de capitán de los ejércitos, que había pertenecido a su padre, estaba ahora en manos de otro joven guerrero.
El capitán de Cloth I anunció que habían aterrizado sin problemas y él agradeció a algún Dios el término del viaje, ya estaba cansado, llegó sin contratiempos; viajaba de incógnito debido a las crecientes amenazas sobre su persona, los demás le temían tanto que posiblemente de haberse sabido su identidad, nadie hubiese abordado la nave. Bajó por la rampa de la nave hasta la plataforma de aterrizaje, dónde su padre rompió todos los protocolos para acercarse a él y darle un fuerte abrazo. Un abrazo paterno, uno de esos abrazos del que sabe que su hijo sólo necesita apoyo y no palabras de desaprobación por sus últimos actos. Vegeta no lo esperaba y aunque no correspondió el gesto, asintió en silencio; era un hombre forjado en los horrores de la guerra y las negociaciones más cruentas, por lo que supo controlar sus emociones, manteniendo el rostro serio y firme.
No quería permitirse una debilidad delante de su padre porque eso sería admitir que sus decisiones le habían destrozado no sólo el alma, sino el orgullo.
–Me alegra que estés aquí, hijo –le dijo dándole una palmada en la espalda. Vegeta sonrió de forma mecánica, se alegraba de regresar, pero a la vez deseaba volver a marcharse.
–También me alegro de volver, padre –respondió el guerrero con solemnidad. Su padre sonrió ampliamente, lo invitó a seguirlo y se acercaron al pequeño grupo que se había reunido en el puerto espacial para recibirlo.
Vegeta no tenía más familia que su padre, y su padre no tenía más familia que él, por lo que la comitiva estaba formada por altos cargos. Reconoció al gobernador de Inxus, al legado, a varios consejeros y delegados; incluso un embajador. Pero lo que realmente sorprendió a Vegeta fue encontrar a Noxus, sacerdotisa de Inxus. Él creía que la aparentemente joven mujer estaría en el Senado de Ir Primae, una nación vecina, atendiendo sus responsabilidades como parte del legado. Quizá, dada las fechas tan próximas a la celebración del solsticio de invierno Noxus podía tomarse unos días de vacaciones. Para Vegeta eran sus primeras vacaciones desde que a los dieciséis años hubiese comenzado con su empeño de convertirse algún día en el capitán de ejército de Inxus.
La sacerdotisa Noxus se mantuvo al margen a la espera de que Vegeta saludase a todos los que se habían congregado para recibirlo. Luego, se acercó a él con la mejor de sus sonrisas; no la sonrisa entrenada de buena diplomática, sino un gesto sincero. Y es que se alegraba de poder hablar una vez más con él. Noxus había tenido el placer de conocerlo durante su adolescencia, ella siempre lo observaba en silencio, escondida y avergonzada ya que él era unos pocos años menor que ella; pero como todo soldado, Vegeta estaba bajo su mando en la capital de Inxus y desde que comenzase la Guerra había aprendido mucho de él. Una lástima que fuese tan joven, así no hubiese pensado dos veces y no lo habría abandonado.
–Soldado –saludó al joven.
–Mi señora –respondió él, siempre tan correcto. Noxus estudió aquel rostro serio pero hermoso, cuyos ojos se habían endurecido con los horrores de los que había sido testigo. En el fondo, aunque podía ver por el brillo de sus pupilas que se alegraba de estar en Inxus, Noxus pudo vislumbrar una bruma de tristeza que se arremolinaba con fuerza. Vegeta había pasado de ser un muchacho entusiasta y tenaz, a reprimir todas y cada una de sus emociones. La sacerdotisa sabía por qué. Todos lo sabían. Y Vegeta sabía que todos lo sabían y eso hacía que se mostrase formal, rígido y disciplinado.
–Realmente no tenía ni idea de que el tan famoso Vegeta fuese a venir a Inxus por estas fechas, de haberlo sabido lo habría invitado a viajar escoltado por mi guardia en mi propia nave –comenzó Noxus no quisiera entretenerlo más, estoy segura de que querrá descansar de tan largo viaje y tener un momento a solas con su familia –expresó Noxus con sabiduría. –Al gobernador y a mí nos ha encantado poder recibirlo. Espero que pase tiempo entre nosotros, me gustaría poder hablar con usted…
Vegeta levantó la barbilla, como si se hubiese sentido ofendido por la hospitalidad de la mujer, ¿A qué venía ese trato ahora?
–Si el Gobernador o usted desean recibir algo de mí o hacerme partícipe de algún asunto, ruego que lo expresen ahora. El viaje ha sido largo, pero tranquilo; y dada la exigencia con la que mi padre me ha ordenado venir, empiezo a pensar que mi presencia en Inxus se debe a más motivos –habló Vegeta con la voz endurecida por la experiencia. Estaba tenso, muy tenso. Noxus levantó las cejas asombrada por la reacción del muchacho, pero fue el general Vegeta quién replicó a su hijo, poniendo una mano sobre su hombro.
–Relájate, hijo. Si te he hecho venir es porque quiero que te tomes un descanso y lo hagas aquí, conmigo, con nosotros. No hay misiones, ni emboscadas, ni nada.
–En ese caso, mis disculpas –acostumbrado a la disciplina militar, Vegeta inclinó ligeramente la cabeza a modo de disculpa y respiró un par de veces por la nariz para recuperar la compostura. Tenía los nervios de punta ante la presencia de tantas personas. Lo que más deseaba en ese momento era desaparecer, pasar inadvertido entre todos ellos. Y olvidar, sobre todo olvidar, porque sentía las miradas de todos aquellos consejeros, de todos los altos cargos, de su padre y esa maldita mujer, todos los ojos puestos en él; sin duda, buscando un síntoma, una muestra de debilidad. Los frívolos rumores extendidos por el corazón de la República Interplanetaria habían llegado hasta Inxus y aquellas personas lo estaban juzgando en silencio. Se preguntaban como él, un joven forastero, aparentemente ingenuo y frívolo había acabado seduciendo a la gobernadora de Lanuvium, una mujer que podría ser su madre, sumamente recta y conservadora. Vegeta también se preguntaba esto. Se acarició la mejilla, allí donde fue golpeado por última vez y trató de alejar de su mente la humillación pasada. Todo esto había sido encomendado secretamente por Freezer, seducir y finalmente asesinar a esa mujer, y él había fallado.
No había podido matarla.
Otra de las cosas que Vegeta esperaba de su retiro en Inxus era la de refugiarse, protegido por los muros de la fortaleza, pasando las horas entrenando su cuerpo, haciéndose más poderoso para concentrar su mente en algo diferente y que las heridas abiertas de su alma pudieran cicatrizar bien. Estaba seguro de que con tiempo se recuperaría de la horrible experiencia que había vivido junto a esa mujer, pero en estos momentos lo veía todo tan negro como la galaxia por la que viajaba, oscura e infinita y su poca experiencia en temas sentimentales lo sumía en una desesperación absoluta.
Todas y cada una de las mujeres que habían pasado por su corta vida, sólo lo habían utilizado, traicionado, manipulado como a un imbécil.
Y lo que no esperaba de su retiro era encontrar su hogar invadido. Eso era para Vegeta, una invasión en toda regla. Entendió, con claridad, las razones por las que su padre había insistido tanto en que regresara y la verdad era que se alegraba de que su padre quisiera rehacer su vida. Pero no le gustaba que lo hubiera mantenido en secreto y ahora le presentase a su novia justo cuando él acababa de desembarcar, así, a traición, sin posibilidad de negarse.
Se llamaba Lenussy y tenía veintiséis años, tan sólo cinco años más que Vegeta. Y ahora vivía en su casa, con su padre. La joven sonrió con dulzura cuando su padre la presentó, pero él mantuvo las distancias sin mostrarse distinto de lo que se había mostrado ante las autoridades de Inxus. Extendió la mano a modo de saludo hacia la mujer, evitando así que ella pudiera darle un abrazo o un beso o esos modos de saludo afectivo de los que la gente solía abusar. Vegeta había pasado mucho tiempo entre soldados, comandantes y todo tipo de privilegiados, a los que saludaba siempre dando la mano, así que ese gesto fue interpretado por ellos como un gesto mecánico al que estaba acostumbrado y con el que se sentía cómodo.
–Por fin te conozco, Vegeta–dijo ella estrechando la mano del guerrero. El tacto de los dedos sobre su palma provocó un hormigueo en él, el cual, durante un breve instante, se sintió tentado de leer en la mente de esa joven desconocida. Pero no lo hizo, por deferencia a su padre, el cual se había situado entre ellos y los miraba alternativamente el uno al otro, sin dejar de mirar las manos que ellos acababan de estrechar. –Tu padre me ha hablado mucho de ti, ¿sabes? Tenía ganas de conocerte por fin.
Y sonrió. Y Vegeta sintió ganas de vomitar y de pegarle a alguien. Separó la mano de Lenussy, mostrando una sonrisa entrenada que a fuerza de tanto utilizar, parecía real y sincera. No lo era, pero ninguno se percató de este detalle.
–Pues yo no sabía nada de ti. Disculpa si no parezco tan emocionado… –y no añadió nada más, porque como buen soldado que había asesinado a todo tipo de personas horribles, lo último que debías hacer era hablar de más. Él estaba indignado, furioso y asqueado, pero su sonrisa seguía ahí, imperturbable. Como guerrero, nunca debía mostrarle sus debilidades al enemigo y por el momento, todos lo eran a menos que se demostrase lo contrario–. Es toda una sorpresa para mí. Pero qué más da, mi opinión nunca fue importante.
Y se quedó ahí, en el salón de su casa, frente a su padre y a una completa desconocida a la que él abrazaba, controlando sus emociones sólo como él sabía hacer. Cuando has batallado con generales enemigos durante una guerra sabes cómo mantener la compostura. Su padre quedó encantado por la reacción de su hijo ante esta pequeña encerrona y durante la cena mantuvieron una charla poco menos que relajada. Su padre relató cómo había conocido a Lenussy, detalles que a él no le interesaban en absoluto, pero sabía fingir atención, aún sin escuchar todo lo que su padre le decía. Su mente era un torbellino de ideas, pues, ¿Cómo tenía su padre el descaro de haberle recriminado haber aceptado la misión que Freezer le había encomendado, seducir y asesinar a una mujer que doblaba su edad , y ahora él se liaba con una chica de casi la misma edad de su hijo? Se reiría, pero había perdido las ganas de reír.
–Sé que debí habértelo dicho –le dijo su padre tras la cena, ya a solas, en la puerta de su habitación, una habitación en la que no entraba desde hace años–. Y siento habértela presentado así, sin decirte nada. Pero deseaba poder celebrar una cena del solsticio de invierno todos juntos y en familia. Hace mucho tiempo que no me sentía tan feliz…
–Ella no es de mi familia–respondió Vegeta, serio, sin relajarse ni un ápice, dirigiéndose a su anciano progenitor–. No me pidas que interactúe contigo, o con esa mujer. No es de mi interés y espero que sepas entenderlo, me obligaste a regresar, pero no fingiremos nada, padre. Mañana mismo me presentaré ante Freezer y me pondré a su disposición, necesito volver a combatir.
–Entiendo, claro que lo hago. Combate y asesina cuanto quieras. Es tu vida hijo, no puedo gobernarte, nunca pude.
–Es bueno que lo entiendas, padre.
La puerta de su cuarto se cerró y Vegeta no pudo seguir resistiendo más tiempo. Marcó una clave de seguridad y bloqueó la entrada a su habitación y sólo entonces dejó salir todo ese rencor que se estaba guardando desde que aterrizó en Inxus. Observó el pálido techo de su habitación, nada había cambiado en sus cinco años de ausencia...nada.
Actualidad
No, no lo hizo con la finalidad de ser reconocido, ni señalado ni mucho menos pensó en que en verdad iba a interesarse en esa mujer y le fallaría así a su nación; pero ya todo estaba hecho, se juró a sí mismo nunca más confiar en una mujer, nunca más lo haría. Esas viles criaturas sólo sabían manipular y engañar, había estado conteniéndose desde mucho antes, desde la primera vez que ella le cruzase la cara por insolente, desde que descubriera quién era él en verdad, desde que viera la desaprobación en los ojos de todos y cada uno de sus conocidos.
Ya había creído que todo eso estaba olvidado, pero el haberse atrevido a besar a esa joven sacerdotisa, esa joven que no debía de tener más de dieciocho años. Él no era un mocoso, no era un idiota dominado por sus instintos; ¿Por qué había actuado de esa manera ante ella? ¿Por qué absurda razón si esto no le ocurría hace muchos años?
¿Qué le había pasado al verse reflejado en los oceánicos ojos de esa mujer?
¿Por qué la había salvado él? ¿Por qué la había llevado en brazos de vuelta a su casa? ¿Por qué estaba haciendo esto? Y lo más importante...
¿Por qué estaba dejando que esto sucediese?
El mercado de Inxus hervía de actividad aquella mañana. Durante los días siguientes a la dichosa emboscada de la que Bulma había sido víctima, ella había permanecido más tiempo del debido encerrada en la habitación, sufriendo en soledad todo lo que no había sufrido tras la horrible noticia de la traición por parte de los suyos. Se había refugiado en su soledad, pero tras unos días comenzaba a aburrirse, ahora no tenía nada que hacer y permanecer ociosa la estaba volviendo loca. Al final, Vegeta, el cual había decidido posponer la visita a Freezer para más adelante, la convenció para que al menos, caminase un poco bajo la luz de los soles de Inxus. Sobreponiéndose al hecho de tener que ir sola, Vegeta estaría entrenando u ocupado en alguna misión y por eso ella se había quedado sola en esa enorme casa, todo había cambiado tan súbitamente, diferente de lo que había creído, los inxianos no eran salvajes ni crueles como pensó, toda esa sociedad era sumamente ordenada y desarrollada, el sentido de lealtad y respeto era muy elevado, en cambio en su nación, Río de Dragón, incluso su familia se había confabulado con el gobierno para decidir su muerte, apenas a sus dieciocho, habiendo sido consagrada como sacerdotisa; la habían enviado como carne de cañón, le habían mentido.
Pasó bajo el fresco ambiente del mercado para realizar unas compras con el dinero que Vegeta había dejado sobre la mesa, supuso que era para que comprase algo de alimento, en esa casa no había nada más que muebles. El dinero que ella tenía en Inxus no tenía valor y no había llevado nada más, nunca pensó que se quedaría allí. A pesar de todo tenía que aceptar que extrañaba a su hermana, a su pequeño gato, extrañaba las visitas de su prometido, un sacerdote consagrado en un templo ubicado en un desierto lejano...en Inxus se celebraba la fiesta del Solsticio de Invierno. Un enorme árbol decorado con cintas rojas, luces doradas y otros adornos perjudiciales para la vista por sus intensos colores, presidía la entrada al mercado dónde los comerciantes anunciaban sus productos, los compradores regateaban los precios y los niños comían lagartos dulces.
La joven trató de ser, una vez más, dulce y agradable con todos los que la saludaban; a algunos les dio conversación, no revelando nunca su identidad, le explicó a una mujer vendedora de vegetales cuales eran sus planes para la cena que pensaba preparar con sus escasas artes culinarias pero evitó hablar de temas personales. Deseaba ganarse la confianza de ese soberbio guerrero que le había salvado la vida y que además, la había comprendido al darle ese espacio a solas que tanto necesitaba, se había dado cuenta de que Vegeta no era muy elocuente, era más bien reservado y serio, pero no había olvidado el beso que le había robado. Pero no quiso pensar más en eso, pensó en que se debió seguramente al calor del momento, a una debilidad; simplemente eso. Un hombre tan aguerrido y serio como Vegeta, actual Capitán de ejércitos de Inxus no podría jamás interesarse de un modo especial en alguien como ella, una débil mujer, una sacerdotisa, una cobarde que había tenido miedo, que había llorado frente a él como a una niña. Una tonta que había intentado acabar con su propia vida para ganar la aceptación de los suyos, había sido tan ingenua y él le había abierto los ojos a la verdad.
Frente a una tienda de regalos, descubrió a la sacerdotisa Noxus, escoltada por su guardia personal, la reconoció al instante cuando la vio; cuando fue pequeña la había visto en su país, de seguro algún evento especial y como su familia era allegada a la realeza, ella había estado presente, era una mujer sumamente hermosa; una piel tan pálida y el cabello rojizo igual que sus ojos, su escolta eran tres altos androides envueltos en capas para esconder sus armas a ojos de los civiles. Inxus aún no estaba en guerra, pero había que ser igualmente precavido.
Nunca se sabe cuándo los enemigos de la República podían atacar a un miembro importante por muy tranquilo que fuese el momento. Pero ella sabía que tenía que hacer algo, si no regresaba a su país, pronto tomarían por hecho que había muerto y declararían la guerra, o mentirían a la gente diciendo que la habían tomado cautiva, que la mantenían como rehén. Ella tenía que actuar, no debería pedirle a Vegeta que posponga la reunión con Freezer y los gobernadores de Inxus, ella debía de dar un mensaje, un mensaje que sea enviado a su país, un mensaje descubriendo la traición de la que había sido víctima.
–Me alegra volver a verla, sacerdotisa Noxus.
– ¿mmmm? Perdón señorita, ¿Nos conocemos?–respondió de forma protocolaria.
La sacerdotisa reparó en la presencia Vegeta cerca de esa mujer y durante un instante, Bulma tuvo un extraño sentimiento que le atravesó el corazón: celos. Apenas duró una fracción de segundo, los celos fueron sustituidos por indignación cuando vio a la mujer adelantarse con naturalidad para tocar el hombro de Vegeta que no se inmutó ante esto, pero que si reflejó en su rostro la incomodidad.
–Soy Bulma Brief, sacerdotisa de Río del Dragón–se presentó formalmente tratando de obviar lo que había sentido al ver a Vegeta allí, ¿No se supone que estaba entrenando?
–Señorita Bulma, he oído hablar mucho de usted. Yo soy la prometida de su benefactor, el ilustre capitán de ejércitos, Vegeta –se presentó. A Bulma le dio vueltas la cabeza ante esta última declaración, pero se mantuvo impasible, viendo la forma en que Noxus le sonreía a Vegeta.
–Vaya...que escondido se lo tenía su buen prometido. Un placer, señorita Noxus –y cogiendo la mano que ella le estrechaba, la besó en el dorso. A Bulma le hirvieron las entrañas, pero reprimió una vez más su enfado y tuvo que continuar, la mujer tomó del brazo al guerrero y la miró nuevamente, Bulma contempló la escena sin intervenir. Como buena estudiante de diplomacia y retórica, sabía mantener las formas.
–No los entretengo más, con su permiso - Vegeta miró una última vez a Bulma y ésta se inclinó respetuosa–. Espero que su compra sea fructífera. Feliz Solsticio de Invierno para ustedes, aunque yo no estoy muy acostumbrada a éstas festividades – con una deslumbrante sonrisa, que Vegeta supo bien disfrazaba la decepción.
Apenas había desaparecido de su campo de visión cuando la mano de Noxus se posó sobre el brazo de Vegeta otra vez. Nuevamente estuvo tentado de leer la mente de esa mujer, pero el guerrero se repitió que eso no era lo correcto, que aquel absurdo poder con el que había nacido no hacía más que causarle problemas, pero la mirada en los ojos de la joven sacerdotisa había tocado fibras sensibles en él, ¿Estaría decepcionada, enojada?, ¿La encontraría al anochecer en su casa?, ¿Por qué se preocupaba por eso?
No estaba entendiendo nada, pero ya se estaba cansando de estos jueguitos, el ridículo compromiso con Noxus, una jugada maestra de su padre y el canalla de Wiss que era padre de la mujer. Ser elegido como el marido de una sacerdotisa no era un juego, negarse era una deshonra, era equivalente a ser asesinado en público, era considerado un pecado grave una falta imperdonable el no corresponder, por eso había tenido que aceptar; aunque él detestase a esa mujer, aunque a pesar de que cuando él era un tonto mocoso de dieciséis ella fue la primera mujer a la que tomó, a pesar de eso, él la aborrecía. Porque el desear a alguien, no se podía forzar, ella lo estaba obligando a permanecer a su lado, pero Vegeta se estaba hartando de eso, ella estaba yendo demasiado lejos.
– ¿Qué sabes sobre el esa mujer? –preguntó la sacerdotisa.
–Que es la sacerdotisa consagrada de Río del Dragón, es una diplomática y futura magistrado de su país –enumeró sin transmitir ninguna emoción.
–Eso lo sé. Me preguntaba si... ¿sabes tanto de ella como para que ella quiera prepararte una cena como agradecimiento, sobretodo en ésta fecha tan especial de Solsticio de Invierno?, ¿Acaso no le has explicado de qué trata?
–No veo razones para hacer eso –respondió Vegeta automáticamente–. Yo no quiero ninguna cena, hoy estaré lejos...entrenando–zanjó.
–No creo que a ella le guste que no la acompañes en la cena… –aventuró.
–Puede que no le importe –resolvió rápidamente, irritado por la insistencia de la mujer–. Pero en todo caso, ella tiene le derecho de hacer lo que le plazca, yo estoy en mi derecho de hacer lo que quiera, no olvides Noxus que aún no hemos realizado el ritual de casamiento y eso sólo ocurrirá cuando tu padre lo decida, habría que preguntárselo a tu padre en todo caso, ¿No lo crees así?. Si él está conforme, hasta podría acompañarla, en caso de que ese sea su deseo...recuerda que él adora a las jovencitas, sobre todo a las que poseen algún rango importante.
No hubo manera de rebatir su argumento y Noxus no volvió a mencionar el tema. Ella sabía que todo lo referente al compromiso había sido arreglado, que Vegeta la aborrecía porque podía leerlo en su mente, al igual que él, ella poseía ese don. Pero lo que no lograba comprender es cómo era posible que un guerrero tan frío y hostil como él, que no perdía oportunidad para despreciarla y humillarla, era capaz de sentirse atraído por esa jovencita. Ella sabía que era poseedora de una belleza inigualable, que esa tonta chiquilla extranjera nunca se le compararía, ¿Entonces qué es lo sucedía con Vegeta? Desde aquella primera vez, cuando ella lo había seducido y él era sólo un chiquillo, Vegeta no la tocó nunca más.
Quizás haya sido su culpa, ella se había avergonzado tanto después de lo ocurrido que dejó de buscarlo, lo negó y se alejó de él por miedo de su padre que en ese entonces la había comprometido con Usamaz. Pero luego de que ese horrible hombre había deshecho el compromiso, el General Vegeta y su padre habían logrado llegar a un acuerdo, y ella como sacerdotisa no podía ser rechazada. Usamaz había sido un caso especial, era demasiado viejo y ya se había casado muchas veces, un compromiso en esas circunstancias tenía condiciones. Pero el actual compromiso con Vegeta, era simple. Vegeta era inferior, en rango, en posesiones, en todo. Él no tenía derecho de humillarla ni rechazarla en público. Cuando se enteró por Freezer de que él había decidido acoger a esa jovencita extranjera, sintió algo muy parecido a los celos, pero no lo eran porque ella no quería a Vegeta, era simple estrategia.
Nadie le ganaría a Vegeta en un combate, con la mente de Freezer y el poder de Vegeta, pronto podrían conquistar Río del Dragón, pero Vegeta era tan correcto, tan honesto incluso siendo un asesino, Vegeta nunca actuaría movido por motivos oscuros como los que ella tenía. Vegeta era un imbécil, un simple guerrero poseedor de una fuerza y destreza descomunal, eso es todo lo que ella necesitaba de él, todo. Y por eso necesitaba el maldito compromiso.
Después de algunas horas, a media mañana, cuando Bulma se detuvo en un puesto de lagartos de caramelo, pudo ver nuevamente a Noxus, pero ésta vez estaba sola e iba vestida de diferente manera, quería pasar desapercibida, pero Bulma era poseedora de un don especial que reflejaba el verdadero rostro, la verdadera esencia de un ser al observarlo e invocar a su Dios.
Bulma le dio un mordisco a la crujiente y dulce patita del lagarto de goma, viendo como Noxus se marchaba por entre unos callejones. Ordenó a Alfa, el viejo droide de carga, que se quedara junto a las compras. Con naturalidad, Bulma siguió a la mujer. No había necesidad de desconfiar de ella, después de todo era la prometida de un hombre tan honesto y leal como Vegeta, pero sus padres le habían pegado su paranoia. Estaban en guerra y era mejor ser precavido, esa mujer era una completa desconocida para Bulma. No era la primera vez que alguien de confianza traicionaba a un ser querido, como si ella no lo supiera.
Divisó a Noxus a lo lejos y se mantuvo a una distancia prudencial, sin levantar sospechas. Se le aceleró el corazón cuando la mujer desapareció entre dos tiendas, adentrándose en un callejón y dio un último mordisco al dulce, guardándose el palo afilado bajo la manga de la túnica. Aunque Bulma no se había especializado en el sigilo, sí había participado en misiones de infiltración y sabía cómo proceder. Estrechó la distancia que la separaba de Noxus y vio como ella se detenía al final de una calle convenientemente más oscura de lo habitual, dónde no había ninguna tienda. Bulma se escondió tras una columna y observó como la prometida de Vegeta comprobaba que no la habían seguido.
Una sombra surgió tras Noxus y durante un momento Bulma pensó que la atacarían. Pero no fue así, ya que la mujer conocía a la figura que acababa de aparecer, envuelta en sombras, con una capucha sobre la cara. La sacerdotisa estudió la figura y resolvió que se trataba de un hombre, humano, de complexión robusta; este hombre la abrazó por detrás. Bulma odió tener razón al haber desconfiado de ella y ésta vez sí, proyectó su don hacia Noxus para saber qué estaba pasando, conocer sus verdaderos motivos. Pero, en cuanto lo hizo, un agudo dolor pulsó en su cabeza y se llevó las manos a la frente. Algo resbaló por sus fosas nasales, el aroma a hierro le confirmó que sangraba por la nariz y eso sólo podía significar una cosa: aquella puta traidora tenía implantes psíquicos que protegían su mente de cualquier intrusión mental.
Se limitó a observar, impotente, la escena.
Esa mujer estaba traicionando a Vegeta...
