Capítulo Dos: El Zorro Blanco.

Había transcurrido ya una semana desde el segundo día de clases de Nanami en la gran ciudad de Tokio. Por el momento las cosas iban bastante bien y en orden, aunque la relación entre ella y Tomoe seguía tensa y llena de pequeñas discusiones por absolutamente nada. Si bien la joven trataba de llevarse bien, el siempre encontraba la manera de hacerla enojar. Mientras tanto Mikage actuaba de intermediario entre los dos cuando pasaban horas sin dirigirse la palabra, él estaba bastante preocupado al respecto.

—¿Hongos shitake? —cuestionó Momozono con cierto rechazo en su voz mientras Tomoe le servía su plato sobre la mesa.

El peli plateado la miró con ojos asesinos.

—¿Tienes algún problema con eso?

—La verdad es que…—agachó el rostro—. Los detesto.

Todos en la mesa la observaron sorprendidos, puesto que amaban la receta del joven siempre que la hacía durante la cena.

—Que bueno saberlo, desde ahora serviré hongos shitake todos los días —dijo él con voz maliciosa.

Nanami lo apuntó con el tenedor, exaltada.

—¡Eres un animal! No debí decirte sobre mis gustos.

—Y tu una mal agradecida, deberías tomar en cuenta que hay niños que no tienen para comer y tu rechazas la cena…debería darte vergüenza, campesina.

Y lo empeoraron aún más, la cena se había arruinado por completo, o al menos el grato ambiente. Nanami se levantó furiosa de la mesa y subió a su habitación sin decir nada más, al mismo tiempo Tomoe cogió su plato y lo llevó a la basura.

—Si no va a comer esto, se morirá de hambre —gruñó mientras con un tendor lanzaba los trozos de shitake.

—Pobre hermanita, iré hablar con ella —Mizuki la siguió.

Minutos después, el joven apareció tras la puerta de Momozono. La tocó tres veces y enseguida ella la abrió, su estómago pedía a gritos algo para comer.

—Hermanita, te traje esto —susurró él mientras sacaba una bolsa de su estómago llena de golosinas—. Perdona a Tomoe, el es muy amargado y no tiene consideración con las mujeres.

Los ojos de Nanami resplancedieron como dos estrellas fugacez apunto de explotar. En menos de un segundo arrancó la bolsa de las pálidas manos de Mizuki y la atesoró como un peluche.

—No entiendo porqué es tan rudo conmigo, más que nada he tratado de llevarme bien con él pero siempre busca la manera de hacerme enojar —confesó sentándose en su cama. Abrió cuidadosamente el paquete de golosinas y las disfrutó una por una, calmando la tormenta en su estómago.

—Tomoe ha cambiado mucho desde que le conocí —admitió Mizuki con seriedad—. Ni te imaginas como era antes…no tenía control sobre sí mismo, era un pandillero que solo le importaba pasarla bien.

— ¿U-un pandillero? —saltó de la cama como un resorte.

—Así es. Todos le conocían como El Zorro Blanco. Hace más o menos seis años formaba parte de una pandilla y siempre estaba metido en peleas, lo sabía por que iba en mi misma escuela, pero rara ves asistía y cuando eso pasaba, ocurría un problema —explicó tomando lugar al lado de Nanami—. No importaba quien fueras, mujer, hombre, niño, anciano, el te castigaba por entrometerce en su camino…era muy aterrador.

Hasta hablar de un Tomoe extremadamente agresivo le era sorprendente a Nanami. Puesto que si convivía bajo el mismo techo que el siempre calmado y apreciable Mikage, le parecía ilógico que ambas personas se llevaran tan bien, y que al mismo tiempo su tío le tuviera tanto afecto y respeto.

—El perdió a sus padres muy joven, y se la pasó de orfanato en orfanato ya que lo echaban constantemente de todas partes, un día, sufrió un accidente donde casi pierde la vida. Un auto sin control lo atropelló y por poco quedó sin piernas —siguió contando Mizuki—. Estaba internado solo en el hospital general, y la única visita que recibía era Mikage, no sé si lo sabes muy bien, pero él siempre ha sido generoso con todos, y yo le había hablado sobre Tomoe…

— ¿Ahí se conocieron mi tío y Tomoe? —preguntó Momozono con la boca llena.

—Exacto. Mikage le ofreció su apoyo y Tomoe aceptó, obviamente no fue en un abrir y cerrar de ojos pero, gracias a él el Zorro Blanco dejó de existir y se transformó en un chico responsable, de excelentes calificaciones y preocupado de los quehaceres de la casa.

Los sentimientos de Nanami estaban encontrados, ella también perdió a sus padres y comprendía aquel dolor, quizás no era suficiente para convertirse en alguien sin emociones pero, quizás fue el factor principal de esa rebeldía en él. No entendía muy bien el porqué, pero de alguna forma ella quería buscar la manera de llegar a Tomoe como fuera.

—Bien, creo que ya te conté suficiente —el serio rostro de Mizuki cambió bruscamente a uno tierno y alegre como siempre—. Hermanita, te ves muy linda con las mejillas llenas de malvadiscos.

—¿Eh? Pero si ya me los he tragado —admitió avergonzada.

—Entonces las tienes algo rellenas —acercó ambas manos y tironeó sus pómulos sin delicadeza.

[…]

En un nuevo día de escuela.

Para asombro de todos, Nanami se había despertado temprano y juntos caminaban hacia la institución como un grupo. Mientras Kurama y Mizuki hablaban sobre series de televisión Tomoe los adelantaba por poco y Momozono caminaba sumergida en sus pensamientos.

Con que el Zorro Blanco…—pensó ella.

Entraron al recinto y como todas las mañanas ganaban las diferentes miradas de las chicas de la escuela, unas de amor para los chicos y otras de odio para la distraída Nanami.

—¡Momozono! —le gritó Kei desde el aula—. El maestro está por llegar suban rápido.

— ¿Eh? ¡Ya voy! —aceleró el paso sin figarse que en frente estaba otra persona chocando de manera brusca, lo que causó que cayera al suelo.

Todos voltearon con rostros llenos de miedo e intriga, especialmente Mizuki, quien se empezó a morder las uñas de los nervios. Nanami jadeó despacio y levantó el rostro luego de la gran paliza que le propinó el choque con la otra persona.

—Lo siento…no ví por donde venía…—al notar de quien se trataba, sintió enormes ganas de salir corriendo.

El joven tenía un rostro verdaderamente amenazante, una expresión asesina y un físico obvio de temer. Tenía dos cicatrices en ambas mejillas y usaba su negro cabello despeinado. Era alto y un tanto masiso, tronó el hueso de su cuello al moverlo de un lado a otro y se acercó a ella con aires de intimidación.

—Tu…—mencionó él.

—Es Jirou…—cuchicheó una de las chicas ahí presentes.

—Sí, dicen que es muy agresivo y siempre golpea a quien le estorba —agregó su amiga.

Mas o menos la mitad de la escuela estaba al tanto de lo que ocurría. Nanami sentía sus piernas temblar y de los nervios aún no podía levantarse ni encontrar el equilibrio suficiente para mantenerse de pie. En eso, Tomoe es el primero en ponerse entre ambos, levantando aún más comentarios de los presentes. El corazón de Momozono se aceleró a más no poder, esperaba lo peor de aquella situación, el Zorro Blanco versus otro chico agresivo, nada podría acabar bien de eso. Trató de detenerlos, pero las palabras simplemente no salían de su boca.

—Pido disculpas por ella, tiene problemas de visión —dijo Tomoe con una naturalidad sorprendente, casi justa para que cualquiera creyera en sus palabras.

¿Qué? Le retumbó a Nanami en su cabeza, si había algo que no tenía era problemas con la vista. Jirou alzó la vista y quedó frente a frente con Tomoe. Sin embargo, no tuvo nada para decir. Se dio la media vuelta y caminó hacia su salón con ambas manos en los bolsillos, dejando a todos con el corazón en la garganta.

Al menos, no hubo ningún golpe ni indicio de agresividad en ese peligroso encuentro entre ambos, pensó la castaña, quien se acercó a su constante salvador para agradecerle.

—Gracias, Tomoe…—dijo apenada.

—Deja de meternos en problemas, campesina boba —siguió su camino sin decir nada más.

No le había importado su fría forma de responder, sonrió para ella misma. De alguna manera él era cercano a ella, quizás no como amigos, pero siempre que necesitaba ayuda estaba él. Cuando entraron a la sala, Nanami fue bombardeada por sus dos amigas que preocupadas la interrogaron.

— ¿Estás bien? Ese Jirou de verdad es intimidante…—le dijo Ami con espanto.

—Debes tener cuidado, tuviste suerte de que Tomoe te defendiera —añadió Kei.

—Es verdad —admitió Nanami—. Si no fuera por él…

Comenzó la clase y todo el resto del día siguió de manera normal. El maestro llenó la pizarra de nuevo contenido y paulatinamente el sol iba iluminando la sala de clases. Aunque estar ubicado cerca de la ventana tenía sus desventajas, cómo por ejemplo distraerse en el exterior y no prestar atención a lo que el profesor decía. Por lo contrario, Momozono tenía otra distracción ante sus ojos. Clavó la mirada sobre el atento Tomoe, quien en ningún momento mostraba distracción durante la escuela. Siempre tan perfecto en todo, tan pleno y concentrado. De cierta manera se deleitaba observándolo desde su pupitre. Su perfil la inspiraba a morder la punta del lápiz, como si fuera dibujado a un pulso de buen acabado. Durante tantas discusiones jamás pudo detenerse a admirar lo atractivo que era, más bien, siempre se quejaba de sus pesadeces.

Pero lo estaba haciendo, contempló su sereno semblante enfocado en el pizzarón y pudo sentir como su corazón se oprimió como una punzada repentina en su pecho. Quizás no entendía muy bien el porqué le había ocurrido, pero de alguna forma Tomoe era el causante de extrañas reacciones en el cuerpo de Nanami. Así fue la clase entera para Momozono, el maestro dejó el salón y todos fueron por sus almuerzos. Como ya era costumbre, Kei y Ami acompañaron a la muchacha en su merienda. Luego de un completo y común día de clases, todos partieron a sus hogares correspondientes.

[…]

Una hora después, en la casa de Nanami.

— ¿Huh? ¿Porqué yo? Podría perderme aún no me ubico bien por Tokio —reclamó la joven ante la petición de su tío.

—Lo siento, Kurama tenía una reunión con su representante, Mizuki está pagando la mensualidad de la escuela y Tomoe dijo que llegaría már tarde —explicó bastante calmado—. Me gustaría hacer las compras, pero tampoco puedo.

Mikage le entregó una pequeña lista de futuras compras.

—Está todo en tus manos, confío en que lo harás bien. Detrás del papel te dibujé un mapa.

La muchacha confiada volteó la lista con la esperanza de encontrar un dibujo claro y fácil de representar, pero olvidando que se trataba del poco artístico tío Mikage, tan solo veía dibujado el juego del gato con equis y círculos, y una que otra palabra con faltas ortográficas.

Me perderé, predijo ella en su interior. Aún con temor decidió salir de la casa. Emprendió camino siguiendo el confuso mapa y entró por un callejón que parecía la opción más breve. En eso, se encontró con un grupo de diez hombres con aspecto viril y criminal. Retrocedió unos cuantos pasos, pero era casi imposible no ser vista por ellos. Uno de los más altos notó la presencia de ella y se acercó imprudente, lanzando una risita ronca.

—Miren nada más, una muchachita perdida —anunció el abusivo, quien no soltaba a Momozono del brazo.

—Vamos a divertirnos con ella —otro de ellos la sujetó de la muñeca desocupada y la aproximó hacia él.

—Su-suéltenme.

Balbuceaba, estaba llena de miedo y adrenalina. Hizo oídos sordos de todas las risas que nacían de los compañeros de aquella pandilla que no divisó que uno de ellos parecía tener un objetivo distinto.

—¡Déjenla ir o los mataré! —Jirou se interpuso entre ambos hombres dejando a Nanami tras su espalda para protegerla.

Todos, incuída Nanami quedaron atónitos. El salvaje e intimidante joven no parecía de los que mostraban piedad por sus camaradas. Ambos chicos que molestaban a la castaña retrocedieron como dos perros obedientes, mientras tanto uno que otro cuchicheaba por lo bajo. Ella estaba realmente sorprendida, jamás espero que Jirou fuera a rescatarla menos cuando tuvieron un percance hace poco. Jirou se volteó quedando frente a ella, la miraba tan serio pero no decía nada, eso la tenía muy inquieta. De repente, una conocida voz agitada apareció dentro del callejón.

—¡Nanami! —era Tomoe, quien lucía muy preocupado cargando unas bolsas. Corrió hacia Momozono, la agarra de la cintura y la atrajo hacia él.

— ¿¡Qué estás haciendo!? —exclamó ella con la cara enrojecida. Luego de ese paréntesis, pudo asimilarlo mejor. Por primera vez la había llamado por su nombre.

—Oigan ustedes —Tomoe se dirigió intimidante ante Jirou y sus hombres—. Diré esto solo una vez así que espero que les quede claro. Ella me pertenece.

La apegó aún más a él, se escuchó autoritario y bastante seguro. La única que no entendía nada, era Momozono. Luego de recibir miradas incorcentantes de todos los presentes, Tomoe arrastró a Nanami de la mano hacia fuera del callejón para llevarla a la casa.

— ¿Qué demonios hacías ahí ante tanto hombre? Si no paso por esa calle quizás que te hubiera sucedido —la regañaba mientras iba unos pasos más adelante, sin soltarle la mano—. Mikage me dijo que habías ido de compras tu sola, realmente es un ingenuo al permitir eso.

¿Ha venido por mi? …Gracias, Tomoe —agradeció aún con las mejillas coloradas. Puesto que, el no pretendía soltarle su mano.

Además, luego de tantos "Campesina" por parte del peli plateado al fin la había llamado por su nombre. Estaba conmovida de alguna manera.

—Oye, Tomoe.

—¿Huh?

—Hace un momento, me has llamado por mi nombre ¿Por qué lo hiciste?

Se detuvo, causando que ella también lo hiciera. Volteando su rostro para verla de manera robótica.

— ¿Qué yo que? —se rascó la barbilla—. Pero si no recuerdo nada sobre algo así…

La castaña lo miró incrédula, y un tanto desconcertada. Normalmente Tomoe le diría algo para ofenderle, pero simplemente ahora fingía que nada había pasado. Suspiró cansada y negó con la cabeza.

—Olvídalo.

[…]

Unos minutos más tarde, llegaron a la casa. Mikage los esperaba muy preocupado ya que estaba oscureciendo.

—Gracias a Kami que están bien…

— ¿Qué tenías en mente cuando decidiste mandar a la campesina de compras? —le reprimió el muchacho.

— ¿Nuevamente me llamas así? —Nanami le pellizcó el brazo—. No es mi culpa, tu no quisiste llegar temprano y tuve que hacer tus tareas.

Mizuki y Kurama aparecieron, ambos venían bajando por la escalera desde el segundo piso.

—Es verdad, Tomoe tu tienes la culpa —Mizuki apoyó a su compañera.

—Estoy de acuerdo —se incluyó Kurama—. Nanami es muy lenta, y no se lleva bien con las indicaciones. Hacerla pensar y esforzarse tanto fue muy inconsciente de tu parte.

—No estás ayudando, Kurama —le dijo ella ofendida. Sabía que de alguna forma trataba de ayudar, pero tenía un punto de vista un poco desmedido.

Como de costumbre, Tomoe preparó la cena y luego todos se reunieron en la mesa para comer.

—¡Esto está delicioso! —exclamó Mizuki con los ojos destellantes—. Te has lucido, Tomoe.

—Es verdad —admitió Momozono, un tanto retraída.

Aunque Mizuki le haya comentado sobre el pasado oscuro del peli plateado, sentía como si nada fuera cierto. No podía negar que tenía su personalidad y era un tanto agresivo cuando trataba con ella, pero al mismo tiempo, había conocido un lado de él que jamás pensó que existía. Además, siempre se preocupaba por los deberes del hogar, cocinaba, planchaba y limpiaba toda la ropa, incluyendo la de ella. De alguna manera, se comenzaba a sentir a gusto con él.

La cena terminó y todos subieron a sus respectivos cuartos, menos Tomoe quien lavaba la loza. Aprovechando el momento, Nanami entró a la cocina y se quedó a su derecha.

—Te ayudo —tomó la loza húmeda y la comenzó a secar con un paño.

Hubo un leve silencio, luego ella decidió hablar.

—Mizuki me habló sobre…tu pasado —mencionó algo insegura—. De verdad me sorprende en el buen chico que te has convertido.

— ¿Te parezco un buen chico? —preguntó Tomoe mientras remojaba los platos.

—Bueno no del todo. Pero he podido ver un poco la buena persona que mantienes oculta.

—Ya formas parte de esta casa y eres muy Importante para Mikage, además eres problemática y muy boba por lo tanto es necesario tener mis ojos en ti.

Dejó de lavar por un momento y la vio fijamente a los ojos, eso la inquietó aún más. Normalmente, era ella quien siempre le observaba. Apretó el paño de cocina con ambas manos para desquitar sus nervios de alguna forma. Tomoe se acercó a ella y con su mano izquierda entrelazó sus dedos con los castaños cabellos de Nanami, sintiendo su aroma. Ella actuó con rechazo y se alejó de manera brusca, sin entender por qué el había hecho eso.

—Pero ¿Qué haces? —balbuceó ella, quien sentía temblar todo su cuerpo.

Tomoe abrió sus ojos lo más que pudo, como si hubiera reaccionado.

—Nada…ve a tu cuarto, yo terminaré de secar —le dio la espalda y siguió con lo suyo, no mostrando ninguna intención en seguir charlando con ella.

Sin discutir más, Nanami fue obediente y firmó paso a su habitación. Por un momento sintió miedo por lo que él estaba apunto de hacer, pero al mismo tiempo tenía curiosidad o ganas, por decir así. Aceleró el paso y subió las escaleras sintiendo su corazón latir como nunca. Mientras tanto, Tomoe reflexionaba sobre lo que acababa de hacer.

— ¿Qué acaba de suceder? —se preguntó a si mismo, musitando. Casi en una voz tan baja que tan solo el podría escucharse.

Rasgó su mentón mientras pensaba. Normalmente solía molestar a una que otra mujer, y siempre lograba intimidarlas. Sin embargo, al sentir de cerca el aroma de la castaña su corazón se detuvo por unos instantes.

[…]

Al otro día.

El último día de escuela comenzaba dando inicio al fin de semana. En la clase de Nanami organizaban todo para el festival de invierno que se celebraría en dos semanas más. El profesor quien hablaba adelante sacó un pedazo de tiza y dijo.

— Ya tenemos los jefes de comité, la idea principal del café ¿Alguien quiere ser voluntario para jefe de escenografía?

Como era de esperar, nadie contestó. Llevó sus ojos a la lista de clases y eligió un nombre al azar, mala jugada para la protagonista.

—Momozono Nanami, tu serás la encargada de eso…

— ¿Eh? —saltó de su silla como una pelota de goma—. Pero…

—Después de clases haremos una reunión en la sala siete —dijo el maestro, sin ninguna intención de escuchar las excusas de Nanami.

Una que otra risita se escuchaba en el salón. No le quedaba de otra, Momozono tendría que dar la cara por su clase.

[…]

Horas después, la jornada escolar terminó y Nanami se dirigió hacia el salón donde la había citado su profesor. Entró con cara desganada y sin ver donde se sentaba se ubicó en uno de los asientos delanteros, dejó caer su cabeza contra su brazo izquierdo donde apoyaba su pésimo humor. Al sentir el molesto arrastre proveniente de la silla de su lado giró su rostro de forma agresiva, sin embargo, cuando notó que era Jirou quien causaba tanto escándalo se tragó sus palabras.

—Ah, eres tú —musitó él, con indiferencia. Terminó de arrastrar la molesta silla y para sorpresa de Nanami, se sentó a su lado.

No sabía exactamente que hacer, el chico de mirada asesina y rebelde estaba a unos cuantos centímetros de ella y Tomoe no estaba para protegerla. Llevó ambas manos a sus rodillas y las apretó para descargar su inquietud de alguna forma.

—Gracias por venir —apareció el maestro—. Por su participación y buena voluntad serán bien recompensados. Ahora, veamos el asunto del festival de invierno…

Mientras el profesor seguía con la charla, Momozono trataba en lo posible de no dirigir su mirada hacia el Jirou, más aún cuando este no le quitaba la vista de encima. A pesar de todo, no podía olvidar que la última vez fue él quien la salvó en un principio, lo que la tenía con una gran incertidumbre. Volteó la cabeza y lo vio fijamente a los ojos, luego de reunir un montón de valor.

—Hace poco tu me salvaste ¿Por qué? —preguntó ella con voz temblorosa, mantuvo un tono bajo para que el profesor no la escuchara.

Las vivas y dañadas mejillas de Jirou se tornaron de color rojo, eso respondía por completo ante la pregunta que ella había planteado. El moreno llevó el lapiz a su boca y lo mordisqueó tenso mientras trataba de buscar alguna manera de expresar lo que sentía.

—Tú…—titubeó Jirou manteniendo su voz ronca— Eres diferente a las demás chicas.

Momozono dio un fugaz pestañeo.

— ¿A qué te refieres con eso?

—Oigan, los conversadores de allá atrás. Jirou tu ayudarás a Momozono ya que ambos deben encargarse de la escenografía, Nanami es la jefa así que debes obedecerla y guiar a quienes los ayuden —dijo el maestro con voz autoritaria.

Y así fue, seis personas más los ayudaron con la escenografía pintando algunas esculturas hechas por ellos mismos y otros diseñando nuevos adornos. Nanami estaba recostaba en el piso pincelando unas terminaciones mientras Jirou intentaba hacer bolas con papel crepé, aunque se veía bastante complicado. Levantó un poco su rostro y se encontró con un chico ausente de paciencia tratando de usar sus manos poco artísticas para crear una pelota.

—Déjame ayudarte —Nanami le quitó el papel y en menos de dos segundos ya tenía una perfecta bola de crepé.

Ante el rostro sorpresivo de Jirou ella se bufó de forma tierna.

—Gracias —murmuró él, casi para si mismo. Usó el método de la castaña y logró crear algo con más forma que sus primeros intentos. Eso logró sacarle una leve sonrisa, tan espontánea que su rostro brilló por un par de segundos.

Fue una expresión tan inesperada y verdadera, que Nanami parpadeó asombrada.

Vaya, no es tan agresivo como creí…—pensó Momozono—. De nada, deberías sonreír más seguido.

Y bastó con eso para que Jirou se sonrojara por completo.

—Por cierto —volvió a hablar ella— Me sorprende que un chico tan temerario como tú se interese en las escenografías y esas cosas.

El muchacho, quien ya tenía diez bolitas de papel listas, frenó lo que estaba haciendo y la miró fijamente.

—El profesor me escogió apropósito, no tenía ninguna intención —respondió indiferente.

—Me pasó igual —comentó Nanami, tratando de empatizar.

Inesperadamente, Mizuki, Kurama y Tomoe aparecieron en el mismo pasillo.

— ¡Hermanita! Hemos venido por ti, no te puedes ir sola a casa tan tarde es muy peligroso —dijo Mizuki.

—Vamos, que yo tengo una reunión con mi representante, Mizuki practicará con su flauta y Tomoe debe preparar la cena. Más tarde no podremos esperar por ti —agregó Kurama, algo impaciente.

La muchacha se levantó tranquila y con una sonrisa les dijo.

—No se preocupen, puedo irme sola no es necesario que me esperen. Además tengo que cumplir con mi cargo.

— ¿Estás loca o qué? Si te vas sola te puede pasar lo mismo que la otra vez y no estaremos para cuidarte —le regañó Tomoe, aun más inquieto.

Ya cansado de tanto regaño, Jirou se levantó sin perder su semblante con aires de desafío y se quedó de pie al lado de Nanami.

—Yo la llevaré a casa, pueden irse —anunció el moreno con una tranquilidad sorprendente.

Los tres chicos se quedaron viendo a Jirou con indignación, sobre todo Tomoe quien no tenía buena fé en él. Al mismo tiempo, Momozono estaba apunto de caer por sus nervios.

—Si, yo no tengo problema que Jirou me acompañe…así que tranquilos chicos pueden irse —trató de calmar las aguas mostrando un rostro tranquilo y sereno. Aunque no fue suficiente.

— ¡Me rehúso! —exclamó Tomoe.

— ¡Que te vayas!—gritó ella ya cansada.

Kurama sujetó al peli plateado por el brazo derecho y Mizuki por el izquierdo y se lo llevaron a rastras de ahí, tenían que confiar en Nanami y en ese chico aunque les costara en el alma, además, ambos estaban cortos de tiempo.

Pasó la tarde y dieron las ocho, la escuela comenzaba a cerrarse. Nanami caminó junto a Jirou en dirección a su casa. El sol ya había desaparecido y empezaba hacer un poco de frío. Aceleraron el paso y cuando iban ya a mitad de camino él decidió hablar.

—Tú…¿Vives con ellos tres? —refiriéndose a Tomoe, Kurama y Mizuki.

—Sí, somos como familia. Aunque con Tomoe me ha costado llevarme bien…digamos que es algo complicado.

—Lo sé, conozco a Tomoe de antes —afirmó Jirou con un tanto de nostalgia en su voz. Al parecer se mostraba dispuesto a mostrar más allá de lo que podía ver cualquiera en su interior.

La castaña se detuvo, como una señal de que faltaría camino para escuchar esa interesante historia.

—Yo conocí a Tomoe cuando era el zorro blanco —siguió contando el moreno—. Fuimos compañeros de clase un tiempo y pertenecíamos a la misma pandilla, el era el líder y uno de los más temidos. Yo le admiraba, y traté de ser como él muchas veces, y creo que mis constantes intentos y ganas de superarlo me convirtieron en un aficionado.

— ¿Y ahora ya no eres así? Digo, te ví el otro día con unos chicos igual de malos —le recordó ella con temor.

—No, aunque todos piensen lo contrario. Cuando Tomoe sufrió un accidente y luego dejó la pandilla todo se derrumbó. Y esos chicos son solo idiotas con los que salgo cuando no tengo nada que hacer, pero si puedo acabar con ellos lo haría…como casi lo hago la vez que te estaban molestando.

Aquellas palabras la inquietaron un poco, ciertamente no tenían tanta confianza pero de un momento a otro Jirou parecía abrirse cada vez más. Mantuvo su postura algo torcida y siguió caminando de lado del moreno. Las estrellas se hacían más evidentes en el cielo. Jirou dejó a Nanami frente a su casa y luego, este partió sin más rodeos.

Por la ausencia de luces, Momozono notó que estaban todos ya acostados por lo cual decidió entrar sigilosa para no despertar a nadie. Trató con todas sus fuerzas de llegar hacia la escalera sin embargo su estómago se lo impidió con un sonido detonador y vergonzoso. Se cubrió el vientre con ambas manos y cambió el rumbo hacia la cocina, usó dos de sus dedos para buscar el interruptor de luz lo más cuidadosa posible, pero para sorpresa misma encontró algo distinto.

—Llegas tarde —Tomoe apareció de forma inesperada. Jaló su muñeca derecha y la acorraló contra la muralla sin dejarle escapatoria.

Ella sintió la espalda fría por el impacto sorpresivo con la pared de cerámica. Usó ambos brazos para forcejear e intentar salir de ahí, pero le fue imposible.

—Eres la niña de la casa, no es lindo que te pasees hasta estas horas con un desconocido…menos cuando ninguno de nosotros está acompañándote —Tomoe se aproximó a su oído y le susurró— ¿Acaso te gusta ese tonto?

Nanami parpadeó taciturna.

—Como fuera, no es asunto tuyo.

—Lo es —afirmó él mientras se acercaba—, más de lo que imaginas.

Pasó sus largos y blancos dedos entrelazados por los cabellos de Momozono, pausado mientras aspiraba de cerca su aroma.

— ¿Qu-qué haces pervertido? —le interrogó nerviosa al sentir tan cerca al peli plateado.

—Creo haberlo mencionado ya…—llevó su boca hacia el delgado cuello de Nanami y volvió anunciar— Eres mía.

Depositó un largo beso cerca de su clavícula y luego subió hasta su carótida donde sembró sus labios succionando hasta el punto de enrojecer esa zona de su piel.

—De esta forma quedará claro que me perteneces —se despegó de ella sin mostrar preocupación alguna por lo que acababa de hacer.

— Me… ¿Me has hecho un chupón? —Nanami cubrió su irritado cuello con la mano izquierda y caminó rápidamente hacia la salida de la cocina. Su corazón estaba tan acelerado que las gotas frías de sudor arribaban a su frente. Sentía ira, pero con ella misma. Ni bien entendía por qué le daba tantas permisiones a Tomoe, más cuando no tenían la mejor relación de todas. Estaba agitada y muy inquieta, subió corriendo a su cuarto y lo primero que hizo fue mirarse la marca en el espejo.

Ahí estaba, el resultado de una injustificable reacción por parte de su compañero. El chupón era bastante visible. Nanami trató con todo, base líquida, maquillaje en polvo, entre otros. Sin embargo, era inútil.

— ¡Me las pagarás Tomoe! —exclamó frente al espejo, con sus mejillas coloradas.

No podía encontrar la razón justa por la cual él le había causado esa marca, el factor celos no le hacía ningún sentido, menos cuando él se la pasaba casi todo el tiempo fastidiándola.

Continuará…


Hola :3 estoy de regreso con el segundo cap. Quiero agradecer a las personitas que se tomaron el tiempo de dejar un review, a los favs y follows también ^^ espero que con el avance de la historia vayan llegando más lectores. Gracias por darle una oportunidad a esta historia :B

¡Saludos!