He vuelto!

sé que dije que no tardaría en subir los capítulos reescritos, pero bueno...cosas surgieron. Aquí lo dejo! muchos notaréis que no se parece en nada con el primer borrador, y en cierto. El otro tenía un enfoque un poco más...como lo diría...¿shonen? este es un más tirando a seinen, si sabéis a lo que me refiero.

espero que el cambio sea bien recibido, siempre trato de satisfacer las exigencias, tanto de los lectores como las mías, y a veces (muchas) lo que me gusta a mí no coincido con lo que le gusta al resto. así que por favor, cualquier sugerencia o critica en muy bien recibida.


2º Ley del Karma (Ley de la Creación)

La vida no ocurre por sí sola, requiere de nuestra participación. Somos uno con el universo dentro y fuera, lo que nos rodea nos da pistas sobre nuestro estado interior. Sé y haz de ti mismo lo que quieras tener en tu vida.

Había algo extrañamente trágico en su hija.

Eso era lo que había pensado la madre de Sakura varios meses después del nacimiento de su bebe. Tener un hijo ya era un milagro para ella. Debido a su condición médica, después de tres abortos involuntarios había perdido casi toda esperanza. Jamás había pensado que lo conseguiría, de hecho, incluso los mismos médicos habían estado sorprendidos por tal hazaña. Mebuki había dado gracias a los dioses y había jurado entre lágrimas que amaría y protegería a ese niño.

Se preparó. Ella y kizashi. Desde medidas de seguridad en su casa hasta libros sobre como educar a un niño. Visitaron al pediatra varias veces para saber todo lo básico y Mebuki escuchó todas las experiencias de sus amigas madres sobre como tratar con infantes.

Creyó estar preparada. No. Sabía que estaba preparada.

Si hubiera tenido un bebe normal podría haber sido una madre más del montón. Podría haber estado en el supermercado quejándose con el resto de madres de los destrozos que sus hijos causaban, de los dolores de cabeza que les daban, del insomnio que todos los padres experimentaban los primeros meses. Podría haber paseado a su bebe en brazos y haberlo exhibido por las calles para que todo el mundo contemplara la maravilla que había creado.

Pero la realidad –para bien o para mal- era otra muy distinta.

Su hija era antinatural.

La pequeña no lloraba, no se quejaba, de hecho, casi ni se movía. Mebuki se la había encontrado varias veces con la mirada perdida, sumida en profundos pensamientos. A veces sus ojos se encendían con furia y todo su cuerpo se estremecía, otras veces simplemente parecía bullir en cólera fría mirando con expresión estoica su alrededor, como si estuviera viendo un espectáculo de marionetas especialmente aburrido.

Cuando Mebuki fingía no estar prestándole atención, la sentía murmurar palabras extrañas en lo que parecía una lengua extranjera. Y si desaparecía de la habitación por un segundo, se la encontraba tratando de ponerse en pie con una inquietante persistencia.

Al principio Mebuki pensó que simplemente eran imaginaciones suyas. Pensó que si lo ignoraba, si fingía que las cosas que veía no eran ciertas, todo saldría bien. Trató de justificar cualquier patrón de comportamiento extraño que su bebe pudiera tener. Pensó que una pizca de rareza no venía mal, su niña sobresalía un poco de lo común ¿y qué?

Sus justificaciones duraron poco. Aunque ella y kizashi hicieron ojos ciegos y oídos sordos sus vecinos no tuvieron la misma cortesía. La gente habló a sus espaldas. Corrieron rumores y pronto los Haruno recibieron miradas de lastima cada vez que salían por la calle

"su hija está mal de la cabeza"

"tiene una enfermedad contagiosa, por eso no la sacan de casa"

"yo la he visto. Es terrorífica. Eso no es un bebe, es un monstruo."

Mebuki había querido varias veces darse la vuelta y enfrentar los molestos cuchicheos, pero por mucho que luego se odiara a sí misma una parte de ella comenzaba a creer sus palabras.

¿Y si era realmente como ellos decían?

Mebuki nunca había conocido a niños genios antes. La mayoría de prodigios nacían de clanes nobles, con generaciones y generaciones de shinobis en sus ADN, no de un clan de mercaderes y constructores como lo eran ellos.

Kizashi le había propuesto llevarla al médico pero ella se había negado. Un poco tonto de su parte porque estaba claro que si alguien podía decirle que estaba mal con su bebe era un especialista. Pero Mebuki era joven, era una civil, y por encima de todo le importaba mucho las habladurías del pueblo. Llevar a su hija al médico significaba para ella asumir que algo malo ocurría.

( Por supuesto que algo malo ocurría, pero eso no significaba que quisiera que todo el mundo se enterara.)

Jugar a "todo está bien" se le dio bien durante unos meses. La gente se la encontraba por la calle y le preguntaba sobre su hija, más por interés sucio que por cortesía. Mebuki respondía con un simple 'ella está muy bien' y rápidamente llevaba la conversación a otro tema. Con suerte, se dijo, la gente se olvidaría rápido del asunto.

Pero la suerte nunca había estado de parte de Mebuki.

Cuando sakura tuvo cuatro meses salió a la calle por primera vez.

Era un viernes y Mebuki había olvidado por completo que la encargada de hacer la compra era ella. Por supuesto no podía irse y dejar al bebe solo, por mucho que supiera que la niña no se movería ni haría nada peligroso, era su deber como madre vigilarla. Para colmo, las personas con las que podía haber contado estaban todas inhabilitadas: Kizashi estaba trabajando, su madre había caído enferma esa misma mañana y sus vecinos preferirían mil veces cortarse un brazo antes que vigilar a la niña. Sin otra alternativa tuvo que llevarse a la pequeña con ella.

Ignoró la mirada penetrante y glacial que su hija le envió cuando la recogió y con toda la confianza que una madre primeriza podía tener se dirigió al mercado.

"konoha te encantará Sakura" se encontró diciendo sin poder soportar el silencio incomodó entre las dos "es una de las cinco grandes aldeas ninja. Puede que esto no signifique nada para ti pero es el orgullo del país del fuego. ¿Ves esa gran montaña al norte? Esa es la roca hokage. Tiene tallada todas las caras de los kages que han gobernado nuestra aldea."

"uhm"

Mebuki se detuvo y miró la cara de sakura. Los ojos verdes de su hija, los cuales normalmente carecían de luz y vida, parecían brillar con reconocimiento y atención. Mebuki sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal y rápidamente compuso una sonrisa tensa. En contra de su instinto siguió hablando sin parar, ignorando la inquietud que se había asentado en su estomago. Le contó sobre los diversos clanes, sobre los legendarios shinobis que konoha había visto nacer, le habló sobre las otras aldeas y sobre las guerras que habían entre ellas. Mientras tanto sakura la escuchó con una atención casi enfermiza, como si lo que mebuki le estaba diciendo fuera un secreto cósmico. Fueron cuarenta minutos hermosos.

Al llegar al centro comercial se encontró con lo que más había temido. Una oleada de pánico la invadió cuando vio a las madres reunidas frente a una verdulería charlando animadamente.

Haciendo acopio de valor de acercó a ellas y las saludó con una gran sonrisa. Enseguida el peso de varias miradas cayó sobre ella y hubo unos segundos de silencio antes de que alguna de ellas respondiera.

"oh, mebuki" hubo una pizca de incredulidad en las palabras de la mujer que la saludaba. Mebuki fue consciente de que los ojos estaban fijos en el bulto que llevaba en sus brazos "¿eso es?- quiero decir ¿esa es tu hija?"

"esta es Sakura" dijo con orgullo y confianza.

"¿esta ella bien? ¿No es peligroso sacarla de casa?" una de las más jóvenes preguntó tocando su barriga prominente

Mebuki sintió su sonrisa menguar un poco y frunció levemente el ceño. No iba a enfadarse. Se había prometido a sí misma que no caería en eso.

"¿Por qué iba a ser peligroso?"

"bueno, oí que tenía una enfermedad o algo así"

"mi hija está perfectamente sana, eso puedo asegurártelo. No deberías creer todo lo que escuchas"

Hubo un incomodo silencio después. Mebuki ajustó el cuerpo de su hija en brazos tratando de calmar su genio. Los ojos de sakura la miraban atentamente. Mebuki no sabía que la ponía más nerviosa, si la mirada de desconfianza de las madres o la mirada evaluativa de la pequeña.

"ella es bastante… tranquila" comentó una de las mayores con ojo suspicaz "nunca había visto un niño tan tranquilo, ni siquiera los de los nara son así."

"yo si vi uno" otra de las mayores habló y lo hizo con un borde de acero en su voz que no presagiaba nada bueno "pero eso fue hace muchos, muchos años atrás. El niño serpiente era así"

Hubo un jadeo colectivo y Mebuki sintió que le habían echado agua fría por todo el cuerpo.

"¿como tu…?" tomó una profunda respiración tratando de no saltarle encima a la que se había atrevido a decir tal cosa y miró al grupo de mujeres con la barbilla bien alta "mi hija es tranquila ¿y que? ella no hace ruidos, no se queja y nunca llora ¿y que? Nunca he tenido que quedarme despierta vigilandola, nunca he tenido que preocuparme porque fuera a meter los dedos en un enchufe, nunca he tenido dolores de cabeza por sus gritos ¿alguna de vosotras puede decir lo mismo? No. Ninguna puede. Mi hija es maravillosa, es preciosa y es inteligente. Muy, muy inteligente. Seguramente más inteligente que yo o que cualquiera de vosotras. Y ella hará lo que quiera hacer y será lo que quiera ser, porque para eso ha nacido en este mundo."

Ni siquiera se dignó a decir adiós. Se dio la vuelta hecha una furia y regresó a su casa dando zancadas.

Sakura se había mantenido en su silencio habitual y Mebuki por primera vez lo agradeció. Se sentó en el sillón del salón con la niña al lado mirándola fijamente. Tardó varios minutos en tranquilizarse y después de que la adrenalina bajara comenzó a llorar.

"está bien, está bien…"murmuró con la cara enterrada en las manos "todo va a estar bien. Ellas no son nadie, no importa lo que piensan. Todo va a estar bien…"

"madre"

Mebuki dejó su balbuceo y esperó unos segundos. Había oído mal. Tenía que haber oído mal. Era imposible…

"madre"

Con lentitud levantó la cabeza de sus manos y miró a su hija. Había un cambio. Mebuki lo notó inmediatamente. Había un reconocimiento es esos ojos que antes no estaba allí. No era amor, por supuesto que no, pero era lo suficientemente cálido como para que mebuki sintiera esperanza.

"¿puedes repetir eso?"

"madre" la niña dejó caer las palabras con mucha facilidad y mebuki quiso reír y llorar al mismo tiempo.

Eligió tomarla en brazos y estrecharla con fuerza.

"si, si, mamá está aquí y papá también. Perdóname sakura, he sido un desastre como madre, pensar que puse por delante las opiniones de esos buitres, no sé en qué estaba pensando" inhaló profundamente el aroma de la pequeña y sorbió su nariz "Puede que no a todo el mundo le gustes, pero mamá y papá siempre te querrán, nunca olvides eso. ¿Eso está bien para ti sakura? ¿Está bien que mamá y papá te quieran?"

Sakura puso sus manos en su pecho y la apartó con toda la fuerza que un bebé de cuatro meses podría tener. La miró a los ojos y asintió.

Mebuki le dio una sonrisa acuosa. Si, era triste, pero no sorprendente, supuso, que la vida de su hija estuviera destinada desde el principio a ser una tragedia.

3º Ley del Karma (Ley de la Humildad)

Lo que te niegas a aceptar te va a seguir ocurriendo. Si lo que vemos es un enemigo, o alguien con un rasgo de carácter que encontramos negativo, entonces nosotros no estamos en un nivel superior de existencia.

Sakura tenía siete meses cuando aceptó, finalmente, que estaba jodida.

Fue un 10 de octubre.

Kazashi y Mebuki habían saltado de sus camas al oír la alarma de seguridad de la aldea y con rapidez la habían tomado en brazos. El temblor de los brazos de la mujer le dijo de buenas a primera que la situación era mala, y mientras abandonaba la casa y se dirigían al refugio, Sakura repasó sus recuerdos buscando información que pudiera ayudarla a saber que estaba ocurriendo.

Fue entonces cuando lo sintió.

Fue una sensación que nunca antes había sentido y que la dejó paralizada. Fue como si miles de manos invisibles la agarraran y la estrujaran. Sintió que algo se cernía sobre ella, algo poderoso y que escapaba a su comprensión.

Incluso años después todavía recordaba cómo su cuerpo se había convulsionado, como su boca se había abierto buscando algo de aire que poder llevar a sus pulmones. Si cerraba los ojos todavía podía oler el humo y la sangre. Las motas de ceniza cayendo sobre su rostro como si de nieve se tratase. Los gritos de horror y de ira.

Escuchó a los progenitores de Sakura gritar por ella y por un momento un pinchazo de culpa brotó desde el fondo de su mente. Allí estaban esos dos ilusos, llorando por ella, el monstruo que había tomado el cuerpo de su hija. Que gracioso y que patético

No era culpa de ellos, por supuesto. Gabrielle podía verlo muy bien en sus ojos. Esas personas no eran como ella. Eran jóvenes e inocentes. Ella apostaba a que nunca antes habían visto la muerte ni conocido el dolor. Dudaba que alguna vez hubieran soportado dificultades en su rutinaria vida cómoda y sencilla.

La amaban, ellos le dijeron. Gabrielle sintió escalofríos. Ella había sido admirada y deseada por muchos. Pero no amada, nunca amada.

Pensó que si no reaccionaba a sus muestras de afecto eventualmente se rendirían y la dejarían en paz. Un mes se convirtió en dos, dos en tres, tres en cuatro, cuatro en cinco, y Gabrielle todavía no sabía muy bien qué hacer con esos dos adultos.

Gabrielle sabía que ella no era lo que ellos esperaban. Había una no muy sutil melancolía en sus ojos cada vez que oían la risa de un niño. Gabrielle no era una persona afectuosa. No lo fue en su primera vida y no lo sería en su segunda, menos con algo llamado 'padres'.

Mebuki y kizashi eran genuinos, eso era lo único que la hacía soportarlos. Gabrielle no podía recordar la última vez que alguien fue así de noble con ella. Su primera vida la había pasado rodeada de mentiras, sangre y animales de carroña que esperaban al acecho a que se descuidara. Pero ellos eran amables, a veces, incluso demasiado. La cuidaban como si fuera un tesoro. Sus palabras eran cálidas y gentiles, y nunca desaprovechaban una oportunidad para hacerle ver lo mucho que su presencia significaba para ellos.

Esa muestra excesiva de amor era como una píldora amarga que Gabrielle se obligaba a tragar.

Como adulta podía comprenderlos. Ella podía simpatizar con su causa y era capaz de imaginar lo que era enfrentarse a una situación no deseada e inesperada. Pero Gabrielle había vivido bajo situaciones peores, y por mucha lástima que hubiera sentido por esos dos adultos consideraba que ahí la única con derecho a quejarse era ella.

Mientras los veía derramar una mezcla de lágrimas y fluidos mucosos encima suyo, y una mujer vestida con una bata la empezaba a revisar por todas partes, pensó que la vida había sido injusta con todos.

Hizo una mueca de dolor y sintió que su cabeza se partiría en dos en cualquier momento.

Recordó que así había sido la primera vez.

Con la bilis en la garganta abrió la boca y se preparó para decir algo. Gabrielle siempre pagaba sus deudas. No creyó que un 'gracias' tuviera el mismo valor que un fajo de billetes pero dada sus circunstancias era lo mejor que podía ofrecer.

Pero luego hizo algo que, años después, describiría como el error más grande de su vida.

Miró por encima de la cabeza de Mebuki.

Ahí, a lo lejos, nueve colas se balanceaban salvajemente arrojando y destruyéndolo todo a su paso. La luna era especialmente grande y brillante esa noche, y ella pensó que aquella imagen era terriblemente hermosa.

Gabrielle recordó la furia y el dolor de tener su vida arrancada de ella. La impotencia de no poder hacer nada. El saber que todo lo que había sido y hecho se había desvanecido en algún lugar del infinito siendo ella la única testigo.

'Qué envidia' Había pensado mirando la escena. Ella también quería embestir contra el mundo de aquella forma.

(¿Y por qué no?)

El mundo a su alrededor tembló y la oscuridad se hizo cada vez más intensa.

(¿Por qué no?)

Gabrielle ya no tenía vida. No tenía a su famiglia, su dinero, ni siquiera su físico. Cualquier culpa que pudiera haber albergado por no amar a unos desconocidos que esperaban demasiado de un ser como ella se desvaneció en segundos. No era su culpa. Ella no había pedido nada de eso. Todo se le había arrebatado, todo excepto una ira calmada que devoraba su ser lentamente. Y esa ira era una vieja amiga suya; sabía cómo controlarla a su beneficio.

Es desafortunado, pensó mirando a los padres de sakura, pero no era su problema.

Sakura cedió al dolor y perdió el conocimiento, pero Gabrielle recordó, y mientras recordó, jamás olvidó.

4º Ley del Karma (Ley del Crecimiento)

Donde quiera que vayas, ahí estás. Para que podamos crecer en el espíritu somos nosotros los que debemos cambiar y no las personas, lugares o cosas que nos rodean. Los únicos dados que tenemos en nuestra vida somos nosotros mismos. Si nuestro interior cambia, nuestra vida cambia también.

Meses después de aquel 10 de octubre, Gabrielle se encontró una vez más mirándose al espejo.

El nuevo mueble había sido un regalo de kizashi. Era un espejo de madera, ovalado, de cuatro pies de alto y 80 centímetros de ancho. Tenía tallado detalladas flores de cerezo y pequeñas hojas pintadas en cálidos tonos pastel.

Kizashi se lo había colocado delante con una gran sonrisa, como un niño esperando la aprobación de su madre.

"¿te gusta?" le había preguntado.

Gabrielle se había congelado al ver su reflejo y rápidamente había apartado la mirada y la había centrado en los ojos del hombre.

"rosa" fue todo lo que dijo porque, si, el espejo era mayormente rosa y no había otra cosa que Gabrielle pudiera haber dicho.

"ya sabía yo que te encantaría" kizashi asintió con la cabeza y procedió a dejar bien asegurado el espejo en una de las paredes de su habitación.

Gabrielle no se había molestado en corregirlo. Un color no era razón por la cual discutir, no importaba cuan irritante fuese el que los Haruno pensaran que el rosa era su color favorito. Además, el color del objeto no le molestaba tanto como el objeto en sí.

Ver su reflejo en ese inmaculado cristal era quizás una de las cosas que Gabrielle más odiaba, y, que inconscientemente, más hacía.

No importaba cuanto se estirara la cara o cuanto se tirara del pelo, la imagen no cambiaba. Gabrielle odiaba ese nuevo cuerpo. Odiaba esa cara fofa y regordeta, odiaba esas pequeñas manos con esos dedos tan malditamente cortos. Odiaba ese pelo con ese color tan extraño y odiaba esos ojos que le recordaban cosas que no quería recordar.

Sakura no era fea, en lo absoluto, pero no era Gabrielle. Su cuerpo de mujer adulta había sido remplazado por el de una niña a la cual Gabrielle no tenía estima alguna.

Gabrielle sabía que para avanzar, para dejar atrás su pasado, debía asumir que ese cuerpo era ahora su cuerpo. Necesitaba interiorizar el hecho de que eso- la niña de pelo rosa y ojos verdes- era ahora ella. Pero la teoría era más fácil que la práctica.

Gabrielle no podía evitar sentirse como una ladrona de poca monta. Y eso no era normal en ella, no cuando estaba acostumbrada a coger y usar cosas a su antojo. Ella pensó que tal vez tenía que ver con el hecho de que aquel cuerpo estaba pensado para otra. Era como comprar un vestido y que luego el dependiente dijera que x persona lo había utilizado. Había una sensación imborrable de inferioridad.

Gabrielle odiaba esa sensación. Ese cuerpo no era un cuerpo original. Ese cuerpo era el cuerpo de Sakura y, de manera desconocida, había ido a parar a sus manos. Y ella lo utilizaría, por supuesto, pero de igual manera que uno utilizaba unos zapatos prestados. Ese cuerpo le serviría, pero nunca sería completamente suyo.

Gabrielle recordaba como había sido la sakura original. Su carácter podía haberse descrito con unas cuantas palabras. Nunca le gustó realmente. Quizás porque había estado en una edad en la que había necesitado fuertes modelos femeninos, y un personaje que lloraba tan a menudo no era algo con lo que ella se hubiera sentido identificada.

Aunque nada de eso realmente importaba. Ya no. Gabrielle no era Sakura original, y ella tenía pocas intenciones de desperdiciar el potencial de ese cuerpo y esa mente. Ella iba a hacer usufructo de ser sakura, y se convertiría en algo que haría que el universo se arrepintiera de ponerla en esa situación.

5º Ley del Karma (Ley de la Responsabilidad)

Cada vez que algo malo sucede, hay algo mal en ti. Lo que nos rodea nos refleja y reflejamos lo que nos rodea; es importante asumir la responsabilidad de en lo que tu vida está presente.

Nadie llegaba a ninguna parte sin esfuerzo y ambición.

Gabrielle o Sakura (como había decidido llamarse a sí misma, porque de otra manera sería demasiado difícil avanzar, y no, no podía permitirse seguir estancada por más tiempo) sabía eso muy bien. Una primera vida fue suficiente escuela.

Sin embargo, esas dos cosas no eran suficientes para garantizar el éxito. Se necesitaba experiencia, confianza, dinero, conexiones y poder.

Sakura tenía confianza en sus habilidades. Algunos podían llamarlo arrogancia, pero sakura sabía mejor. Ella había trabajado duro en su vida pasada. Veinte años trabajando desde el fondo de la cadena alimenticia, desde las sombras de su familia, haciendo todo lo que podía para llegar a la cima. Y ella lo había conseguido. Por sí sola. Algo tan irrisorio como la reencarnación en otra dimensión no iba a quitarle eso.

Desafortunadamente para ella, su situación era muy diferente a la de su primera vida. Las ventajas y facilidades que había disfrutado, y con las cuales había podido llegar a donde había llegado, ya no estaban. En ese mundo de lo único que podía depender para conseguir sus metas era de ella y solo de ella. Completamente.

Y para ello, no le quedaba más remedio que convertirse en un ninja.

Ahora, a Sakura no le disgustaba esa idea. La idea de poder desaparecer en un parpadeo o provocar desastres naturales haciendo gestos con las manos era muy atractiva. Pero sakura era sakura. Sakura Haruno. La niña predestinada a ser la heroína de la historia. Y ella simplemente no lo era.

No era modestia. Cuando ella decía 'no soy un héroe', lo decía en serio.

Ella quería ser exitosa y poderosa en esa vida, y eso no lo podía conseguir actuando como una hermanita de la caridad.

Nadie la llamaría 'cariño' cuando estuviera sentada en un trono, eso desde luego.

Y por supuesto, todo eso significaba que debía comenzar a prepararse desde ese mismo momento, haciendo lo que podía con todas las posibilidades que tenía. Y el primer paso era indudablemente su formación académica.

Hablar le llevó nueve meses, no perfecto, por supuesto, pero lo suficientemente bueno como para poder comunicarse. Sus recursos lingüísticos tuvieron un gran impacto en la rapidez de su aprendizaje, para el placer suyo y la desgracia de sus parientes. 'libro' se convirtió en su palabra favorita y casi que la decía por el placer de ver la ligera contracción en la ceja de mebuki o la risa nerviosa de kizashi.

(Sakura todavía recordaba el nombre del primer libro que tuvo en sus manos. Cuentos del país del fuego.)

Pasó muchas horas sentada junto a Mebuki tratando de darle algún sentido a las palabras que veía. En su antigua vida había aprendido tres idiomas a parte del italiano: inglés, español y francés. Sabía algunas palabras en chino mandarín y también sabía como decir 'si' y 'no' en alemán. Pero no tenía ni pajolera idea de japonés.

Con el Hiragana y el katakana no tuvo muchos problemas. Pero la palabra kanji se convirtió en sinónimo de pesadillas. ¡Habían miles! ¿Cómo esperaban que alguien se metiera todo eso en la cabeza? Un mismo kanji podía tener diferentes significados dependiendo de donde se pusiera y con que se combinara ¡era una locura!

Increíblemente, le llevó menos de cinco meses aprender a leer. Como Gabrielle había sido inteligente, si, pero nunca se había considerado una genialidad. En cambio, como sakura, su cerebro absorbía y absorbía sin parar, su memoria y sus pensamientos se organizaban rápidamente y había una cierta 'claridad' con la que todo a su alrededor se movía.

Aprender a leer fue para ella como abrir la caja de pandora. Las leyendas y los cuentos eran interesantes y divertidos, pero no eran necesarios. Sakura buscó libros de historia y los devoró. Pasó por encima de textos de política y economía como si fueran pan de cada día y se sumergió en intrincados tratados y leyes.

Para entonces sus cuidadores, como a ella le gustaba llamarlos para sí, habían aprendido a vivir con sus peculiaridades. Por supuesto había una mirada o un fruncimiento de labios de vez en cuando, pero la mayoría del tiempo los haruno mostraban una actitud bastante positiva respecto a la situación, mejor aún, alentaban su progreso.

Si sakura pedía un libro sobre la jerarquía entre clanes y como estaban divididos los poderes políticos, los haruno recorrerían cielo y tierra y se lo conseguirían. Por esa razón, cuando sakura pidió información sobre el chakra, no se sorprendió al tener a los pocos días sobre la mesa de la cocina un tomo sobre teoría elemental, cortesía de kizashi.

"¿ya interesada en eso? pensé te gustaba la política" mebuki comentó suavemente mientras fregaba los platos.

"voy a ser un ninja" le informó despegando unos momentos la vista de las páginas y centrándose en la mujer.

Mebuki se giró y la observó, no parecía sorprendida, más bien la miraba con una triste resignación.

"lo sé" le sonrió y volvió a su tarea.

Y ahí acabó la conversación.

6º Ley del Karma (Ley de la Conexión)

Incluso si algo que hacemos parece insignificante, es muy importante saber que se hace en conexión con el universo. Cada paso lleva al siguiente y así sucesivamente. Todos estamos conectados en pasado, presente y futuro.

Durante unos años, su vida fue pacífica.

Hasta ese punto había intentado de todas las maneras habidas y por haber de mantenerse alejada de cualquier cara conocida que pudiera haber visto por el pueblo. La mayoría de sus salidas se limitaban de su casa a la biblioteca, o de su casa al mercado. Su entrenamiento físico lo desarrollaba en el jardín detrás de su casa. Kizashi incluso le había construido un poste con varias dianas para que practicara su puntería.

Ella casi nunca hablaba con nadie que no fueran sus cuidadores o los médicos, incluso el bibliotecario había mantenido sus distancias con ella una vez que la había visto leyendo un libro sobre venenos. No faltaba decir que nunca había intercambiado palabra con otros niños. Eran ruidosos y molestos, y ella prefería mil veces la compañía de una roca.

Incluso las pocas veces que había decido ir al parque y sentarse bajo un árbol a leer nadie la había molestado ni perturbado.

Ella estaba bien con eso. Estaba bien con disfrutar de un poco de paz antes de que llegara la tormenta.

Lamentablemente (y no sorprendente, porque, bueno, de expectativas no vivía el hombre) la tormenta llegó antes de que ella pudiera prepararse, en forma de una bola de cinco años con una energía que podría haber rivalizado a la de una supernova.

Naruto no era y a la vez era como se lo había imaginado. Un mocoso pequeño y delgado, con unos ojos que parecían desprender luces y una sonrisa demasiado grande como para caberle en su diminuta cabeza.

Si tuviera que adivinar qué fue lo que llevó al protagonista a acercarse a la antisocial pelirosa de la que todo el mundo huía estaría sin ideas. El niño la había estado mirando desde lejos durante varias semanas hasta que un día simplemente se sentó a su lado y de allí no se movió.

Al principio no hablaron. Sakura dudaba que el niño supiera siquiera su nombre, él solo la miraba con ojos asombrados y de vez en cuando se asomaba por las páginas de sus libros y fruncía el ceño desconcertado.

Sakura hubiera seguido con esa situación mucho tiempo más de no haber sido por lo irritante que era tener a alguien mirándola constantemente como si fuera una maldita estatua pública, además ella era sensible al chakra, ignorarlo no era una opción.

"si tanto te interesa el libro puedes leerlo ahora cuando acabe" le dijo un día.

Eso pareció sorprenderlo. La miró boquiabierto por unos buenos pares de segundos, después se sonrojó y desvió los ojos hacia el suelo.

"no sé leer todavía" murmuró avergonzado mientras sacaba tiras de pasto con los dedos.

Sakura detuvo su lectura y se giró a enfrentarlo.

"¿qué?"

Sakura no había pensado en esa posibilidad, pero pensándolo bien, no le sorprendía. Solo tenía que ver el aspecto de él para saber qué clase de vida estaba teniendo. Por lo que había escuchado, Naruto vivía todavía en el orfanato, ya que la edad legal para vivir solo era a partir del comienzo de la academia (solo en caso de ninjas, con los civiles era otra historia). En el orfanato lo natural era que los cuidadores enseñaran a los niños a leer o al menos que los rellenaran con las bases, pero sakura dudaba que alguno de ellos estuviera dispuesto a acercarse a naruto.

Teniendo en cuenta todo eso sakura encontró razonable el que el naruto del canon fuera un fracaso en sus estudios.

Ahora, ¿estaba ella dispuesta a dejar que su futuro compañero de equipo fuera un analfabeto hasta los 5 años? la respuesta era obvia.

"vamos" se puso en pie y le indico que la siguiera.

"¿a-a donde?"

"a la biblioteca"

Él se detuvo en seco y parpadeó. sakura puso los ojos en blanco y lo jaló de la mano.

"si voy a enseñarte a leer necesitare material, después te compraré unas libretas para que practiques tu escritura, tenemos mucho trabajo que hacer"

Naruto no dijo nada y Sakura no se paró ni por un momento a pensar que podía estar pasando en la cabeza del chico. Solo sintió que él le apretaba fuertemente la mano, como si temiera que fuera a soltarlo.


¿mejor que el otro? ¿peor? dejadme saber lo que pensáis~