SNK no me pertenece, si ese fuera el caso, Uri habría sido rubio en el anime.
Por cierto que corregí esos detalles en el cap anterior que ya había publicado, debido a que en algunas partes donde lo llamaba "rubio".
LA INTERESADA
Exactamente tres semanas de la segunda visita, la pareja Ackerman vuelve a ir a la cantina.
Ese día, el caballero de cabello castaño, estaba usando una boina.
Tal detalle no habría sido importante, de no ser porque en la cuarta visita, Traute se da cuenta de que está usando una peluca.
La cabellera no luce falsa. Aun así la mesera llega a la conclusión de que debía ser una peluca costosa, porque se veía demasiado realista, y era imposible que el cabello le hubiera crecido tanto de tres semanas hacia acá.
Por supuesto que actúa como si no hubiera notado el detalle, y sigue actuando de la misma forma tres semanas después, cuando el hombre luce desmejorado.
Tal vez no debería darle importancia al dato de la peluca, pero mientras le lleva otro refresco recuerda que cuando estaba usando la boina, su cabellera lucía a que había perdido volumen en algunas zonas, como si se le estuviera empezando a caer.
Quizás no hay mayor explicación más de que está perdiendo el cabello por una simple cuestión de la naturaleza, eso pasa en algunos hombres.
Lo mismo debía pasar con que ahora luce desmejorado, tal vez no hay una explicación interesante, sino algo simple.
Quizás solo está resfriado.
Pero cuando lo ve más desmejorado en la siguiente visita, y aún más en la siguiente, llega a la conclusión de que definitivamente algo pasa.
Es decir, tal vez la pérdida de cabello no tiene ninguna causa extraordinaria, pero verlo cada vez más desmejorado, incluso al grado de parecer que ha perdido peso, definitivamente significaba que el diminuto hombre estaba enfermo, tal vez de algo grave o crónico.
Traute por supuesto que sigue comportándose como si no se diera cuenta, porque no va a preguntarles, ni siquiera sabe cómo se llama ninguno de los esposos. Y para cuando ellos se vayan y se quede conversando con sus demás compañeras, se referirá a ellos como a "los señores Ackerman", o a "el hombrecillo" y "el ex policía" si quería referirse a alguno en específico.
La mesera para entonces ha encontrado el patrón: sus visitas son exactamente cada tercer lunes.
No logra hacerse una idea de exactamente qué causa el patrón, es obvio que algo importante e ineludible debería causar algo así, no cree realmente que viajen tres horas de ida y venida solo para ir a la cantina exactamente cada tercer lunes. Debía de haber algo más. Aunque tampoco es algo que le quite el sueño, todo inició como una mera curiosidad aunque iba en aumento su interés de saber más al respecto.
Luego de haberlos visto seis veces, ya no se emociona en la séptima visita igual que en la segunda vez de verlos -sabiendo que dejaban buena propina-. Ya ha perdido el sentimiento de novedad, ya se han vuelto parte de su vida, casi parecen algo más de la monotonía de su existencia.
Se han convertido en un engrane más en su vida laboral aunque sí están despertando su obsesión.
Por si fuera poco en la octava visita pasa algo digno de sobresalir.
Por supuesto que el hombre trae una apariencia más raquítica, incluso luce carente de fuerza. Pero ni siquiera esa fue la novedad de ese día.
Ni siquiera cuando en una vuelta al almacén para traer una botella, se encuentra con el hombre, adyacente a los sanitarios, recargado en la pared con una mueva de aparente incomodidad.
—¿Se encuentra bien? —Pregunta Traute, no por amabilidad, sino por interés.
—Sí… Le agradezco su preocupación, pero estoy bien. —Responde el hombre antes de alejarse para sentarse a su mesa, caminando como si le doliera respirar.
Los sanitarios de hecho no están tan a la vista, así que el ex policía ni enterado de que su marido estuvo reposando afuera de estos.
Más tarde, mientras hablaba con una de sus compañeras cerca del almacén, siente una mirada penetrante, más concretamente en su trasero.
Para Traute no es novedad que la miren, sobre todo porque trae unos jeans que le resaltan mucho esa zona, pero se sorprende cuando al girar la cabeza de improvisto, atrapa al ex policía viendo sus glúteos.
El hombre, sabiéndose descubierto, se apresura a entrar al sanitario como si quisiera escapar.
«¿Pero qué hacía mirándome las nalgas?» Piensa la mesera. «¿No se supone que es gay?»
No se queda a pensarlo, simplemente camina a llevar un par de tarros a una mesa aledaña a donde el esposo del ex policía se masajea la sien, en evidente malestar.
La mesera lo nota, y se le acerca.
—¿En serio se encuentra bien?
—Claro que sí.
El hombre le sonríe alejando la mano de su frente, como si quisiera hacer de cuenta que no le pasa nada, y no es una sonrisa que se vea exagerada ni falsa, pero por algún motivo a Traute no termina de convencerle.
—Señorita… ¿Podría traerme otro refresco y más galletas saladas?
Ella accede, aunque su mesa está repleta de galletas y del refresco anterior no se ha bebido ni la mitad. Traute supone que lo hizo para alejarla, pero ella igual lo acata, siempre obediente, como si fuera un robot, como si únicamente hubiera nacido para servir.
Se acerca de manera silenciosa, pretendiendo únicamente hacerse notar para que vea que le dejó lo solicitado y alejarse, pero cuando esta vez lo encuentra frotándose la frente, le sobreviene otro impulso.
—Señor —El hombre de nueva cuenta repara en ella y aleja su mano de la frente intentando disimular lo que hacía— ¿De verdad está bien?
—Sí —Replica con algo de fastidio— Es la tercera vez que me lo pregunta, espero que ahora sí me crea.
Traute pese a todo, luce inconsecuente.
—Disculpe, señor. No quise hacerlo enojar —Le dice antes de girarse.
Comienza a alejarse, pero la voz del hombre le detiene.
—¡Espere…! —Traute se gira— Lo siento, señorita.
La rubia se sorprende, pero le habla mientras se aproxima.
—Soy yo la que debería disculparse. Seguro le parecí una entrometida.
—Aun así, no debí ser grosero con usted.
La rubia se sorprende aún más.
Hombres tan adinerados como él, no deberían disculparse… Mucho menos ante alguien como ella.
—No importa si no me siento del todo bien, no debí… —Es interrumpido por Traute.
—Entonces sí tiene algo —Afirma, tomando por sorpresa al hombre que finalmente decide rendirse.
—Bueno, sí… No he estado durmiendo bien.
—Con todo respeto, no me parece suficiente motivo —Dice la mesera, pese a lo brusca de la frase, hay suavidad en su voz— Luce cansado.
—Es culpa de mi esposo —Responde calmadamente— Me ha estado desvelando últimamente… Tiene una energía que parece que duermo con un veinteañero… Usted entiende —Agrega lo último con las mejillas ligeramente ruborizadas, como si deseara no tener que ser más específico, y sin embargo profundiza— Una vez corrió en un maratón… ¿sabe cuántos metros son esos?
—No, señor.
—Cuarenta y dos mil metros… cuarenta y dos mil metros y tuvo energía para un "round" nocturno.
»Se lo juro. Mi esposo es una máquina.
Si la mesera acostumbrara reírse, seguro lo estaría haciendo. Le es divertido que un hombre casado y con la suficiente edad como para ser su padre se avergüence de la palabra sexo.
Traute no sabe por qué, pero no duda de lo último dicho por el hombrecillo. El ex policía camina con una firmeza contraste con sus arrugas del rostro. Incluso estas, no parecen las de un hombre viejo, sino las marcas de la estresante vida que debió llevar al mando de la policía. Su voz también podría quedarle a un hombre un tanto más joven. Es cierto que la edad física y mental debía de ser mucho menor a la edad real, así que es posible que incluso en el sexo fuera así. Pero está segura de que la apariencia acabada del hombrecillo no tiene nada que ver con sexo salvaje con su marido.
Está segura de que hay algo más.
Pero no va a decirle.
No va a decirle que no se ha tragado su elaborada treta.
—Tal vez solo necesita adelantar el horario de "intimidad" —Sugiere Traute, habiendo decidido que fingirá creerle— Así acabarían más temprano, y usted tendría más horas de sueño.
—Supongo que sí.
Hay un instante de silencio, hasta que Traute decide decirle que irá a ver si ya está listo el platillo que pidió su esposo.
Cuando regresa con los camarones, el ex policía ya está sentado en la mesa… Este no la mira, es decir, nunca lo hace, pero antes parecía ignorarla sin verdadera intención, ahora de manera consiente mira a la mesa, a su platillo, a su botella, al hombrecillo, a todos los lados menos hacia ella.
Y como si pretendiera hacer de cuenta que no pasó nada, se lleva comida a la boca.
Traute se aproxima para vaciar el poco ron que queda en la botella en el vaso del hombre de más edad, el silencio casi se podía cortar, hasta que el hombrecillo suelta una pregunta a su marido.
—¿Qué crees que me acaba de decir la señorita aquí presente?
El mayor se atraganta con sus camarones. Casi podría pensarse que es meramente circunstancial, que se está ahogando por broma del destino, pero Traute nota cierto pánico en su mirada. La conciencia y los nervios debían estarle haciendo una mala jugada.
El hombre tose y tose intentando pasarse el bocado. Intenta no lucir alarmado, aunque sabe que falló desde el principio.
El ex policía se da cuenta de la mirada escrutiñadora de la mesera, pero ella no le importa, sino que mira a su pareja tratando de descifrar si se forzó a disimular su molestia a o qué.
Pero no llega a ninguna conclusión. Le confunde la mirada de genuina preocupación que le dedica su marido como sigue tosiendo.
«Tal vez ella le dijo que le estuve mirando el trasero, pero él solo debe pensar que fue un malentendido y quiere que lo aclaremos»
Como sea, no le queda otra cosa más que enfrentarse a la situación.
—¿Qué fue lo que te dijo? —Pregunta en el tono más desinteresado que logra fingir cuando consigue tragar.
—Se dio cuenta de mi cansancio, y le dije la verdad —Traute nota perfectamente la mirada sorprendida del mayor— Que mi fogoso esposo me desvela y me deja muy cansado.
El ex policía sonríe por la broma.
—Ay, Uri —Agrega en tono bromista y con falsa indignación— ¿Para qué se lo decías? Va a pensar que soy un pervertido— Se da cuenta de que la mesera lo mira como exigiéndole que no sea tan cínico, pero se obliga a no reaccionar.
—Sí me disculpan voy a la cocina, ya debería estar listo su pescado zarandeado— Comenta la mesera antes de alejarse.
—Sé que no te importa lo que la señorita piense de ti —Dice Uri cuando Traute se ha alejado lo suficiente— Pero tuve que mentirle, Kenny… me he estado sintiendo mal y ella se dio cuenta.
—También te sentías mal en la mañana cuando me insististe que no, ¿verdad? —A Uri le toma tan en sorpresa la pregunta que ni siquiera logra mentir antes de que su esposo hable de nuevo— Deberías seguir descansando —Su interlocutor sabe que es inútil intentar volver a mentir, pues perdió su oportunidad segundos atrás.
—Podré descansar en la casa, ya iniciamos el camino.
—Solo avanzamos media hora antes de llegar aquí… todavía podríamos buscar un hotel para que descanses otro día.
—No. Mikasa ya ha estado dos días bajo el cuidado de Erwin y Levi, no quiero causarles más molestias.
—Solo la dejamos con ellos para que no esté sola en la casa, pero no es una niña a la que tengan que cuidar a cada momento. Ya se atiende y se cuida sola, incluso es capaz de cocinar, así que no la uses como pretexto.
»Deja de intentar tratarla como si fuera una bebé…Tal vez Khaled y su esposa no eran como yo, pero ni siquiera ellos la sobreprotegían.
—Quiero mucho a Mikasa. No me culpes por querer protegerla yo mismo.
—No lo hago, pero entiende que te exiges demasiado en pos de cuidar a alguien que no lo necesita... Mikasa puede sobrevivir otro día sin tu presencia, y tú necesitas descansar.
—No necesito descansar, solo quiero ir a casa —Kenny iba a agregar algo más, nunca se sabrá qué, puesto que se borra de su memoria cuando ve a Uri cerrar los ojos en una mueca de incomodidad— ¿Qué te pasa?
—Necesito ir otra vez al sanitario.
—Es la quinta vez en lo que estamos aquí. ¿Ves que no estás bien?
—No me regañes. Mejor apóyame —Dice poniéndose de pie— Si pregunta la mesera fui a lavarme la cara para volarme el sueño.
Ah, la mesera.
No había pensado en ella.
Ya se le había olvidado.
Como por cosa del destino ella se acerca a dejarle el pescado zarandeado más cerca de donde debía de estar Uri.
Decide que es buen momento para "solucionar ese asunto".
—Señorita —Traute detiene su marcha— Sé cómo se vio lo de hace rato, pareció que le miraba el trasero, pero le juro que no lo estaba haciendo.
—Yo no dije eso.
—No importa… solo quiero aclarar ese malentendido porque no quiero que llegue a oídos de mi pareja.
—No planeaba decírselo.
—Solo quise dejarlo claro.
La rubia casi se siente ofendida, ¿le vio cara de chismosa o qué?
Como piensa que no hay más que agregar, casualmente le pregunta si querrá otra botella de ron.
—Claro.
Justo cuando ya se había girado para traérsela, el hombre le vuelve a llamar.
—Señorita… Me parece que nos trajo muchas galletas saladas.
—Su esposo me pidió unas hace poco.
—Ni creo que se las coma, mejor llévese estos paquetes ahora que no está.
La mesera decide no alegar, pero antes de tomar las galletas, nota que hay un billete de doscientos kyojins que sobresale discretamente de entre los paquetes.
La rubia lo mira a los ojos, como queriendo confirmar que no ha sido un error. El hombre mientras sonríe le dice:
—Ya quedó claro que todo fue un malentendido, ¿verdad?
La mesera durante un par de segundos no logra articular nada de la impresión.
—Por supuesto que sí —Dice sonriente, mientras toma los paquetes y se va.
Cuando saca el billete de entre las galletas para guardárselo, lo hace nerviosa, como queriendo asegurarse de que nadie se lo vea e intente quitárselo.
De verdad que no le mintió al ex policía cuando le dijo que no planeaba decirle nada a su esposo… Pensó que si le hacía el comentario al diminuto hombre, habría riesgo de que él no quisiera volver a ir a la cantina… Ya sea por "levantarle falsos a su marido" –como tanta esposa ingenua que por nada desconfía de su pareja-, o para evitar que su esposo volviera a verla… Y no estaba dispuesta a tomar ese riesgo.
Es cierto que a estas alturas ya no le emociona verlos como en la segunda vez, pero tampoco es que no quiera su dinero, porque por supuesto que lo quiere.
Para ya casi terminar el turno, recordaba aquella clase en la secundaria, como dos primos habían iniciado a preparar la que en la actualidad se comercializaba como la salsa hizuru, y un tercer miembro de la familia, había terminado presentando al que sería el cuarto miembro del negocio, el único que no tenía lazos de sangre con ninguno, pero sí el capital suficiente para hacer que el negocio arrancara.
Anteriormente no lo había pensado, pero entonces fue Uri quien ya tenía dinero desde antes.
Traute ahora se pregunta, ¿de dónde lo habrá sacado?
Recordando sus ademanes delicados al comer, llega a la conclusión de que quizás proviene de una familia adinerada, una de mucha clase y empoderamiento económico.
¿Y qué hacía al lado de un hombre del que se notaba a de lejos que no tenía nada que ver con su mundo?
Un desgraciado que andaba de ojo-alegre cuando no estaba a su lado.
Aunque de lo que no se entera, no le hace daño. Además, él es el adinerado de los dos, no sabía mucho de finanzas, pero seguramente que no metió todo su capital a un negocio que no sabía si iba o no iba a prosperar. Aun debía tener más dinero además de la salsera, o no podrían venir de vez en cuando a gastarse miles de kyojins de vez en cuando.
Tal idea le hace llegar a una conclusión.
—El ex policía debe estar a su lado por interés —Se dice a sí misma.
«Pero claro» Pensaba Traute.
«Quizás ni siquiera le gustan los hombres, o sino no estaría viendo a las mujeres, pero entonces se propuso a seducirlo para convencerlo de que pusiera el dinero para el negocio, y si aún no lo deja es porque todavía tiene dinero que sacarle»
—Esa es la idea más pendeja que se te ha ocurrido —Dice la cocinera, a quien Traute se había ofrecido a ayudarle con la limpieza de su sección con tal de poder conversar— ¿Crees que un hombre, al que no le gusten los hombres, podría meterse con uno durante más de veinte años solo por dinero?
—Pues sí, ¿o si no porqué existen las prostitutas? Ni modo que me digas que ellas también disfrutan que las toque cualquier tipo si de todos modos se entregan por dinero.
—Los hombres no funcionan igual… Una puede simplemente dejarse usar, ellos no, si no se excitan, no se les levanta aquello… Y no se trata solo de que "se le levante", sino de mantenerlo "levantado" el tiempo suficiente… ¿O qué? ¿Crees que solo por dinero un hombre podría besar, tocar y tener sexo con otro hombre si no le gustara?
—Tal vez sí… Quizás a fuerza de meterse con él ya le agarró gusto —La cocinera niega con la cabeza, aunque ya casi dándose por vencida...— Tú hablas del matrimonio Ackerman como si los conocieras.
—No precisamente. Fui espectadora… El mayor era un patrullero comisionado a este barrio. Solía tener aventuras de una sola noche, pero eso se acabó cuando conoció al señor Uri.
—Y esas aventuras eran mujeres, ¿Verdad?
—Sí.
—¿Ves que sí le gustan las mujeres pero por interés se terminó metiendo con un hombre?
—Tal vez antes se metió con otros hombres a escondidas, recuerda que en ese entonces que sospecharan que fueras homosexual, era peligroso... El señor Uri por lo mismo tuvo que irse.
—¿Cómo que tuvo que irse?
—Ya se había establecido aquí… Llegó de fuera y no conocía a nadie. El señor Kenny lo acogió en su casa, supuestamente para compartir gastos, quien sabe si desde entonces ya serían pareja o qué, pero realmente no parecían ni siquiera amigos, solo dos personas que pagaban el alquiler de una misma casa, porque por los horarios de trabajos de ambos apenas y coincidían. Para cuando se esparció por todo el barrio el rumor de la homosexualidad de Uri, él ya había desaparecido. En ese entonces si le preguntaban al señor Kenny, con aparente indiferencia respondía que le había sugerido que se largara, que no importaba si lo negaba, que con el mero chisme había riesgo de que lo mataran y que por eso se había ido la noche anterior… Desde entonces, Kenny luchó para ascender de puesto, y hace quince años, ya siendo jefe de la Policía, habiendo disminuido sustancialmente los crímenes de odio, y habiéndose logrado la legalización del matrimonio igualitario, se casó con Uri, y tuvieron su luna de miel en este barrio, porque acá se conocieron… De hecho se conocieron en esta cantina, supongo que por eso vienen mucho.
Traute, totalmente fascinada, escucha esa historia que le parece digna de la telenovela del horario estelar, se pregunta entonces sí luego de que Uri se fuera, se reencontraron en otro lado, o qué cosa los llevó a estar juntos de nuevo, pero hay otra interrogante que no la deja tranquila.
—Bueno, pero si está casado con un hombre que supuestamente le gusta, ¿qué hace mirándome el trasero?
—No sería el primer hombre casado que se pone a dar vistazos fuera de casa.
—Sí, pero ¿no se supone que es gay?
—Hay personas que juegan para los dos bandos —Explica la cocinera en tono sugestivo.
—¿Eso se puede? —Inquiere entre la incredulidad y la sorpresa. Le parece demasiado, de gente insaciable que por eso tiene que acostarse con miembros de los dos sexos.
—Claro —Traute no responde… no lo hace, porque su mente está en otra cosa, otra idea…
«Si ese es el caso, no me molestaría ser su amante»
Por un segundo, se encuentra fantaseando con eso.
«No me importaría meterme con un hombre que se mete con otro si este me da dinero»
De cualquier modo, sin querer ha comprobado que sí tiene atributos que llamen la atención de ese hombre. Y de pronto está imaginando como sería verse a escondidas con el ex policía, reflexionando que no podría ser en su departamento donde sus vecinos eran muy chismosos, sino en alguna habitación de hotel, pensando que ella no cometería el error que cometían muchas mujeres en las telenovelas, iría con la mente fría sabiendo cuál sería su papel: el de la amante, el de la mujer que siempre estaría a escondidas y jamás tendría que cometer la pendejada de aspirar a ser la esposa, porque allí comenzaría su frustración, además no le convenía, si el del dinero era Uri.
Como para qué iba a querer que su amante dejara a su esposo adinerado.
Hombre. Si pendeja no es.
Ni a ella ni a Kenny le convendría.
Así que no. No iba a cometer el error de confundirse, de dejar que afloraran sentimientos que lo único que harían sería complicarle la vida.
De pronto se encuentra maquinando su plan para convertirse en la amante del ex policía. Hasta que se dice que no es posible. Que no puede arriesgarse a un mal movimiento. No le conviene intentar seducir al hombre.
Si la rechaza, el ridículo será lo de menos, no puede arriesgarse a hacerlo delante del hombrecillo, a ganárselo de enemigo porque tenía dinero, y realmente no le conocía. No sabía si no sería capaz hasta de mandarla a matar. Y Kenny solo va a la cantina con él…
Para entonces reflexiona, y se dice que es imposible.
No puede coquetearle y rezar porque Uri no se dé cuenta. Sería casi un milagro que eso pasara.
Lo menos sería estarse arriesgando a perder a sus mejores clientes.
Es mejor dejar las cosas como están…
Al menos por ahora.
Aunque le invade un malestar al pensar que siempre será así, que ella solo los atenderá cada que vayan a la cantina, y nunca estará a su nivel, nunca pertenecerá a su círculo.
No es solo por el dinero.
Aunque ella crea que es por el dinero.
Es por la paz y serenidad que Uri trasmite, cosas que Traute atribuye al dinero, pensando que esto es lo que le da la felicidad, incluso aun cuando es evidente que su salud no es perfecta.
¿Pero qué más da si no es del todo sano?
Puede pagarse los mejores doctores, y seguro por eso –aunque débil y demacrado- aún está vivo y no en un ataúd.
Puede que su salud no sea perfecta, pero sigue teniendo más dinero del que aparentemente se puede gastar.
Y sigue teniendo a su lado un hombre que si bien no le es del todo fiel, por lo menos no le da los disgustos de hacérselo saber.
De momento le tiene envidia, de ver las cosas que tiene para ser feliz, y todo atribuírselo a que tiene dinero… porque la gente con dinero no puede ser infeliz ¿verdad?
Con dinero se consigue lo que sea.
El dinero compra lo que sea.
Teresa Carven, su madre, solía decírselo: Todo es culpa de la maldita pobreza… A la gente rica no le pasan estas cosas… No seas tan bruta de entregarte por amor, es mejor venderse, al cuerpo tienes que ponerle precio.
Traute recuerda esas palabras de su difunta madre. Esa que siempre le hizo saber cuan insatisfecha se sentía de la maternidad, cuan tedioso había sido educarle, y que vivía recordándole que los hijos eran una mala inversión.
Sí. Tuvo una mala niñez. Su difunta madre había sido una bruja, pero para su fastidio pensaba que en algo había tenido razón: Habría sido mejor entregarse por dinero que por amor.
Lo había aprendido a la mala.
Había terminado entregándose a un patán que no había sentido ni tantito remordimiento de haberla ilusionado con tal de meterse en su cama.
Y lo que más lamentaría de haber perdido su virginidad así, no era por el hecho de haberse entregado a alguien que no valía la pena. Más bien era la humillación, y el saber que su madre había tenido razón.
No valía la pena enamorarse.
Era mejor encontrar un hombre que pueda comprar su compañía.
Aunque en lugar de buscarlo, se ha estado obsesionando con el matrimonio Ackerman.
Porque quiere pertenecer a su círculo de amistades. Aun sí eso no le da el dinero. Quiere al menos mirarlos de cerca. Presenciar en primera fila la "felicidad" que da la riqueza aun cuando no le pertenezca. Porque eso sería mejor que mirar de lejos.
No quiere seguir siendo una anónima en sus vidas.
No sabe, y ni siquiera tiene idea, de que su fantasía se hará realidad.
Pertenecerá a la familia Ackerman.
Aunque para eso tendrán que pasar algunas cosas.
CONTINUARÁ…
Notas:
Kenny, al momento de su muerte en el anime, calculo que ha de haber andado sesenteando, y su voz me encanta, y como pienso que fácilmente podría haber sido incluso la voz de un cuarentón, por eso digo en el fic que la voz podría quedarle incluso a alguien más joven.
Para los que no han comido pescado zarandeado, generalmente lo empiezan a cocinar cuando lo ordenan, pero sí es algo tardado porque hay que asarlo lentamente. Por eso puse que a Kenny primero le llevaron sus camarones y luego a Uri su pescado zarandeado.
«Se da cuenta de que la mesera lo mira como exigiéndole que no sea tan cínico, pero se obliga a no reaccionar» Traute casi casi así de: viejo cínico. Tenga tantita madre.
Hago referencia a la telenovela del horario estelar, porque es la novela más vista, más famosa, y la más nocturna posible.
Hago mención a que la madre de Traute se llama Teresa, en primera porque empieza con T, porque combina con el apellido, y porque así se llama una novela mexicana, donde la protagonista que se llamaba Teresa, era una joven bella e inteligente que lucha por salir de la pobreza, y no precisamente con trabajo, sino seduciendo hombres adinerados, avergonzada de su origen humilde, egoísta y ambiciosa. Siendo capaz de mentir, traicionar, quitar novios a amigas y renunciar al amor con tal de conseguir dinero, creyendo que eso la haría feliz… Quizás la mayoría conozcan la versión de 2010, pero hubo otras dos novelas antes que tuvieron el mismo nombre y básicamente la misma trama (1959 y 1989). Telenovelas con trama parecida son dos llamadas "Rubí" (1968 y 2018), aunque una diferencia sustancial es las Teresas sí querían a su hermana Rosita y sufren cuando muere, y las Rubís veían en su hermana Cristina a alguien más a quienes hacerle maldades.
«Todo es culpa de la maldita pobreza… A la gente rica no le pasan estas cosas…» Son frases que dice Teresa en su versión del 2010, quien es conocida en memes diciendo: Odio ser pobre. (Quien no ha visto la telenovela mínimo conoce el meme o la escena donde dice "Odio ser pobre, lo odio, lo odio")
Al explicar la manera de pensar de Traute, no es para justificarla, ni para decir que si pasaste por lo mismo, deberías pensar igual. Es simplemente para que entiendan por qué es así. Para darle sabor a sus choros mentales.
Publicado el 01 de octubre de 2018.
