Siempre soñó con ser uno de esos tipos que escribían para la National Geographic, tanto así que, obviando los planes de su familia, decidió seguir su vocación.
Amaba su profesión, de eso no cabía la menor duda. Sólo que a veces fotografiar para una revista científica podía llegar a ser un tanto… perturbador.
Captura
o
Destino
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Llovía a cántaros, el cielo parecía haberse cerrado a cualquier haz de luz solar. Hacía frío, sus manos estaban congeladas y de un tono violáceo, sentía sus labios partirse, su nariz roja dolía y tenía sueño. Pero «No - Debes - Dormir». Sólo esperaba que esta vez mamá quisiera verla, porque sospechaba que aquella sería la última.
—Sólo cierra los ojos. Tres, cuatro, cinco. Repite.
«Transportandome silenciosamente hacia abajo, aún más hacia abajo, cada vez más abajo…»
—Adiós, niña.
Mamá...
«¡Hasta la muerte, hasta la misma tumba!»
Silencio.
...
—Así que Danzo decidió aplazar el viaje para esta mañana. A las once con treinta sale tu vuelo.
—Lo sé, tengo el pasaje—respondió desganado. Se había desvelado, se durmió a las tres de la madrugada y Orochimaru como siempre inoportuno, le había llamado a las cinco con quince de la mañana por puro gusto.
—Intento darte la mayor información posible, quiero que tengas éxito en tu viaje, ¿por qué el enojo, Sasuke?
—Porque son las cinco de la mañana, recién a las tres logré conciliar el sueño y necesito dormir—Levantó la voz al decir lo último, pero simplemente oyó como respuesta una carcajada y un "no quiero saber que hacías". Por puro impulso dio un brinco y se levantó de la cama. Le hervía la sangre, quería plantarle un puñetazo en el rostro.
—Adiós. No quiero retrasos, el editor nos matará a ambos si pierdes el vuelo.
—Jódete.
Lanzó el celular con todas sus fuerzas y se metió de vuelta a la cama. Se cubrió bien con las sábanas, pero luego recordó que necesitaba la alarma de aquel condenado aparato. Se levantó de vuelta, tomó el teléfono, lo colocó en su mesita de noche y se arropó otra vez.
…
Estaba agachado, hecho un ovillo con las manos en la cabeza intentando cubrir como fuere sus oídos, más era inútil pues aquel chillido lastimero estaba adentro de su cabeza. Quería gritar también, quería huir de ahí, pero de pronto sentía su cuerpo amordazado. Se volteó como pudo, pataleó hasta que zafó, sin embargo se dio de lleno en la cara.
—¡Demonios!—una pesadilla. Cayó al suelo enrollado en las sábanas blancas y notó que su nariz sangraba profusamente. Se cubrió el rostro y miró la hora: las ocho con diez.
Caminó al baño, ahí intentó detener el sangrado con un desprolijo tapón hecho de papel higiénico. Cuando salía del baño con una toalla en la espalda, después de haberse duchado, aquel chillido volvió a sus oídos y fue acompañado de un fuerte ruido. Sin embargo, ahora sabía qué era. Quien…
Se colocó ropa interior y pantalones rápido, salió raudo de la habitación. Ese jodido gato iba a arrepentirse de volver a desafiarlo.
Sus ojos amarillos lo veían casi con burla, había derribado el florero que se encontraba sobre la mesa de centro, en medio de la sala. Caminó rápido, tomó al animal del pescuezo y le miró fijamente. Estaba seguro de que ese bicho disfrutaba invadiendo su casa. Ahora lo difícil sería averiguar por dónde rayos entraba a su departamento aquel animal peludo y molesto.
Se colocó finalmente una camisa bajo la atenta mirada del felino quien no daba indicios de tener intenciones de volver a su casa. Estaba pensando seriamente en tomar su auto, al gato y… no, él no era esa clase de sujeto, ¿cierto?
Llamó a la puerta de sus vecinos de enfrente, pero no obtuvo respuesta alguna. Por pura curiosidad tocó la manilla y descubrió preocupado que estaba abierto. Odiaba ser entrometido pero, ¿y si se trataba de una emergencia?
Abrió y entró. Seguido de eso llamó a Tora, pero en cambio fue el padre del chico quien apareció. Sintió estupor pues su mirada no era lo que estaba acostumbrado a ver, tampoco la de la mujer cuando le vio salir de la cocina y preguntarle de forma cortante qué rayos hacía él en su casa, además de correr a quitarle al animal de las manos, mientras éste parecía, sin dejar de mirarle, estar suplicando no ser dejado en el lugar, hecho que demostró al arañar los brazos de su dueña y huir por la puerta.
—¿Ve lo que ha hecho?—le regañó seria mientras limpiaba sus heridas con un pañuelo de tela.
—Señora, su gato ha estado husmeando y causando destrozos en mi departamento. Solo he venido a devolverlo y he notado la puerta abierta, me preocupé y…
—Y usted lo ha estado haciendo en el nuestro, estamos a mano, ¿no?—siseó venenosa como nunca antes la vio—Preocupese de sus asuntos, señor. Le ruego que salga de aquí o me veré obligada a llamar a seguridad.
—Escúcheme bien, si no he denunciado la presencia del gato ha sido por Tora, no por usted señora. No me obligue a hacerlo ahora.
—Vete de aquí.—ahora el hombre llegaba para enfrentarlo.
Sasuke simplemente cerró los ojos, suspiró e intentó serenarse. Era una pareja de ancianos y según sabía, la gente con la edad solía volverse más irritable. Se dio media vuelta y salió de ahí antes de que optaran por echarlo a punta de escoba.
Lo que se ganaba por entrometerse en asuntos ajenos. Y jodido gato que...otra vez estaba en su casa.
…
—Naruto…
—¿Puedes creerlo? Un gato, ¿me estás tomando el pelo, teme?
—No imbécil, no lo hago. Por favor—se obligó a pronunciar aquellas dos palabras. Detestaba depender, aunque fuera por algo mínimo, de Naruto—Necesito que vayas de vez en cuando y le des de comer, no quiero encontrar un cadáver putrefacto cuando regrese.
—¿Y por qué no lo ofreces por internet o lo abandonas por ahí, eh? Es solo un gato, no creo que sea muy difícil, además si lo descubren te meterás en un lío—dijo desde el otro lado de la línea.
—No lo abandonaré, ese gato no es mío y lo conservaré por motivos que no te incumben—no admitiría jamás que se había encariñado con el niño, amo de Kodama, y que sentiría un enorme cargo de conciencia si se deshacía del animal.
—Bien, veré que hago…—contestó poco convencido—¿piensas volver en un mes?
—Eso he acordado, hasta el momento nadie me ha dicho lo contrario y de todos modos no aceptaré un cambio de reglas a medio camino. He pensado en volver a hacer trabajos independientes…
—¡Genial! ¿tanto te ha cambiado el minino? Se ha ganado todo mi cariño...eh ¿Kurama?
—Kodama, idiota—repuso con sorna.
—Bien. Adios teme, suerte y...ah! Hinata te desea un buen viaje—de pronto pareció hablar muy rápido, como queriendo que él no entendiera lo que había dicho. Pero si lo había captado.
—¿Hinata dijiste…?
—Si, adiós.
Y colgó.
«Sospechoso»
Pero aquella conversación salió rápidamente de sus pensamientos y optó por prestar atención al camino nuevamente, vio la hora en su celular y decidió pisar el acelerador; faltaban apenas veinte para las nueve y su vuelo salía a las once con treinta.
La velocidad no fue un impedimento para observar la caótica ciudad y su acontecer. Cientos de rascacielos, la mayoría colmados de oficinistas, como su padre o su hermano y otros habitados, como el edificio en el que él mismo vivía. Se preguntaba si realmente valía la pena hacer aquello, dejar amigos, familia, novias y las cosas de las que disfrutaba a estas alturas, ya había ahorrado suficiente, el departamento era suyo y el auto también, tenía la cantidad necesaria como para montar un estudio y lanzarse de vuelta al mercado como freelance.¿Cuánta vida le estaba costando su empleo?
Al final llegó al transcurrido Aeropuerto Internacional de Haneda justo a la hora indicada en su boarding pass. Su equipaje fue embalado y etiquetado satisfactoriamente y a la hora del embarque simplemente se colocó en la fila que estaba indicada en la tarjeta.
No había un vuelo directo desde Tokio a Gotō, por ese motivo tendría que hacer escala en Nagasaki, para ser más exacto, en una de las Islas de la bahía de Ōmura para finalmente tomar un vuelo a Fukue, el cual le tomaría cerca de media ía que el viaje sería tranquilo y que probablemente llegaría a destino esa misma tarde ya que la distancia era relativamente corta, en comparación a la recorrida en alguno de sus tantas visitas a Europa o Asia Central.
Se limitó a mirar el paisaje desde arriba. Había visto la misma panorámica un millar de veces, sin embargo no dejaba de sorprenderse y encantarse por dicha vista espectacular. Ignoró prácticamente todo el camino lo que acontecía a su alrededor, apenas prestando algo de atención a servicio de las azafatas y a las instrucciones del capitán, ya todo era mecánico pues eran años haciendo exactamente lo mismo.
—¿Va a Nagasaki?
—¿Uh?
Se sintió desconcertado por el abrupto cambio de actitud de su compañero de vuelo en el asiento siguiente al suyo, el cual daba al pasillo. Un hombre mayor parecía impaciente por iniciar una charla que sinceramente, no le interesaba.
—Solo una escala, mi destino es Fukue, en las Islas Gotō.—respondió rápidamente, casi cortante.
— Vaya, Fukue...—acomodó su boina gris que parecía tan vieja como él—La vida en la ciudad es ajetreada, sin embargo en los pueblos aledaños parece que el tiempo se detuvo—Su expresión melancólica le hizo retroceder en su actitud. Una charla breve no mataba a nadie.
—¿Se refiere a la ciudad de Gotō, cierto?—preguntó ya más interesado en la plática.
—Por supuesto. Creo que a pesar de las desgracias de antaño, todo era mejor antes de la modernización en el 2004. Fukue debió seguir siendo Fukue y Gotō simplemente Islas Gotō, nada de fusiones extrañas ni absorción de pueblos. ¡Pamplinas!
—Pero ahora existen más servicios, la ciudad permite comodidades que el antiguo pueblo veía desde lejos, creo que el beneficio versus el perjuicio es mucho mayor.
—Hay cosas que sólo puedes comprender si has vivido la transición en carne y hueso, como yo.
—De todos modos, mi objetivo son precisamente los pueblos aledaños a la ciudad, los castillos imperiales y las iglesias católicas—concluyó, pues suponía que eran aquellos los destinos más interesantes y con mayor potencial para un magazín enfocado en viajes y turismo.
—Me parece realmente estupendo. Fukue es muy hermosa, además puedes ir a Iki o Tsushima que están relativamente cerca.
Le pareció agradable saber que sin querer había encontrado a un guía turístico de lujo, conocedor de la ciudad y los pueblos ya que, según suponía, vivía o vivió en la región.
—¿Algún consejo para recorrer la zona?—solicitó ya más en confianza.
Algo pareció hacer click en el anciano pues, de pronto su rostro se tornó distinto, de una manera que lo desconcertó por completo.
—Cuando estés en Iki abre los ojos—dijo, casi escondiéndose en su abrigo negro, tomando una actitud completamente perseguida, como si hubiese hecho algo terrible al sugerirle aquello.
Si solo supiera su nombre, tal vez...
—Oiga, usted...Señor, ¿podría decirme su nombre…?
—¡Señorita, por favor!—gritó de pronto fuera de sí, tomando su cabeza con una mano y cubriendo su rostro a medias con el brazo.
Una de las azafatas que por casualidad se paseaba por el pasillo corrió en su auxilio y al llegar intentó abrir su añeja y ajustada camisa blanca, le quitó las manos de la cara y lo enderezó de su puesto. Todo en absoluto silencio, casi mecánico, como si lo hubiera ensayado una y otra vez. Se sintió sumamente intranquilo.
—¿Qué le ha dicho?—exigió saber sin siquiera mirarle a la cara. Estaba tan confundido que en lugar de responder prácticamente balbuceó un par de palabras inentendibles.
La mirada de la mujer era furibunda. Cuando Sasuke entró en razón se acomodó y finalmente respondió a la interrogante planteada por la azafata.
—Señorita, no he hecho nada más que mantener una conversación amena con él…
—El señor Sarutobi no necesita conversar con nadie. Por favor, limítese a disfrutar del viaje.—bramó, sin recordar por un segundo la tan trillada—pero cierta a ojos del Uchiha—frase "el cliente siempre tiene la razón".
—Escúcheme bien, yo no soy un cualquiera ¿me oye? Esto no se quedará así.—decidió responder a la azafata de la forma más desagradable que pudo, haciéndole notar que tenía cierto "nivel" e insinuando un reclamo a su superior.
La mujer se mantuvo en absoluto mutismo y no levantó la vista en ningún momento.
—Su nombre—exigió.
—Kimura Isamu, señor—respondió, más no intentó siquiera moderar su tono petulante y actitud retadora. Sasuke se debatía entre continuar o no con la discusión—a vista y paciencia de todos quienes viajaban en el avión— pero al final optó por el silencio y una mirada asesina que sin embargo, no rindió fruto alguno pues la mujer furibunda aún, se marchó junto al anciano sin siquiera dirigirle un vistazo.
Los viajes eran complicados, pensó. «Las mujeres lo son más». Acabó riendo sólo en su asiento mientras miraba su borroso reflejo en la ventanilla del avión. A veces se comportaba como un idiota.
…
—Pensé que había perdido el viaje, señor Uchiha.
—Han sido un cúmulo de situaciones. Primero se retrasó unos minutos el primer despegue, luego el segundo por cuestiones climáticas—contestó diplomáticamente a su extraño y extremadamente pálido anfitrión.
—De todos modos no es raro. Aquí nunca se sabe—sonrió, pero aquella mueca no convenció para nada al pelinegro. Definitivamente no confiaría en él, al menos no antes de asegurarse de ciertas cosas.
—Eso creo, Sai, ¿cierto?—continuó, recordando que el sujeto en cuestión no le había dicho su nombre y que finalmente Orochimaru le había sido de utilidad; se lo había informado con antelación.
—Oh, lo olvidé por completo. De todos modos usted está en lo correcto. Soy Sai, su anfitrión y ayudante del editor local.
Ambos hombres subieron velozmente a un pequeño sedán oscuro y se mantuvieron en absoluto silencio durante el trayecto hasta el pequeño pero, según aseguró Orochimaru en una de sus tantas conversaciones, exclusivo hotel de las zona.
Ya en su habitación se dedicó a desempacar, ordenar y revisar su correo electrónico en busca de noticias provenientes de la ciudad, sin embargo le fue imposible conectarse a internet pues no había señal.
Decidió salir al casino e ir por un café para serenarse. Según Sai, el clima cambiante y las fuertes precipitaciones generaban a menudo problemas de conectividad e interrupciones en servicios de comunicación. Siendo ese el caso, simplemente optó por aprovechar los últimos haces de luz que restaban al dia y que atravesaban débilmente el enorme ventanal del salón.
…
—Creo que no será posible hacer un viaje a otra Isla del archipiélago, las condiciones no lo permiten en lo absoluto.
—Me lo imaginaba—contestó resignado. Lo sabía, se encontraban prácticamente atrapados en aquel sitio pues la enorme tormenta que desde su inesperado comienzo no parecía dar tregua alguna.—¿es posible al menos salir del hotel? Creo que una tormenta no debería ser impedimento para visitar los sitios históricos de Fukue—intervino ante el mutismo del extraño y risueño sujeto que le acompañaba, cuya expresión no cambió en lo absoluto al oirle.
—Me han entregado un itinerario para su visita señor Uchiha, pero...—tosió antes de hablar y Sasuke pudo notar en él una nueva faceta: la seriedad absoluta.—Podemos hacer una excepción, siempre y cuando sólo visite los sitios turísticos de la zona. No más.
El pelinegro quiso preguntar el porqué de dicha exigencia, sin embargo, decidió parecer un tipo dócil—aunque su fama le hiciera un flaco favor— y simplemente asintió, dejando contento al sujeto que luego de ofrecer su pálida mano en un insípido apretón, se marchó tan rápido como llegó.
Luego de ir por un abrigo, su cámara y unas cuantas provisiones, salió de su habitación en el hotel y se aseguró de no ser visto por nadie. No le interesaban en lo absoluto las jodidas restricciones, y si se trataba de los gastos por el alquiler del vehículo, él mismo se encargaría de hacerse cargo. Sasuke Uchiha siempre conseguía lo que quería.
Se sintió idiota cuando finalmente, luego de conducir por unos cuarenta minutos, llegó a un sitio icónico y evidentemente turístico; Dozaki Tenshudo. Unas antiquísimas iglesias católicas de estilo europeo construidas en la zona por antiguos misioneros cristianos. Quedó maravillado con las antigëdades presentes en la vieja construcción y no dudó en fotografiar el lugar desde cada ángulo existente.
Cuando se sintió satisfecho, regresó al vehículo y echó un vistazo a cada una de sus tomas. Al final, no era un viaje tan malo, pensó.
Vistas todas las fotografías, un pequeño pero extraño detalle llamó profundamente su atención. Una extraña sombra en un lugar en el cual, no debía estar. ¿Una aparición fantasmal? No, él no creía en esas burradas. Pero…
De pronto un molesto y sofocante olor le hizo bajar del automóvil. Se hacía ya de noche y la lluvia había cesado, sin embargo el frío le calaba los huesos. Ofuscado por no tener idea de qué ocurría, volvió al vehículo por su linterna y se dio una vuelta por el espeso bosque cercano. El fuerte aroma venía a ahí y a esas alturas, ya tenía claro de qué se trataba; cigarrillos baratos.
Pensó en jovencitos aburridos, o en turistas irresponsables. ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría fumar en medio de un viejo bosque de pinos? Un incendio catastrófico era el único resultado de una estupidez de esas. Si encontraba a el o los sujetos, les patearía el trasero.
—Hey tú, ¿me buscas?—se sobresaltó al oír una voz masculina salir de entre la espesa vegetación—Pues dile al idiota de Ibiki que…
—No se quien rayos es ese sujeto. Apaga el jodido cigarro antes de que lo haga yo—advirtió al verle ponerse de pie. Los ojos de aquel sujeto de largos cabellos eran sumamente extraños.
—Como quieras. Y dime...—dijo, lanzando el cigarrillo a una enorme posa en el suelo—¿Crees que soy imbécil? No iré contigo a ninguna parte si es lo que piensas
—Espera, yo...—se sentía desconcertado, no entendía de qué rayos hablaba aquel sujeto.—No sé de qué hablas, en serio, no vine a buscarte. Puedes marcharte si quieres—el hombre pareció meditarlo.
—¿Y quién eres tú, si puedo saberlo? Nunca te había visto por estos lados.
—Uchiha Sasuke. Soy fotógrafo. Vine a retratar los…—
Esperaba comentarle el objetivo de su visita, pero fue interrumpido por una estruendosa carcajada.
—¿Así que ahora nos van a fotografiar como animales? Qué rayos—masculló luego, dándose media vuelta, no sin antes mostrarle el dedo de en medio al pelinegro, quien no dudó en reaccionar y agarrarlo por la delgada y empapada camiseta gris que llevaba.
—¿De qué demonio hablas, eh?
—¿Así que eres un simple borrego? Pues no te diré nada, ¿de qué serviría? Deberías verlo por ti mismo.
—No estoy para tus sandeces, anarquista de pacotilla.—luego de soltarle, se dio la vuelta y estuvo dispuesto a marcharse.
—Me da igual lo que pienses señor Uchiha. Solo te diré que si por algún motivo se te ocurre pasearte por Iki, abras bien los ojos.—Aunque pretendía ignorar todo lo que saliese de la boca del tipo extraño, aquella frase resonó en su interior, haciéndolo rememorar la extraña conversación con el señor Sarutobi en el avión. Se volteó por última vez.
—Por cierto, soy Neji Hyuga—en ese momento su mirada hipnótica lo desconcertó, a tal punto que creyó perder la noción por unos segundos. Él se alejó bruscamente.
Habiendo quedado petrificado después de verle adentrarse en el bosque, Sasuke no logró dimensionar el tiempo que se mantuvo exactamente en la misma posición antes de oír gritos algo familiares.
—...¡Señor Uchiha!
—¡Sasuke!
—¡Señor Uchiha!
Una mano se posó sobre su hombro. Sintió su camisa mojada y cayó en cuenta de la fuerte lluvia que lo bañaba por completo. Vio el rostro de Sai completamente descolocado y…¿su ex novia?
Fin del capítulo
