Lo que ella esconde (parte 2)

26 de Octubre / Bar Royal Plot (Centro de Ponyville)/ 1:45 am

En el Royal Plot; un bar restaurante mediano, despachaba esa noche a los últimos de sus clientes. Quedaban ya solo un par de mesas ocupadas, e incluso la banda ya se encontraba tocando sus últimas canciones, los clientes recibían las cuentas por parte de las lindas meseras que atendían el lugar.

Ese lugar se destacaba en el pequeño pueblo de Ponyville, por ser el único lugar de diversión familiar con un concepto diferente, propio de las ciudades más grandes, las llamadas "Maids" o sirvientas, en el local, el ambiente fusionaba la elegancia clásica (propia de Canterlot) y aspectos modernos como las luces de neón, mesas giratorias y botones para llamar a la mesa (al estilo de Manehathan). Era una franquicia que hace ya un año se había instalado en el pueblo, y reclutaba a hermosas yeguas para su servicio. Esto junto los alimentos preparados, (que tampoco es que fueran la gran cosa; que servían comidas como heno frito, y ensaladas diversas), hacía que la gran mayoría de las noches hubiese mucha clientela, o al menos la suficiente para tener ocupadas a sus empleadas a más no poder.

Esa noche había 3 de ellas con disfraces, por la semana de Nightmare Night, una de ellas se encontraba limpiando las mesas que se habían desocupado, era Peach, lucía esa noche un curioso disfraz de sirvienta calabaza, (que era un vestido anaranjado con volantes negros y un pequeño sombrero con forma de calabaza tallada). Pero constantemente se detenía a mirar la misma mesa que tenía enfrente, de hecho, ella esperaba que alguien ocupara esa mesa en específico; aunque cualquier mesa le hubiera dado igual.

— ¡Oye Peach, deja de bobear y termina esa mesa de una buena vez!— Le gritaba Taek J. Won, una yegua pelirroja que portaba muy bien un disfraz de Maid bruja. Muy propio para la gerente en turno. — ¡Llevas horas con la misma mesa, y aún quedan muchas por limpiar!- Agregó a sus gritos.

— ¡¿Eh?!...ah sí… ¡ya voy! ¡Perdón, perdón!— Reaccionó abochornada por haberse atrapado en sus pensamientos, de nuevo. Dejó la mesa y se dirigió a la barra, donde se encontraba la gerente. —Me quedé pensando en…—giró sus ojos, en busca de un pretexto creíble— ¡En las fiestas de Nightmare Night!, Pensaba en qué hacer ese día para Giggles. — Tomó unos trapos limpios y se dirigió a otra mesa cercana a la barra. No muy lejos de allí, se acercó Frozen Rose, una unicornio de pelaje placido y melena que recordaban al invierno, aunque era la subgerente, era gentil, delicada y dulce, y prácticamente el polo opuesto de lo que era Taek.

—Bueno, yo podría sugerir una fiesta con juegos temáticos, sería algo divertido —Decía Frozen Rose con su disfraz de Ángel Maid, que con las alas falsas y una pequeña areola dorada sobre su cabeza, era la imagen de una Alicornio caída de los cielos.

—No tienes que planear nada en realidad, en medio pueblo habrá de todo, así que no tienes que hacer o planear nada realmente — Taek terminó de colocar los vasos en los estantes, y se giró a sus compañeras de trabajo con aire autoritario — Ahora, ¿Podemos dejar las conversaciones para después?, está cayendo una lluvia torrencial y si no nos apuramos, nos atrapara la tormenta que está pronosticada para hoy- Agregó ella.

—Y también por que recién llegó uno de libros recientes de P.D. Heartori. Lo encargó hace meses y esta ansi…— Platicaba Frozen hasta que los cascos de Taek le cubrieron la boca. . Peach se sentó en una silla y se cruzó de cascos, intrigada por descubrir una pequeña mentirilla —Creí que ese dinero que me pediste, era para una emergencia real, o al menos eso dijiste- Comentó ella algo irritada.

— ¡Claro que era una emergencia!, ¡Necesitaba pronto el dinero para reservar uno y faltaba mucho para la siguiente paga!—Taek soltó la boca de Frozen, y se le pegó a Peach.

—Es una historia de batallas entre reinos rotos, un poco de venganza, y una lucha entre la raza Equestre y la de una manada de lobos guerreros, cuando leí la noticia de su próximo lanzamiento, estaba tan… tan…— Taek fangirleaba de tal manera que su imagen ya no era tan autoritaria. Sin embargo, cuando sintió la mirada acusadora de Peach, recobró la compostura.

—Me lo podrías haber dicho, ¿sabes?- Le espetó ella.

–Como sea, apúrense chicas. Necesito cerrar el lugar pronto- respondió ignorando cualquier otro comentario.

Taek volvió a sus tareas un poco ruborizada, las otras dos meseras comprendieron que no había tiempo que perder, las mesas fueron recolocadas a los lados, limpiaron los pisos de cuadros y apagaron las luces del local, tras una media hora después, fueron a quitarse sus uniformes, Peach se interpuso en el camino de la gerente de pelaje amarillo canario, en la zona de empleados.

— ¡Oye! y si a cambio del préstamo, o al menos una parte de ella…— Taek le interrumpió

— ¡Ya te dije que te pagaría tan pronto pueda! ¡Incluso te lo presto cuando lo termine!

—Oye, solo es algo simple— Formuló Peach, con voz tierna y una mirada dulce desde sus ojos esmeraldas, Algo que a Taek no le daba buena espina.

— ¿Qué es lo que quieres? —Respondió la yegua pelirroja un tanto nerviosa

—Quiero algo de ti, préstame tus comics, uno solo de ellos, ese sobre la detective esa.

— ¿Un comic?... y para que quieres TÚ un comic? Hasta donde sé, a ti solo te gustan los libros románticos.

—Bueno, te vi uno en tu bolso y no es para mí exactamente, pero me gustaría llevarlo a casa a alguien, ya sabes quién — Taek cogió su bolso y le entregó el mencionado comic sobre la más reciente historia de detectives.

—Eso quiere decir; ¿ya saldo todo lo que te debo? — Peach tomó el comic y se lo guardo en su bolso propio que tenía su cutie mark de un corazón curveado y tres destellos brillantes, luego se rio un poco ante esa idea.

— ¿¡Cómo crees!?, Esto no vale ni una cuarta parte de lo que yo te presté, pero confió en tus gustos para llevarle esto, ella no sabrá leer bien aún, pero le encanta inventarse sus historias propias con esto. —

Frozen se acercó a la conversación, ya con su impermeable azul celeste y se dirigió a Taek —Bueno al menos será menos lo que debes; además te la regresara luego. ¿Verdad?—Peach asintió en complicidad con la unicornio.

Una luz repentina antecedió a un fuerte trueno que hizo vibrar los cristales de las ventanas, las tres yeguas se sobresaltaron y se asomaron a la salida, ya tenían encima del local los enormes nubarrones grises que amenazaban con empezar la lluvia.

La lluvia, aunque leve por el momento, no tardaría en caer con todo su peso sobre el pueblo por lo que todas tomaron sus impermeables, cada cual combinaba con el color de ojos de cada una de ellas, el de Peach era color verde obscuro, que contrastaba con su pelaje color paja; mientras que el de Taek era un naranja mecánico, peach miro hacia el reloj que se encontraba cerca de donde checaban su puntualidad, tragó saliva y tomó una decisión.

—Tendré que correr por el atajo— les dijo a las chicas— Si sigo el camino normal, me atrapara la lluvia — Se apresuró en abrocharse el impermeable y colocarse la bolsa a su costado. Pero esto a ambas les pareció imprudente.

— ¿Tú estás loca verdad?- Le regañó Taek — Ir por el bosque es igual de peligroso, si quieres podemos esperar a que pase la lluvia y te acompañamos para…— Pero Peach ya estaba trotando lejos de local, en camino a la cabaña. Frozen miró preocupada a su amiga.

—Oye, ¿deberíamos acompañarla?, O al menos detenerla — Se escuchaba preocupada la unicornio blanco cuando Peach se le perdió de la vista, pero Taek estaba más molesta por que la habían ignorado.

—Acabas de ver, que esa pony es como las mulas, si dice que ella puede sola, lo hará aunque se de de golpes a cada rato.— Ella comenzó a caminar en sentido contrario a donde se había perdido su compañera. — ¿No recuerdas los destrozos que hizo en su primera semana en el restaurante?— Frozen asintió luego de darle alcance. —rompió platos y se retrasaban los pedidos, y aun así, no pedía ayuda. Ya dejala. — se quejó Taek, dando por terminado su conversación.

—Pero aun así…— Suspiró Frozen mientras constantemente miraba atrás, pero supusó que no tenía sentido preocuparse, por quería creer que Peach correría lo suficientemente rápido, para incluso estar ya en casa, seca y calientita. O al menos eso quería imaginar.

15 minutos después

La lluvia cayó con intensidad en medio del bosque. Constantes ráfagas de pequeños granizos, junto con el viento, golpeaban al parecer en todos los sentidos, Peach se refugió en medio del bosque cuando el granizo se volvió molesto. Durante el trayecto, cuando fue sorprendida por la tormenta, giró en algún punto de su camino, pero se dio cuenta muy tarde de su error, el bosque se había vuelto más denso, oscuro y tenebroso a cada paso, Se sentía desorientada.

—Rayos. ¿Ahora cómo voy a regresar?— Sentía que había metido la pata.

Aunque el granizo cesó después de unos momentos, la lluvia aún seguía siendo intensa. Cuando Peach se aventuró de nuevo, sentía como árboles se estrechaban más y más, estaba cansada, empapada y con frio; cada musculo dolía por la dura jornada y el intento de ganarle a las espesas nubes. incluso creyó escuchar un aullido en el fondo. —Solo eso faltaba, ahora mi imaginación me está jugando sucio—se reprochaba a sí misma.

El ruido de la lluvia apenas disimulaban los pasos de Peach, que caminaba cautelosa, buscando cualquier detalle que le dijera que tan lejos se había desviado de su camino pero ella se tornaba más nerviosa a cada paso que daba.

Entre la lluvia y la noche no podía divisar ningún camino familiar. Recordó entonces, que en su bolsa tenía una de esas lámparas nuevas que se ajustan al cuello, el problema estaba en que no encontraba la dichosa lámpara porque estaba oscuro, Irónico, En su búsqueda, no se dio cuenta que estaba tirando otros objetos, como la revista de comic. Entonces, se escucharon pasos que parecían provenir de detrás de Peach lo que la asustó. Revolvió entre sus cosas hasta que tomó con la lámpara, Intentó encenderla pero se había quedado con muy poca batería su lámpara Iluminaba, pero con levedad en medio de esa noche oscura.

— ¿Porque tengo tan mala suerte?— se dijo mientras trataba de buscar un camino con la poca luz que le quedaba.

Divisó a pocos metros, un camino, no estaba segura si era el rumbo que debía tomar, pero sería un paso para salir.

Cuando se guardó de nuevo la luz, ya no sintió la revista en su bolso, imaginó que debió caerse en algún momento por lo que se puso a buscar por los alrededores. Con la leve luz apenas si podía divisar más allá de su nariz, pero por fin pudo encontrar la revista, un poco enlodada por cierto.

Sin embargo, cuando estaba por tomarla, esta fue pisada por algo blanco con garras negras, un relámpago iluminó el bosque para mostrar a Peach el lobo blanco que había salido de la nada y ahora que la acechaba.

Su corazón se aceleró a más de mil por hora, era como si el tiempo se hubiera detenido, ella podía verlo tan cerca que observaba a detalle esos ojos amarillos, que no parecían estarla mirando a ella, sino a algo atrás, los colmillos enormes que rebosaban con saliva, una nariz negra y húmeda que olfateaba el ambiente. Peach notó en esos segundos a una criatura que era casi el doble de grande que ella. Cuando otro relámpago pasó por encima de ellos, el lobo pudo ver mejor su presencia, aunque también ella había notado algo curioso, en su cabeza sobresalían mechones negros y azules.

Ella tragó saliva, el lobo giró alrededor de ella mientras Peach examinaba a su alrededor buscando un arma que pudiera usar para defenderse o una salida de ese lugar, ella retrocedió hasta topar con un árbol hueco y muerto y comprendió que estaba ahora atrapada, de un lado el árbol que le dificultaría la salida y del otro el imponente y algo aterrador lobo que ella creía que la asechaba.

—Rayos, rayos, rayos…- dijo mientras recogía una rama que logró sentir con sus cascos.

Cayó otro relámpago y la creatura atacó.

Peach reaccionó a tiempo y le golpeó con la rama, esta se rompió pero el golpe aturdió al lobo dándole tiempo a la pony para colarse detrás de un gran árbol, sabía que no estaba segura aún, así que corrió contra todas sus fuerzas hacia el camino que había descubierto reprimiendo sus ganas de gritar con toda el alma.

Ella solo veía ramas y arboles hasta donde su vista le permitía en la noche, se raspaba con esas mismas ramas pero no podía detenerse ya que el lobo le pisaba los cascos, Peach dio un giro brusco a su izquierda, y se coló en un túnel pequeño formado entre rocas, su perseguidor resbaló y chocó contra la pila de rocas lo cual le enfureció más y la persiguió con más frenesí, ella apenas si cabía en ese pequeño túnel, pero hizo lo que pudo para pasar al otro lado.

Al salir, no dio importancia a más rasguños que se había hecho, porque otro relámpago le había señalado un espacio abierto frente a ella, miró atrás y parecía haber perdido al lobo. Pero cuando llegó al final del bosque, no solo la lluvia cesó, sino también el terreno que tenía adelante, frente a ella lo único que Había era un acantilado.

-Fantástico… ¿Por qué no me cae un rayo para sellar mi racha de buena suerte?- Dijo con sarcasmo al analizar su situación.

Peach, sentía una gran depuración, solo se veía más bosque, claro eso después de una caída d metros entre las copas y los arbustos, a su costado había una cascada pequeña que decantaba en una pequeña laguna y continuaba hasta un rio el cual siguió con la mirada hasta divisar una luz parpadeante, una cabaña, su hogar, sonrió pues no estaba lejos, tuvo un poco de esperanza y agradeció que hubieran dejado el televisor prendido.

Pero todo cambió al sentir una mirada sobre si, se dio media vuelta y sintió caer su alma al ver que el lobo le cortaba el camino de regreso, por la expresión de su rostro y esos afilados dientes asomándose era obvio que estaba furioso. Su lenguaje corporal le indicó a Peach que el lobo estaba preparado para atacar y ella se encontraba atrapada entre el acantilado y una criatura sedienta de sangre.

Una idea loca cruzó la mente, en realidad la única que tenía, o saltaba o era el fin, tomó aire, lo contuvo y saltó hacia la laguna pero el lobo también saltó tras ella y logró morderla justo en el interior del muslo de la pata derecha mezclando la saliva del lobo con la carne y la sangre que emanaba de la herida.

Peach gritó por el dolor pero el impacto de la caída en la boca de la laguna los hizo separarse, el lobo trató de morderla de nuevo pero la corriente los arrastró y los separó más uno del otro, Peach nado como pudo, pero su cabeza chocó contra el lecho rocoso, dejándola inconsciente, a merced de la corriente del rio ahora. En tanto, el lobo, por su lado, logró nadar lo suficiente para poder escapar de la corriente y llegar a salvo a la orilla, sacudió su pelaje y empezó a olfatear alrededor en busca de su presa, al no encontrarla do un gran aullido que retumbó por todo el bosque y luego se retiró entre la espesura de las plantas y troncos de los árboles más altos.

3:45 am.

La tormenta había bajado su intensidad, Peach estaba ahora recostada sobre una roca, tenía fuertes punzadas en la cabeza, una pata herida, raspones y golpes, aparte de que sentía un frio atroz.

No sabía dónde estaba, ni la hora que era, no podía recordar porque estaba allí o que había pasado y tampoco como, en nombre de Los cielos, salió del rio. Lentamente, se levantó, miró hacia todos lados y detectó unas luces. Sin pensárselo mucho, caminó hacia ellas, pues era su única opción ahora, estaban cerca pero en su estado la caminata le parecía eterna. Le tentaba dejarse caer al suelo, pero sabía que si se dejaba caer, ya no se levantaría.

Cuando llegó a la puerta de la cabaña, las luces de la sala se apagaron y la puerta estaba entreabierta, se quitó la bolsa y la aventó a lo lejos, colocó su maltratado impermeable en el perchero, su pobre gabardina estaba cubierta de lodo, hojas y agujeros, miró la sala y detectó un claro caos de palomitas junto al televisor.

—Probablemente Giggles ya se fue a dormir— se decía a sí misma un tanto burlesco, pero débil, se tambaleaba y cuando iba a caer se recargó en la pared más próxima. Sentía que sus patas eran de gelatina, pero era su deseo llegar a su habitación a descansar. No cruzó por su mente que no solo estaba cansada, sino también herida, Sin embargo, no tenía energías para nada más en esos momentos, solo recostarse y dormir, pero al momento que tropezó con el primer escalón de la escalera rumbo a su habitación en el segundo piso; surgió algo de la oscuridad de la sala. Era Giggles, su amiga marina que había salido de su escondite para socorrerle, a pesar de que Peach ya no sentía su cuerpo, el contacto con el pelaje húmedo de Giggles le estremeció un poco por lo frío de sus escamas.

— ¿¡Peach!? ¡Espera, mejor yo te llevo!— Giggles hizo todo para levantarle, ella sonrió levemente al escuchar su voz pero su vista comenzaba a nublarse, pero no quería preocuparla todavía más con su estado.

—No te preocupes Giggles, Solo fue un día muy agotante, No esperaba que el clima programado para hoy llegara con tanta fuerza— Puso las fuerzas que le quedaban en subir los escalones, ya estaba tan cerca.

En cuanto llegó a la cama, se tiró sin importarle en mojar las almohadas y las sabanas con su melena húmeda, sintió un leve calor comenzaba a irradiar en su interior, se acurrucó en la cama, ignorante de la preocupación de su amiga.

—Quizás suene tonto, pero creo que deberías faltar mañana al trabajo— Dijo ella. Peach entreabrió los ojos y la miró, esa pequeña ahora la estaba cuidando, se sentía feliz, no pensaba responderle la verdad, las ganas de quedarse dormida para siempre la estaban animando poco a poco pero inesperadamente unas toallas húmedas la cubrieron, sentía una extraña sensación entre ahogarse de calor y muchos escalofríos, que poco a poco iban cesando.

— ¿Segura que estas bien?, no pareces estar en muy buena condición ¿Sabes?— Peach comprendió que debía decirle algo para tranquilizarla, se reacomodó en su cama y le sonrió con dulzura.

—Estaré bien con las toallas, Gracias Giggles, no te preocupes por mí, solo prende la estufa y haz algo de té, tengo un poco de sed y frío la verdad jeje…, así que un té de pronto suena como una muy buena idea — Le respondió con una sonrisa pero en realidad la cabeza le daba vueltas, si no fuera porque estaba recostada, diría que estaba cayendo a un vacío, y de pronto, sin darse cuenta, dejó de sentir todo.

Ya no sentía dolor, ni mareos, ni tristeza, tampoco felicidad, se había dejado hundir en un abismo en su interior, uno que le abrazaba y ella los sentía como propio, era como si todo se hubiera apagado, como una segunda piel.

Así estuvo hasta que sintió una presencia, quizás era Giggles, quizás era otra cosa o alguien más pero ya no le importaba, porque se sentía en paz y ahora podía descansar.